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El último partido

Autor: Fullbuster

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Notas del capitulo:

Portada

Actualizaciones: miércoles y sábados.

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La gente gritaba emocionada ante el partido que se estaba librando. Los jugadores corrían por el campo con los sticks en la mano, cogiendo la pelota en la red del palo  y pasándola de un jugador a otro intentando llegar lo más rápido posible a la portería enemiga. Cada punto que marcaban los equipos era festejado con gritos de alegría por los fans que se sentaban en las gradas.

 

Sasuke Uchiha sonreía al ver el marcador de su equipo diez puntos por encima del rival, este año su equipo estaba en mejor forma física que nunca y el capitán de su equipo era un auténtico genio. Neji Hyuuga era siempre el más rápido y el que marcaba los goles más llamativos de todo el campeonato. Vestido con su elegante traje y con las hojas de notas en la mano, miraba el cronómetro comprobando que el partido iba a finalizar.

 

El árbitro no tardó en pitar el final del partido dando por vencedor al equipo “Gakuen” de Tokyo y Sasuke no pudo evitar que se le escapase aquella sonrisa de orgullo. Él era el entrenador y sentir que su equipo estaba en plena forma le entusiasmaba. Siempre les había exigido ser los mejores y en esta temporada, estaban en la primera posición sin ninguna derrota a la espalda.

 

Vio como sus diez jugadores se lanzaban unos encima de otros disfrutando de su merecido triunfo mientras el resto de jugadores del banquillo salían corriendo al campo para unirse a sus compañeros.

 

Sasuke tan sólo a sus veintiséis años ya tenía todo lo que había deseado en la vida. Había sido jugador de Lacrosse en el pasado y ahora entrenaba a uno de los mejores equipos de Tokyo. Su padre había sido entrenador en el pasado y siempre les exigió ser los mejores, ni siquiera era capaz de disfrutar del deporte, para Sasuke… el deporte era sacrificio, esfuerzo y triunfar, no había nada más. Cuando se hizo entrenador… esas siempre fueron sus metas y objetivos, llevar a ese equipo a la final completamente invictos y estaba a punto de lograrlo.

 

El resto de patrocinadores de su equipo pasaron por el campo estrechando la mano de Sasuke y haciendo una leve reverencia en forma de saludo y agradecimiento, felicitándole por el gran trabajo que estaba haciendo llevando a la victoria partido tras partido a ese equipo.

 

Tras finalizar el encuentro y recibir las felicitaciones, Sasuke entró por el vestuario y se encerró en su despacho escuchando como todos los jugadores empezaban a entrar armando escándalo para ir a la ducha a arreglarse. La puerta de su despacho sonó y vio entrar a Neji con una sonrisa mientras cerraba la puerta tras él.

 

- ¿Qué te ha parecido eso? – le preguntó Neji a su entrenador.

 

- Brillante, ha sido un partido casi perfecto.

 

- ¿Casi?

 

- Neji… Sabes muy bien que la perfección no existe. Cometes fallos a nivel técnico, tu mano derecha siempre está mal posicionada cuando lanzas, deberías corregirlo.

 

- Nunca me ha impedido marcar – comentó Neji sonriendo.

 

- Corrígelo – le dijo Sasuke con seriedad.

 

- Yo sé un lugar mejor donde colocar mis manos – le dijo sonriendo atrapando a Sasuke entre su cuerpo y la mesa bajando las manos hacia la entrepierna.

 

Por fin conseguía sacarle una sonrisa a su serio entrenador y eso le encantaba. Pronto iban a casarse, le había costado mucho tiempo a Neji conquistar el corazón de aquel estricto hombre pero lo tenía, por fin era suyo. Besó su cuello intentando relajar a su entrenador cuando sintió que algo vibraba en el bolsillo del pantalón de Sasuke.

 

- Tengo que cogerlo – dijo Sasuke sonriendo.

 

- Deja que suene.

 

- Podría ser importante.

 

Neji se alejó frustrado y de malhumor viendo como Sasuke sacaba el teléfono y contestaba la llamada. Neji se quedó allí esperando y es que no iba a perder la oportunidad de tener una buena sesión de sexo encima de aquella mesa de escritorio, aunque al notar como la voz de Sasuke a lo largo de la conversación iba asustándose, le hizo preocuparse.

 

- ¿Ocurre algo malo? – preguntó Neji.

 

- Es mi padre, está muy grave – comentó.

 

- Nunca hablas de tu padre.

 

- No hemos tenido una relación muy fluida que digamos. Tengo que irme Neji.

 

- ¿Dónde?

