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Aliento de Berserker

Autor: Calabaza

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Notas del capitulo:

Capitulo final.

 

Dedicado a Allison, la persona mas paciente del mundo. Mi querida amiga. 



Era todo. Ahí al final del camino, todo lo que quedaba de Lucas era un cuerpo maltrecho e inútil, desgastado hasta el cansancio por una existencia de lucha continua, escapando y peleando por apenas lograr sobrevivir. No era un sorpresa que terminara de esa forma. Había sido muy necio al querer oponerse a fuerzas más grandes que su existencia entera, y naturalmente eso había terminado por consumir su pequeña vida.

—¿Estás cansado, Lucas? -preguntó Harley, arrodillándose en el suelo junto a él, recargando la cabeza sobre el pecho del chico. -Tu corazón casi se apaga. ¿Puedes escucharme?

 

 

Lucas, completamente ajeno a lo que ocurría en el mundo, descansaba, en una plácida y tranquilizadora nada, a la que la voz de Harley llegó como un eco muy lejano.

 

—¿Me escuchas?

—¿Harley?— Lucas pronunció el nombre de ella unicamente con la fuerza de su pensamiento, pues ya no podía sentir su boca, o alguna otra parte de su cuerpo. Ni su respiración, ni los latidos de su corazón.

 

—Si, soy yo, cariño.

—No puedo verte.— respondió él, sintiéndose pesado y adormilado, como si le hubieran despertado demasiado pronto de un sueño muy profundo.

—Eso no importa. Estoy aquí. No es necesario que me veas, sólo aferrate a mi voz.

—Ah. Ajax... ¿Dónde está?

—En un lugar seguro.

—¿E-está bien?

—Si. Lograste salvarlo, y ahora él va a estar bien.

— Ah. Eso... está bien. Gracias. Gracias.

—No tienes que agradecer, has sido tú quien ha hecho el trabajo duro. Tú sabes que siempre he querido ayudarte, y también a Ajax.

—Lo siento. Lo siento mucho, Harley.

—¿Por qué?

 

Lucas hizo una larga pausa. Por un momento sintió que volvía a perderse en la inconsciencia y su propio silencio le asustó.

 

 

—Pensé... -logró pronunciar con esfuerzo -que estabas muerta. Pensé que yo te había asesinado. Aquella vez en tu tienda cuando perdí el control y mi mente se nubló, cuando me di cuenta estaba mojado en sangre y pensé que era tuya.

—Oh, pero si lo era. Perdiste el control y destruiste mi cuerpo. Pero era sólo un cuerpo, yo sigo existiendo aún sin él. Oswald, por otro lado, si está muerto.

—¿Tu cuerpo? Pero yo te vi antes cuando me curaste la herida en el pecho, tenías un cuerpo, pude sentirlo.

—Era una ilusión. Un poco de sangre caliente para crear una imagen de un cuerpo, aunque no dura mucho. Afortunadamente, con tanta gente muriendo por ahí últimamente  la sangre abundaba.

—Ah, cosas de bruja.

 

Harley rió, y ese dulce y familiar sonido animó el espíritu de Lucas. Intentó moverse, y se esforzó por ver algo, pero ahí había solo la nada, un vacío total desprovisto de forma, tamaño o color. Lucas creyó que debía ser por que finalmente había perdido el ojo que le quedaba, y así se sentía ser ciego. Se sosegó de nuevo con un suspiro de resignación.

 

— Siempre pensé que eras una persona inusual, pero no se me ocurrió pensar en que eres una bruja. También por que jamás había conocido a una antes de ti. Pero tú siempre supiste la verdad sobre mi. ¿No?

—Era muy obvio. -respondió ella, melancólica.- Nunca había visto uno como tú tan perdido, entonces pensé que realmente no había otros como tú, por que los demás no se parecen a ti.

—Entonces ¿Me ayudaste por qué sentiste lástima por mí?

—¿Eso importa?

—No. Ya no.

—Sentí curiosidad por ti. Eres bueno, Lucas. Y uno nunca se aburre cuando estás cerca, siempre pude contar con que me sorprenderías.

—Me alegra que te diviertas. Nos divertimos. Dime ¿Estoy muerto?

—Ah, pronto vas a estarlo, si, por que tu cuerpo alcanzó sus límites.

—Que mal. Me hubiera... me hubiera gustado mucho ver a Ajax otra vez. Me asusta pensar en que se quede solo.Tú ¿Cuidarás de él?

—Por supuesto.

—Pasé tantos años tratando de olvidar que él existía. Nunca sentí rencor hacía él por nada de lo que me ocurrió, él era sólo un bebé. Pero tampoco me importaba, no quería que me importara, ni recordar que existía, hasta que lo vi. Y ahora lo único que quiero es estar con él, pero ya no tengo tiempo.

—Puedo darte tiempo, Lucas.

—¿Puedes? -preguntó esperanzado.

—Claro que si. Pero escucha, aunque lo consiga no volverás a ser exactamente como antes.

—No me importa.

—Y probablemente debas pagar un precio alto.

—Da igual. Mientras pueda ver a Ajax, aunque sea sólo un poco, haré lo que sea necesario.

—Bien. Está bien. Entonces haré lo que pueda, cariño. Lo prometo, pero llevará tiempo. Deja que yo me ocupe de ello, tú sólo descansa, lo mereces. Ahora mismo no tienes que hacer nada más.

