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TIARA

Autor: Karenlauren

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Notas del fanfic:

Renuncio a los derechos de autor, historia, etc.

Soledad.

Eso es todo en lo que en mi vida he llegado a conocer. Un sentimiento extraño, te hace ver que eres diferente a los demás, que eres total y completamente invisible en un mundo dónde reinas.  Pero… ¿qué debes reinar cuando no hay nada?

Miré por la ventana del carruaje mientras nos acercábamos a la academia, aparté mi melena rubia y traté de peinarla para embutir mis rebeldes rizos en el sombrero.

Aunque mi expresión mostraba serenidad, estaba que saltaba de la emoción… ¿cómo sería el lugar al que iba a ir?

Des de que podía recordar había vivido en esa casa, preguntándome quién era, por qué estaba ahí… si alguna vez podría alcanzar al fantasma de pelo plateado que a veces veía en la distancia pero que jamás se acercaba mí o tan siquiera me miraba… simplemente estaba ahí de pie, como esperando a algo… o a alguien. Me hubiera gustado preguntarle quién era o quizás si sabía quién era yo.

Un par de días atrás había llegado una carta para una tal Ino Yamanaka, de una academia para mascotas y prashians. Yo, por supuesto, era una mascota. Quizás abandonada por su amo o este esperaba a que creciese para poder conocerme o quizás estaba demasiado ocupado para venir a verme… no lo sabía, y tampoco pensaba mucho en él pero al ser una mascota necesitaba un amo. Seguro que en la nueva academia podía encontrar al adecuado.

Estaba segura.

Una vez, hubo una criada que me dijo que a lo mejor yo era un prashian pero tan solo pude reírme ante tal absurda declaración, yo, claramente, era una mascota… después de todo no tenía poderes ni tan siquiera un guardián.

Aún me acuerdo de la extraña molestia que tuve al ver la letra de esa carta y no pude evitar preguntarme si ese era mi nombre… Ino Yamanaka… me gustaba y ojalá lo fuese por qué deseaba tener uno.

El hecho de haber conseguido un nombre subió mi ego al punto que sentía total confianza en mí misma. Iba a conquistar a un prashian, y yo le iba a elegir.

Entonces el carruaje paró y me quedé de piedra al ver el edificio que se suponía que iba a ser mi nuevo hogar… parecía una mansión encantada. Un escalofrío recorrió mi cuerpo mientras una negativa junto con un completo rechazo me invadía. Me puse roja de golpe y mis modales se fueron a tomar viento cuando empecé a gritar:

- ¿¡Cuál es el significado de todo esto!? ¡Una academia militar??! – teatralmente me abracé – Qué será de mi sueño de conquistar a un prashian…!

Ignoré a la criada que fue a arreglar las cosas para mi estancia mientras seguía con mi numerito autocompasivo:

-  ¡En la carta ponía que era una escuela de élite, no una militar! ¿¡Cómo puedo encontrar a un hombre en una academia militar?! – cogí el cartel de la entrada, hecho de piedra e incrustado a la pared, lo arranqué y lancé al suelo mientras se rompía en pedacitos – Tiene que ser una broma… si, alguien me tiene que estar gastando una broma…

De repente me calmé, recuperé la compostura, puse mi mejor sonrisa y, como si nada hubiese pasado, dije:

- Eso tiene que ser! Esta escuela no es para mí. Tiene que haber un error.

Ignorando los gritos de la criada, di la vuelta y me interné en la ciudad. Era la primera vez que veía un lugar tan lleno de gente, había un par de niños en los aparadores de las tiendas de dulces y un grupo de mujeres reunidas tomando té. Tomando té… yo nunca había tomado el té con alguien… ¿Sabría diferente?

De repente una ventana encima del edificio por dónde pasaba se rompió haciendo que los cristales cayesen encima de mí.

Entonces le ví, con su pelo negro-azulado y ojos etéreos.

- Será mejor que te apartes. – Su mirada fría me atravesaba el corazón, ahí lo supe… Mientras él combatía con otro chico, su camarada, a unos malos… lo supe…

Era tan frío, tan calmado, tan… ¿prashian?

