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El libro de las leyendas: Tomo Fullbuster

Autor: Fullbuster

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Notas del capitulo:

Resumen: (Portada)

Una lluviosa noche de verano, Sasuke mira una vieja fotografía de Suigetsu, el que fue su mejor amigo.  Sasuke va a casarse con Sakura sin saber que el destino le tiene una mala jugada. Su mejor amigo Naruto decide llevarle de despedida de solteros a las aguas termales, encontrándose allí con Suigetsu, quién le recordará que no puede casarse por las locuras de su juventud… ¿Qué locura fue capaz de hacer Sasuke en su adolescencia?

Pareja Principal: Sasuke-Suigetsu.

Dedicado a Zur79. Diseñadora del desafío.

La oscuridad inundaba la ciudad sólo iluminada por los truenos que se abrían paso entre las densas y grisáceas nubes que ocultaban el resplandor de la luna. Noches como ésa eran en las que Sasuke no podía dejar de pensar en el que fue una vez el amor de su vida y al que perdió por un capricho familiar.

 

Miró el cielo viendo cómo caía otra estridente línea de luz directa hacia el suelo. Tal y como el rayo se abría camino entre las nubes, la imagen de Suigetsu se abría camino entre los pensamientos de aquel moreno hacia su corazón. Dolía pensar en él y más dolía no saber nada tras tantos años.

 

Tan sólo era un crío cuando lo vio por última vez… dieciocho años recién cumplidos cuando se separaron definitivamente. La promesa que le hizo se quedó en el olvido, le prometió que siempre estarían juntos. Fue su mejor amigo en aquel pequeño pueblo. Suigetsu tan sólo era un jornalero que trabajaba en los viñedos de su familia, Sasuke era el hijo del propietario y aunque fueron grandes amigos de pequeños, la familia Uchiha no veía con buenos ojos que su hijo pequeño tuviera trato con unos simples empleados que se ensuciaban las manos en el barro para recoger las uvas.

 

Su última imagen de Suigetsu se quedó grabada a fuego en su mente. Recogía la uva arrodillado en el suelo intentando protegerla de la intensa lluvia que caía. Aguaría las plantaciones y los señores Uchiha habían pedido recogerla con rapidez, el agua no era nada buena para una uva que había pasado tanto tiempo al sol, cuanto más calor, mejor era la calidad y esa lluvia destrozaría el vino de ese año.

 

Aquel año, precisamente aquel día bajo la incesante lluvia, el coche en el que viajaba Sasuke se marchaba. Una vez se habían escapado juntos pero al volver, fueron separados drásticamente enviando a Sasuke a la capital a estudiar alejándole de la gran hacienda. En las primeras vacaciones en las que pudo volver, Suigetsu ya no se encontraba allí, sus padres habían despedido a su familia y los rumores del pueblo comentaban que se habían mudado a otro pueblo en busca de un nuevo trabajo. Jamás volvió a saber nada de aquel chico.

 

Sasuke rodó el anillo que aún llevaba en su dedo y lo sacó mirándolo. Era sólo una baratija pero para unos chiquillos de dieciocho años que no tenían apenas dinero, aquel vendedor ambulante que vendía unos baratos anillos hechos con madera les pareció romántico. Se prometieron estar juntos siempre pese a las restricciones de sus familias, principalmente la de Sasuke.

 

Ahora tenía casi treinta años, habían pasado doce años sin ver a aquel chico y no había podido olvidarle. Se habían criado juntos, habían vivido juntos toda la vida y les arrancaron el uno del otro de la peor de las formas. Volvió a mirar el anillo sonriendo como un idiota cuando se acordaba de Suigetsu. ¿Qué habría sido de él? ¿Se habría preguntado Suigetsu alguna vez por él? Esa duda asaltaba al chico allí tumbado escuchando cómo las gotas golpeaban con violencia contra el cristal de su habitación.

 

La sonrisa se esfumó de su rostro en cuanto pensó en el anillo. Nunca se había quitado aquel trozo de madera pero ahora tendría que hacerlo… iba a casarse en unos pocos meses con Sakura, sus padres ya habían planeado todo. No amaba a la chica pero… la unión de ambas empresas beneficiaba a todo el mundo y sus padres no le dejarían otra escapatoria, ya le habían amenazado con dejarle sin nada si no contraía ese matrimonio.

 

Giró en la cama quedando de lado, mirando el anillo entre sus dedos mientras le daba la espalda a aquella ventana llena de gotas. Su vida siempre había sido así… completamente controlada. Ya desde pequeño le habían dicho qué comer, cómo vestir, a qué colegio ir, qué estudiar… le habían separado del amor de su vida, ahora le obligaban a casarse… vivir en una familia importante era un asco y se sentía completamente acorralado por la presión social, por la presión de su familia.

