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Rewrite por Kuroyami Mirai

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Notas del fanfic:

Bueno amores, aquí estoy de vuelta, remasterizando esta historia que amo tanto. Fue mi primer Fanfic y por lo tanto el amor se intensifica. He cambiado muchas cosas, pero eso dejaré que lo descubran por su cuenta. Pasen a leer…

Antes que se me olvide.

Disclaimer: Los personajes de Naruto/Naruto Shippuden pertenecen al mangaka/editor Masashi Kishimoto. Yo solo los he tomado prestados para mis perversas ideas y sin intención de lucro.

Notas del capitulo:

Sinceramente, espero que lo disfruten, ya que lo he escrito con mucho amor.

 

Observar las aves revolotear cerca de la ventana, las nubes navegar perezosas en el cielo, y al astro rey calentar a toda vida, era algo por demás aburrido para Naruto. Tenía la mejilla apoyada en su mano, los ojos cansados y un puchero en los labios. ¿Pero quién lo culpa? A sus ocho años, en lo menos que quería pensar era en el paisaje de la ventana.

Jugar, divertirse, hacer amigos y llamar la atención.

Ese era su objetivo desde el mismo instante en que ingresó en Shinobi Academy, pero la emocionante vida de estudiante que había imaginado, había quedado pisoteada bajo la realidad de la rutina.

De soslayo, observó como sus compañeros se reunían y platicaban, socializando y restregándole en cara lo solitario que era. Había intentado interactuar con los otros niños muchas, muchas veces, pero las miradas férreas y los malos tratos, habían agotado su muy exagerada paciencia. Todos tienen un límite, y el suyo, a sus ocho primaveras, ya había llegado.

Escuchó el sonido de la madera rozando más madera: era la puerta deslizándose y solo eso le alertó que el maestro llegó al salón para impartir su clase. Resopló. No es que le molestara la presencia de Iruka, de hecho lo quería mucho, pero el indicio de que otro día aburrido iniciaría, era exactamente el momento de su llegada a clases. Igual que siempre, sin nada que contar.

-Tomen asiento- ordenó el profesor, centrado en unos papeles entre sus manos, esperó paciente hasta que los murmullos infantiles dejaron de escucharse.- Tengo algo importante que anunciarles- Naruto entrecerró los ojos, separando la mejilla de su mano, se irguió en la silla y esperó a que Iruka diera la noticia- Por orden alfabético, os daré un número a cada uno. Uniendo los pares con los impares, se formarán parejas para los entrenamientos de a partir de ahora. Sin quejas- amenazó, frunciendo el ceño a cierto rubito inquieto- las parejas formadas, estarán unidas hasta la graduación, sin opción de cambio. Así que les aconsejo que se lleven bien desde el comienzo.

El blondo escuchó atento, sin embargo en su ingenua mente aniñada, lo único que tenía cavidad era su determinación en esforzarse por hacer de su nuevo compañero, un amigo. Al parecer ya no estaría solo nunca más.

-Siempre que no sea Sasuke- decía en sus adentros, observando de reojo como el pequeño azabache entrelazaba los dedos frente a su mentón y estilizaba su postura. Era un creído de lo peor, lo odiaba. Tan arrogante, soberbio, siempre dejándolo en ridículo frente a todo el salón, demostrando cuan perfecto era. Estaba seguro. Si había alguien en esa lista que definitivamente jamás lo entendería, ese era el Uchiha.

-Aburame Shino y Akimichi Shoji- fue el primer par en nombrar- Haruno Sakura y Hyuuga Hinata- siguió anunciando Iruka desde el frente, entretenido con el cuaderno de anotaciones que tenía en su mano. Uno a uno, fue enumerando y diciendo nombres. Por las iniciales de sus apellidos, emparejó a cada estudiante hasta que llegó a…- Uchiha Sasuke y Uzumaki Naruto. Vosotros sois la última pareja, llévense bien.

-¡Iruka-sensei! ¿Por qué me ha tocado con este?- señaló al moreno y compuso una mueca de fastidio- No es justo ‘ttebayo.

-Escucha Naruto,- Iruka se sobó el puente de la nariz, conteniendo la jaqueca que le provocaba su querido estudiante- como siempre, veo que no prestabas atención. ¡Dije que os emparejaría por orden alfabético! Ustedes son los únicos dos estudiantes cuyo apellido comienza con U. He dicho que no quería quejas. Mira a Sasuke,- señaló al niño, dando como obvio su criterio de disciplina al revelar a un Sasuke sereno, calmado y para nada alterado- está tranquilo y no se ha quejado. Aprende un poco de él y compórtate.

