El frío de la calle le erizó cada centímetro de su piel blanca. Caminaba solo, por una calle, para nada bien iluminada, envuelto en su chaqueta de cuero tanto como podía. Miró una vez mas la hora en su móvil último modelo de tapa, comprobando una vez más que el tiempo aun le sobraba. Debía llegar al lugar acordado a la hora acordada y él era especialista en eso. Volvió a introducir el teléfono en el bolsillo derecho de sus pantalones vaqueros.
Casi sin darse cuenta llegó al destino, y eso que era la primera vez que estaba por aquella zona. Apoyó la espalda en la pared enladrillada que se hallaba a su derecha, encendiendo un cigarrillo, mas por hacer algo que por la necesidad de nicotina. En los breves minutos que tuvo de tranquilidad, pensó el porqué quedar en ese extraño lugar, tan apartado y solitario. Se respondió a si mismo que sólo había dos opciones: el sujeto en cuestión era alguien rico que quería evitar problemas al darse a conocer su gusto por la dominación o bien, era un perturbado que lo único que quería era acabar con su patética vida. Sea como fuere, ninguna de las dos opciones le molestaron o asustaron, al fin y al cabo, si era la segunda...uno menos.
De repente, un BMW azul marino paró en la acera de enfrente, saliendo un hombre de él. Era robusto, de unos 35 años, pero no por ello menos atractivo. Moreno y tez oscura, su mentón estaba enmarcado por una bien perfilada perilla, mientras que su traje de corbata acentuaba aun mas su gran tamaño.
Pese a no haber recibido ningún gesto indicador, apagó el cigarro y se aproximó a aquel tipo con un aire prepotente que manaba por cada poro de su piel. Subieron ambos al auto y el motor rugió antes de salir en marcha.
El mayor sacó una pitillera de plata ofreciendo un pitillo al menos, el cual rechazó. El cilindro de tabaco fue encendido con un encendedor del mismo material que la pitillera.
_Bien, ¿Cuál es tu edad?
_ Diecisiete años
_¡¡ ¿Eres menor?!!_ exclamó el conductor
_Si, pero tranquilo que no voy a denunciarte por pederastia_ sonrió socarronamente el pequeño.
_ ¿Estás seguro de que podrás hacerlo bien?_cuestionó el mayor arqueando una ceja
_Si... amo
_Eso espero.
_Solo tengo tres condiciones.
_ No pienso ser delicado_ dijo entre calada y calada de humo
_No quiero que lo seas. Sólo que no marques ni mi cara ni mis manos, que no estropees mi ropa y que no me des ningún tipo de droga.
El mayor sonrió mirando a la carretera, acelerando la marcha hasta parar ante una gigantesca casa. Ambos bajaron del automóvil y caminaron por el caminillo de grava que llevaba a la puerta de entrada. El mayor, apagó el cigarro, al cual no le quedaba más que el filtro, abriendo la puerta y permitiéndole el paso al chico moreno de tez blanca.
_Pasa, desnúdate y demuéstrale a tu amo lo zorra que eres...
"NOTICIA DE ÚLTIMA HORA: Se ha encontrado el cuerpo de un joven, en un vertedero en las afueras de la ciudad. Por la información que hemos recibido, era un varón de unos diecisiete o dieciocho años, moreno. Su cuerpo estaba muy maltratado y se encontraron claros síntomas de violación. Se sospecha que la muerte fue provocada por estrangulamiento, aunque no queremos avanzar datos hasta que recibamos el informe del forense. Este modelo de caso concuerda con las otras tres víctimas que se encontraron en las semanas pasadas, lo que indica que podría tratarse de un mismo asesino..."