—No, espera. No me dejes solo aquí. No te vayas.

—No lo haré. Estoy contigo siempre.

 

 

 

 

 

 

 

Vipunen sintió que volvía en si con un golpe, como si hubiera estado flotando muy arriba, y de pronto se precipitara hacia el suelo, y el impacto le obligara a despertar.

 

Abrió los ojos. Estaba vivo.

 

Lo último que recordaba era haber sido lanzado desde lo alto de las escaleras por la criatura roja. Seguramente el impacto le había hecho perder la conciencia.

 

Instintivamente se levantó, alarmado, buscando alrededor. Pero el monstruo no estaba ahí. Y la niebla espesa que había llenado toda la cámara se había disipado casi por completo.

Se puso de pie. Fue en ese momento que notó que había adoptado su cuerpo humano, señal de que se había quedado sin energía para mantener la forma lupina.

Realmente no había extrañado aquel cuerpo de hombre durante todo el tiempo que había estado atado con la cinta Gleipner que no le permitía transformarse, por que le parecía un cuerpo endeble y poco útil, comparado con la fuerza de la forma de un lobo. En verdad nunca le había gustado su forma humana, y viviendo en las montañas, con su manda, no había tenido la necesidad de adoptar esa forma más que en unas cuantas ocasiones.

 

Al menos no hasta que Pirausta le había dicho lo mucho que le gustaba como se veía con esa apariencia, y entonces él había tratado de complacerla, volviéndose humano cuando estaba con ella. Y sólo a ella le permitía verle así.

 

Sólo a Pirausta.

 

Sus ojos buscaron el cuerpo de Goddard, pero en el lugar donde antes había estado ahora sólo había un montón de cenizas negras.

 

Luego miró a la jaula, que seguía ahí, y dentro, el cuerpo perfectamente conservado de la señora del bosque. La magia de la prisión que la retenía había sido suficiente para protegerla de la maldición de los berserker.

Estaba a salvo pero aún así era sólo un cuerpo vacío.

¿Había Pirausta desaparecido para siempre?

 

Vipunen se arrodilló junto a al jaula, y a través de los barrotes, tomó la mano de la bruja entre la suya.

—También en la muerte te seguiré.

 

Un suave apretón en su mano le hizo callar y levantar la vista para mirar de nuevo dentro de la jaula. Ella se movía.

—Quiero morir a tu lado, Vipunen. Pero aún no es el tiempo.

—Pirausta. -Vipunen dudó de que aquello fuera real. Pero claro, pensó luego, si alguien podía realizar cosas imposibles, esa era su señora.—¡Estás viva!  

—Este cuerpo no puede morir mientras esté dentro de esta jaula. En realidad no tenía planeado volver a él, por que significa volver a estar atrapada, pero cuando el cuerpo de Goddard murió no tuve opción. Lo siento tanto, querido Vipunen, traje hasta ti a esa criatura peligrosa, creyendo que podría tener algún control sobre él.

—Volviste por mí. No me importa la manera en que haya sucedido. Sólo lamento que tengas que volver a tu encierro. Ya tenías tu libertad, pero volviste... por mí.

—No aceptaré la libertad si no es contigo. No te lamentes más, no tiene caso. Estamos vivos ahora mismo y eso es lo importante.

—Pero, si pudiera...

Vipunen apoyó la frente sobre el dorso de la mano de ella.

—Puedes tomar mi cuerpo. De esa forma serás capaz de abandonar tu prisión.

—Oh, Vipunen.

—Te suplico, permíteme enmendar mis fallas. Sé que este cuerpo está maltratado, pero puedes utilizarlo según sea tu deseo. Puedes liberarte de nuevo, mi señora. Haz conmigo lo que hiciste con Goddard. Permíteme serte útil.

 

Ella posó sus manos sobre el rostro de él, palpando su carne humana, la piel áspera y tibia, los labios secos, los ojos húmedos. Aún en su ceguera podía evocar la imagen de aquellos grandes ojos grises, podía visualizar con claridad la expresión de ese rostro que tenía grabado en la memoria.

Se inclinó hacia adelante y le besó la frente, la nariz, la boca.

Lo besó con toda la ternura que sentía por él. Se abrazó a su cuello y él la tomó en sus brazos, y entonces se dieron cuenta de que no había nada en medio que les estorbara.

Vipunen alzó la vista y vio la jaula frente a él, pero Pirausta no estaba dentro de ella. La bruja descansaba en sus brazos.

Los barrotes de la jaula habían cedido, doblándose mansamente a los lados.

 

—¿Qué ha ocurrido, Vipunen?- quiso saber Pirausta, extendiendo una mano frente a ella, buscando palpar la jaula que debía contenerla.

—La jaula. Se ha roto.-respondió Vipunen -pero ¿Cómo?

—Quizá porque Goddard está muerto. Aunque el poder de la jaula debía persistir aún después de su muerte, él lo dijo.

—Fue el aliento de los berserker.-intervino una tercera voz. Una voz femenina de acento suntuoso. Vipunen se volvió y observó que por lo que quedaba de las ruinosas escaleras descendía lentamente una mujer de largo y ensortijado cabello rojo. -Ni siquiera el precioso metal de esa jaula pudo resistir, por que los hechizos que pusieron en ella los selló un humano.

 

—¿Quién eres? -preguntó él, poniéndose a la defensiva en seguida, mostrando los caninos, que a pesar de su forma humana, seguían siendo protuberantes y afilados.

