Categoría: ORIGINALES, YURI
Clasificación: No menores de 16 años

Notas del fanfic:
Ok, la verdad yo no quería publicar aquí... Pero mi amada y adorada sei_sama (encuentrenla por aquí, está escribiendo la verdad de un UKE xD) me convenció...

Lean y si les gusta que weno, si no, pues no vendrían mal algunas críticas constructivas, estoy abierta a todas ellas siempre que sean objetivas y me ayuden a crecer como escritora....

Dedicado a Risu-chan y a mi Senpai...

Enjoy...!

DISCLAIMER: Todo lo aquí publicado por mí es mío, mío, mío!!!!! Yo cree a los personajes, yo desarrollé su historia!!!! y las únicas personas que pueden usar este material como lo deseen es Risu-chan (aquí conocida como sei_sama) y Senpai!!!!! No roben e__e o iré a su casa a patearles las gónadas!!!!
Aclaraciones del capitulo:
Lean, lean y lean...!!!

CAPITULO I

- ¡Mi cuaderno! No lo encuentro por ningún lado… ¡Mamá! ¿Dónde lo pusiste?- una chica ojiazul corría de un lado a otro moviendo cosas y abriendo cajas de cartón.
- Te dije que estaba en la mesa de la cocina.- una voz femenina se escuchó desde un cuarto cercano – Será mejor que te apresures si no quieres llegar tarde.
- ¡Gracias! ¡Me voy ahora mismo! – la chica tomó su libreta y una pluma y corrió hacia la salida – ¡Nos veremos luego, ma’!
Era una mañana nublada y fría. La ojiazul observó su hogar por algunos segundos; sin duda alguna era lindo. Se había cambiado de casa hacía una semana, pero el trabajo de desempacar no había terminado aún.
Su vivienda era bastante modesta: de madera, con una linda fachada con terrazas y suficientes habitaciones para que su pequeña familia viviera con gran comodidad, poseía también un pequeño jardín que su madre destinaría al cultivo de flores y hortalizas.
La muchacha caminó hacia su escuela, pensando en cómo había cambiado su situación, dos meses antes su padre había sido promovido y transferido a otra sucursal de su empleo. Ahora le pagaban tan bien que su familia se podía dar ciertos lujos, entre ellos enviarla a ella, su única hija, a uno de los mejores colegios del país. Estaba emocionada y nerviosa al mismo tiempo, no podía esperar a llegar y conocer a sus nuevas compañeras y profesores. Se encontraba tan ensimismada que lo único que pudo sacarla de esa distracción fue la gruesa lluvia que comenzaba a caer. Las gotas se transformaron en poco tiempo en cántaros y la niña no tuvo otra opción, excepto correr lo más rápido posible.
“Llegaré empapada; esa sí que será una forma excelente de comenzar el año escolar.”
Siguió corriendo algunos instantes más, hasta que cerró los ojos y respiró profundamente: estaba cansada y necesitaba tomar aire antes de seguir. De pronto, dejó de sentir sobre su cuerpo aquella helada precipitación. Abrió los ojos y dio un respingo; frente a ella se encontraba una joven ojirroja que sostenía un paraguas que cubría a las dos de esa incómoda lluvia. La menor tragó saliva y la observó con un poco de desconfianza; la extraña no parecía tener intenciones de hacerle algún daño, pero de alguna forma su presencia imponía respeto.