-Tsk…, yo pensando que podía tener un amigo y viene y me toca con Sasuke- refunfuñando, el rubio infló los carrillos y se sentó en su silla, con los brazos cruzados y un morro exagerado en los labios.

Sasuke miraba al frente, impertérrito, se levantó de su sitio y se sentó junto al blondo, apoyando los codos en la mesa y la barbilla cerca de sus dedos entrecruzados. Naruto simplemente trató de ignorarlo, pero algo dentro de sí explotó y no pudo más. Esa actitud tan calmada de su compañero lo exasperaba.

-¡Argh! Sasuke, di algo, que me pones de los nervios. Si no te gusta que estemos emparejados solo dilo, dattebayo.

El Uchiha lo observó un segundo, separando los labios lentamente, dijo- En realidad no me molesta que seas mi pareja, solo no quiero que me retrases en los entrenamientos, usuratonkachi- a flote salió una media sonrisa cargada de picardía.

Naruto se estremeció, pero trató de disimularlo. A pesar de esto, esas simples palabras le hicieron sentir un latido cálido en su pecho, llevándolo a experimentar una nueva sensación desconocida. Ser aceptado por alguien, definitivamente se sentía muy bien- creí que me odiabas. Siempre tienes esa arruga entre las cejas ‘ttebayo.

De nuevo, Sasuke sonrió de manera arrogante, esta vez enarcando una ceja- si tanto te incomoda, entonces deja de observarme como idiota.

-No te observo todo el tiempo, no seas engreído- regañó un ruborizado rubio.

-No importa.- Sasuke se encogió de hombros- Al fin y al cabo, eres el único que en verdad a captado mi atención en esta clase- entrecerró un poco los ojos, analizando- tal vez eres diferente del resto y no lo sabes, es interesante.

La expresión de Naruto cambió completamente de embobada a enrojecida. Era la primera vez que alguien le decía algo como eso. Definitivamente había juzgado mal al Uchiha y estaba arrepentido- también me alegro que seamos compañeros- dijo a medias mientras se acariciaba la parte baja de la nariz con el dedo índice- prometo que si me ayudas a mejorar mis notas en la academia, haré que tus días sean realmente divertidos.

-Es una promesa- Sasuke se inclinó hacia su oído y le susurró- más te vale cumplir con tu parte, dobe.

 

<><><><><><><><> 

 

Hacía un calor desesperante en el lugar. Naruto metió un dedo en el cuello de su playera y la movió para que le entrara un poco de fresco. Sus mejillas estaban rojas, su respiración era vapor concentrado y el sudor recorría su piel como una segunda capa. Le gustaba el sol y le gustaban los días soleados, pero ese insoportable calor era casi ridículo.

Levantando el brazo, se frotó la frente en un gesto agotado y miró al frente, frunciendo un ceño lleno de determinación. Frente a él estaba la diana de prácticas, vieja, deteriorada y cubierta de cortes por su entrenamiento diario con los shurikens. Naruto cruzó las manos en su espalda cuando se sintió listo, el sonido metálico de los instrumentos ninja era tan familiar, que podía ignorarlo y seguir concentrado en el lanzamiento. Frunció los labios, contó hasta tres, sostuvo la respiración y…

… Un par shurikens chocaron con la madera de la diana, justo en el centro, uno al lado del otro. Naruto arrugó las cejas con molestia. Sus propios shurikens cayeron al suelo cuando se dio la vuelta, dedicándole al responsable de tan buen lanzamiento, una mirada sucia.

-No seas engreído, teme- refunfuñó, cruzándose de brazos con un puchero inconforme en los labios.

Dando un salto, Sasuke se depositó al lado de la diana para retirar las estrellas metálicas. En su boca se definía una sonrisa burlesca- no están tan al centro como esperaba. Debo practicar un poco más- guardó los instrumentos en su bolso de entrenamiento y, de soslayo, observó como Naruto se hacía una bolita de rabia- ¿qué pasa, dobe?

