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Mi pequeño Charles//Mi pequeño Erik

Autor: Dark_Gaara

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Notas del fanfic:

Hola~! Es la primera vez que escribo un fic de esta pareja, amo el Cherik

El fic surgió como idea de un fanart que vi, en http://teddibe.tumblr.com/, titulado "Daily Routine with tiny Charles!" y "Daily Routine with tiny Erik!", de TéddiBe. Veanlo, su arte es genial!

La verdad es que este fic iba a ser un two-shot: Mi pequeño Charles, y luego, Mi pequeño Erik. Pero el primer capítulo me estaba quedando medio largo, además de que lo subo para sondear  si a alguien le gusta, o lo escribo sólo para mí xD

 

En fin, espero que disfruten de esta historia un poco loca n3n

Notas del capitulo:

Espero que les guste el capítulo. Como dije antes, este fic iba a ser un two-shot: Mi pequeño Charles, y luego, Mi pequeño Erik. Pero el primer capítulo me estaba quedando medio largo, además de que lo subo para sondear  si a alguien le gusta, o lo escribo sólo para mí xD

Que lo disfruten~ 

-¡Erik, no!

 Charles gritó con todas sus fuerzas, presa del pánico y la sorpresa. Sin dudarlo empujó a su compañero, quien cayó al piso detrás de él. Enseguida volteó hacia delante, y una luz lo cegó, obligándolo a cerrar los ojos.

-¡¡Charles!!-oyó antes de caer desmayado.

 El mutante aprovechó la oportunidad y salió corriendo. Erik lo maldijo, a él, a su poder de vaya a saber qué, a la búsqueda de mutantes, a todo. Los edificios comenzaron a temblar, como los postes de luz, los accesorios de la gente, todo lo que contuviese metal empezó a moverse frenéticamente. Erik trató de respirar hondo, pero le costaba. Se acercó al cuerpo de Charles, y su rabia creció. Si había algo que no podía soportar era que hiriesen a su mejor amigo. El dolor se mezclaba con un instinto asesino provocando una mezcla terrible. Por suerte Charles lo sabía, y apenas recobró la conciencia tomó su brazo.

-Cálmate, mi amigo. Estoy bien.

-¡Charles!-gritó sorprendido, agachándose.-¡¿Te encuentras bien?!

 El mencionado suspiró y sonrió dificultosamente. Estaba repasando rápidamente todos los lados de su cuerpo buscando algún rastro del rayo que lo había iluminado; un corte, una mancha, algo que anduviese mal. Pero no había ni siquiera dolor, como si nada hubiese ocurrido. Sólo su cabeza le dolía, aunque suponía que eso se debía al stress, a los pensamientos confundidos y asustados del mutante que había huido, al enojo y dolor de Erik, y a su propio temor. Debía calmarse si quería aliviar su mente.

-¿No tienes nada raro? Ni siquiera pudimos averiguar cuál era su poder exactamente…-comentó frustrado.

-Está bien. Ayúdame a levantarme, ¿eh?-preguntó coqueto.

 Erik no pudo evitar sonreír al ver la actitud de su amigo. Definitivamente estaba bien.

-Sólo por esta vez. Deberías aprender a levantarte solo.-lo burló mientras lo ayudaba.

-Y tú deberías aprender que las personas se ayudan unas a otras.-contraatacó.

-Ese tipo de lecciones no sirven.

-¿En serio quieres comenzar una pelea justo ahora?-dijo sonriendo.

-Tú eres el que siempre quiere debatir.

-Pfffft.-ahogó una risotada. A pesar del dolor, Erik siempre lograba hacerlo reír.-Ya parecemos una pareja de casados.

  Erik no pudo evitar sonrojarse ante la broma. Desvió la mirada, esperando que Charles no leyera su mente. Aunque el inglés le  había prometido que no lo haría, sabía que algunos pensamientos eran tan fuertes que él no podía evitar oírlos.

-Déjate de bromas y avanza. Debemos volver a la mansión a que Hank averigüe qué tipo de mutación tenía ese chico.

