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Aliento de Berserker

Autor: Calabaza

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  Era Bijou. Ajax lo había visto cambiar de forma frente a sus ojos, y crecer hasta convertirse en un monstruo largo y encorvado de pelo rojizo, que con su larga cola empujó a la secretaria, aporreándola contra la pared.

Ella ni siquiera tuvo el tiempo de gritar, cuando su pecho fue comprimido contra la roca por la fuerza del golpe, haciéndola caer muerta al instante. Ajax alcanzó a moverse a un lado y cayó al suelo hecho un tembloroso ovillo.

Siempre había sentido temor de Bijou, que no necesitaba ni siquiera ponerle una mano encima para lastimarlo, pero ahora se veía por fuera como Ajax siempre lo había percibido, como alguien peligroso y destructor.Un verdadero monstruo.

  Se había equivocado. Como se había equivocado creyendo que los hombres lobo daban miedo, por que no tenia comparación con lo que veía ahora frente a él.

El niño miró hacia atrás, a la mujer muerta contra la pared. Luego a la que estaba dentro de la jaula con el rostro sangrante y sin ojos. Después el cuerpo del hombre amable, pisado por Bijou hasta quedar sin forma en el piso.

Pero él seguía vivo.

Había pasado por cosas terribles y seguía vivo. No podía morir ahí. No por culpa de Bijou. Lucas estaba afuera, y quería verlo otra vez, más que ninguna otra cosa.

Mientras el monstruo y el lobo gris se enredaban en un violento enfrentamiento, Ajax se acercó gateando a las escaleras, rogando en silencio no llamar la atención. Comenzó a subir, primero muy lentamente, vigilando a sus

espaldas todo el tiempo, luego, cuando estuvo seguro de que nadie le prestaba atención, corrió escaleras arriba, aun que no consiguió subir mucho antes de tener que detenerse cuando el lobo gris salió disparado por los aires por un golpe del monstruo, cayendo sobre los escalones, bloqueando el camino de Ajax. Su cuerpo estaba lleno de heridas y sangraba mucho.

Por un momento Ajax creyó que estaba muerto, pero el lobo se movió lentamente, luchando por ponerse de pie, sin conseguirlo, volviendo a desplomarse sobre los peldaños. Bijou, el monstruo, se había puesto en pie sobre sus patas traseras, tratando de alcanzarlo con sus garras, y al ver que no lo conseguía, se encaramó en las escaleras, gruñendo, con las fauces abiertas mietras se movía en dirección a ellos. Y Ajax estaba atrapado justo en el tramo entre el lobo gris, que parecía demasiado débil para moverse, y el monstruo que se acercaba cada vez más.

Y ahí estaba de nuevo, ese miedo paralizante y frío que le subía por la espalda, mientras sentía como la muerte se aproximaba a él.

-Le...levántate.- le pedía al lobo gris, palmeándolo en el hombro. -Levántate...- musitó, sin aire, pues el miedo le cortaba la respiración. No quería morir ahí, así. Y entonces se llevó la mano al bolsillo y palpó el silbato. Lo tomó, y poniéndolo entre sus labios, sopló, exigiendo un gran esfuerzo de sus pulmones sofocados.

Bijou pareció reaccionar al sonido, debía parecerle molesto porque agitó su cabeza, gruñendo dolorsamente. El lobo gris también reaccionó, abrió sus ojos y se levantó con movimientos torpes y mecánicos.

Ajax lo miró temeroso, pero el lobo ni siquiera parecía haberse dado cuenta de que el niño estaba ahí. Saltó por encima de él y se lanzó contra el monstruo, y ambos rodaron por las escaleras, enzarzados en su batalla. Ajax continuó subiendo. Si el lobo gris perdía, cosa que probablemente iba a ocurrir, así débil como estaba, Bijou quizá se lanzaría a perseguirlo a él. Y Ajax no tenía forma de defenderse por si mismo. Lo único que podía hacer era escapar. Si fuera un hombre lobo como su hermano, pensaba, entonces podría pelear. Pero ¿Qué podía hacer siendo pequeño y débil como era? Suspiró con cansancio, deteniéndose un momento para tomar aire. Y lamentó el haberlo hecho.

-Ajax...- escuchó una voz que le llamaba,o al menos un ruido furioso parecido a una voz.

-Ajax.- repitió la extraña voz, como si fueran gruñidos y silbidos, en vez de palabras, si fueran gruñidos y silbidos, en vez de palabras, como un animal intentando dolorosamente pronunciar el lenguaje humano. El niño sintió escalofríos. Y al voltear atrás se encontró a Bijou, subiéndo por las escaleras, detrás de él.

