Amor Yaoi
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Paraiso Robado.

Autor: Seiken

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Notas del fanfic:

Esta historia como todo lo que escribo es del género yaoi, Slash u homoeróticas, pero si estas en esta página estoy segura que ya lo sabías de antemano, en este universo un tanto dispar al de la serie del Lienzo Perdido de Saint Seiya.

 

Existen algunos personajes que serán alfas, otros omegas, otros betas, pero se les llamara Hijos de Zeus e Hijos de Hera, pero las partes importantes de la serie estarán intactas en su mayoría, sólo que esta historia se sitúa cuando Sasha aun es una niña pequeña, por lo que los personajes son un poco menores y todos siguen vivos.

 

Hace casi un año estuve investigando sobre el universo Alfa/Omega y me gusto lo que vi por lo que ahora quiero hacer mi propia versión de esto, el cual espero que les guste,  pero debo avisarles que contiene mpreg, pero no se basa exclusivamente en eso sino en la desigualdad del genero de cada personaje,  por lo que si no te gusta el mpreg, puedes leerlo con confianza.

 

También quisiera decirles que es un mundo ciertamente oscuro en donde los papeles están definidos desde el nacimiento y es aquí en donde nuestros protagonistas tratan de escapar de su destino al mismo tiempo que cumplen con sus deberes en el santuario o el inframundo y respecto a las parejas tendremos Albafica/Manigoldo, Aspros/Manigoldo, Degel/Kardia, Valentine/Radamanthys, Minos/Radamanthys, Regulus/Cid, Sisyphus/Cid, Oneiros/Cid, Shion/Albafica entre otras.

Notas del capitulo:

Esta historia como todo lo que escribo es del género yaoi, Slash u homoeróticas, pero si estas en esta página estoy segura que ya lo sabías de antemano, en este universo un tanto dispar al de la serie del Lienzo Perdido de Saint Seiya.

 

Existen algunos personajes que serán alfas, otros omegas, otros betas, pero se les llamara Hijos de Zeus e Hijos de Hera, pero las partes importantes de la serie estarán intactas en su mayoría, sólo que esta historia se sitúa cuando Sasha aun es una niña pequeña, por lo que los personajes son un poco menores y todos siguen vivos.

 

Hace casi un año estuve investigando sobre el universo Alfa/Omega y me gusto lo que vi por lo que ahora quiero hacer mi propia versión de esto, el cual espero que les guste,  pero debo avisarles que contiene mpreg, pero no se basa exclusivamente en eso sino en la desigualdad del genero de cada personaje,  por lo que si no te gusta el mpreg, puedes leerlo con confianza.

 

También quisiera decirles que es un mundo ciertamente oscuro en donde los papeles están definidos desde el nacimiento y es aquí en donde nuestros protagonistas tratan de escapar de su destino al mismo tiempo que cumplen con sus deberes en el santuario o el inframundo y respecto a las parejas tendremos Albafica/Manigoldo, Aspros/Manigoldo, Degel/Kardia, Valentine/Radamanthys, Minos/Radamanthys, Regulus/Cid, Sisyphus/Cid, Oneiros/Cid, Shion/Albafica entre otras.

Disclaimer: Estos personajes no me pertenecen y por lo tanto no gano dinero haciendo esto, solo la satisfacción de recibir sus comentarios, quejas o sugerencias…

Avisos:

Esta historia como todo lo que escribo es del género yaoi, Slash u homoeróticas, pero si estas en esta página estoy segura que ya lo sabías de antemano, en este universo un tanto dispar al de la serie del Lienzo Perdido de Saint Seiya.

Existen algunos personajes que serán alfas, otros omegas, otros betas, pero se les llamara Hijos de Zeus e Hijos de Hera, pero las partes importantes de la serie estarán intactas en su mayoría, sólo que esta historia se sitúa cuando Sasha aun es una niña pequeña, por lo que los personajes son un poco menores y todos siguen vivos.

Hace casi un año estuve investigando sobre el universo Alfa/Omega y me gusto lo que vi por lo que ahora quiero hacer mi propia versión de esto, el cual espero que les guste, pero debo avisarles que contiene mpreg, pero no se basa exclusivamente en eso sino en la desigualdad del genero de cada personaje, por lo que si no te gusta el mpreg, puedes leerlo con confianza.

