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Sorpresa.

Autor: nezalxuchitl

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Notas del fanfic:

Quizá haya mas de una sorpresa en este relato.

El viento silbaba fuera y dentro de las paredes del castillo, silbando al agarrar carrera entre los torreones; haciendo crujir las viejas piezas de madera: sonidos de fondo, perfectos para encubrir cualquier posible ruido. Ni Heneage, ni su madre, estarían atentos al sonido esa noche.

Una corriente de viento filtrada por una rajadura en la madera hizo ondear su vela y su bata, su elegante, suave, bata de noche. Pantuflas de seda protegían sus pies del frío piso y amortiguaban sus pasos, cuidadosos, queditos. Finalmente penetró en la habitación de la falsa doncella. Había ido ahí como prometida de su hermano, pero el sabía muy bien quien era.

Dillon, el teniente Dillon, el capitán Dillon. Su ascenso había sido expedito porque le gustaba, lo deseaba, no se había atrevido a tenerlo. Era tan hermoso que la desesperación lo había embargado al verlo al lado de su hermano. Él lo había visto primero, deseado primero.

James Dillon, y su impresionante melena rojo oscuro. Una belleza sin par, aficionada a la navegación y a la bebida. Se había mostrado generoso con el oporto esa noche con la esperanza de que embotara sus sentidos, no tanto como para que no lo disfrutara, pero sí lo bastante para minimizar el riesgo de ser reconocido.

Había oído a Heneage colarse en su habitación a altas horas de la noche, y luego risas, gemidos y crujidos amortiguados. Y él se había sentido indignado; de que lo hicieran en su casa, de que lo hicieran ellos y no él.

Se sentía enfermo de deseo por James y la malvada princesa se complacía en torturarlo; siendo tan amable con él, dedicándole esas miradas corteses, esas sonrisas coquetas. Tal como cuando iba a pedirle un ascenso, o un navío.

Tembló cuando giró el picaporte: el sonido que hizo, semejante a un trueno, debía de haber despertado a todos en la casa.

Pero no era así, no lo era en absoluto: el que atronaba era su desesperado corazón. James se veía en la penumbra; cubierto por las sabanas, dormido, tan hermoso.

Desde el principio de su visita, había asignado a James una habitación que no tenía cerradura. ¿Lo convertía eso en un canalla? Deseaba tanto a ese joven, casi se podría decir que lo quería.

Evitando pensar en su hermano se acercó a la cama. La luz dotaba de brillo a su pelo, a su piel. Las exquisitas pecas que la adornaban, visibles también en lo alto del hombro, descubierto al jalarse el camisón.

Dormía en una pose ladeada, seductora. El valle y la curva de su baja espalda y trasero visibles a pesar de las mantas. Las piernas largas, interminables. Como la pestañas, justo como las pestañas.

Se deleitó contemplándolo, lo mismo que su miembro. Tanta hermosura, tanta sensualidad innata. ¡Aún durmiendo! ¡Cómo le gustaría dejar la luz encendida, para verlo mientras lo hacía suyo, esa belleza quebrada por el placer.

Pero no podía permitirse ser reconocido. La luz de la luna era casi demasiada cuando los rápidos jirones de nube no la ocultaban, pero confiaba en que…

Una rodilla en la cama, detrás de él, su mano reuniendo su cabello, rozando su hombro. Su corazón latía como un loco, el ruido iba a despertarlo. Un suave beso en su hombro, en su nuca, en su cuello. Un quejidito de James, complacido, sensual. Su miembro pulsaba lo mismo que su sien. Esas mejillas, frescas como rosas, levemente coloreadas incluso en la oscuridad de la noche. Al rozar sus labios sintió que se moría.

Pero siguió con vida, como muy bien lo demostraba su mano, acariciando por encima de las mantas, por debajo. El camisón de James era femenino, muy seductor. Claro, tenía que mantener su papel incluso si se presentaba un imprevisto en la noche.

¿Cómo lo haría Heneage? Había imaginado las escenas que acompañaban a los ruidos, por supuesto, pero, ¿le quitaba el camisón? Algo le dijo que sí. Ni su hermano, ni él, ni nadie en su sano juicio querría dejar de apreciar esa belleza al natural.

