Amor Yaoi
Fanfics yaoi en español

Libro 1. Nacimiento de un pecado.

Autor: reydelosPK2

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Notas del fanfic:

!HOLA!

Me disculpo por no poder continuar con un demonio desmemoriado se fue la inspiracion y el hilo de la historia por cualpa de esta: esta, esta por lo menos el primer libro concluido. aun afinamos algunas partes pero ya finalizado. 

Libro 1: Nacimiento de un pecado

Libro 2: Ira

Libro 3: Gula

Libro 4: Avaricia

Libro 5: Soberbia

Libro 6: lujuria

Libro 7: Pereza

Libro 8: Envidia

Libro 9: De Dioses y mortales

Libro 10: Inicio Nuevo...

Notas del capitulo:

Please dejar review. Depues compelto la historia de un demonio desmemoriado.  

Capítulo 1.

Amor…

Su llegada a Shin Makoku fue predestinada, al igual que su puesto como Rey. Ciertamente Yuuri Shibuya se vio forzado a creer en el destino, y tenía muchas razones para creer en él, pero aún se sentía algo incómodo con ese enunciado que lo unía a Wolfram como su prometido.

En su mundo no era bien visto dos hombres comprometidos, casados y menos que pudieran engendrar una familia, pero Yuuri creía en el destino y más, cuando esos ojos esmeraldas lo seguían a todas partes reafirmando un amor que nunca terminaría de entender.

No recordaba haber hecho mérito alguno para esa devoción absurda, para esa persistencia, para tantos celos, para justificar que innumerables veces antepusiera su vida con tal de salvarlo. No… No recordaba haber hecho mérito alguno para ese amor injustificado y es que ese compromiso nació como un simple error cultural.

Un sinfín de veces dedicó tiempo a recalcarle que eso era imposible, que dos hombres ¡JAMÁS!… y sin embargo allí estaba parado a su lado mirando el tiempo pasar, ayudándolo a gobernar con justicia, cambio por él, dejo de ser el príncipe caprichoso y racista a ser alguien tolerante y comprensivo.

Lentamente Yuuri miraba esos ojos verdes y se preguntaba si lo que empezaba a sentir era amor o solo procedía a concluir el último designio de Shinou dejo:

Ser el Maou: ya era el rey y al fin alcanzaban la paz

Unirse con su descendiente: …Una decisión compleja

Wolfram arqueo sus cejas mirándolo preocupado, pues hacia unas horas que Yuuri se quedaba callado revisando esos documentos y de la nada solo se detuvo y le vio fijamente, como si desear a decirle algo pero no se animara.

-¿Estas bien?-Interrogo acercándosele para poner una mano sobre su frente. Yuuri no se veía del todo bien, quizás por trabajar en exceso, quizás por algún resfriado de temporada… no lo sabía pero era extraño que Yuuri se quedara como idiota mirándolo fijamente.

-Si… solo un poco cansado- se excusó volviendo a ver esos documentos. Gwendal miro de reojo al monarca, si era demasiado trabajo, pero era el último acuerdo, al fin la paz reinaría en todo Shin Makoku. Humanos, demonios e híbridos… todos vivirían en paz.  Después de esa noche, el trabajo se reduciría y si así lo deseaba el monarca podría tomar vacaciones.

-Es el ultimo tratado, después podrás descansar todo lo que quieras- advirtió el mayor para animarlo a concluir. Yuuri asintió y Wolfram en apoyo se sentó en la oficina a leer un libro. ¿Por qué debía dormir y dejarlo padecer solo?. Supuso que como su prometido lo mínimo que debía hacer era acompañarlo en esa larga noche, después celebrarían, quizás irían de viaje a la tierra a visitar a la familia de Yuuri.

-No seas tan debilucho- reto el rubio fingiendo falta de preocupación, pero vieran por donde lo vieran, el rubio estaba preocupado y deseaba a acompañarlo, ¿no es ese el trabajo de un buen prometido?

Conrad rio divertido al ver y entender que su rey no estaba cansado, no estaba hambriento, no tenía sueño, no estaba enfermo. No, su rey lentamente caía en ese extraño sentimiento llamado amor. Y su pequeño hermano no se daba cuenta que al fin ganaba esa batalla entre su perseverancia y los perjuicios mentales de Yuuri. Quizás dentro de pocos días o semanas vería a su madre voltear el castillo entero preparando una boda.

Gunter parecía también notarlo, pese al amor que sentía por el monarca, supuso que era inevitable, después de todo el lord mocoso dejaba de ser un fastidio, y al igual que Yuuri se convertía en un rey digno, el rubio se volvía un digno prometido. Suspiro resignado a perder toda esperanza con el azabache y también a dormir esa noche. Todos pasarían la noche en vela concluyendo ese tratado o simplemente apoyando moralmente al Rey.

