Categoría: NARUTO
Clasificación: No menores de 16 años

Aclaraciones del capitulo:
Disclaimer: Naruto no me pertenece, sino a Masashi Kishimoto.

Advertencias: Incesto, Universo Alterno, Family, Crime, Romance, Violencia, Drama.

Author's Notes: ¡Sí!, aquí viene el (insert here pairing) que prometí. La verdad no es una trama muy original que digamos, pero tras pensarlo mucho —y debido a que es mi primer Uchihacest Log-fic— decidí empezar por algo sencillo antes de maquinar en mi cabeza tramas más originales como lo acostumbro  a hacer.

Pensé poner el título en español... creo que aún lo pienso...


 

Big Lies

Por: || Gaa || OdiumAmoris ||


 

Capítulo I

De la vida de Itachi


 

Itachi a sus cinco años había aprendido que habían algunas personas en el mundo que sólo querían hacerle daño, también aprendió que a los niños no se le pegaban y que alguna vez tuvo un hermano, aunque su madre Mikoto se empeñaba en decirle que nunca lo tuvo, o que si algún día existió ya debería estar muerto por culpa del demonio que tenía como esposo; es por eso que ella se divorció, se cambió de apellido y se fue a vivir lo más lejos posible de aquel monstruo que respondía a un nombre inexistente porque se le había olvidado y poco le importaba. En sus siguientes dieciséis años él nunca se digno siquiera a buscarlo, es por eso que ahora vivía feliz con su madre, aunque pronto pensaba emanciparse para darse más espacio juvenil.

—Ita-chan, a desayunar —se escuchó la suave voz de la mujer que lo cuidó.

Namikaze Itachi era un joven de veintiún años de buena apariencia; cortés, amable —hasta cierto punto—, buenmozo, inteligente y calculador. Era todo lo que una madre podía aspirar siendo soltera. De su padre y supuesto hermano poco recordaba, siquiera se sabía sus nombres —por la aversión que tenía Mikoto hacía aquél hombre— así que lo único que supo es que había adoptado el apellido de un viejo amigo que se lo prestó gustoso.

—¡Itachi! —despertó de su letargo  y bajó de su dormitorio ya vestido y acicalado. No era bueno enojar a su madre, que por muy compresiva que fuese ella sí sabía imponer orden sólo con una mirada.

—Buenos días Oka-san —como siempre le besó la mejilla, se sentó frente a ella y su madre comenzó a parlotear sobre algunos proyectos de la empresa de Minato-san, quien era su amigo y jefe, y lo muy ilusionada que estaba de haber recibido semejante inversión.

Itachi hacía como que escuchaba, cuando realmente se preguntaba si su padre alguna vez lo quiso, o si alguna vez sintió deseos de tenerlo con él... también quería saber si tenía un hermano. Él nunca había sido curioso de su pasado hasta que supo que Minato-san le daría otro hijo a Naruto-kun, un crío de quince años bastante revoltoso que siempre que lo veía le decía lo arrogante y cool que era sólo con mirarle con desconcierto... era un chico bastante raro realmente.

—¿Me estás escuchado cariño?

—Si Oka-san, espero que te vaya bien. Tengo que irme a la Universidad —enfatizaba al levantarse y darle un beso en la frente a su madre. Subió a lavarse los dientes y tomar sus cosas para irse caminando ya que hoy no le apetecía irse en su vehículo.

—¡Cuídate Itachi, trata de no hacer tanto alboroto! —gritó su madre desde la casa aún. El menor asintió algo sonrosado por la libertad de expresión que tenía su madre y hasta cierto punto le agradaba que fuera así de vivaz a pesar de tener cuarenta años.

Su apariencia calmada inquietaba a muchas personas ya que nunca parecía cambiar  de expresión y su tono de voz era suave y grave lo que provocaba escalofríos en  algunas personas recalcando lo "tétrico" que se veía.

Mikoto observó marchar a su hijo a través de la puerta con ilusión, él era tan parecido a su padre. Aquella actitud de "no me importa nada" y su rostro tan equilibrado eran en singular semejanza, no le molestaba aquel hecho ya que eso era lo que la había enamorado de él, pero sin dudas Itachi sacó su apacible forma de ser, o no la sacó... sencillamente se acostumbró a que nada perturbaba su vida por lo cual nada podría sacarlo de su propio mutismo.

Ella no veía en Itachi a su ex-marido, sino a un chico bastante idóneo para cualquier persona, que al igual que muchos tenían sus arrebatos.


 

Al pisar la Universidad de Tokyo se vio a sí mismo siendo observado por todo el Campus, no que no estuviese acostumbrado, pero le parecía incomprensibles que a las chicas les gustara hombre con atributos tan comunes como lo eran en cabello negro y ojos del mismo color. Siguió su recorrido como de costumbre, saludo con la vista a unos chicos de su clase y se dirigió a la cafetería en busca de su sitio donde normalmente podría estar tranquilo, claro sin que estuviese Deidara y el loco de Tobi... o el fanático Hidan.

—¡Itachi-san! —giró su rostro hasta encontrar a Kisame. Desde que recordaba él había sido uno de sus ‘amigos',  no le daba muchos problemas ni lo acribillaba con preguntas como lo hacían con la mayoría... sí, se podría decir que Kisame era parte de su círculo de amistades selectas y no tan selectas.

—Kisame, buenos días —murmuró mientras ahora ambos partían a la cafetería.

—No seas tan formal Itachi-san. ¿Vas por tu café matutino? —preguntó como si no fuera nada, aunque aquello sí le daba algo de gracia.

—Sí, madre sigue dándome jugos y leche. Creo que tendré que decirle que tomo café —musitó más para sí mismo que para que lo escuchara su amigo.