-¡Que te den, ‘ttebayo!- gritó ofuscado, dándose la vuelta para irse del campo de entrenamiento. Estaba furioso, irritado, avergonzado, demasiados sentimientos encontrados. Sasuke siempre lo ponía así.

Algunos años atrás, cuando los colocaron como pareja de entrenamiento, había prometido que haría los días de Sasuke más divertidos a cambio de que el moreno lo ayudara a avanzar académicamente. Ambos habían cumplido su palabra. Mientras Sasuke se divertía a sus costillas, burlándose de sus rabietas infantiles y pucheros inconformes; Naruto había avanzado gracias a que Sasuke era bueno enseñando, además de que tenía una paciencia digna de elogio.

Sin embargo, eso no quería decir que su relación era la mejor. No estaba seguro en el caso del moreno, pero en el suyo, Naruto afirmaba todo el tiempo que tenía ganas de degollarlo vivo. Sasuke lo sacaba de sus casillas con muchas facilidad; solo debía sacar a la luz una de sus chulescas sonrisitas de aristócrata, y ya el rubio se sentía en la necesidad de estrangularlo.

Soltando el aire caliente por la nariz como un toro frente a una bandera roja, Naruto aterrizó en la orilla de la pequeña laguna que estaba en el campo 47. De rodillas, se inclinó en el borde y tomó un poco de agua con las palmas para mojarse la cara. Si quería seguir entrenando shuriken jutsu, debía estar calmado y concentrado, de lo contrario no le daría ni a un elefante en línea recta.

-¿Me estás evitando?

-¿¡Wah?!- Naruto se dio un susto de muerte cuando escuchó un susurro en su oído. Su cuerpo se sobresaltó tanto, que terminó cayendo de cabeza al agua. Salió después de un segundo de entumecimiento, dedicándole una mirada asesina al causante de su desgracia- Sasuke, teme…

-Te hice una pregunta- como si nada, Sasuke se irguió en la orilla, viendo al rubio desde arriba con el sol a sus espaldas. Si, justo como si fuese una deidad o algo así.

El blondo se abstuvo de responder inmediatamente. Receloso y al asecho de una venganza, se mantuvo en el agua con solo la parte superior de la cabeza en el exterior, haciendo algunas burbujas mientras refunfuñaba. Se acercó a la orilla y ahora sacó la cabeza por completo para poder hablar- eso es, Sasuke. Te estoy evitando.

Sasuke apretó los puños dentro de los bolsillos de sus pantalones cortos de color blanco cenizo. Debía admitir que eso le había cabreado, y mucho. No recordaba haber hecho algo para merecerse tal desprecio- ¿y se puede saber por qué?

Justo en ese momento, Naruto no lo adiaba tanto como afirmaba, era puro teatro para poder agarrarlo desprevenido. Era cierto que consideraba a Sasuke como un rival, pero nunca al punto del odio. A Sasuke le debía más de lo que el mismo moreno podía llegar a imaginar.

Pero, aún tenía una venganza pendiente. Por interrumpir su práctica y por haberlo asustado. Sugerente, hizo un gesto con su dedo para que Sasuke se acercara lo suficiente como para que le hablara al oído. El Uchiha dudó en un primer momento, pero luego se agachó y se acercó ingenuamente a Naruto.

Error.

Naruto lo agarró por las solapas de su playera azul y lo metió al agua, presionándolo para que no saliera. Sasuke forcejeó con él aún dentro de su estado de sorpresa, logrando ponerse encima hasta que el blondo terminó hundido.

Estaba cabreado, demasiado. Ese estúpido dobe lo había engañado y ahora estaba todo mojado, su ropa arruinada y su cabello pegado en la frente y las mejillas.

Se las iba a pagar con creces, la venganza siempre había sido su fuerte.

Se sentía incluso humillado por haber caído en un truco tan viejo y además…, obvio. Casi podía escuchar las carcajadas burlonas de Naruto a pesar de que aún estaba bajo el agua…

Un momento… ¿¡bajo el agua?!

-¡Naruto!- asustado, Sasuke comenzó a manotear el agua a su alrededor, provocando ondas para descubrir el paradero de Naruto, pero no podía sentirlo. ¿Había ido tan al fondo?- más te vale que no sea otra de tus bromas- amenazó, más preocupado que molesto- sal ahora mismo, usuratonkachi. Estoy perdiendo la paciencia- y la estaba perdiendo, valla que sí. Sasuke estaba a punto de un infarto al ver que Naruto no salía. Tomó aire, contó hasta tres y se zambulló con fuerza, buscando llegar rápidamente al fondo.