Un malo le iba a atacar cuando su guardián salió para protegerle. Mi corazón se disparó, era como cuando leía libros en casa… me latía muy rápido de la emoción por saber que había encontrado algo especial…

No pude resistir la tentación de alargar el brazo y…

- ¡Auch! – Él se giró para verme.

- Oh, vaya… - dije con decepción impregnada en mi voz - …es pelo normal, pensaba que al ser azul…

- ¿¡Estás loca!? – me gritó fuera de sus casillas. Le miré tranquilamente.

- ¿huh, he hecho algo malo?

- ¿¡Quién va por la calle arrancándole el pelo a la gente!? ¿¡De qué psiquiátrico te has escapado!? ¡Deberías tener un cartel en la cara que pusiera “CHICA PELIGROSA”!

- ¡Oye! ¿¡A quíen le llamas “CHICA PELIGROSA”!? Para que lo sepas, acabo de entrar en la academia  militar.

Él se quedó helado de golpe…

- ¿La academia militar? – ante mi asentimiento me preguntó si podía preguntarme algo y después de otra pelea acalorada a base de gritos e insultos varios le dije calmadamente:

- ¿Eres un prashian?

- Por supuesto. -  Dijo enfadado, ante ello lo supe, mi actitud cambió radicalmente, me cogí la falda e hice una pequeña reverencia para parecer encantadora y me presenté:

- Me llamo Ino Yamanaka, encantada. Espero que podamos llevarnos bien. – Ignoré el hecho que ellos se quedaran de piedra y por sus mentes pasaran comentarios reflejados en sus rostros que gritaban el ya haber visto su verdadera naturaleza egocéntrica, ególatra, malhumorada pero total y completamente interesada.

Como si de un trastorno de personalidad de tratara, volvió a cambiar de humor.

- ¿Dónde están vuestros modales? ¿No deberíais presentaros?

Ahí empezó todo, nuestra relación destinada al fracaso y la tragedia que conllevó a mi desaparición.

- ¡Tú serás mi nuevo amo!

Ojalá nunca hubiera dicho esas palabras, si pudiera volver atrás en el tiempo lo cambiaría todo, no quería un amor cruel, no quería un amor lejano, no quería un amor frío, no quería un amor no correspondido, no quería el amor del mundo al mismo tiempo que el mundo no me quería a mí.

Ojalá me hubiese quedado en mi mansión, alejada del mundo… Eso fue lo primero que sentí al ver la mirada que me lanzó Neji cuando le dije mi nombre. Fue la primera vez que pronunció mi nombre, y la última:

- Ino Yamanaka… - su desprecio no me hizo retroceder, peores miradas había visto en mi vida como la de una sirvienta que, durante una temporada, trajo a su hija de mi edad, - en ese entonces estaba por los siete u ocho años – al principio no sabía qué hacer con su presencia tan cerca de la mía. Jamás había visto a otra niña como yo, así que simplemente le arruinaba los momentos con su madre pero estaba realmente celosa… verla tan feliz hacía que mi corazón se oprimiera y mis ojos se humedecieran, yo también quería que alguien me quisiera así pero… no podía ser. Un día la vi ayudando en la cocina y, sin querer, rompió un plato así que se me ocurrió ayudar también con la mala suerte que rompí un jarrón cortándome la mano. La criadas me apartaron bruscamente y empujaron cuando vieron que quería ayudar, les dije que me dolía la mano… estaba sangrando mucho pero nadie vino a decirme tan siquiera si estaba bien, corrí a mi habitación y esa noche experimenté una tristeza tan profunda que ninguna niña de siete años tendría que experimentar jamás. Lloré hasta quedarme dormida y, a la mañana siguiente, ya había construido un corazón nuevo. Estaba sola y nadie iba a protegerme así que, para no sentir más dolor, simplemente me deshice de todo aquello que me causaba esa sensación. Le pegué una bofetada a la niña a la mañana siguiente diciéndole que su cara era molesta, no importaba cuanto la trataba de ignorar, su sonrisa era molesta. Todas las cosas que me hacían daño debían desaparecer. La madre dimitió, jamás podré olvidar las últimas palabras que me dedicó con odio en su mirada: “¡Una persona como tú vivirá así toda la vida, sola, siempre sola!¡¿Crees que mi hija es molesta?! Pero si eres tú la que nos jode a las demás, ¡alguien como tú jamás podrá ser amado, morirás sola!”. Esas palabras fueron lo que más me dolieron de todo pero ya se habían ido así que, fingí despreocupación y con la mejor sonrisa que tenía me dije en voz alta que por fin podría leer en silencio. Las criadas me miraron cómo si vieran a un monstruo, uno que ellas habían creado. La soledad no es para los pequeños sino para aquellos de grande corazón y, el mío, aunque lo ignoraba, era de los más fuertes pero no me pertenecía.