-Ya te dije que me siento bien, amigo.-dijo suavemente pero decidido mientras caminaba con ayuda del otro.

-Vamos Charles, sabemos que algo te hizo.-comentó enojado. A veces la despreocupación de su compañero lo irritaba.-No sabemos qué tenía esa luz cegadora…

-Sólo quiero descansar.-lo interrumpió.

-Charles, no voy a dejar que…

-Erik.

-¿Qué?

-Llévame a casa~ -le dijo dulcemente.

 Erik suspiró, rendido.  Charles le podía. Y más si usaba esa palabra. Casa. Resonó en su mente una y otra vez. Después de tanto tiempo sin hogar ni lugar en el mundo, ahora tenía un lugar al cual llamar casa, todo gracias a Charles.

 Ya de vuelta en la mansión, Charles insistió con ir a su habitación a descansar. Todos se sorprendieron un poco del regreso de ambos, pero el inglés se negó a dar explicaciones, y nadie se atrevía a preguntarle directamente a Erik. Él, por su parte, regañó a su amigo al querer guardar como secreto el hecho de haber sido atacado por una mutación desconocida, pero el inglés no le hizo caso, alegando que sólo necesitaba descansar para reponer sus energías y así retomar la búsqueda. Cansado de discutir, Erik lo dejó en su cuarto y se fue al suyo a descansar también. Aún seguía preocupado, sin olvidar el hecho de que lo que sea que le ocurriese a Charles sería culpa suya, puesto que él en primer lugar debería haber recibido ese rayo. Se tiró a la cama, frustrado. Tenía un mal presentimiento. Estaría preparado para cualquier cosa que ocurriese.

 Charles, en cambio, se encontraba relajado. Demasiado. Como si le hubieran tirado un edificio encima. Sólo quería estar acostado en su cama y olvidarse de lo sucedido.  Sabía que no todos los mutantes los esperarían con los brazos abiertos pero, caray, tampoco se esperaba que entrase en pánico así y los atacase sin previo aviso. Gracias a su don pudo ver la confusión de su mente y evitar que el ataque cayese sobre Erik. A cambio, lo había recibido él, pero no había problema, podía soportarlo. Fuese lo que fuese, si él debía enfrentarlo en lugar de Erik, podía resistirlo.

 Cuando abrió los ojos, tardó un poco en entender dónde estaba. Recordaba haberse acostado a dormir el día anterior, y por la luz que se filtraba por la mañana, estaba amaneciendo, asique había dormido bastante. Bostezó, aún adormilado, y volteó en la cama. En la enorme cama. A su alrededor sólo veía un horizonte blanco de sábanas. La almohada misma parecía tragar su cabeza. Estaba confundido. ¿Cuándo había crecido tanto su cama? Abrumado, se sentó. No, no era su cama, toda su habitación había crecido: las sábanas, la mesa de luz, el velador, las puertas, la ventana, ¡hasta su pijama! Todo había crecido.

¿O él se había encogido?

 Se quedó congelado por un momento, sin saber qué hacer. Había visto varias mutaciones en su vida, pero esto…trató de calmarse. Respiró hondo una y otra vez. Despejar la mente. Esa era la clave. Pensar con claridad. ¿Qué hacer? Podía llamar a alguien. Quizás una segunda opinión lo ayudaría...o al menos alguien que lo llevase hasta el baño sin tener que caminar lo que parecían kilómetros.

 Su primera opción, como siempre, fue Raven, siempre leal y dispuesta, con confianza y cariño. Pero no le convencía. No quería preocuparla, ni siquiera le había contado del ataque del chico mutante. Ella era sensible, y no le gustaría ver  a su hermano mayor en ese estado, tan vulnerable, sin saber qué había pasado ni si había retorno. Necesitaba a alguien que lograse mantener la cabeza fría, dispuesto a ayudarlo, con confianza, inteligente.

 Erik.