- Oh… Muchas gracias, eres muy amable. – con una mano hizo a un lado el mechón de cabello rojizo que cubría su cara y prosiguió – No te preocupes, ya casi llego a la escuela, así que no importará si me mojo un poco más.
La mayor la miró detenidamente sin expresar ninguna emoción en su rostro. Luego dijo:
- ¿Instituto Saint Geronimus?
- ¡Sí! ¿También asistes a él?
La ojiazul sonrió, ¡una compañera de instituto! Sería mejor comenzar con el pie derecho.
- Soy Fabian, ¡soy nueva aquí! Mi padre fue transferido y ahora estudiaré en esta escuela. Dime, ¿qué grado cursarás? Yo comenzaré el doceavo, ¿y tú?
La extraña se limitó a caminar en silencio y a no reparar en la chica. Fabian la siguió intrigada, posiblemente estaba cansada y no deseaba hablar o preparaba un buen discurso de presentación.
- Um…- la pelirroja decidió romper aquel silencio tan incómodo - ¿Vives por aquí?
La ojirroja pasó una mano por su cabello azul marino.
- En los dormitorios.
-¿Dormitorios? ¡Debe ser genial! Tienen un buen tiempo de existir, tengo entendido que los construyeron después de fundada la escuela.
- Veinte años después…
La joven parecía no tener muchos deseos de entablar una conversación. Fabian se percató de ello y optó por guardar silencio.
Al poco rato atravesaron la entrada principal de la institución: una reja de hierro con las iniciales del colegio. Muchas chicas entraban solas, otras se acompañaban de su chofer o un guardaespaldas encargado de sostener el paraguas. No sabía si era su imaginación, pero la menor sintió que todas posaban su mirada en ella y en su acompañante; hablaban en voz baja, señalaban, reían o ponían caras serias. La ojiazul comenzó a sentir un poco de temor e intentó no pensar más en él para que no se acrecentara.
Al fin entraron al edificio, se veían diversos casilleros y muchachas hablando animadamente mientras sacaban sus laptops, carpetas, cuadernos, libros, batas de laboratorio… La silenciosa joven cerró su paraguas y lo colocó en la entrada junto a otros. Luego fue a donde su casillero, siendo ella y Fabian el foco de atención de las estudiantes.
- ¿Por qué todas nos observan? ¿Pasa algo malo?
La ojirroja sacó una computadora portátil y cerró el casillero.
- Doceavo grado… está en el segundo piso. Te llevaré.
Caminaron por un largo pasillo y subieron las escaleras, pero antes de llegar al salón fueron detenidas.
- ¡Eh, Lester! ¡Ya tengo nuestro horario! Esta vez tendremos bastantes horas libres. Conseguí también los horarios de los clubs de deportes y artes, ¿quieres verlos?
Una chica de la misma edad de la desconocida, de cabello castaño y ojos color miel se acercó a ellas. Llevaba una toalla en su mano derecha y unas hojas dobladas en la izquierda. “Así que se llama Lester” pensó Fabian al ver a la joven ojirroja
- ¿Tan pronto?- la amiga de Lester observó a su pequeña acompañante - ¿Entonces terminaste con Ángela? Espera a que se enteren todas…
- No es mi chica – la joven tomó la toalla que le ofrecía su amiga y siguió su camino.
- Lo que digas. La guardé para ti, pero veo que la necesita más tu nueva chica que tú.
- Te veo más tarde.
- ¿Chica? No entiendo a qué se refiere…- Fabian tuvo que andar más rápido para alcanzar a la ojirroja.
