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Dark Horse por LaMueRtHeSitHa

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Notas del fanfic:

Éste es mi primer fanfic, espero que les agrade ^^

 

Ésta idea surgió tras ver el video “Dark Horse” de Katy Perry. Aunque no todo, pero fue lo que desencadeno todo.

 

Los personajes pertenecen a Kishimoto.

Dark Horse


 


“Entre dunas me encontraras”


Por LaMueRtHeSitHa


 


 


 


 


 


Naruto se encontraba viendo la ventana, desde hacía mucho rato, aunque no había nada que ver. Y es que realmente no había absolutamente nada más que dunas. Sentía que nunca llegarían. Sin ningún tipo de referencia, cada minuto que avanzaban sentía como si fueran dos. Que en lugar de ir en línea recta iban sólo en círculos.


Las grandes dunas hacían el viaje al palacio del faraón más tardado. Alejado por mucho del poblado más cercano por seguridad. Incluso barcos tenían prohíbo pasar por el caudaloso río que pasaba por los terrenos.


Naruto se quitó su turbante y rasco sus cabellos rubios y brillantes. Ya estaba fastidiado. Miró a detalle, otra vez, la caja de madera que llevaba. Inscripciones de oro en latín. Grabados sobre la madera representando a un joven deseando una estrella. Obviamente un presente. Mas no para el faraón. Si no para su ayudante.


Un misterioso mago de tez blanca como el algodón. Cabello semejante al del bello plumaje de un cuervo. Y unos ojos tan oscuros que era posible hundirse en ellos. O al menos así era como lo describían las doncellas e incluso reinas con un sonrojo en las mejillas.


En cambio militares, coroneles y reyes lo describían como erudito en la estrategia y eficaz en negociaciones. Su inteligencia sólo era comparada con la de su magia.


Cada mago, hechicera o genio se regía por su origen. Pues era con lo que se podía clasificar. Los magos chinos se especializaban en elementos, las hechiceras de Europa en pociones y encantamientos y los genios de Arabia en ser considerados casi dioses. Mas sin embargo nadie sabía de dónde provenía ese mago, no había ningún registro de él o su existía en algún lugar. Su pasado previo a Egipto era desconocido.


Aunque lo que sí se sabía era que la sociedad de magos de Inglaterra le tenía en la mira. Y que uno de los cuatro grandes magos que protegían al Emperador Chino le temía.


Y todo esto con buenas razones. El ayudante del faraón tenía dominio sobre casi todos los tipos de magia y se creía que incluso más allá de la de los mismos genios.


 


—Joven Naruto, ya hemos llegado. —dijo su acompañante, su asistente Iruka.


—¡Por fin!


 


Naruto abrió su ventanilla recibiendo de golpe el fresco aire. Mostró una sonrisa al ver las cristalinas aguas del Nilo en las que saltaban peces similares a los koy con colores azules y dorados dejando mostrar el reflejo del sol en sus largas colas. Con sus intensos ojos azules buscó el palacio. Pero no veía nada.


 


—Iruka ¿El palacio es invisible o dónde está? —Entonces Iruka se pasó a su lado y señalo el cielo. El palacio flotaba por encima del desierto y sólo lo unían al suelo ciertas escaleras que conectaban con el Nilo.


—¡Wow! No exagero María Antonieta con lo de que era espectacular.


 


Les recibieron docenas de sirvientes en inclinación absoluta. Y eso que solo era una pequeña parte de la servidumbre. Al bajar del carruaje les ofrecieron flores, agua, vino y comida. Todos a la vez.


 


—Joven… nos veremos en la noche. —exclamó con dificultad el asistente de cicatriz en su nariz, entre la multitud.


—¡¿Qué?! ¿No veremos al ayudante ahora? —y es que se había hecho un alboroto.


—Debe estar exhausto, mi Príncipal. Mejor tome un baño y relájese. —Dijo un sonriente Iruka mientras veía como arrastraban unas sirvientas a Naruto.


 


Lo llevaron directamente al baño y nuestro rubio al ser de muy buen ver, más de una no pudo evitar dar un roce indebido sobre sus brazos marcados, sus pectorales o su vientre plano. Un sonrojado Naruto trató de detener a las jovencitas que lo desvestían para darle un espumoso baño de esponja.


 


—Señoritas… señoritas… esperen… —hablaba con nerviosismo. Entonces se percató que una de ellas tenía su caja de madera con intenciones de abrirla. — ¡ALTO! —exclamó mientras que con sus pantaloncillos en mano, que ya le habían quitado, trataba de cubrir sus partes nobles. Todas se quedaron petrificadas viéndole asustadas. —Señoritas puedo bañarme solo. Así que si me permiten, podrían retirase por favor.


 


Todas se retiraron en silencio. Más de una con cara de tristeza. Naruto pidió con la mano su caja a la chica que fue la última en retirarse y cerrara la puerta.