Todos salían cansados de la oficina del Rey, al fin terminaban de elaborar los últimos acuerdos de alianza, al fin terminaban de estudiarlos y se sentían satisfechos con los términos a los que llegaron. Con la documentación en mano se dirigían a entregarla a los representantes del reino de Sun, estos leerían el acuerdo y al final su monarca que aun reposaba en una de las habitaciones de Shin Makoku lo firmaría y la paz se declararía en todo ese mundo, un acontecimiento que sin duda seria festejado por cada poblado, reino y republica de ese mundo como el día que el Maou trajo la paz.

De la nada la esfera que brillaba de color celeste se tronaba blanca. Miro expectante tal fenómeno, y es que jamás espero ver que una de sus esferas cambiara de colores con tanta frecuencia. Desde la llegada de ese Rey la luz de esa esfera cambio de rojo escarlata a un naranja, luego a un amarillo, a un verde, a un azul y celeste y de la nada alcanzaba un brillo blanco que indicaba que la paz reinaba en todos esos reino, en ese mundo.

Muchos escucharon hablar de ellos, pero pocos conocían alguno. Era verdad que existían diversos poderes sus representantes. Pero estos seres eran algo diferentes y aterradores, pues su fuerza no se basaba en simple egoísmo o quizás sí. Todo variaba según lo que llamaba su atención y ahora mismo un rey terminaba llamando su atención, al grado de animarlo a despertar de su letardo.

Abrió dos de sus tres ojos mirando su esfera y al rey que le negaba lo que varias dimensiones le ofrecían diariamente como alimento: Guerra y con ella mil emociones oscuras.

Quizás podría haberle ignorado tenía otras fuentes de alimento y sin duda ese estado era temporal, pero estaba algo sorprendido al notarlo. No parecía la gran cosa el sujeto de cabellera oscura, no debió ser la gran cosa, pero logro lo que los otros Maous no lograron en sus reinados: la paz de su mundo.

Quiso ignorarlo pero sus ojos se posaron sobre la esfera y termino de descifrar esa dimensión, era la dimensión de los demonios. Nuevamente miraba la esfera con algo de incredibilidad y molestia. Siendo uno de los dioses del caos no le simpatizo que uno de sus dominios entrara en una era pacifica… no era divertido.

Con su dedo toco la esfera y esta lentamente se agrandaba en el vacío que era su reino. Lentamente esa esfera adquiría el tamaño  real y cual hologramas todo se reflejaba en su dominio en tamaño natural. El dios del caos se vio finalmente frente a frente con el culpable de su molestia. Al parecer un rey intrigante con cara que manifestaba ignorancia y debilidad era el culpable de traer la paz a todo un mundo, y es que no era algo lógico, las guerras eran necesarias para el crecimiento de las civilizaciones, para el control de la sobrepoblación… para su deleite y para incrementar su fuerza y asegurar su inmortalidad.

-Supongo que debería visitarlo-repuso mirándole fijamente, sin comprender como alguien de su aspecto había logrado lo que en otros mundo los restantes gobernantes no lograron. Y eso que el resto estaba más capacitado y mejor entrenado. Pero ese Maou… elevo una mano y toco la frente del azabache y leyó toda su historia.

Negó con la cabeza. Ese Maou solo era una simple coincidencia en el tiempo y el espacio, pese a ser destinado a ser Maou, solo era un don nadie con suerte. Diferente al resto de Maous que gobernaban otros mundos, diferente a ellos que desde su nacimiento fueron entrenados para ser Maous.  

Su cabellera rojiza apenas rozaba sus oídos y su flequillo cubría sus ojos escondiéndolos, su piel era morena, pero no tan oscura, su físico estaba bien proporcionado dándole el aspecto de alguien atlético. Su vestimenta era similar a la de los dioses Romanos, una toga que cubría parte de su torso y después caía cual falda larga sobre sus piernas.

Al analizar ese mundo de demonios modifico su vestimenta, si iría a ver al Maou debía lucir como ellos. Modifico su ropa asemejándola al uniforme militar de Gwendal al quien por segundos creyó que era el más apto para ser el Maou o por lo menos se veía con más presencia para tal puesto. Quizás la única variante entre ambas vestimentas era el color. El color negro con bordes rojos eran clara muestra de sus colores favoritos: el negro representando la muerte, el vacío, la tristeza, la nada. El rojo representando la vida, la sangre, la guerra, la locura… En fin lo que se suponía que la guerra traía a su paso.

Con paso firme camino por la inmensidad de su mundo, por ese mundo donde la oscuridad reinaba y ante sus pazos hondas de luz se manifestaban haciendo un leve eco de gotas de agua cayendo. El olimpo del caos, así se llamaba ese espacio que era tan grande como el universo mimos pero ubicado en otra dimensión, un lugar creado por el dios y es que era extensión del dios mismo. Cada dios poseía su propio olimpo del caos.  

Shinou sintió estremecer su cuerpo al sentir esa presencia. Pese a que se prometió no interferir más en el reinado de su elegido y estaba a punto de marcharse al más allá, no pudo evitar volver a aparecer frente a Murata que de la misma forma miraba aterrado a Shinou. Esa presencia no la podían identificar, de hecho aún no llegaba a su mundo, pero estaba en camino. Sabían que era en extremo poderosa, tan poderosa que abrían las puertas de ese mundo y otros más como si de abrir una simple puerta se tratase, y si tardaba tanto era por su mero gusto y advertencia a todas las dimensiones de su presencia.