 

—Me llamo Harley, y tú también puedes llamarme así.

—¿Qué es lo que buscas aquí? -demandó saber.

— Tranquilízate, Vipunen.-pidió Pirausta -Es una bruja.

—¿La conoces?

—No personalmente, hasta ahora, pero se cuentan historias.

 

Harley enarcó las cejas y sonrió animosa.

 

—Ah, yo también he escuchado de ti, Pirausta, y de tu lobo sirviente . Los responsables de la creación de esa monstruosa cofradía que tomó la vida de tantas y tantas pobres inocentes criaturas. Conocí a algunos de tus soldados. Venían a mí una y otra vez insistiendo que me les hubiera en su "heroica y noble cruzada" si es que no quería convertirme en uno de sus objetivos de caza. Los hombres bestia no me gustaban mucho, yo misma tuve que eliminar a algunos, pero la idea de exterminar a toda su especie... -chascó la lengua con desaprobación -Esa fue una idea muy estúpida.

— ¿Has venido a cobrar venganza alguna?

—¿Venganza? -Harley se detuvo al pie de las escaleras -No. Lo que hayas hecho no me interesa, y además, todo eso ya terminó.

Vipunen, con Pirausta aún en los brazos, retrocedió cuando la pelirroja avanzó en  su dirección, pero ella, inmutable, se acercó y puso una mano sobre el antebrazo de él, en un gesto silencioso y amable que le pedía que se quedara quieto.

Harley pudo apreciar su propia imagen reflejada en las pupilas brillantes Vipunen, las que al parecer ni un siglo de cruel encierro habían logrado opacar. Tenía una mirada fiera y llena de desconfianza que era más que nada un gigantesco deseo de proteger a Pirausta.

 

—Apestas a sangre. -gruñó el lobo. La pelirroja ignoró el comentario y tomando el vuelo de su propio vestido y arrancó una tira de tela, con la que cubrió las cuencas oculares vacías de Pirausta, a forma de vendaje.

 

—Ya pueden estar tranquilos, los berserker se encargarán de limpiar sus errores. Los errores de todos.

—Deseaba otro destino para la humanidad -confesó Pirausta, encogiendo los hombros. -No todo en ellos era merecedor de ser destruido.

—No. Pero sobrevivirán, unos cuantos de ellos, en algún lugar. El mundo es grande y los humanos resistentes y obcecados. Han estado aquí por milenios, no van a desaparecer tan fácilmente, son la plaga perfecta.  Pero lo que hay ahora allá afuera es un mundo nuevo. Sus ciudades, su tecnología... toda esa... asombrosa civilización ha caído. Ya veremos que es lo que se levantará de esas cenizas. ¿No es eso emocionante?

 

Como no obtuvo respuesta, Harley se dio la vuelta de nuevo hacia la escalera.

 

—Están a salvo. El aliento de los berserker se despejó en un perímetro de un par de kilómetros a la redonda. Ellos no se acercarán a esta zona de nuevo, y volverán a desaparecer por completo cuando hayan completado su tarea. Tampoco tienen que preocuparse por el desafortunado Bijou LeClair, ya que está muerto. Y yo he venido a averiguar si seguían con vida. Me alegra ver que así es. Habrá muchos más en nuestra condición no-mortal que seguramente viven también. Ustedes ¿Qué es lo que harán ahora?

 

—Venganza. -respondió Pirausta.-Nuestra propia limpieza. Muchos de los que nos traicionaron están muertos ahora, pero si queda alguno con vida debo afrontar mi responsabilidad. Tengo información de la ubicación todos los que formaron parte de la cofradía y participaron de tantas muertes y  tanta destrucción. Los buscaré y me cobraré por lo que hicieron. Si ésto es lo que dices, el principio de un mundo nuevo, es mejor que seres como esos no existan en él.

—Oh.- Harley soltó una carcajada.-Oh.De modo que vas a exterminar a quienes no consideras dignos de vivir en este mundo por que ellos exterminaron a quienes no consideraban dignos de vivir en su mundo. ¿Es así? Que preciosa ironía. Si.

—¡No juzgues nuestras decisiones - exclamó Vipunen -No te atrevas a hacerlo si no está en tu capacidad comprender lo que nos ocurrió.

—Ah, pero no estoy juzgando a nadie. Sólo digo que deben tener cuidado o podrían terminar convirtiéndose en lo mismo que tanto detestan.

—No nos compares con ellos. - protestó de nuevo él.

—Es un error común confundir la venganza con la justicia.

—¡Silencio - sintió el impulso de saltar sobre la pelirroja, de hacerla callar antes de que sus palabras envenenaran sus propósitos. ¿Qué podía saber ella? Aparecía de pronto, creyendo conocerlos, hablando como si lo supiera todo. La ira se revolvió dentro de él, avivada por la forma en que la pelirroja hablaba. Al final no eran sus palabras, si no el tono en que las decía, su modo de moverse, y su mirada, todo en ella chorreaba una infinita confianza, como si fuera tan poderosa que no había forma en que Vipunen pudiera intimidarla. Su sola presencia era desafiante. Y olor. Como le irritaba. Podría lanzarse sobre ella y deshacerla en un momento. Ansiaba hacerlo, pero el peso ligero de Pirausta en sus brazos lo detuvo. Y entonces en un segundo la claridad volvió a su mente y se dio cuenta que no era contra esa mujer que se sentía furioso. Era su rabia y su dolor que aún seguían dentro de él, que ni la pelea con el monstruo de pelo rojo había podido desahogar. Estaba bullendo en resentimiento, violento y salvaje.  