En la bañera con refrescante agua perfumada Naruto veía la caja que había dejado sobre una mesita. A la vez que pensaba en el ayudante del rey. En el Ónix de la noche. En su Sasuke.


Hacía ya años que no lo había visto. Se preguntaba cuanto habría cambiado.


Había sido difícil encontrarle. Sobre todo porque se hacía llamar de otra manera: “Ónix”. Le había ayudado la descripción de las personas en distintos rincones del mundo conocido. Aunque la pista clave para reconocerlo fue la de un mercader famoso del Sacro Imperio. Pues él era el que se encargaba de llevar la dotación de tomates para el Ónix.


Lo único que sabía con certeza que había crecido de él al igual que su fama era su ego. Sólo te escuchaba siempre y cuando le adularas sobre su persona. Su ego había crecido al tamaño del mismo Egipto.


Muchos, por esto mismo, llegaban a él con regalos. No importaba si eras un simple servidor del gobierno sin título ni tierras o el mismísimo Emperador de China. Debías llevarle regalos al Ónix. No sólo por caerle bien a alguien poderoso, sino porque era la mano derecha del Faraón en todas sus decisiones.


Pero en algunos, muy contados, dentro de sí, aunque fuera lo más ínfimo de su ser, deseaban a Sasuke, junto con todo lo que implicaba su dote.


Sasuke no siempre fue ego centrista. Y esto lo sabía muy bien nuestro visitante, desde niños.


Cuando había caído la cálida noche, las estrellas se veían espectaculares. Sin nada que obstruyera su belleza absoluta. Con este magnífico techo estaba decorado el jardín donde altos cargos de Egipto se reunían a cenar. El mismo faraón y su esposa estaban presentes. Un exquisito banquete con todo tipo de frutas frescas, platillos exóticos y finos licores.


Iruka acompaño a Naruto en todo momento presentándolo con cada miembro de la corte. Hasta que el rubio divisó un cúmulo de personas riendo entre ellas. Con disimulo trató escuchar su conversación, pero imposibilitando ver quién era el causante de tanto revuelo. Mas Naruto no necesito escuchar su voz para saber que él estaba ahí.


 


—Iruka, quiero ir hacia allá. —dijo Naruto señalando con su cabeza


—Claro, mi Príncipal


 


A cada paso que se acercaban, Naruto sentía que su corazón latía más y más. Hasta por un segundo creyó estar sudando.


Iruka se escabullo astutamente entre la gente. Naruto lo perdió de vista por segundos que sintió que el tiempo se alentaba. Tomó un buen trago de su copa para relajarse.


 


—Mi Ónix de la noche. Qué honra me da estar de nuevo ante su presencia. —Iruka se inclinó con gran deferencia.


—Iruka, mi viejo amigo ¡Cuánto tiempo! ¿2 años tal vez? —decía el Ónix ligeramente acostado en un gran sillón de madera con lino. A su lado el príncipe faraón. Porque hasta él necesitaba a veces alguno que otro favor.


—2 años y 3 meses, su alteza —dijo con simpleza y con sonrisa en rostro, pues ya tenía confianza con Ónix y no deseaba nada.


—Siempre me sorprende la exactitud de tu memoria. Y dime ¿Qué te trae de nuevo a este rincón del desierto? —dijo mientras aireaba su vino en su copa de oro. A la luz de las lámparas relucieron sus ornamentos de oro: sus brazaletes, su pechera e incluso la cobra pequeña que decoraba su peluca.


—A presentar al nuevo en jefe de todo el ejército Imperio Romano. Hijo de Julio, el gran guerrero. El Joven Tulio, el Kyubi


 


Entonces el círculo se abrió. Dejando entrar a nuestro rubio denominado “Tulio”. Naruto admiró a Sasuke. Pareciera que él opacaba a los demás a propósito. Inclusive, con el calor de la noche, relucía su piel aperlada de ligero sudor. Semejante a algún dios griego. Lo que nunca olvidaría el rubio fue su cruce de miradas. No supo si era el delineado negro que le agraciaba a Sasuke o si simplemente era la forma de sus ojos. Y por un momento Naruto adoró a Sasuke. Pero sólo por un segundo. Puesto que Sasuke abrió los ojos como platos, estupefacto de verlo.


Si Sasuke se había cambiado el nombre para esconderse, Naruto tenía todo el derecho de hacer lo mismo.

Notas finales:

Espero que les haya gustado.

Creo que me salio muy pequeño xD, pero bueno, "corto, pero efectivo" xDD

Dejen reviews para saber que piensa, eso me ayudaría bastante para mejorar.

Tengan buen día o buena noche, como prefieran ;)

 

Besos,

LaMueRtHeSitHa ^^*

Please be cruel

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