Entré en la academia y, a pesar de su reputación y alto nivel, el hecho de haber crecido entre libros hacía que tan solo me tuviera que presentar a los exámenes que siempre aprobaba encabezando los resultados mientras que Karin se frustraba por no pasar de la media, ah, se me olvidaba, Karin es una chica peli roja con mal humor pero muy sincera. Ha sido la primera aquí en hablar conmigo y decirme lo que piensa. Aunque a veces me encierre en la clase y tenga que romper la puerta para salir o saltar por la ventana, no me importa porque yo se que, muy en el fondo, ella me aprecia.

Hice otro amigo, Naruto, él me acompañaba siempre de compras por la ciudad y hablaba conmigo. Era el único de los prashian que me miraba a los ojos cuando hablábamos además de ayudarme. Era realmente bueno conmigo. Aunque he de reconocer que nuestro primer encuentro fue más bien… algo raro. Estaba castigada limpiando unas ruinas – por romper, por primera vez, la puerta de la clase y lanzarle una vara metálica a un prashian… aunque quizá el que hubiera insultado además de gritado a la profesora también hubiera influido en las posibilidades de castigo inminente, quién sabe - cuando alguien me tiró un cubo de agua sucia a la cabeza por equivocación así que trepé por la pared hasta encontrarme de cara con él. Estaba a punto de pegarle cuando estornudé y me dio su chaqueta del uniforme. Descubrí que, a pesar del pequeño incidente, era un buen chico. Enseguida nos hicimos muy buenos amigos, pero no hablábamos de nosotros, tan solo comentábamos cosas triviales o andábamos en un cómodo silencio. Lo primero amistoso que le dije, después de amenazarle por lo del cubo de agua, fue que su pelo era del color del pipí. Creo que, des de ese momento, fuimos amigos. Me gustaba nuestra amistad, sin palabras nos entendíamos, no hacía falta gritos – aparte de los míos -, simplemente tranquilo todo, relativamente. Él me convenció de que Neji era mala persona, demasiado frío pero… mi corazón había reaccionado de una manera extraña al verle. Quería ser su mascota e iba a conseguirlo por todos los medios posibles.

En ese entonces, hicimos un trato… yo iba a ir al baile de entrada con él y… eso es todo, en realidad no era un trato, más bien se podía considerar una invitación que no dudé en aceptar cuando me enteré de que Neji ya tenía pareja y no podía entrar sin una así que no hubo más remedio y acepté. Mi corazón dio un pequeño vuelco ese día, me sentí feliz que alguien quisiera estar a mi lado… aunque también me sorprendió.

Con cierta indiferencia corrí a mi armario para escoger el vestido… sin expresión vi uno de encaje y volantes violeta oscuro que encajaba perfectamente con mi personalidad… ese era… las criadas deberían haberlo guardado… tan siquiera noté la gema que había caído al suelo junto con el vestido. Tampoco noté – cuando ya estaba dormida – que de ella salía un guardián, de ojos y pelo etéreos que me susurraba con melancolía palabras que tan solo mi yo del pasado hubiera podido entender.

A la mañana siguiente empecé a pasar mis días con Naruto, uno de esos fuimos a ver a Neji practicar esgrima solo que yo estaba al lado de la basura… él había dicho que yo era basura así que si estaba al lado, escondida, pasaría desapercibida.

Todo estaba bien hasta que otro prashian se metió con Naruto, entonces me levanté y le tiré el cubo de basura por encima y, con mi media sonrisa le dije:

- Te sienta bien.

Sin dudarlo él me atacó, pero Naruto me sacó de allí y al prashian entrometido le pegaron la bronca del siglo por atacar con un guardián a alguien que estaba en clara desventaja.