-Ajax.- El sonido surgía del fondo de la cavidad que era la boca del monstruo. El lobo gris no se veía por ninguna parte. Probablemente estaba muerto. Y ahora seguía él.

El crío apretó los párpados, resignado. Y por un momento todo quedó en silencio. Y al silencio lo precedió un estremecimiento del sueño, y luego algo que parecían gritos angustiosos. Ajax abrió los ojos. No eran gritos lo que escuchaba, si no el aire pasando por los huecos en las paredes, a mucha presión, que causaba que el sonido fuera aún más chirriante y estrepitoso. Pero el aire que entraba a la cueva traía consigo una especie de humo blanco, una niebla que se movía lentamente y se extendía como una marea.

El niño no sabía que era aquella cosa, pero Bijou parecía  quedado absorto de sorpresa y de terror.  

-Aliento... ber...ser... ker...-   le escuchó pornunciar con su horrible voz, aun que sin poder comprender que era lo que aquello significaba.

De pronto Bijou se reanimó y continuó subiendo por la escalinata.

Ajax, asustado, también corrió, intentando huir de él, poniendo la mayor distancia posible entre ellos, lo que no era mucho, considerando lo grande que el monstruo era, y lo veloz que se había vuelto al querer huir de la neblina.  

Pero aquella cosa blanca comenzó a entrar no sólo por los huecos dentro de la piedra, si no que se colaba por las grietas de la pared que ya se cuarteaba y se rompía en pedazos por la acción corrosiva. Y entonces Bijou quedó atrapado en medio de una nube de aquel plasma blanco, que ya empezaba a consumirle.

Ajax no alcanzaba a ver con claridad lo que ocurría, pues la niebla entorpecía la visión. La misma niebla que ya se arremolinaba a su al rededor. Sólo entonces comprendió lo que aquella cosa hacía, al sentir como le picaba en la piel. Al intentar apartarla, agitando las manos, sólo consiguió que se le enrojecieran más, y que le dolieran como si se hubiera quemado. Tenía que alejarse de ella. Y la única salida estaba hacia arriba, así que continuó subiendo, cada vez a paso más lento, con el pecho dolorido por respirar la niebla. De pronto el piso bajo sus pies se hundió.

El aliento de los berserker había comenzado a carcomer los escalones. Ajax se sostuvo con la manos, tratando de trepar a cuatro patas, pero la piedra se sentía muy resbalosa y no alcanzaba a detenerse de ella. Iba a caer.

-Te tengo.- escuchó, y de pronto estaba a salvo, sostenido fuertemente en los brazos de un lobo.

-Lucas...-

-Me llamaste. ¿No?-

-Si... pero te tardaste...- respondió, en medio de la somnolencia que se estaba apoderando de él.

-No te duermas, Ajax.-

-Estoy cansado.-

-Es por la niebla. Si te duermes ya no despertarás, así que no te duermas. ¿Entiendes?.-

-Si...-

El niño trató de mantener los ojos abiertos, por más imposible que eso le parecía en aquel momento. Pero ya no tenía ninguna prisa, ninguna preocupación. Estaba con su hermano. Se sentía tranquilo. El tiempo iba volviéndose más lento, hasta casi detenerse. No había sonido, excepto por la voz de Lucas, y todo era blanco y muy brillante.

  Miró hacia atrás, la gigantesca nube esponjosa sobre la que le apetecía dejarse caer.

  Algo surgió de la nube, un brazo largo de pelambre rojo, luego unas fauces, colmillos, cientos de ellos. Y después vino la oscuridad.  

 

  El aire estaba frío. Olía a frío. Incluso sabía a frío. Lo aspiró profundamente, sediento de ese aire, desesperado por llenarse de él, como si no hubiera respirado en una eternidad. Ajax abrió los ojos y tosió, e inspiró profundamente de nuevo.

  -Menos mal. Me preocupaba que hubieras inhalado demasiado de esa porquería.-

  Estaba muy oscuro, y apenas podía distinguirlo en las sombras, pero supo en seguida que era Lucas quien le hablaba y que estaba ahí, junto a él. No había niebla, ni monstruos, sólo una profunda quietud.  

