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Mi corazón es tuyo y el tuyo mi razón de vivir

Autor: ANGEL DEL SOL

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Notas del fanfic:

Bueno aqui les traigo una nueva histaria. Ahora decidi escribir de akafuri, en un inicio no conocia esta pareja, pero despues de leer las historias de aiakafuri me enamore de esta pareja.  

 

Bueno espero les guste. Esta histaria se desallora desde la prespectiva de akashi, ya que el es quien nos hablara en toda la historia.

 

En un inicio tenia planeado publicarla en un ONE-SHORT, pero devido a que la escribi muy larga decidi subirla en tres a cuatro partes. Aun no se cuantas en espesifico pero no exedera de 5 y todas seran igual de largas. 

 

Bueno los personajes de KUROKO NO BASQUETH no me pertenecen, pero los e tomado prestado para esta histaria.

 

gracias.

Notas del capitulo:

Bueno aqui esta el primer capitulo, espero no se les haga muy tedioso que sean muy largos. Espero lo disfruten tanto como yo al escribirlo. 

Gracias por leerlo y bueno pues adelante. 

 

Pvo. Akashi.


Me encontraba caminado por uno de los centros comerciales de la familia, revisando que todo estuviera listo antes de abrir las puertas; como venía haciéndolo desde las últimas semanas desde que fui trasferido del edifico de Kyoto a la sede en Tokio. Se preguntaran ¿qué hago aquí?, la respuesta es muy sencilla. Solo hago lo que siempre he hecho desde que nací. Obedecer las órdenes de mi padre.

 

Aun con mis 22 años de edad y próximo a cumplir los 23, yo, Akashi Seijuro, no había podido ser capaz de poder hacer algo que yo deseara en mi corta vida. Desde que mi madre había muerto cuando tenía 12 años, esta había sido mi vida diaria. Colegios, clases particulares, estudios avanzados y gente completamente hipócrita en todo mí retorcido mundo. Todo esto se había convertido en una monotonía día tras día, alejando poco a poco de mi mente la posibilidad o esperanza de hacer algo por el simple hecho de yo desearlo.

 

Dudarán al pensar ¡si no te gusta ¿porque no lo dejas?! La respuesta a esto es sencilla. Ya es demasiado tarde para mí. Mi frio y congelado ahora corazón, se había convertido de la misma manera que todos aquellos hombres en este mundo; ambicioso, hipócrita, convenenciero y narcisista. 

   

- Joven Akashi, debemos regresar a la oficina. Hoy vendrá su prometido para conocérselo en persona y no debemos hacerlo esperar.- me hablo mi secretario, el cual me acompañaba todos los días para auxiliarme como quería hacerme creer mi padre. Aunque para mí, estaba 100% seguro que era para cerciorarse de que hiciera al pie de la letra todo lo que él me mandaba.

 

Solté un suspiro casado y le indique que caminamos hacia la dichosa oficina.

 

Es verdad, estaba a unos minutos de conocer a mi tal afamado prometido, un acto más obligado e implementado como siempre por mi padre. La primera vez que me lo dijo me moleste mucho con él. Creí que al menos en esto sería capaz de escoger a la persona con la que quería compartir mi vida, pero creo que solo fui un estúpido por tan solo pensarlo.

 

Todo este tipo de incidentes a lo largo de mi vida me habían convertido en un hombre sin sentimientos. Mi pensar era ‘‘para que mostrarlos, si al final debía reprimirlos para hacer lo que lo que mi padre quería’’ esto al paso de los años, me habían provocado el gran apodo del hombre con corazón de hielo.

 

El joven con el que estaba propenso a desposar, se trataba de un doncel. Hijo de una nueva familia multimillonaria. Mi padre había echado el ojo en aquella familia debido a lo rápido que extendió su imperio en el ámbito de la literatura y escritura en tiempo récor, algo que a los ojos ambiciosos de mi padre no se escapó. Según la información proporcionada de él, aquella familia era la que había buscado a la nuestras para establecer aquel matrimonio y con ella una unión entre empresas, la cual provocaría que el imperio Akashi fuera a un más poderoso de lo que ya era hasta ahora.

 

Yo por supuesto, no creía absolutamente nada de lo que dijo.

 

¡¿Qué padre debería odiar tanto a su hijo? como para atreverse a casarlo conmigo!

 

Debido a mi frio ser, muchas uniones se habían quebrado debido a mi falta de tacto hacia mis supuestos prometidas o prometidos. Pero no entendía ¿qué es lo que querían de mí?, ¿cómo podría ser amable o sentir cariño o afecto, ante alguien que solo acepto estar conmigo por mi apariencia o posición?  Este comportamiento había provocado que ninguna familia quisiera unirse a la nuestras por el medio del matrimonio en los últimos meses, por lo que estaba seguro que este compromiso terminaría igual que los demás.

 

Caminábamos por el último pasillo del cuarto nivel para llegar al elevador, cuando unos gritos detuvieron mis pasos.

 

- Amo Kouki, amo Kouki ¿dónde está?- se trataban de tres hombres vestido de negro, completamente ajenos a mi edificio gritando por todo el piso en busca, por lo que puedo percibir, su señor amo.

 

Le di una mirada a mi secretario para que interviniera en este escándalo, y el comprendió caminado con rapidez hacia uno de aquellos hombres. La charla no duro mucho, el nombre se inclinó pudiendo disculpas y los gritos cesaron pero sin dejar la búsqueda.

 

- Parece señor, que su joven amo se ha extraviado y dicen que lo han visto entrar a nuestro edificio. Nos solicitaron ayuda para poder encontrarlo lo más pronto posible para no ocasionar más problemas.- me informo mi secretario al momento en que se incorporaba detrás de mí para continuar nuestro camino.

 

- Está bien, en ese caso ve con uno de ellos a la sala de seguridad y encárgate que esto se haga rápido y en silencio. Tienes hasta que se vayan abrir las puertas para solucionar este problema, ¿entendiste? Yo iré solo a la oficina y me encargare de la cita.- ordene con voz firme y él acató la orden alejándose de mi para ir hacia aquellos hombres. No hacia esto porque en verdad me interesará aquel mocoso, solo quería que no hubiera disturbios y malos entendidos. Se debía solucionar esto lo más rápido y silencioso posible.

