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¿Crees en el destino?

Autor: Kuroyuki

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Notas del fanfic:

Los personajes de supernatural pertenecen a Eric Kripke. 

Notas del capitulo:

Título: ¿Crees en el destino?

Parejas: CasxDean, GabrielxSam, LuciferxBalthazar.

Rating: k+

Capítulos: 11

Género: Romance, Drama. 

Disclaimer: Los personajes de supernatural pertenecen a Eric Kripke.

Resumen: Cuando Dean cumple la mayoría de edad, sus padres le dan la noticia de que el hombre con quien prometió casarse cuando tenía cinco años, vendrá a buscarlo dentro de dos meses. Horrorizado con la situación y la determinación de sus padres con el compromiso, decide marcharse pero en un callejón, ve a unos sujetos molestando a un hombre y opta por ayudarlo, sin saber que ese será el comienzo de su inevitable destino. AU. 

Capítulo 1

 

Dean estaba bailando muy pegado al cuerpo de su amigo mientras observaba por sobre su hombro, sonriendo ante el montón de miradas que atraían, tanto de hombres como de mujeres. Durante unos segundos su vista se posó en la mesa donde estaba su hermano menor en compañía de su pareja, Gabriel. No entendía cuál era la ventaja de estar atado a una persona y prometerle fidelidad. Lo mejor era buscar diversión cada noche y eso incluía follar con individuos diferentes en cada ocasión.

 

-Estamos llamando mucho la atención, rubito- susurró el mayor a su oído- Apuesto a que dos chicos tan sexys como nosotros, les damos un montón de ideas pervertidas.

-El único pervertido eres tú, Balthy- respondió sonriendo.

-Y eso te encanta de mí, rubito- dijo tomándolo por la cintura- Alimentemos las fantasías de esos chicos y chicas antes de ir por ellos.

 

Balthazar esbozó una traviesa sonrisa para luego darle un lujurioso beso. Dean correspondió divertido su gesto antes de apartarse un poco mientras sonreía, ya que habían conseguido atraer muchas más miradas.

 

-Es hora de divertirse, Balthy.

-A recoger nuestros premios, rubito lindo.

 

Ambos tomaron caminos separados para recoger los frutos de su coquetería.

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El rubio abrió los ojos despacio antes de incorporarse bostezando mientras se estiraba. Ayer se había divertido mucho con sus amigos y fue la manera perfecta de celebrar que terminó el instituto. Se duchó antes de bajar a desayunar con su familia.

 

-Buenos días- le dio un beso en la mejilla a su mamá antes de sentarse a su lado.

-¿A qué hora regresaron ayer?- preguntó su padre sirviéndose un café.

-Temprano.

-Sam- dijo John mirando a su hijo.

-Por la madrugada…- admitió algo avergonzado.

-¿Llevaste a tu hermano al club otra vez?

-Estábamos celebrando, papá- dijo haciendo morritos- Dijiste que podíamos ir.

-Pero no hasta tan tarde.

-Técnicamente era temprano- se defendió el rubio.

-Cariño- lo llamó Mary tomando su mano y ambos intercambiaron una larga mirada.

-¿Ocurre algo?- preguntó Sam.

-Sí, tenemos algo importante que anunciarles, algo que te involucra a ti, Dean.

-¿Qué cosa?

-Terminen de desayunar y vamos a la sala de estar para platicar.

 

El rubio entrecerró los ojos ante la seriedad con que su padre dijo esas palabras. Tenía el presentimiento que el tema de conversación no sería precisamente de su agrado. Cuando terminaron de desayunar, su madre fue a buscar algo al segundo piso mientras ellos se sentaban.

 

-Me están colocando nervioso, ¿Qué pasa?- preguntó Dean.

-Sé paciente, hijo.

-¿Es grave?- intervino Sam.

-No, claro que no- dijo Mary entrando al cuarto con  una grabadora en sus manos- Es una noticia bastante grata.

-Díganlo de una vez- exigió el rubio impaciente.

-Bien, seré directo- habló John- Vas a casarte Dean, dentro de dos meses llegará al país tu prometido a buscarte.

-¿Qué…?- exclamó incrédulo- ¿Cómo que me voy a casar? ¿Esto es una broma? Porque es de pésimo gusto, papá.

-No lo es, nosotros solo estamos cumpliendo con la promesa que ustedes se hicieron hace trece años.

-No estoy entiendo, ¿De qué hablan?- preguntó Dean cada vez más confundido.

-Cuando eras pequeño, solías jugar con el hijo de nuestros vecinos, pasaban casi todo el día juntos y eran inseparables pero entonces ellos se fueron a Londres.

-Antes de que se fueran, ustedes hicieron una promesa- continuó explicando John- Incluso nos pediste que la grabáramos para que siempre la recordaras.

