Login
Amor Yaoi
Fanfics yaoi en español

Ni una palabra (ADAPTACION) por MapacheSupremo

[Reviews - 0]   LISTA DE CAPITULOS
- Tamaño del texto +

Notas del fanfic:

Ningun hecho o personaje me pertenece, todos los derechos a su autor y personas correspondientes

Notas del capitulo: es una adaptacion del libro Ni un palabra, de Harlan Coben.
voy a actualizar todos los dias, por las tardes o noches >u
Jessica jugueteaba con su tercer chupito de Cuervo, maravillndose de su infinita capacidad para destruir todo lo bueno que poda haber en su lastimosa vida, cuando el hombre que estaba a su lado grit:

—Oye, preciosa, el creacionismo y la evolucin son perfectamente compatibles!


La saliva del hombre acab en el cuello de Jessica. Ella hizo una mueca y lanz una rpida mirada al hombre.

Llevaba un gran bigote poblado que pareca salido de una pelcula pornogrfica de los setenta. Estaba sentado a la derecha de Jessica. La rubia oxigenada con los cabellos encrespados a quien intentaba impresionar con aquella charla tan estimulante estaba sentada a su izquierda. Jessica era el desafortunado embutido de aquel malogrado sndwich.

Intent ignorarlos. Contempl su vaso como si fuera un diamante que estuviera evaluando para un anillo de compromiso. Jessica tena la esperanza de que esto hiciera desaparecer al hombre del bigote y a la mujer de cabellos pajizos. Pero no fue as.


—Ests loco —dijo Pelopaja.
—T escchame.
—De acuerdo. Te escucho. Pero creo que ests loco.
—Queris cambiar de taburete, para poder estar al lado? —pregunt Jessica.


Bigotes le puso una mano en el brazo.


—Quieta, guapa, quiero que t tambin lo oigas.


Jessica iba a protestar, pero decidi que sera mejor no hacerlo.
Volvi a mirar su bebida.


—Veamos —sigui Bigotes—, sabes lo de Adn y Eva, no?
—Claro —dijo Pelopaja.
—Te lo tragas?
—Lo de que l fue el primer hombre y ella la primera mujer?
—As es.
—Ni hablar. Y t?
—S, ya lo creo. —Se acarici el bigote como si este fuera un pequeo roedor que necesitara amor—. La Biblia cuenta lo que pas. Primero fue Adn y despus Eva, a quien crearon con una de sus costillas.


Jessica bebi. Beba por muchas razones. La mayora de las veces lo haca para divertirse. Haba estado en demasiados sitios parecidos a este, intentando enrollarse con alguien y esperando que hubiera algo ms. Sin embargo, esa noche, la idea de marcharse con un hombre no le interesaba en absoluto. Beba para aturdirse y le estaba funcionando. En cuanto se solt, la chchara insustancial la distrajo. Le ayud a aliviar el dolor.

Haba metido la pata.
Como siempre.

Su vida haba sido una carrera para alejarse de todo lo que fuera virtuoso y honesto, a la bsqueda del siguiente chute imposible de obtener, un estado perpetuo de aburrimiento interrumpido por subidones lastimosos. Jessica haba destruido algo bueno y cuando lo intent recuperar, volvi a meter la pata.

En el pasado hizo dao a los ms cercanos a ella. Era como un club exclusivo para aquellos a los que mutilar emocionalmente: las personas a las que amaba. Pero ahora, gracias a su reciente mezcla de idiotez y egosmo, poda aadir a perfectos desconocidos a la lista de vctimas de la Masacre Jessica.

Por algn motivo, hacer dao a desconocidos pareca peor.
Todos hacemos dao a los que amamos, no? Pero era mal karma hacer dao a inocentes.
Jessica haba destruido una vida.
Tal vez ms de una.
Para qu?

Para proteger a su hija. Eso era lo que haba credo.
Imbcil.


—Veamos —sigui Bigotes—, Adn engendr a Eva o como sea que se diga.
—Vaya mierda sexista —dijo Pelopaja.
—Pero palabra de Dios.
—Que la ciencia ha refutado.
—Espera un momento, guapa. Escucha. —Levant la mano derecha—. Tenemos a Adn —levant la mano izquierda— y tenemos a Eva. Tenemos el Jardn del Edn, de acuerdo?
—De acuerdo.
—Adn y Eva tienen dos hijos. Can y Abel. Y entonces Abel mata a Can.
—Can mata a Abel —corrigi Pelopaja.
—Ests segura? —Frunci el ceo, pensando. Despus sacudi la cabeza—. Bueno, da igual. Uno de los dos muere.
—Abel muere. Can lo mata.
—Ests segura?


Pelopaja asinti.


—Bueno, entonces slo tenemos a Can. Y la pregunta es: con quin se reprodujo Can? Veamos, la nica mujer disponible es Eva y se est haciendo mayor. Cmo sobrevivi la humanidad?


Bigotes call, como si esperara un aplauso. Jessica levant los ojos al cielo.