Apagó el televisor. Se retiró del cuerpo de policía precisamente por casos como ese. Desde que tuviera a su hijo había sido incapaz de enfrentarse a casos tales como de homicidio, pederastia o lo que fuera relacionado con niños. Su trabajo se había resentido y él lo sabía. Al principio cuando le dieron la baja anticipada le dolió. Más de veinte años de leal servicio y al menor contratiempo le echan a la calle. Pero, aunque le pese, lo entendía perfectamente y ahora, con unos cuantos años más y pensándolo fríamente había sido lo mejor, para él, su familia y su salud mental.
Ahora, con sus cincuenta años recién cumplidos trabajando de guardia de seguridad de unos grandes almacenes, seguía manteniendo el cuerpo de antaño: alto, ancho de espalda, fuerte. Es lo que en la jerga común podría calificarse de "armario". Con un sueldo bastante digno, con su propia casa, coche y su hijo a su lado, sólo echaba de menos a su mujer, Tsunade, que debido a un accidente de tráfico falleció haría más de seis años. Sin embargo, tenía que alejar esos pensamientos de él ahora que parecía que Naruto lo había superado. Naruto....
_ PAPAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA
Ahí estaba, el huracán rubio de su hijo. Naruto de diecisiete años, estaba en el último curso del instituto y como todo buen adolescente sólo pensaba en chicas, salir y divertirse, es decir era una hormona con patas. De cabello dorado y ojos azules, ni siquiera Jiraiya sabia cómo su hijo tenía tres marquitas en cada una de sus mejillas, pero había que reconocer que le hacían ver encantador.
_ No grites, hijo que no estoy sordo.
_Perdona papa..._dijo entre jadeos por haber bajado la escalera corriendo como un loco
_ ¿Porque tanta prisa?
_Joder papa ¿es que ya no te acuerdas o que?
_Esa boquita enano
_No me llames enano_ murmuró el rubio poniendo morritos y haciendo un puchero
_ ¿Hoy es eso de la cena de fin de curso no?
_ Si, si, si... Voy a llamar a Sasuke porque este tío es tan muermo que si no lo saco a rastras seguro que ni se plantea ir...
_Naruto_ dijo Jiraiya con un goterón en la cabeza, mientras veía a Naruto coger su chaqueta y sus llaves_ Son las nueve de la mañana...
_ ¡Tranquilo que Sasuke se levanta pronto!
Y tal como entró se fue. Jiraiya se asomó por la ventana viendo a su hijo correr hacia la casa de su amigo Sasuke. Siempre habían sido amigos, debido a tener la misma edad, ir a la misma clase durante toda la escuela e instituto y por ser vecinos. Nunca había entendido como podían llevarse tan bien esos dos con lo diferentes que eran. Su hijo era un inmaduro, cabezota, alocado y bocazas, mientras que Sasuke era un chico responsable, callado, maduro y por supuesto reservado. Ya puestos a sacar diferencias, ni siquiera sus físicos se asemejaban. Sasuke era moreno, tez blanca, ojos negros y un cuerpo mucho mas alto y desarrollado que la mayoría de los de su edad. Sin embargo Naruto, era rubio de ojos azules y su piel era bronceada, era uno de los mas bajitos de la clase, pero al menos tenía un cuerpo fibroso, incluso atractivo.
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Acababa de salir del baño y su cuerpo desnudo ante el espejo realmente le dio lástima. No es que se sintiera mal con su aspecto físico que, pese a no parecer modesto, no estaba nada mal. Su torso, piernas, trasero, espalda eran un conjunto de cortes, latigazos y moretones que destruían la armonía de su tez blanca y manos de uñas inmaculadas...lo único que prohibía que le tocaran. La explicación era bien sencilla: nadie debía enterarse de aquello y durante casi tres años no le había ido nada mal. Ni siquiera su madre con la cual vivía se había percatado de su estado, claro que tampoco es que pasara demasiado con ella. La pobre mujer no hacía mas que trabajar como una mula desde que su padre les abandonara. Kurenai siempre había luchado para que a su hijo nunca le faltara de nada y para ello había tenido que sacrificar momentos con él.