-¿Qué…?

-Quizás escuchándolo lo recuerdes- dijo Mary colocando play a la grabación.

Yo prometo, que cuando cumpla los dieciocho años me voy a casar contigo- dijo una voz que el rubio reconoció como suya- Y yo prometo que tendré un trabajo genial para comprar una gran casa y cuando cumplas los dieciocho volveré a buscarte para que nos casemos- habló otra voz que no reconoció- Entonces es una promesa- dijeron ambas voces al unísono- Y nuestros papás son testigos

 

El rubio sintió como el color abandonaba su rostro luego de oír esa grabación, ¿En qué momento había realizado esa promesa? Había pasado mucho tiempo y apenas recordaba algunas cosas de ese tiempo, era imposible que hubiera prometido casarse, ni siquiera sabía quién era ese niño de la grabación.

 

-Después de que grabamos esto, estabas muy triste porque se irían- explicó Mary- Entonces ambos se perdieron por varias horas y cuando regresaron por la noche, estabas mucho más animado porque traías esto- la rubia le enseñó un anillo de juguete.

-Eso…

-Fue tu mayor tesoro durante los siguientes días pero cuando entraste a la escuela, unos niños te lo quitaron e iniciaste una pelea, después de eso, aceptaste que yo lo guardara por ti.

-¡Eso no es posible!- replicó furioso- ¡Recordaría algo así!

-Fuiste creciendo, cariño y al parecer lo olvidaste por completo.

-Como sea- continuó John- Él nos envió una carta el mes pasado y luego de hablar por teléfono, decidimos aceptar su proposición de que se case contigo.

-Me costó bastante convencer a tu padre- dijo Mary con una sonrisa- Pero esto es una ilusión que has tenido de pequeño y él nunca te ha olvidado.

-¡No me voy a casar con un desconocido!- alegó el rubio- Ni siquiera lo recuerdo, así que olvídenlo, no me interesa casarme, ni siquiera tengo dieciocho.

-Los cumplirás el próximo mes- respondió Mary- Y ese día, cuando los fuimos a dejar al aeropuerto, nos abrazaste llorando y nos hiciste prometer que respetaríamos tu decisión de casarte con él.

-¡Era un niño, mamá!

-Esto es raro- intervino Sam- Entiendo que hicieran esa promesa pero ha pasado mucho tiempo, mamá, no pueden casar a Dean con un desconocido.

-No es un desconocido, Sam- dijo John cruzándose de brazos- Si soy sincero, yo tampoco creía que fuera buena idea pero él siempre ha estado pendiente de ti, Dean, incluso te envió un obsequio por tu graduación.

-¿Qué obsequio?- preguntó gruñendo.

-El Impala- respondió Mary- Cuando pequeño, tú dijiste que querías un auto como ese cuando fueras grande.

-¡No, no, no!-gritó levantándose- Están muy equivocados si piensan que me casaré con un completo desconocido, me importa una mierda esa grabación, yo no lo quiero y no me interesa comprometerme con él, eso es todo.

 

Se levantó muy molesto para marcharse dando un portazo. No podía creer que sus padres estaban de acuerdo con esa extraña boda. ¡Era solo un niño cuando hicieron esa promesa! Ni siquiera recordaba quien era el niño de la grabación y tampoco le interesaba conocerlo. Luego de caminar por la ciudad un par de horas, decidió que iría a la casa de Benny; su mejor amigo, para pasar el rato y almorzar juntos pero unos ruidos provenientes del callejón llamaron su atención. Se asomó despacio al lugar, observando como tres hombres estaban intimidando a un cuarto, quien parecía ser un extranjero ya que usaba una gabardina en pleno verano sobre lo que aparentaba ser un fino traje de diseñador y llevaba el cabello despeinado.

 

-¿Acaso eres estúpido? Danos el dinero de una vez- ordenó uno de los desconocidos.

-Parece que es un retrasado, Neil- sacó un cuchillo- Veamos si ahora nuestro amiguito entiende lo que queremos decir- lo indicó con el arma- Entregamos el dinero o te haré una segunda boca en el cuello.

 

El rubio frunció el ceño al oír esas palabras. Todavía estaba muy enojado por la  conversación con sus padres y ahora que se había topado con ese trío de idiotas en el camino, con mucho gusto descargaría su rabia con ellos.

 

-Hey, idiotas- los sujetos lo observaron- ¿Se creen muy valientes porque tienen un cuchillo?

-Lárgate, niño- siseó uno de los desconocidos.

-Te vas a arrepentir por llamarme así.

 

El rubio se encargó de los dos hombres sin ningún problema y golpeó al último de los sujetos en el rostro antes de observar al trío que estaba inconsciente. Rápidamente su mirada se dirigió al moreno que  era víctima del asalto, parecía no tener más de unos veintitrés años.