También quisiera decirles que es un mundo ciertamente oscuro en donde los papeles están definidos desde el nacimiento y es aquí en donde nuestros protagonistas tratan de escapar de su destino al mismo tiempo que cumplen con sus deberes en el santuario o el inframundo y respecto a las parejas tendremos Albafica/Manigoldo, Aspros/Manigoldo, Degel/Kardia, Valentine/Radamanthys, Minos/Radamanthys, Regulus/Cid, Sisyphus/Cid, Oneiros/Cid, Shion/Albafica entre otras.

Sin más les dejo con la historia, espero que les guste y mil gracias de antemano.

Paraíso Robado.

Resumen:

En el santuario de Athena la perfección del amor se confirmaba con el nacimiento de niños deseados y el paraíso era pertenecer a quien amabas, pero cuando eso no ocurría, bien podrían decir que el paraíso se te había sido robado.

Capitulo 1 Paraíso.

***1***

Nadie sabía cómo habían nacido, ni quien fue el primer Omega o el primer Alfa, pero cada uno de los estudiosos del mito llegaban a la conclusión que ese estado, ese supuesto regalo de los dioses había sido un acto de la contradictoria diosa Hera, el pavorreal, la matrona de los nacimientos, de los matrimonios y de los omegas.

Seres extraordinarios que podían concebir aun con una pareja del mismo sexo, ya fueran dos mujeres o dos hombres, siendo menos numerosos aquellos de sexo masculino, los que decían eran hermosos, delicados, casi etéreos, así como sumisos.

A quienes se les educaba para eso, para ser sumisos y obedientes de su alfa, el que generalmente tenía todos los privilegios, todos los derechos, no así los omegas, en quienes recaían todas las obligaciones, los que debían ser fieles, entregarse a su pareja indicada o a la que pudiera domarles, poseerlos aquella primera vez.

Entre los suyos existían alfas, betas y omegas, muchos de los santos dorados eran alfas, otros tantos omegas, pero en su gran mayoría betas, porque a diferencia de lo que muchos pensaban, de lo que decían los rumores, aquella condición no tenía nada que ver con el poder en cuestión, ni con su apariencia física.

Ser un omega no significaba que fueras débil, ni frágil, tampoco los alfas eran poderos, fuertes e imponentes, ellos no eran animales, las mismas clasificaciones que se veían en la naturaleza no aplicaban con ellos.

A pesar de que muchos deseaban creerlo de aquella forma, suponer que eran débiles y dóciles, un mero adorno para la diversión del primer alfa que pudiera domarlos, hacerlos suyos por la fuerza, al menos eso era lo que muchos Lemurianos pensaban, lo que ocurría en la mente del patriarca que estaba antes que él.

Con quien fue comprometido y el que no tuvo más remedio que darle la armadura de cáncer, porque su hermano era el herrero de las armaduras de su diosa, así como su hermano rechazo aquel deber, diciendo que su armadura de plata era aquella que le eligió, rechazando la del cangrejo, cuando esta misma quiso vestirlo a él.

Sage ya era un hombre viejo, el que nunca quiso tener un alfa pero casi lo tuvo de no estallar las guerras santas, de no morir su supuesto alfa en la primera de ellas, y de nuevo, fue porque su hermano rechazo el puesto que aceptaron su poder, o sus sacrificios, los que pasaban por alto al tratarse de un omega.

El que decidió consagrarse a su diosa virgen, siguiendo su ejemplo, alejando a los alfas de su cuerpo, vistiendo la túnica del patriarca junto con su castidad como escudo, un acto que Hakurei encontró absurdo, pero aun así respeto, después de todo era su gemelo, su hermano menor y a quien debía proteger de los demás.

Sage se había esforzado por cambiar el estatus de los omegas en el santuario, dándoles más libertad, permitiendo que los que tenían el poder portaran las armaduras que los elegían.