 

Continúe mi camino y apreté el botos para esperar el ascensor. Cuando al fin llego y entre en él, note a un joven de 16 años escondido en un costado de la puerta. Yo fruncí el ceño encontrando al culpable del alboroto y él solo me sonrió dulcemente. Se preguntaran por que estipule esa edad, pero debido a que aún tenía su uniforme escolar puesto y su rostro parecía el de un bebe, no creí que llegara a más edad.

 

El me dio una señal de que me mantuviera en silencio cuando un hombre que lo buscaba paso frente al elevador, yo lo mire sin interés alguno y el apretó el botón para que las puertas se cerraran. Una vez cerradas y aparentemente a salvo, se incorporó y me dejo escuchar su hermoso y dulce voz.

 

- Muchas gracias por tu ayuda.- Dirigió sus hermosos y brillantes ojos chocolate a los míos y me regalo una grata sonrisa. Yo sentí como si algo en mi frio corazón se craqueara en ese instante y rápidamente desvié su mirada un tanto nervioso. - Lo siento ¿hice algo malo?- me hablo de nuevo debido a mi reacción. Yo recobre mi rígida manera de ser con la cual soy clasificado y acomode un poco mi corbata.

 

- Al parecer sí, no deberías provocar este tipo de alborotos en un lugar público.- al termino de mis palabras aquel brillo es sus ojos se opacó un momento agachado su cabeza y jugueteando con sus dedos.

 

- Yo solo quiero ir al acuario y ver en persona los peses, eso era todo, pero ellos no me querían llevar.- Al escuchar aquella absurda justificación para todo esto, comprendí que en verdad me encontraba a lado de un chiquillo. ¿Qué clase se comportamiento y pensar es ese? Solo el de alguien irresponsable y sin ningún sentido de obediencia. Mire el reloj en mi muñeca y pensé <aún tengo tiempo para la hora acordada a la cita>

 

- Si solo es eso, en cuanto lo veas ¿regresaras a dónde perteneces?- Hable de forma déspota y él me miro un poco extrañado pero asintiendo. Yo tome un bocado de aire al ver la tontería que iba hacer; pero es mejor terminar esto antes de que se haga más grande. Oprimí el botón del primer piso y mire como aquel brillo en sus ojos regreso de nuevo.- está bien, te llevaré a ver el acuario, pero después de eso ya no harás más líos, ¿prometido?-

 

-Prometido.- me sonrió ofreciéndome su meñique para cerrar la promesa. Yo solo acepte por cortesía, al momento en que confirmaba que en verdad estaba frente a un mocoso sin ningún tipo de educación alguna, cuando de pronto sentí un tenue choque eléctrico al juntar nuestras manos. Tal parece que él también lo siento, puesto que al igual que yo, alejo su mano al ínstate con un rostro extrañado.-Lo siento, tal vez tengo mucha estática porque he corrido mucho.- se justificó riendo de nuevo.

 

Yo solo lo mire con desagrado en mi rostro, y regrese la vista hacia la puerta del elevador. Nunca en mis pocos años de vida, había conocido a alguien que sonriera de forma tan idiota como él todo el tiempo. Todas las personas que había conocido siempre me tenían miedo, y solo por quedar bien frente a mí, dibujaban una risa lo suficientemente hipócrita como para percatarme a kilómetros de ello. Pero él reía frente a mí de una manera tan natural, que me molestaba. Aunque este tipo de molestia no era como cuando alguien te vomita encima, más bien era como cuando ves a alguien que como algo con tanto agrado lo cual tú no eres capaz de comer.

 

Al fin la puerta del elevador se abrió. Salí con pasos tranquilos y pude escuchar su caminar impaciente detrás de mí. Podía percatarme como se detenía en pequeños momentos admirando como niño todo el edificio antes de llegar a la entrada del acuario. Cuando estuve frente al guardia de la entrada, solo hice una seña con la mirada y él capto enseguida.

 

- Bueno pequeño vamos, hay que terminar rápido con esto.- Hable con fastidio en mi voz. Él que estaba un poco alejado de mí, corrió con un puchero en sus labios y se acercó demasiado a mi rostro sorprendiéndome y dejándome apreciar por primera vez, la belleza de su rostro.

 

- Es Kouki, vamos repite conmigo Koouuukiiiii… ¡no pequeño!  Además, ya tengo 17 años y casi cumplo la mayoría de edad.- me hablo muy altaneramente, presumiendo su proximidad a ser según él un adulto. Yo solo hice una sonrisa burlona internamente ante su comportamiento, ya que eso era lo único que se me tenía permitido.

 

- Muy bien, KOUKI, vamos entra.- sin pensarlo dos veces, el pequeño del cual acababa de percatarme que me llegaba un poco abajo del cuello, corrió como caballo salvaje hacia el túnel para llegar al pasillo principal. Yo lo seguí para asegúrame que regresara cuando terminara su tour, y le establecí al guardia que no dejara entrar a nadie hasta que saliéramos de ahí.

 

Cuando entre, vi una imagen que no sé si me causaba lastima o risa. El pequeño se encontraba pegado a uno de los cristales de los peses payaso y sonreí como tonto saludando a cada pez que pasaba frente a él.

 

- ¿Nunca habías venido a un acuario?- pregunte ya que en verdad estaba curioso. El despego su rostro del cristal y con esa hermosa sonrisa con la que lo caracterice, me miro.

 

- No, nunca, y es más hermoso de lo había imaginado.- comenzó a caminar de una vitrina a otra, por el pasillo semi-iluminado con el reflejo del agua en él.

 

No podía negar que se miraba hermoso, aquel delgado y blanquecino cuerpo se movía con delicadeza y gracia de un lado a otro. Afirmando mis sospechas de que se trataba de un doncel. Una enorme sonrisa lo acompañaba en su rostro sin querer ceder en ningún momento, y mis ojos no podían apartarse de aquel misterioso joven hasta que nuevamente sentí aquel crack en mi pecho. No comprendía que es lo que me estaba sucediendo, según en mi última revisión rutinaria, mi doctor me había dicho que estaba completamente sano, ¿entonces por qué sentía estas punzadas en el?

 

El sonido de un golpe hizo que mi mirada nuevamente buscara al chico. Una pequeña aura de desesperación me invadió por un momento al notar que no estaba al alcance de mi vista y comencé a buscarlo. No quería que hubiera problemas en mí edificio, así que comencé a gritar de forma quedita su nombre. Mis gritos fueron escuchados y el joven me guio hasta tu ubicación.

