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El conde Bakura por Hachimitsu No Miko

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Notas del fanfic:

Jijiji, estoy algo loca por hacer esto, pero bueno... ¡Leanlo y espero les guste!

 

"Los personajes de Yu-gi-oh! no me pertenecen, son propiedad de Kazuki Takahashi"

"Y la historia de Drácula tampoco, pues es de Bram Stoker"

Notas del capitulo:

Aquí es hasta donde llega al castillo, empieza con una carta de Bakura a Marik.

Quién haya leído el libro notará que quité y cambie algunas cosas para ajustarlo a lo que quería, ya que el libro original no tiene ni pizca de yaoi... creo que ni siquiera tiene romance, bueno un poquito...

¡En fin!... Por favor lean y si quieren dejar reviews se los agradecería mucho!

"Amigo mo. Bienvenido a los Crpatos. Lo espero con impaciencia. Duerma bien esta noche. Maana a las tres saldr la diligencia para Bucovina; en ella hay una plaza reservada para usted. En el paso de Borgo lo esperar mi carruaje que lo traer hasta m. Espero que disfrute su estancia en mi hermoso pas. Su amigo, Bakura."

El sol se encuentra muy alto en el horizonte. Cuando sub a la diligencia el cochero todava no haba ocupado su puesto en el pescante, estaba charlando con alguien. Evidentemente hablaban de m, porque me miraban, y algunas personas que estaban cerca se acercaban y me miraban con lstima. Pude or unas cuantas palabras repetidas con frecuencia, palabras en lenguas extraas. Saqu mi diccionario polglota y las busqu. Confieso que no eran nada alentadoras, pues entre otras estaban: ordog (satn), pokoi (infierno), strigoaica (bruja), vrolok y vlkoslak (hombre lobo o vampiro)...
(Memoranda: debo preguntar al conde acerca de estas supersticiones.)
Al momento de partir, la multitud se santigu y me seal con dos dedos. Le ped a uno de mis compaeros de viaje que me contara lo que queran decir, me explic que se trataba de un hechizo o proteccin contra el mal de ojo. No resultaba muy agradable para m, dado que parta hacia un lugar desconocido para reunirme con un hombre al que jams haba visto. El cochero hizo restallar su ltigo y partimos.
Al llegar la noche los pasajeros parecieron ponerse nerviosos, instndole a que apresurara el paso. El cochero fustig a los caballos. Entonces cre distinguir delante de nosotros una claridad griscea, como si hubiera una hendidura en las colinas. El nerviosismo de los pasajeros aument. La diligencia se balanceaba y rodaba alocadamente como un barco sacudido por una mar agitada. Tuve que sujetarme. Luego las montaas fueron acercndose a nosotros por ambos lados, pareciendo que nos amenazaban. Estbamos entrando al Paso de Borgo.
Me puse a buscar con la mirada el vehculo que me conducira con el conde. Esperaba divisar entre la negrura el brillo de unos faroles, pero todo estaba oscuro. Entonces el cochero se volvi hacia m y dijo: "No hay carruaje; no lo espera alguien. Tendr que venir a Bucovina y regresar maana". De repente, los caballos empezaron a relinchar y resoplar. Mientras los pasajeros santigundose gritaban, lleg una calesa tirada por cuatro caballos y se acerc a la diligencia. Eran unos caballos negros; los guiaba un hombre de elevaba estatura, con un largo cabello blanco y un gran sombrero que le ocultaba el rostro. Cuando volte hacia nosotros pude ver el destello de unos ojos brillantes. "Esta noche ha llegado pronto, amigo", le dijo al cochero. "El Sr. Ishtar tena prisa", respondi el cochero tartamudeando. "Por eso pretenda que continuara hasta Bucovina. No me puede engaar amigo." La expresin de su boca era dura, con labios rojos y dientes muy afilados, blancos como el marfil. "Denme el equipaje del Sr. Ishtar", dijo el conductor de la calesa. Descend de la diligencia, y el conductor de la calesa me ayud a subir, asindome del brazo con una mano que me pareci de acero. Tir de las riendas y nos adentramos en las tinieblas del Paso. Al ver atrs, mir las siluetas de mis compaeros de viaje, persignndose. Sent un escalofro inesperado. El cochero me puso una manta en las rodillas, "La noche es fra, y el conde me ha ordenado que lo cuide."
El carruaje avanzaba en lnea recta. De pronto gir y tom otro camino. Tuve la impresin de que pasbamos una y otra vez por el mismo sitio. Ms tarde quise saber cuanto tiempo haba pasado: encend una cerilla y mir mi reloj. Faltaban unos minutos para la medianoche. Eso me produjo una especie de conmocin, recordando la supersticin acerca de la medianoche. Qued a la expectativa. Entonces empez a ladrar un perro en la lejana. Era un gemido prolongado, inquieto; de terror. Le contest otro perro y luego otro, hasta que comenz una serie de aullidos que parecan proceder de los alrededores. Al primer aullido los caballos se encabritaron, y aunque el cochero los tranquiliz, temblaban y sudaban.
Despus se escucharon unos aullidos de lobos que afectaron a los caballos y a m: estuve a punto de saltar de la calesa y correr, de no ser por el cochero que me mir de una menera atemorizante, pero a la vez tranquilizadora. …l reprendi la marcha a gran velocidad. Esta vez tom un camino estrecho que torca a la derecha. El fro fue hacindose ms intenso, y empez a caer una nieve fina que visti todo con un manto blanco. Los ladridos de los perros iban debilitndose; los aullidos de los lobos parecan ms cercanos, como si nos rodearan. Yo estaba asustado; el cochero no estaba preocupado en lo ms mnimo. De pronto, atisb a lo lejos una vacilante llama azul. El cochero la vio, detuvo los caballos y, saltando a tierra, desapareci en la oscuridad. Yo no saba que hacer, con los lobos aullando ms cerca. De repente reapareci el cochero, tom asiento y proseguimos la marcha. Me sent aliviado por un momento y me qued dormido. Despert luego de un rato. Continuamos viajando en la oscuridad, mientra los lobos aullaban en nuestro entorno. El cochero volvi a detenerse y se alej ms que otras veces. Los caballos se pusieron a temblar y a resoplar. No poda comprender la causa, ya que haban cesado los aullidos. Y entonces apareci la luna y a su luz pude ver que nos rodeaban los lobos, mostrando sus colmillos y lenguas rojas. El miedo me paralizaba. Grit al cochero que regresara. O que levant la voz imperioso, lo mir de pie, agitando los brazos; los lobos retrocedieron. En ese momento un nubarrn ocult la luna y quedamos sumidos en la oscuridad. Cuando mis ojos se acostumbraron a ella, el cochero suba al pescante, y los lobos desaparecieron.
Todo era tan extrao y misterioso, el viaje se me haca interminable. De pronto me d cuenta que el cochero estaba deteniendo los caballos en el patio de un inmenso castillo en ruinas.
Notas finales:

Si les gustó les aviso que se va a poner mejor, jijiji

Aunque aún no se si ponerle lemon o no, ciertamente las historias de vampiros se prestan para eso, pero aún no estoy segura...

¡Gracias por leer!

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