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Autor: PureHeroine

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Notas del fanfic:

¡Buenos días, chic@s! ¡Aquí vengo con un nuevo fanfic, basado en la película Pitch Perfect/Dando la nota. Esta película trata sobre un grupo de chicas que están en un grupo de música A Capela. (Os recomiendo que veáis un video de youtube y así veáis un poco de como va la cosa) Aclaro que Emma es un personaje totalmente creado por mí, por lo que si habéis visto la película y tratáis de buscarla no saldrá! Ella será la protagonista de la historia, y como personajes muy importantes también tendremos a las chicas del grupo. (Repito lo de buscar en youtube el grupo, y así véis quien será la otra protagonista de la historia: Chloe Beale, la famosa pelirroja)

Aclaro: No hace falta que hayáis visto la película.

Si te gusta el humor, la música, las travesura y las picarídas ¡Este es tu fic!

Notas del capitulo:

¡Buenas, buenas! Este capítulo será como una introducción para que conozcáis a algunos personajes principales, si tenéis dudas no dudéis en decirmelo. PD: en un rato subo el segundo capítulo.

PDD: NO HACE FALTA HABER VISTO LA PELÍCULA PARA LEER EL FIC!!

ESTE CAPÍTULO HA SIDO MODIFICADO EL 11/01/2018 POR EL SIGUIENTE MOTIVO: quiero que el fic coja una temáica más profunda, más intensa, que el desarrollo de los personajes y las relaciones sean más intensas que en un principio. 

Año nuevo, vida nueva. O eso dicen…

 

Con esas palabras comienza mi nueva vida, la famosa y alocada etapa universitaria. Época tan esperada por unos y tan odiada por otros.

Tras cuatro semanas de intensa espera, por fin aprueban mi solicitud para estudiar fuera de mi país. ¿El destino? Atlanta. Necesitaba un cambio en mi vida, un gran cambio. ¿Y qué mejor que comenzar estudiando a miles de kilómetros de España?

Suspiré cerrando mi laptop y mirando por la ventanilla del avión. No negaré que no estoy nerviosa por los numerosos acontecimientos que me esperaban en mi nueva etapa, pero no podía estar más contenta y llena de ilusión. Si me caracterizo por algo, es por mi ambición y determinación a la hora de conseguir lo que me propongo.

Llevaba más de diez horas de avión y ya no sentía mi trasero, hasta la mujer que me había estado hablando durante horas se había quedado dormida. “Increíble” Pensé. Me ha contado toda su vida y la de sus hijos en apenas unas horas…  Volví a suspirar cansada y coloqué mis cascos a todo volumen.  Si algo me relajaba, era la música.

Pasaron unas cuantas horas más cuando el símbolo de los cinturones se iluminó y emitió un sonido intermitente, anunciando que íbamos a aterrizar en breves y teníamos que ponérnoslos para evitar zarandeos o caídas con cualquier movimiento brusco. El avión comenzó a descender y la mujer de mi lado se despertó al notarlo.

-          ¿Ya estamos aterrizando? – Emitió un sonoro bostezo que tapó con su boca y me sonrió de manera somnolienta.

-          Eso parece… - Suspiré abrochándome el cinturón y me saqué los cascos. – No me quiero imaginar el jet lag…

-          Tranquila. – Dio un sorbo a su café y me volvió a sonreír. – Al principio te costará adaptarte pero luego… será todo normal.

-          ¿Viajas mucho?

-          Sí. – Volvió a beber y marcó el borde del vaso con el carmín de sus labios. – Es lo que tiene ser empresaria internacional…

-          Oh, claro. – Volví a suspirar y miré por la ventana, divisando las casas y los edificios, estábamos a punto de tocar tierra.

Cuando el avión aterrizó, me despedí de la mujer que había sido mi compañera durante quince largas y aburridas horas y verifiqué que mi pasaporte y mi DNI estaban en su sitio. Por lo que pude entrar al país sin ningún problema. Llamé a un taxi y le di la dirección del campus de la Universidad, sitio donde me quedaría por un par de años.