Sin perder tiempo ambos se pusieron en marcha. Yuuri debía ser advertido y protegido. De ser una amenaza debían detenerlo o al menos convencerlo de no destruir su pasible dimensión. Rogaron que su visita solo fuera eso: una visita.

Al fin la paz reinaba sobre el mundo de demonios. Al fin las festividades daban remembranza a un año de paz entre naciones. Al fin podían respirar tranquilos y Yuuri al fin se animaba a tomar la mano del rubio que siempre lo acompañaba.

-¿Yuuri?-Llamo el rubio al sentir como este detenía sus pasos y lo apartaba de sus hermanos que seguían adelante con los preparativos de festejo por un año de firmado el último acuerdo que marcaba la paz.

-Wolfram…- Titubeo llamándolo y el rubio solo le miro sin comprenderlo,  y de la nada Yuuri comenzó a correr arrastrándolo a su recamara. Le daba tanta vergüenza que tenía la cara roja y sentía que se moriría si alguien los descubría o interrumpía, así que solo opto por ese lugar que compartían desde hacía más de doce años. Ciertamente Yuuri podía parecer un adulto de 21 años por ser hibrido, más Wolfram era como si los años no pasaran… a duras penas lucia como un adolecente de 17, pues según los extraños humanos que llegaban contemplarlo le daban a lo mucho 16, sin embargo el demonio de fuego ya tenía 101 años.

El rubio se vio azotado ligeramente contra la pared de su recamara y escucho la puerta cerrarse.

-¿Yuuri?-volvió a nombrarlo. No era común verlo acorralándolo con ambos brazos contra la pared. Tan extraño, que el azabache se comportara de esa manera… jamás le vio tan nerviosos o indeciso al hablarle, sin importar el tema siempre hubo confianza para ser sinceros y soltar sus opiniones sin miedo alguno y ahora Yuuri mostraba esa expresión de inseguridad. Después de todo lo que pasaron, dudo que hubiera algo que causara tal nerviosismo en Yuuri.

De la nada un foquito se prendió en la cabeza del rubio y las venitas de su frente se manifestaban. Solo había dos cosas que jamás toleraría: La infidelidad y la ruptura de ese compromiso.

-¡Maldito infiel!…- renegaba Wolfram poniendo sus manos en las muñecas de Yuuri para liberarse de su encierro.

-¡Solo escucha!… - rogo nervioso tratando de analizar cada frase, buscando las palabras exactas para confesarse y para hablarle de matrimonio, sin que el rubio mal entendiera las cosas y tratara de hallar fuego donde ni siquiera había humo. Quizás el ser celoso era su máximo defecto de Wolfram que de la nada inventaba amantes y situaciones. Pero bueno si todo fuera perfecto supuso que sería aburrido.

-¡No quiero escucharte!-Exclamaba el rubio liberándose del encierro para alejarse de su infiel prometido. Ya lo sabía, lo sabía desde siempre. Siempre dijo, no con palabras directas, solo con acciones… Yuuri siempre lo rechazo y no dudo en tomar oportunidad alguna para engañarlo con doncella alguna. Lo sabía, pero aun así dolía y aterraba que su Yuuri se diera el valor de decírselo en la cara y acabar con el compromiso que solo era eso: un compromiso y para colmo uno que surgió por accidente.

-¡Wolfram!-Nuevamente Yuuri le tomo de la muñeca para que el rubio se dignara a verlo y le prestara atención en vez de tejer infidelidades ficticias en su cabeza y levantarle falsos como casi siempre.

-De seguro fue con la resbalosa de Mirian- Wolfram deducía con que joven noble le pusieron los cuernos, y para lastima de la noble esta fue nombrada e insultada por el demonio de fuego, comenzando una batalla por liberarse del agarre de Yuuri y Yuuri por tratar de contenerlo y calmarlo, sin saber que palabras exactas debía usar para declararse.

-¡Escucha!- le gritaba jaloneando las manos del rubio para que no se escapara y se encerrada en ¿quién sabe dónde? y por días desapareciera de su vista, o amenazara con marcharse a Bielefeld y perderse por meses, esperando que ese chantaje aun funcionara para obligar a Yuuri a desistir de la ruptura del compromiso- ¡yo no te estoy engañando con nadie!-aclaraba pero el rubio parecía no escucharlo. Solo se desvivía por marcharse de ese sitio, quizás temeroso de oír una conclusión de ese compromiso y es que sin ese compromiso ¿qué le quedaba?… Nada, pues nada lo ataría al rey… Su madre y su linaje. No… pues no soportaría ver a Yuuri casado con alguna dama noble, no lo soportaría y de seguro terminaría haciendo alguna estupidez. El amor era algo toxico, así lo sentía en su ser. Lo elevaba al cielo cuando miraba al azabache sonreír o tratarlo con aprecio, le daba fuerzas y ánimos de creer en lo imposible pues Yuuri siempre hacia posible lo imposible… Y es que se convertía en su todo y como su todo sabía que sin él podría morir en vida y tenía miedo. 