 

Al llegar al lugar, el chico se encontraba en el suelo con una respiración muy agitada y una banca sobre él. Rápidamente quite aquel objeto que se encontraba sobre sus piernas y parte de su pecho, ayudándole a levantarse.

 

- Lo siento, me resbale y eso me cayó encima.- Se justificó. Yo fruncí un poco mi ceño y lo analice de pies a cabeza.

 

- Tu respiración suena muy agitada, ¿en verdad estas bien?- Le pegunte sin una pisca de preocupación en mi voz. Él solo me sonrió como es costumbre, intentando calmar su agitado pecho colocando su mano sobre él. Tomo unos grandes y extensos bocados de aire, y justo cuando iba a decir algo, su celular sonó. Lo saco de su saco y respondió.

 

- Sí, estoy bien.-

 

- No es nada.-

 

- No es necesario que vengas yo voy para allá. –

 

Respondió lo más tranquilo que pudo, bajo mi intensa mirada para luego cerrar su teléfono y guardarlo nuevamente en su saco.

 

- Bueno, creo que ya debo irme. Como lo prometí.- hablo al mismo tiempo que se ponía de pie. Yo solo asentí y observe como su cuerpo se tambaleaba esforzándose por mantenerse de pie mientras caminaba de regreso a la salida. Percibí como estuvo a punto de caerse, provocando que mi cuerpo reaccionada y se encaminara a ayudarlo; pero antes de hacerlo, él se apoyó en una pared y giro hacia mi dándome una última sonrisa.- Jeje, parece que mis piernas se debilitaron un poco por el golpe. No se preocupe estoy bien.-

 

¿Que no me preocupe?, no entiendo a qué se refiere. En ningún momento he sentido preocupación o interés en él. Creo que solo es su imaginación la que le provoco esa ilusión en mí. Continúo su camino y yo solo me quede ahí de pie mirando mi reflejo en el cristal, sorprendiéndome por el rostro que observe.

 

¿Esa era mi cara?, aquella expresión de mi rostro que hace más de 10 años no había hecho, estaba ahora situada en mi ¿por aquel chiquillo? No. Eso jamás. Tal vez aquella expresión de preocupación solo se debía a que estaba un poco inquieto ante la posibilidad de que él quisiera demandarnos por haberse agredido en mis instalaciones. Si. Eso era. Eso es.

 

Sin más que agregar, salí por el mismo camino que aquel castaño. El guardia al verme solo se inclinó para saludarme y yo solo continúe con mi camino hacia mi oficina. Cuando llegue, mi secretario estaba esperándome en la entrada.

 

- Joven Akashi, ¿dónde estaba?- me pregunto con un hilo de voz nervioso. Yo solo me limite a darle una mirada y entre a mi oficina.

 

-Solo estaba arreglando un inconveniente, eso es todo. ¿Solucionaste lo que te pedí?- pregunte a un sabiendo la respuesta. El asintió y continuo su camino hasta ponerse frente a mi escritorio mientras yo me sentaba en mi silla.   

 

-Joven Akashi, recibí una llamada de urgencia de la familia Furihata. Nos piden disculpas por no poder asistir el día de hoy a la cita.- yo solo levante una ceja y Soichi entendió mi expresión.- me comentaron que tuvieron un inconveniente personal con el joven de urgencia, por lo que le agradecería que pospusieran su cita hasta nuevo aviso.-

 

-Por mí no hay problema, además tengo muchas cosas que hacer hoy. Solo avísame con tiempo cuando se re agende la cita.- Terminado de hablar encendí mi computadora y mi secretario salió de mi oficina.

 

En realidad no tenía ni el más mínimo interés en conocer aquel chico, que lo más seguro seria como todos. Hablar sobre la unión de la empresa, salir a lugares donde pudiera exhibirse conmigo y hacerme gastar cantidades exageradas de dinero en lugares lujosos. Sin más tiempo que perder puse mi cerebro a trabajar.     

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Los días pasaron y como siempre mi vida era monótona. Del trabajo a la casa y de la casa al trabajo, esa rutina no cambio hasta el día de hoy que tenía que ir a visitar la empresa de mi futuro prometido para hablar con su padre sobre un asunto supuestamente urgente. Iba en mi carro deportivo rojo cuando me pare en un semáforo a una cuadra del edificio, mis ojos se desviaron por un momento de la carretera y percibí a aquel joven castaño que vi hace unos días a un costado en la banqueta acorralado por dos hombres. En un principio decidí pasar de largo como si no hubiera visto nada, así que una vez que la luz se puso en verde; seguí con mi camino. Pero al recordad aquella mirada llena de miedo en aquel castaño, de forma inerte gire el auto y me pare frente aquella escena. Baje un poco molesto del auto y tome el hombro de uno de aquellos hombres llamando su atención.

 

- Disculpa, pero podrías soltarlo.- hable de forma autoritaria, con una mirada llena de enojo reflejada en mis ardientes ojos rojos. Los jóvenes soltaron al pequeño y se fueron sin hacer disturbios, invadidos por el miedo ante mi presencia. Pase mi mirada de la espalda de aquellos hombres, hacia un castaño tembloroso como gelatina frente a mí; regalándome la hermosa sonrisa que desde hoy descubrí calmaba mi furia en un instante.

 

-Hola señor, muchas gracias por ayudarme.- se incorporó el pequeño sosteniendo su mano con delicadeza.

 

- ¿Estas bien?, te duele la mano.- pregunte al ver como intentaba cubrir su muñeca.

 

- No se preocupe, solo me torció un poco la muñeca eso es todo.- lo mire no muy convencido de sus palabras y tome su brazo para cerciorarme de lo que decía era cierto. Cuando levante la manga de su saco, escuche como se quejó ante el pequeño tacto y pude notar como su muñeca está completamente morada e inflamada. Levante mi vista dándole una mirada sarcástica por lo que dijo, y recogí su mochila del suelo para después agarra su brazo y encaminarlo al auto. 

 

- Espere, ¿a dónde vamos?- me pregunto un poco nervioso reusándose a caminar. Lo mire de reojo y seguí caminando.