-          No eres de aquí, ¿Verdad? – El taxista colocó el espejo retrovisor de manera que pudo visualizarme desde el asiento del piloto.

-          No. – Le di una media sonrisa. - ¿Cómo lo sabe?

-          Bueno. – Sonrió. – Tu acento es… diferente.

-          Soy española. – Torcí la sonrisa. – Pero se me dan muy bien los idiomas.

-          Ya veo. – Me analizó a través de sus gruesas gafas y sonrió. - ¿Vienes a estudiar?

-          Sí. – Afirmé. – Es mi primer año.

-          ¿Qué estudiarás?

-          Derecho. – Rasqué mi cabeza y la apoyé en el asiento.

-          Interesante… - Subió sus gafas con el dedo índice y dirigió su vista a la carretera. – Espero que te vaya bien.

-          Gracias. – Agradecí. - ¿Es esa la Universidad? – El taxista afirmó. – Es enorme…

-          Es la mejor de la zona. – Sonrió. – Estarás muy a gusto, la gente es genial.

-          Eso espero. – Suspiré ansiosa. - ¿Cuánto es? – Saqué mi monedero y lo abrí cogiendo un par de billetes.

-          No es nada. – Me hizo un gesto para que lo guardase y alcé la ceja.

-          Pero…

-          No hace falta. – Me cortó. – Tómatelo como tu regalo de bienvenida.

-          Muchas gracias entonces… Ted. – Bajé mi vista y miré su placa de identificación. – ¡Ya nos vemos! – Arrancó el coche y me hizo un gesto con la mano.

Cogí las maletas y me dirigí al campus. Eran las 11 de la mañana, mi cabeza me dolía horrores y lo único que necesitaba era dormir, pero apuesto a que no podría pegar ojo debido al nerviosismo que me recorría en ese momento.  ¡Estaba tan emocionada!

-          Hola, buenos días. – Saludé al entrar a la residencia de estudiantes. – Soy…

-          Emma Martínez. – Se adelantó la encargada y me tendió una llave. – Te estaba esperando. – Jugó con un mechón que caía rebelde por su rostro y sonrió. – Habitación 323.

-          Gracias. – Agradecí al coger la llave y le sonreí.

-          ¿Has tenido un buen viaje? – Me preguntó apoyando su mentón sobre las manos y alzó una ceja.

-          He tenido un viaje largo y cansado. – Suspiré y acomodé mi flequillo.

-          Sí, lo imagino. – Sonrió. – España está bastante… lejos.

-          ¿Cómo lo sabes?

-          Tengo la ficha de todas las residentes. – Me la mostró. – No soy una acosadora, tranquila. – Reí ante la frescura que desprendía.

-          Por cierto… ha llegado esto para ti. – Abrió un gran armario que se encontraba tras una puerta y agarró un gran estuche en forma de guitarra. – Llegó hace unas horas…

-          ¡Mi guitarra! – La agarré emocionada y la coloqué a mi espalda. – Muchas gracias.

-          También ha llegado esto. – Me extendió una notita guardada en un sobre rosa y con un lazo adornándolo en un lado.

-          Gracias… esto…

-          Prince. – Sonrió. – Cuando necesites algo… ya sabes. Estoy aquí.

-          Muchas gracias. – Le agradecí. – Si me disculpas… me gustaría ir a mi habitación y guardar todas mis cosas.

-          Deberías descansar un poco.

-          Tranquila, estoy bien. – Le guiñé un ojo divertida y agarré mis cosas, perdiéndome por el largo pasillo de la residencia.

-          Habitación 323…. 323… - Miré a un lado ya otro. – Joder, ¿Por qué hay tantas puertas? – Maldije en voz alta y suspiré. – 323…  ¡Oh, por fin! – Sonreí victoriosa y metí la llave.