—Entiendes el dilema?
—Quiz Eva tuvo otro hijo. Una chica.
—As que tuvo relaciones con su hermana? —pregunt Bigotes.
—Por supuesto. En aquella poca, todos tenan relaciones con todos, o no? Adn y Eva fueron los primeros. Tuvo que haber varios incestos.
—No —dijo Bigotes.
—No?
—La Biblia prohbe el incesto. La respuesta est en la ciencia. A eso me refiero. A que la ciencia y la religin pueden coexistir. Se trata de Darwin y su teora de la evolucin.


Pelopaja pareca sinceramente interesada.


—Cmo?
—A ver. Segn los darwinistas, de dnde descendemos?
—De los primates.
—Exacto, monos, simios o lo que sea. En fin, a Can lo echan y deambula solo por este maravilloso planeta. Me sigues?


Bigotes toc el brazo de Jessica, asegurndose de que le prestaba atencin. Ella se volvi lentamente en su direccin. Sin el bigote porno, pens, se podra aguantar.

Jessica se encogi de hombros.


—Te sigo.
—Bien. —El hombre sonri y arque una ceja—. Y Can es un hombre, no?

Pelopaja quera recuperar protagonismo.

—S.
—Con necesidades masculinas normales, no?
—S.
—Pues l va deambulando por ah y siente la entrepierna. Sus necesidades naturales. Y un da, mientras cruza un bosque —otra sonrisa, otro mimo al bigote—, Can tropieza con una mona atractiva. O gorila. U orangutn.

Jessica le mir.

—Ests de broma o qu?
—No. Piensa un momento. Can reconoce algo en la familia de monos. Son los ms cercanos a los humanos, no? Elige a una de las hembras y… bueno, eso. —Une las manos en silencioso aplauso por si ella no se haba enterado—. Y entonces la primate queda embarazada.
—Qu barbaridad —dijo Pelopaja.

Jessica volvi su atencin a la bebida, pero el hombre le toc de nuevo el brazo.

—No ves que tiene sentido? El primate tiene una cra. Medio simio, medio hombre. Es como un simio, pero lentamente, con el tiempo, el dominio humano pasa a primer plano. Lo ves? Voil! La evolucin y el creacionismo se unen.

Sonri como si esperara una estrella dorada.

—A ver si me aclaro —intervino Jessica—. Dios est en contra del incesto, pero a favor de la bestialidad?

El hombre del bigote le dio una palmadita condescendiente en el hombro.

—Lo que yo intento explicar es que todos esos pedantes titulados en ciencias que creen que la religin no es compatible con la ciencia carecen de imaginacin. Ah est el problema. Los cientficos slo miran a travs del microscopio. Los religiosos slo miran las palabras escritas en la pgina. Tanto a unos como a otros los rboles les impiden ver el bosque.
—El bosque —dijo Jessica—. No ser el mismo bosque de la mona guapa?

El ambiente cambi en ese momento.
O quiz fueron imaginaciones de Jessica. Bigotes dej de hablar. La mir un buen rato. A Jessica no le hizo gracia. Haba algo diferente. Algo fuera de lugar. Tena los ojos negros, como un vidrio opaco, como si se los hubieran metido a la fuerza, como si no tuvieran vida. Parpade y despus se acerc ms.
La estudi.

—Vaya, cario. Has estado llorando?

Jessica se volvi a mirar a la mujer de los cabellos pajizos. Ella tambin la mir.

—Tienes los ojos rojos —sigui el hombre—. No pretendo entrometerme, pero va todo bien?
—Perfectamente —dijo Jessica.

Le pareci que arrastraba un poco la voz

—. Slo quiero beber en paz.
—Por supuesto, ya lo veo. — Levant las manos—. No pretenda molestar.


Jessica mantuvo la mirada fija en su bebida. Esper ver movimiento de reojo. No pas nada. El hombre del bigote segua de pie a su lado. Tom un largo sorbo. El camarero limpi una taza con la misma habilidad del que lleva muchos aos haciendo lo mismo. Jessica casi esperaba verle escupir dentro, como en el lejano Oeste.
Las luces eran tenues. Detrs de la barra estaba colgado el tpico espejo oscuro y antiesttico para espiar a los dems clientes en una luz brumosa y ms halagadora.

Jessica mir al hombre del bigote en el espejo.

…l le devolvi la mirada con hostilidad. Ella se qued mirando fijamente aquellos ojos, incapaz de moverse.

La hostilidad pronto se convirti en sonrisa, y Jessica sinti un escalofro en la nuca. Le observ volvindose para marcharse y, cuando sali, solt un suspiro de alivio.
Sacudi la cabeza. Can reproducindose con un simio… s, claro.

Jessica busc la bebida. Le tembl en la mano. Bonita distraccin esa teora estpida, pero su cabeza no poda mantenerse alejada de los malos pensamientos mucho tiempo.

Pens en lo que haba hecho.

Realmente pareca tan buena idea en aquel momento? Lo haba pensado bien: el coste personal, las consecuencias para los dems, las vidas que cambiara para siempre? Probablemente no.