 

- Al hospital. Antes de que se te ponga peor.- Los subí al auto en contra de su voluntad y le di una mirada autoritaria para que se quedara quieto. Él solo paso saliva al sostenerme la mira y cerré la puerta. Di la vuelta al auto y subí del lado del conductor encendiéndolo y poniéndolo en marcha.

 

El silencio fue sepulcral, él solo miraba por la ventana sin despegar sus ojos de la calle y yo de la carretera. Tenía un pequeño interés por saber cómo es que alguien de una buena familia por lo que corrobore la vez anterior, se encontraba en esta situación sin su escolta.

 

- ¿No lo desvié de algún lugar al que ibas?- al fin hablo con una voz un poco quebrada, pero aun sin mirarme.

 

- No te preocupes, iba con tiempo de sobra, solo te llevare al hospital y regresare antes de tiempo.-

 

- Ya veo.- Fue todo lo que dijo para seguir con aquel molesto silencio.

 

Unos pequeños sonidos extraños para mí, comenzaron a invadir mis oídos. ¿Qué era eso?, no era el auto y no tenía encendido el radio. Cuando me detuve en un semáforo gire mi vista y note a Kouki en posición fetal, con su mano en su muñeca y un pequeño temblor es su cuerpo. ¿Estaba llorando? Si. Aquellos sonidos no eran más que lágrimas siendo retenidas en pequeños sollozo apenas audibles para mí. Hace años que no había escuchado aquel sonido. No recordaba cuando fue la última vez que había soltado lágrimas este cuerpo robótico.

 

Al escucharlo y verlo de tal manera, escuche ese sonido de nuevo. Un pequeño –- CRACK — como si algo se hubiera agrietado acompañado por una punzada en mi pecho. En verdad necesitaba ir al doctor, estos incidentes no me estaban gustado para nada.

 

- No te preocupes, ahora estas a salvo.- Hable intentando calmar sus lágrimas sin despegar la mirada de la carretera, con mi típica voz fría. Él al fin miro mi rostro, y en efecto, sus ojos estaban cubiertos de lágrimas. Limpio su cara y me regalo una cálida sonrisa.

 

- Tiene razón, gracias al cielo que usted estaba ahí.- Sin saber cómo, mi mano paso por su mejilla y limpio los restos de lágrimas bajos sus ojos. Él se quedó sereno y solo cerro sus ojos ladeando su cabeza para apoyarla en mi mano. Me quede admirando aquel hermoso rostro con cautela. Sus finos y carnosos labios, sus mejillas un poco sonrojadas por el frio, su arqueada y fina nariz, y por ultimo al abrir sus ojos de nuevo, aquellos radiantes y cálidos ojos color chocolate.

 

¿Qué demonios me estaba pasando?, ¿que tenía aquel pequeño para hacerme caer de esa manera?

 

Un poco asustado por mi comportamiento, quite mi mano con brusquedad y note como su rostro se entristeció un poco.

 

- Creo que ya llegamos.- Me dijo sacándome de mis pensamientos y al fin notando que estaba frente a la sala de urgencias. No había recordado cuando llegue, pero me alegraba, ya que así aquel joven que me sacaba de mis estribos saldría de mi panorama. 

 

- Bueno creo que debes de bajar. Tengo algo que hacer.- Dije de la manera más cortante y fría posible, para que no notara mi extraño comportamiento. El abrió la puerta, y antes de bajar, se acercó a mi rostro depositando un corto beso en la mejilla.

 

- Muchas gracias señor, no sé qué habría pasado si usted no me hubiera salvado. Estoy en deuda con usted.- Yo me perdí en su sonrisa, completamente pasmado por aquel comportamiento. No lograba procesar que es lo que estaba pasando. No era la primera vez que alguien me besaba en contra de mi voluntad, pero ese beso… ese beso era diferente. Sentí una tenue calidez en él y mi cuerpo se calentó por completo en segundos.

 

 Lleve mi mano sobre mi mejilla y la deje ahí por unos momentos, hasta que perdí la silueta de aquel revoltoso atreves de la puerta. Di algunas respiraciones profundas intentando calmar mi agitado corazón, y me di pequeños golpes en el pecho. En verdad estaba pensando en bajar e ir al área de urgencias para que me dijeran que es lo que me estaba pasando, pero el sonido de mi celular provoco que dejara a un lado aquellos estúpidos pensamientos al ver quien era.   

 

- ¿Se puede saber en dónde estás? El señor Furihata me llamo preocupado por que no llegabas.- escuche la voz molesta de mi padre del otro lado de la línea.

 

- Lo siento, se me travesó un inconveniente pero ya voy para allá.- Intente justificarme un ya sabiendo la respuesta.

 

- No me interesan tus inconvenientes Sei, ya sabes que lo primordial es este compromiso, así que en verdad espero no lo arruines de nuevo. ¿Entendido?- se quedó esperando mi respuesta.

 

- Entendió padre.-

   

- Así me gusta. Ya sabes que esto no lo hago por mí, lo hago para asegurar tu futuro.- Dios, cuantas veces había escuchado eso. Esa era siempre la misma estúpida escusa que me daba cada vez que daba alguna señal de no obedecer sus órdenes.

 

- Esta bien.- pude escuchar como sonrió atreves del teléfono y colgó una vez que estaba seguro que haría lo que él me pidió. Mire por última vez aquella puerta en la que había entrada el pequeño, y me golpe mentalmente por haberme comportado como un completo estúpido hace un momento. Encendí el auto y me encamine a la empresa Litter-Kou.

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Cuando llegue al edifico pregunte por el Señor Furihata en la recepción, la bella mujer encargada de llevarme me coqueteo durante todo el trascurso desde la recepción hasta la oficina. Este tipo de acciones ya no me incomodaban, esto pasaba más veces de lo que podía imaginar, así que solo decidí ignorarla como siempre.

 

Cuando llegamos la joven toco la puerta y se escuchó un – adelante - de parte de la persona detrás de la puerta. La joven abrió y mis ojos buscaron con rapidez a mi nuevo suegro. El hombre frente al escritorio se levantó con cortesía y camino hacia mí para extenderme su mano. Yo acepte su saludo y su rostro no se inmuto en ningún segundo. Era un hombre alto, con un porte muy marcado y mucha fuerza; esto lo supe debido a su saludo. Por su serio semblante hacia mí, podía percatarme de que no estaba muy feliz de que yo estuviera aquí.