Como siempre, como la solución a todos sus problemas, el nombre de Erik se le vino a la cabeza. Estaba decidido, no quería enfrentar solo aquello. Además, el alemán había estado allí cuando sufrió el ataque, así que podría ayudarlo a ver qué había pasado exactamente.

 Comenzó a llamarlo con la mente.

“¡Erik!” sintió la mente adormilada de su compañero. ¿Qué hora sería? Seguro muy de mañana, si incluso el magnético, que solía ser el primero en levantarse, aún dormía.

“¡Erik!” repitió. Sintió como la mente ajena se despertaba ávidamente, como si una alarma hubiese sonado en su cabeza.

“Ven a mi habitación” Fue el único mensaje que le dio, demasiado abrumado como para explicar más.  

 Por su parte, el alemán se levantó rápidamente de la cama. Ya sabía que algo no andaría bien con Charles. Sin perder ni un minuto se vistió y salió apresurado hacia la habitación de su amigo. Tocó la puerta, ya que jamás perdía la educación. No escuchó respuesta, así que abrió despacio, temiendo lo que podía encontrarse adentro.

-¿Charles?-inquirió suavemente, sin entrar.

 Nadie respondió.

 Abrió la puerta del todo y entró a la habitación. Estaba bastante ordenada, no había rastros de una persona en ella. La cama estaba deshecha, pero igualmente vacía. Erik alzó una ceja, empezando a dudar de si todo aquello no sería más  que una jugarreta de su burlesco amigo.

-¿Charles, dónde estás?-preguntó entre la preocupación y la molestia.

 El inglés gritaba hacía rato que estaba allí, y aunque a sus oídos su voz era clara, Erik no mostraba señales de oírlo. Y claro, con el tamaño que tenía, su voz no llegaba a ser algo audible, así como tampoco se veían sus brazos agitándose en medio de las sábanas. Suerte que tenía la habilidad de hablar a través de la mente.

-¡Erik, estoy aquí! ¡En la cama!-dijo en su cabeza.

 Erik se sorprendió al oír a Charles en su cabeza y no en sus oídos. Volteó confundido hacia la cama, como le había indicado. Tardó unos segundos en encontrar algo significativo en ella, hasta que sus ojos se detuvieron en la almohada. Allí donde debería estar la cabeza de Charles, ya que terminaba el cuello del pijama, había algo que se movía. Al acercarse y ver con detenimiento, descubrió que, efectivamente, allí estaba su amigo.

-Soy yo, Erik.-le dijo en su mente al encontrarse con los ojos verdes intrigados.

 Era Charles.

Un Charles de 10 centímetros de altura, aproximadamente.

-¿Charles?-abrió los ojos con sorpresa. Sentía una extraña mezcla de preocupación, ternura y reproche, manifestada en su voz.

 El pequeñito por su parte miraba a su amigo, ahora enorme. No había duda ya: había encogido sólo él.

-¡Charles! ¡Te dije que era peligroso el rayo de ese mutante! ¡Que fueras a ver a Hank!-le reprochó molesto.

-¡No me retes!-le pidió en su cabeza mientras su pequeño rostro formaba un puchero.

 El alemán no pudo contener la risa, que empezó siendo tranquila, y terminó en una gran carcajada.

-¡No te rías!-rogó nuevamente.

-¡Es que…te ves tan adorable!

 Las mejillas del inglés se pusieron visiblemente coloradas ante el halago.

-Al menos ya no me retas.- dijo mentalmente en un suspiro mientras sonreía levemente.- En fin, amigo mío, iba a pedirte…-comenzó a decir mientras se paraba sobre la cama.

 Ante el silencio del alemán, alzó la vista para ver qué lo tenía tan concentrado. Su amigo lo miraba fijamente, con una expresión que jamás le había visto. Quiso descifrar qué era, en momentos como aquel detestaba haberle prometido no meterse en su cabeza, porque la cara de concentración de su compañero realmente le intrigaba. Más confuso fue cuando Erik alzó una mano, la puso delante de su rostro y comenzó a achicar el espacio entre su dedo gordo y el índice, como si estuviese midiendo algo.