Darse cuenta de ello le tomó el mismo tiempo que a Harley dar un paso atrás sobre los peldaños.

—Ah, no pretendo ofenderte con mi presencia, Vipunen. Pero nos volveremos a ver, seguramente. Hasta entonces, buena suerte en su viaje. -pronunció mientras su figura se desvanecía hasta desaparecer, y ahí en el último lugar donde había estado parada, quedaba solamente una mancha oscura de sangre.

 

—Por eso tenía ese olor.- observó Pirausta. -No era un cuerpo real. Era sólo una ilusión creada a través de sangre humana.

—¿Dónde está? -él se giró, buscando con la mirada, esperando que de un momento a otro la pelirroja se materializara en cualquier lugar.

—Déjalo, se ha ido. Y además no es alguien a quien tratar como enemiga. Vipunen, ponme en el suelo.

Él obedeció, colocándola cuidadosamente en el piso. Ella se tambaleó levemente pero consiguió quedarse en pie, erguido su menudo cuerpo, con el rostro vuelto hacia Vipunen, como si de alguna forma pudiera verlo a través de la tela que le cubría el lugar donde debían estar los ojos.

—Escucha, mi leal Vipunen, lo que emprendo ahora es una cruzada personal. Quiero acabar a los que nos traicionaron y encerraron. Quiero hacerlo a pesar de que la razón me dicta que destruir a otros sólo conduce a la propia destrucción. Quiero hacerlo por que todo el  rencor que siento no se aliviará de ninguna otra manera. Sin embargo no deseo lo mismo para ti. No tienes que seguirme en este camino. Eres libre. Libre de todas las ataduras que te han detenido, incluso de las mías. ¿Comprendes lo que digo?

—Si.

—Bien.

—Soy libre para elegir, y elijo seguirte. Tu camino es el mío, permíteme ser el instrumento de tus deseos.

Vipunen se puso de rodillas frente a ella, tomando sus manos para besarlas repetidamente.

—Permíteme quedarme a tu lado por siempre.

—Querido Vipunen— dijo ella, conmovida, abrazándose a su cuello, un abrazo suave que era como una nueva cadena invisible, mas fuerte que cualquier otra cosa y que los unía profundamente. Una cadena que de la que él no quería ser liberado y que ella no deseaba soltar.  -Si, para siempre.

 

 

 

 

Ajax sopló el silbato. El sonido se extendió por el aire, chocando contra las paredes de las montañas aledañas, causando un eco. Desde donde estaba podía ver un valle que se extendía bajo sus pies, cubierto por los árboles y la maleza, y un poco más allá, al pasar los cerros, había una ciudad. Se preguntó si el sonido del silbato alcanzaría a escucharse hasta allá. Aunque en realidad no tenía importancia.

Vaizack y él habían visitado esa ciudad unos días atrás y la encontraron hecha ruinas y completamente vacía, como todas las otras por las que habían pasado antes.

Puso de nuevo el pequeño trozo de metal entre sus labios y sopló, más fuerte, por más tiempo, el sonido del silbato era como su propia voz, gritando, llamando con su triste sonido: Lucas.

Una vez más no hubo ningún tipo de respuesta.

Habían pasado tres meses. Ajax había estado contando los días cuidadosamente. Tres meses desde que había visto a Lucas por última vez. Pero él había prometido volver, y siempre lo hacía, siempre regresaba. Ajax confiaba en que lo haría otra vez, sólo que se estaba tardando más de lo que lo había hecho antes.

Lucas aparecía cada dos o tres semanas, se quedaba unos días y luego volvía a desaparecer. Había sido así durante el último año. El primer año después de la niebla.

 

Cuando Ajax despertó, al día siguiente de lo que había ocurrido en la mansión, lo primero que quiso hacer fue volver a buscar a Lucas, a pesar de que Vaizack le advirtió que ya no lo encontraría ahí. Al final ambos volvieron al lugar donde la casona de Goddard había estado erigida, y en cuyo sitio sólo quedaban la ruinosas estructuras. Por supuesto que Lucas no estaba ahí.

Luego de eso Ajax estuvo llamándolo con el silbato, cada día sin falta, a pesar de que Vaizack le decía continuamente que era probable que no siguiera vivo, y que si lo estaba iría a buscarlo de todas formas aun que no hiciera sonar esa cosa que le parecía espantosamente molesta.

Pero Ajax no desistió, ni siquiera cuando los días y semanas se acumularon sin una sola señal de Lucas. Tampoco había indicios de vida de otros seres humanos. Vaizack y Ajax habían estado viajando, visitando varias ciudades, todas en ruinas y completamente desiertas.

El mundo, antes humano, se había quedado vacío. En su lugar la fauna y la flora empezaron a extenderse por todas partes, y en algunas ocasiones habían visto a otros licántropos a la distancia. Solían quedarse lejos por que podían sentir la presencia abrumadora de Vaizack y no deseaban acercarse. Al final se acostumbraron a estar solos los dos en su viaje sin rumbo fijo ni objetivo definido.