La laguna no era clara como esperaba en un primer momento, tal vez se debía a las sombras de los árboles de su alrededor. Si el sol no daba directamente en el agua, su interior se volvía demasiado oscuro. Tenía los ojos irritados por mantenerlos abiertos, pero debía encontrar a Naruto, debía hacerlo. Justo cuando sintió que el aire abandonaba sus pulmones, lo divisó cubierto de algas, inconsciente.

Sasuke nadó lo más rápido que pudo y sacó un kunai de su bolso de misiones. Agarró a Naruto de un brazo mientras con su mano libre cortaba las algas. Una vez estuvo libre, se impulsó a la superficie y de nuevo sintió el aire en sus pulmones. Casi transpira con alivio, pero al ver que Naruto no habría los ojos, se asustó. Saliendo a la orilla, empujó el cuerpo del rubio fuera del agua y luego se empujó él.

El moreno aún podía sentir ardor en su pecho por la falta de aire, pero ahora tenía una rubia preocupación que lo hacía olvidar cualquier distracción. Palmeó su mejilla un par de veces, esperando que reaccionara. Era inútil. Presionó con las palmas en su pecho, contando cada empuje antes de tomar una bocanada de aire, apretar la nariz de Naruto con una mano y con la otra le mantuvo la boca abierta. Unió sus labios, donándole todo el oxígeno que había reunido.

Naruto no habría los ojos.

Presionó de nuevo en su pecho, tomó otra bocanada y repitió el acto. Después de la tercera repetición, Naruto hiperventiló y se separó bruscamente, tosiendo agua y juntando las manos en torno a su garganta. Debía dolerle. Sasuke se dejó caer con todo el peso del aliento contrariado dentro de su pecho. No era la primera vez que le salvaba la vida a Naruto a causa de una estupidez, pero por alguna razón, esta vez se sintió diferente.

-¿Estás bien?

Despacio, muy despacio, Naruto abrió sus grandes y azules ojos para mirarlo fijamente. Sasuke sintió que su cerebro hizo click en ese momento, pero trató de mantenerlo oculto bajo una capa de indiferencia- …gracias…, Sasuke- masculló apenas. Se podía notar que el respirar le era trabajoso.

-Mantente con vida por lo menos hasta la graduación. No puedo hacer el examen sin mi pareja- regañó, tratando de desviar el asunto con su aura llena de hostilidad; pero contrario a cualquier pensamiento preconcebido, Naruto no lo insultó por insensible, ni lo golpeó para luego salir corriendo, simplemente… bajó la cabeza, avergonzado.

-Lo siento. Debería dejar de hacer tonterías…, para no causarte más problemas.

Sasuke esperó un minuto completo en silencio, analizando la expresión del menor, sus palabras arrepentidas, su mirada alicaída, y se sintió como un demonio por no ser capaz de darle ánimos. Se puso de pie abruptamente, viéndose obligado a desviar la mirada cuando Naruto lo miró con sorpresa. Le extendió una mano, rehusándose a decir palabra alguna, a mirarlo a los ojos. No le gustaba sentirse de ese modo tan… irritante.

Demasiadas veces había sentido esa extraña contrariedad en su pecho. De alguna forma, cada vez que estaba así de cerca de Naruto, sentía una sensación de nostalgia, como si hubiesen pasado mucho tiempo separados. Pero no era así. Debido al sistema de entrenamiento inventado por Iruka, había pasado casi todo su tiempo junto al blondo. Entonces, ¿por qué ese extraño escozor se almacenaba en su pecho cada vez que se alejaban? Era demasiado extraño.

Naruto tomó su mano extendida para ponerse de pie y también se mantuvo en silencio… se mantuvo en silencio por diez segundos… veinte segundos…, y ya estaba consciente de que eso no era lo suyo. Si no decía una palabra siquiera en los próximos tres segundos, explotaría. Desventajas de tener una personalidad hiperactiva. De un salto algo torpe, se puso en el camino de Sasuke cuando este estuvo a punto de marcharse.

