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Lovesomniac

Autor: Aomame

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Lovesomniac

Una moneda en el aire


Tuve una pesadilla. Y a esta altura de mi vida puedo decir que extraño sería que no tuviera una pesadilla. Me levante de la cama sudando y con un escalofrío recorriendo mi espalda. Estaba solo en una habitación vacía y oscura. Arrastré mis pies fuera de ella, como si en su interior ese algo, que cubría de bruma mis sueños, siguiera acechándome en  cada respiración. Cruzando el pasillo, sólo dando un par de pasos a través de él, estaba la habitación de Steve. Su puerta nunca tenía llave, así que entré, con el corazón en la garganta.

Steve aún no dormía. Estaba recostado en su cama con un libro abierto y la lámpara de la mesa de noche encendida. Al escuchar la puerta, bajó el libro y me miró con una suave y amable sonrisa en los labios. “¿Estás bien?” Preguntó al tiempo que palmeaba el espacio vacío de su cama. No contesté, acepté sin más sumergirme en las sabanas a su lado. Steve dejó el libro sobre la mesa, no preguntó acerca de mi pesadilla de esa ocasión, simplemente me aseguró que todo estaba bien y que aquello, ahora, estaba lejos de mí. Me había herido, pero ya no podría hacerlo más. Asentí y me hundí en la almohada. Steve sonrió y se dispuso a dormir también. “No apagues la luz” pedí con la mitad del rostro bajó las sábanas. Cumplió  mi deseo y sólo cerró los ojos esperando sus propios sueños, sus propias pesadillas. Yo sé que él también las tiene. Todos los soldados las tenemos, sólo que algunos lidian mejor con ellas que otros. Steve pertenece a esa clase que yo no.

Era una noche fría, demasiado fría. Debería estar acostumbrado al frío, pero no es el caso. Tenía los pies helados e intente frotarlos uno contra otro esperando calentarlos. En contraste, la luz de la lámpara era cálida, no era blanca, sino que asemejaba la luz amarillenta del sol. Luz de día. Y contra su luz, se recortó el perfil de Steve. Su respiración me indicó que había conciliado el sueño. Probablemente estaba muy cansado. Lo observé desde mi lugar por un largo rato, esperando que su imagen me tranquilizara. Steve siempre fue agradable para mi vista y más cuando dormía. Cuando éramos niños y nos dormíamos sobre almohadas en el piso de nuestras casas, siempre me dormí viéndole a él dormir.

Sonreí ante ese recuerdo. Un recuerdo inocente, tan inocente como éramos nosotros entonces. Una sensación que se volvía dolorosa ante lo que hemos vivido hasta ahora. Éramos sólo dos chicos de Brooklyn. Soñábamos con una vida común, con seguir siendo amigos hasta convertirnos en un par de ancianos de Brooklyn, que juegan cartas los domingos con un puro entre los labios, un bastón colgando del respaldo de nuestras sillas y se quejan de la juventud de entonces. No fue posible. En nuestros destinos había algo más escrito, algo mucho más torcido y doloroso. Pero espero, aún espero, que ese sueño inocente de entonces se haga realidad. Aún es posible, lo sé.

Me incorporé un poco y me apoyé sobre mi codo, sólo para poder ver mejor el rostro de mi mejor amigo. Siempre he tenido otro tipo de sueños, que lejos de ser inocentes, son ingenuos. Ese tipo de sueños que nunca cuentas y que a veces, los tienes despierto. Ese tipo de sueños, que no pueden ser posibles, que lo sabes y no te importa, porque son bellos, son perfectos. De ahí su imposibilidad. Siempre he soñado que Steve me ama. No como sé que me ama ahora. No como su amigo, su hermano… No. Amarme como se ama a una persona en especial, alguien que sea no sólo tu mejor amigo, sino también tu mejor amante, tu mejor confidente, tu mejor compañero y por supuesto, tu mejor contendiente. Mi sueño es el secreto que nadie sabe: que me ame de la manera en la que yo lo amo.

Con esos pensamientos en la mente, con esos sentimientos en la punta de mis dedos dibujé una línea de su frente al puente de su nariz, su nariz siempre me gustó, aunque él siempre se quejó de ella; de ahí hasta sus labios, ellos también me gustaban, a veces, me quedaba viéndolos mientras Steve hablaba. Y me detuve en su mentón. Steve frunció la nariz ante mi leve toque, quizás le hizo cosquillas y me reí en voz baja. Incliné mi rostro hacia el suyo  “Oye, Steve, te quiero” dije sobre sus labios, pero sin tocarlos. Y después, suspiré. Era hora de intentar dormir de nuevo. Mi corazón y mente se habían calmado al fin. Ese es el tipo de cura que la sola presencia de Steve trae consigo. Pero entonces, Steve se incorporó y abrió los ojos. Me asusté un poco, pensé que me había escuchado, pero no dijo nada. Se quedó mirando el espacio frente a él, como hipnotizado. Así que me senté a su lado, pensé que había tenido una pesadilla como yo, pero estaba demasiado tranquilo. Lo miré y le llamé suavemente, pero él no reaccionó. “Steve” insistí, pero está vez posé mi mano sobre su hombro. Él sintió mi toque, se giró hacia mí y antes de que pudiera entender que pasaba, sujetó mi rostro y me besó.