 

- A Rebun.

 

- ¿A la isla Rebun? Pero si allí no hay nada.

 

- Exacto – comentó Sasuke - ¿Por qué crees que me fui de allí?

 

- ¿Para cuánto tiempo vas?

 

- No lo sé Neji, ahora mismo sólo me importa llegar a tiempo. Dejaré a Baki al cargo de vuestro entrenamiento y volveré lo antes posible.

 

- ¿Puedo acompañarte? Pronto nos casaremos, quiero ir contigo, eres parte de mi vida.

 

- Prefiero que no vengas. Ya te he dicho que mi padre y yo no tenemos la mejor relación del mundo y además va a ser duro.

 

- ¿Qué ocurre Sasuke? – preguntó asustado Neji y Sasuke dejó un segundo de mirar su móvil donde estaba comprando los billetes para irse – Tiene cáncer, se está muriendo. No sé cuánto le queda pero no es mucho, por eso tengo que ir. Sé que mi relación con él nunca fue tan buena como hubiera querido pero es mi padre, quiero estar con él en sus últimos momentos.

 

- Lo siento Sasuke.

 

- Seguid entrenando en mi ausencia, la final del campeonato está cerca. Llegaré lo antes que pueda.

 

Sasuke cogió su chaqueta y se marchó del despacho con rapidez en dirección al aparcamiento. Subió al coche y arrancó para ir a casa a coger algo de ropa para el viaje. Nunca había contado mucho acerca de él o su vida, ni siquiera al que iba a ser su esposo, Neji Hyuuga. Su padre se había criado en una isla donde apenas había nada, una isla muy verde, con largas costas y playas pero poco habitada. La gente siempre era la misma y como mucho pasaban por allí turistas para hacer senderismo por sus montañas y los bosques, un parque natural bien protegido y precioso, pero nada más. Para Sasuke siempre fue una isla aburrida a la que tenía que ir todos los veranos a visitar a sus abuelos, una isla sin ninguna salida… pero su padre, tras jubilarse decidió volver a su pueblo natal y vivir una vida tranquila junto a su esposa, terminar sus días allí, ahora le tocaba volver a la antigua casa de sus abuelos para ver acabar la vida de su padre.

 

Durante unos segundos, lloró en el coche al recordar todo lo que había vivido con su padre. Sabía que jamás se habían entendido. Fugaku había sido un hombre recto, de principios pero demasiado orgulloso y entregado a su trabajo, un hombre que siempre exigía ser el mejor. Quizá esa manía se le había contagiado a Sasuke. Aun así, quería a su padre y no podía imaginarse que estuviera en las últimas de su vida.

 

Subió en el ascensor hasta su piso y llenó una pequeña maleta con lo primero que encontró en el armario para marcharse al aeropuerto. El avión le dejaría en Hokkaido en dos horas y tendría que ir en coche durante ocho horas hasta Rebun incluido el maldito ferry para llegar a la isla. En el trayecto hasta el aeropuerto, consiguió contactar con su hermano Itachi que también iba a ir hacia allí. Ambos quedaron en Hokkaido para ir juntos en el coche de su hermano ya que él vivía en la ciudad.

 

En la sala de espera del aeropuerto no dejó de mirar fotografías en el móvil de su familia. Todos habían tomado rumbos diferentes pero siempre habían estado unidos. Aun no podía hacerse a la idea que todo iba a desestructurarse tanto. El vuelo por suerte salió puntual y al llegar al aeropuerto de Hokkaido, su hermano ya le esperaba allí.

 

- ¿Cómo ha ido el vuelo? – le preguntó Itachi.

 

- Cansado, pero supongo que llegaré aún más cansado a la casa de nuestros padres.

 

- Quedan ocho horas de trayecto Sasuke – le sonrió Itachi – descansa mientras si quieres, ya conduciré yo.

 

- Cambiemos a mitad camino. Así tampoco te cansarás tanto.

 

- Vale. Por cierto, enhorabuena, he oído que tu equipo sigue invicto.

 

- Sí, este año puede ser bueno para nosotros. No hemos perdido ni un partido, es todo un récord.

 

- He oído que el papá entrena a unos chiquillos del pueblo – sonrió Itachi.

 

- Ya sabes cómo es papá, siempre tiene que estar entretenido con algo – sonrió Sasuke.

 

Itachi condujo las primeras cuatro horas y se detuvo en Nayoro a descansar y tomar un café. Ya había anochecido cuando llegaron pero por suerte, uno de los bares aún estaba abierto. Descansaron media hora y Sasuke se colocó al volante para terminar el trayecto hasta la costa de Wakkanai donde tenían que coger el Ferry que les llevaría a Rebun.