—Yo creo que deberías independizarte —aquella idea tampoco sonaba tan descabellada, pero tendría que trabajar para eso —. Pain-san piensa organizar una disquera con la herencia que le dejó su amigo, creo que dirá algo de eso hoy y probablemente quiera trabajar con nosotros.

—Entiendo... nos vería bien algo de dinero extra, mi mesada no me alcanza ya para fin de mes —Kisame ahogó una carcajada. Realmente Itachi era de aquellas personas que poco le importaban lo que pensara el resto, era un niño con mente de adulto cuando lo encontrabas tranquilo.

—¡Itachi, Kisame ‘hum! —ambos alzaron la vista y vieron que Deidara ya estaba posicionado en la sección correspondiente de su mesa, a su costado estaba un serio Sasori y Tobi quien parecía querer armar un castillo con servilletas.

—Ha comenzado el día —murmuró Kisame y saludando con una sonrisa. Se sentaron esperando al resto ya para cuando Konan, Nagato, Hidan y el resto de sus amigos llegaron la cafetería aparte  de estar colapsada su lado ya estaba lleno.

—Bien, ¿a quién le toca hacer los pedidos? —murmuró Nagato cruzándose de brazos.

—Pues... creo que la vez pasada fue Hidan con Kakuzu, así que le toca a Tobi con Zetsu.

—¡Tobi será un buen niño!

Itachi miró a su selecto, y no tan selecto, grupo de amigos y expiró con algo de impaciencia. Se hizo a la idea que ya estaba lo suficientemente grande como para perderla así de sencillo y pidió su Café con canela y granos negros que tanto le gustaba más un paquete de galletas Holandesas; pensó que sin su "selecto y no tan selecto grupo de amigos" su vida sería  lo suficientemente aburrida para querer ir a la Universidad.

Su día transcurrió como todo, claro exceptuando el hecho de que Nagato había insistido en tener que ir al lugar que sería la Disquera. Ya los habían dividido por grupos y lo que harían, así que ahora solamente marcharían allí por un mero tramité.

—Bien, aquí es —ante sus ojos se presentó una enorme construcción clásica de Japón con toques modernistas, por su propia impresión a él le gustó bastante, dieron unas vueltas y hablaron meras formalidades cuando Itachi se dio cuenta de que ya eran las siete de la tarde.

—Es tarde —repitió al son de sus pensamientos mientras le informaba a los chicos -, me tengo que ir.

Muchos concordaron con la decisión tomada, después  de todo mañana tendrían clases.

Caminaron hacia el exterior encontrando una ajetreada ciudad. Entre palabras y palabras fueron caminando hasta que un atolondrado chico chocó con el Namikaze botándolo al piso. Todos le quedaron mirando —más al chico que a Itachi realmente— y por unos momentos lo vieron jadear de cansancio. El pelinegro levantó la mirada indignado encontrándose a un chico sudoroso, con las manos en las rodillas y los cabellos en punta trasera, cuando le iba a replicar su falta de cuidado vio —casi con impresión— cómo este tenía la mejilla morada e hinchada, al igual que en uno de sus labios se podía apreciar sangre seca y una herida.

Miró con curiosidad su ropa para nada ordinaria, más cuando iba a preguntarle si estaba bien este alzó su cuerpo y siguió corriendo sin importarle dejarlo tirado en medio de una calle sucia.

—¡Ey mocoso! —gritó colérico Hidan —, ¡el Jashinismo no permite eso crío del demonio! —más el menor parecía no hacerle caso porque se seguía alejado. Enojado Hidan emprendió corrida hasta él para darle un escarmiento en contra de los gritos de sus amigos, más cuando llegó hasta el mocoso y quiso golpearle este se movió.

—¡¿Eh?! —aquel muchacho se giró dejando ver su elegantes facciones, sus embriagantes orbes negros y su cabello negro azulado.

—¿Qué demonios te pasa? —cuestionó sorprendido por el repentino ataque, mas no quiso demostrarlo mucho.

—¡Botaste a mi amigo!

—Estaba en mi camino —razonó mientras se volvía a girar para emprender camino esta vez más tranquilo, más aquel golpe en su espalda lo hizo ver qué quería el contrario.

—¡Pelea maricón!

La gota que derramo el vaso, nadie le decía maricón a Uchiha Sasuke.

—¿Cómo me llamaste? —preguntó con socarronería mientras lo miraba.

—Maricón.

En un gesto claramente audaz, aquel menor con furia estampó su puño en el rostro de Hidan quien se tambaleó y cayó mareado al suelo.

—Nunca retes a un Uchiha —y sin más siguió caminando.

Itachi  nunca en su vida había visto aquella mirada de tanto odio y rencor, pero su atención se la llevó su amigo quien estaba sangrando en el piso.

—¡Jashin como duele!, maldito bastardo.

Por decisión fue Kakuzu y Sasori quienes dejarían a Hidan en su casa y él se marchó a la suya.

—Oka-san —llamó a su madre tratando de que le respondiera su naciente duda —. Cuando alguien tiene los ojos con rencor y odio... ¿nunca ha sido feliz?

—No Ita-chan... nunca lo ha sido.

Sólo necesitaba reafirmar lo que sabía, porque realmente nunca había visto esa mirada. Dejó de pensar en un chico que quizás nunca volvería a ver y se encaminó hasta el baño con el fin de relajarse en una ducha.

Mañana era viernes, quizás y saldría con sus amigos a algún lado.


Notas finales del capítulo:
Espero a saber qué piensan. Obviamente la trama es algo predecible, pero trataré de que la mía a pesar de ser bastante común los confunda un poco más.

|| Gaa || OdiumAmoris ||



---------




Introduzca el código de seguridad que aparece debajo: