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Twincest

Autor: Cirucad

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Notas del fanfic:

Historia editada y resubida.

Los personajes le pertenecen a Matsuri Hino.

Este escrito se hace sin fines de lucro.

 

Daban las tres de la tarde cuando el albino llego a sentarse en aquella banca. Su hermano le había citado con un escueto mensaje, en el que escribía que era imperante verlo esa tarde apenas finalizara sus cursos en la universidad, expresamente le indico donde sentarse y que debía ser él el que fuera a la universidad del mayor, porque aquello que tenía pensado decirle o mostrarle, aparentemente solo podía ser o existir en la facultad de ingeniería donde Zero estudiaba.

Estaba sentado a los rayos del sol, procuraba portar siempre unos lentes obscuros que su padre le regalo cuando se divorció de su madre, una pequeña promesa de volver a reunirse en un futuro, tal vez como una familia de nuevo. Toco ligeramente el contorno de los lentes, recorriéndolos en un descuidado movimiento donde los acomodaba, nostálgico de aquellos tiempos donde eran su madre, padre, Zero y él en la familia. Actualmente vivía solo con su hermano mayor, en una casa que sus padres habían puesto a su nombre después del divorcio, puesto que no querían enfrentar a los hermanos con sentimientos de donde debería ir cada uno, cuando evidentemente los jóvenes tenían mayor afinidad con su padre uno y el otro con la madre.

Pese a las circunstancias el menor de los gemelos no parecía sentirse desvaído o semejante, en realidad disfrutaba del tiempo con su hermano, mantenían una buena relación fraternal y amistosa, aunque con el paso de los años, él sentía que sus sentimientos no podrían estar más desviados. Amaba a su hermano, de eso no cabía duda, mas dudaba que fuera algo sano amarlo como lo hacía.

Vivian solos desde los 18 años, actualmente tenían 23,  El cursaba el último año de biología y a su hermano le faltaba uno más para terminar su ingeniería. Ichiru recordaba cómo se fue dando cuenta de sus sentimientos, tendría al menos 17 años cuando todo comenzó a cambiar, pero era listo, algo de familia, supo ocultar sus sentimientos con una etapa de falsa rebeldía, manteniéndose un poco al margen con su hermano, que había tenido su época cuando apenas tenía 12 años. A todos les pega diferente esa etapa peligrosa.

-           ¡Ichiru! – Interrumpió su hermano en la distancia – te he estado marcando – su voz sonó a un reproche mal apaciguado, con su ceño fruncido desde siempre, la mirada distante e incorruptible, ahí estaba su réplica.

Saco de su bolsillo su teléfono, dirigió una rápida mirada fingiendo que observaba la pantalla – no escuche que sonara – respondió sin mucha energía pero con una sonrisa bien pintada en los labios – ¿Que sucede? – el contraataque lo hizo pronto, no dándole espacio a su hermano de seguir reclamando, de lo contrario, de fijo se pasaban toda la tarde hablando de lo distraído que era y de la verdadera función de los teléfonos móviles.

-           Que actitud te cargas, ¿Qué tienes 15 años?

-           Te recuerdo, hermano, que el prematuro de los dos, siempre has sido tú, estoy seguro de que yo hubiera sido el mayor si tu no fueras tan… tú – Zero entrecerró los ojos no queriendo darle el gusto al más joven de verlo rabiar, Ichiru sabía hacerse el estúpido para distraerlo, este día no iba a ser el caso.

-           Cállate y escúchame, mocoso, tengo algo que decirte – y de la nada el rostro de Zero pareció irse suavizando, en una mueca que jamás había visto. Un mal presentimiento se instaló en su espina, como no gustándole nada de lo que sucedería después – Ya van 5 meses que comencé a salir con alguien; te lo había dicho – un suave carmín ajeno a su persona coloreo sus mejillas, y ahora fue Ichiru quien torció los labios en desagrado, por supuesto que sabía eso, y había maldecido su genética, por darle un hermano gemelo tan atractivo, modestia aparte – Pues bien, quiero que lo conozcas. –

Las palabras le calaron en lo más profundo de su alma, y de la nada se sintió arder en rabia, casi indignado con lo que le había dicho, pero se supo sosegar, y miro impoluto a su hermano, censurando sus pensamientos y sentimientos. Un largo silencio se fue creando, entre tensión e incomodidad eran palpables entre los gemelos, y solo Zero parecía sentirse afectado.

