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La Ciudad de los Muertos por InfernalxAikyo

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Notas del fanfic:

Hello! Mis queridos querubines :)

Lo prometido es deuda y aquí esta mi....¿Quinta? Si? Seh, quinta historia para ustedes n.n

Es algo distinto a los demás, ya que es el primero que ambiento en nuestra época QQ (Lo más cercano que había hecho era post II Guerra mundial xd) y también porque la relación de los personajes irá más lenta (Pero no se preocupen :3 No se aburriran -w-)

Hace tiempo que andaba con ganas de hacer un fic en medio del holocausto zombie (Tanto resident evil me quemó el cerebro) y muchos de los lectores de mi otro fic ''La oscura tierra de las maravillas'' me motivaron a hacerlo n.n

Espero que cumpla sus espectativas y espero que les guste :)

Como siempre, si detectan algún error, o tienen alguna critica, insultos, declaraciones de amor (ok no xd) o lo que sea que penseís, dejenlo en un lindo (o no tan lindo xd) review :3

 

Anotaciones:

«» Este simbolo lo uso para expresar lo que los personajes están pensando.

Los diálogos están escritos entre guiones cortos...iré arreglando eso de a poco :3


Fin de las anotaciones xD

 

Ojala les guste :3

 

Gracias por leer :D

Notas del capitulo:

Hello! Mis queridos querubines :)

Lo prometido es deuda y aquí esta mi....¿Quinta? Si? Seh, quinta historia para ustedes n.n

Es algo distinto a los demás, ya que es el primero que ambiento en nuestra época QQ (Lo más cercano que había hecho era post II Guerra mundial xd) y también porque la relación de los personajes irá más lenta (Pero no se preocupen :3 No se aburriran -w-)

Hace tiempo que andaba con ganas de hacer un fic en medio del holocausto zombie (Tanto resident evil me quemó el cerebro) y muchos de los lectores de mi otro fic ''La oscura tierra de las maravillas'' me motivaron a hacerlo n.n

Espero que cumpla sus espectativas y espero que les guste :)

Como siempre, si detectan algún error, o tienen alguna critica, insultos, declaraciones de amor (ok no xd) o lo que sea que penseís, dejenlo en un lindo (o no tan lindo xd) review :3

 

Anotaciones:

«» Este simbolo lo uso para expresar lo que los personajes están pensando.

Los diálogos están entre burdos y feos guiones, cuesta mucho hacer la raya larga Q_Q (Pero lo iré arreglando con el tiempo, no se preocupen) 

Fin de las anotaciones xD

 

Ojala les guste :3

 

Gracias por leer :D

Capítulo 1: ''Profundos y aterradores ojos negros''

 


Ambos caímos al suelo.

   —¡Debes irte, Aiden! —Las manos de mi hermano me hirieron la piel cuando las aferró con demasiada fuerza a mis mejillas.


No podía dejarle.


   —N-No ahora, Ethan — intenté ponerme de pie y levantarlo a él, pero estaba demasiado pesado.


Como peso muerto...


   —¡Levántate, maldita sea! — forcé mis piernas para arrodillarme y le tomé de un brazo para intentar levantarlo otra vez, pero él tiró hacia abajo y volvimos a caer. Mis esfuerzos no estaban funcionando, estábamos cansados, ambos...pero no podía ¡No podía dejarle ahí! Habíamos estado sobreviviendo por más de tres semanas y ahora...


Me apartó la mano de un golpe cuando intenté tomar la suya.

   
—¿¡Es que no lo ves!? —gritó, clavando su mirada miel fija en la mía—. ¡Me mordieron! ¡Me atraparon! ¡Debes irte! —Las últimas frases escaparon frenéticas de su boca, con la suave voz quebrada por el miedo—. ¡En diez minutos estaré tratando de matarte!


   —E...Ethan... —balbuceé su nombre con torpeza, mientras veía el esmeralda de mis ojos aguándose en el reflejo de los suyos que parecían apagados—. D-Debe haber una solución, buscaremos la cura...t-tan sólo déjame... —balbuceé.