-¿En dónde estamos?-  

-Bajo tierra, en un túnel. La niebla aún no llega hasta aquí así que estás a salvo por el momento. ¿Estás bien?.-  

-Si.-  

Ajax extendió una mano y tocó el brazo de su hermano, percibiendo cáliday lisa piel de su cuerpo humano, y suspiró, apretando los labios para no dejar que aquella emoción que le subía por la garganta se desbordara de pronto. Pero comenzó a salirsele por los ojos en forma de lágrimas.  

-¿Estás llorando?-  

-N-no.-  

-¿Me extrañaste?-  

Ajax asintió. Y Lucas lo rodeó con sus brazos, apretándolo tan fuerte contra su pecho que temió terminar rompiéndole los huesos. Pero no podía evitarlo, le parecía que habían estado separados durante años, y ahora le tenía ahí con él. Quería no tener que soltarle jamás.

  -Yo también te extrañé.-  

El niño emitió algo como un quejidito, así que lo soltó, alarmado.

  -Perdón. ¿Te lastimé?-  

-N-no. Me duele la piel.-

  -Oh. Es por esa cosa... esa... niebla...- dijo, acariciando muy suavemente las manos enrojecidas de su hermano menor. -Ahora no tengo nada para curarte. ¿Podrás aguantar hasta que te saque de aquí?.-  

-Si.-   

-Te sacaré de aquí y te llevaré con Harley. Y ella hará que se te quite el dolor.-

  -Perdona... me.-  

-¿Nh? ¿Por qué?-

  Ajax se quedó en silencio, y Lucas pudo percibir como su respiración se agitaba y se volvía más pesada.  

-¿Qué pasa?-

  -Ese... ese lugar en donde estaba...- soltó el niño, con una voz cargada de angustia. -Ese lugar tan horrible a donde... a donde el abuelo te mandó cuando eras niño... en vez de dejar que me llevaran a mí... Perdón... perdón...-

  Lucas volvió a abrazarlo, esta vez tratando de tocarlo con el mayor cuidado posible para no causarle más dolor.  

-¿De dónde sacaste eso?-  

-Bi... Bijou... tu amigo...- respondió entre sollozos y convulsiones.  

-Ah, ese estúpido... siempre habla demasiado. Escucha, lo que pasó no es tu culpa. No tiene nada que ver contigo. Tú abuelo... te quería mucho e hizo lo correcto al tratar de evitar que te llevaran a ese lugar. -  

-Pero... tú...-  

-Yo iría encantado sin dudarlo, si así puedo evitar que te hagan daño.-

  -¿Por qué eres tan bueno conmigo?-

  -¿Qué? ¿Qué clase de pregunta torpe es esa? Soy tu hermano, y te quiero más que a nada en este mundo. Mi deber es cuidarte... Venga, ya. ¿Es posible que alguna vez nos veamos sin que te pongas a llorar por mi culpa?-  

-Perdón... por... llorar...- respondió, tratando de detenerse. -Te... mojé-  

Deslizó la manita por el pecho desnudo de Lucas que había quedado cubierto de sus lágrimas.

  -No importa.- Lucas le acarició el rostro, secándolo suavemente con sus manos. Le apreto la punta de la nariz, y luego su pulgar siguió la línea de los pequeños labios, también húmedos en lágrimas y saliva.  

-Ajax. ¿Me dejarías darte un beso?-  

Esas palabras hicieron que el cuerpo del niño se tensara. Dudó por unos momentos, pero al final asintió con la cabeza, corroborando con un tímido "Si" casi inaudible.  

Lucas se inclinó sobre él, percibiendo la respiración de nuevo agitada de Ajax golpear contra su rostro. Y lo besó. Un beso sobre su pequeña y trémula frente.

  Luego Lucas se puso en pie.  

-Bien, es hora de salir de aquí. ¿Estás listo?-  

-S-si.-  

-Antes que nada. ¿En dónde está Bijou?.-  

-Ah... ese monstruo... el monstruo rojo...él...-  

-¿Monstruo?...-  

Lucas también lo había visto, ese ser extraño de pelo rojizo que había quedado atrapado en medio de la niebla. Ese que había intentado atacarlos justo antes de que sacara a Ajax de esa cámara. Lucas lo había mandado de un golpe al fondo, suponiendo que la niebla se encargaría de él. Por que aquel ser no era un lobo, era otra cosa. Algo que por alguna razón le daba una sensación de terror y repulsión.  

-Ajax. ¿Ese monstruo atacó a Bijou?-

  -No. Era él.-  

Era él. No entendía como era que que Bijou había terminado en esa forma, todo en lo que Lucas podía pensar era que lo había golpeado, mandándolo de vuelta a la niebla destructora. Lo había dejado solo, allá abajo. A ese ser que era Bijou.        

