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Dulce veneno por Murasaki Samurai

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Notas del capitulo:

¡Buenas! Espero que os guste y que podais seguir conmigo esta historia que creo, es bastante bonita y podrá tocar vuestros corazones.

Adelante con el primer capitulo!

POV: Mikael

Oscuridad. Mi existencia entera no es más que un enorme agujero que absorbe la luz a mí alrededor.

Suelo oír la frase de que todo el mundo ha nacido con un propósito en la vida…. Más yo me pregunto cuál es el mío. Una vida llena de dolor y desesperación es lo único que he conocido y conozco, no veo propósito alguno a parte de la muerte.

Empecemos por el principio. Mi mero nacimiento fue un error. Fui el producto de un descuido entre una prostituta de los barrios bajos de Londres y un conde. Pese a que ella le hizo saber de mi existencia cuando aún estaba en su vientre él renegó de mí e intentó hacer como que no existía, cosa que le funcionó hasta que mi madre murió de tuberculosis cuando yo tenía siete años. En su lecho de muerte escribió una carta y me mandó dársela al conde cuando muriese. Jamás supe que ponía en aquel papel, pero desde aquel día comencé a vivir en aquella mansión, como hijo de Lord Harry Gosthem. Pero eso no significaba que fuese un hijo querido. La esposa del lord había muerto hacía tres años, habiéndole dado antes cuatro hijos.  Tres varones y una chica. Él tampoco los amaba a ellos, pero no los despreciaba. En mi caso no pude tener solo su desidia. Ese habría sido el regalo más dulce que había podido darme la vida. Al principio disfrutaba de darme palizas a la mínima oportunidad que conseguía. Bien podía haber entrado en la casa con barro en las botas o podía haberme apoyado en la barandilla recién limpiada de las escaleras de la entrada… todo era motivo suficiente para que me golpease con la punta metálica de su bastón hasta que sintiese como mi piel podía desprenderse de la carne.

Una vez el tiempo pasó yo llegué a los doce años, y empecé a dejar atrás la niñez, con mi cabello rubio blanquecino, mi piel cérea y mi complexión frágil no era un buen ideal de belleza romántico como los de los cuadros e ilustraciones de los libros, pero pareció ser que eso era lo que menos interesaba a la hora de tomar mi cuerpo. Mi padre comenzó a finar sus palizas con tortuosas y terribles sesiones en las que me inmovilizaba para luego violarme hasta quedarse satisfecho y dejarme tirado en cualquier cuarto, a escondidas de la vista de cualquier otra persona, bajo la amenaza de matarme si contaba algo. Pero, ¿no sería mejor la muerte que aquella tortura?

No pasaron ni dos años hasta que una noche oí como la puerta de mi cuarto se abría de madrugada y noté como unos amortiguados pasos se acercaban a mi cama, para luego notar una presencia sobre mí. Abrí los ojos para encontrarme con algo de impresión al mayor de mis hermanos, cuatro años superiores a mí, mirándome con una mezcla de rabia y dolor en los ojos. El siempre había sido el que más me había odiado de todos, sin lugar a dudas, pero allí estaba, susurrándome dolorosas palabras de odio mientras levantaba mi camisón. Era pequeño y no podía entender lo que me decía, pero si pude notar sus manos frías recorriendo todo mi torso. No fue en absoluto una sensación agradable, y tampoco lo fue ninguna de las veces que repitió esa acción a lo largo de los años, convirtiéndola en un ritual antes de tomarme.  Bajó mi ropa interior y miró mis partes con repugnancia. Me giró bruscamente e introdujo su miembro directamente, agarrando mis caderas y comenzando a moverse de manera rítmica mientras gruñía excitado. Yo me limité a meter la cabeza en la almohada y a intentar no producir gemidos de dolor en voz muy alta, preguntándome por qué hacía aquello si le daba tanto asco tanto mi cuerpo como mi persona.

Con las sesiones de dolor diurnas de mi padre y las veces ocasionales en las que a mi hermano le daba por colarse en mi cuarto de noche fui avanzando en el tiempo, refugiándome en las artes como escapada. La literatura de la Grecia clásica, las obras de los autores contemporáneos del romanticismo y las dulces notas que era capaz de producir al tocar el piano era lo único que me mantenía atado al breve hilo de la cordura.

En la actualidad soy un joven de dieciocho años, un virtuoso y estudioso de los textos antiguos que se deja forzar en las sombras por dos de sus familiares, escondiendo tantos secretos que la mayor parte del tiempo me costaba discernir entre cual de las cosas que decía eran verdad o una simple treta. Ya no podía sentir nada, ni mi piel ni mi corazón. Mis ojos se habían convertido en dos espejos de hielo que muchas veces asustaban a los demás, pero aquello poco me importaba.

Fue la noche del dia 13 de Septiembre de 1857 cuando algo haría que mi mundo se destruyese como la belleza de una rosa en el invierno. Aquel día una marquesa daría una fiesta para celebrar que una de sus empresas dirigidas a los lujos de la burguesía había hecho una cantidad de ingresos bastante superior a la media. Mi padre y todos sus hijos habíamos sido invitados al evento, además la marquesa le había pedido a mi padre que me permitiese tocar algunas piezas para los invitados. Mi talento se había hecho conocido entre la nobleza y solía ser una atracción muy solicitada para algunos eventos sociales bastante selectos.

Vestidos con algunas de nuestras mejores galas nos presentamos en la casa, que estaba llena de ingenuos y elitistas hombres ricos que reían, bebían, bailaban y conversaban al ritmo aburrido que marcaban las normas sociales. Mi padre fue a saludar a la anfitriona y mis hermanos menores se dispersaron entre la gente. Iba a ir a esconderme por ahí cuando me agarraron del brazo.

-No te pierdas entre la gente. Luego tienes que salir a actuar y siempre es muy complicado encontrarte.- Mi hermano mayor me miraba duramente a los ojos.

-Lo se, no te preocupes Walden, obedeceré.-contesté con mi monótono tono de voz habitual.

Chasqueó la lengua y me dejó ir a disgusto.

Caminé tambaleante entre las personas hasta lograr llegar a una esquina solitaria. Apoyé mi espada en  la pared y observé el salón de manera vacía durante so se cuanto tiempo, solo deseando poder estar en aquella soledad para siempre.

-Ah… estas fiestas son una verdadera estupidez… ¿no crees?.-Giré levemente la cabeza para ver unos misteriosos ojos violetas sonriéndome, mientras me preguntaban con aquella voz burlona y aterciopelada.

Notas finales:

Pues ahi queda, espero que haya picado vuestra curiosidad, las reviews me dan puntos de experiencia! Gracias por leer!

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