¿Cómo era el antes de Yuuri?

No lo recordaba, no lo sabía. Solo sabía que sin el… Por tonto que se escuchara no sabría cómo vivir.

Cansado de tratar de contenerlo siendo que ambos eran fuertes, quías Yuuri por la masa muscular más fuerte que Wolfram físicamente, pero el rubio era más ágil y escurridizo cuando se lo proponía y ahora mismo se lo estaba proponiendo. Estallo:

-¡Ya basta!- le grito Yuuri jalándolo con todas sus fuerzas de las muñecas tumbándolo al suelo y en el acto cayendo el también pero encima del rubio que rápidamente volteaba la mirada esquivando esos ojos negros que amaba y temía- Wolfram…- llamo con voz suave el monarca sujetando esas delgadas muñecas, sintiendo al rubio moverse en un inútil intento de escapar del peso corporal de Yuuri, que prácticamente se sentaba sobre sus piernas y elevándose ligeramente de la humanidad del rubio para lanzar un suspiro, pues este parecía decidido a no dejar de moverse e intentar huir. Resignado solo se dejó caer sobre el cuerpo de Wolfram para inmovilizarlo.

-Si lo que quieres es romper el compromiso…- repuso el rubio molesto pero resignado a no dar marcha a tras- ¡No lo voy a hacer! ¡No voy a romper este compromiso!...- dejó de exclamar y en suplica continuo su último intento de mantenerse unido al azabache- Resígnate… Maldito infiel- concluyo sin deseos de verlo pero no pudo evitar buscar la mirada de Yurri que hundía su cabeza en su cuello y comenzar a reír como idiota.

-¡Hey!- le llamo molesto Wolfram reviviendo las ganas de seguir luchando para escapar de esa posición y poder achicharrar a su infiel prometido- te lo digo enserio enclenque…- le reprochaba pues no comprendía la risotada que descargaba de Yuuri. Ambos terminaron mirándose. Wolfram con cara de pocos amigos y Yuuri sonriendo. Y era cómico, ambos se amaban y peleaban por un tonto mal entendido.

Yuuri negó con la cabeza antes de simplemente besar esos labios rosas que se quedaron paralizados al sentir el roce de los labios de su prometido. Sus ojos simplemente se abrieron de par en par mirando la cara de Yuuri que cerraba los ojos y con sus manos rápidamente presionaba las orejas del rubio para dejar de besarlo y mirarse fijamente.

-Cásate conmigo- Concluyo comprendiendo que mientras menos palabras menos confusiones.

Wolfram simplemente estaba perplejo, paralizado sin poder creer lo que escuchaba. Acaso estaba soñando nuevamente  ¿al fin su amor era correspondido?

-Esto… - dijo elevando las manos para tocar la cara de Yuuri y  de la nada pellizcarlo- Esto… ¡¿Es un sueño verdad?!

-¡Auch!!-Se quejó el moreno saltando de un solo golpe lejos del rubio y acariciando sus mejillas- ¡no es un sueño!- repuso serio, ese pellizco casi perfora sus mejillas -además se supone que te pellizques a ti mismo no a  los demás- renegaba Yuuri, pues si amaba a Wolfram, había que ser sinceros y reconocer que el rubio solía ser peligroso.

Belleza y peligro en el mismo sitio.

Pensó aun sobándose las mejillas mientras el rubio sentado en el suelo se pellizcaba a sí mismo y comprobaba que no, no era un sueño.

-Y… ¿Qué dices?-Interrogo Yuuri con la cara más colorada por culpa del pellizco- ¿nos casamos…?- propuso sin muchas ganas, su podre cara adolorida le hacía dudar de tener la capacidad de tolerar los celos irracionales de su ángel endemoniado.

-¡Obvio que sí!- respondió Wolfram dibujando una sonrisa triunfante en sus labios finos- de esta no te salvas. Tú lo pediste así que no puedes retractarte- Una sonrisa que pasaba de la inocente felicidad a la perversa y dictadora se manifestaba- ya sabía yo que tarde o temprano terminarías enamorándote de mí…- hablaba el orgulloso Mazoku de fuego olvidando las veces que desecho su orgullo y rogo por no concluir ese compromiso. Yuuri suspiro, quizás cometía un error, pero sabía que no se arrepentiría de ese error, aun si el amor entre ambos se acababa por culpa de sus personalidades opuestas, lo que sentían ahora mismo el uno por el otro era amor.

-Bien- exclamaba ardiendo de la emoción parándose de un solo golpe casi olvidándose de Yuuri que era empujado y dejado en el piso- ¡es hora de avisar a todos!- salía del cuarto a toda prisa

-¡Hey!, ¡Espera!- Llamaba Yuuri siendo dejado atrás. ¿Algún día el rubio caminaría a su ritmo?. Lo dudo. Así que simplemente se ponía acorrer detrás de Wolfram… no le dejaría llevar la batuta de ese matrimonio. Él era quien gobernaba el reino no podía darse el gusto de ser visto como un enclenque aunque el rubio siempre lo llamara y tratara de esa forma.