 
 —¡No, Aiden! — interrumpió y las primeras lágrimas comenzaron a escapar de sus ojos. Me arrodillé a su lado y él estiró una de sus manos para acariciar mi rostro. Sonrió cuando creí que nadie podría sonreír en una situación así. Me arrebató la pistola que tenía atada a mi cinturón y se la puso en la boca.

 
 —¡No, no, no, no! —forcejeamos y se la quité. Me aferré a él en un abrazo.


   —Sabes que no hay otra solución... —dijo, en un gemido que apenas fue audible. Y si, lo sabía, sabía que no había otra manera, él tenía razón. El suicidio era la única forma de no transformarse en una de esas bestias come carne.

 
 —Déjame a mí... —Y esbocé una falsa sonrisa. Me acerqué al rostro manchado por la sangre de mi hermano, sus ojos se habían vuelto de pronto, casi negros. Acaricié con temblorosa torpeza sus ya pálidas mejillas y acerqué mi boca a ellas para besarle.

 
 —¿Sabes que te amo, no?


   —También te amo, Aiden —dirigió por última vez su mano
hacia mí y acarició mi mejilla.

 
 —Ethan... —Apenas podía hablar, mi garganta estaba seca y quebrada, la voz no salía. Sentía cómo me faltaba el aire.


   —Prométeme que seguirás viviendo...te estaré vigilando —secó algunas de las lágrimas que resbalaban sin control por toda mi cara—. Voy a cuidarte, desde el cielo —Y sonrió, como si de verdad creyera en sus palabras. Una punzada me cruzó el centro del pecho—. Adiós, Aiden —tomó aire, como preparándose para el disparo.


Esto era injusto.


   —Perdóname, Ethan... —dirigí la pistola a su estómago, no soportaría dispararle en la cabeza.


Esto era jodidamente injusto.


   —Adiós...


   —Perdóname...


Tiré del gatillo. El sonido de la bala atravesándole el cuerpo y salpicando sangre a su paso me retumbó en los oídos.


Desperté sobresaltado y con el corazón en la garganta. Una nueva pesadilla me había atacado, más bien, el doloroso fantasma de un terrible recuerdo. Me enderecé rápidamente en el asiento de lo que antes fue un auto y con la ayuda del espejo retrovisor sacudí el alborotado cabello castaño. Di un vistazo a mi rostro, parecía algo desnutrido y podía jurar que por culpa de las ojeras mis ojos se habían oscurecido un poco, pasando de un esmeralda a un simple verde opaco. Tomé el lápiz que solía guardar en una de mis botas de cuero y cogí esa pequeña agenda que últimamente era lo único que me mantenía cuerdo.



“20 de octubre:

Hoy se cumple un mes desde que todo comenzó. Anoche estuve a punto de ser mordido, por suerte zafé y pude volarle el cráneo a ese imbécil, reventó y se partió en dos, creo que estoy mejorando mi puntería. Esta noche he vuelto a soñar con Ethan, mañana debería ser su cumpleaños, pero no está aquí...Lo extraño”.



Cerré la agenda rápidamente y me sentí más tranquilo. Sequé las lágrimas que habían comenzado a acumularse en mis ojos, aún no podía superarlo. Un ruido me sobresaltó y me obligó a tomar la escopeta que casi sin mirar saqué por la rota ventana y tiré del gatillo, un cuerpo ya sin vida de lo que antes fue una persona se desplomó en el piso. Debía salir de allí, siempre los ruidos atraían más y más y finalmente terminabas siendo devorado. Cogí la agenda y la guardé en el bolsillo de mi cazadora, luego colgué la escopeta y la mochila a mi espalda y las ajusté.



Comencé a correr ¿Hacia dónde? No tenía idea, no importaba, ya no quedaba lugar que no estuviera infestado de zombies.