James no despertaba. Reaccionaba a sus caricias, medio respondía a sus besos, pero no abría los ojos ni hablaba. Eso dolía un poco. Querría que lo viera, que lo besara, por ser él.

Pero eso estaba en completa oposición a su plan.

 

Recorrió su pecho provocándole un escalofrío. Sus caricias eran tan suaves, tan delicadas. Casi como las de Stephen. Sabía que sería un amante dedicado, como su hermano. Pero la culpa le hacía querer que fuera rápido. La culpa, y el deseo. El first lord del Almirantazgo no le había sido indiferente cuando conseguía sus favores; tan alto y apuesto, con ese suave acento que lo enloquecía. Heneage no lo tenía: había navegado desde pequeño, pero Melville, el primogénito, había permanecido en Escocia y sus eses y sus erres eran tan suaves, profundas, seductoras. Como la caricia de una espesa piel en invierno.

Lord Melville. Tan fino y educado, con esos dedos largos, largos, que deberían sentirse tan bien adentro. Quería rodearlo con las piernas y comérselo, besarlo con pasión mientras lo instaba a moverse más duro: ojalá pronto estuvieran así.

Fingió medio despertar, amodorrado, echándose el cabello a la cara para ocultar que lo veía, como lo veía. Por la manera de caminar conoció que era él, Melville, que por fin lo visitaba. Sospechaba, esperaba que los oyera, a él y a Hen, que se apersonara para reclamarles y entonces…

Estaba enfermo por desear a los dos hermanos así. Los mismos ojos, el mismo pelo, y sin embargo, tan diferentes. Tan deseables, cada uno a su modo. ¡Si tan solo pudiera casarse con los dos! A ambos podía complacerlos y los hijos que engendrasen… bueno, serian de la familia.

Tocó su pecho por entre la bata, esa prenda tan suave que podría usarla. Meneó la cabeza internamente. ¿De verdad, Melville? ¿De verdad crees que estás haciendo el incógnito?

Que lo hiciera o no le daba igual, siempre que siguiera besándolo así. Tocándolo así; más ardoroso, pero aun suave. Seme pero gentil, muy gentil. Ardía en deseos de que lo hicieran salvajemente, pero eso no parecía estar por ocurrir. Lo rodeó con una pierna, él le alzo el camisón, hasta arriba, bien arriba. Su muslo desnudo, bajo su mano. Sus intimidades desnudas, bajo su mano. Desnudas y erguidas. Oh dear! Melville estaba masturbándolo y era algo totalmente placentero. Novedoso. Se restregó contra él, estuvo a punto de susurrar su nombre.

Melville, el otro hermano, cobrándose el precio que nunca le hubiera pagado por un navío. Sus labios sobre su cuello, su espalda bajo sus manos. Lo araño, urgiéndolo a que se apurara. Pero Melville parecía tener todo el tiempo del mundo para disfrutarlo. ¿Acaso no estaba excitado? El lo quería, ya. Le llevó la mano atrás, y al sentir uno de sus elegantes, alargados dedos penetrando, gimió. Gimió sin remedio, entregándosele, besándolo. Melville lo dedeaba con una cadencia ardorosa. Sentía el deseo en sus besos, en su cercanía.

Llevó la mano abajo por entre su bata, retirándola. Cuando lo agarró se apretó de deseo. Grande, duro, húmedo. Le encantaba. No podía decir si Hen lo tenía más grande, no sin compararlos lado a lado, erguidos, juntos, frotándose.

La idea le hizo soltar un chillidito, y un chorrito, que el otro se apresuró a usar para lubricar.

 

Que delicioso era James, que bien la jalaba. Su manita delicada no lo era tanto a la hora de manipular un pene; sabía cómo hacerlo. Por supuesto, tenía uno, y que le gustara acariciarse con tanta rudeza era inesperado, excitante. Lo imaginaba más suave, más… femenino.

Pero era bastante apasionado y dominante, y eso le encantaba. No era de esos chicos que sólo se dejaban tomar y ya; participaría activamente.