Naruto y yo huimos a las ruinas dónde nos conocimos y ahí empecé a despotricar de ese cabeza de rana, hasta que me quedé helada al oír las palabras del rubio:

- Ino, acabas de atacar al noble de entre los nobles… Deberíamos hacer un entrenamiento especial…

- ¿Qué?

- Quiero decir que acabas de casi pelearte con un prashian y…

- ¡No! Eso no… ¡Acabas de decir mi nombre!

- ¿Ino…?

- Se siente bien… que te llamen por tu nombre… se siente muy bien… - él me miró extrañado.

- ¿Nunca antes te habían llamado por tu nombre? – negué con la cabeza felizmente.

- No tenía un nombre, días antes de venir a esta escuela nadie decía mi nombre… y si lo decían tan solo era para asegurarse que ese era mi nombre pero nunca llegué a tener uno realmente… - Des de los ojos de Naruto, Ino, en esos instantes, parecía la chica más feliz del mundo. Nunca había visto tanta amabilidad y tanta serenidad en su mirada - …Esta es la primera vez que alguien me llama de verdad por mi nombre, ¡Estoy muy feliz!

Su sonrisa casi paró el corazón de Naruto, ¿por qué era tan doloroso ver la sonrisa de Ino?

Al dia siguiente quedaron para hacer clases de baile pero… Ino no parecía tener un talento natural para esto. Naruto lo intentaba pero, ella era realmente mala y no tenía paciencia, no podía evitar pensar en la sonrisa del día anterior… Y las palabras que había tenido con su guardián. Él le había preguntado si le gustaba la rubia pero se negó totalmente, su carácter era demasiado volátil para su gusto y, aunque su sonrisa era muy bonita, tan solo era una mascota…

Se distrajo un momento e Ino volvió a fallar, cuando le pisó el pie con el jodido tacón de metal se le escapó una sarta de maldiciones que hicieron que Ino se deprimiera. La llamó con miedo pero fue demasiado tarde, ella se levantó hecha una furia, empezó a destrozar y tirar cosas como si no hubiera un mañana hasta que se quedó sin cosas que romper…. Perdón, digo que se le quitó la depresión. Entonces, ella gritó:

- ¡NO QUIERO BAILAR MÁS! ¡Cansa mucho! – Naruto la miró con impresión y cautela.

- Vamos a hacer otra cosa, encontraremos otra manera…

  Oscureció antes que se pudieran dar cuenta, un asustado Naruto estaba acompañando a Ino a su casa cuando, de pronto, apareció el pelo de rana. Que tropezó con Ino que ya estaba alterada así que le exigió una disculpa que nunca llegó, en vez de eso, atacó con su guardián que enseguida inmovilizó al de Naruto. Todo parecía perdido cuando apareció Konan y, con su guardián, asestó un golpe que dejó inconsciente a pelo de rana.  

Liberó a Ino y la acompañó a su casa no sin antes ofrecerle su ayuda siempre que la necesitara sellando el pacto con un suave beso en los labios.

Al día siguiente volvieron a dar los resultados de los exámenes así que no pude resistir volver a cabrear a Karin que la miró mientras le enseñaba con gestos exagerados cómo no había nadie por debajo de ella. Luego se giró y gritó:

- Konan… ¡Aquí estás, justo all final de la lista!

Sus amigas la sujetaron mientras otra alumna se acercó para preguntar con desinterés:

- Nosotros tenemos tutores privados… ¿cómo es que tú sacas mejores notas aún sin estudiar?

Mi mirada se tornó fría por unos instantes pero enseguida se endureció:

- Yo nunca he salido de lo que consideraba mi casa hasta hora… Allí no tenía nada que hacer así que des de que era niña mi refugio ha sido la biblioteca, los libros cubrían todas mis necesidades de conocimiento, el saber…los leía una y otra vez hasta sabérmelos enteros… - Me giré hacia la peli roja que tenía una mirada que barajaba el arrepentimiento que se esfumó al oír mis palabras – Por cierto, Karin, no solo eres fea sino que además tonta, así no vas a conseguir marido, deberías estudiar más y, al menos, tener una inteligencia decente.