El moreno parpadeó dos veces, ni más ni menos. Dio un paso atrás cuando Naruto se acercó, con las cejas unidas y los carrillos inflados en un puchero.- Dilo- pidió en un gesto que sonaba amenazante. Sasuke le dedicó su mejor mirada confundida, Naruto decidió ser más específico- di que me odias y que te gustaría tener otro compañero. Admítelo.

El moreno parpadeó de nuevo, esta vez con incredulidad- ¿de qué estás hablando, dobe?

-No mientas.- Se acercó otro par de pasos- llevo años siendo tu compañero y siempre siento... siento que quieres alejarte de mí. Sé que me odias a pesar de lo que dijiste el día que nos emparejaron. Sé que me ves como un estorbo…

-Usuratonkachi- interrumpió Sasuke, rehusándose a dar otro paso atrás cuando Naruto se acercó más, casi chocando sus narices de lo cerca que estaban. El rubio trataba de verse amenazante mientras él trataba de mantener la compostura- yo no te odio, sólo me desesperas- Naruto parecía no confiar en su respuesta, se acercó más, casi podía sentir su aliento irregular- ¡no te acerques tanto, tú…! ¿ugh?

Mala idea forcejear cuando estaban tan cerca de la orilla. Sasuke había tratado de empujar al blondo, pero trastabilló con una piedra y cayó al agua otra vez, claro, no sin antes agarrarse del abrigo de Naruto y llevarlo consigo a la caída estrepitosa.

Ambos salieron a la vez, respirando fuerte y mirándose con odio- ¡es tu culpa!- chilló el blondo en cuanto tuvo aire.

-¡La culpa es tuya, maldito dobe!

-¡¿Qué?!- cabreado, Naruto estuvo a punto de golpearlo o salpicarle el rostro con agua, pero eso, obviamente, era un movimiento que Sasuke había podido prever.

Además de hartado de todo eso, Sasuke había admitido que se encontraba en el límite. Quería darle una lección al dobe, pero no una tan peligrosa como la anterior donde casi se ahogan los dos. Aunado al hecho de que tenía unas preguntas que quería responderse a sí mismo.

¿Por qué las palabras de Naruto tenían tanto poder sobre él? ¿Por qué se enfadaba cuando Naruto hablaba de odio? ¿Por qué a veces tenía ganas de golpearlo hasta el cansancio y otras de acorralarlo y robarle el aliento? Era tan confuso, y tan extraño. A sus doce años, Sasuke se sentía a punto del colapso. Quería responder todas esas preguntas, comprobar varias teorías, y sobre todo, darle un escarmiento al rubio cabeza hueca.

Agarrando las solapas de Naruto, lo estampó contra la roca que limitaba el borde de la laguna y lo besó.

Aquello realmente ni siquiera podía ser considerado un beso, más bien era algo así como un golpe dado con ambas bocas, incluso se había hecho un poco de daño, pero no le importó. Se cernió con mayor fuerza del abrigo naranja y cuando sintió que el rubio comenzaba a removerse bajo su agarre, le puso la rodilla entre las piernas, presionando en esa zona. Automáticamente Naruto detuvo todo movimiento, temiendo que Sasuke se viera tentado a hacer más presión con su rodilla y lastimarle.

El áureo se mantuvo quieto mientras sus bocas estaban unidas, ambos lo estaban. No había movimiento labial, ni contacto de lenguas. Sus labios solo estaban pegados. Sasuke sintió que su cerebro hizo click una vez más cuando se separó un centímetro y escuchó que al rubio se le escapaba un gemido por la presión entre sus piernas. Su corazón hizo una revolución dentro del pecho y estuvo tentado de renovar el contacto de sus labios, pero no lo hizo. Despacio, se echó hacia atrás y soltó el abrigo.

Naruto se llevó una mano al pecho – apretando en un puño la tela de su abrigo – mientras Sasuke se alejaba de su cuerpo y salía del agua. No podía pensar en nada que no fuera lo que acababa de pasar, además de que por primera vez, se sentía incapacitado de decir ni una sola palabra. Sasuke le tendió la mano una vez más, pero en esta ocasión, Naruto la ignoró y se incorporó por su cuenta, rehusándose a mirarlo a los ojos. Estaba nervioso, muy nervioso. Sus mejillas estaban hirviendo, podía sentir el rubor como una segunda piel.

-Hey, Naruto… escucha, yo…- Sasuke no terminó su frase. Justo cuando estuvo a punto de soltar su careta indiferente y pedir una disculpa, el rubio desapareció de un salto y le dejó allí, hablando solo.