 

Miró la mesilla de su habitación y abrió el cajón sacando de uno de los libros la fotografía donde aparecían él y Suigetsu de jóvenes frente al estanque del gran patio de la hacienda de los Uchiha. ¿Habría encontrado Suigetsu al compañero con quien compartir el resto de su vida? No lo sabía pero esperaba que le fuera mejor que a él. Jamás llegó a perdonar a sus padres la forma en que despidieron a su familia para alejar a ambos, la forma en que les echaron a la calle después de tantos años en los que les habían servido tan fielmente.

 

- ¿Sasuke? – escuchó el joven la voz de su madre al otro lado pero no respondió.

 

Su madre volvió a preguntar pero al no escuchar respuesta se marchó hacia su habitación. Sasuke llevaba ya mucho tiempo viviendo en su propia casa en el centro, pero sus padres habían llegado de sorpresa a visitarle… o eso decían ellos. Sasuke sabía muy bien que su madre sólo había venido para ayudar a Sakura en los preparativos de la boda, una boda en la que ni siquiera a él le habían pedido consejo de absolutamente nada, todo lo estaban organizando las mujeres y estaba cansado de escuchar las tonterías que a veces decían.

 

Por última vez se fijó en la fotografía y la volvió a dejar en su sitio para irse a dormir. Le habría encantado decir que había dormido bien, pero no era cierto, cuando se despertó de forma abrupta debido a su teléfono sonando en la mesilla de forma insistente sólo recordaba un sueño… a Suigetsu echándole en cara que le había abandonado, que no había sido capaz de mantener su promesa. Intentó calmarse y cogió el móvil en sus manos acercándolo a su oído para escuchar al chirriante Naruto.

 

- ¿Qué quieres, idiota? – preguntó.

 

- Tengo una sorpresa para ti – le gritó.

 

- ¿Te mudas de ciudad?

 

- No seas imbécil. ¿Cómo iba a separarme de ti? Además necesitarás un amigo cuando te cases. ¿Con quién te correrás las juergas si no?

 

- Naruto… contigo las fiestas siempre acaban en la comisaría más cercana.

 

- No es cierto… bueno, a veces – sonrió y Sasuke no pudo evitar sonreír.

 

- En serio… ¿Para qué llamabas? Son las siete de la mañana.

 

- Es hora de que te levantes. Nos vamos.

 

- ¿Nos vamos? – preguntó.

 

No le dio tiempo a decir mucho cuando vio cómo pegaba alguien una patada a su puerta del dormitorio y entraban cinco o seis chicos haciendo sonar unos claxon de juguete y le lanzaban confeti. Se quedó absorto mirando a todos ellos con el teléfono aún en la oreja con el pitido como que Naruto había colgado.

 

- ¿Estáis locos? ¿Quién os ha dejado entrar? – preguntó ofuscado.

 

- Tu madre, sabía que hoy veníamos.

 

- Genial, ya podéis marcharos.

 

- De eso nada, hemos venido a llevarte a tu despedida de soltero.

 

- ¿Tiene que ser hoy? ¿En serio? Teníais que haberme avisado para planificarlo.

 

- Eso es lo divertido, Sasuke… que no tienes que planificar nada, lo hacemos nosotros y tú te vienes, tenemos la juerga perfecta para ti. Todo un fin de semana con nosotros.

 

- Ayúdame Dios mío a tener paciencia – susurró.

 

- ¿Qué dices? – preguntó Naruto sonriendo.

 

- Nada, que salgáis para que pueda cambiarme.

 

- ¿Cambiarte? De eso nada – sonrió aún más Naruto – chicos… cogedle.

 

Entre Neji, Shikamaru y Chouji lo cogieron a la fuerza pese a estar revolviéndose para que le soltasen. Su madre miró riéndose cómo se llevaban sus amigos a su hijo mientras le despedía con la mano y le gritaba que se lo pasase bien, claro que Sasuke iba lanzando insultos y pidiendo que le bajasen, que no se atreviesen a sacarlo a la calle en pijama.

 

- Qué poco humor tienes por las mañanas, Sasuke – dijo Naruto sonriendo – Al coche con él – señaló el vehículo y lo metieron dentro a la fuerza.

 

Sasuke ya no pudo hacer mucho, no había cogido su móvil, ni su cartera, iba en pijama y estaba encerrado en un coche con cuatro de sus amigos mientras el resto iban en el coche de detrás. A saber dónde pensaban llevarle para la despedida de solteros, eran capaces de meterle en un club de striptease aunque luego cayó en las palabras de Naruto… ¡Todo el fin de semana! Sólo esperaba salir vivo de aquel fin de semana.

 

Tras conducir durante casi cuatro horas en las que Sasuke ya se había quedado hasta dormido pese al ruido que estaban haciendo todos entusiasmados con lo bien que se lo iban a pasar ese fin de semana sin novias y sin ningún impedimento, llegaron al lugar. Sasuke bajó del coche viendo cómo todos sus compañeros iban hacia dentro de la recepción para pedir las habitaciones, pero él se quedó unos segundos contemplando el lugar. Estaban muy lejos de la ciudad y le habían traído hasta un hotel o una pequeña casa rural en mitad de un frondoso bosque. Desde donde estaba podía ver un lago que se metía entre el valle perdiéndose de vista y los maravillosos jardines del recinto perfectamente arreglados.