-¡Wolfram!-Llamaba su madre que había perdido horas buscándolo, de  la nada el rubio había desparecido y también el rey. Todos los buscaba pues debían dar la cara como pareja real a su pueblo en la festividad- ¡llevo horas buscándote!-Exclamaba la ex reina a su hijo menor que la miraba arqueando al cejas

-Mamá solo me fui por media hora- analizo el rubio y su madre lo abrazo hundiendo su cabeza entre sus pechos.

-Eso no importa: ¡Quería verte!- replicaba la ex monarca que acababa de llegar de uno de sus viajes - El pueblo espera a su monarca y con él a su prometido- sentencio al sexy reina y Wolfram libre del abrazo rio acomodándose el cabello.

Todos notaron esa sonrisa triunfante que se dibujaba en el rostro de Wolfram, esa sonrisa de niño malo que se salía con la suya. Una que ponía cuando se tramaba algo.

-Sí, ¡Es hora de ver al pueblo y darle lo que quieren!- se vanagloriaba por su éxito cual pavo real.

-¿Wolf?-Llamaba la madre y miraba a sus otros hijos que se miraban sin saber de qué iba el rubio. Solo cuando vieron llegar a Yuuri corriendo con las mejillas al rojo vivo supusieron que algo paso entre ambos, aunque dudaban sobre el que paso. Pues ambos mostraban diferentes humores. El rubio con una felicidad descarada y el moreno con molestia mezclada con alegría y vergüenza.

-Majestad…- Llamo Conrad mirando a su ahijado

-Mi nombre es… olvídalo- se resignó Yuuri sin desacelerar la marcha pues debía alcanzar a Wolfram que se dirigía al palco real, no le daría el gusto de anunciar la boda, no sin el a su lado, era lo último que le faltaba- ¡Wolfram espérame!- le llamaba molesto de ser dejado atrás por el rubio.

-¡Pueblo de sin Makoku y Habitantes de los demás Reinos!- hablaba Wolfram quitándole la autoridad a Yuuri que llegaba al palco  jadeando y mirando con asombro a todos. Había tantas personas que ni espacio para caminar era visible. Tantos que no alcanzaba a ver el final. Simplemente quedo mudo nuevamente al no comprender porque había tantas personas. De la nada sintió a Wolfram tomando su mano. –¡Aquí está el Maou!- elevo su mano al cielo- ¡El hibrido que hizo posible la paz!- Yuuri volteo a verlo. De verdad Wolfram se veía muy feliz al grado de cometer semejante locura, pero esa locura era necesaria para despertarlo de su impresión y poder oír con claridad los gritos de aclamación de su reino. Y por tonto que fuera recién Yuuri comprendió que era el rey, que se debía a esas personas, que no era solo un juego y que la paz era verídica. Rio como tonto. Al escuchar su nombre ser clamado por la muchedumbre tantas veces, con tanto empeño… eso era gratificante.

Si preguntaban sobre el día más feliz de Yuuri Shibuya podían descubrí ese día como el más feliz de toda su existencia. La paz había perdurado un año entero, todos lo reconocían como su rey, al fin se dio valor de confesarse con Wolfram y pedirle matrimonio.

Su hija adoptiva se veía hermosa y feliz con su novio. Todos sus seres queridos festejaban su dicha y a su vez eran felices. Parecido a un cuento de hadas tocaban el: “felices para siempre”. Mas cuando llego la noche y entraron en la privacidad de su alcoba.

Yuuri simplemente entro a la ducha, nervioso y ansioso de lo que podría pasar esa noche se alistaba, había estudiado sobre el tema hacia tanto y al fin lo pondría en práctica. Mientras la puerta se abría y llamaba su atención pues era Wolfram que con una simple toalla cubriendo sus partes íntimas se adentraba a la tina con su prometido. Ambos jóvenes se miraban no mencionaban palabra. Solos dejaban cubrir por la calidez del agua y tímidamente miraban de vez en vez el cuerpo del otro, hasta que al final Yuuri se animaba a poner una mano sobre la mano del rubio que rojo como el tomate giraba a verlo.

Tocarse al inicio fue algo incómodo, no por la falta de deseo, eso les sobraba, solo que temían hacer algo que molestara al otro. Aunque al sentir nuevamente los labios de Yuuri sobre los suyos Wolfram dudo que hubiera algo en el mundo que Yuuri pudiera hacer para destruir su felicidad actual. Ese día fue el día que recibió el primer beso de Yuuri, el primero que guardaría en su corazón celosamente por la eternidad. Y esta sería su primera vez

-Si tuviera que morir… no me importaría ahora. Con esto creo que he vivido para diez mil años- repuso Wolfram al separar sus labios de los de Yuuri pues se había animado a besarlo nuevamente.

-No digas eso- dijo Yuuri animándose a besar ese cuello, sentía un cosquilleo en los dientes que le animaba a morderlo, a tratar de marcarlo por completo y es que estaba excitado. Emocionado. Esa suave piel y figura despampanante, ese rostro angelical… todo le parecía adictivo.

