Twins
1. Me han ganado
Bufó descontentó mientras sus pies se deslizaban sobre el asfalto de su escuela, podía escuchar los gritos que reverberaban por las silenciosas paredes del último piso camino a la azotea, tenía la impresión de que los había perdido pero nunca sabía con certeza si estaba en lo cierto cuando se trataban de los gemelos Uzumaki; ojeó a ambos lados antes de subir las escalinatas con sutileza evitando cualquier tipo de ruido que lo delatara y para cuando abrió la chirriante puerta sintió la brisa matutina golpear su níveo y demacrado rostro.
¿Ya habían pasado siete años?
Se había vuelto a esconder en la azotea del colegio y nuevamente era culpa de ellos, no sabía qué demonios habían visto ambos en él para que lo persiguieran con tanto ahínco, pero lo único que anhelaba era —sin duda alguna— poder estar en paz recostado en el piso admirando el cielo en pleno esplendor con un singular color zafiro —que le recordaba a alguien— y de revoltosas nubes; era imposible olvidarlos. Todo lo que Uchiha Sasuke veía en ése momento rememoraba el caos anterior de cuadernos volando, lápices en la cabeza del contrario y miradas ponzoñosas mientras él rehuía de aquel lugar con tanta algarabía y hormonas para ir a descansar a cualquier parte donde no lo encontraran, o en donde el silencio era su singular compañía y la soledad su fiel novia; no es que nunca hubiera soportado a sus fans, pero ellos sencillamente lo volvían demente, uno más loco que el otro en una interminable secuela de perdición... y realmente Sasuke se cuestionaba ¿qué demonios le vieron? ¿qué carajos había hecho él para merecer tantas penurias a lo largo de los años?
—¡Aquí estás! —el gritó al unisón sólo logró atizar aún más la pelea visual que tenían con el contrario logrando que el mayor suspirada con un inusitado cansancio físico y emocional.
—Sólo... sólo denme cinco minutos de descanso —oficialmente estaba macilento. No era cosa de hoy, o de hace una semana, eran siete años en su espalda acarreando fútiles discusiones en las cuales se enfrascaban ambos, le importaría menos que un ácaro si no conociera aquellos chicos, pero lo hacía, ¿Cómo olvidar con aquello que creces? Los gemelos Uzumaki prácticamente eran de su familia, y él de la de ellos, se conocían desde que ellos nacieron cuando el Uchiha tenía ya dos meses de nacido, compartieron juguetes, recorrían la plaza privada de su residencia y le gastaban bromas a los guardias que tenían que cuidarlos cuando sus madres estaban hablando. Kushina era una mujer encantadora —a vista de Sasuke— algo impulsiva y desquiciante a veces, pero jodidamente amable como su madre y aquel era el principal motivo por el cual los tres se conocían. A la impúber edad de ocho años ambos —in premeditación alguna— discutieron por él, al principio insulsamente creyó que sería aquellas típicas discusiones de quién se quedaba con él, una posesión única —¡¿De dónde demonios sacarían dos Sasuke?! —, partió como algo infantil, a los doce se desarrolló aquella malsana obsesión y ahora con quince era un enamoramiento inhóspito e infinito, y siquiera sabía con veracidad si no era un capricho partiendo por el hecho de que eran hombres y a él —supuestamente—le gustaban las mujeres.
A su mente vinieron razonamientos posteriores, ¿qué tenía él que pudiera cautivarlos? Vamos, que él podía ser bastardo, altanero, inteligente, calculador pero muy por sobre todo: Insensible, y era por eso que el mayor se cuestionaba que, evidentemente, si él conocía sus defectos ellos también; habían intentado parlar, discutir, agarrarse a golpes pero nada resultaba, lo único que conseguía era una seguidilla de bataholas infantiles que lo desquiciaban: No había caso, se habían enamorado de la manera más absurda de Uchiha Sasuke y para su caso, era atroz.
—Está bien —aceptó el mayor de ambos Uzumaki, él reconocía que estarlo persiguiendo por todo el colegio para que escogiera a uno era estúpido, siquiera habían tenido una cita, realmente no sabía cómo se había iniciado todo aquello pero ahora, por mucho que intentara olvidar a aquel pelinegro que se sentó pausadamente en la reja, no podía. Había intentado salir con chicas y chicos pero la comparación era inevitable: nadie lo conocía como lo hacía él. Sasuke sabía que no le gustaba el helado, sino los dangos, que prefería ir al museo antes que al parque de diversiones y que adoraba las películas de terror por sobre toda las cosas, pero si fueran cosas tan triviales como aquellas no estarían en aquel dilema emocional, lo que más le encantaba del Uchiha era aquella pose taciturna que ponía cuando estaba sereno, la facilidad en tomar decisiones y el poderío que emanaba con sólo mirar, si le preguntaran a Minato una manera de definir a Sasuke en una palabra sería hedonista, no importaba lo que hiciera: comiera, tomara un lápiz, frunciera el ceño, les gritara, les diera golpes, incluso los dejara tirados en medio de una carretera o no quisiera abrirles la puerta de su dormitorio... todo lo que hacía para sus ojos era sencillamente más atrayente, orgásmico y embriagante de lo que podía soportar; con sólo hablar sentía cimbrar su corazón de una manera única.