En la televisión dijeron que había nacido por una droga, la catinona sintética o como normalmente la llamaban "bath salts", fue bastante famosa por un par de meses, causaba alucinaciones en la gente, suprimía el dolor, les daba una fuerza sobrehumana y en muchas ocasiones, liberaba las ansias de sangre, toda la brutalidad guardada en lo más profundo del inconsciente humano. Primero fue un hombre que intentó devorarse a otro en Miami, luego, una mujer se comió a su propio perro. No sé cómo ni quién se atrevió a transformarlo en un virus. En los medios dijeron que en un laboratorio farmacéutico habían estado experimentando, supongo que una pipeta se rompió y...



Ya todos sabemos cómo termina la historia. La mitad de la humanidad termina sucumbiendo ante el virus, el virus muta y se hace altamente contagioso ¿La otra mitad? Supongo que como yo, está luchando por sobrevivir.



Las calles de la pequeña ciudad en la que nací y de la que aún no me atrevía a salir estaban más grises que nunca. Aún no comprendía cómo había pasado, cómo todo había colapsado tan rápido, simplemente no tenía sentido. El aire oscurecido, el olor a sangre brotando del asfalto, de todos los rincones, los cuerpos o lo que quedaba de ellos tirados en el suelo. Autos y edificios abandonados que a pesar de estar firmes parecían estar a punto de derrumbarse, las calles vacías; si había alguien vivo por ahí debía de estar bien escondido. Había pasado tan sólo un mes y ya todo era un desastre.



Pero yo aún seguía aquí.


De una familia adinerada, mis padres viajaban mucho por cosas de trabajo, ambos eran científicos así que se la pasaban en excursiones y conferencias para nuevas investigaciones. La mayor parte de mi infancia la había pasado junto a la servidumbre, sus hijos y junto a mi hermano menor, Ethan...él era...


Él era la luz de mis ojos, la razón por la que vivía, lo amaba. Incluso no sabía por qué seguía aquí parado luego de yo mismo haberle disparado. Instinto, dirían algunos.


«Es por la promesa»
Me dije a mí mismo de pronto, cosa que últimamente era costumbre.



¿Me estaré volviendo loco?


No sabía nada de mis padres…A veces, fantaseando, creía que estaban en algún lugar protegido intentando buscar una cura, pero en el fondo sabía que estaban muertos. Cuando todo comenzó, Ethan y yo estábamos en casa, junto a la cocinera, Beatrice y al jardinero. La afición por la caza de mi padre nos salvó y nos dio armas suficientes para sobrevivir, pero...


Primero fue el jardinero, luego la mujer...y ahora, Ethan.


¿De qué servía seguir viviendo, si él no estaba?

 
 —¡M-Mierda! —comencé a correr cuando me di cuenta que seis de “ellos”, como les solía llamar, al no hallar otro nombre para estas bestias y al no querer llamarles simplemente zombies, sólo por no aceptar que toda la mierda hollywoodense se había vuelto realidad, sólo que con algunas grandes diferencias: Hubiese sido una suerte que los muertos vivientes reales fuesen como los de las películas, pero no, estos eran prácticamente súper-hombres-muertos, podían correr e incluso a veces saltar y eran altamente instintivos, por lo que harían cualquier cosa por conseguir un trozo de carne. Eso dejaba a los muertos en una ventaja considerable.


De pronto, me vi acorralado.



Mi espalda chocó contra una reja metálica. Reaccioné y con agilidad la salté para cruzar al otro lado. Apenas toqué el suelo, abrí la mochila y saqué una botella de vidrio que contenía gasolina, tomé un pañuelo humedecido en combustible y lo usé como tapa para la botella, luego la encendí y la lancé hacia el otro lado.


Como esperaba, la botella chocó y cayó a los pies de uno de ellos, comenzando a incendiarlo y a quemar a los que estaban alrededor de él. Aproveché la distracción del ruido y el fuego y comencé a correr nuevamente. Sólo esperaba que no llegaran más. Miré a mí alrededor y noté dónde estaba.