La habitación era amplia, moderna y… universitaria. La parte izquierda de la habitación estaba completamente vacía, a diferencia de la parte derecha, que estaba repleta de CDs, pósters… seguramente de mi compañera de cuarto. Acomodé la guitarra encima de la cama y deshice la maleta, colocando la ropa en el armario y mi portátil sobre mi escritorio. Me acosté en la cama verificando que era lo suficiente cómoda y abrí la carta que venía con la guitarra.

 

¡Hola, Em!

Espero que en esta nueva etapa tuya, disfrutes como nunca. Te lo mereces, cariño. Papá, Carol y yo estaremos esperando ansiosos a que vuelvas en vacaciones. Te enviaremos dinero cada mes para que no te falte de nada. ¡Te queremos, hija!

                                                                                                                             Fdo: mamá.

-          Madres… - Suspiré y sonreí melancólica, iba a ser muy difícil estar sin ellos. Yo era una persona bastante familiar y los iba a echar mucho de menos. Sobre todo a mi pequeña hermana Carolina, que me saca sonrisas como nunca nadie ha hecho.

Ante la idea de que no iba a poder pegar ojo, decidí salir a dar una vuelta y conocer un poco más el entorno. Cogí la llave de encima de la mesa y cerré la puerta para que solo mi compañera de cuarto y yo pudiésemos entrar.

-          Bueno, a ver que hay por aquí… - Salí de la residencia saludando a Prince y me dirigí al campus. Al ser el comienzo de un nuevo curso, estaba repleto de puestos y de carteles anunciando los clubs de la Universidad. Había de todo: club de química, de física, de karate, de… ¿Eso de ahí es el club de ajedrez? ¡Pero quién en su sano juicio entraría en ese club! Avancé ante la atenta mirada de algunos y mi vista se dirigió a un grupo de chicos que estaban cantando A capela. Llevaban el ritmo en la sangre, todos se coordinaba fantásticamente y sus voces sintonizaban a la perfección. ¡Cómo se movían!

-          ¡Gracias a todos! – Dijo el capitán agradeciendo los aplausos del público. - ¡Y no dudéis en entrar al grupo A capela de los Treblemakers¡Audiciones mañana a las cuatro!

-          Los… ¿Treblemakers? – Reí por lo bajo y sonreí de lado. Qué original. Pero me dejé llevar por mis pies y me coloqué enfrente de un gran cartel que decía: Grupo A capela femenino: ¡Las Bellas de Barden! – Este nombre es mucho más original que el otro… - Ironicé y reí.

-          ¿Te interesa? – Dijo una voz a mis espaldas y me giré para encontrarme con una chica de pelo largo pelirrojo cenizo y grandes ojos azules.

-          Yo no canto. – Le respondí sin quitarle ojo.

-          ¿Entonces por qué estás ahí mirando el anuncio como un pasmarote? – Rió y mostró su perfecta dentadura.

-          Me llamó la atención… nada más. – Torcí mi sonrisa.

-          Las audiciones son mañana a las seis de la tarde, en la sala de ensayos. – No quitó su sonrisa, ni tampoco su penetrante mirada de mí.

-          Ya te he dicho que…

-          No cantas. – Terminó mi frase. – Sí, ya, sí.

-          ¿Podrías dejar de sonreírme mientras me miras? – Pregunté. – Me estás poniendo… nerviosa.

-          Entonces pásate mañana a las audiciones. – Jugó con sus leves ondulaciones y mantuvo su sonrisa.

-          Ya te he dicho que… ¡Oh dios! Eres como hablar con un árbol. – Choqué la palma de mi mano contra mi frente y suspiré. – Aunque creo que los árboles me escucharían más que tú.

-          Ya desearían los árboles ser tan sexis como yo. – Soltó una pequeña sonrisa y puso una cara tan graciosa que me contagió una leve alegría.