 

- Pasa Seijuro, tomo asiento por favor.- Caminamos hacia la sala dentro de su oficina y la joven que me llevo, salió del cuarto.

 

- Te preguntaras cual es la razón de esta cita ¿verdad?- hablo aquel serio hombre mientras se sentaba en un sillón frente a mí.

 

- Pues sí, mi padre solo me informo que quería verme, pero nunca me dijo la razón.- Tome asiento igual que él y cruce las piernas.

 

- Primeramente quiero disculparme por lo de la cita de hace algunos días. Mi hijo tuvo una pequeña recaída y no pudo llegar. En verdad me disculpo. Me imagino que para un hombre como tú el tiempo es oro.- Dio una pequeña sonrisa sarcástica para después recuperarse.

 

- No tiene nada de qué preocuparse Furihata-san. Es entendible que hay veces en que las cosas se salen un poco de nuestras manos.- Intente justificar su falta, aun sabiendo que ese tipo de incidentes no me pasaban a mí. No lo tenía permitido.

 

- Veo que eres un joven muy recto y recatado. Eso me agrada, de este modo no me sentiré angustiado por dejar a mi hijo en tus manos.- sonrió esta vez un poco más sincero.

 

- Disculpe si soy grosero señor, pero tengo una gran pregunta y espero pueda responderme.- Él me miro directo a los ojos, y encontré parecidos aquellos ojos color chocolate.

 

- ¿Qué es lo que quieres saber?- me hablo con una mirada sorprendida.

 

- ¿No ha escuchado los chismes sobre mí?- él asintió sin decir nada.- Si, los ha escuchado, ¿porque ha aceptado la propuesta de mi padre para casar a su hijo conmigo?- Pregunte esperando con ansias aquella respuesta. Él solo me dio una semi-sonrisa y recargo sus brazos sobre sus rodillas.

 

- Creo que tu padre no te informo bien sobre el compromiso.-

 

- ¿Porque piensa eso?- pregunte extrañado.

 

- Tu padre no me busco, fui yo quien lo hice.- me respondió con una mirada seria.

 

- Pero si ha escuchado los chismes, ¿porque usted me buscaría a mí?- Pregunte realmente intrigado.

 

- La verdad fue mi hijo quien te escogió. En un inicio me opuse rotundamente a esto, pero fue tanta su insistencia que decidí ayudarlo. Nunca entendí y hasta ahora no entenderé que es lo que ama tanto de ti. Solo en verdad espero que puedas hacerlo feliz como el me prometió.-

 

Amor… ¿Él dijo que su hijo me amaba? ¿Cómo podía amar a alguien que nunca en su vida había visto y conocido? Ahora si estaba seguro que se trataba de alguien que me había admirado y envidiado durante años. Este tipo de personas ya me habían tocado. Creían conocerme debido a sus fantasías sobre mí, pero una vez que me conocían en persona, todas aquellas lindas y agradables imágenes se derretían como un hielo en pleno verano. Lance una sonrisa sarcástica para mis adentros y me reincorpore para no mostrar la burla sobre su hijo.

 

- Bueno, en ese caso espero conocerlo con ansias, para así poder averiguar, al igual que usted, qué es lo bueno que miro en mi.- Él me dio una mirada insólita y se levantó hacia su escritorio para ver su celular.

 

- En realidad tenía planeado que se miraran el día de hoy, pero ahora que lo mencionas creo que ya es tarde y no tengo noticias de él. Espera un momento deja marcarle.- El señor desbloque su celular y marco el teléfono de su hijo, después de unos segundo su rostro de preocupación se liberó.

 

- ¿Dónde estás?- pregunto con sumo interés.

 

- ¿Qué?, ¿Por qué estás ahí?, ¿Estas bien?- hablo preocupado esta vez.

 

-Es un alivio… Tu prometido está aquí, pero parece que nuevamente no podrán verse.-

 

- No te preocupes, yo le digo, en cuanto termine aquí voy por ti para llevarte a casa. Mandare a alguien ahora para que te haga compañía.-

 

- Este bien, yo también te amo.-  El señor corto la llamada y una oleada de envidia me lleno. No sé cuántos años habían pasado desde que escuche esa palabra salir de los labios de mi padre ‘‘te amo’’. Tal vez nunca me lo dijo, pero eso ahora ya no importaba.

 

- Lo siento mucho Seijuro. Mi hijo me pide lo disculpes pero tuvo en pequeño accidente de camino para acá y ahora está en el hospital.- ¿El hospital?, que coincidencia, su asunto que lo retraso también se trataba de un hospital.

 

- No se preocupe no hay problema, dejemos este encuentro para otra ocasión. Mejor vaya con su hijo que me imagino debe necesitarlo.- Él me sonrió agradecido y tomo su abrigo del respaldo de su silla.

 

-Muchas gracias por tu comprensión. Por cierto, hay algo más que quería decirte.- Yo fije mi mirada en su persona ya que me iba levantando del sillón cuando me hablo.

 

- Mi hijo es un doncel muy delicado. No te digo esto porque soy su padre. Es solo que ha pasado por algunos incidentes que espero tenga la confianza de contarte cuando se conozcan. Por lo que te lo encargo mucho, es un poco testarudo e infantil, pero tiene el corazón más hermoso y cálido que podrías conocer.- Cuando termino de hablar pude notar como sus ojos brillaban de felicidad al hablar de su hijo. No cabe duda que lo amaba.

 

- No se preocupe señor, yo cuidare bien de su hijo.- Lo dije de la manera más seria y firme posible, para que me lo creyera él: y yo también.

 

- Llámeme Akira, después de todo vamos a ser familia ¿no?- yo solo asentí e hice lo que pidió.

 

- Esta bien, Akira-san.-

 

- Bueno me retiro, espero poder vernos en la semana para ponernos de acuerdo y hacer una cena formal entre familias para hablar sobre el matrimonio. Cuídate y salúdame a tu padre.-

 

- Si Akira-san.- Él señor salió de su oficina y me dejo solo en ella para dejarme caer sobre el sillón un poco frustrado. No sé cómo iba seguir con esta farsa. A simple vista podía apreciar que era una familia sumamente unida y cariñosa entre sí. Algo que no se miraba en mi mundo, me imagino que esto se debe a que subieron hasta aquí hace poco tiempo, por lo que nuestro retorcido mundo aún no había dejado huellas en ellos. Mi padre nunca me había enseñado cómo comportarme con este tipo de personas, ellos eran un mundo raro y completamente diferente al cual yo no estaba acostumbrado a interactuar.