Mientras más tocaba más deseaba tocar. Un círculo vicioso que le advertía una adicción peligrosa, pues de la nada era consciente de la existencia de los celos. Saber que todos veían al rubio y a muchos su belleza los revivía de la muerte, le disgustaba. Al fin podía comprender a Wolfram y sus tontos celos inventados.

Un extraño sentimiento de mantenerlo encerrado para su deleite personal le susurraba al oído perversiones que podía practicar con ese cuerpo, con esa boca y esas manos.

-Yuuri- susurro entre jadeos, al sentir como el moreno clavaba sus dientes sobre su cuello. Era algo doloroso, pero a su vez anhelaba que no se detuviera, más al sentir como Yuuri mordía el pómulo de su oreja y lo abrazaba con demanda.

-ahora menos que nunca quiero perderte- susurro recordando la veces que pudo perder a Wolfram ya sea por culpa del Soushu y las llaves, por culpa de algún desacuerdo político, por su tontos complejos. Ya no había dudas. No deseaba perderlo, no ahora que descubría el mundo del sexo… menos ganas tenia. Simplemente su mente maquinaba un futuro con el rubio, con niños que lo llamasen papá. Con sus amigos y su familia… el final de cuento que implicaba la felicidad eterna.

-Yuuri- repuso Wolfram estirando su cuerpo al sentir esa mano osada que se aventuraba entre sus nalgas buscando su entrada.

-¡Shuuu…! solo relájate- replico Yuuri ansiosos pero aun así controlándose- he estudiado bastante sobre esto- fue sincero, pues leer mangas gay, ver pornografía le sirvió para comprender la mecánica, aunque siendo sincero no le gusto para nada, siempre le aprecio algo desagradable, pero con Wolfram era diferente. A él lo amaba y si hacia este tipo de cosas era porque simplemente estaba enamorado del rubio. Ya no le importaba si era por designio de Shinou, o por capricho suyo. Simplemente se había enamorado del demonio de fuego.

Lentamente la pierna derecha de Yuuri se metía entre las piernas del rubio obligándolo a abrirlas, mientras su boca mordisqueaba esos botones rosados y estrujaba cada parte de su cuerpo hambriento de más contacto.

Similar al soberano el noble se aferraba  a su amplia espalda y hundía las yemas de sus dedos nervioso y deseoso de más, conteniéndose pues deseaba que fuera Yuuri quien hiciera todo y si se arrepentía que se detuviera… no lo obligaría a acelerar, concluir, no lo guiaría, deseaba que Yuuri hiciera las cosas a su ritmo y gana.

El agua fue el lubricante, pues en la tina amplia adornada de eso leones de mármol que botaban agua de sus bocas, y el vapor mantenían la humedad y al temperatura en ambos varones.

-Te amo…- susurro Wolfram el secreto que siempre fue gritado al mundo entero, mientras sentía la hombría de Yuuri en su entrada y lo abrazaba con más fuerza suponiendo que dolería, pero que jamás se arrepentiría de esto. Lo deseaba porque lo amaba y deseaba darle hijos, darle todo lo que podía ofrecer. Su vida de ser necesario… todo, cada célula, cada átomo… pensamiento… Todo.

Fueron uno y como uno supieron que sin el otro era imposible existir. Que si la especie y los años de vida los separarían con el tiempo, los hijos mantendrían en testimonio vivo su amor y comprendería si en un acto de locura el sobreviviente terminara acabando con su vida para seguir a su pareja al mismo infierno de ser necesario.

La boda fue anunciada con petardos en mano, con gran celebración y emoción. No solo la boda sino el próximo nacimiento de un heredero. Aunque fue algo preocupante enfrentar al hermano mayor de Wolfram, pues al enterrarse del embarazo de su hermanito antes del matrimonio simplemente sintió al tierra temblar, o quizás solo fue su imaginación, pero de que lo miro asesinamente lo hizo, igualmente el afamado Waltorana, ganas no le faltaron para quemarlo vivo.

Tanto el noble de fuego como el noble de Tierra Contuvieron su rabia y miraron la felicidad impresa en el rostro del rubio, que de la nada arqueaba las cejas mirándoles confundido.

-¡Era lógico!- defendió a su próximo marido- ¡Teníamos doce años de prometidos y compartíamos alcobas! ¡¿Qué esperaban que solo durmiéramos y listo?!. Las nuevas generación no son tan escrupulosas como solían ser sus generaciones saben.

Ambos mayores sintieron una gotita adornar sus cabezas. Eran llamados viejos aburridos pasados de moda por quien era el pequeñín que ayudaron a criar. Pequeñín que resulto un verdadero diablillo. Ambos miraron a la culpable de que el rubio fuera un descarado, pues quien más le enseñaría tal descaro a Wolfram que su propia progenitora

-¡Ya era hora!-Abrazaba Cheri a su hijo menor- Te dije que debías seducirlo desde el principio. Hombres como su majestad son muy tímidos- soltándolo y mirándolo fijamente concluyo su felicitación- ¡Finalmente tendré un hermoso nietecito!-Giro a ver a sus otros dos hijos- Supongo que de ustedes no se puede esperar nada…- remato dejando a los presentes con pena ajena por de los hijos mayores de la ex Maou.