Al poco tiempo llegaron a un salón espacioso y limpio, tenía bancas y escritorios muy elegantes y un piso brillante de parquet. Varias estudiantes ya estaban ahí y en cuanto se percataron de la presencia de Lester comenzaron a cuchichear entre ellas y alanzar miradas coquetas.
- Este es el salón de doceavo grado… Buena suerte.- la joven le entregó a Fabian la toalla que llevaba en las manos para que secara su cabello y se retiró con la misma velocidad con la que llegó.
- ¡Espera! ¡No te vayas aún! – la ojiazul vio como su acompañante misteriosa se retiraba. Sonrío levemente, escogió un buen escritorio y comenzó a secarse, no deseaba enfermar cuando apenas iniciaba la escuela.
- ¡¡Dios!! ¿¡Conoces a Lester!?- una chica de su misma edad la abordó. Poseía unos hermosos ojos verdes y su cabello negro y lacio caía sobre sus hombros. - ¿Desde cuándo? ¿Eres su chica?
- ¿Eh? Acabo de conocerla hace menos de una hora. Sólo vinimos juntas, me cubrió de la lluvia y me trajo al salón.
- ¡Lester, Lester, Lester! ¡Daría lo que fuera por estar sólo unos minutos a su lado! Si fuera tú no perdería esta oportunidad.
- No te entiendo.
- Eres de nuevo ingreso, ¿verdad? Supongo que tendré que contarte toda la historia para que entiendas. Por cierto, me llamo Charlotte, ¡mucho gusto!- la chica sonrió y le extendió la mano a Fabian, quien correspondió el saludo de forma amable.
- Yo soy Fabian. Pero no comprendo, ¿por qué Lester es tan especial?
- Querrás decir porqué no habría de ser especial. Es la chica perfecta… Todas la desean.
- ¿Todas? Más bien todos.
- No, todas. Es la joven más popular de la escuela: estudia Arte, habla siete idiomas, sabe tocar tres instrumentos musicales, practica deportes y es súper inteligente; ¡ha ganado todas las competencias a las cuales ha asistido! Escribe hermosamente, pinta y dibuja como toda una artista, ha compuesto varias melodías, modela y esculpe como profesional…- la ojiverde suspiró con un dejo de tristeza- Desde octavo grado e intentado ser popular para acercarme a ella, pero no he tenido mucho éxito que digamos… Es inalcanzable.
- ¿¡Te gusta Lester!?- Fabian le lanzó una mirada de extrañeza a la chica.
- ¿A ti no? Es bastante atractiva… Demasiado diría yo.
- No me gustan las chicas.
La ojiazul pensó un poco antes de decir algo más. Intentó ponerse en el lugar de un chico para juzgar a Lester: el cabello azul marino y lacio de la joven caía libremente sobre sus hombros, con un flequillo que cubría su ojo derecho y la hacía ver bastante misteriosa. Era más alta que ella y tenía un físico envidiable, seguramente obtenido por todo el deporte que hacía. Aquel día iba vestida con tenis y pantalones ajustados de mezclilla negra, una blusa blanca y un chaleco negro también, igual que su corbata.
“Creo que si fuera un chico la encontraría bastante guapa…”
El timbre escolar sonó ruidosamente, interrumpiendo los pensamientos de Fabian e indicando que ya era hora de comenzar las clases.
- Platicaremos más tarde.- Charlotte se sentó dos escritorios detrás de Fabian, quien pasó las siguientes horas intentando averiguar las razones de la ojirroja para ayudarla en la mañana.