Pero temía que las viejas tradiciones seguían mucho más vivas que nunca, cuando se le cuestionaba por sus decisiones, su hermano en especial, tratando de hacerle recapacitar para que fuera él quien decidiera el alfa adecuado para cada omega del santuario, en especial, sus tres santos dorados, los que aún eran demasiado jóvenes para pensar siquiera en tener un compañero.

Los que si bien ya portaban sus armaduras doradas aun no estaban listos para entender lo que se les solicitaba, la responsabilidad de tener una familia, si eso era lo que deseaban, una clara prueba era Kardia, quien se adelantó al tiempo adecuado forzando su cuerpo y como consecuencia ni él ni su pequeño pudieron resistir los nueve meses de gestación.

Quien sabía se culpaba por la muerte de su primer hijo, creyendo que su enfermedad lo había matado, no su premura, un acto que debió anticipar, eran jóvenes que aún no estaban preparados para tener esa clase de relaciones y fue culpa suya que cayeran en la tentación, puesto que pensó que habían madurado lo suficiente para esperar, pero no era así, los dos se amaban, se deseaban, era obvio que durante su celo no podrían controlarse.

Celo, una palabra desagradable que describía a la perfección lo que pasaba con sus cuerpos, los que actuaban como sumidos en los efectos de un afrodisiaco o la punta de una de las flechas del dios Eros.

Por lo cual debían ser protegidos hasta que pudieran tener el autocontrol necesario para elegir a su alfa, su compañero, el que muchos decían era su alma gemela, aquel ser creado para ellos, quien los necesitaba tanto como ellos a él.

Quien los complementaba, pero al mismo tiempo era lo suficiente fuerte como para resistir la maldición oculta en los actos de la diosa Hera, la contradictoria emperatriz del Olimpo, cuyos actos creaban vida o el amor en los afortunados que podían encontrarse a tiempo, pero en la mayoría de los casos, condenaba a los omegas a la persecución realizada por los alfas durante la época de celo, la que siempre terminaba en actos ruines, forzando a los infelices a concebir sin amor niños no deseados.

Sage aun recordaba el día que les hizo visitarlo en su templo, siendo él en persona quien los acompaño una vez que sus aspirantes a santo dorado presentaron las primeras señales de su don.

Seguro de que habían tenido un sueño profético en el cual habían visto a la diosa Hera en forma de pavorreal, lo suponía porque él mismo había visto a la diosa del Olimpo unos pocos días antes de su primer celo, cuando apenas tenía trece años.

Siendo todavía un niño pequeño en comparación de su alfa, al menos, quien se dijo serlo en ese momento, el verdadero era alguien más, un guerrero de su edad con quien siempre se sintió tranquilo, el que murió en la guerra contra Hades, el que no era un santo dorado, ni uno de plata, sino un simple caballero de bronce, cuyo poder era insignificante pero por quien sentía un deseo que jamás pudo volver a sentir por nadie más, el que tampoco era demasiado hermoso después de dar su vida y su cuerpo por el bienestar del santuario, por quien hubiera hecho todo pero nunca tuvieron una oportunidad para poder estar juntos.

Los tres muchachos eran jóvenes hermosos, de cierta forma andróginos en algunos casos, pero en uno en especial, desde pequeño no había nada ni remotamente femenino en él, una verdad que las malas lenguas, los que gustaban de inventar historias siempre ignoraban, los que decían que ellos debían ser hermosos, delicados, como flores en un invernadero.

Aun recordaba su incredulidad, su sorpresa cuando les compartió lo poco que sabía, les enseño donde podrían protegerse y les explico que pasaría si tenían sexo aquellos días del año.

Primero pensaron que se trataba de una broma cruel, que se estaba burlando de ellos, pero después, cuando entendieron que era cierto, que sus advertencias eran verdaderas, sintieron el mismo miedo que él, todos menos uno, el único omega cuyo alfa era el indicado y ya lo tenía a su lado.

Quien momentos antes había suplicado por una oportunidad de tener una vida tranquila, de ser uno más de los habitantes de Rodorio, petición que había aceptado, siempre y cuando su omega quisiera eso también.

De los otros dos, uno de ellos a pesar de ser un omega, cada uno de sus celos era demasiado corto, demasiado esporádicos, casi imperceptibles, haciéndole creer que su cuerpo actuaba según su voluntad y que gracias a su diosa, seguramente jamás tendría que pasar por las penurias que sufrían los otros omegas.