- ¡¿QUÉ?! – sus amigas volvieron a sujetarla mientras me veían marchar, sus pensamientos no eran indescifrables, en ellos se leía que consideraban a Ino una chica lista, inteligente y… sin sentido del peligro, demasiado orgullosa, sin empatía. Esa era la peor combinación. - ¡Maldita mascota, vuelve aquí!

Hoy Neji tenía clase así que me dirigí al edificio de prashian pero estaba rodeado de una valla metálica… La miré con una ceja alzada sin notar que mi amo me miraba des de lejos y abría desmesuradamente los ojos, sorprendido, al ver como cogía los barrotes y los desplazaba hacia un lado como si nada y entraba en la propiedad.

- Eso fue fácil. – Dije sin mirar atrás mientras saltaba un bache que resultó ser más alto de lo que esperaba. Caía cuando, de repente, dejé de caer. Al abrir los ojos me encontré con unos etéreos.

- ¡Neji! – dije alegremente.

- ¡No te muevas! – dijo él mientras sujetaba mi mano, estaba realmente feliz… él podría haberme dejado caer pero no lo había hecho… aunque fuera un poco yo… ¡le importaba!

Una vez arriba me empezó a gritar de nuevo:

- ¿¡Se puede saber en qué pensabas al saltar esa altura!?

- ¡Ese es mi candidato a amo, me has salvado muy bien!

- ¡NO ES ESO!

- Pero me has salvado, ¿o no? – dije poniendo un dedo sobre mis labios en un gesto juguetón que denotaba inteligencia y un hecho irrefutable.

 Mientras Ino discutía con Neji, alguien había entrado en su habitación y sus planes de ir al baile iban a ser arruinados de manera totalmente exitosa.

Nada más volver a su habitación vio como toda su ropa estaba hecha pedazos, toda hecha trasquilones, de manera descuidada y cruel, entonces recordó que yendo para allí se había topado con Karin quién había huido de mala manera.

Se puso de pié y cruzó los brazos sobre el pecho:

- Así que esto es el bullying… pensé que ya se habían cansado pero parece que no se rinden… ahhh, ser preciosa es taaan duro, esas idiotas que se dejan llenar tan fácilmente por los celos y la envidia… - un momento - ¡¿Cómo voy a ir al baile con mis trajes así?!

Entonces un rubito le vino a la cabeza:

- Nah, Naruto es un chico… seguro que no tendrá vestidos… - Otra persona vino a su mente - …Konan… Me dijo que la fuera a ver si tenía algún problema… ¡Bien pues voy a preguntarle!

Salí corriendo a los dormitorios de los prashian, dónde me colé y al oír a la profesora venir hacia mí, entré en la primera habitación que encontré, con tan buena suerte que fui a parar a la de Neji.

Tenía intención de salir de ahí cuando alguien me tiró con brusquedad a la cama y empezó a decir incoherencias a alto nivel, hasta que le grité:

- ¡Para, déjame ir!

- …! Esta voz… - él aflojó su agarre lo suficiente como para ver que era yo. - ¿Por qué estás aquí? – su voz cambió de una sorprendida a una dura, fría, ingratamente dolorosa. – Una mascota que ha abandonado todo su respeto hacia ella misma y su orgullo, ¿no tienes suficiente con acosarme que quieres meterte en mi cama?

- …N-neji… ¡Mi brazo, duele!

- Un perro callejero que no conoce su origen… - mi cuerpo se quedó inmóvil al oír esas palabras… yo, él… ¿de verdad pensaba eso de mi? - … ¡Alguien como tú jamás debería haber nacido!

Entonces oímos como se abría la puerta y entraban todos los prashian, a él le castigaron y a mi me presentaron una recomendación de expulsión. Siendo sincera, hasta yo estaba deseando irme de ahí.

Me llevaron a una habitación aislada para que no pudiera escapar o hacer otra tontería, según ellos. Pasé toda la noche sentada en la cama pensando en las palabras de Neji.

Era así cómo se sentía él… ¿de verdad? Él me estaba mirando a los ojos cuando dijo eso… él no podía estar mintiendo entonces, ¿por qué?

¿Por qué me odia tanto?

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