-           ¿Tienes algo que decir? – agrego con su típica manera de hablar, mostrándose molesto por el nuevo mutismo de su hermano

-           ¿Quieres que diga algo? – y aunque quisiera controlarse, un poco de ponzoña se dejaba ver entre sus palabras, no era justo qua él hubiera amado a su hermano como ningún otro, y de pronto, alguien llegara a ser importante en la vida de su hermano, alguien que no era el, y eso era lo que más dolía, porque en el fondo sabía que jamás seria él. – Mira, hermano, no es como si fuéramos niños, o yo tu padre y tu mi hija consentida, no tienes por qué presentármelo, si tú vas en serio con él, adelante, pero tus asuntos amorosos solo te conciernen a ti – esta vez utilizo una voz suave y más comprensiva, aun sabiendo que lo que decía eran palabras ásperas.

-           No es que tenga que presentártelo por algo en especial, es que eres mi hermano, y me gusta que seas parte de mi vida – Ichiru suspiro no sabiendo que más hacer, no importaba que tan cortante fuera con Zero, él siempre lo justificaba diciendo que era por culpa del divorcio.

Ichiru suspiro resignado, sabiéndose derrotado por la voz de su hermano que le hablaba con parsimonia, como si se tratara de una bestia a la cual le debía hablar dulcemente para evitar que atacara. Ahora solo lo miraba, instándolo a continuar hablando – El llegara en cualquier minuto.

Zero se acomodó a su lado con la intensión de comenzar otra conversación para distraerse a sí mismo de los nervios que sentía, era la primera vez que estaba con alguien por tanto tiempo, aunque no fueran más que 5 meses. Se encontraba desilusionado de la reacción de su hermano, esperaba que se emocionara tanto como él con la idea, no esa reacción arisca que se vería mejor en él mismo. Por instantes Zero le dedicaba miradas de soslayo, indeciso de hablar o dejar a su hermano tranquilizarse, además, había citado a Kaname a las 4 en punto, y ya pasaban por 10 minutos, no era normal para el otro llegar tarde, y Zero buscaba dejar la mejor de las impresiones en su hermano.

-           Lamento la demora, Zero – hablo en la distancia un castaño de porte bizarro, las pulsaciones de ambos comenzaron a incrementar, el menor de los albinos mantenía su mirada fija en la persona que se acercaba lentamente, definitivamente lo odiaba, es maldito castaño de porte engreído, con su mirada chulesca y sonrisa de galán de revista. – Encantado de conocerte, Ichiru, Zero me había contado de que tenía un hermano gemelo, nunca me imaginé que serían idénticos.

Ichiru pudo detallar mejor al hombre que tenía enfrente, la clase de persona que el detestaba más, tenía ese tono cortes falso que él solía repudiar, tenía ojos hermosos, sin duda, pero no dejaban ver nada dentro, enigmáticos. Ichiru era bueno juzgando a las personas, ese don le había evitado (a él y a su hermano) liarse con personas no agradables, ahora más que nunca sus sentidos le alertaban de la esencia del supuesto novio de su hermano.

Vio la mano extendida frente a él, el lenguaje corporal del castaño se mostraba abierto a conocerlo, con suma confianza en su carisma. Ichiru intercalo miradas entre la mano, su dueño y Zero, los segundos se palpaban incomodos por el tiempo que llevaba el castaño esperando recibir el saludo por su parte, al final el acepto más a fuerzas que de ganas. En el momento en que ambas manos hicieron contacto, el menor pudo ver algo en los ojos del novio de Zero, un ligero brote de molestia, además del apretón innecesariamente fuerte que recibió. Muy mala movida – pensó – de todo lo que malo que pudo hacer en su primer encuentro fue revelar su verdadera naturaleza, Ichiru era todo menos estúpido. Fingió la sonrisa más grande que pudo, y devolvió el saludo con l misma intensidad.