Haba habido perjudicados. Haba habido injusticia. Haba habido rabia ciega. Haba habido deseo ardiente y primitivo de venganza. Y todo aquel rollo bblico (o evolucionista, claro) del ojo por ojo… Cmo llamaran a lo que haba hecho?
Represalia masiva.

Cerr los ojos y se los frot. Su estmago gru. Sera el estrs. Abri los ojos. Ahora la barra pareca ms oscura. La cabeza le daba vueltas.
Era demasiado temprano para eso.

Cunto haba bebido?

Se agarr a la barra, como se suele hacer en noches como esa, cuando te tumbas despus de beber demasiado y la cama empieza a girar y tienes que agarrarte para que la fuerza centrfuga no te lance por la ventana ms cercana.
El gruido del estmago se agudiz.
Entonces abri del todo los ojos. Un rayo de dolor le atraves el abdomen. Jessica abri la boca, pero no le sali el grito: un dolor cegador la mantena en silencio. Se dobl sobre s misma.


—Te encuentras bien?


Era la voz de Pelopaja. Sonaba muy lejos. El dolor era espantoso. El peor que Jessica haba sentido jams, al menos desde el parto. El parto es una prueba de Dios. Esa criatura a la que amars y cuidars ms que a ti misma, cuando llegue, te causar un dolor fsico que ni siquiera puedes imaginar.
Bonita manera de empezar una relacin, no? A saber lo que deducira Bigotes de esto.

Unas cuchillas de afeitar —as era como lo senta— se le clavaban en las entraas como si pugnaran por salir.
Todo pensamiento racional desapareci.
El dolor la consuma. Incluso olvid lo que haba hecho, el dao que haba causado, no slo ahora, hoy, sino a lo largo de su vida. Sus padres haban envejecido y se haban marchitado por culpa de su despreocupacin adolescente. Su primer marido haba quedado destrozado por sus constantes infidelidades, su segundo marido por la forma en que lo trat, y despus su hija, las pocas personas que la haban considerado su amiga ms de unas pocas semanas, los hombres que utilizaba antes de que la utilizaran a ella…
Los hombres. Tal vez esto tambin era una forma de represalia. Hirelos antes de que te hieran.

Estaba segura de que iba a vomitar.


—Bao —logr decir.
—Te llevo.


Otra vez Pelopaja.

Jessica sinti que caa del taburete. Unas manos fuertes la cogieron por las axilas y la incorporaron. Alguien —Pelopaja— la acompa al fondo.
Anduvo a trompicones hacia el servicio. Senta la garganta inverosmilmente seca. El dolor en el estmago le impeda ponerse derecha.

Aquellas manos fuertes la guiaban. Jessica mantena los ojos fijos en el suelo. Oscuridad. Slo vea sus propios pies arrastrndose, apenas alzndose del suelo. Intent levantar la cabeza, vio la puerta del servicio delante, se pregunt si llegara algn da. Lleg.

Y sigui avanzando.

Pelopaja segua sostenindola por las axilas. Empuj a Jessica ms all de la puerta del servicio. Jessica intent frenar. Su cerebro no obedeci la orden. Intent gritar, decirle a su salvadora que se haban pasado de largo, pero la boca tampoco le funcionaba.

—Por aqu —susurr la mujer—. Ser mejor.
—Mejor?

Sinti que la mujer empujaba su cuerpo contra la palanca de metal de una puerta de emergencia. La puerta se abri. Era la salida de atrs. Era lgico, se imagin Jessica. Para qu ensuciar el bao? Era mejor devolver en un callejn y tomar el aire. El aire fresco le sentara bien. El aire fresco le hara sentirse mejor.

La puerta se abri del todo, golpeando contra la pared exterior con fuerza. Jessica sali dando un traspi.
El aire le sent bien. Pero no de maravilla. El dolor segua all. Aunque el fro en la cara fue muy agradable.
Entonces fue cuando vio la furgoneta.

La furgoneta era blanca con las ventanas tintadas. Las puertas traseras estaban abiertas, como una boca esperando tragrsela toda. Y de pie, junto a las puertas, cogiendo a Jessica y empujndola hacia dentro, estaba el hombre del bigote poblado.

Jessica intent echarse atrs, sin obtener ningn resultado.

Bigotes la lanz como si fuera un saco de serrn. Jessica aterriz en el suelo de la furgoneta dando un golpe seco. …l entr, cerr las puertas y se coloc de pie junto a ella. Jessica se acurruc en posicin fetal. Todava le dola el estmago, pero el miedo se estaba imponiendo.

El hombre se estir el bigote y le sonri. La furgoneta se puso en marcha. Pelopaja deba de estar al volante.

—Hola, Jessica —dijo l.

Ella no poda moverse, no poda respirar. …l se sent a su lado, ech atrs un puo y la golpe con fuerza en el estmago.

Si antes le dola, ahora el dolor entr en otra dimensin.

—Dnde est la cinta? —pregunt.

Y entonces empez a hacerle dao en serio.
Loading...



Introduzca el código de seguridad que aparece debajo: