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Comenzando por el final

Autor: Broken Kiara

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Notas del capitulo:

Aqui esta el segundo capítulo.

Es algo mas largo, espero que os guste.

La parte que esta en cursiva es un recuerdo. Habra mucho a lo largo del fic ya que trata de recordar como llegar a ese punto. 

Los recuerdos iran de mas recientes a más antiguos.

Este esta desde el punto de Zoro.

Espero vuestras criticas y comentarios!

Gracias por leer ^^

CICATRICES

Observaba cómo su hijo Kai entrenaba con una de las espadas de bambú. Movía la espada dando golpes secos al aire con su mirada gris concentrada en los ejercicios. Los cortos mechones azules pegándose en la frente y el cuello a causa del sudor.

Sanji entró con una macedonia para Kai en una mano y un plato con onigiris en la otra.

-          ¡La merienda! – alzó la voz sacando al pequeño de su concentración y que corrió a él al ver la comida – Oi Marimo, aquí tienes.

Zoro soltó la pesa y empezó a comer. Delicioso, todo lo que hacía el cocinero lo estaba, lo sabía y aun así no lo decía, se negaba a subirle el ego. Escuchó en silencio como Kai le contaba a Sanji su entrenamiento emocionado y lo rápido que mejoraba.

-          Y ahora papá y yo vamos a tener un duelo, ¿te quedas a verlo? – preguntaba y sin esperar una respuesta añadió – Esta vez le ganaré.

Cierto, cada día antes de dar por finalizado el entrenamiento luchaban con las espadas de bambú y el resultado siempre era el mismo. Era su hijo, pero no por ello se iba a dejar ganar, así no sería fuerte.

Cerró su único ojo sin poder evitar que su mente rememorase aquel amargo día, casi un año atrás, por el cual Kai había comenzado a entrenar junto a él.

 

Se encontraba en la sala de entrenamiento levantando furioso la pesa más grande que tenía intentando con ello aplacar el enfado. El sudor recorría su sien y empapaba su pecho descubierto. Al día siguiente estaría agotado, sin contar con la posible pulmonía por estar empapado con las ventanas abiertas, dejando entrar al frió y la lluvia, sinceramente en ese instante no podía importarle menos.

Odiaba discutir con el cocinero.

Acababan de asignarle una misión de dos meses y se tenía que ir en dos semanas, al parecer constaba de algo importante. A él no le hacía gracia irse repentinamente pero ser un alto cargo en el ejército requería eso. Sanji se enfadó nada más saberlo. No es que no lo entendiera, el propio cocinero había estado dos años con él en el frente. Pero ese detalle no quitaba el desagrado que sentía por el trabajo del marimo, por algo lo había dejado.

Se llevaron una hora discutiendo y tan solo les detuvo la voz de Kai quien recién despertaba de la siesta, Sanji fue a verle y a la par Zoro se iba a entrenar.

-          …254… – pronunció al subir la pesa.

-          Papá – escuchó decir a su hijo desde la puerta con el tono algo elevado de haberle llamado varias veces.

-          Dime enano – sin soltar la pesa respondió.

-          ¿Vienes a jugar conmigo? – preguntó el niño ajeno al cabreo de su padre.

-          Kai estoy entrenando, díselo a tu padre.

-          Papi está haciendo la cena.

Se había olvidado totalmente del tiempo mientras estaba allí.

-          Además hace mucho que no jugamos juntos – agregó.

-          Ahora no puedo, ¿Mañana vale? – Zoro respondió haciendo todo lo posible por no descargar su rabia en él.

-          Pero… entrenas todos los días, si te saltas uno no pasa nada, ¿no? Venga vamos – apremió el pequeño comenzando a alterarse ante las negativas y la ignorancia de su padre.

-          Te he dicho que no puedo Kai. Estoy ocupado – soltó un suspiró y flexionando los brazos volvió a bajar la pesa.

-          Pero…

-          Kai – cortó secamente – Ahora no.

Los ojos grises brillaron con rabia, sin lograr entender el motivo por el cual su padre no quería jugar con él.

-          ¡Eres un mentiroso papá! ¡Solo no quieres jugar conmigo! - gritó dejándose llevar por el enfado, sin percatarse de la persona que subía las escaleras a su espalda – No sabes hacer nada aparte de entrenar y dormir. ¡Te odio!

Kai giró rápidamente dispuesto a salir de allí corriendo, con la mirada fija en el suelo y una mano en el rostro intentando no llorar, chocó levemente con su otro padre antes de bajar a su cuarto.

Sanji miró con los ojos como platos a Zoro sin entender la escena que acababa de presenciar, su primer impulso fue pedir una explicación de forma poco amable, sin embargo, la expresión dolida de su esposo le frenó.

-          La cena está lista – dijo escuetamente antes de bajar.

 

Zoro bajó cuando la cena hacía rato había terminado. No se sentía con ganas de enfrentarse a su familia. Aun así bajó a darle las buenas noches al enano. Intentó no perderse mucho siguiendo las flechas azules. Se extrañó al ver la puerta abierta y se sorprendió al ver a Sanji sentado en la cama hablando con él.

-          Papi, ¿papá prefiere entrenar a estar con nosotros? – preguntaba con tono de tristeza. Y Zoro sintió como se le encogía el estómago.

-          Kai – susurró Sanji suavemente – Te voy a contar una historia. ¿Has visto las cicatrices de papá en los tobillos?

El niño asintió energéticamente, curioso a la espera de la historia.

-          Te voy a contar cómo se las hizo – Sanji esbozó una sonrisa al ver cómo se iluminaban sus ojos grises – Fue cuando los dos éramos soldados. A mí me habían atrapado y le dijeron a tu padre que si no se entregaba me matarían.

Kai escuchaba atentamente la historia y Zoro lo imitaba desde la puerta.

-          Él intento rescatarme, pero no sabía que le estaban tendiendo una trampa, le capturaron y le ataron con cadenas los pies, sin quitarle sus katanas. Entonces me pusieron delante de él para que viera como me mataban. Y ahí fue cuando tu padre cometió una locura. Saco dos de sus katanas, decidido a cortarse los pies para ir a por mí. Dijo que sus pies eran un buen precio a pagar por mi vida.

-          ¿Iba a cortarse las piernas? – preguntó incrédulo, incapaz de creer semejante locura - ¿Y qué pasó después?

-          Cogió las katanas y se las clavó en las piernas para cortárselas. Pero no le dio tiempo a acabar cuando el resto de nuestro equipo llegó. Aquel día logramos salvar muchas vidas a parte de las nuestras. Luego estuvo una buena temporada en el hospital y le castigaron por idiota.

El pequeño miraba a Sanji mientras pensaba lo valiente que era su papá.

-          Así que Kai – le llamó la atención – No dudes nunca de que tu padre te quiere. Su trabajo es importante, salva a muchas personas y entrena para hacerlo mejor y ser más fuerte. Pero sobre todo lo hace para poder protegernos – vio cómo su hijo asentía medio dormido – Buenas noches pequeño.

Zoro decidió irse a su habitación, ya había escuchado bastante. Y Sanji se levantó para salir.

-          Papi – la voz joven y adormilada le frenó – A mí me gusta mucho el pelo de papá.

-          A mí también.

Cuando Sanji entró en su habitación tras ducharse Zoro estaba tumbado en la cama con tan solo un pantalón de pijama y sin camiseta al igual que él. Realmente no se esperaba encontrárselo allí. En su cama todo era distinto, era el único lugar donde jamás discutían. Entre esas sábanas había un acuerdo mudo por el cual dejaban el orgullo de lado. Ambos lo sabían. Por eso cuando discutían siempre dormían separados, para no romper la invisible barrera del orgullo que aquella cama poseía.

Se metió en su lado izquierdo de la cama dándole la espalda, sin saber cómo actuar.

Los ojos de Zoro recorrían la suave y musculosa espalda de su marido. Quería decirle muchas cosas pero las palabras no eran lo suyo. Sentirse distante a su pareja le estaba matando. Había decidido ir a la habitación en vez de dormir en el sofá como era costumbre por la misma razón, para lograr dejar el orgullo de lado. No soportaría una noche entera sin él, menos tras haber escuchado la historia de tan amargos recuerdos.

-          Sanji – susurró bajito temiendo la reacción de su pareja.

El llamado se giró para encararle, sorprendido al oír su nombre ya que no era lo normal.

-          Zoro.

Su instinto actuó por él y cuando se quiso dar cuenta un brazo suyo ya rodeaba la cintura del cocinero y su cabeza se escondía en el níveo pecho. Las manos de Sanji sin poder evitarlo buscaron acoplarse al cuerpo del marimo, una en la tostada espalda y la otra entre los verdes cabellos.

-          Gracias – dijo finalmente Zoro acariciando lentamente el cuerpo del rubio.

-          Es de mala educación escuchar a escondidas, cabeza de alga.

-          ¿Cómo…? - alzó la cabeza al sentirse descubierto.

Sanji no hizo más que sonreír. Se acercó a besar esos labios con el aroma a metal y sudor tan característico de su pareja. Extrañó no besarlos en todo un día.

-          Te amo cocinero de pacotilla – dijo con una sonrisa cuando se separaron.

-          Te amo estúpido marimo – respondió antes de quedarse dormido.

Al día siguiente Kai fue corriendo a abrazarle y le dijo que quería entrenar con él para así poder proteger a sus papás.

 

-          Marimo ¿estás bien?

Zoro volvió al momento presente al oír a Sanji llamándole. Asintió sonriendo con ternura, recordando cómo gracias a él Kai empezó a entrenar.

-          ¡Papá! Vamos, esta vez seguro que gano yo – gritó Kai lanzándole una espada, listo para atacar.

-          Eso ya lo veremos enano – rió poniéndose en guardia.

Haría de su hijo un gran espadachín.

Notas finales:

Hasta aqui el capítulo. Intentare actualizar pronto.

Gracias por leer ^^

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