-           Es un gusto…-el menor de los gemelos volteo su mirada a Zero, preguntando por su nombre en silencio

-           Kuran Kaname – añadió el mismo castaño, sin liberar la mano ajena, ahora en una discreta batalla de poder.

-           Disculpa, por el contrario aunque tú ya sabias mi nombre yo desconocía el tuyo, Zero no me ha hablado mucho de ti, Kuran – por fin soltó la mano ajena, al notar como el menor de los gemelos le restaba importancia a su nombre. – ha sido un gusto, pero tengo otras cosas que hacer, nos vemos en casa.

El rostro del castaño por solo una fracción de segundo se había torcido en una mueca desagradable, no se hubiera imaginado que el menor de los k tuviera peor temperamento que su novio, sin embargo no podía negar que ambos jóvenes eran un deleite para los ojos, uno del que solo él podría disfrutar.

-           Perdona a mi hermano, Kaname, ha estado extraño, creo que se viene el aniversario de divorcio de mis padres, tal vez por eso ha estado tan sensible. – Zero se no dejo de mirar por donde se había ido su hermano, tampoco Kaname - ¿Vendrás a cenar a la casa? – cambio el tema repentinamente el mayor.

-           Por supuesto, amor.

Ichiru caminaba por las calles sin rumbo fijo, pateando todo lo que tuviera al alcance para desquitar el coraje que traía dentro, su hermano tenía por pareja a una víbora, y ni siquiera se había molestado en disimular frente a él, parecía que estaba confiado del hechizo que tenía sobre su hermano, solo eso explicaría que fuera tan descarado.

Ahora él tendría que hacer algo para separar a la pareja, antes de que aquel infame le hiciera daño. Estaba maquilando un plan en su cabeza, ajeno a todo lo que le rodeaba, tiempo incluido, solo el fresco de la tarde le hizo entre ver que había caminado mucho, y que ya comenzaba a obscurecer. Maldijo reiteradas vez al amante de su hermano, todo era su culpa, le dolía el pecho al saber que Zero había encontrado alguien más importante, le dolía saber que de nuevo seria desplazado.

Exhalo frustrado, la situación era perfecta, al momento de querer utilizar su Smartphone para poder ubicarse se dio cuenta que la batería estaba muerta, el lugar estaba solo, y podía ver el sol ocultándose.

~

Zero mantenía los ojos pegados a la puerta, atento a la llegada de su hermano, no podía creer que el enojo le diera para tanto, eran las 8 y todavía no había señales de él. Kaname estaba tranquilamente sentado en la sala, disfrutando de una película, que hacia no mucho veía con Zero, el cual decidió ir a buscar las bebidas, que tampoco habían aparecido aun.

-           Necesitas calmarte, Zero, se te olvida que tu hermano ya es mayorcito, deja de preocuparte como si fueras su madre – hablo desinteresado el castaño, sin despegar su vista de la pantalla – piensa positivo, tenemos casa sola.

Solo entonces Zero le dedico una mirada, de esas mortíferas que solo el mayor de los albinos sabia dar, Kuran podía ser medio denso para algunas cosas, otras veces era solo un imbécil. Vio como el de ojos chocolates dejaba el tazón con botana en la mesa de centro, se levantó con elegancia y sacudió sus ropas, caminando a paso acompasado hacia Zero.