-¿Erik, qué haces?-le preguntó en su cabeza, confundido.

-Oh, es sólo que nunca te había visto así…-murmuró aún concentrado. Charles creyó ver un cierto rubor en sus mejillas.- Así que estoy aprovechando para ver cuánto te mide proporcionalmente…

-¿Cuánto me mide qué?-preguntó más confundido que antes.- Además, claro que es la primera vez que me ves con este tamaño.

-También es la primera vez que te veo completamente desnudo.

 Charles se quedó congelado un segundo, antes de mirar frenéticamente hacia abajo.

-¡¡Waaaah~!!-gritó avergonzado al ver que estaba completamente desnudo, ya que su ropa era demasiado grande para su tamaño actual.

 Su cara se puso completamente roja.

-Tampoco es para tanto, Charles.-comentó Erik riendo al ver a su amigo inusualmente avergonzado.

 Saliendo del espanto, el pequeño Charles se tiró debajo de la (para él) gran almohada, desapareciendo por completo.

-¿Charles?-preguntó Erik un poco preocupado.-Vamos, tienes un lindo cuerpo como para hacer tanto escándalo…

 El inglés agradeció estar tapado con la almohada ya que así su amigo no vería lo rojo que lo había puesto ese comentario. Por su parte, Erik veía sin entender que la almohada se movía. Se acercó lentamente, preguntándose qué estaría haciendo su amigo.

-¡Listo!- dijo triunfalmente Charles saliendo de debajo de la almohada.

 Erik lo miró riéndose, ya que Charles se había cubierto con un pañuelo blanco de seda, armándose una túnica.

-Lindo vestido.-comentó su amigo, divertido.

-Umpf-refunfuñó. Luego sonrió burlonamente.- ¿Estás celoso? ¿Quieres usar uno tú también, amigo?-preguntó llevándose dos dedos a la cabeza.

-No gracias, a ti te queda más lindo que a mí.-respondió con un ademán.

-Bien.-afirmó.- Entonces… ¿me das una mano?

-Cómo no.-contestó elegantemente y acercándose a la cama.

-Llévame al baño.-dijo el pequeño mientras saltaba hacia la enorme mano de Erik.

-No me des órdenes.

-¡Arre, caballito!

-Charles….

-Por favor. Tengo que ir al baño.

 Erik caminó hasta la puerta del baño. Apenas la abrió, Charles saltó de su mano hacia la tapa del inodoro.

-¡Ten cuidado!-exclamó Erik visiblemente preocupado.

-No te preocupes mi amigo, tengo todo bajo control.-contestó seguro de sí mismo. Luego se removió en el lugar, un poco incómodo.- Vamos, cierra la puerta.

-¿Y te quedarás solo en el borde de un inmenso inodoro?-preguntó alzando una ceja.

-No seas exagerado, Erik-le dijo desinteresado.

-El exagerado eres tú, como si tuvieras algo que no pudiera ver.

-No es eso.-contestó sonrojado ante la desfachatez de su amigo.- además, no creo que quieras verme orinar, en todo caso.

-Sólo trato de….-comenzó, algo confuso. Toda su vida había vivido preocupándose sólo por sí mismo, y ahora que se preocupaba por alguien más se sentía confundido. Le costaba admitírselo, aún en ese caso, donde él claramente tenía que cuidar a un debilitado Charles. Frustrado, sacudió la cabeza.- Olvídalo.-dijo secamente y salió del baño.

 Mientras orinaba, Charles se quedó pensando en la expresión de su amigo. Eran pocas las veces donde hacia visible su turbación. Claro que él no espiaba su mente, pero así que no sabía que cada vez que estaban juntos Erik sentía una gran paz que, paradójicamente, lo ponía nervioso. El inglés conocía la historia de su amigo, y a veces se preguntaba si realmente podría ayudarlo. Al menos, estaba logrando pasar más tiempo con él, y que poco a poco se abriese. Agradecía que apenas lo hubiese llamado había ido a ver cómo estaba, preocupándose. Era la primera vez que veía a Erik preocupado por otra persona. Y esa persona especial que había despertado el instinto protector del alemán era él. Eso bastaba para hacerle sonreír, a pesar de encontrarse en el aprieto de su empequeñecimiento.