El último padecía su condición y sus intentos por disimularlo llegaban en lo absurdo, creyendo que el aroma del cigarro o el de las rosas podrían esconder el suyo, ocultándose, probablemente por la insistencia de un alfa, cuyo nombre no se atrevía a mencionar, pero suponía saber de quién se trataba y era su caso especial, aquel que sufría los peores celos de los tres para su sorpresa.

Sage estaba seguro que aquel alfa era el mismo que su propio hermano creía era la pareja perfecta para su pupilo, a quien aún no le había preguntado si acaso deseaba a ese alfa o no lo hacía y por eso trataba de esquivarlo como si fuera una enfermedad contagiosa.

El mismo alfa que más de una ocasión le había dicho que lo haría feliz, que lo protegería, que sería aquello que necesitaba, sin entender que si no lo deseaba, sus mejores intenciones no eran más que actos egoístas disfrazados de virtud.

Ignorando al mismo tiempo, como si el mismo se hubiera puesto una venda en sus ojos, que este omega en particular estaba enamorado de otro santo, el hermoso guerrero de la rosa, quien a su vez estaba condenado a una vida de soledad, heredada por su padre, cuyo veneno lo había superado mucho tiempo atrás, haciéndolo inalcanzable para cualquiera.

Cuyo veneno y constante contacto con las rosas había modificado su aroma, haciendo casi imposible que pudieran adivinar si era un omega, un beta o un alfa, aunque en su mayoría cada una de las personas que lo trataban pensaban que se trataba de un omega debido a su belleza, a su gracia, a la constelación que lo vio nacer y de la que ahora mismo portaba su armadura.

El que había salido en una misión muy larga, la primera que el santo de la doceava casa cuestiono, mucho más al saber que se tardaría demasiado tiempo en regresar, como si estuviera esperando una fecha en particular.

La misma actitud que tuvo Lugonis días antes de ceder ante los constantes intentos de su compañero de llamar su atención, los mismos días que siguió viviendo su amado antes de perecer en sus brazos, debido al contacto con el santo de Piscis, una historia que no podía permitir que se repitiera.

No podía perderlos a ambos, pero eso era lo que ocurriría cuando pudieran estar juntos, a pesar de que su afecto era visible para cada uno de los que habitantes del santuario o Rodorio, todos menos Aspros y Shion, los que no querían ver lo que se encontraba a simple vista.

Pero al mismo tiempo no daría la orden que su hermano le instaba a dar, no le diría a sus omegas, los que confiaban en él, con quien debían unirse, no los rebajaría y no los usaría como una herramienta.

En el santuario de Athena la perfección del amor se confirmaba con el nacimiento de niños deseados y el paraíso era pertenecer a quien amabas, pero cuando eso no ocurría, bien podrían decir que el paraíso se te había sido robado y eso no pasaría en el santuario nunca más.

Ellos no eran como los guerreros de Poseidón, ni los espectros de Hades, a quienes en ciertas ocasiones usaban como moneda de cambio, según dictaba su experiencia, para fortalecer alianzas o pagar favores, sus santos tenían libertad, porque el amor que su diosa les brindaba debía ser reflejado en ellos mismos, en sus parejas o en los nacimientos dentro de las paredes del santuario.

Su deber era cuidarlos y mientras su cuerpo aun respirara, mientras aun existiera vida en él, aquellos muchachos no serían traicionados, no pasarían por lo mismo que él paso, no se someterían a las decisiones de un patriarca injusto.

Sin importar lo que tuviera que hacer, que su hermano estuviera en contra de sus decisiones, él era su guardián, como el de cada uno de los santos de aquel santuario, a pesar de que sus amores no actuaran o no pudieran tocarlos, ya el tiempo les daría una solución.

Porque sabía que a pesar de que el compañero de Lugonis murió en sus brazos, la dicha de aquellos minutos perfectos fue suficiente para perecer con una sonrisa en sus labios, creyendo firmemente que su hijo no padecería su dolor.