 

-¿Te encuentras bien?- preguntó sin recibir respuesta, ya que el moreno lo observó de arriba abajo- ¿Ocurre algo? Oye- chasqueó los dedos frente a él- ¿Hablas español?

-Sí, lo siento- respondió- Muchas gracias por ayudarme.

-De nada- dudó unos segundos antes de hablar- ¿Estás bien? Debes tener cuidado, hay varios idiotas como esos en la ciudad y eres una presa fácil.

-¿Presa fácil?- preguntó ladeando un poco la cabeza.

-No eres de la ciudad y dudo mucho que vivas en este país.

-No, vivo en Londres pero estoy aquí por ciertos asuntos- dijo con seriedad.

-Lo suponía, ten más cuidado ¿Vale? Adiós.

-Espera- lo detuvo por el brazo y el rubio lo observó- Eres la primera persona que conozco en la ciudad, ¿Me podrías decir dónde queda esta dirección?- le enseñó una tarjeta.

-¿Eh? ¿Te estás hospedando en el hotel Maya?

-Sí, se supone que un amigo iba a buscarme al aeropuerto pero tuvo un inconveniente, así que decidí venir por mi cuenta pero me he perdido.

-¿Y tus cosas? ¿No trajiste equipaje?- preguntó curioso.

-En el hotel tienen un servicio para ir a buscarlas al aeropuerto.

-Ya veo… está bien, te llevaré hasta el hotel Maya o volverás a perderte.

-Muchas gracias… ¿Cuál es tu nombre?

-Dean Winchester.

-Yo soy Castiel Novak, un gusto conocerte, Dean.

 

Ambos estrecharon las manos y el menor lo condujo hasta la avenida principal, en donde se encontraba el lujoso hotel en que se hospedaba ese hombre. El trayecto fue bastante silencioso, por más que el rubio intentaba hacer algo de conversación, solo obtenía monosílabos y un par de palabras. Cuando llegaron al edificio, se volteó a mirar al moreno.

 

-Aquí está tu hotel.

-Muchas gracias, Dean, no sé cómo habría llegado sin tu ayuda.

-De nada, ten más cuidado cuando salgas, adiós.

-Espera- lo detuvo de nuevo- Quiero agradecerte esto de alguna manera.

-No es necesario, Castiel.

-Fuiste bastante amable al ayudarme y aún más al traerme hasta aquí.

-No fue molestia, golpear a esos sujetos fue bastante gratificante.

-¿Eh?

-Yo me entiendo- observó al moreno que estaba decidido en compensarlo de alguna forma- Bien, si quieres agradecérmelo podrías invitarme a almorzar, tengo bastante hambre.

-Claro, el hotel tiene un—

-No- lo interrumpió- No me gustan estos lugares, no encajo aquí- dijo encogiéndose de hombros- Y me siento raro con tanto lujo.

-Entiendo.

-Pero podemos ir al restaurant Marple, la comida es riquísima ahí y tienen las mejores tartas de la ciudad.

-Me parece bien, vamos.

 

Lo llevó hasta el restaurant que quedaba el este de la ciudad y se sentaron en una de las mesas junto a la ventana. La rubia que tomaba los pedidos se acercó a ellos con una sonrisa antes de saludarlo con un beso en la mejilla. Dean solía almorzar ahí junto con sus amigos desde que entraron al instituto, y fue así como se hizo amiga de Jo, quien era mesera en el lugar que dirigía su madre, Hellen.

 

-Hola bonito, no habías venido aquí hace días.

-Estaba ocupado con el instituto.

-Sam ya me contó todo, siento no haber ido ayer con ustedes pero tenía que ayudar a mi mamá.

-No te preocupes, este fin de semana mi mamá hará un almuerzo especial, ambas están invitadas.

-Sí, tu mamá llamó a la mía ayer para decirle- ambos sonrieron- ¿Un nuevo amigo?- indicó al moreno.

-Algo así- respondió.

-Dean me ayudó hace un momento- dijo el mayor- Unos hombres querían asaltarme un callejón.

-Oh, ya veo- la rubia lo miró curiosa- ¿No vives en la ciudad?

-No, llegué hoy desde Londres.

-¿En serio? Yo siempre he querido viajar allá, mi mamá me dijo que podía ir cuando me graduara del instituto, aunque eso será dentro de dos años- suspiró- ¿Cómo es Londres? ¿En qué lugar vives? ¿A qué te dedicas? ¿Por qué usas una gabardina en pleno verano? ¿No te da calor?

-Ya basta- pidió Dean suspirando- No lo hostigues a preguntas.

-No me molesta- respondió el moreno- ¿Cuál es su nombre, señorita?