Retiró sus dedos y jaló su polla acercándola a su hoyito. Podía ver sus ojos clavados en él. Bajó su rostro a su pecho para penetrarlo. Lo hizo con mucho cuidado, disfrutando cada instante, cada mínimo avance dentro de ese túnel maravilloso, cálido, estrecho, prohibido. Tan prohibido. Jadeo en su oído, murmurando apenas su nombre.

Y James consideró tan injusto que él no pudiera susurrar el suyo, con tanto como lo deseaba. Finalmente estaba haciéndolo suyo. Su polla tardó una eternidad en entrar, llenándolo lentamente, desesperantemente lentamente.

-Cariño… - se conformó a susurrar, apretando su nuca, su coleta con moño, más baja de lo que Heneage la usaba.

Estaba en él y lo sentía, se besaban, lo masturbaba. Era un amante delicado, suave, gentil. El sueño de cualquier turra. Pero él no era cualquier turra, era más salvaje, y había encontrado en Hen la horma de su zapato. Cuando su fuego se encendía, tenían que apagarlo, con urgencia. Melville le echaba y le echaba leña con sus embestidas ardorosas, lo torturaba hasta la locura con esa suave penetración. Lo masturbaba más rápido de lo que lo penetraba, succionaba su lengua con intensidad. Y él le respondía, lo instaba, quería que le diera más duro, necesitaba que le diera más duro.

-Más rápido.

James volvió a besarlo, con hambre. El, que se había contenido. Le dio más duro. Que bien se sentía penetrar ese culito, su culito. Suave hasta la locura, saber que poseía semejante belleza. Semejante apasionada belleza. Sus jadeos eran más profundos, sus miembros lo aferraban con más fuerza, más seguido.

-¡Oh sí! ¡Oh Mmmm!

Volvió a besarlo. Mejor besarlo, besarlo y besarlo. La cosa estaba poniéndose buena, muy buena, con Melville meneando más rápido las caderas. Las tenía más huesudas que su hermano. Su polla no friccionaba tan rápido. Pero en ningún momento dejaba de tocarlo, de hacerlo sentir querido. Mimado, protegido: eso era algo muy bueno para una sesión calma. Pero el corazón de James estaba tan agitado como el clima, afuera. Un vendaval de pasiones, de sentimientos, que exigían ser ahogados por la pasión desenfrenada.

Y no parecía que Melville fuera a moverse más rápido. Estaba moviéndose rápido, profundo, pero no lo suficientemente rápido. No con bastante vigor.

-Más rápido, mmmas duro!

Pero Melville se dosificaba. Si lo hacía tan rápido y tan duro como podía, se vendría, sin remedio, y tenía que cumplirle a esa belleza, hacerla gozar. Debió seguir la advertencia de las uñas, clavándose dolorosamente en su piel.

-¡Más, más! – exclamaba James, casi enojado. El primer lord estaba volviéndolo loco, con su insuficiente placer; tan intenso, tan al borde, pero demasiado tiempo en el borde volvería loco a cualquiera, no digamos a alguien tan impaciente como James.

Lo empujó, le dio la vuelta y le dijo.

-Maldita sea Melville, ¿Qué no puedes moverte más rápido?

El first lord estaba como gato tonto. Lo montó, procurando arañarle el pecho al sostenerse de él.

La luna se descubrió, mostrándoselo; amazona gloriosa con esa cara de placer y esos cabellos danzando a su ritmo. Impresionantemente hermoso. Y la sorpresa de que lo descubriera le había hecho dar un bajón. James se movía sobre él como nadie, quiso sujetarlo para que no se cayera pero él le apartó las manos. Estorbaba sus movimientos, y lo estrangularía si no lo dejaba gozar a gusto, a su gusto, de su deliciosa polla.

-¡Oh Melville! – ronroneó un poco, imitando su acento – Oh sí, sí, siii!!! – con tres empujones, con tres apretones, James se corrió.

Y Melville también. Sin remedio.

-¿Qué?! – exclamó indignado James al sentirse pegajoso.

Lo hubiera abofeteado. Lo hubiera estrangulado ahí mismo, si de algo sirviera. Avergonzado por no poder seguir dándole a la nena lo que quería, Melville quiso que se lo tragara la tierra. Ocultó la cara en la almohada, ladeándose todo el un poco.