 

La hora que tuvieron que esperar hasta que llegó el Ferry la aprovecharon para ponerse al día de todo lo que habían estado haciendo en sus vidas estos últimos meses. Itachi ahora era un destacado locutor de radio con mucho éxito, prácticamente todo Japón escuchaba su programa y Sasuke era uno de los mejores fisioterapeutas además de entrenador del equipo Gakuen en Tokyo, un equipo de Lacrosse conocido.

 

Durante las dos horas en el Ferry, ambos hermanos se sentaron en el capó del coche y miraron el amanecer. Al fondo se veía la isla con aquel tono anaranjado, la visión más hermosa que habían visto jamás.

 

- En realidad… me gustaban aquellos veranos en la casa de los abuelos – comentó Itachi desde el capó del coche – nunca he visto un amanecer tan hermoso en Hokkaido como los que tenía esta isla.

 

- Yo tampoco –confirmó Sasuke – En Tokyo ni siquiera veo el mar, estoy siempre demasiado ocupado y estresado con el trabajo.

 

- Creo… que es un buen momento para volver a relajarnos, salir de la rutina.

 

- Es posible – sonrió Sasuke - ¿Sabes? Me da un poco de miedo volver. Papá y yo nunca nos llegamos a entender y con mamá… no sé cómo mirarla sin echarme a llorar por la situación de nuestro padre.

 

- Es duro volver por algo así pero hagamos un esfuerzo. Mamá nos necesitará.

 

- Sí.

 

- No discutas con papá, no en estos días – le pidió Itachi – hazlo por mí.

 

- Vale. No discutiré.

 

Sasuke no sabía cuánto había echado de menos en realidad aquella isla hasta que la tuvo frente a él. Aquellos veranos con sus abuelos siempre habían sido divertidos. Empezó a reírse al recordar cómo su abuelo le llevaba a cazar ranas, las excursiones por el bosque, los juegos que le hacía y la búsqueda de aquellas flores alpinas que sólo crecían en la isla.

 

- ¿De qué te ríes? – preguntó Itachi.

 

- Recordaba aquellos veranos juntos. Siempre he pensado que odiaba esta isla, que no tenía nada pero… ahora me doy cuenta que tiene todos los recuerdos felices de mi infancia.

 

- Era la única época del año en que papá se relajaba de su trabajo y disfrutaba de la vida – le afirmó Itachi – yo recuerdo los paseos en Kayak – comentó sonriendo – me encantaba tirarte de la embarcación.

 

- Lo recuerdo, te odiaba por eso – susurró sonriendo – nunca sabía darme la vuelta.

 

- Papá te daba la vuelta y luego me reñía a mí por tirarte – se río Itachi.

 

- Le echaré de menos – comentó Sasuke.

 

Itachi abrazó a Sasuke comentándole que él también echaría de menos a su padre, intentando consolarle por lo que sucedería. El ferry llegó al puerto de Rebun y Sasuke fue quien condujo el resto del camino hasta la casa. Tenía sueño y estaba cansado pero ya dormiría una vez estuvieran en el lugar con sus padres.

 

El pueblo no había cambiado en absoluto, esa carretera que rodeaba la costa, aquellas casas al otro extremo de la carretera siempre con vistas al mar, aquellas verdes montañas que transmitían paz y tranquilidad. Sasuke pasó frente al bar del pueblo, el único que había en realidad, allí vio a un chico rubio por la ventana que servía unos aperitivos a la gente del pueblo que se reunía allí, pero no hizo mucho caso continuando el camino hacia la casa de sus padres. Vivían al otro lado del pueblo junto a la playa. Al llegar, aparcó frente a la casa y abrieron el maletero sacando sus bolsas. Su madre, Mikoto, ya estaba saliendo por la puerta con una dulce sonrisa mientras se lanzaba a abrazarles con fuerza.

 

- Gracias por haber venido tan rápido – les dijo.

 

- No podríamos estar en otro lugar ahora mismo – le aclaró Itachi calmándola - ¿Estamos todos?

 

- Vuestro tío Madara llega mañana, aún tenía trámites por realizar, no podía dejar el trabajo sin más.

 

-  Claro, lo entendemos – dijo Sasuke sonriendo - ¿Cómo está papá?

 

- Débil, pero se mantiene estable por el momento. Tiene muchas ganas de veros.

 

- Y nosotros a él – le dijo Itachi sonriendo.

 

- Entremos, debéis estar cansados.

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