 Desde afuera del baño, Erik suspiró. No entendía como Charles se tomaba las cosas tan a la ligera.

-¡Erik!-oyó de pronto en su cabeza.

 Sin pensárselo dos veces, abrió la puerta del baño.

-¡¿Charles?!

-¡Erik, ayúdame!

  El pequeño Charles estaba aferrado a la cadena del inodoro, balanceándose de un lado a otro y mirando con terror hacia abajo. Erik suspiró cansadamente mientras extendía su mano. Charles saltó hacia ella, y se tranquilizó.

-Por dios Charles, ¿puedes dejar de querer hacer todo por ti mismo? No estás en condiciones.-comentó molesto.

-Pero….

-¿Qué?-replicó más molesto. La situación de Charles, el que fuera tan pequeño y frágil lo desestabilizaba. Desde que el telépata lo había salvado, diciéndole que no estaba solo, había comenzado a crecer en él el deseo de protegerlo. Sin embargo, no lo veía como alguien que no pudiese protegerse a sí mismo, así que no era una tarea muy complicada. Pero ahora que estaba en ese estado, sentía que debía estar pendiente de él todo el tiempo si quería –y vaya que lo quería- que nada le ocurriese. Y todo sería más fácil si su amigo se dejase cuidar, así no se sentiría tan frustrado.- No lo entiendo. Por lo que tú mismo me has dicho siempre has tenido dinero, sin hablar de tu mutabilidad, no es como si tuvieras que esforzarte mucho por conseguir las cosas. ¿Por qué hacerlo ahora que tienes ese tamaño de juguete?

 Charles clavó sus ojos azules en Erik. Sentía su ira, y sabía que lo que había dicho podía interpretarse como un insulto, pero él no se sentía ofendido. Sabía que Erik realmente se preocupaba por él y que, al ser un sentimiento nuevo, le costaba medirlo y tomárselo tranquilamente.

-Ya sé eso.-contestó tranquilamente. Luego le sonrió brillantemente.- Sólo no quiero molestarte.

-Charles…-murmuró sorprendido, mirando la mano donde sostenía a su pequeño amigo.

-Sé que has pasado casi toda tu vida preocupándote y ocupándote solo de ti. Y quiero ser alguien que te ayude, que veas que alguien más puede protegerte.-explicó sonrojándose un poco, pero sin dejar de sonreír.-Así que no tiene sentido que seas tú quien se deba ocupar de mí.

 Erik pestañeó un par de veces tratando de asimilar las palabras Charles. Se sentía profundamente conmovido, y pensó que, si tuviese su tamaño normal, le hubiese dado un abrazo. Por suerte su amigo no tenía su tamaño normal, así que se contuvo. Sólo pudo suspirar sonoramente, como si quisiera restarle importancia, porque no sabía cómo responder.  Y sentir que su corazón latía como si fuese a salir saltando tampoco ayudaba mucho.

-No me molestas.-fue lo único que pudo articular.

 Charles lo miró con ojitos brillosos, mientras le daba tiempo a que continuase, seguro de que le diría algo que lo haría sonreír. Entre ellos se extendía un silencio ansioso, Erik pensaba qué decir, Charles esperaba. Hasta que la puerta del cuarto sonó. Alguien golpeaba desde el pasillo.

 Los dos voltearon a ver, aunque era obvio que la persona no entraría sin permiso si había golpeado.

-¿Quién podrá ser?-murmuró Erik mientras salía del baño con Charles en la mano.

-¿Charles?-dijo una voz detrás de la puerta.

-¡Raven!-gritó Charles asustado en la mente de Erik.

 Erik comenzó a encaminarse hacia la puerta, dispuesto a abrirla, ya que era su hermana.