—P-pero —admiró a su hermano de reojo antes que inflara sus mejillas en una clara muestra infantil. Sí, quería mucho a Naruto pero también amaba a Sasuke ¡y no se lo dejaría! Era ridículo y lo sabía, hasta había intentado enamorarse del hermano mayor de Sasuke —Itachi— pero eran demasiado diferentes para su gusto, cuando avergonzaba al mayor no era lo mismo, no sentía como si su meta se concretara al ver teñidas aquellos pómulos de un tierno carmesí. Sonrió tranquilamente sin la intención de armar una pelea innecesaria, se sentó al costado del de obsidianas admirando el cielo con él sin producir ruido, el calor que emanaba el cuerpo de Sasuke lo enajenaba y cautivaba como ninguna persona lo había hecho, Naruto hizo lo propio al costado contrario y esperó hasta que el Uchiha decidiera comenzar a hablar.
—¿Es que no se cansan? —bisbisó abrumado por la vehemencia de sus actos. Tenían quince años, podían enamorarse de otra persona, siquiera sabía si había pretensión o egoísmo en sus sentimientos.
—Sí —contestó el rubio mayor —, pero no me molesta perseguirte hasta que nos des una respuesta —su voz era tranquila y insondable, no como la de su hermano que era demasiado chillona incluso para su propio gusto.
—No sé qué dirá Kushina-san cuando se entere que hacen éstas estupideces, o peor, que les gusta un hombre —espetó enervado por todo aquello. Naruto sonrió con aquella sorna conocida por ambos.
—Oka-san ya sabe y nos dijo bien claro: “Sólo espero que no partan en dos a Sasuke-kun, es un niño muy bueno” —citó el de marcas para luego carcajearse ante su imitación. Su hermano sonrió de medio lado y de reojo vio como su enamorado se sonrosaba levemente antes de suspirar. Siete años habían pasado ya y tenía que tomar una decisión.
—Ni siquiera sé si me gustan los chicos. No he podido salir con nadie —sus orbes ébanos se afilaron aún más ya que cada vez que por alguna extraña razón encontraba semi-atractiva a una chica —con la cual se quería emparejar— salían ambos espantándola como si demonios fuesen. El menor de los hermanos Uchiha suspiró, ellos lo superaban en fuerza y resistencia, siente largos años aguantando todo aquello era de locos y ahora último parecía empeorar con las hormonas revueltas de ambos, Sasuke no se había planteado la locura que estaba atravesando hasta ahora, por un lado tenía a Naruto Uzumaki —el menor de los hermanos— con su inigualable sonrisa y soberana estupidez, con aquellos ojos soñadores y a la vez dormilones y aquella desquiciante personalidad, mientras que por otro lado tenía a —... Minato —llamó el Uchiha —, Naruto: Ustedes ganan.
Uzumaki Minato, ambos dos gotas de agua con mínimas facciones diferentes. Minato poseía orbes algo más alargados y cultos que su hermano, sacaba mejores notas y en un claro gesto de identificación se dejó crecer las patillas dándole un toque más juvenil del que creía posible, aunque Naruto —producto de su idiotez— se hizo aquellas marcas en las mejillas pero los prefería así, diferentes, por lo menos aquello lo hacía creer que no tenía un grado de perversión al tener a dos personas iguales que lo perseguían.
Era una locura.
Naruto chilló emocionado y Minato le sonrió con tranquilidad, no sabía en qué se había metido pero aquellos malditos gemelos lo volverían loco si no hacía algo, similares por fuera, distintos por dentro.
—¡Ahora verás Mina-chan, Sasuke-teme me escogerá ‘ttebayo! —exclamaba con claro brillo competitivo. El Naruto que él conocía —cuando eran mocosos— gustaba jugar, hacer trastadas y molestarlo pero ahora lo único que quería era hacerle ‘otro’ tipo de cosas que incluían una cama y aquellos juguetes que le regalaba Ero-sennin, el padrino del rubio. Minato, muy por el contrario, siempre fue amable con él y ‘jugaban’ o iban a hacer cosas más centradas, poseían similares gustos y no se comportaba tan efusivo como Naruto, pero no tenía tapujos en decir lo que quería o sentía, pero cuando ambos se enojaban... Dios cuidara de él.
Se dejó arrastrar por ambos hacia la salida antes de pedir paciencia, aunque sea un poco más antes que pensase en colocar a los gemelos Uzumaki en su lista de venganzas.
—Tendremos una cita —ideó Minato sonriéndole a ambos —, aunque no sé quién sea el primero —razonó posteriormente —... aunque podemos ir los tres —resolvió de manera inmediata para no ocasionar más discusiones, se podía apreciar el mal humor de Sasuke de manera tan fuerte que lo inquietaba, no debía sobrepasar su poca cordura o sino, lo dicho anteriormente, perdería fidelidad.
Sasuke miró a ambos antes de asentir, removerse soezmente para que lo soltaran y caminar en dirección a su salón del cual había escapado minutos antes debido al alboroto que hicieron ambos cuando se enteraron de que Yamanaka era su compañera de proyectos en el cual debían trabajar durante una semana juntos, que por suerte, no los tenía a ellos como compañeros de esa materia o sino los gritos de “¡Yo quiero a Sasuke!” definitivamente haría que se tirara a un río, o por un puente, lo que apareciera primero.
—Ustedes verán dónde quieren ir —y sin más preludio desapareció dejando un denso ambiente entre ambos hermanos. Naruto miró a Minato unos segundos antes de emprender camino a su clase de Biología molecular con su gemelo. No dijeron palabra alguna, sea cual esta sea, sólo acarrearía respuestas indeseadas y lo único que colapsaba hasta ahora los sentidos y pensamientos de ambos chicos era aquel muchacho que los había dejado claramente enojado, pero con una oportunidad abierta.
—“No me gusta eso” —pensó el mayor incómodo —“... pero no dejaré a Sasuke con Naruto”.