Una nueva pelea entre la madre de Wolfram y el tío de este daba inicio. Una sobre lo descarda que podía ser la mujer y sobre el que dirían de su adorable sobrino por culpa de su mala influencias. Una en la que Gwendal intervenía a favor de Waltorana tratando de hacer juiciosa a su madre. Una donde Cheri ponía de escucho a Conrad que solo atinaba a sonreír y mantenerse calladito. Mientras Gunter se unía a los recatados insinuando que el rey fue violentado por el rubio, que el demonio de fuego fue quien se aprovechó de la inocencia y nobleza usando la culpa como arma para manipularlo.

Yuuri miraba anonadado La discusión y es que no podía creer que pelearan por esas cosas cuando debían pensar en otras. Él por su parte estaba muerto de miedo al pensar como nacería su hijo, al escuchar a Guísela hablar de cesáreas y de tantos cuidados que debía tener el rubio, sobre el año de abstinencia de uso de magia. Como todo padre primerizo comenzaba a perseguir al su pareja y casi morir del susto por cualquier cosita que considera peligrosa para ambos y es que Wolfram no era de los que se cuidaba mucho. 

En fin ese embarazo era una montaña rusa con sus altas y bajas.

-¡Wolfraaaam!-Gritaba el monarca con el corazón en la boca al verlo cabalgar a toda velocidad por el reino. Wolfram estaba tarde y si deseaba alcanzar a su tío para despedirse la única forma era correr a todo galope en su caballo y llegar al cruce para detener su caravana y despedirse.

Gunter tuvo que sujetar a Yuuri para que no se cayera de la torre al descubrir al rubio montado en su corcel salir del castillo a toda velocidad.

-¡¿Qué demonios tiene en la cabeza?!- renegaba el monarca corriendo en dirección de las caballerizas, al diablo la preparación de la boda, no habría boda si por la imprudencia del rubio algo le pasaba a su hijo. Se dijo comprendiendo que su mundo se volvía cada vez más grande. Su reino, su familia, Wolfram y ahora su hijo, y eso que apenas sabia del aun no nacido hacia menos de cuatro horas atrás.

Si, su mundo lentamente se volvía más y más grande y mientras más grande se hacía más miedo tenia.  Pues pese a ser un rey pasivo no era tonto y había sentido lo mismo que Shinou y Murata, de hecho hacia días que ambos hablaron seriamente con él y comentaron de la extraña amenaza.

-No dejare que nadie altere la paz de mi reino- se prometió mientras miraba al rubio despedirse de su tío y lo esperaba con el semblante serio para reclamarle su imprudencia.

Wolfram jamás pensó que Yuuri se molestaría tanto por nada. Y menos que esa noche aprendería que el sexo también sirve para castigar a las personas… sinceramente que cosas enseñaban esos libros llamados mangas yaoi. No lo supo pero ya lo averiguaría. Como eso a husmear las cosas de su prometido llegando a descubrir un mundo de perversión en esos cuadernos ilustrados. Tanto así que sintió miedo de exponer su trasero o boca.  Rojo como el tomate espero a  Yuuri en la alcoba. 

El rubio presionando su ya abultado vientre. Al notar a su marido y su mirada seria, el rubio también elevaba la mirada y le dedicaba una sonrisa divertida, pues jamás creyó que Yuuri se volviera como Gwendal al tratarse de su hijo. Alguien serio y con cara de pocos amigos. Que se convertiría un paranoico como Gunter cuidándolo y riñéndole por todo y nada… Pero era divertido… muy divertido ver a papá Yuuri en acción.

-Se mueve…-Repuso el rubio extendiendo su mano para que Yuuri acudiera con rapidez y tocara su vientre. El sentir a su pequeño moverse… sentir la vida nacer del amor y crecer era algo inimaginable e incomparable… algo que ambos crearon era… no supo lo que era. Así que simplemente abrazo  al rubio protectoramente besando su frente. Wolfram le daba tanto… tanto que no creyó poder retribuirle en toda una vida todo lo que le daba el demonio de fuego.

-¡Kyaaaaaa!-Gritaba Miko al ver a Wolfram y su estado. Sin duda exigía a su esposo la cámara fotográfica, los celulares, la filmadora. En fin todo para documentar ese momento.

El rubio por segundos se sintió un bicho extraño por tanta atención que recibía de Miko, pero aun así no dejaba de sonreír y mirar  el sin fin de regalos que esta le ponía sobre la mesa, esperando que los abriera uno por uno y que diera su opinión.

Yuuri negó con la cabeza, de la nada Wolfram parecía preso político de su familia pues ni su madre ni su hermano querían dejarlo marchar hasta, pues quería filmar lo más que pudieran del antes y después del nacimiento y como no podían ir a Shin Makoku por su cargo de Maou de la tierra deseaban a provechar esa visita y extenderla todo lo que pudieran.