-¡No! ¡Espera!-gritó Charles mientras saltaba hacia un mueble cercano.

-¿Qué pasa, Charles?-preguntó confundido.

-¿Charles, estás ahí?-insistió Raven.

-¡No quiero que me vea así!-explicó el inglés.

-Oh, vamos Charles,  ¿qué tiene?

 Al otro lado de la puerta, Raven se quedó petrificada al reconocer la voz de Erik. Era muy temprano, así que era raro que estuviese en su habitación. Acercó un poco el oído, demasiado curiosa. No oía la voz de charles, se preguntó si estaría murmurando (en realidad su voz era inaudible incluso apara Erik, pero al menos le hablaba en su mente).

-No quiero que me vea en este estado.-insistió.

-Por favor, es tu hermana.-dijo medio molesto.-No va molestarse contigo, ni a juzgarte.

 Ante este comentario, dicho de boca de Erik, una serie de imágenes posibles pasaron por la cabeza de la muchacha.

-¡Lo sé! Pero no quiero que se enoje.-le explicó angustiado.

-¿Enojarse? Creo que la estás tomando como una persona muy cerrada, si se enojase por algo así…

-Pero se preocupará.

-Charles, ella es lo suficientemente grande para comprender…

-Erik, por favor.

 Erik le dirigió una mirada entre confundida y molesta al pequeño que se ocultaba detrás de una lámpara. Suspiró, agotado. Evidentemente, el tiempo en que charles permaneciera así iba a ser cansador.

-Está bien.-sentenció. Luego abrió la puerta.-Buenos días, Raven.-dijo observando sin gesto alguno a la chica frente a él.

-¿Erik?-preguntó Raven tratando de mostrarse sorprendida por su presencia para que no se notase que había escuchado partes de la conversación- ¿Qué haces tan temprano en la habitación de Charles?

 El mencionado se sorprendió, olvidándose de que debía ser raro verlo allí a esa hora. Y el sonrojo de Raven le decía que debía estar pensando cualquier cosa. Ahogó una risa ante el pensamiento, ya que no quería parecer relajado.

-Es que….-comenzó a decir sin perder la calma, típico de él.- Charles está enfermo y me ha pedido que lo ayude.

-¿A ti?-dijo con una especie de celos, y otra de desconfianza.

-Yo le dije lo mismo.- aclaró alzando los hombros. Luego se puso serio.- Creo que no quiere que nadie más lo vea en un estado tan….deplorable.

-¿Puedo verlo?-dijo mientras trataba de espiar dentro de la habitación.

-Mejor no.-dijo frenándola con un brazo.

 Raven lo miró fijamente. Le agradaba Erik. Quizás demasiado. Asíque en parte la dejaba tranquila que él cuidase a su querido hermano. Aunque se olía algo raro.

-¿Cómo se encuentra?

-Va mejorando. Aún así, me quedaré a cuidarlo. ¿Tienes problema con ello?

 Raven se sorprendió de la pregunta, como si Erik realmente quisiera estar en buenas maneras con ella.

-No.-se apresuró a decir, abrumada por la mirada intensa de los ojos verdes.-Me deja tranquila que seas tú quien lo cuide.-finalizó sonriendo.

 Erik le sonrió a la vez, agradecido por su confianza. Por unos segundos se formó entre ellos una atmósfera muy amena e íntima, como solía ocurrir. A Raven le encantaba poder sentirse así con alguien que no fuese Charles, pero a Erik lo abrumaba un poco. Ya suficiente confusión tenía con el inglés.

-De cualquiera manera, si algo ocurre, te avisaré.-exclamó Erik rompiendo aquel silencio  tranquilo.

-Genial.-dijo sonriendo.-Iré a preparar el desayuno, así que nos vemos luego.

 Erik bajó la cabeza como saludo y esperó a que Raven se fuese, sólo para estar seguro. Luego cerró la puerta.

-¿Contento?-dijo en un suspiro. Ante el silencio de su amigo, volteó hacia el escritorio donde había dejado a Charles.