Vaizack tenía predilección por desplazarse a través de los bosques y acampar en ellos, durmiendo en cuevas y madrigueras, haciendo rústicas fogatas y alimentándose de lo que pudieran encontrar en la naturaleza.

A Ajax le había sido muy duro adaptarse al principio, pero a cuentas de no tener otra opción terminó por acostumbrarse a una vida muy distinta de la que había conocido.

Y entonces una mañana, cuando el niño salía del pequeño refugio entre las rocas donde dormía, al mirar hacía el este,  vislumbró una larga figura delineada por la luz de los primeros rayos de sol. Estaba ahí parado, observando a Ajax, vestido con unos jeans viejos, un poncho, y un parche en el ojo izquierdo. Sonrió y extendió los brazos, y Ajax corrió directo a él y lo abrazó con fuerza, queriendo asegurarse de que en verdad estaba ahí. No estuvo seguro de que era real hasta que Lucas pronunció su nombre.

—Hola, Ajax.

—Sabía que vendrías. - dijo el niño apoyando la cabeza contra su hombro, sin ninguna intención de soltarlo -Te extrañé. Te extrañé mucho. Te extrañé.

—Yo también, todo el tiempo.

—Pero ¿Por qué te tardaste tanto en venir?

—Estaba ocupado. Perdóname. Vine lo más pronto que pude. Pero tú estás bien. -buscó la mirada de Ajax, la mirada en esos ojos negros tan grandes y bonitos que había echado de menos y que le causaban un tremendo gozo al sentirse observado por ellos de nuevo. -Estás bien. ¿Verdad? Creo que estás más alto, y te ves más delgado. ¿Has estado comiendo bien?

—Estoy bien.- contestó el niño con un risa que se apagó enseguida. -Tenía miedo de que no vinieras. Vaizack dijo que tal vez estabas muerto.

—¿Vaizack? -Lucas por fin prestó atención al albino parado frente a él, sosteniendo un pedazo de madera en la mano. El pedazo de madera fue lo último que Lucas notó. -Oh. ¿Por qué demonios no llevas ropa?

—Por que no la necesito.- Vaizack se paseaba desnudo frente a ellos, con el largo cabello blanco desordenado, cayéndole hasta los muslos.

—Umh. -Lucas lo miró de arriba a abajo y luego volvió a dirigirse a su hermanito. -¿Desde cuando anda así?

—Desde el día de la niebla.

—Ah. Y ¿Te ha tratado bien?

—Si.

—Si. ¿Si? ¿Qué es eso que llevas encima? ¿Una piel de vaca? ¿Dónde esta tu camiseta?

—Es de un venado. Vaizack la hizo. Mi camiseta se rompió.- respondió el niño apretando la orilla de la burda capa de piel de venado que le colgaba de los hombros.

—Ya veo. El pantalón que llevas también esta roto.

— La ropa humana no resiste mucho ante el aliento de un berserker. El que el pantalón aún no se hayan deshecho completamente es una sorpresa. Ahora es difícil que consiga algo con que vestirse. Pero tú llevas ropa en perfecto estado, vagabundo. -intervino Vaizack, fijándose en las ropas de Lucas.  

—Ah, si. Harley me la dio.

—¿Viste a Harley? -la carita de Ajax se encendió, ensanchando aún más su sonrisa .

—Si. Estuve con ella.

—¿Va a venir también?

—No. No por ahora, esta ocupada. Pero dijo que te saludara. Y te envió algo.

—¿Un regalo?

—Si. Venga, bájate para que pueda dártelo.

Puso a Ajax de vuelta en el suelo y luego tomo un fardo que le colgaba de la espalda. Lo desenrollo con cuidado, sacando un suéter de lana, pantalones, y unas botas pequeñas. Todo estaba prácticamente nuevo, sin ningún daño aparente por la niebla.

—Ella previó lo de la ropa. Sabía que la necesitarías. Y esto también.- dijo, poniendo una manta de un precioso color rojo granate sobre sus hombros. -Para que no pases frío.

—¡Gracias! -Ajax se acomodó la manta a modo que le cubriera desde la cabeza, y aún así arrastraba por el suelo. Olía bien y estaba tibia, y le lleno de una sensación reconfortante que le recordó como se sentía antes, en los tiempos antes de la niebla, antes de Lucas. Cuando sólo estaban él  y el abuelo y la vida era muy tranquila y cómoda  Se le hizo un nudo en la garganta al pensar en el viejo, pero tampoco quería que las cosas volvieran a ser como entonces. No sin Lucas. El Lucas que siempre regresaba. Lo miró y no pudo contener sus ganas de volver a abrazarlo  por que no había otro lugar  en el mundo donde prefiriera estar que cerca de él.

—¿Sabes? El frasquito que Harley me regaló... amh... lo he perdido. No me acuerdo en dónde lo puse. ¿Crees que se enoje cuando sepa que ya no lo tengo?

—Umh. No, no creo que se moleste.

—No quiero que piense que no me gustaba.

—Cuando la vea le diré que te gustaba mucho y que no fue tu culpa que se perdiera.

—¿Cuándo vas a verla?

—Pronto.

—¿Puedo ir también?

—No por ahora.

—Pero si tú vas yo quiero ir también.

—No puedo llevarte.-

Ajax frunció el ceño, mirando muy serio al ojo de su hermano.

—Entonces no vayas. Quédate con nosotros.-había temor en su tono de voz.

—Tampoco puedo quedarme.