 

Cruzó el puente de madera viendo el pequeño riachuelo que corría hacia el lago y entró en al interior de la casa viendo a una agradable señora de elevada edad dar unas llaves a los jóvenes. Naruto sorprendió a Sasuke cogiéndole del hombro y sonriendo.

 

- Aquí tengo tu llave. Venga, vayamos a la habitación, ya llegamos tarde.

 

- ¿Tarde? – preguntó Sasuke.

 

- Sí, vamos a ir a hacer deportes de riesgo.

 

- ¿Qué? Estáis locos.

 

-Sólo será una aventura con la naturaleza. ¿Cuánto tiempo hace que no sales de la contaminación de la ciudad? Venga… relájate, respira este aire limpio y disfruta – le dijo Naruto dándole una palmada en la espalda – al volver te toca aguantar a tu “esposa” – dijo en tono de burla y Sasuke sonrió de medio lado mirando la llave de su habitación en su mano.

 

Todos habían cogido sus mochilas y se habían ido a las habitaciones. Sasuke se sentía tan extraño caminando por aquellos pasillos de la enorme casa tradicional, mirando los inmensos patios con jardines y pensando que iba en pijama, que no había traído absolutamente nada. Ya estaba llegando hacia su habitación cuando vio a un chico de extraño cabello azulado arrodillado en el patio cortando unas ramas a un pequeño bonsái con gran delicadeza. Se detuvo un segundo observando y abrió los ojos recordando en aquel momento a Suigetsu. ¡No podía ser! Miró una segunda vez y luego empezó a caminar hacia su cuarto.

 

Ya estaba abriendo la puerta cuando apareció tras él aquel chico de extraño cabello azul trayéndole unas toallas y se quedó absorto mirándole. Le agradeció las toallas y se quedó mirándole fijamente viendo cómo se iba a por unos trapos y se agachaba junto a un cubo para limpiar y encerar la madera. Cerró la puerta de nuevo con las toallas en la mano y se acercó a él confiando, tenía que ser él.

 

- ¿Suigetsu? – preguntó Sasuke confuso y el chico se giró hacia él.

 

- ¿Qué necesitas, Sasuke? – preguntó con una gran sonrisa aunque parecía más forzada que otra cosa.

 

- ¿Qué estás haciendo aquí?

 

- Trabajo aquí como habrás visto. ¿Qué haces tú aquí? Deberías estar en la ciudad.

 

- He venido… con unos amigos – comentó sin contarle la verdad.

 

Sasuke se había quedado demasiado sorprendido de ver allí a Suigetsu. Se fijó en su mano pero no vio el anillo barato que compraron.

 

- ¿Te… has quitado el anillo? – preguntó confuso.

 

- Sí, me lo quito cuando limpio – le comentó - ¿Estás bien? Creo que deberías volver a la habitación y descansar un rato, estás pálido.

 

- Ya – exclamó – Creo que me ha impresionado un poco encontrarme contigo.

 

- Seguro que sí. Ya nos veremos, Sasuke.

 

- Sasuke – escuchó que le gritaban por el pasillo justo antes de que Naruto se le tirase en la espalda apoyándose en él – te he traído la mochila con tus cosas, se me había olvidado contártelo. No somos tan crueles como para dejarte en pijama. Venga cámbiate… ¿Eh? ¿Quién eres? – preguntó Naruto hacia Suigetsu.

 

- Es… un viejo amigo de la infancia – le dijo Sasuke.

 

- Encantado entonces – dijo Naruto tendiéndole la mano para saludarle pero Suigetsu se miró los guantes mojados de limpiar el suelo y no se la dio por miedo a mancharle, Naruto apartó la mano al final.

 

- Lo siento, tengo que seguir. Ya nos veremos – dijo Suigetsu.

 

Suigetsu volvió a su trabajo de limpiar el suelo y Sasuke caminó hacia su habitación escuchando a Naruto hablarle de tonterías pero sin poder dejar de girarse a ver la espalda del único chico al que había amado. Su corazón había dado un vuelco al verlo, no esperó jamás después de doce años reencontrarse con él y menos en esas condiciones.

 

- ¿Dónde os iréis de luna de miel tras la boda? – preguntó de golpe Naruto con una mirada curiosa.

 

- ¿Boda? – preguntó Suigetsu levantándose y girándose hacia ellos – pero si no puedes casarte – comentó.

 

- ¿Cómo que no puede casarse? – preguntó Naruto – se va a casar en unos meses.

 

- No puedes, Sasuke, tú ya estás casado.

 

- ¿De qué habla? – preguntó Naruto y yo abrí desmesuradamente los ojos.

 

- ¿Aquello era real? – preguntó Sasuke – creí… que… éramos unos niños y fue una escapada. No puede ser real que nos casásemos.

 

- Firmaste los papeles, Sasuke, estamos casados. No puedes casarte si no te divorcias primero de mí.

 

- ¿Estás casado? – preguntó Naruto.