Cuando al fin fueron liberados Wolfram suspiro aliviado y riendo al ver el sin fin de cajas flotando en su baño privado y a Yuuri jurando que nunca más volverían a ir, no por lo menos hasta que su hijo tuviera dos años.  

Yuuri camino cual demente alrededor del pasillo ante la mirada de todos que esperaban ansiosos el nacimiento del niño. No eran los únicos, afuera del mismo castillo los ciudadanos esperaban conocer al primogénito del Maou que trajo la paz al Shin Makoku.

-Un Poco más…- Suplico Gisela al ver al rubio sufrir ante los dolores de parto.

-¡No puedo!-Grito Wolfram. Mientras Yuuri se sacaba los cabellos al oírlo gritar, tratando de entrar a la habitación siendo detenido por los hermanos mayores del rubio.

-¡Suéltenme!-Exigía, mas ninguno de los hermanos lo soltaba, de hecho lo arrastraban lejos de la recamara real donde Wolfram daba a luz. Yuuri estaba perdiendo el control de sus poderes por no poder controlarse emocionalmente y eso no era bueno para Wolfram o Gisela que necesitaba todos sus sentidos fijos en el parto.

-¡Solo un poco más!-rogaba la médico con el bisturí en mano. Había llegado la hora. La hora de realizar el corte, finalmente el niño manifestaba la luz de su poder mágico, que era la última fase de vinculación entre la madre y el niño para que pudiera existir fuera de su cuerpo.

Miro la cara sudorosa del demonio de fuego… como las fuerzas se le iban y miro con terror su vientre. Era una energía desbordante, una demandante que lentamente secaba la energía de su madre. Murata mismo miro incrédulo esa luz y Shinou asintió con un suspiro.

-Lo que me temía – dijo acercándose a su descendiente

-No digas “lo que te temía”, sabias que esto pasaría desde que los juntaste- recrimino el sabio- La pregunta ¿sabías siquiera que esa cosas vendría?

-No- dijo serio y eso tenso más a Murata que vio al primer Maou acercarse a su casi inconsciente descendiente- De saberlo jamás hubiera anhelado la paz… pero debía elegir y eh decidido elegirlo a él- repuso poniendo una mano sobre el vientre de su descendiente- es el único que puede dominar ambos poderes, el de Soushu y el Maou… quizás pueda también contra él.

-Por eso insististe que estuviéramos aquí- remarco el sabio mirando al Bielefeld, las posibilidades que vivieran ese año completo eran mínimas. Ese niño era demasiado fuerte, exigiría gran cantidad de energía, ese niño simplemente se hizo de la llave y su poder que resguardaba su madre y era nada más y nada menos que hijo del Maou. Las dos esencias más poderosas de ese mundo.  

Gisela seria asintió a la mirada del primer Maou y procedió a cortar y sacar al niño del vientre.

El llanto invadió el cuarto y el pasillo. Yuuri simplemente se liberó de los hermanos que lo soltaron y corrió a la habitación para ver a su hijo y a su consorte.

Murata vio a el primer Maou desaparecer cediendo su energía vital al rubio para que pudiera sobrevivir el año entero. Era lo mínimo que podía hacer para dar una esperanza a su mundo. Sinceramente jamás creyó que un dios amenazaría su dimensión.

Cerró los ojos y mirando a Gisela negó con la cabeza. Esto debía mantenerse en secreto. Aun había tiempo.

Yuuri entro violentando las puertas y corrió a la cama donde miro a Wolfram dormido con expresión dolorosa y sudando tanto que pensó que se moría.

-¡Gisela!-Llamo sujetando la mano del rubio.

-calma, es normal… su excelencia fue muy valiente al soportar el parto… solo necesita descansar.

La mirada de Yuuri aflojo las arrugas y al fin buscaba con sus ojos negros a su hijo o hija. Rio al descubrirlo en manos de la médico y ella le sonreía.

-su hijo Maou- alcanzo al pequeño que ya no lloraba, todo lo contrario por el cansancio cerraba los ojitos y trataba de dormir. Al fin podía respirar.

Yurri lloraba apretándolo ligeramente contra su cuerpo a ese niño tan pequeñito, para luego mirar a Wolfram observándolo a duras penas. No dudo en acercase al rubio que estaba mojado en sudor y en su cara el cansancio amenazaba con volverlo a la inconciencia.

-¡Míralo Wolfram!-dijo Yuuri mostrando al pequeño a los ojos verdes que lentamente comenzaba a cerrarse- ¡Es nuestro hijo!

Todos entraron al cuarto  y sonrientes felicitaron a Yuuri y dejaron a Wolfram con la médico para que descansara y recuperara fuerzas.

Solo Murata se mantenía serio y neutro. Miraba al rubio y velaba sus sueños. Todo dependería de su fuerza de voluntad, de su amor y el poder que Shinou le dejo para sobrevivir ese año y poder mantener vida la última esperanza de esa dimensión. 

Notas finales:

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