Declaró el vago, pasando del rostro enfurruñado del niño al de Vaizack, quien ya suponía que diría algo como eso. El albino se levantó y se alejó por la vereda, dejándolos solos.

—¿Por qué?-exigió saber Ajax. -¿Por qué no puedes quedarte? ¿Por qué no puedo ir? ¿Ya no me quieres cerca?

—Claro que quiero te quiero. Si volví es por que quiero estar contigo.

—Entonces ¿Por qué?- insistió con angustia, cerrando sus brazos alrededor del cuello de Lucas, deseando nunca tener que soltarlo otra vez.

—Verás... estoy algo enfermo ahora.-Ajax se tensó y lo miró, preocupado, intentando averiguar al observarlo qué era de lo que podía estar enfermo.

—No es tan grave-continuó Lucas -pero me pongo débil muy pronto. Harley es la única que puede curarme. Ella es la única que sabe cómo, por eso debo volver a donde está. Pero es un lugar peligroso al que voy y no puedo llevarte. ¿Comprendes?

—¿Cuándo?... ¿Cuándo te tienes que... ir?

—Mañana.

—¡Pero es muy pronto!

—Lo sé.

—Pero acabas de llegar. Estuviste lejos mucho tiempo.

—Lo sé, lo siento.

Ajax con la frente arrugada, el ceño fruncido, los labios temblando, finalmente asintió.

—Vas... ¿Vas a regresar pronto?

—Por supuesto que si, estaré pensando en volver cada momento.-susurró, esbozando una triste sonrisa.

—Está bien. Quiero que te cures.-dijo el niño, y el vago sonrió y besó su frente.

—Escuché que me llamabas con el silbato.

—¿Si? - Ajax se animó un poco al escucharle decir eso.

—Si. Pude escucharlo hasta donde estaba. No importa que tan lejos vayas, siempre lo escucho.

—Lo hice sonar todos los días. Quería que supieras donde estaba.

—Gracias por esperarme.

Ajax le puso las manos en las mejillas y las palmeó suavemente.

—Tienes menos cicatrices.

—¿Tú crees?

El niño asintió, recorriendo con los dedos la forma del parche que cubría el ojo de Lucas. Luego acarició la ceja del otro ojo y sus miradas se encontraron de nuevo, sosteniéndose intensamente.

—¿Me vas a dejar besarte?- preguntó Lucas.

Ajax titubeó antes de asentir. Y Lucas lo estrechó contra él y le besó repetidamente las mejillas, el mentón y la punta de la nariz hasta que logro hacerlo reír. Ajax tuvo que poner distancia extendiendo sus brazos.

—Amh... ¿En la boca?- Lucas arqueó las cejas.

—Ah. ¿Quieres que te bese en la boca? -preguntó intrigado -Creí que te molestaba.

—¡No me molesta! No... no es que quiera... -respondió turbado, enrojeciendo hasta las orejas. -Es que a ti te gusta y si ya no lo haces es... ¿Por qué hice algo mal?

—No, claro que no.- soltó Lucas con un suspiro.

—¿No es por que me quieres menos?

—¿Qué? ¿Cómo se te ocurre eso? No podría quererte menos.

—Ah. -el niño sonrió contento.

—Pero si quieres que te bese como se debe vas a tener que pedírmelo.

Ajax apartó la mirada sin poder responder. Tal vez si quería que lo hiciera, por que lo extrañaba mucho, y extrañaba la sensación de estar tan cerca suyo, incluso más cerca que en ese momento entre sus brazos. Tal vez si quería pero no lo dijo, tenía vergüenza de hacerlo, así que sólo apretó los labios y sintió como le ardían las mejillas mientras su hermano lo miraba expectante.

—No importa. Esperaré. Pídemelo cuando estés listo.- dijo Lucas soltando una risita, pegando el rostro contra el cuello del niño, mordiéndole con suavidad. Ajax se quejó, echándose hacia atrás, con esa misma expresión de sorpresa y confusión que tenía la primera vez que lo había mordido, aquella vez que le había mordido en los labios. La risa de Lucas se convirtió en una carcajada, estaba realmente contento de estar de vuelta, de estar con su hermano. Justo ahí  a su lado era donde sentía que estaba su hogar, volver a verlo era volver a casa, aún si el mundo al rededor estuviera hecho ruinas. Estaban juntos.

—Venga, tengo hambre. ¿Qué tienen para comer?

—No tenemos. La comida hay que ir a buscarla. En el bosque.-Ajax señaló hacía la arboleda que los rodeaba.

—Ah. Así que hay que ir a matar algo si quiero desayunar.

—Hay hongos y nueces por allá.

—Si, y corteza.No vine hasta aquí a comer ramas y hojas. Voy a buscar un animal grande y jugoso, te hace falta comer algo como eso, en serio estás más delgado.

—No tengo hambre

—¿No? Bien, más para mi.

—Puedes darle a Vaizack.

—Ni hablar, que mate su propia comida.

 

El día que tenían por delante rápidamente se fue consumiendo. La anticipación de la separación los acompañó durante toda la tarde como una sombra que se hacía cada vez más grande, hasta volverse inminente con la oscuridad de la noche. Con la puesta del sol y el descenso de la temperatura no hubo nada más que hacer que echarse en el lecho de hojas que servía de cama dentro de la cueva, cubiertos con la manta de Harley que mantenía alejado el frío.