 

Con mucha pesadez me levante del sillón y salí al fin de la oficina. Di un pequeño recorrido por las instalaciones y me topé nuevamente con aquella mujer que me había coqueteado hace unos minutos. La mujer de cabellera negra se me acercó y con una voz seductora me hablo.

 

- Se le ofrece algo señor Akashi. Si gusta yo puedo acompañarlo para mostrarle las instalaciones.-

 

- No gracias, ya estaba por irme.- la mujer enchueco un poco su mandíbula disgustada y yo solo me aleje de ella hacia la salida. Lo acepto, no me cansaba de burlarme de este tipo de personas.

 

Subí a mi auto y me dirigí hacia mi oficina, pase por aquel hospital en donde deje a ese chico sin querer, y nuevamente su rostro invadió mi mente. Sus ojos, sus mejillas, sus labios. No. Esto en verdad se estaba poniendo confuso. Mi pecho nuevamente comenzó a doler y fue ahí que tome la decisión de ir al medido de inmediato. Esto no estaba bien.     

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De nuevo los días pasaron sin percances. Fui al médico para hacerme un chequeo exhaustivo, y como era de esperarse nada malo salió. El médico me dijo que estaba más sano que antes, por lo que no entendía a que se debía aquel dolor.

 

Mi mente hasta ahora estaba completamente confundida y fuera de orden, cada día se estaba llenado más y más de aquel joven. No podía sacarlo de mi cabeza a pesar de la gran cantidad de trabajo que tenía, y eso en verdad me fastidiaba. Si miraba alguna persona con cabello castaño, lo recordaba. Si miraba a alguien con su uniforme, lo recordaba. Si miraba a alguien con su complexión, lo recordaba. Esto me estaba sacando de quicio. Tenía que encontrar una forma de terminar con esto antes de que no pudiera controlarlo.

 

Cuando termine la hora laboral, salí del edificio y me dirigí a una nueva cita con mi prometido. Hace dos días el Sr. Furihata me había hablado pidiéndome que el día de hoy nuestras familias se juntaran para establecer nuestro compromiso y buscar una fecha formal para darlo a la luz. Al fin después de tres meses, podría conocer al tan afamado ser, que se sacrificaría en casarse conmigo. Solo son estupideces. No entiendo para que quieren hacer esto tan rápido si ni siquiera hemos conocido nuestros rostros en persona. En cuanto me escuche hablar por primera vez, pasara lo de siempre. Anulara el compromiso.

 

Cuando iba de camino, la lluvia comenzó a descender del cielo. El aire estaba muy fuerte y en momentos el cielo se iluminaba con rayos. ¡Qué ironía! no podía ser un mejor día para conocer a mi futuro esposo. Cuando llegue al edificio y me estacione frente al lobby, un valet se acercó a mi lado y me extendió un paraguas para que no me mojara. Baje del auto y él entro para llevarlo a estacionar. Camine por las escaleras y me dirigí a la recepción.

 

- Buenas noches. Disculpe pero, ¿en qué salón esta la familia Akashi?- Pregunte de forma fría y cortante. La recepcionista al verme me sonrió y reviso en su computadora.

 

- Usted debe ser el sr. Akashi Seijuro, ¿verdad?- me pregunto con una sonrisa y sus ojos llenos de ilusión.

 

- Si, así es.- le confirme.-

 

Ella tomo un sobre que tenía debajo del teclado de su computadora y me lo entrego.

 

- Su padre me pidió que le entregara esta carta.- Yo la tome y abrí en el momento.

 

La carta decía lo siguientes.- Seijuro, disculpa pero no voy  ser capaz de acompañarte. Me ha surgido un problema y debo tomar un avión urgente a China. Espero todo salga bien y no lo arruines esta vez. Entendido.-

 

Solo gire mis ojos y mordí un poco mi labio inferior como muestra de desagrado. Pero que más podía hacer es estos momentos. Doble nuevamente la carta y la regrese al sobre. Se la entrega a la recepcionista y le pedí que la tirara en la basura.

 

Una vez que ella me dio el número de piso y habitación, me dirigí al elevador para esperar que llegara. Cuando al fin llego, lo aborde, presione el botón de 18vo piso y tome mi celular para revisar si tenía algún otro asunto pendiente en mi agenda. Pero antes de que se cerrara, un grito acompañado por una mano lo detuvo.

 

- Deténgalo por favor.- El sonido de esa voz conocida provoco que despegara la mirada de mi teléfono y la guiara hacia aquella persona.

 

En afecto. La conocía.

 

Cuando mis ojos se abrieron sorprendidos, frente a mí se encontraba a aquel culpable de mi falta de concentración en días. Estaba aun con su uniforme y completamente mojado, tal vez debido a la fuerte tormenta. Cuando levanto su mirada después de poder controlar su respiración, nuestros ojos se encontraron. Nuevamente me dio esa tonta sonrisa y yo solo me quede inmóvil.

 

- Que sorpresa encontrarlo aquí señor.- me hablo incorporándose y parándose junto a mí.

 

Yo solo lo seguí con la mirada sin decir nada.

 

- O veo que vamos al mismo piso.- Me informo una vez que se acercó al tablero para presionar el botón de su piso.

 

Mis ojos no podían apartarse de él. Estaba analizando con rapidez cada centímetro de su cuerpo. Sus zapatos arruinados, su pantalón pegado a sus delgados muslos, sus manos temblorosas, sus mejillas rosadas por el frio, sus labios un poco azules y sus cabellos húmedos destilando agua por su bien definido cuello. Todo eso me encendió. Sin entender cómo, mis labios se acercaron poco a poco hasta su fría piel y antes de poder tocarla, su voz me regreso a mis 5 sentidos.

 

- ¿Huelo mal?- Me pregunto de forma inocente mientras olía su cuerpo.

 

Yo reaccione y me aleje de inmediato. Podría asegurar que tenía mi rostro perplejo y me golpeaba mentalmente ante la estupidez que estaba a punto de hacer. Era verdad que aquel doncel era hermoso, pero eso no justificaba mi comportamiento. Ya había estado con mujeres o donceles más hermosos que él, pero nunca me había pasado esto.