 

 

 

    Era la única opción. Volver y traer a Bijou de alguna forma. Y tenía que ser rápido, no podía darse el lujo de fallar, pues todavía tenía que encontrar la manera de sacar a Ajax de ese lugar y ponerle a salvo. Era una molestia tener que volver,más que eso, era una completa locura pensar en regresar a aquella cámara llena del aliento corrosivo, pero no podía sencillamente abandonar a Bijou. Al Bijou que siempre lo había cuidado y protegido.  

  -Ajax, quédate aquí, volveré en seguida.- dijo el vago, mientras se transformaba. El niño se levantó, tambaleante, y se abrazó al grueso torso del lobo.  

-¡No te vayas! Llé-llévame contigo.-  

-No puedo. Voy a volver a la cueva de antes a buscar a Bijou. Es mejor que te quedes aquí, lejos del peligro.-  

-Pero... él es un monstruo...-  

-Él es mi amigo, no puedo dejarlo..-  

-Y... ¿Y si te ataca a tí?-

  El lobo agitó su cabeza.

  -Nada me pasará. ¿Tienes el silbato?-   Ajax sacó el pequeño silbato metálico para mostrarlo y luego lo estrujó en su mano.

  -Si me tardo demasiado hazlo sonar. Volveré.-  

-¿De verdad?-

  -Si.-

  Ajax apartó la vista y se hizo a un lado, dejando el camino libre al lobo que se perdió en la penumbra del túnel. Cuando creyó que estaba ya lo bastante lejos como para oirle, Ajax se dejó caer sobre el suelo, y se puso a llorar.  

 

      El túnel donde había dejado a Ajax era uno entre un laberinto de ellos. Lucas no imaginaba por que alguien haría tantos túneles, y  moverse entre ellos resultaba confuso. Pero al menos contaba con que su sentido del olfato lo guiaría de vuelta a donde estaba el niño. Lo que realmente le preocupaba era hacerlo antes de que la niebla llegara hasta él. Su preocupación se agrabó cuando sintió algo helado moviéndose entre sus patas. Al mirar hacia abajo pudo verla, enroscándose a su alrededor, brillando de blancura, la niebla, el aliento venenoso de los lobos blancos.

Al llegar a la entrada de la cámara ya no le era posible ver lo que había delante de él.

  -Maldita sea... ¡Bijou!.- gritó, comenzando a descender los escalones, que se despedazaban bajo sus pasos.

-¡Bijou!- repitió, aventurándose a bajar los peldaños corriendo, a ciegas en medio de la blancura helada que parecía extenderse infinitamente. Pero se encontró con un hueco, una parte donde las escaleras parecían ya haber desaparecido por completo, y el vago cayó a travez de ese agujero. Debió perder la conciencia durante un momento, pues despertó de pronto, sólo para darse cuenta que había caido sobre otra sección de la escalera. No podía saber cuanto le faltaba para llegar hasta el fondo, ni en que parte se encontraba Bijou, o si seguía con vida.

-¡Bijou!¡Por favor! Bijou...-

-Lu... cas...- le llamó una voz irreconocible.  

-¿Bijou?-  

Una masa rojiza, marrón y negra apareció entre la niebla, quedando justo frente a Lucas. Se le estaba quemando la piel y se le caía a pedazos, junto con los mechones de pelo que se obscurecían hasta volverse cenizas. La criatura debía estar sufriendo un extraordinario dolor que podía percibirse en los continuos quejidos que lanzaba. El monstruo abrió la boca y lanzó un suspiro triste.  

-Lu... cas...-  

-¿Qué te ocurrió?-  

Sin pensarlo, el lobo estiró una de sus zarpas para tocarlo. Entonces la criatura se agitó, volvió a abrir sus fauces, lanzando una dentellada, intentando atraparlo. El lobo se movió hacia atrás.  

-Bijou...-  

Pero Bijou sólo parecía estar interesado en devorarlo. A pesar de la condición precaria de su cuerpo, la bestia se movió sobre sus patas, en un nuevo intento de capturarlo. Lucas dio un salto hacia atrás, luego empezó a correr por la escalera, cuesta arriba de nuevo. Pero salir de nuevo no le resultaría tan fácil como el haber entrado, pues sus fuertes pasos y su peso hacían que los peldaños se desmoronaran más rápido, podía sentir los agujeros abrirse bajo sus patas. Eso también hacía que para Bijou fuera más difícil alcanzarlo, dando tumbos, luchando por sujetarse de los trozos sueltos de la piedra.  