Vaizack estaba afuera, sentado frente a la fogata que había encendido, para la que había estado juntando madera en la tarde.

—Dice que no le molesta el frío por que en el lugar que nació hay nieve y casi nunca sale el sol. Pero de todas formas todas las noches prende la fogata. Menos cuando llueve. Creo que porque le gusta. Se queda mirando al fuego por mucho tiempo.- Ajax había estado contándole a su hermano sobre lo que había aprendido de Vaizack. Pero su narración se vio interrumpida por un repentino bostezo.

— Duérmete.-susurró el vago, al verle frotarse los ojos.

—No. Todavía no.- Ajax volvió a bostezar.-No quiero que amanezca, por que te irás.

— Volveré pronto.

—¿Qué tan pronto? -preguntó, acomodando la cabeza contra el pecho de Lucas, y este deslizó una mano bajo el sueter nuevo de Ajax, para acariciarle la espalda, la piel muy suave, tal como la recordaba. Ajax se estremeció al sentir sus dedos, pero pronto se acostumbró y se fue relajando, las manos de Lucas estaban tibias, y eran tranquilizadoras.

—No sé. Unos días.

—Y ... ¿Y si se te olvida volver?

—¿Cómo se me va a olvidar?

—No te vayas. -los ojos del niño se cerraron pesados. -No te vayas.- repitió. -Te quiero.

—Te quiero, Ajax.-

Y no obtuvo ninguna respuesta más. El niño se había finalmente quedado dormido.

Entonces Lucas se levantó despacio, sintiéndose de pronto arrancado del calor de la manta. Dudó un momento, quería volver a acostarse, quería no tener que irse. Miró a su hermano y suspiró.

El quedarse no era una opción.

Cubrió bien a Ajax  y salió de la cueva con el corazón apesadumbrado. Se dejó caer cerca del fuego agradable. Vaizack estaba tumbado a un lado, boca arriba, con los ojos cerrados. En verdad no parecía que el frío de la noche le afectara, a pesar de la falta de ropa, y de ir por ahí solo con su piel humana.

—¿Vas a cuidarlo? -soltó un rato después, en voz baja y muy suave. Vaizack no recordaba haberle escuchado dirigirse a él con un tono como ese antes.  

—Si. -respondió sin moverse ni abrir los ojos.

— Quiero asegurarme de que estará a salvo, por que cuando me vaya él no tendrá a nadie más. ¿Lo entiendes? Te necesita. Quizá no puedas comprenderlo pero estoy dejando en tus manos lo más importante que tengo.

—¿Por qué supones que no lo comprendo? Lo hago.

—Ah.

—Lo he estado cuidando todo este tiempo ¿Por qué dejaría de hacerlo ahora?. Y no lo hago por que me lo haya pedido la bruja. No continuaré haciéndolo por que me lo pidas tú. Lo mantengo a mi lado por que quiero, por que me agrada su compañía.

—Oh. Que no te agrade tanto. -masculló el vago, frunciendo el ceño.

—La última vez que te vi tu cuerpo estaba inservible. Ahora te mueves como si nada, no tienes heridas, incluso tus cicatrices se están desvaneciendo. Estás diferente. Te sientes diferente. Débil y desgastado.

—Ah, si. Es el precio que pago por poder volver.-suspiró pasando la palma de la mano sobre su pecho. -Necesito un cuerpo así que Harley intenta arreglar este para que pueda seguir usándolo. Lo que sea que le haya hecho funciona, pero nunca va a volver a estar como era. Ni siquiera puedo tomar mi forma de lobo. Ella dijo que podría ser temporal... O podría no serlo.

 

Podría nunca más volver a transformarse. Al decirlo en voz alta  sintió finalmente  que comprendía lo que significaba. Estaba perdiendo una parte de lo que era. Era un sacrificio aceptable, si podía volver a ver a Ajax.

No había sido un lobo durante toda su vida, de niño no podía adoptar esa forma, y si ahora no volvía a hacerlo podría acostumbrarse a ello.

En realidad, ser un lobo le había traído muchas desgracias. Nunca podría tener el completo control de su persona mientras fuera un lobo. Quizá volver a ser sólo un humano fuera algo bueno para él.

Quizá era lo mejor.

Pero detestaba esa idea. Por que no importaba cuanto sufrimiento le hubiera causado su naturaleza, era parte de quien era, era el vínculo con su familia, era todo lo que tenía para él mismo.

Miró a Vaizack, que seguía inmóvil en su lugar, dormitando, como una muñeca perfecta con los parpados cerrados.

Ahora él se encargaría de cuidar a Ajax. Se sintió un tanto inútil al pensar en eso. Lucas el lobo ya no era necesario.

Esa era la realidad. Su alto precio a pagar. Pero seguía con vida.Tenía tiempo para pasar con su hermano. Tenía eso.

Si. Y por eso valía la pena. Por eso es que siempre volvería, como había prometido.

Suspiró fuerte y se puso de pie.

—¿Te vas?- preguntó Vaizack, abriendo los ojos al fin para mirarlo. Lucas asintió.

—¿Él lo sabe?- Vaizack movió la cabeza en dirección a la cueva donde Ajax debía estar ya dormido.

—Si. Me... ya me despedí. -murmuró rascándose la nuca. -Asegúrate de que coma, y que se abrigue. Su cuerpo es el de un niño humano, no es como tú, necesita descanso y cuidados, así que no lo presiones.