Los estacionamientos del aeropuerto de la ciudad. Un completamente destruido y gigante aeropuerto. Era horrible, aunque el perímetro parecía bien guardado por las rejas, todo estaba completamente destruido, el edificio principal, las pistas, todo. Cuando todo comenzó, un gran incendio arrasó con la mayoría de este lugar, quemando a casi todas las bestias que se encontraban dentro. Pero aun así no me fiaba. Un aeropuerto, un lugar que cuando el virus atacó estaba infestado de gente. Seguramente no todos se quemaron, aún debe haber muchos atrapados.


Debía salir de ahí.


La idea de conseguir un avión me llegó a la cabeza. Me reí de mí mismo, era una locura, ni en el peor caso de supervivencia sabría pilotear un avión, o un helicóptero, o cualquier máquina que necesite ser manejada.



Quizás sí me estaba volviendo loco.


Otro ruido me alertó nuevamente. Unos botes de basura cayeron y una docena de ellos apareció y comenzaron a seguirme, quizás habían tirado la reja. Empecé a correr nuevamente y mientras lo hacía intenté preparar la segunda molotov, pero mis manos temblaban y sudaban en exceso, por lo que resbaló y cayó al suelo, derramándose la gasolina por todo el lugar. Solté un grito y de alguna forma descargué algo de la frustración que traía guardada. Seguí corriendo, el lugar era gigante, pero no había donde esconderse, los hangares parecían todos cerrados y otra cerca con un cartel de "electrificada" delimitaba mi espacio y anunciaba un posible peligro ¿estaría funcionando aún?


¿Debía arriesgarme?



Tenía que salir de ahí.



Otra vez estaba acorralado, entre los doce monstruos que se acercaban velozmente y esa cerca. Era desesperante, verlas avanzar frenéticamente hacia mí. Desenfundé de mi cinturón ambas pistolas semiautomáticas que últimamente eran mis mejores amigas y ejecuté cuatro disparos. Uno dio justo en la cabeza a uno de ellos, el otro, dio a parar en el muslo de un zombie y éste cayó al suelo, arrastrándose, el tercero dio en pleno pecho de otra de las bestias y el último se perdió en el aire.

Quizás mi puntería no ha mejorado del todo.

Apenas había logrado frenar a uno y medio. Apreté el gatillo nuevamente pero nada pasó, volví a apretarlo, una y otra vez, desesperadamente. El molesto ruido del arma descargada apareció y me inundó los oídos.



   —¡Demonios! —grité guardando ambas pistolas y tomando nerviosamente la escopeta entre mis manos. Justo antes de que uno de ellos me alcanzara, tiré del gatillo y la fuerza del impacto del arma me obligó a dar un par de pasos hacia atrás, pero le había dado a dos, con un sólo disparo.

Tenía que ser rápido. Me aparté de donde estaba cuando vi como cinco más estaban peligrosamente cerca de mí. Di otro escopetazo directo a la cara de uno de ellos que por un momento creí estaría a punto de morderme, la sangre y la carne que esparció de su rostro destrozado cuando su cabeza explotó me cayó en la cara, sobre los ojos, encegueciéndome por unos instantes. Me moví hacia un lado, nervioso, intentando apartar la sangre de mi cara cuando mi espalda chocó estrepitosamente contra la cortina de un hangar. Limpié la sangre con mi manga y uno de ellos se abalanzó sobre mí de pronto. Forcejeé con él y con tanto alboroto caí al suelo, golpeándome en la cabeza. Mis dedos tocaron la carne de su rostro despedazado y la ropa sucia, sentí el olor a muerte escapando de todo su cuerpo, aquellos alaridos inhumanos que escupía de su boca desgarrada me aterraron. Era espantoso.

Sentí mis brazos temblar, estaban flaqueando. No podía, estas bestias tenían una fuerza impresionante y cada esfuerzo por alejar su boca de mí parecía más inútil que el anterior.


Era mi fin.