 

- ¿Por qué me preguntas eso?- Intente hablar lo más normal posible sin que se percatara de mis nervios.

 

- Es que acercó su nariz a mi cuello. Por eso creí que me estaba oliendo ya que tal vez despedía algún olor desagradable.- Me hablo con inocencia.

 

Yo solo lo mire un poco y después desvié mi mirada afinando mi garganta para poder tranquilizarme y contestar.

 

- No es eso. Es solo que creí que tenías algo atorado en el cuello.-

 

- ¿En mi cuello?- Pregunto extrañado e intentando revisar.

 

- No es nada, olvídalo. Mire mal.-  ¡Yo diciendo que me he equivocado! eso sí que es nuevo. Jamás en mi vida había salido esa palabra de mi boca y ahora parecía que me quemaba, puesto que mi cuerpo se sentía un poco caliente e inquieto.

 

Él dejo se moverse y me sonrió.

 

- Ya veo.-

 

Después de eso el recorrido fue en silencio. Levante la mirada hacia la numeración de los pisos y cuando estábamos en el 14vo, se sintió una fuerte sacudida y el elevador dejo de moverse. El pequeño a mi lado se calló y yo solo me detuve de una de las paredes. 

 

- ¿Qué es lo que sucede?- me pregunto asustado aun sentado en el suelo.

 

- No lo sé, tal vez se fue la luz debido a la tormenta.- Le respondí con mi hipótesis más congruente.

 

La luz que iluminaba el asesor se fue desvaneciendo poco a poco, hasta dejarlos solo con una tenue luz de emergencia en ese confinado lugar. Saque mi teléfono celular para pedir ayuda, pero no tenía señal. Apreté el botón de emergencia, pero no se escuchaba nada. Lo único que me quedaba era esperar a que la luz regresara o que alguien viniera a ayudarnos.

 

Di un largo suspiro de derrota y apoye mi espalda en la pared. En verdad no podía ser un mejor día para conocer a mi esposo. Tal vez los dioses estaban de acuerdo conmigo de que esto no iba a funcionar, por lo que cada vez que teníamos que vernos algo sucedía. 

          

El sonido de un castañeo hizo que llevara mi mirada al suelo y observara al pequeño abrazándose a sí mismo y sonando sus dientes por el frio. Es vedad. Él se encontraba completamente empapado y debido al corte de energía los calefactores ya no estaban en funcionamiento.

 

- ¿Cree que esto vaya a tardar mucho?- Me hablo con voz temblorosa por el frio.

 

- No lo sé, todo depende de la tormenta.- Me deslice por la pared y al igual que él, me senté en el suelo. Si esto iba a tardar, era mejor que esperara sentado.

 

.

Los minutos pasaron, de diez a quince, de quince a veinte y de veinte a media hora. Fue entonces que escuche el primer estornudo. Abrí mis ojos y los lleve al pequeño. Estaba completamente colorado y sus labios un poco más azules que antes.

 

- Los siento, ¿lo desperté?- Se disculpó haciéndose más pequeño y alejándose un poco más de mí.

 

Lo mire fijamente por un momento y me dio un poco de lastima, así que para pasar el rato decidí hacerle platica.

 

- ¿Cómo sigue tu muñeca?- Pregunte sin mucho interés.

 

El llevo sus manos de su boca hacia su muñeca, mostrándome la herida.

 

- Mucho mejor, ve. Ya no está morada, solo un poco roja pero ya no me duele.- Sonrió.

 

Yo desvíe la mira. En verdad odiaba verlo sonreír tanto.

 

- Usted… ¿alcanzo a llegar a su cita?- ahora fue el quien saco un tema.

 

- Si, te dije que iba con tiempo de sobra.- Hable sin mirarlo a la cara.- Por cierto, ¿Por qué llegaste tan empapado?, ¿que acaso no viste el pronóstico del clima?- Hice otra pregunta esta vez un poco más curioso por su respuesta.

 

- Claro que lo vi jejeje. Solo que mi auto se descompuso a medio camino y tenía una cita muy importante a la cual no quería faltar esta vez.- yo lo mire de lado y pude notar como esta vez su sonrisa era más tímida que las anteriores.

 

- ¿Quiere decir que caminaste bajo la lluvia varias calles solo por esa cita?- pregunte extrañado mirándolo.

 

El solo asintió y yo regrese la mirada a la puerta del ascensor.

 

- Pues espero que esto no haga que tú cita no se efectué, porque si no habrá sido una pérdida de tiempo.- El dio una sonrisa un poco más alta y yo gire un poco confundido a verlo por su reacción.

 

- No se preocupe, no creo que haya sido una pérdida de tiempo aun que no pueda llegar.- Cuando termino de hablar, pego más sus piernas a su pecho y junto sus manos sobre su boca para intentar calentarse.

 

.

.

El lugar se quedó nuevamente en silencio. Mire el reloj de mi muñeca y ya había pasado más de una hora. Creo que esto va para largo. Me levante para estirar un poco mis piernas ya que se me habían entumido, y gire mi vista hacia el pequeño. Lo que vi me asusto.

 

Su cuerpo está temblando, su rostro estaba completamente pálido y sus labios morados. Me acerque rápidamente a revisarlo y su cuerpo estaba frio, más frio que el hielo.

 

- Hey, me escuchas. Hey. Kouki. Despierta.- Intente moverlo para que reaccionara pero nada funciono. Lo único que logre fue que diere un pequeño quejido.

 

- Ten…go... fri…o.- Su cuerpo temblaba bajo mis brazos al igual que sus labios al intentar hablar.

 

- Demonios.- blasfeme en voz baja y comencé a quitarme la ropa.

 

Me quiete todo hasta quedarme en ropa interior y después hice lo mismo con él. Su ropa estaba fría y empapada. Como era posible que había estado más de una hora en este estado. Cuando lo deje solo en ropa interior mis ojos no pudieron desviarse de su delgado y pálido cuerpo. No cabía duda de que era un doncel, y uno muy hermoso. Sus piernas eran delgadas pero bien proporcionadas. Su abdomen era plano y sin ninguna señal de haberlo ejercitado, al igual que su pecho. Sus pezones estaban erectos y rosados, lo más seguro es que debido al frio, y su clavícula era delgada y marcada.