Uno que muy pronto regresaría y que probablemente amanecería con su amado muerto entre sus brazos, un acto que hasta hacia pocas horas quería evitar, pero ya no lo haría, unos minutos de dicha valían mucho más que una larga vida llena de dolor.

***2***

Manigoldo ingreso en aquel sitio hecho una furia, se le veía sonrojado y algo sudoroso, inmediatamente varios de los parroquianos de aquella cantina voltearon a verlo, pero inmediatamente, cuando prendió un cigarro con dedos temblorosos le ignoraron de nuevo, pensando que solo era su imaginación, un hombre como ese no podía desprender aquella deliciosa fragancia que lo acompaño por segundos.

En la barra estaban sentados Shion y Dohko, sus dos compañeros de armas que bebían en silencio, disfrutando de las pocas horas de descanso, las que pasaban en Rodorio, como muchos de los santos, a quienes Sage les permitía en ocasiones comportarse como cualquier humano haría.

El santo de cáncer había buscado por todo Rodorio y en el Santuario por Albafica de Piscis, quien suponía tendría que llegar por aquellos días de otra larga misión en solitario, las que cada vez realizaba más a menudo, aunque se suponía que él era su compañero de equipo, que debían actuar juntos, como lo hacían Degel y Kardia, o el mismo Dohko y Shion.

— Shion.

Se anuncio, sin sentarse a su lado ni pedir la típica bebida para acompañarles en su juerga, su apariencia preocupada y de cierta forma irascible, no concordaba con la del santo de cáncer, quien siempre sonreía o actuaba con cinismo.

— ¿Has visto a Fica?

Shion dejo de beber para mirarle de reojo, notando su molestia, la cual solo emporaría con el paso del tiempo hasta que cada uno de los presentes comprendiera que pasaba, pudiendo señalarlo con el dedo, un descuido bastante indecoroso del cangrejo, quien parecía estar apurado.

— ¿Sabes si ha regresado al santuario?

Por lo que sabía, Albafica se tardaría todavía una semana en regresar de su misión, pero no creía que Manigoldo se tomara aquella noticia con calma, viendo como su piel estaba roja, cubierta de sudor, jadeante, aunque trataba de aparentar que nada ocurría, tal vez creyendo que podría encontrar al santo de piscis, quien por supuesto estaba fuera de su alcance por culpa del veneno en su sangre, o ignorar sus deberes por más tiempo.

— No ha regresado aun, Manigoldo, pero en realidad no sé porque te molestas en buscarlo, sabes que Albafica no es para ti.

Manigoldo apretó los dientes, desde que Shion se había enterado de su lamentable condición no hacía más que recordarle su papel y su deber, decirle que Albafica no sería suyo, que debía acostumbrarse a su nueva situación, tomarla como su deber para el santuario, aceptando a quien decidieran debía ser su pareja.

— No necesito otro estúpido sermón, cornudo, solo saber donde se encuentra Fica, eso es todo.

El santo de cáncer intento marcharse, pero Shion lo sostuvo del brazo, su mirada demasiado fría, sorprendiendo a Dohko por la dureza que mostraba en su presencia, hablando con ligereza o con demasiada seriedad, de asuntos que no le incumbían, mucho menos le interesaban.

— La belleza de Albafica lo señala como un Omega, Manigoldo, y dos omegas no crean descendencia, así que porque no aceptas que tu deber es darle hijos saludables y poderosos al santuario con quien se te señale, que Aspros es tu mejor opción, siendo que todos dicen que será el patriarca.

Manigoldo respondió de pronto con la fuerza de su puño, impactándolo contra el rostro de Shion, sin importarle lo que los aldeanos o los otros santos pensaran de su actitud, estaba arto de aquel trato, de todos esos consejos y sermones, de lo que se suponía que debía hacer, no era justo, él no había decidido nacer como un omega, no veía porque lo culpaban por ello, porque deseaban castigarlo.

— ¡Que hay de mi deber en el combate!

Los aldeanos le miraron entonces percatándose que en efecto aquel sugerente aroma provenía de uno de los santos dorados, mirándole de pies a cabeza, algunos de ellos alfas, pero todos acobardados por aquella muestra de colérica furia, notando que para poder domesticarlo tendrían que ser de su nivel o lograr seducirlo, pero nadie querría un omega con aquella actitud tan desagradable, que fumara o que no fuera dulce o delicado, mucho menos sumiso, él necesitaba de un alfa que lo pusiera en su lugar.