Mis brazos terminaron de ceder y cayeron ante la fuerza de esa bestia. Cerré mis ojos y cubrí mi rostro con el antebrazo, en un estúpido y último intento por defenderme. Esperé lo peor.

Pero nada ocurrió. Sólo el estruendo de una, dos, tres, cuatro, cinco y seis balas que parecían ser disparadas desde lugares distintos y al mismo tiempo. La última bala atravesó la cabeza del zombie que estaba sobre mí. Aparté su cuerpo de mí, al borde de un ataque de nervios y me senté en el piso, con la respiración entrecortada, asustado, con el corazón escapándose de mi garganta. Estaba vivo.


Me puse de pie y miré a mí alrededor, todas las bestias habían sido rematadas con una certera bala en la cabeza. La o las personas que habían hecho los disparos debían ser expertos, todos ellos mostraban una perfecta fisura en el cráneo. Miré hacia todos lados, buscando indicios de mis salvadores, pero no encontré nada ¿Dónde estaban? Posé mi mirada en los techos de los hangares, nada había allí. Estaba solo en ese lugar.


De pronto, algo me embistió con fuerza y me tiró directo al suelo, golpeando nuevamente mi cabeza contra él. Sentí una mano, grande y caliente cubriéndome la vista, dejándome a oscuras. Mi corazón aceleró cuando el frío de una hoja de lo que seguramente era un cuchillo palpitó peligrosamente sobre mi cuello. Mi cuerpo se paralizó por completo al sentir unas piernas extrañas, fuertes y fibrosas apresarme las caderas con fuerza. Tuve miedo.



   —¿¡Cómo has llegado aquí!? —articuló una voz grave, varonil y algo rasposa. Intenté responder pero noté como mi garganta temblaba al igual que todo mi cuerpo. Tomé aire, intentando calmarme—. ¡Habla! —gritó la voz al mismo tiempo que el cuchillo comenzaba a hacer presión sobre mi garganta, sentí la primera punzada sobre ella.



   —¡Estaba escapando de una horda cuando entré aquí! —grité nerviosamente, revolviéndome bajo las piernas del sujeto que aún me mantenía preso. Sentí como sus músculos se relajaron. La luz del día volvió cuando retiró su mano de mis ojos y se apartó.


   —Entonces... ¿no eres un cazador? —preguntó la masculina voz. Alcé la vista para ver a mi agresor. Un joven de unos veintiséis años estaba frente a mí. Vestía una camiseta sin mangas color negro que hacía resaltar unos fibrosos hombros levemente tostados que se levantaban con fuerza bajo su cuello, unos pantalones oscuros y unas botas militares que aún parecían tener algo de lodo. Su pecho lo cruzaba una sobaquera de cuero, como las que usan los policías, donde descansaban dos pistolas y seguramente lo que sería un revolver mágnum, lo sabía por qué le había visto uno igual a mi padre. Llevaba un cinturón para portar cargas de armas y a la altura de sus muslos tenía atadas dos cuchillas. Guardó un tercer puñal en un bolsillo que tenía atado a su brazo cuando seguramente notó que yo era completamente inofensivo. Me puse de pie.

   —¿Qué es un cazador? —pregunté, jamás había oído esa palabra. Los fieros, vacíos y profundos ojos negros se ese chico se clavaron sobre mí, fulminándome con ellos. Quité la mirada y la dirigí hacia el piso, me sentí intimidado.

Ese idiota era aterrador.


   —¿Llevas sobreviviendo más de un mes y no tienes idea de lo que es un cazador? —preguntó molesto, pero con una pizca de ironía en su voz, mientras tomaba el cabello ébano revuelto que le caía hasta un poco más abajo de sus hombros y lo intentaba amarrar en una coleta.

   —Si me lo preguntas... —mascullé notablemente ofuscado—. Sin saber lo que son, tú me pareces uno.

Él quitó las manos de su cabello y me tomó bruscamente por el cuello de la camisa, clavándome nuevamente aquella mirada oscura, más negra que un cielo sin estrellas, abismal y aterradora. Acercó molestamente su rostro al mío, hasta que nuestras respiraciones se mezclaron. Un escalofrío recorrió mi cuerpo.