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“Al fin, receso…”
Fabian respiró profundamente. Ya era hora del descanso; ¡menos mal! se estaba muriendo de hambre y debía devolver la toalla que Lester le había dado en la mañana.
- ¿Sabes dónde podría estar Lester?- la chica esperó a que el salón estuviera vacío para hablar con Charlotte.
- Seguro que está en la cafetería o en su salón de clases, en el quinto piso.
- ¿Me acompañas?
- Qué más quisiera, pero creo que no podré hacerlo.- Charlotte fingió una sonrisa. – No soy nada popular y si voy contigo no nos permitirán ir a ningún lado. A ti ya te han visto con ella, así que no habrá problema.
- ¡Qué estupidez! ¡No necesitas ser…!
- En esta escuela sí, Fabian. Será mejor que te apresures, ella está en el octavo semestre.
- De acuerdo, ¿en donde te veré?
- Estaré en la biblioteca.
- Bien, intentaré no tardarme mucho.
La ojiazul se despidió y caminó sin saber muy bien a donde dirigirse. Observó un cartel que indicaba los salones, clases y horarios del área de universidad. Después de buscar el semestre al cual pertenecía Lester atravesó un largo pasillo, subió tres pisos y abrió la puerta de un aula, sin embargo cerró los ojos de inmediato al presenciar una escena inesperada: la ojirroja acorralaba a una chica rubia en una de las esquinas del salón. Después de algunas seductoras caricias se besaron durante un buen rato en tanto la rubia abrazaba a su amante mientras ésta escabullía sus manos bajo su ropa, provocando gemidos apenas audibles.
- Mmmm… Lester… - la chica realmente disfrutaba aquello.
- No sabes cómo me gusta que digas mi nombre de esa forma…
- Ah… Lester… ¿Puedo pasar? No quisiera interrumpir nada, pero…- Fabian abrió un poco los ojos y entró tímidamente. La aludida volteó con tranquilidad y la observó fijamente.
- ¿Quién diablos es ella, amor? ”yeme bien, chiquilla, Lester y yo tenemos cosas más importantes que hacer que atenderte; ¡lárgate de una buena vez!
- Yo…- Fabian se sintió bastante avergonzada con aquel regaño, de forma que ya no encontraba que hacer para no arruinar más la situación. – Lo siento…
La ojirroja se alejó de su amante, acomodó su ropa y fue a donde la ojiazul.
- Espero que te haya servido para no resfriarte. – la joven tomó la toalla de las manos de la chica, tomó su mochila y se dispuso a salir sin cambiar en ningún momento su semblante serio. - ¿Qué tal las clases?
- ¡Lester! Aún no terminamos… - la rubia corrió a abrazar a su amante, pero fue rechazada de forma tajante.
- Tengo hambre y quiero ver a Elizabeth, ¿es que no puedo tener un tiempo para mí?
- ¿Me estás diciendo que te agobio?
- Te estoy diciendo que te relajes; podemos seguir con esto más tarde.
-¡Lester!
- ¿Podrías dejar tus caprichos para otra ocasión? Nos vemos luego.- Lester y Fabian caminaron en silencio por el pasillo mientras a sus espaldas escuchaban a la rubia maldiciendo y azotando la puerta del aula. La menor se sentía incómoda, tenía la impresión de haber arruinado por completo aquel encuentro erótico con su presencia.
- Disculpa, llegué en un instante inapropiado. Sólo quería agradecerte, era todo.
- No es para tanto.- la ojirroja suspiró. –Tengo hambre…
- ¿Dónde está la cafetería?
- Abajo. Espero que aún haya pastel, ¿no quieres?
- No, tu novia se molestaría si…
- ¿Novia? Yo no tengo novia.
- ¿Y esa chica?
- ¿Ángela? Ah, pues es eso, mi chica. Creo que es hora de que le dé una rosa.
- ¿Una rosa?
Fabian no comprendía muy bien a Lester, por lo que no dijo nada más. Recordó que Charlotte la esperaba en la biblioteca, así que se disculpó y se fue, no sin antes volver a agradecer. Tardó un poco, pero encontró el dichoso recinto de libros; su amiga se encontraba ahí haciendo una tarea pero en cuanto vio a Fabian fue hacia ella y se dirigieron juntas a comprar algo para comer. La ojiverde estaba ansiosa por saberlo todo, así que escuchó atentamente el relato de la chica con total atención.
- ¿¡Una rosa!? ¿Es en serio? ¡Dios, no puede ser!
- ¿Es algo malo?
- Lester terminará con Ángela.
- ¿Pero por qué? La estaba besando y acariciando, ¡es ilógico que en minutos haya cambiado de opinión respecto a ella! ¿Cuánto llevaban de novias?