 

- Fue una locura de adolescente, ¿vale? Cállate un segundo – gritó a Naruto – Tengo que preguntar a un abogado, necesito los papeles.

 

- Te traeré los míos – comentó Suigetsu.

 

- Llama a Neji ahora, quiero que revise esos documentos.

 

Suigetsu volvió dándole los papeles a Sasuke y éste se encerró en su cuarto cuando todos sus amigos llegaron preocupados. Suigetsu esperó fuera siguiendo con su tarea mientras Neji leía los documentos en la mesa de la habitación y los demás a su alrededor miraban atónitos el papel sin entender nada frente a un desconcertado Sasuke.

 

- ¿Qué dice? – preguntó Naruto mordiéndose las uñas.

 

- Calla – le gritaron todos al unísono.

 

- Pues sí, estás casado – dijo Neji de golpe asustando a todos.

 

- ¿Cómo puede estar casado?

 

- Era mayor de edad, tenía dieciocho años y esto es muy legal, firmó los papeles.

 

- Joder, Sakura va a matarme, mi familia me mata – dijo Sasuke.

 

- Que alguien me explique que está ocurriendo – dijo Naruto alterado.

 

- Mis padres no querían que estuviera con ese chico pero yo le amaba – dijo Sasuke intentando explicarse – un día nos escapamos, compramos un par de anillos en un puesto ambulante y al llegar al pueblo más cercano… bueno…

 

- ¿Os casasteis? – Preguntó Naruto eufórico.

 

- Estábamos desesperados, mis padres me querían separar de él y no sabía otra forma de conseguir quedarme a su lado. Cuando volvimos nos separaron igualmente y me dijeron que ese matrimonio no era válido.

 

- Pues es muy válido – dijo Neji releyendo el documento – y tanto que es válido, llevas casado doce años – le comentó.

 

- Van a matarme… por dios, Neji, arregla esto – dijo Sasuke.

 

- ¿Cómo? Firmaste, Sasuke, eres su esposo. La única forma de arreglarlo es que él te conceda el divorcio. Puedo arreglarlo en un momento si te da los papeles de divorcio pero no sé si él querrá, tienes que hablarlo tú con él y poneros de acuerdo.

 

- Esto lo arreglo en nada – dijo Sasuke saliendo de la habitación con los papeles en mano hacia el pasillo.

 

Suigetsu seguía allí limpiando el suelo, prácticamente ya estaba al final para terminar cuando Sasuke le pasó los papeles por encima de su hombro enseñándoselos y haciendo que el chico se girase a mirarle.

 

- ¿Ya has terminado? – preguntó sonriendo.

 

- Sí, quiero el divorcio.

 

- ¿Por qué?

 

- Estás de broma, ¿verdad? No nos hemos visto en doce años.

 

- Pero te sigo queriendo. ¿Es que tú no me quieres? – preguntó con una cara de niño pequeño que a Sasuke le hizo sonrojarse al momento y echarse un poco hacia atrás sin saber qué decirle.

 

- Suigetsu… voy a casarme con una chica en unas semanas, necesito que firmes esos papeles de divorcio.

 

- Pero es que yo no quiero que te cases con ella, ya estás casado conmigo y te amo.

 

- ¿Qué tengo que hacer para que me des el divorcio?

 

- Nada, no quiero dártelo.

 

- Algo habrá. Yo no puedo quererte.

 

- Déjame conquistarte este fin de semana… si no lo consigo te firmaré esos papeles.

 

- De acuerdo, trato hecho – dijo Sasuke marchándose de allí dejándole los papeles.

 

Sasuke se marchó contento, pronto tendría su matrimonio anulado pero cuando llegó a la puerta y tomó el picaporte entre sus manos algo le hizo volver a girarse hacia aquel chico que sostenía los papeles entre sus temblorosas manos. No podía evitar seguir sintiendo algo por aquel chico pese a la distancia, pese a los años y su rostro antes claramente de enfado se relajó a uno de tristeza. Finalmente apartando los pensamientos de su mente entró en la habitación. No podía permitirse pensar así, tenía que pensar en su familia, ellos jamás permitirían que ese matrimonio siguiera en pie.

 

Entró en la habitación y se quedó unos segundos con la espalda apoyada tras la puerta de la habitación mirando hacia el suelo. ¿Por qué sentía esa presión en su pecho? ¿Por qué le daba tanta lástima ver a ese chico trabajando en el suelo fregando? ¿Qué había ocurrido en su vida? No se atrevió a preguntarle nada, tan sólo había ido hasta él y le había pedido el divorcio. Era irónico… anoche soñaba con ese chico, soñaba con volver a su lado y ahora estaba aquí pidiéndole el divorcio de un matrimonio que ninguno de los dos había disfrutado, de un matrimonio que él no sabía que tenía.

 

- ¿Qué te ocurre? ¿Ya lo tienes? – preguntó Neji.

 

- No, pero lo tendré mañana antes de volver a casa.

 

- Vale. Pues entonces sigamos con lo que teníamos previsto.