No puedo explicar la impresión que me llevé. Era tan extraño como maravilloso. Como si, sin querer, hubiera frotado la lámpara de un genio y éste me concediera un deseo. Steve me besó. Presionó sus labios contra los míos con apremio, con pasión. Sin pensarlo siquiera le di acceso a su lengua, a su roce y al choque de sus dientes contra los míos. Me dejé llevar, no era como si estuviera dispuesto a poner resistencia. Caí de espaldas contra el colchón con él sujeto a mis labios, levanté los brazos y me aferré a sus hombros.

Cuando el beso se interrumpió y pude verlo, Me di cuenta de dos cosas. Una: Steve estaba  dormido, actuaba así; y dos: un beso no era todo lo que buscaba.

Desnudó mi piel con la imprecisión de su semi-inconciencia. Sentí el abrazador toque de sus manos, de sus dedos largos y fuertes contra mi cuerpo; y sus besos demandantes y húmedos. Me deshice ante sus pellizcos y mordiscos. Le deje ser una ola y derribarme, arrastrarme y devorarme. Barrió cada parte de mi cuerpo con lujuria, con algo que sólo pude definir como hambre. Lloré de placer cuando lo sentí entre mis piernas y más cuando se movió como el mismo mar. Me aferré a él con demasiado hambriento también. Lloré y me mordí la lengua para no gritar y despertar a alguien. Pero fui consciente de las sabanas en el suelo y del golpeteo constante de la cabecera de la cama contra la pared. Desfallecí cuando el orgasmo sobrevino. Morí y renací en un tiempo tan breve, que sentí que todo me daba vueltas al abrir los ojos.

Steve se desplomó contra mi  pecho cuando terminó. Suspiró casi contra mi cuello, y sentí su tibia respiración, después, volverse acompasada. Él seguía dormido. Me quedé un rato mirando el techo, sintiendo en la mejilla las cosquillas que me hacían las puntas de su pelo.

¿Qué había pasado? Pensé, sin ser capaz de creerlo. Ni siquiera quería decirlo, porque entonces, justo entonces, venía el verdadero despertar y seguramente, en realidad estaba en mi solitaria y oscura habitación. Pero el tiempo pasó y el frío del ambiente comenzó volver a tener efecto en mí. Tuve que apartar a Steve, no se despertó a pesar de que lo empujé para después, hacerlo virar hasta su lugar en la cama.

Me levanté y me metí al baño. El espejo sobre el pequeño tocador me devolvió una imagen demolida. Tenía muchas marcas rojas por todos lados, incluyendo marcas de dientes. Jamás por mi mente pasó que Steve fuera así en la cama. Lo cual, y siendo completamente honesto, no me desagradaba para nada. Sonreí ante ese pensamiento. Jamás imaginé que  yo sería así en la cama. Esta vez, reí brevemente.

Entonces, pensé algo. Steve había hecho todo eso dormido, con los ojos abiertos, a veces, pero sumergido en un profundo sueño. Era sonámbulo o algo así. Pero nunca antes había mostrado serlo. Lo sabía bien, porque había dormido a su lado muchas, muchas veces. Mi conclusión fue que estaba saturado de estrés y su inconsciente había encontrado una manera de liberarlo. De no haber estado yo ahí, ¿qué habría hecho? Tal vez algo consigo mismo y ya. Pero yo estaba ahí… pero él, tal vez, no se daría por enterado o lo tomaría como un sueño muy vivido y ya. Tal vez una pesadilla. Dejé de estar feliz. Si se enteraba de lo que había hecho dormido, pensaría lo peor de sí mismo, incluso, para “protegerme”, se alejaría de mí.

Entré en pánico. Corrí como un criminal a limpiar las evidencias. Limpié como pude las sabanas, a él (con mucho cuidado),  a mí, me asegure de que su pijama estuviera correctamente puesta y me aseguré de que la mía también lo estuviera y que las marcas de besos no se vieran. Pensé dejarlo durmiendo solo, pero si lo hacia él se extrañaría. Así que, me recosté a su lado de nuevo y vi su perfil durmiente contra la luz de la lámpara. Lucía tan tranquilo, tan libre y tenía la punta de la nariz ligeramente roja, por culpa de la temperatura, que no pude evitar volver a sonreír.  Lo cubrí un poco más con las mantas, me acurruqué a su lado y concilié el sueño.

 Pronto aprendería que los deseos que se piden a los genios de lámparas imaginarias, siempre son una moneda en el aire.

Notas finales:

Wola! Espero que les haya gustado. 

Esto se suponía que tenía que ser más porno (?????) Pero preferí que fuera más light, espero haber rozado, de menos, lo érotico. 

Será un fic corto, pero espero que me acompañen hasta el final. 

Hasta la próxima!

Continuará...



PD1. Gracias por sus Reviews en mis otros fics. En verdad los aprecio enormemente. Lamentablemente pocas veces me da tiempo de contestarlos. Aún así, sepan que los amo. 

PD2. Vi Agente Carter, y sólo me hizo amar más a Steve. Alguién tiene que parar esto XD

PD3. Por último les comparto una cosa que también se me hizo adicción. Son tan perfectos que muero cada vez que sube uno nuevo. Tal vez, ya la conocían, pero si no, pronto sabrán de lo que hablo.  

TheLifeOfBuckyBarnes

Si no les abre, aquí les dejo el link para que lo copien. Spoiler: es el paraíso Stucky XD

https://www.instagram.com/the_life_of_bucky_barnes/

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