Ahora, con 17 años, Sasuke no podía pensar en nada que no fuera su cuerpo destruido por personas ruines y necias que no se apiadaban de él, tampoco había nadie que se apiadara de su corazón.
Le sobresaltó el sonido incesante del timbre. Como no, seguro era Naruto, su forma de llamar era inconfundible. Sonrió y sin mucha prisa se tapó el cuerpo con su albornoz y abrió la puerta al excitado rubio.
_ ¡Hola Sasuke! Espero no haberte despertado, aunque no creo porque si te hubiera despertado yo, tendrías que haberte duchado en el poco tiempo que ha pasado desde que he llamado hasta que me has abierto la puerta y la verdad sea dicha, se que eres rápido, pero tío es que esa velocidad no la pilla ni un Ferrari así que...
_Para_ dijo Sasuke tapándole la boca
_ ¿Destaz frefarando fara la ptiesta?
_ ¿Como?_ preguntó Sasuke retirando la mano de la boca de de ojos azules.
_ ¿Qué si te estás preparando para la fiesta?
_Primero: no voy a ir y segundo:¿Cómo me voy a preparar para ir a una fiesta a las diez de la noche siendo las nueve de la mañana? Serás tarugo.
_ No se... Lo digo como siempre llegas tarde al instituto_ murmuró Naruto poniendo morritos
_ ¡Claro porque siempre te tengo que estar esperando, dobe!
_ ¿Y entonces que hacías duchándote?
_ Me ducho todas las mañanas, cosa que tu..._añadió olisqueando el aire por encima del rubio_ también deberías hacer.
_Serás...
_Me voy a vestir, no rompas nada.
Sasuke se metió en su cuarto y no se dio de cabezazos contra la pared porque haría demasiado ruido. Una ducha, una ducha...él mataría por ese olor. Su cuerpo reaccionaba de manera extraña ante ese aroma, despertándole los instintos mas bajos. Ahora que su "amiga" había despertado, debía elegir la ropa concienzudamente para que no se le notara.
Eligió para ello un pantalón vaquero bastante desteñido y una sudadera que le quedaba bastante grande y que por lo tanto podía tapar su inminente erección.
Salió de la habitación y se encontró la música en el equipo del comedor a todo trapo y a Naruto bailando en mitad del salón. Admiró desde el umbral sin ser visto como es melenita rubia era agitada adelante y atrás por su alocado dueño y tras recomponer su postura ingresó en la sala.
_ ¿Que haces usuratonkachi? ¿No te he dicho que no rompas nada?
_ Y no lo he hecho, baka. A ver dime, ¿Qué cojones he roto?
_ Mi tranquilidad. Lárgate Naruto. No voy a ir a estúpida fiesta por mucho que insistas y ahora tengo mucho que hacer en mi casa, así que, por favor...
_NOOO_ gritó el rubio tirándose en plancha al suelo y agarrándose a la pierna de Sasuke, que le miraba con una ceja enarcada_ Por favor, si no vas tu mi padre no me dejará ir a mi tampoco y es mi única oportunidad para ligarme a Hinata...
_ ¿Acaso crees que me importa?_ bufó el moreno enrabietado
_ Debería. Eres mi amigo, mi mejor amigo, hazlo por mi..._ suplicó poniéndole morritos
_ ¿No beberás mucho?_ preguntó rendido el moreno tras dar un largo resoplido
_ ¡Palabra! Gracias Sasuke, eres el mejor.
_Si, si, si... fuera, fuera...
Cerró la puerta de su casa en los morros del ojiazul que seguía gritándole las gracias a través de la puerta. Sasuke se desplomó y rompió a llorar en silencio. ¿Tan importante era esa chica para Naruto? ¿Solo era su mejor amigo? Y con estas y otras preguntas que solía hacerse cada vez mas a menudo, dejó la casa donde estaba y encendió su ordenador, el único que le proporcionaba la medicina que sanaba su corazón: dolor.