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Los versos malditos

Autor: LinaInverse87

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Notas del fanfic:

KOF y todos sus personajes son propiedad de SNK ^^

"Maldito sea tu rostro,
malditas sean tus palabras,
malditos sean tus labios;
con ellos me envenenaste
el alma y el corazón."

Unos cabellos castaños mecidos por el suave viento, unos ojos marrones que refulgían como el mismo Sol, unos labios desafiantes, envenenados, peor que también sabían ser dulces y suaves, un cuerpo joven, lleno de vida, moldeado por duros años de entrenamiento para tu lucha final conmigo... Piezas que encajan formando el apolíneo puzzle de tu ser: Kyo Kusanagi.

"Maldito sea el Sol
que cegó mis ojos
y calentó mi corazón.
Maldito sea tu canto de sirena,
que llenó mis oídos
y mi alma embaucó."

No recuerdo cuándo llegué al punto en que tu presencia me era tan necesaria como el aire que respiro. Te provocaba tan sólo para oír mi nombre de tus labios, peleaba contigo como excusa para rozar tu piel, te perdonaba la vida para verte de nuevo con la excusa de herir tu orgullo en lo más profundo. Escudos, excusas y mentiras. El guión de un teatrillo a medio escribir y del que no podía vislumbrar el final, dólo un encuentro tras otro, un laberinto circular que no me cansaba de recorrer una y otra vez, del que no quería escapar pero en el que sí quería adentrarme en un pasadizo aún más profundo, deseaba sin darme cuenta adentrarme dentro de ti.

"Maldita sea tu dulce prisión carnal,
donde me diste el amor que me fue
siempre negado.
Malditas sean tus dulces caricias,
con las que ataste mi alma a tu lado."

No tardaste demasiado en cansarte de tu eterno papel de héroe asediado por la purpúrea oscuridad. Decidiste que querías tomar las riendas de tu propio destino. Decidiste que no querías volver a enfrentarte a mi sino era dentro de un torneo. Adiós y buena suerte. Pero por qué, ¿por qué demonios tenía que ser yo solamente quien sintiera la falta del otro? ¿Por qué nuestro destino ha de ser el de nuestros astros símbolos? Tú eres el Sol: radiante, hermoso, cálido, deslumbras con tu sonrisa. Yo soy la Luna: dueña de las tinieblas, fría, hermosa para los solitarios, mi sonrisa sólo trae miedo. La desesperación se apoderó de mi y salí a buscarte por toda la ciudad. Recorrí centenares de calles sin resultado hasta que al fin te encontré. Estabas con tu prometida, esa Yuki Kushinada.

"Maldita sea tu sonrisa,
que con ella a todos nos engañas.
Maldita sea la llave de tu corazón,
que no quiere ser encontrada.
Maldita sea tu alma de héroe
intentando que la gente no sufra por nada."

La vista de aquella escena había hipnotizado mi mente y poco a poco iba destruyendo mi corazón. Ambos sentados en un banco, charlando. Ella está feliz y tu le sonríes. Se acerca poco a poco a ti, busca tus labios. La tristeza quería desatarse en un torrente de lágrimas pero me resistí. Ella se aproxima más y más pero finalmente vuelves el rostro con expresión triste. No sé si ella se quedó más sorprendida que yo ante el rechazo. Parece preocupada por ti, tu niegas con la cabeza, dices algo, se levanta del banco, te grita, contestas, te da una bofetada y se va. Me quedé atónito ante semejante escena. ¿La pareja del año discutiendo? Aquello parecía una señal apocalíptica. Tú simplemente te quedaste sentado en el banco, mirando el claro cielo de la tarde. Ignoro cuánto tiempo me quedé embobado mirándote pero cuando te levantaste y caminabas recto hacia mí me invadió un temor extraño, un sudor frío inexplicable, como un espía apunto de ser descubierto, pero si no te hubieras chocado contra mí en tu ciego caminar, dudo mucho que hubieras advertido ni la presencia del mismoOrochi.

"Malditas sean tus lágrimas,
con ellas rendiste a ti mi voluntad.
Malditos sean aquellos momentos
que contigo decidí pasar."

Te vi triste pero no roto, más bien desencantado de todo. Tu reacción al verme me dejó frío. Un vago "Yagami, hoy no tengo ganas de pelear, así que si te place mátame aquí mismo" salió de tus labios. Quise darle un puñetazo para intentarlo despertar, pero opté por otra vía más pacífica, lo invité a venir a mi apartamento para charlar un rato: No era el mismo Kyo de siempre y quería saber por qué. Simplemente asentiste y me seguiste. Demonios, parecías abatido, pasabas de todo y la expresión de tu cara no precisamente halagüeña.