-¡Bijou! ¡Si no salimos de aquí moriremos por esta niebla! ¿Lo entiendes?- gritó el vago, saltando varios escalones a la vez, tratando de avanzar más.-Aunque tenga que ser de esta manera voy a sacarte de aquí. ¡Vamos! ¡Sígueme! ¡Ven por mí!.-

  Logró guiarlo de esa manera durante un tramo, pero Lucas ya estaba sintiéndo los efectos de la niebla, con el cansansio, el dolor y la debilidad volviéndo a su cuerpo. El tiempo que le había dado Harley debía estar cerca de terminar.

  Pero por más que corría no parecía avanzar, y al hacerlo sin poder ver el camino no podía asegurar cuanto le faltaba para llegar a la cima.  

Bijou gritó, y Lucas se detuvo y volvió unos pasos, sólo para encontrarse con que la criatura colgaba de una saliente en las rocas, a punto de caer, sujetándose apenas con una de sus patas.   Tuvo que volver y ayudarlo, tirando de él para hacerlo subir. Ambos estuvieron a punto de ser jalados hacia el fondo por el peso, pero finalmente Lucas consiguió asirse de la pared y jalar al monstruo con él. Este, como agradecimiento volvió a lanzarle una dentellada.  

-Dame un respiro...- jadeó Lucas antes de echarse a correr nuevo. Pero algo curioso pasaba, ya no podía correr tan rápido, incluso moverse era un trabajo fatigoso, como si le presionaran las patas. Se dio cuenta entonces que la niebla no sólo estaba girando y fluyendo a su alrededor, si no que se enroscaba en su cuerpo, apretándolo, como si la niebla pensara en detenerlo por la fuerza. A Bijou debía estarle pasando lo mismo, pues sus movimiento se entorpecían a cada momento.

  -¡Venga! ¡No te rindas ahora! ¡Ven por mi! ¡Alcánzame!.- trató de animarlo, mientras saltaba el agujero en el suelo por el que había caido al entrar.-Cuidado con la abertura en el suelo.-

  Bijou pareció entender lo que le decía, pues tomó impulso para saltar el agujero, y aterrizó al otro lado pesadamente.   Lucas continuó dirigiéndolo, y de pronto, ahí estaba, la salida. 

Lucas pasó la puerta con facilidad y se movió por el pasillo hacía los túneles. A Bijou le costaba más trabajo, por su tamaño, pero todavía podía sentirlo yendo detrás suyo.

El aliento de los berserker se había empezado a apoderar de los tuneles, así que con su sentido del olfato totalmente adormilado, el vago no estaba seguro en que dirección moverse.

  -¡Ajax!- gritó con toda la potencia de la que pudo hacer acopio, agitado como estaba. -¡Ajax! ¡Haz sonar el silbato! ¡Voy por ti!.-

  Pero seguía internándose en los túneles, intentando escapar de aquella cosa blanca y perseguido por el monstruo, sin tener una dirección clara y por un momento temió no encontrar el camino hacia su hermano.

  Y entonces escuchó el sonido claro y agudo del silbato, muy bajo y débil al princio, y luego más y más fuerte y nítido. No podía estar tan lejos. Dobló a la derecha.  

-¡Ajax!.-  

-¡Lucas!- le respondió la vocecita de su hermano, y ahí estaba, sosteniéndose de la pared, con el silbato entre los dedos y la niebla trepando por sus piernas.  

-¡Sostente!.- le ordenó, subiéndolo a su lomo sin apenas detenerse.  

-¡Ah!... ¡Nos está siguiendo!.- exclamó el niño al voltear para ver que era lo que gruñía y gritaba, acercándose cada vez más a ellos. Le reconoció a pesar de que ya casi no tenía nada de aquel espeso pelaje rojo sobre la piel enegrecida. A pesar de eso sabía que se trataba de Bijou.

  -Ya sé, que nos sigue. No lo veas, sólo preocupate por sostenerte fuerte.-  

El crío apretó los muslos sobre  la espalda del lobo, y hundió los dedos en el pelo de su cuello.

  Pero delante de ellos un nuevo muro de niebla apareció. Se colaba por las paredes, por pequeños orificios como respiraderos. Era imposible saber que tanto del túnel estaba invadido por la niebla, o que tan lejos estaba la salida. Pero con el monstruo viniendo tras ellos, pisándoles los talones, sólo podían ir para adelante. Era la única opción.  

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