- Lester no tiene novias, está con las chicas según su capricho y gusto y cuando se harta de ellas las cambia. Ángela y ella habían durado tres meses juntas… Bueno, supongo que ya está cansada de ella.
- ¡Qué personas tan cruel! Uno no puedo jugar así con los sentimientos de nadie, ¿acaso no lo sabe? No puedo creer que aún con eso todas la pretendan.
- Después de ser su chica el mayor sueño de todas es convertirse en su novia. Que yo sepa nadie ha logrado eso… o casi nadie…
- ¿Casi nadie? ¿A qué te refieres?
- En un momento te lo explico… - las chicas llegaron a la cafetería, la cual estaba repleta de chicas conversando animadamente. Charlotte se acercó a Fabian y bajó la voz.- No se te ocurra dirigirles la palabra ni mirarlas de ninguna forma; algunas son bastante agresivas o tienen delirios de persecución y buscan pelea con cualquiera. Nunca se te ocurra sentarte en la mesa del centro, aquella que tiene un arreglo de rosas, esa es la mesa de populares.
- ¿¡Qué!? ¿¡Lo dices en serio!?
- Sólo Lester y unas cuantas chicas más pueden sentarse ahí… Si te atreves a acercarte demasiado podrías resultar lastimada, créeme.
Las chicas se sentaron en una mesa cercana a la salida, Fabian estaba a punto de decir algo cuando Charlotte la interrumpió.
- ¿Ves a la chica de cabello castaño que está sentada ahí?
- ¿La única que está sentada en la “mesa de populares”? Es compañera de Lester, ¿no? La vi en la mañana.
- Así es, ella es Elizabeth, es la mejor amiga de Lester. Algunas dicen que es la novia de Lester, porque la defiende de la manera más celosa que te puedas imaginar: en raras ocasiones la deja sola y no permite que nadie se acerque a ella, ni siquiera sus chicas. El año pasado una alumna de Economía intentó pretenderla y…
- ¿Y qué?
- Lester la golpeó y le rompió el tabique nasal… - Charlotte sonrió un poco – Se veía bastante graciosa con el rostro hinchado…
- Elizabeth debe estar más loca que Lester al permitir ese tipo de cosas.
- ¡No digas eso! Hacen una pareja preciosa.
- Eso no les quita lo dementes…
Lester entró a la cafetería con bastante serenidad y se sentó al lado de Elizabeth, con quien conversó de forma bastante animada.
- ¿No son lindas? ¡Mira cómo sonríe Lester cuando está con ella!
- En vez de ver lo que hacen esas dos opino que vayamos a comprar algo, me muero de hambre.
Fabian y compañía se levantaron para ir a comprar algo cuando Ángela entró a toda prisa al lugar y se acercó a Lester para abrazarla y exigir una explicación sobre lo ocurrido. Se hizo un silencio sepulcral al tiempo que todas las chicas miraban a la expectativa aquella escena: interrumpir a Lester mientras estaba con Elizabeth podía desembocar en desastrosas consecuencias. La ojirroja hizo a un lado a la rubia para proteger a su mejor amiga y negó con la cabeza.
- ¿Cuántas veces te he dicho que no me interrumpas cuando estoy con…?
- Amor, necesitamos hablar; entiendo que nuestra relación se enfrió un poco debido a que no nos vimos en vacaciones, pero creo que…
- ¿Podrías dejarme en paz? No quiero tener una escena aquí.
- ¡Pero Lester! No vale la pena que sigas molesta por una tontería que podemos...
La joven tomó una rosa blanca del florero de la mesa y se la ofreció con calma a Ángela, quien se quedó sin palabras y comenzó a llorar copiosamente.
- Tengo cosas más importantes que atender, Ángela, ¿por qué no te largas de una buena vez?- la voz de la ojirroja era más fría que el hielo mismo.
- ¡No, Lester! ¡No puedes hacerme esto! ¡No lo comprendo! ¿¡Qué fue lo que sucedió!?
- Ya te dije que tengo cosas más importantes que atender… Retírate por favor.
- ¡TE ODIO! ¡TE LO DÍ TODO! ¡TODO! ¿¡Y NI SIQUIERA POR ESO PUEDES EXPLICARME EL PORQU… DE ESTA ACCI”N!?
Lester la ignoró por completo y desvió la mirada. Ángela siguió llorando y salió de aquel lugar a toda prisa mientras las demás alumnas tenían la mirada puesta en la ojirroja, quien de forma muy desinteresada siguió hablando con Elizabeth como si nada hubiera sucedido.
- ¡Es demasiado cruel! No puedo creer que la haya herido de esa manera. – Fabian no podía concebir el hecho de que alguien pudiera humillar así a una persona.- Están locas, ¿cómo pueden encontrarla tan atractiva’
- ¡Oye! Esa forma tan única de ser le agrega muchísimo más interés; ahora será muy difícil que alguien pueda tomar el lugar de Ángela… Tendría que ser muy popular y talentosa.
