Es mío
Por: O.D
I – Es mío… ¿cierto?
Su novio lo había llamado a altas horas de la noche, mientras la torrencial lluvia asediaba a la ciudad y ningún ser humano medianamente cuerdo llamaría a aquellas horas para hacerlo salir de su confortante cama cálida al frío nocturno. Las gotas se estrellaban en el vidrio de su automóvil con vehemencia, mientras el cielo parecía romperse en dos en cualquier momento. Bufó enojado, pero aún más la palabra ‘mamón’ resaltaba en su mente como un cántico demencial por hacerle caso a su loco novio, ¿quién en su sano juicio saldría a las dos de la madrugada cuando todo parecía oscuro y tenebroso? Ahh sí, la voz entre nerviosa y ansiosa de su lindo y tierno novio —lo más lindo que pueden ser aquellos orbes aguamarina y torcidos labios iracundos—.
—Estúpido Gaara —maldecía una vez más. Se estacionó lo más cercano que podía de la acera, bajó del vehículo que le proporcionaba un poco de seguridad para posarse sobre la fría lluvia que le congelaba la piel, caminó a pasos raudos hasta la entrada del edificio donde habitaba el Sabaku; las puertas rechinaron al pasar y el conserje lo miró casi como si estuviese loco, presionó el botón del ascensor con desdén mientras trataba de no sentir más escalofríos de los que ya tenía, una vez llegado al dichoso piso tocó el timbre con bastante cólera.
—¿Sasuke? —la misma voz entre nerviosa y ansiosa indagó a la persona que estaba tras de la puerta, por unos instantes el razonamiento que su loco suegro había llamado a Gaara para decirle quizás qué cosa, pero basto sólo abrir la puerta para darse cuenta de la magnitud del dilema.
—¿De dónde demonios sacaste eso? —cuestionó inmediatamente sin siquiera entrar a la casa… sólo… sólo miraba a Gaara.
—Lo encontré en la calle —respondía algo escéptico.
—¿No te han enseñado a no recoger cosas en la calle? —una vez dentro el Uchiha aún no salía de la estupefacción, quizás se debía a que su novio traía consigo algo que no era habitual.
—Pero… ¿está lindo, no? —más que afirmación parecía duda.
—Devuelve esa cosa —aseveró rotundamente. Negó con la cabeza una vez más y tendió su chaqueta en el perchero para evitar mojarse aún más.
—Pero es mío… ¿cierto? —aquella cosa pareció despertarse y un chillido bastante insoportable para ambos reverberó en la estancia — Además, no es complicado, sólo hay que darle de comer y tenerlo allí para que duerma —contestó como si aquello fuese la ley general de la vida. Sasuke bufó aún más enojado y miró con desdén a aquella masa extraña.
—¿Sabes que es un bebé, cierto? Chillará todas las noches y además, ¿para qué demonios quieres uno? —intervino de mala gana, si algo sabía el Uchiha era que su Gaara carecía de cualquier instinto maternal, paternal, incluso de amistad y tener un bebé era claramente una odisea no sólo para el pelirrojo, sino para él mismo.
—Pero yo lo quiero —era evidente, se había encaprichado con él sin siquiera tenerlo unas horas.
—Gaara, por amor a la vida, ¿qué demonios haremos con un bebé los dos? No quiero cambiar pañales.
—Yo lo haré.
—No le daré comida.
—Puedo hacerme cargo de eso.
—No quiero despertarme a la mitad de la noche para callarlo.
—Ni siquiera vives aquí —discutió el menor con algo de enojo —… ya no quieres a nuestro bebé.
Sasuke nuevamente miró a esa masa amorfa y blanca para luego posar sus obsidianas en el pelirrojo.
—¿De verdad lo quieres? —volvía a cuestionar y es que era para no creerlo. ¿Quién en su sano juicio pensaría que Gaara le diera por ser padre?
—Sí… es… ¿cómo decirlo? Asquerosamente tierno, aunque lo asqueroso es de verdad, huele horrible.
Si existía un Dios por allí impediría que su loco novio homicida nunca tuviera un infante en sus manos, pero al parecer ni Dios existía y aquel crío pasaría la peor infancia de su vida.
—¿Puedo? —murmuró algo ansioso aquella pregunta “Ni que fuera un perro” quiso rebatirle, pero ya no estaba para más discusiones, sólo quería irse a la cama de su novio y dormir arrullado un poco más.
—Bien, mañana hablaremos mejor. Vamos a dormir.
—¿Escuchaste bola pútrida? Uchiha nos dio permiso para estar juntos.
Y le diría a su loco novio que bola pútrida no era un buen nombre para un niño.