Largas piernas, cuerpo de seme. James no estaba satisfecho y ese first lord era tentadoramente delgado. Después de todo, él había ido a buscárselo.

Le terminó de dar la vuelta, acariciándole la nuca, la espalda. Terminó de quitarle la bata y maldijo la nube que le oscurecía la visión de esa espalda que se estrechaba hacia las caderas. Palmeó la nalga del first lord, sobándosela. Se subió sobre él, restregándosele como gato sodomita. Todavía estaba duro, y nada urgido.

Melville no se atrevía a hablar por temor de haber sido descubierto. James detrás de él, sobre él… era inofensivo, ¿cierto? Una turra (uke), una muy bella.

-Primer lord… - no sabía si eran sus labios, o solo su voz, los que cosquilleaban su oído - ¿es esta su primera vez?

Le había metido los dedos rápida, sorpresivamente. Dolorosamente, incluso. ¿Lubricado con qué? Se sonrojó al caer en cuenta. Su propio semen. Como una turra.

-¡Capitán Dillon!

Que se trataran por sus respectivos títulos era irreal, pero a la vez tan natural, en esa situación.

-Oh, lord Melville… - James se le restregaba encima, como, como… ¡Como lo dedeaba! Y le mordisqueaba la oreja, el cuello… le estaba gustando.

-Dillon… James…

El first lord había aflojado. Sus dedos entraban y salían con relativa rapidez. Acariciaba su espalda, la espalda de un seme. Hundía la nariz en su nuca y hacia todas aquellas turrerías que hacia con Stephen. Y a diferencia de Stephen, a Melville si podría someterlo.

Restregaba su polla contra su muslo, contra su nalga… el huequito era tan excitante, sodomizarlo al tiempo que se lo dedeaba. Y Melville ahí, tan dejado. ¿Acaso no se daba cuenta del peligro que corría? ¿O lo creía un justo pago? Mordisqueaba lo alto de su espalda, su nuca, y todavía no sabía si lo haría o no cuando la puerta volvió a rechinar y transpasó su umbral Heneage.

-Vaya – dijo al ver el cuadro – sigo dormido.

Melville sintió que se infartaba. ¡Su hermano! ¡Su traición! Iba a matarlo, no podría enfrentarse en duelo, no con su hermano pequeño.

-No. Ven acá. ¿No ves que hay lugar aquí?

Empinó la cola a la luz de los tenues jirones que velaban la luna y luego arremetió como si volviera a penetrar a Melville, que gimió. Como un gatito.

-James – Hen no parecía muy seguro de estar despierto - ¿estas tirándote a Melville?

Pero James solo ronroneó, mirándolo pícaro y mordisqueándole la nuca al hermano mayor, dedeandoselo con mas ahínco, para que gimiera.

Heneage se acercó a ver. Todavía no digería que James estuviera sobre Melville, y sentía celos, sí, pero de Melville. Es decir, no los correctos. Si alguien iba a desvirgar a su hermano, de ese modo, iba a ser el. Aunque no debiera tener esos pensamientos.

Separó a James y vio donde estaba, que estaba haciendo. James le dio un beso-mordida, rápido como una serpiente, y volvió a su cálido huequito, suave huequito, sin que los dedos cejaran en su empeño.

Si la tenía parada cuando se levantó para ir a visitar a su prometido, luego de un sueñito, ahora la tenía goteante. Melville ocultaba la cara, todo cuttie, y hacia unos ruiditos… que bueno que el viento aullaba, porque si no lo haría él. Se acomodó tras su belleza pelirroja, acariciándole las caderitas, las pompas.

-Pelirrojo degenerado. – le dijo, acariciando su mejilla.

James le chupó el dedo, hecho la cola atrás y sobo la polla de Hen, sintiendo la punta resbalosa, lista.

-Solo hazlo. – le dijo, volviendo a sodomizar las nalgas del first lord, llevando la mano a su boca, para acallarlo, o que chupara sus dedos, o lo que fuera.