- Eso no tiene sentido.
Charlotte y su amiga prosiguieron su camino hacia el mostrador cuando ésta última sintió que la observaban fijamente. Volteó un poco y se percató de quien era la culpable: Lester la miraba con una leve sonrisa burlona dibujada en sus labios. La chica intentó ignorarla, pero cuando lo hizo la joven se levantó de su lugar y se dirigió hacia ella con bastante decisión, algo que aterró por completo a Fabian, quien apresuró el paso para evitar que se acercara más, sin embargo fue inútil: Lester la alcanzó y la tomó de la mano mientras reducía la distancia entre ellas. Todas las chicas de la cafetería estaban atónitas, ¿¡Lester seduciría a una chica de nuevo ingreso, sin ningún atractivo especial!? ¿Qué tendría ella que no tenía Ángela o alguna de las otras jóvenes populares de la institución?
- No intentes esconderte de mí porque no lo lograrás. – La voz de la ojirroja era bastante sensual y atrevida. – Fabian, ¿verdad? Dime, ¿estarás libre esta tarde?
- ¡Hazte a un lado! – la ojiazul intentó alejar a su acosadora de ella, pero no tuvo éxito. – Fuiste demasiado cruel con esa chica, si ibas a rechazarla lo hubieras hecho en privado y no en frente de toda la escuela. La hiciste llorar y la heriste.
- Eres tan tierna… Pero no conoces la relación que tuve con ella, así que no puedes opinar nada. Quisiera conocerte mejor, deberíamos salir y…
- Las chicas no me gustan y aún si así fuera no saldría contigo, eres bastante egoísta y desinteresada por la gente que te estima.
- Eres muy ingenua, así que es lógico que hayas creído el cuento de Ángela…- Lester acarició el rostro de Fabian y se acercó poco a poco a sus labios. – Ingenua y encantadora…
- ¡No te atrevas…!
La menor intentó impedir aquello, pero su acosadora la abrazó tan fuertemente que no pudo siquiera moverse un centímetro. La ojirroja besaba deliciosamente (o al menos eso pensó Fabian, después de todo se trataba de su primer beso): sus labios tenían un exquisito sabor, idéntico al de la vainilla, su lengua era bastante hábil en el placentero arte de recorrer con pasión cada rincón de su boca y, aunado a ello, en ocasiones se atrevía a morder un poco su labio inferior. La menor intentó seguirle el paso a Lester, pero ésta última era bastante rápida y hábil lo cual dificultaba bastante su propósito, no obstante parece ser que la joven se percató de la inexperiencia de su acosada, por lo que la guió con más calma para que las dos pudieran disfrutar de una experiencia inigualable.
Fue una sensación muy extraña: una parte de Fabian deseaba seguir con todo eso, pero otra le decía que aquello era incorrecto y debía detenerse cuanto antes… Decidió hacerle caso a este último mensaje, así que empujó a Lester y respiró agitadamente mientras se ruborizaba por lo ocurrido.
- ¿¡Por qué hiciste eso!?
- Porque eres tierna… Pero más que eso, eres extremadamente deseable y encantadora.
Fabian se quitó de encima a la joven y salió corriendo de aquel lugar; no sólo se sentía estúpida por haber creído alguna vez que Lester era una buena persona sino que también estaba sumamente avergonzada por haber sido exhibida en frente de toda la escuela de aquella manera tan desinhibida. Antes de poder seguir su camino sintió que alguien la detenía poniendo su mano sobre su hombro; era Charlotte.
- No creí que Lester te quisiera como su chica, pero después de eso… No hay ninguna duda.
- ¡La odio, no tenía por qué hacer esto!- los ojos de Fabian se humedecieron al imaginar que sería el tema de conversación favorito de la institución. - ¿Qué voy a hacer? ¡No puedo librarme de ella tan fácilmente!
- No conozco a nadie que alguna vez haya deseado rechazarla, pero tal vez si la ignoras terminará por desistir…
El estruendo de un fuerte relámpago sacudió los vidrios y ventanas de la institución; a los pocos segundos comenzó una fuerte lluvia que prometía durar todo el día.
- Te hará la vida imposible, pero despreocúpate; no permitiré que estés sola en esto. Si yo te acompaño tal vez será menos probable que intente algo… Confía en mí.
Fabian observó a la ojiverde y sonrió levemente. Por lo menos tenía alguien en quien apoyarse.