"Malditas sean tus promesas,
frágiles como el cristal.
Malditos sean esos "Te quiero"
que no olvidaré jamás."


En mi apartamento te planté un Jack Daniels con hielo y te pregunté que era lo que te ocurría. Miraste el vaso y suspiraste quedamente antes de hablar. Decías que estabas hastiado de la vida, de la rutina, de que todo el mundo te dijera qué debías hacer por mucho que lucharas contra ello y que incluso algunas veces esperabas verme aparecer por una esquina, te retara a muerte y finalmente te arrebatara la vida. Ciertamente, no podía creerlo. El resplandor de tus ojos y la calidez de tu sonrisa se habían apagado. Irradiabas frío, como un niño que está triste cuando ha perdido a su mejor amigo. Cuando quise darme cuenta te estaba abrazando contra mi pecho mientras tú llorabas. Entre sollozos pedías que te diera muerte, que no lo aguantabas más, pero yo no podía. No podía sacar del mundo terreno a quien ocupaba mis pensamientos ya no por obsesión, sino por algo más profundo: amor. Me había enamorado de mi peor enemigo sin darme cuenta, pero ya no me importaba. Verlo en ese estado me quebraba el alma. Levanté suavemente el mentón del castaño para poder mirarle a los ojos. "Kyo, yo ya no quiero tomar tu vida." Fueron las palabras que afloraron de mis labios, antes de unirlos a los tuyos.

"Te maldigo y te maldigo,
una y mil veces lo haré."


Te quedaste muy parado unos instantes pero no tardaste mucho en corresponder mi beso. Te movías con timidez, tan dulce y adictivo. Nuestros labios se separaron y volvimos a abrazarnos. Ya no llorabas pero no quería soltarte, temía que fueras a quebrarte como un fino cristal, así que esperé hasta que tú decidieras moverte. Dejaste mis brazos para beberte de trago el Jack Daniels y te quedaste mirándome , como pensando qué decir. Tras un buen rato preguntaste si te podías quedar conmigo un tiempo y yo acepté. Estaba sorprendido, MUY sorprendido.

"Maldigo nuestros amaneceres,
donde en tus ojos vi el Sol.
Maldigo nuestras noches,
donde me arropaste
con tu amor."

El tiempo fue pasando y poco a poco recuperaste tu espíritu y alegría a la vez que yo me gané tu corazón. En tu anterior entorno no podías ser tú mismo, siempre teniendo que responder a las expectativas de los demás. Yo te ofrecí libertad, una vida en la que de ti no se esperaba nada más que estar vivo. Tantos besos, tantas noches de pasión sin freno, tantas sonrisas, tantas promesas a la eternidad que terminaron en un mar de lágrimas. Llevábamos tres meses juntos cuando la realidad que me ocultabas terminó estallando delante de mí.

"Maldigo tu cobardía
por no querer hablar.
Maldigo tu cobardía
al querer dejarme sin saber."


De repente empezaste a escupir sangre, quise llevarte al hospital pero no querías, que en cuanto pasara el dolor, me explicarías. Cuando estuviste más calmado me contaste que, así como el poder deOrochi puede consumir a sus poseedores, aunque era poco frecuente, con el poder de los Kusanagi podía suceder lo mismo. No me lo podía creer. No quería creerlo. Una vez más nuestro pasado se antepuso a nuestro presente. Te disculpaste por haberme hecho promesas sabiendo que no las podrías cumplir pero que no querías hacerme daño, esperabas poder esconderlo hasta el final. Te abracé, no pude hacer más que abrazarte entre lágrimas. No quería perderte ahora que éramos felices, pero no había manera de detener aquello.Consultamos a tu padre, a Kagura, a mucha gente, pero nadie tenía una solución.

"Maldita sea la Luna,
símbolo bajo el que nací.

Maldito sea el Sol,
que te está apartando de mí."

Tu estado fue empeorando hasta que quedaste postrado en una cama, mirándote dormir con la duda de si al día siguiente volverías a abrir tus ojos. Ahora no sólo eran las hemorragias, sino también un intenso dolor que te atormentaba. No podía soportar el verte así, hubiera dado mi vida si con ello hubiera logrado salvarte. Hubo un día en el que ya no despertaste, el día en que el Sol te apartó de mí para siempre. Desde entonces ya no veo amaneceres, pues toda la luz que mis ojos veían, procedía de ti.

"Maldito sea mi corazón
por haberte amado.
Ahora sólo queda
angustia y dolor por lo pasado,
un doloroso vacío,
un espíritu desgarrado."

FIN

Notas finales:

Espero que os haya gustado. Sugerencias, críticas, regalos y amenazas los dejáis por aquí. Gracias mil por leer ^^

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