 

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Sakura caminaba con su compañera de entrenamiento por las calles de la aldea, mirando de derecha a izquierda sobre las tiendas, en busca de un nuevo bolso para guardar las herramientas de misiones que le daban en la academia. Hinata también necesitaba uno nuevo, así que estuvo dispuesta a acompañarla con la condición de volver temprano, ya que su padre era muy estricto y no le gustaba que su hija anduviera sola en la noche.

-¿Has visto algo bueno, Hinata?- preguntó la niña pelirosa, mirando a la ojiperla con curiosidad. Hinata se había detenido de repente, mirando hacia el final de la calle- ¿qué pasa?- preguntó de nuevo, pero Hinata seguía sin responder, entonces se puso a su lado y miró en la misma dirección que la chica, notando que el revoltoso de Naruto corría por el centro, todo mojado y con las mejillas rojas- ¿en qué lío se habrá metido ese idiota?

-No digas eso.

Sakura reaccionó ante la cristalina voz de su compañera, tan frágil que parecía que se rompería antes de que llegara a sus oídos.

-Él es fuerte, más de lo que crees- seguía diciendo la ojiperla, juntando los dedos frente a su regazo, sin dejar de mirar al rubio que había detenido su carrera para meterse en el Ichiraku.

Sakura la miró, después a Naruto y de nuevo a la chica. Rodó los ojos. Sobra decir que no estaba de acuerdo con la chica, en lo más mínimo, pero no alegó nada. Sabía que Hinata sentía algo por el tonto de la clase y decir algo contra él era como herir los sentimientos de ella- creo que cerca de la dulcería vi una tienda de armamentos. Tal vez allí esté lo que necesitamos- si, lo mejor era cambiar de tema y salir de allí. Tomó el brazo de Hinata y la guió en la dirección opuesta a Ichiraku.

La ojiperla sólo se dejó llevar, no sin antes mirar al rubio de soslayo y soltar algún gemido sonrojado cuando creyó que sus miradas se cruzaron.

 

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Al llegar a casa, el primer acto que el Uchiha hizo fue patear lo primero que tuvo en frente y romperlo en pedazos. Lástima, era un jarrón muy bonito. Se sacó la playera y se metió en el baño, apoyándose en el lavamanos mientras observaba su reflejo en el espejo. ¿Qué había hecho? Ni siquiera podía encontrar una explicación que justificara sus actos, y esto solo lo irritaba al doble. Era en esos momentos que más añoraba a sus padres. No tenía a nadie a quién preguntar por ese extraño sentimiento.

La ansiedad era pesada, pero no había arrepentimiento en realidad, solo confusión. Terminó de desnudarse y entró en la ducha, restregando con fuerza por toda su piel pálida hasta que la dejó muy roja. De igual forma se restregó el cabello, sacando todas las impurezas y el mal genio. Cuando se sintió lo suficientemente relajado, cerró la llave y salió envuelto en una toalla.

-Debería salir- pensó, sacando un par de perchas del armario. No estaba muy convencido de hacerlo, después de todo le gustaba estar más en casa que en algún otro sitio. Pero estando sólo y encerrado, solo conseguía seguir pensando en Naruto y en el beso que le obligó a tener. Jamás se creyó capaz de una cosa así. Ni siquiera pensaba en esas cosas, apenas estaba descubriendo lo que era el sexo por dios. La adolescencia aún estaba lejos.

Sin dudas era un niño precoz, tal vez demasiado. Tal vez se debía a que no tenía un adulto que lo frenara. Tal vez se debía a la falta de atención. Tal vez se debía a que Naruto lo estaba volviendo loco. Eso debía ser.

Resoplando con fastidio, se puso la ropa y salió por la ventana, buscando algún método de distracción. Era extraño como lo hacía sentir su compañero… desde siempre. En el mismo segundo en que Iruka dijo sus nombres, extrañamente sintió un regocijo en el pecho, pero, ¿por qué? Naruto era el punto discordante de la clase, un idiota de primera. Pero le gustaba, con todo y su idiotez.

Tal vez solo era un capricho.