 

- Sí – dijo Sasuke pidiéndoles a todos que le dejasen a solas unos segundos para cambiarse.

 

No podía apartar sus pensamientos de Suigetsu. Cuando anoche empezó a pensar en él de nuevo debido a la lluvia, jamás pensó que se lo encontraría en su despedida de soltero, era demasiado frustrante que él precisamente estuviera allí frente a él diciendo que era su esposo cuando él había ido a celebrar su despedida de soltero. El destino tenía una forma cruel y sarcástica de gastarle bromas pesadas. Sólo esperaba para el domingo tenerlo todo arreglado aunque claro… había momentos en que dudaba si quería arreglarlo de verdad.

 

Salió una vez arreglado y cruzó el pasillo tratando de encontrarse con Suigetsu, pero ya no le vio por allí, seguramente se habría ido a otra zona a trabajar. Uno de los guías les condujo hacia las instalaciones donde tendrían varias actividades como lanzarse en tirolina y desde luego, mientras todos se divertían, se caían y se reían como enanos, Sasuke se marchó a la tirolina encontrándose allí a Suigetsu.

 

- ¿También trabajas en las actividades extras? – preguntó Sasuke.

 

- De algo tengo que ganarme la vida – comentó sonriendo – ven, te pondré el arnés – comentó.

 

Sasuke pasó una pierna por el arnés y luego la otra mientras Suigetsu se lo subía hacia la cintura. Su mano pasó por la entrepierna de un tenso moreno que no sabía qué hacer exactamente al sentir su suave y dulce caricia por su muslo subiendo hacia una zona más comprometida. Hacía tanto tiempo que no disfrutaba de caricias externas, Sakura nunca había querido tener sexo con él, no hasta el matrimonio y eso le ponía enfermo, al final siempre acababa complaciéndose él solo.

 

Sasuke cerró los ojos dejándose llevar por la caricia, sintiendo cómo sus piernas temblaban lentamente pero cuando el momento más oportuno llegaba, justo cuando su mano iba a tocar su miembro… Suigetsu agarró el arnés y tiró con fuerza hacia arriba sacándole un gemido que ni Sasuke se esperó por el arrebato. Suigetsu cerró el arnés en su cintura y lo enganchó a la cuerda.

 

- Tienes que presionar esto para soltarte – le comentó Suigetsu dándole una pequeña cuerda – el arnés se soltará y caerás en el lago de abajo.

 

- Vale – le dijo Sasuke.

 

- Sasuke… - comentó Suigetsu - ¿Alguna vez me amaste? – susurró cerca de sus labios.

 

Sasuke sintió cómo su corazón se aceleraba como nunca al escuchar aquellas palabras tan delicadas y dolorosas, sentía cómo le desgarraban el corazón lentamente, sentía el dolor en él mismo y más cuando una lágrima rebelde resbaló del ojo derecho de Suigetsu. Estaban tan cerca sus labios que Sasuke tuvo unas irrefutables ganas de unirlos del todo pero cuando lo intentó, sintió un empujón que lo lanzó hacia atrás. Suigetsu le había empujado tirándole por la tirolina.

 

El grito que dio Sasuke fue sonoro y menos mal que se acordó de tirar de la cuerda y soltarse antes de llegar completamente abajo. Cayó en el agua del lago y tuvo que nadar un poco hasta la orilla. Allí le esperaba Naruto riendo como todo un niño pequeño por el grito tan femenino y absurdo que Sasuke había dado. ¡De esa se acordaría Suigetsu!

 

Lo vio un par de veces más y también le entraron algunos celos cuando vio al otro monitor intentar flirtear con Suigetsu pero que él se dejase tocar el trasero no le pareció muy normal. A la hora de volver tras haber estado todo el día haciendo actividades, decidieron caminar por un par de sendas y dar un poco de rodeo hasta el hostal donde estaban quedándose. Sasuke no podía dejar de mirar con cierto recelo cómo el otro monitor trataba de ligar con Suigetsu… con su supuesto esposo y le cabreaba. Apretó los puños tratando de contenerse.

 

- ¿Qué te ocurre? – preguntó Naruto.

 

- Nada.

 

- Está celoso – dijo Gaara acercándose.

 

- Qué problemático es ver a alguien intentando ligar con tu esposo – sonrió Shikamaru pasando de largo.

 

- No es mi esposo – le gritó Sasuke enfadado.

 

- A términos legales sí lo es – le recalcó Neji – hasta que firme el divorcio por lo menos.

 

Todos parecían divertirse a costa del moreno y las locuras que cometió de joven aunque él seguía pensando que quizá… no había sido tanta locura, había amado a ese chico, aún soñaba con él, le recordaba con cariño y eso no podía olvidarlo tan fácilmente. Sólo tuvo una oportunidad de acercarse a Suigetsu cuando Naruto, al ver lo preocupado que estaba su amigo por lo que ocurría entre ambos monitores, apartó al otro del lado de Suigetsu para que ambos pudieran hablar a cierta distancia.