-          ¿Eres tan modesta siempre?

-          No está mal echarse los piropos a una misma de vez en cuando.

-          No… claro. – Dije irónica. – Bueno, voy a seguir mirando más clubs. – Me giré sobre mis talones y se quedó ahí sonriéndome.

-          Claro. – Alzó sus cejas y juntó sus manos. – ¡Mañana a las 6, no lo olvides!

-          ¡Eres insufrible!

-          Gracias. – Me hizo un gesto con la mano y me giré por completo para centrarme en otros clubs. Me interesó el de arte, siempre me había gustado el mundo artístico. Y no es que quiera presumir, pero la verdad es que dibujo bastante bien. Bueno, ¿No está mal echarse los piropos a una misma de vez en cuando, no? Sonreí como una tonta al recordar las palabras de la chica pelirroja y me maldije por no haberle preguntado su nombre. Aunque si mañana me presento a las audiciones quizás… ¿¡Pero Emma, qué estás pensando!? ¡Ya sabes que eres incapaz de cantar en público! Y era verdad, me ponía muy nerviosa aunque… me gustaba mucho cantar.

 

Me pasé el resto de la mañana paseando de un lado a otro y conociendo más en profundidad la Universidad. Había de todo: campos de fútbol, canchas de baloncesto, pistas de tenis, piscina… Absolutamente de todo para el ocio y para el físico de los estudiantes de Barden. Algo que agradecí profundamente, ya que era una persona muy activa en cuanto al deporte.

Me acerqué al centro de la ciudad, cansada de dar tantas vueltas por la universidad sin hacer nada y fui directamente al gran centro comercial a comprar algo de ropa que me hacía falta. Comprar es uno de mis grandes pasatiempos.

-          ¡Perdona, no me había dado cuenta! – Me disculpé ante la chica morena con la que acababa de chocar, provocando que tirase al suelo unas cuantas bolsas repletas de ropa.

-          Perdóname tú. – Se agachó a recoger unas cuantas bolsas con mi ayuda y me miró directamente a los ojos con una sonrisa. – Llevo tantas bolsas que no puedo ver lo que hay delante de mí… - Susurró esto último con una leve sonrisa. – Bonitos ojos.

-          Gr-gracias. – Le devolví la sonrisa algo ruborizada.

-          ¿Son… verdes? – Se acercó bastante a mí descifrando el color de mis ojos y sonrió traviesa.

-          Bueno, son una mezcla entre verde y… marrón. – Tragué saliva al ver que se acercó más y volvió a sonreír.

-          Muy bonitos. – Volvió a decir. - ¿Quieres un café? Tómatelo como una disculpa por haber chocado contra ti.

-          Fue mi culpa…

-          No, fue la mía. No seas tan modesta. – Sonrió y le devolví la sonrisa. - ¿Quieres?

-          Sí, claro. – Accedí. – Acabo de llegar y no conozco mucho esto…

-          ¿Acabas de llegar? – Alzó la ceja y la seguí hasta el Starbucks más próximo. - ¿De dónde…

-          España. – Aclaré. – Vengo a estudiar en Barden.

-          Ya decía yo que nunca había visto una chica tan guapa por la universidad… - Sonrió y rasqué mi nuca con cierto nerviosismo.

-          Gracias. – Agradecí. - ¿Y tú, que haces?

-          Estudio en Barden, también. – Sorbió de su café recién traído por el camarero y lo dejó elegantemente en la mesa.

-          ¿Y qué estudias?

-          Diseño. – Jugueteó con el posavasos y volvió a dirigir su mirada en la mía. - ¿Y tú?

-          Derecho. – Me aclaré la garganta y sorbí de mi café con chocolate. ¡Buenísimo!

-          ¿Ya has decidido en qué club participarás?

-          Bueno… aún no lo tengo decidido pero me gusta el de Arte.