Debía admitir que la personalidad de Naruto, completamente diferente a la suya, era refrescante la mayor parte del tiempo, por no decir siempre. Tal vez era porque se sentía solo. Además, con Naruto siempre tomaba el papel del hermano mayor, algo que siempre quiso ser. Proteger a alguien en lugar de ser el protegido, regañar a alguien en lugar de ser el regañado. Sí, eso debía ser, esa era la respuesta a sus preguntas. O tal vez era una excusa bien pensada por su subconsciente.

Demasiados ‘tal vez’ para su gusto.

En eso estuvo pensando en su recorrido por la villa, disfrutando del magnífico contraste de luces de colores que adornaban cada recoveco. Konoha siempre fue muy hermosa en su estado nocturno, y más en esa temporada. Estaban en pleno verano, por lo que los aldeanos celebraban a diario durante esas fechas con festivales y competiciones nocturnas. Sería divertido participar en alguna, claro, si no fuese un ninja en entrenamiento. Algunos de los retos que a las personas comunes le parecían imposibles, a Sasuke le resultaban tan fáciles que llegaban a ser aburridos.

Recordaba una vez que Naruto lo obligó a ir a uno de esos festivales, algo de que deseaba el premio y demás tonterías a su parecer. El rubio siempre había tenido mala puntería, por eso se esforzaba más en los entrenamientos. Debido a esto, pidió ayuda al moreno para que le ensartara los tres aritos en la botella y llevarse el primer premio. Un bono de ramen gratis por un mes.

Sasuke cumplió con su capricho en esa ocasión, y todos los que se le ocurrió por el camino. Incluso había ganado un ridículo gorro de dormir con forma de pingüino, o foca, ni siquiera estaba seguro. No dudó en regalárselo a su compañero. Tenía que estar demente para usar algo tan infantil y además, inservible.

Pensándolo bien, la expresión de Naruto cuando le regaló el gorro, había sido verdaderamente encantadora. Mucho más adorable que cuando ganó por él el premio del ramen. Sus mejillas se habían vuelto rojas y sus cuencas cerúleas brillaron con la sorpresa del obsequio. Si era por ver esa expresión otra vez, Sasuke se sentía capaz de darle lo que pidiera.

Una pequeña sonrisa se asomó en sus labios cuando pudo imaginarlo; saltando sobre una de las tiendas, se vio tentado a participar en uno de los juegos del festival para regalarle el premio al dobe. Tal vez si se acercaba con muestras de paz y un obsequio en las manos, Naruto le perdonaría por lo que hizo en la tarde.

Al parecer, salir y dar una vuelta no había sido tan mala idea después de todo.

-¡Quiero otro plato!

Sasuke se detuvo abruptamente, agachándose para ocultar su presencia, se percató que estaba justo en frente de un restaurante de ramen. El Ichiraku. No le extrañaba que esa voz que escuchó le resultara tan familiar.

-¿Vas a comer otro?- se escuchó la voz de un hombre mayor, tal vez era el viejo Teuchi.

-¡Quiero otro!- repitió la misma voz chillona y aniñada de antaño.

Sasuke frunció las cejas, apretando los puños con fuerza cuando un pensamiento surcó su mente. Naruto estaba allí, canturreando como si nada después de lo que sucedió. No es que deseara que se mantuviera deprimido hasta la vejez, pero al menos sería grato que lo mantuviera presente. Mientras él se estaba preocupando en buscar una forma de pedirle disculpas, Naruto estaba de lo más feliz, tragando su ramen. Esto lo cabreó más de lo esperado.

Con pasos tranquilos y sigilosos, se acercó al restaurante, dispuesto a captar la atención del rubio idiota.

Después de todo…, sí había sido una mala idea dar ese paseo.

 

 

 

Continuará…

 

Notas finales:

Como pueden ver, el primer capítulo tiene mucho más peso que antes. Debido a que pensé que esta historia se podía explotar más, estoy escribiendo todo lo que me habría gustado que sucediera en la serie, y creo que me estoy quedando corta. Digamos que es parte de mi rehabilitación por el final tan… Disney que se le ocurrió a Kishimoto. Sí, debo admitir que aún estoy deprimid por eso.

Espero de corazón que lo hayan disfrutado, porque el dobe y el teme tendrán más aventuras en esta historia, dudas y demás. Por otro lado, hay un misterio de por medio. Los que leyeron la historia original deben imaginarse lo que es, pero aun así no daré ninguna pista. Es mejor si lo descubren por ustedes mismos.

Nos vemos en la próxima!!! N_n/

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