 

- ¿Por qué te dejas tocar así? – preguntó Sasuke y Suigetsu se sorprendió.

 

- ¿Por qué no? Mi esposo desapareció hace doce años y tuve que sobrevivir como pude.

 

- ¿Y tus padres?

 

- Fallecieron hace ya unos años – comentó y aquello me sorprendió – no tuvimos una buena época cuando tu familia nos echó de la hacienda. Mi padre cayó muy enfermo y yo empecé a trabajar limpiando el albergue en el que os hospedáis. Cuando mi padre falleció… mi madre fue lentamente perdiendo las ganas de vivir, como cuando una golondrina pierde a su pareja y las fuerzas se le agotan, poco a poco se dejó llevar y la muerte no tuvo compasión alguna. Arrasó con mi familia y al final, me quedé trabajando allí.

 

- Lo siento, Suigetsu – le dijo Sasuke - ¿Por qué no te fuiste?

 

- ¿Por qué? Tengo un techo sobre mi cabeza, comida caliente todos los días y me pagan más o menos decente.

 

- Haces todo, limpias el albergue, las termas, te ocupas del jardín, de las actividades para turistas…

 

- No sé hacer otra cosa, Sasuke – le dijo Suigetsu marchándose – por favor… no te metas en mi vida, no puedes aparecer de la nada tras doce años y decirme cómo vivir… no cuando te casas en unas semanas y volverás a dejarme. Sólo quieres que te firme esos documentos así que deja de fingir que te compadeces por mí.

 

Suigetsu pasó de él intensificando su caminar para alejarse. Sasuke ni siquiera lo siguió, se quedó algo rezagado dándole vueltas a la dura vida que había llevado aquel chico, sintiéndose un desgraciado por haberle hecho lo que le hizo, por haberle abandonado pese a no saber nada, por haber dejado que su familia se saliera con la suya.

 

Por la noche todos se marcharon a sus habitaciones a dormir, nadie estaba de ánimos tras haberles contado Sasuke lo que había ocurrido con aquel chico, se les habían quitado las ganas de festejar cualquier cosa en aquel momento. Sasuke que no conseguía dormir acabó levantándose y marchándose a las termas, claro que cuando ya estaba sólo con la toalla y dispuesto a entrar en aquella caliente agua, resultó encontrarse con Suigetsu que estaba allí prácticamente dormido dentro del agua completamente desnudo.

 

Sasuke se acercó quitándose la toalla para entrar también al agua y se arrodilló frente a Suigetsu viendo esta vez el anillo de madera en su dedo. Sonrió porque era cierto que lo había conservado y Sasuke miró el suyo por unos segundos antes de acercarse un poco más hacia él y unir sus labios con los de su supuesto esposo.

 

Suigetsu se despertó de golpe dándole un manotazo a un confundido Sasuke, claro que Suigetsu al darse cuenta que acababa de golpear a su marido se incorporó de golpe tratando de ver si le había hecho daño.

 

- Lo siento, Sasuke… me asustaste.

 

- No, ya… si reaccionas así a todo el que te roba un beso no entiendo por qué te tocaba el trasero el otro monitor.

 

- No seas ridículo, Sasuke, no tengo nada con el otro monitor, se lo dejé muy claro hace mucho tiempo. Sabe que estoy casado.

 

- ¿Y sabe que tu esposo nunca está contigo?

 

- Bueno… eso lo omití un poco. ¿Estás bien? De verdad que lamento haberte golpeado pero… ¿Cómo se te ocurre besarme mientras duermo?

 

- Creí que te estaba dando algo y traté de hacerte la respiración boca a boca.

 

- ¿Y tenías que meter la lengua? – preguntó Suigetsu a la vez que Sasuke se sonrojaba pero los dos empezaron a reírse al haberse descubierto mutuamente – si querías un beso sólo tenías que pedírmelo.

 

Sasuke fue a hablar cuando sintió las suaves manos de Suigetsu subiendo por su nuca hacia su cabello acercándole con delicadeza a su rostro y besándole con ternura pidiendo con su lengua rozando los carnosos labios de Sasuke que le dieran acceso a su boca. El moreno no se hizo esperar y abrió su boca sacando su lengua a jugar con la de aquel chico al que tanto había amado en el pasado, a ese chico que siempre estaba en sus pensamientos todos y cada uno de los días de lluvia.

 

La mano de Suigetsu rozó la espalda desnuda y musculosa de Sasuke creándole un leve escalofrío que el moreno aprovechó para gemir levemente dejando que su amante silenciase aquel sonido en su boca. Suigetsu se negaba a soltar aquellos labios que tanto había echado en falta todos esos años. Siempre creyó que su esposo volvería aunque nunca esperó que fuera precisamente para pedirle el divorcio. Sabía perfectamente que ésta era su última oportunidad para estar con él.