-          Con que artista eh… ¿Dibujas? – Asentí. - ¿Dibujas… desnudos? – Tosí al notar como el café se me iba por el otro lado y recuperé el aliento al cabo de unos segundos.

-          ¿C-cómo?

-          Digo que si me dibujarías… desnuda.

-          B-bueno podría… - Jugueteé nerviosa con el vaso y sonreí. – Sí, claro. ¿Por qué no?

-          Una chica atrevida… me gusta. – Apoyó su espalda en la silla y sonrió manteniendo el vaso sobre sus manos.

-          ¿Y tú en qué club estás?

-          En ninguno… todavía. – Suspiró. – Mañana son las audiciones para entrar en las Bellas…

-          ¿Ese grupo A capela? – Alcé la ceja sorprendida de la popularidad de éstas.

-          Sí. – Asintió. - ¿Te gusta cantar? ¿Estás… interesada?

-          Me gusta sí pero…. Me pongo muy, muy, muy… nerviosa. – Cogí aire y suspiré profundamente.

-          Podrías unirte… las audiciones son…

-          A las seis de la tarde en la sala de ensayos, sí.

-          ¿Te has estado informando?

-          Más bien, me “han” informado.

-          ¿Quién?

-          No sé su nombre. – Volví a sorber del vaso. – Era una chica pelirroja…

-          ¿Chloe Beale?

-          “Chloe Beale…” – Pensé. – “Qué nombre más bonito”

-          Seguro que sí era ella, es chica… se toma demasiado a pecho lo del grupo. Es como si viviera para ello.

-          ¿Tan importante es ese grupo?

-          Son ya una institución.  – Me aclaró, y me volví a sorprender por su popularidad. – Todo el mundo quiere entrar en Las Bellas de Barden.

-          Ya veo… - Jugueteé con mi vaso ya casi vacío. – Entonces el nivel para entrar será alto… - Pensé en voz alta.

-          ¡No me digas que estás pensando en entrar!

-          Bueno… - Dudé. – Ay, ¡No sé!

-          Mira, hagamos una cosa. – Pasó su mano por la mesa y atrapó la mía, dándole una suave caricia. – Pásate mañana por las audiciones y miras cómo va la cosa, y de paso… me miras a mí cantar. Que seguro que me das mucha suerte. – Me sonrió con picardía. -  Y si te animas… inténtalo.

-          ¿Eres siempre tan convincente? – Respondí divertida.

-          Te sorprendería saber lo convincente que puedo llegar a ser, guapa.  – Me guiñó un ojo y sonreí.

-          ¿Sabes que aún no me has dicho tu nombre? – Reí.

-          Stacie. – Dijo con una sonrisa. – Y tú eres…

-          Emma.

-          Me gusta, Em. – Volvió a sonreír con picardía y le devolví la sonrisa por el mote. Así era como me llamaban mi familia y mis amigos.

 

Tras nuestra charla en una de las mejores cafeterías del mundo, me acompañó a hacer unas cuantas compras. Recorrimos varias tiendas y, sin reparar en gastos, compré todo lo que me gustó. ¡No pasa nada por concederme algún capricho de vez en cuando!  Fuimos al cine ante la insistencia de Stacie, estaba como loca por ver una de las recién estrenadas películas de acción. Una de las más taquilleras del momento. Aunque agradecí que no fuese una gran pastelada amorosa (cosa que odio), no pude evitar quedarme dormida en algunas partes, ¡Estaba tan cansada por el viaje en avión que no sabía cómo podía aguantar de pie!

 

-          ¿Ha estado bien la película, eh? – Me sonrió al salir.

-          Sí. – Asentí bastante cansada.

-          ¡Pero si te has dormido la mitad! – Rió y rasqué mi nuca.

-          Es que… he tenido quince horas de avión y no he dormido nada… perdona.

-          ¿Por qué no me lo dijiste antes? – Colocó la palma de su mano en la frente y mordió su labio. - ¡Y yo insistiendo en ir al cine! ¡Seré tonta!