   —No vuelvas a decir eso —soltó fríamente, atravesándome con la mirada y me soltó con la misma brusquedad con la que me había tomado, no dijo nada más, dio media vuelta y caminó para marcharse.

Quedé pasmado algunos segundos, mirando aquella alta figura alejarse ¿Por qué se había molestado tanto?

   —¡Espera! —grité acercándome en un trote suave hasta llegar a su lado.

   —¿Qué es lo que quieres? —preguntó el malhumorado chico—. Ya te he salvado, ten suficiente con eso.

   —¿¡Y quién te lo ha pedi...!? —Mis palabras se frenaron solas al ver cómo de pronto y de la nada, una nueva horda de unos treinta ¡treinta! zombies corrían como energúmenos hacia nosotros, con ansias de devorarnos.

   —¡Mierda! ¡¿Acaso les has dejado entrar!?

Quedé paralizado unos segundos, jamás había visto una horda tan grande. Al parecer había tenido suerte, quizás mi supervivencia sólo se debía a mera suerte.


   —Quizás el fuego de la molotov les ayudó a entrar... —murmuré más para mí mismo que para el chico que me hacía la pregunta.

   —¿¡Acaso eres idiota!? —gruñó y sin más me tomó del brazo y comenzó a correr hacia uno de los hangares. Sólo atiné a seguirle e intentar llevar su paso que parecía demasiado veloz para mí. El chico de ojos negros sacó de su bolsillo lo que parecía ser un pequeño control y sin dejar de correr presionó un botón y la puerta del depósito comenzó a abrirse. Rápidamente entráramos en el.

   —Presiona el botón verde para cerrar —ordenó mientras desenfundaba las dos pistolas guardadas en su sobaquera y comenzaba a ejecutar disparos a diestra y siniestra. Presioné el botón mientras veía ansiosamente, primero la cortina que lentamente comenzaba a bajar y luego al chico que tenía a mi lado y que disparaba sin que un sólo músculo se le moviese en el rostro. Uno a uno iban cayendo, de un sólo disparo, pero aun así seguían acercándose. Miré de nuevo la cortina y luego al chico, luego otra vez la cortina, luego a los zombies que se acercaban cada vez más, luego a aquel joven que seguía disparando impávidamente, luego a la reja, luego a ellos, cada vez más cerca.

Caí al suelo al mismo tiempo que la cortina cerró por completo, dejando aquellas bestias fuera. Mi corazón estaba a punto de explotar dentro de mi pecho, el sudor corría por mi frente, la temperatura excesivamente alta dentro del hangar no ayudaba mucho. Mis manos y todo mi cuerpo estaban temblando. Estaba, literalmente, al borde de un ataque de nervios.

Vi una mano frente a mi rostro.

   —Levántate —ordenó aquella profunda voz que parecía querer despertarme. Tomé su mano e intenté levantarme, pero de pronto me sentí mareado. Todo había ido demasiado rápido, las bestias, la falta de comida, la sed. Las náuseas invadieron mi estómago e hice una arcada, conteniendo las ganas de vomitar. Me puse de pie dificultosamente con la ayuda del pelinegro, pero no duré mucho. De pronto había perdido el equilibrio y me había dejado caer sobre él, quién me abrazó instintivamente para sujetarme.

   —¡Niño! ¿Niño, estás bien? ¡Hey! —intentó mantenerme despierto dándome pequeños golpecitos en las mejillas, pero no hubo caso—. ¡Quédate despierto! ¡Oye! —sentí mis ojos cerrándose poco a poco, cansados, cayendo como si mis párpados estuviesen hechos de cemento puro.


Me había desmayado.

 

Notas finales:

¿Les ha gustado >______<? Bueno es dificil de decir tan solo con el primer cap QQ actualizaré dentro de la semana, a más tardar el prox domingo LO PROMETO :D

Un abrazo! 

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