 

Mis ojos pasaron inspeccionando su cuerpo desde la punta de sus pies hasta la de sus cabellos. Inconscientemente mordí mi labio y pude sentir nuevamente aquel crack en el pecho. Desvié la vista de su cuerpo y me regañe mentalmente por mi comportamiento en tal situación.

 

Me recargue en una pared y pegue su cuerpo contra el mío, pasando sus brazos por mi cintura y colocando su cabeza en mi pecho. Entrelace mis piernas con las suyas y puse sobre nuestros cuerpo los tres sacos que traía puestos. Puse mi mano sobre su delgada cintura y acariciaba sus cabellos mientras le hablaba para intentar mantenerlo consiente.

 

- Kouki ¿me escuchas?, toda va estas bien, no te preocupes.- seguía acariciando su cabello y pegando lo más posible su cuerpo al mío. En verdad estaba helado. 

 

- Necesitaba que entraras en calor. Así que fue por eso que hice esto. No creas que soy un pervertido.- Le hablaba intentando justificarme por lo que estaba haciendo. Pero era verdad, durante mi época de secundaria nos había dado clases de supervivencia y nos habían mencionado que esta era la mejor solución es estos casos. 

 

Conforme el tiempo paso podía sentir como su cuerpo se calentaba y deja de templar. Hubo un momento en que se acorruco en mi pecho y acercó un poco más su rostro al mío. Yo seguir desviando la mirada de él, ya que mi cuerpo estaba reaccionando a sus roses y su aroma. Pero que puedo hacer, soy un hombre después de todo. Sería aún más extraño si no reaccionara ¿no?

 

Su aliento llegaba a mi  cuello, y yo solo podía sentir como mi cuerpo se estremecía, dándome un pequeño hormigueo en mi abdomen bajo.

 

- Cálmate Sei. No eres una animal en celo. Tú tienes clase. Tienes que controlar tus hormonas.- Me repetía esto una y otra vez en voz baja para intentar ignorar lo que estaba sucediendo abajo. Hasta que al fin pude escuchar nuevamente su voz.

 

- Muchas gracias.- Fue todo lo que me dijo acomodándose más entre mis brazos, y por alguna extraña razón calmando por completo mi cuerpo.

 

No sabría cómo describir lo que paso. Sus suaves y tenues palabras fueron como echar un balde de agua fría sobre una llama que se comenzaba a avivar. Fue tan cálido el sentimiento que me provoco, que mi subconsciente animal abandono por completo mi mente, dejando solo un poco de racionalismo en él. Puesto que lo que hice después de escucharlo tampoco fue muy cuerdo.  

 

Me acerque a su frente y quite sus cabellos para darle un beso. No fue uno de pasión o lujuria. Si no un beso cálido y lleno de empatía.

 

- De nada. Fue en placer.- Fueron las palabras que salieron de mis labios sin pensarlas después de besarlo. El solo sonrío un poco y después cayó dormido de nuevo.

 

.

.

Los minutos pasaron y fue aquí donde intente comprender lo que estaba haciendo. ¿Que era todo esto? Yo no soy así. Yo nunca he sentido misericordia por nadie, mucho menos empatía. Para mí las personas son lo piezas de ajedrez que puedo mover a mi antojo y una vez que las he utilizado, las desecho como lo que son. Basura.   

 

Pero con este pequeño era diferente. Por alguna extraña razón no podía saber que pensaba o como se comportaría. Era completamente espontaneo e inocente. No encontraba una razón tangente para lo que me estaba sucediendo. Sentía que algo en mi pecho se quebraba cada vez que lo miraba sonreír, o cada vez que sus ojos se conectaban con los míos. Mire a Kouki entre mis brazos  y acaricie sus ahora cálidas mejillas, provocando que arrugara un poco el ceño de su frente y provocándome hacer lo que hace años nunca había hecho. Sonreír.

 

Fue ahí que comprendí que esto estaba mal. No podía sonreír. No debía hacerlo. Esta acción era un acto de debilidad y si continuaba estaba seguro que mi debilidad seria lo que ahora tenía entre mis brazos. Acaricie nuevamente su mejilla y delinee sus labios con mis dedos.

 

- Lo siento, pero esto debe terminar aquí.-

 

Fueron las únicas palabras que dije antes de que mis labios se rosaran con los suyos, y provocaran que aquel cristal que congelaba mi corazón se quebrara por completo. Juraría que escuche un aquel sonido de los vidrios caerse cuando el calor de sus labios se trasmitió al mío.

 

El sonido del interlocutor hizo que dejara aquella suave superficie que me llevaba al cielo y prestara atención a lo que decían. 

 

- Lamentamos mucho lo sucedido, debido a la fuerte tormenta la electricidad en todo la cuidad fue interrumpida, pero después de 5 horas de estar completamente desconectados, al fin todo regreso a la normalidad. En unos segundos todo el edificio regresara a sus funciones normales, por lo que agradecemos su comprensión.-  

 

La luz en el elevador regreso y yo moví a Kouki con cuidado para levantarme y colocarme mi ropa. Le coloque sus pantalones aun un poco húmedos y lo tape con mis sacos, quedándome yo solo con mi camisa y chaleco.

 

Cuando el elevador comenzó a funcionar, apreté el botón del lobby y tome a Kouki entre mis brazos. Al llegar al primer piso, salí con él a la recepción y pedí una ambulancia. La joven rápidamente lo hizo y unos minutos después los paramédicos me lo arrebataron de mis brazos. Observe como se llevaban su cuerpo a la ambulancia y sentí de nuevo como me dolía el pecho. Pero esta vez era un dolor diferente, era un dolor de soledad.

 

- Adiós Kouki.-

 

Fue lo último que dijeron mis labios para después perder la conciencia y sentir como mi cuerpo se desplomaba.  

                  

 

Continuara..............

 

 

 

Notas finales:

Bueno, espero les haya gustado y gracias por darme una oportunidad. 

Si se les hizo muy larga y tediosa diganme, para cortarlas y hacerlas en mas capitulos.

Espero puedan dejamarme sus comentarios de que les parecio el primer capitulo y nos vemos la proxima semana. 

Que tenga un bonito fin de semana. 

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