-          Tranquila. – Sonreí. – Necesitaba despejarme un poco y conocer algo de la ciudad. Tendría que darte las gracias.

-          Eres demasiado buena. – Me tomó del brazo y vi que estábamos llegando a la residencia. – Por eso mismo sé… que mañana irás a verme a las audiciones. ¿Verdad?

-          Uff… - Suspiré y sonreí. - ¡Qué remedio! ¡Me lo has hecho prometer unas quince veces!

-          Soy muy insistente cuando quiero algo. – Alzó sus manos. – De formación profesional, lo siento.

-          Tranquila, no me molesta. – Puse algunos mechones rebeldes tras mi oreja y sonreí.

-          Como empieces a concederme los deseos… - Me agarró de la blusa y me acercó. – No me haré responsable de lo que pueda ocurrir. – Se mordió el labio y tragué saliva ante su acción. – Debería irme a mi cuarto, y tú… deberías descansar. – Se acercó y me dio un beso en la comisura de los labios. - ¡Mañana a las seis! ¡Que no se te olvide! – Me quedé ahí plantada con las cejas alzadas y con una mezcla de extrañeza ante las acciones tan atrevidas de Stacie. Sacudí mi cabeza para sacarme todos los pensamientos obscenos de la cabeza y me dirigí a mi habitación con intención de dormir durante por lo menos una semana.

-          ¡Hola! – Me saludó una chica morena al entrar, estaba recostada en su cama con los cascos puestos y la música retumbaba a través de ellos.

-          Hola. – Sonreí cansada y suspiré al cerrar la puerta.

-          ¿Día cansado?

-          Y que lo digas… - Me tumbé boca abajo y me quedé mirándola. ¿Pero qué pasaba con las chicas de la Universidad? ¡Eran todas preciosas! Sus ojos azules me miraron y sonrió. - ¿Qué escuchas?

-          Estoy mezclando unas canciones… hago mixes.

-          ¿Eres DJ o algo así?

-          Es lo que quiero. – Sonrió con ambición y se reincorporó en la cama. - ¿Quieres escuchar alguno de ellos?

-          ¿Bromeas? – Me levanté. – Me encantaría. – Me acosté junto a ella y me pasó los grandes cascos. – Está genial… - Dije al escucharlo. – Eres buena… muy buena. – Sonreí.

-          Gracias. – Dijo con una amplia sonrisa. – A ti también te gusta la música por lo que veo.

-          ¿Mmm? – Alcé la ceja.

-          Lo digo por la guitarra. – La señaló con la cabeza y sonrió.

-          Ah, sí. – Reí. – Me gusta tocar y cantar.

-          ¿Cantar? – Preguntó. – Sabes que mañana…

-          Las audiciones para entrar al grupo de Las Bellas de Barden, a las seis en la sala de ensayos. – Dije rápidamente y rió

-          Vaya, no soy la única que te lo ha dicho. – Dirigió su mirada hacia el ordenador y sonrió. - ¿Te presentarás?

-          Me da muchísima vergüenza cantar en público. – Suspiré cansada.

-          ¿De verdad? – Alzó una ceja. – No lo parece.

-          Me lo dicen mucho. – Me levanté de su cama y me tiré en la mía, sin ni siquiera cambiarme. – Lo siento pero las quince horas de avión que me he tragado, me han dejado agotada….

-          Tranquila, descansa. – Tecleó unas cuantas cosas y volvió a ponerse sus cascos. – Por cierto, soy Beca.

-          Yo soy Emma. Encantada. – Cerré los ojos por el cansancio y oí un “encantada” de parte de mi compañera de cuarto. Sin duda, mi estancia en la universidad iba a ser más que divertida.

Notas finales:

Espero que os haya g ustado el primer capítulo, prometo que el segundo será más interesante y más divertido. Un beso y espero vuestras respuestas!

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