 

Susurró su nombre con los labios aún rozándose y el moreno se sorprendió. Al mirarle seguía viendo a aquel chico del que se enamoró, aquel chico que había movido todo su mundo y supo que deseaba estar con él. Le excitó tanto la idea de saber que ese chico era suyo… que era su esposo el que estaba bajo su cuerpo que movió su mano hasta el miembro de su amante cogiéndolo con cierta presión y masajeándolo sacándole gemidos y jadeos de placer. Quería escucharle gritar su nombre, quería escuchar cómo le pedía más, escucharle desearle.

 

El cuerpo de Suigetsu temblaba bajo el suyo y tuvo una idea clara que ese chico no se había dejado tocar por nadie en mucho tiempo, su cuerpo era demasiado sensible a sus caricias, su líquido preseminal salía sin apenas rozarle. Vio cómo cerraba los ojos dejándose llevar por las caricias de Sasuke mientras él trataba de llegar también a su miembro masajeándolo.

 

Fue en aquel momento cuando Sasuke guió la perdida mano del chico hasta su miembro insistiéndole en que lo tocase y centrándose en lamer los pezones de Suigetsu y morder su cuello de vez en cuando cogiendo su cabello y echándole la cabeza hacia atrás para tener mayor acceso. Oír los gemidos de su amante le excitaba, le excitó tanto, que metió sus dedos en la boca de Suigetsu para que los lamiera.

 

- Chúpalos – comentó Sasuke de forma seductora viendo cómo Suigetsu aún con su cuerpo en el agua se ponía de rodillas y cogía en su mano la mano de Sasuke llevándola hasta su boca y lamiéndola con una seducción sólo propia de él. Aquello sonrojó al moreno – sigue – le dijo notando cómo endurecía su entrepierna aún más.

 

Sasuke sacó los dedos colocándole mejor, agachándole la cabeza para que lamiera su miembro que ahora sacaba un poco fuera del agua mientras dejaba su trasero en pompa para introducir sus dedos en él.

 

Sasuke gimió sintiendo la húmeda lengua de su amante jugar con toda la longitud de su erecto miembro. La erección ya empezaba a doler reclamando ser más que atendida, reclamando poder expulsar todo lo que llevaba dentro guardando desde hace tanto tiempo.

 

Se posicionó tras Suigetsu y agarrándole con fuerza del cabello para echarle la cabeza hacia atrás entró en él como si montase a un caballo. Suigetsu gimió con fuerza y le pidió que se la introdujera entera, así lo hizo el moreno empezando a moverse cada vez más rápido mientras con su mano libre tocaba los sensibles pezones de aquel chico que sin poder evitarlo acabó derramándose expulsando su líquido en el agua de las termas mientras Sasuke… acababa en su interior sin mucho miramiento entre sonoros jadeos.

 

Intentaron recuperarse y tras unos segundos, ambos se miraron sin entender muy bien por qué habían llegado hasta ahí. Sasuke no sabía qué decir y Suigetsu fue el primero en romper el silencio.

 

- ¿Es guapa? – preguntó al final – Tu prometida – le aclaró.

 

- No la amo – le dijo Sasuke.

 

- Pero vas a casarte con ella.

 

- Mi familia así lo desea.

 

- Ya… siempre haces caso a tu familia. Nunca cambiarás. Sabes… tienes razón, ha pasado demasiado tiempo pero aún así… no veo que las cosas hayan cambiado, sigues siendo el mismo chico asustadizo de cambiar las cosas. Toma, te lo he firmado. Sólo falta tu firma y serás libre – le dijo Suigetsu levantándose para enrollarse la toalla a la cintura mientras le dejaba la carpeta con los documentos encima de una mesa y se marchaba – Enhorabuena por tu compromiso, espero que seas muy feliz. Tú eras la única familia que me quedaba.

 

Sasuke se quedó atónito unos segundos y cuando consiguió reaccionar, se secó con la toalla y cogiendo la carpeta se fue a su habitación. Aquella noche estuvo leyendo los documentos donde venía el tan deseado divorcio, la firma de Suigetsu estaba abajo. En blanco ponía el nombre de Sasuke con el hueco para firmar. Sólo tenía que firmar, coger un bolígrafo y escribir su maldito nombre pero cerró la carpeta sin terminar de leer todo y pensó si de verdad era eso lo que deseaba.

 

A la mañana siguiente pese a buscar a Suigetsu, no lo encontró y marcharon de nuevo a la capital. Sasuke no dejaba de mirar esa carpeta en sus manos mientras Neji le indicaba que le ayudaría con los trámites legales si era lo que de verdad deseaba aún. Sasuke asintió y miró por la ventanilla del vehículo.

 

Dejaron a Sasuke en un casa y cuando entró se dio cuenta que su prometida estaba allí hablando sobre trajes y cosas de la boda con su madre. Ambas se sorprendieron pero Sakura enseguida sonriendo, se levantó del sofá para ir corriendo a saludarle lanzándose a su cuello pero él se quedó estático. Aquellas caricias, aquellos abrazos no eran como los de su esposo.

 

- Yo… - miró la carpeta en sus manos.

 

- ¿Qué traes ahí, cielo? – preguntó su madre - ¿Te lo has pasado bien en la despedida? Espero que no hicierais el gamberro.