—No lo presiono.

—Bien. Volveré en cuanto  pueda. Trátalo bien.- Luego de eso desapareció por el mismo camino por el que había llegado.

Ajax, dentro de la cueva, había podido escuchar sus pasos sobre la hierba mientras se alejaba. Había podido escuchar cada una de sus palabras. Pero no podía levantarse e ir a verlo por última vez antes de su partida, por que sabía que no podría dejarlo ir sin ponerse a llorar. Y él no quería que Lucas tuviera que verlo llorar nunca más. Así que quiso contener el llanto, pero al no poder hacerlo pensó que a solas en la oscuridad no importaba tanto si lloraba. Se acurrucó bajo la manta de Harley, que no podía hacer que el frió que sentía dentro de él se esfumara, y se aferró a la promesa de su hermano.

"Volveré"

 

Y lo hizo. Volvió un par de semanas  después, para luego volver a irse. Pero siempre volvía  No importaba a donde fueran, Lucas siempre los encontraba.

Aún que esta vez su ausencia se prolongaba más de lo habitual. Sofocado de angustia, Ajax hizo un último intento con el silbato.

Luego echó un vistazo al rededor, pero no vio nada más que árboles extendiéndose hacia todos lados. Ni un solo movimiento, ni un solo indicio. Estaba anocheciendo y debía volver antes de que se pusiera muy oscuro como para encontrar el camino, así que resignado se dio la vuelta con el silbato colgando de sus dedos.

Lucas podía escucharlo. Se lo había dicho, que el sonido de su silbato llegaba hasta el lugar a donde volvía con Harley, sin importar que tan lejos estuviera. Así que debía estar escuchándolo, debía haberlo hecho al menos una vez, de todas las veces que lo había llamado. Pero ese pensamiento no le consolaba, por que si Lucas sabía que lo estaba esperando ¿Por qué tardaba?

Siempre estaba la posibilidad de que le hubiera ocurrido algo malo.

Un crujido repentino le detuvo. Era algo moviéndose entre la maleza, con pasos continuos y ruidosos. Ajax mantuvo los ojos fijos en dirección de donde venía el ruido. Quizá era su hermano que llegaba al fin  Pero la ilusión se esfumó al instante, pues lo que apareció entre los árboles, asomando una graciosa cabecilla, fue un venado.

El niño se quedó quieto, observándolo hasta que el animal sintió deseos de dar media vuelta y volver a desaparecer.

Ajax esperó hasta que los pasos de la criatura se hicieron inaudibles para él.

Sólo entonces se dio cuenta de aquella sensación, esa presión extraña en la espalda que da al sentirse observado con intensidad.

Se dio la vuelta.

Estaba ahí.

Justo frente a él.

—Lucas.

—Hola, Ajax.-dijo

Lucas se acercó a él y lo alzó en brazos.

—¡Te tardaste!

—Lo sé, perdóname.

—¡Te tardaste! ¡Me preocupé!

—Lo sé.

Ajax se acercó a su cara, dejando un beso en las comisuras de sus labios.

—Te extraño. Siempre te extraño.

Y Lucas sonrió

—Yo también te he extrañado. Pero ya estoy en casa.-dijo, apoyando su frente contra la del pequeño.

Si, había vuelto a casa. Aquello valía la pena. No era un sacrificio, no era tal, por que lo que realmente le importaba estaba justo ahí, en ese preciso momento. Era todo lo que quería y necesitaba. Era todo.

Notas finales:

Y eso. Este es un momento de logro personal que he esperado durante años. 

 

Mi sentimiento al terminar esto es que no estoy conforme. Estoy consciente de que no es un final grandioso, pero creo que a fin de cuentas hacer finales es lo mas dificil de escribir, por que realmente ¿A quien le gustan los finales?

 

Al menos creo que se resolvieron las cuestiones mas importantes, algunos personajes murieron, los que sobrevivieron seguiran con sus vidas en este mundo postapocaliptico, y eso se queda a la imaginacion del lector.

Estoy contenta de terminar esto al fin. Ha sido un pendiente por completar durante muchos años, y espero que esto me permita avanzar y empezar nuevas cosas. Aun que ahora me siento estancada, en la vida en general.

Quiza por eso ansiaba tener algo que hubiera finalizado. Y aqui esta. 

Me disculpo, como siempre, por la tardanza, por los errores, por todo lo que pudiera haberles incomodado, por que ustedes son mis queridos lectores. Sean los que sean que lleguen hasta este punto, ahora y mientras dure esta pagina en linea, cada persona que me lee, es muy importante para mi. 

Podria sentarme con cada uno de ustedes y charlar, y darles un abrazo por que ustedes me dieron a mi una oportunidad.

Espero seguir publicando cosas aqui, solo que no se cuando sera. Cuando supere mi bloqueo con la escritura, y con el mundo, quiza. Por que quiero seguir escribiendo. Amo escribir. Amo darles a los demas un pedazo de mi ser en la escritura y que lo disfruten.

Se que me falta demasiado. Cuando uno crea algo realmente la creacion nunca es terminada, siempre se puede mejorar.

Pero he aprendido mucho aqui, gracias a ustedes. 

Y por este medio que es el unico que siento que es el unico por el realmente puedo acercarme a otras personas, les digo que les deseo una inmensa felicidad, en retribucion a lo que ustedes me han dado a mi.

 

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