-Gracias.-dijo secamente mientras salía de atrás de la lámpara donde se había escondido.

-¿Qué ocurre?-preguntó confundido Erik ante la expresión molesta de su amigo.- Hice lo que querías, ¿verdad? Creo que Raven realmente se tragó el cuento…

-Erik.-lo interrumpió decididamente su amigo.

-¿Charles?-preguntó viendo la confusión de su amigo.

-¿Sientes algo por Raven?-articuló por fin.

 Erik abrió mucho los ojos, ante la inesperada pregunta del otro. En ese momento, lo último en lo que estaba pensando era en Raven. Pero bueno, debía admitir que le parecía una chica adorable. Sensible, leal, le daba lástima que no pudiese ver lo genial que era por culpa de la misma sociedad que a él lo había herido. Si pudiese ayudarla, lo intentaría. Y era de las pocas personas que despertaban ese deseo bondadoso de Erik. Sí, la veía como una persona que podía llegar a querer…como una hermana.  No le despertaba ningún deseo, jamás se le hubiese cruzado por la cabeza. Si tenía que pensar qué persona lo hacía sentir de esa manera, nervioso, ansioso, dispuesto a dar su vida…el nombre que aparecía era otro. De cualquiera manera, ¿por qué le molestaba a Charles? Entendía que Raven era su vida, su apreciada hermana, y que no querría que cualquiera estuviese con ella. Pero él, ¿no era digno de su confianza? ¿O acaso lo llamaba cuando estaba en problemas pero no eran tan íntimos como para sentir que dejaba a su hermana en buenas manos?

 Charles esperaba una respuesta tratando de no mostrar su ansiedad. Ni sus celos. De no ser por el tamaño que tenía, hubiese arrastrado a Erik adentro de la habitación apenas había notado esa atmósfera extraña que se había producido entre él y Raven. Está bien, él le había pedido que hable con su hermana, pero a veces olvidaba cómo lo molestaba verlos juntos. Y jamás los había encontrado solos. Ahora que sabía cómo se ponían las cosas, era peor. Adoraba a su hermana, pero también quería demasiado a Erik. De sólo pensar en ambos se le revolvía el estómago. Sabía que estaba siendo sumamente egoísta, cuando sus dos personas preciadas necesitaban justamente a alguien que los apoyase a pesar de las desgracias que habían vivido. Pero él quería hacer eso, acompañar a Raven como hermano, y a Erik como….

-Es un tema un poco delicado para hablar en esta situación, ¿no te parece?-contestó por fin Erik, tratando de mostrarse neutral. No era un buen momento para explicarle que si se mostraba amable con Raven era porque quería ganarse su confianza como hermana de Charles. Era muy enredado.

-Supongo que tienes razón.-dijo en un suspiro, incómodo por esa respuesta. Era obvio entonces que Erik sí sentía algo por Raven, y que, como sabía el aprecio de Charles hacia su hermana, no era un tema fácil de abordar. Lo que Erik no sabía es que no era eso lo que le molestaba al inglés.

-De cualquiera manera, ¿cuál es tu plan ahora, rata de laboratorio?-cambió de tema.

-Pues ir a ver a Hank, por supuesto.-Charles sonrió ante el apodo.-Si hay alguien que puede solucionar este embrollo, es él.

 Una vena celosa palpitó en la frente de Erik. Pero sabía que su amigo tenía razón.

-Hey,-continuó Charles, mirando dulcemente a Erik.- ¿Me das una mano, mi amigo?

 Erik suspiró. Una mirada tierna de Charles, y todo parecía arreglarse. Tan simple como eso.  Estiró su brazo y sintió los pequeños pies sobre la palma de su mano. Ambos salieron de la habitación.

Notas finales:

Espero que les haya gustado! Les súper agradecería que me dejaran un review con críticas o comentarios, para saber si a alguien le va gustando este fic, así trato de actualizar más rápido nwn

Nos leemos~!

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