-           Deberías prestarme más atención – susurro ya cerca de sus labios, mientras le sostenía delicadamente; con sus ojos nublados por una estela de morbo – Llevamos bastante tiempo juntos, nos hemos dicho que nos amamos, nos hemos besado incontables veces y más importante, hicimos una promesa, me prometiste que cuando le dijeras a tu hermano que estábamos juntos, por fin podríamos ser uno, comprendo que para tu hermano es difícil entender que tienes una vida que no gira en torno a él, pero es parte tu culpa, por no hacerle saber hasta dónde rozan los límites de su relación fraternal. – Kuran dejo un suave beso en el labio inferior, luego otro en el superior, tentándolo.

-           Hay un momento para todo, Kuran, se lo que prometí, pero en este momento, mi hermano está perdido y eso me preocupa. Si tú, por el contrario no entiendes hasta donde puedes meterte en nuestros asuntos, entonces es a ti a quien no le dejé en claro los límites de nuestra relación. – Los ojos amatistas lo miraron desde abajo, con molestia palpable, Kuran estaba tentando su suerte.

El castaño le dedico finalmente una mirada vacía, tratando de doblegarlo de una vez por todas. Y tratando de amedrentarlo, se paró más  altivo todavía, buscando el cuerpo más pequeño.

-           No sabes lo que dices, Kiryuu, y no quiero ensenarte a ser más respetuoso conmigo, deja de ser tan necio y obedéceme de una vez.

La mano de Kuran se cerró en torno al brazo de Zero, aplicando más fuerza de la necesaria. El mayor estaba colérico, y aunque el de cabellos plata comenzaba a tener miedo, sabía que no debía mostrarlo, esa actitud de Kuran no era nueva, ya había pasado antes, situaciones en las que el pasible castaño perdía la cabeza y despotricaba en su contra, sin embargo solo eran palabras mordaces o una que otra amenaza, jamás le había hecho daño físico, y Zero se inclinaba a que ese día no sería diferente.

-           Suéltame, me estás lastimando – quiso que su voz no sonara tan aterrada, sin embargo, todo alrededor del de ojos borgoña gritaba precaución – te estas alterando Kaname, me prometiste que dejarías de ser tan agresivo – su voz se quebró un poco al final, sucumbiendo al miedo que había aprendido a tenerle a su pareja.

-           Siempre eres igual Zero, haces lo que quieres, con tus desdenes me menosprecias, y al final sabes a quien debes respeto, te doblas a mi voluntad, como debe ser, te di mi palabra de que esperaría por ti para hacer el amor, te pedí un plazo de tiempo y tú me lo diste, “cuando le diga de nuestra relación a mi hermano”, ya le has dicho, ¿Cuál es tu escusa ahora? – el rostro del más alto estaba a centímetros del contrario, mirándolo hacia abajo, con la mano aun en el brazo y la otra tirando de los cabellos de la nuca.

Zero aparto la mirada impotente, sabia como era Kaname así como tenía claro que no lo dejaría ir tan fácil, lo había intimidado lo suficiente como para hacerle perder la confianza.

-           So-solo hay que esperar a que llegue mi hermano – hablo bajito- después haremos lo que quieras, por favor suéltame – Zero era una persona orgullosa, eso lo sabía, romper la voluntad de Zero le fascinaba, ver el miedo en sus ojos o como se escondía de él era un placer exquisito.

-           Tú sabes que te quiero, ¿verdad? – Beso suavemente los labios de su amante, estaban secos y cerrados en una delgada línea – Zero – Reto Kuran con voz ronca, inmediatamente el de ojos claros trato de relajarse, temblando un poco cuando los belfos húmedos volvieron a tocarlo con una delicadeza anormal – yo no quiero tratarte mal, pero tú no me dejas más opciones, todo lo que hago, es por ti, porque me preocupas, porque te amo, no quiero que pases por una separación como la de tus padres de nuevo, pero si continuas desafiándome no creo poder seguir quedándome a tu lado, esa actitud no es para nada linda – sintió el cuerpo de Zero inclinarse hacia el suyo, muy ligero, pero lo suficientemente notorio como para saber que aún lo tenía en sus manos.

 

Notas finales:

Gracias por leer

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