 

- No lo hicimos pero…

 

- ¿Qué ocurre? – preguntó esta vez Sakura.

 

- Es que… no puedo casarme contigo.

 

- Si es una broma es de muy mal gusto – exclamó la chica y él apretó aún más la carpeta. Suigetsu tenía razón, nada había cambiado porque él jamás fue decidido para plantar cara a su familia.

 

- Estoy casado – les dijo sonriendo de golpe – estoy casado con quien amaba y no podéis evitarlo.

 

- ¿De qué hablas?

 

- Intentasteis alejarme de él pero… estoy más unido a él de lo que jamás estaré – sonrió entendiéndolo por fin – estoy casado con Suigetsu.

 

- Ya hablamos de eso en su momento Sasuke, no era un compromiso legal.

 

- Sí lo era – dijo moviendo la carpeta con cierta violencia provocando que cayera algo… el barato anillo de madera de Suigetsu. Lo cogió en su mano y lo miró sonriendo – me voy – comentó de golpe yendo hacia la puerta.

 

- Firma eso y serás libre – comentó su madre.

 

- No quiero firmarlo. No quiero divorciarme de él, le amo.

 

- Cuando tu padre se entere te desheredará de todo.

 

- Ya está tardando en hacerlo – le dijo Sasuke retando por primera vez a su madre – me vuelvo con mi auténtica familia, he estado ciego demasiado tiempo. No volverá a pasar. Él me ama y yo a él.

 

Sasuke salió corriendo por el pasillo con la carpeta en una mano y el anillo en la otra mientras marcaba el número de Naruto y le pedía que dieran la vuelta ahora mismo y le recogieran de nuevo. En cuanto llegó a la puerta de la calle se dio cuenta que Naruto estaba allí abriéndole la puerta de su coche para que subiera de copiloto.

 

- ¿Cómo…?

 

- ¿Cómo sabía que darías la vuelta? Porque te conozco demasiado bien, ésta es tu oportunidad de escapar de tu familia, es la oportunidad que buscabas de estar con quien realmente amas. Venga, sube, iremos de nuevo y recuperarás a ese chico.

 

Sasuke sonrió lanzándose a abrazar a su mejor amigo mientras Naruto se quejaba insistiéndole que eso no era nada propio de él y que subiera de una vez al coche. Cuando se pusieron en marcha, Sasuke pudo ver cómo su madre y Sakura bajaban en ese momento y trataban de impedirle que se fuera, pero Naruto ya había arrancado.

 

Cuando llegaron, a Sasuke le faltó tiempo para abrir la puerta y lanzarse fuera corriendo hacia el interior. La recepcionista al verles de vuelta tan rápido y sin tener reserva preguntó al chico si es que se le había olvidado algo pero Sasuke sonriendo sólo dijo un “Sí, lo más importante”. Salió corriendo por los pasillos buscando a Suigetsu por allí mientras la mujer le seguía a su ritmo como podía mientras un desesperado Sasuke miraba puerta por puerta tratando de localizarle. Finalmente lo hizo…

 

Estaba allí frente al gran árbol de cerezo dejando que aquellas hojas rosadas cayeran sobre él, derramando lágrimas que ni siquiera tenía fuerzas por limpiar. Se acercó hacia él cuando al pasar la puerta se dio cuenta que a su lado estaba el otro monitor de pelo anaranjado, Juugo creyó recordar que se llamaba.

 

- ¿Por qué se lo firmaste si no querías? – preguntó Juugo y Sasuke se detuvo unos segundos.

 

- Porque no sirve de nada que yo le ame si él ya ha perdido esa pasión. Es mejor así – le dijo Juugo.

 

- ¿Qué vas a hacer ahora?

 

- No lo sé, quizá sea hora de pasar de página, de olvidarle, al fin y al cabo nunca hemos vivido como un matrimonio, no tengo nada que echar en falta.

 

- No pases de página aún – le dijo Sasuke a la espalda y ambos chicos se giraron – sigues casado.

 

- ¿Por qué no firmas? – preguntó Suigetsu - ¿No tenéis bolígrafos allí en la capital?

 

- Claro que tenemos – sonrió Sasuke – pero no pude hacerlo. No puedo darle mi corazón a nadie más que a ti y si me lo permites – comentó acercándose a él con el anillo en la mano para ponérselo – quiero seguir casado contigo, pero esta vez de verdad, vivamos juntos, me da igual dónde o en lo que trabajemos.

 

- ¿Y tus padres? – preguntó preocupado.

 

- Ni lo sé ni me importa, sólo te quiero a ti. ¿Me aceptas? – preguntó Sasuke con ojos de cordero degollado arrodillándose frente a él mientras terminaba de colocarle el anillo aquel de madera que siempre fue suyo.

 

- Claro que sí, idiota – le dijo Suigetsu sonriendo lanzándose a su cuello para besarle – eso es que ya no te casas, ¿no? – preguntó.

 

- No puedo… ya estoy casado – le sonrió Sasuke besándole de nuevo.

 

Fin

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