-Jo- respondió curiosa- ¿Por qué eres tan formal? No pareces ser muy mayor, ¿Cuántos años tienes?

-Veintitrés, soy Castiel Novak, un gusto conocerla.

-No seas tan formal conmigo- pidió algo apenada y estrechó su mano.

-No quiero interrumpir pero me muero de hambre- dijo Dean.

-Claro, ¿Quieres lo de siempre, bonito?

-Sí, por favor.

-¿Y qué comerás, Castiel?

-Mmm, lo mismo que Dean.

-Ok, volveré pronto y seguiremos hablando.

 

El rubio suspiró negando despacio. Su amiga siempre había sido alguien agradable para charlar pero cuando se emocionaba con algo, podía ser un poco pesadita y hostigar a preguntas, lo cual era precisamente lo que pretendía hacer con Castiel, ya que su gran sueño siempre fue viajar a Londres.

 

-Discúlpala por esto- pidió suspirando- Jo siempre ha querido ir a Londres.

-Está bien, tu amiga es bastante entusiasta.

-Sí, aunque a veces demasiado y se vuelve molesta- observó fijamente al mayor- ¿A qué te dedicas, Castiel? ¿Estás en la universidad?

-No, terminé el año pasado, estudié economía, cuando salí del instituto trabajé con mi padre en su compañía y hace dos años comencé una propia.

-Ya veo, ¿Y te gusta? Suena algo aburrido- admitió.

-Me gusta lo que hago y me va bien.

-Ya lo noté- dijo con una sonrisa- ¿Hace frío en Londres? Estás bastante abrigado.

-No, esto… es especial para mí.

-Entiendo, no tienes que hablar de eso si no quieres- dijo comprensivamente antes de cambiar el tema- Las tartas de este lugar te van a encantar, Hellen cocina como los dioses.

-¿Te gustan mucho las tartas?

-Me encantan, las adoro.

 

A pesar de que Castiel no hablaba mucho, era bastante asertivo con lo que decía y preguntaba, así que el rubio se explayaba bastante en sus respuestas, más que nada porque le encantaba hablar y el mayor era bueno escuchando. Quizás fue por eso que terminaron teniendo un agradable almuerzo.

 

-Gracias por la comida, Cas- dijo el rubio sin darse cuenta que abrevió su nombre.

-De nada, Dean, soy yo quien te debe dar las gracias por todo lo que me has ayudado.

-No te preocupes por eso, con esto estamos a mano- Jo fue a la mesa con una tarta envuelta.

-No pedimos esto- dijo indicando el postre.

-Es para ti- respondió Castiel- La pedí cuando fuiste al baño.

-No tenías que molestarte, Cas.

-No es molestia, por favor acéptalo.

-Gracias- dijo algo avergonzado.

-La comida estaba muy buena- agregó mirando a la rubia- Muchas gracias.

-De nada, Castiel, regresa cuando quieras y así podemos platicar de nuevo, Dean te acaparó todo el almuerzo.

 

El rubio la regañó por esa afirmación que sonaba demasiado comprometedora. El moreno se despidió de Jo y ambos emprendieron el camino de regreso al hotel Maya. Al final había pasado un momento bastante agradable en compañía del mayor.

 

-Gracias por el almuerzo, Cas- dijo cuándo se detuvieron en la entrada del edificio.

-Gracias a ti por ayudarme, Dean- los dos se observaron fijamente durante varios segundos hasta que el teléfono del moreno sonó y lo sacó de su bolsillo.

-Tengo que responder.

-Sí… nos vemos, Cas.

-Nos vemos, Dean.

 

El rubio emprendió el camino de regreso a casa pero antes de doblar la esquina, se giró a hacia atrás, encontrándose con la mirada fija del mayor. Cuando regresó por la tarde a su casa, sus padres seguían disgustados por su comportamiento pero le daba lo mismo.

 

-Vamos a hablar, Dean.

-No me interesa, papá, ya te dije que no casaré con alguien que ni siquiera conozco.

-Pero cariño.

-No mamá, era un niño cuando hice esa tonta promesa y no voy a cumplirla.

-Pero él vendrá dentro de dos meses- insistió Mary- Al menos habla con él y rechaza el compromiso directamente.

-Bien, como quieran- subió las escaleras hacia su habitación.

-Dean espera.

-No quiero hablar, Sammy.

-Lo sé… Gabe me llamó hace un rato, los chicos se juntaran en el club por la noche, ¿Vendrás?

-Claro enano, es justo lo que necesito, un poco de diversión me vendrá estupendo.

 

Entró a su habitación dejando la tarta sobre el velador y se recostó en la cama. Por alguna razón, no podía dejar de pensar en esos intensos orbes azules y lo bien que se sentía que se mantuvieran fijos en él. 

Notas finales:

Gracias por leer! :D

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