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- Eres una idiota, ¡sólo le vas a causar problemas! Pudiste haber sido un poco más discreta.
Hora libre del grupo de 8º semestre de Arte. Lester y Elizabeth hablaban bajo las gradas del gimnasio escolar. No había nadie más, así que era el lugar perfecto para conversar cosas que otras chicas no debían saber… ni ver. La ojirroja estaba recostada sobre el regazo de su mejor amiga mientras ésta acariciaba con suavidad su cabello.
- No sé bien qué pretendes acosando a esa chica, pero lo que sí sé es que le causarás varios problemas. Además no debiste exhibir a Ángela en frente de toda la escuela.
- No podía soportarla más, odio que se enamoren y comiencen a llamarme con motes cariñosos y cursis… Ya habíamos estado demasiado tiempo juntas, ¡me estaba hartando!
- Pudiste ser más discreta.
- Que se vaya al demonio.
Elizabeth negó con la cabeza al tiempo que sonreía levemente.
- Y sobre esa chiquilla…
- Que se vaya acostumbrando; me gusta y la voy a tener. ¿Qué opinas?
- Pues además de ser un poco atractiva no lo veo más detalles interesantes. No la elegiste como a tus chicas anteriores.
- A veces es bueno cambiar un poco la rutina.
- Si tú lo dices…En fin, será mejor que te levantes y me dejes ir.
- ¿A dónde?
- Debo sacar algunos libros para la investigación que nos dejaron.
Lester se incorporó y observó a Li tomando sus pertenencias para irse mientras mordía un poco su pulgar izquierdo.
- ¿Estarás libre esta tarde?
- ¿Me invitarás a salir? ¡Me encantaría!
- Jajaja, no… Para estudiar juntas y para que me cuentes qué tal estuvieron tus vacaciones.
- Por supuesto. ¿A la hora habitual?
- Ya sabes que sí…
- Perfecto. – Elizabeth besó con ternura la frente de su amiga y acarició su mejilla antes de irse a la biblioteca, dejando sola a Lester, quien pensaba en lo ocurrido aquella mañana. Hacía mucho que no veía a una chica como Fabian; meses o mejor dicho años. La ojiazul era demasiado linda: aquel día vestía con unos jeans blancos y una blusa rosa con una chamarra ligera del mismo color que provocaba que la ojirroja deseara deslizar sus manos debajo de aquellas prendas para disfrutar de esa piel tan suave. Su cabello, un poco ondulado, llegaba un poco por debajo de sus hombros y sus labios… Madre mía, sus labios le habían fascinado; eran los más suaves que había probado en su vida y tenían un sabor único, parecido al de las frambuesas, que la dejaba con ganas de probar más. Sin embargo lo que más le había gustado de Fabian es que no se le había ofrecido de inmediato como otras chicas.
“Va a ser muy difícil, pero eso me tiene sin cuidado: yo siempre obtengo lo que deseo. Vale la pena; al final de cuentas lo único que quiero es…”
Lester rió un poco mientras reparaba en lo último que había pensado y cerró los ojos al tiempo que respiraba profundamente.

Fin del cap. I.

Notas finales del capítulo:
[Backstage] Lester- kyaaaa, este capítulo fue muy divertido!!! n__n!! Elizabeth- Sip, sip, he de admitir que fue un buen comienzo. n___n Lester- me encantó la parte donde aparezco como la chica misteriosa q cubre a fabian de la lluvia… =D me veo taaaaan sexy…. Elizabeth- sólo de imaginarte empapada bajo la lluvia, con la ropa pegada al cuerpo y transparentando todo… (Li fantaseando) o____O >O< *¬* Lester- … esperando a que alguien me quite esas prendas mojadas y me cubra con su calor… (lester no fantaseando, pensando en lo verdaderamente incómodo q sería estar así) Elizabeth- (fantasía elevada a la infinitesimal potencia por las palabras de Lester) GYAAAA, LESTER HAZME TODA TUYAAAA!!! >O< Lester- eh??? o_o?????? Elizabeth- Uo__o ejem, ejem… u_u Olvídalo…. [Backstage End] Ehm... espero les haya gustado..

Como dato adicional, tomé los nombres de Lester y Fabian del libro de Lolita de Nabokov e_e genial libro!!! Grax por leer u.u

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