Pasado el susto (Si Hen no reaccionaba de inmediato sería  raro que lo hiciera después) Melville se encontraba muy excitado. Lo que James le hacía era tan… impropio, no podía ni mencionarlo. Ni disfrutarlo más. Le estaba haciendo conocer sensaciones que no creyó pudiera experimentar; un placer que recorría todo, todo su cuerpo, y esa polla ahí, tan cerca, y el peso de James y luego el de Hen, pausa, y luego un ritmo más rápido, rápido. ¿Cómo podían mover la cadera así? James gemía, su mano se aplastaba entre sus cuerpos, pero no cejó: tener a un hermano por el culo y al otro por la polla era lo más. Estuvo tentado de metérsela a Melville, pero sospechaba… y más cuando Hen llego más allá de su cuerpo para acariciar a su hermano.

Se pegó bien a Melville, ladeando su rostro, besándolo. Hen lo besaba a él y sus labios estaban tan cerca, tan cerca. Ardía, más de lo que provocaba la fricción atrás y adelante, los dos, ellos dos. Lentamente, vio como los ojos grises de abajo se abrían, y miraban a los de arriba. Y luego, ignorándolo, se besaron. James casi se derretía ahí mismo, y aunque no lo pareciera, los hermanos apreciaron sus ruiditos, sus movimientos.

Fue un beso intenso, a pesar de no ser tan salivoso, o lenguoso. Heneage y Melville se entendían bien, y les gustaban las mismas cosas.

Hen se incorporó, arqueándose, pujando, y James se agitaba bajo él y al fondo, Melville, apenas si movía las caderas, o apretaba los dedos de James. Oía a su hermano más cerca que nunca, y a James, ¡oh James!

Hen se follaba duro a pelirrojo, pero con la mirada clavada en la nuca de su hermano, nuca besada y mordisqueada por los labios de frambuesa, rojizos de tanto beso, de tanto. Al entrar en James, y encontrar aquella humedad, supo lo que había pasado. Y una parte de él no pudo evitar suspirar aliviada.

Saber que se movía tan fácil en el interior de James por el semen de su hermano, que Melville lo había dilatado, preparado y follado era… era muy perverso y excitante. Era como si juntos se lo hicieran. Lo hicieran. Sintió a James correrse y Melville lo sintió también: toda esa humedad en sus bolas, sus ingles. Se quedó quieto, a excepción de los dedos, y el movimiento que le transmitía el cuerpo de James, exánime sobre él, era el de su hermano. Hen era quien se movía así de vigorosamente, y eso lo hizo relamerse los labios. Debería sentir más envidia por el buen desempeño de su hermano, pero no era así. Los gemiditos de James eran música, y los suyos propios… que vergonzosos. Cuando volvió a mirar a Hen se corrió. Ambos lo hicieron, viendo en su mente la imagen de los ojos del otro.

Heneage se recostó a un lado, agitado. La intensidad de la luz cambiaba, como la altitud de su pecho. Su musculoso pecho, en el que James se recostó. Hen le hizo cariñitos, distraídamente. Luego besó su nuca y lo miró a él.

-Te pasas Melville. – le dijo – Dejarte dominar por James.

 

 

 

Notas finales:

¡Sorpresa! Lo que habeis leido no es un original en forma. Es original y no como el gato de Schoedinger esta vivo y muerto. Los personajes son originarios de la saga de novelas Capitan de mar y guerra, personajes secundarios, terciarios e incluso ocasionales T.T que si son bastante como los describi, o lo hubiera sido. Excepcion del mpreg.

Se que no estuvo 100% correcto publicar esto como un original, asi como no advertir del incesto, pero, para lo primero, realmente creo que se puede leer como un shot original y queria hacer un experimento, una trampa, para ver si atraia mas lectores a esta saga. (la tengo para descarga en mi fb!). Respecto a lo segundo, lo siento, pero hubiera arruinado la sopresa. 

Si quereis reclamarme, bueno, teneis la opcion de review, lamento si heri alguna suceptibilidad. No hubo mala intension.

Y si os gusto James, tambien es protagonista en esta

http://www.amor-yaoi.com/fanfic/viewstory.php?sid=150129

Kiitos (gracias) y que viva el yaoi.

 

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