— ¡Yo soy tan poderoso como tú y tengo tanto derecho a tener libertad como cualquiera de ustedes!

Shion llevo una mano a su mejilla, mirándole fijamente como si lo que acababa de decir no tuviera sentido alguno, tal vez para él no lo tenía, pero a Manigoldo le importaba un comino, esperando que Dohko tratara de convencerlo de aceptar su deber, pero el santo de libra guardo silencio, sus ojos pasándose de uno a otro, creyendo que de pronto estallaría una de las legendarias batallas de mil días.

— ¡No porque sea uno de ellos debo abandonar mi armadura y servirle al primero que muestre interés por mi!

Manigoldo respiraba ahora con dificultad, sus feromonas disparándose en aquel sitio provocando que su perfume natural pudiera ser percibido por cada uno de los parroquianos de aquel sitio, apretando el puño enfrente de su rostro, demasiado distraído por ser aquella época del año, por su enojo y por la respuesta de algunos de los patéticos alfas de aquella cantina, quienes le miraban con deseo, pero temerosos de su poder, por lo que no se dio cuenta que una energía poderosa al sentir la suya se acercaba demasiado rápido.

— Todos nosotros tenemos diferentes deberes Manigoldo, uno de los tuyos es la batalla, eso es cierto, pero ahora que nos encontramos en época de paz, deberías enfocarte al segundo de tus deberes, ese es, usar el regalo de la diosa Hera con sabiduría, engendrando santos poderosos.

Manigoldo trato de atacarlo de nuevo, observando como Dohko se interponía entre los dos, tratando de evitar que lo hiriera, pero sin decirle nada por aquella falta de respeto, porque Shion hubiera divulgado un secreto que debía guardar con la misma fiereza que usaba al tratar de convencerlo de ceder su libertad a un santo engreído, manipulador y orgulloso, el que de alguna manera sería convertido en patriarca, quien sostuvo su muñeca con demasiada fuerza, casi produciéndole dolor.

— Ustedes dos están causando un alboroto innecesario en el pueblo, deberían ser más prudentes.

Manigoldo al sentir los dedos de Aspros rodeando su muñeca se sonrojo un poco más e intento soltarse, lográndolo con algo de esfuerzo, sintiendo el aura del santo de géminis casi engullirlo con su poder, obligándolo a tragar un poco de saliva cuando sintió seca su garganta, retrocediendo algunos pasos, chocando contra otro de los alfas, quien lo sostuvo de los brazos para que no cayera al suelo.

Pero lo soltó inmediatamente cuando la mirada de Aspros por unos ínfimos instantes se poso en él, como diciéndole que pagaría muy caro por tocar a ese omega, quien quiso poder decir algo, burlarse del santo de géminis con descaro, pero no pudo, era imposible hacerlo en aquel sitio y en aquella ocasión, lo mejor era marcharse.

Aunque temía que Aspros lo seguiría a donde fuera, maldiciendo a Albafica, quien se suponía debía estar presente durante aquella época del año, pero que sin embargo no lo estaba y eso lo hacía sentir ligeramente asustado.

— Manigoldo, espera…

Pronuncio Aspros visiblemente consternado, avanzando un solo paso en su dirección, logrando que las pupilas de Manigoldo se encogieran, retrocediendo otro paso más, movimiento que no paso desapercibido por sus compañeros de armas, en especial Dohko.

— No es seguro que salgas en ese estado.

Para Manigoldo aquello que no era seguro era permanecer en aquel sitio, en compañía de Aspros, quien había dejado ya muy claro que su opinión no le importaba, que deseaba convertirlo en su omega ya fuera con su consentimiento o sin él.

— Lo mejor es que yo te acompañe al santuario, no creo que puedas llegar por tu propia cuenta.

Esto último tuvo como respuesta una sonora carcajada de Manigoldo, una completamente forzada que apenas duro unos cuantos segundos, relamiéndose los labios después, respirando hondo, dejando caer el cigarrillo, prendiendo otro más antes de que tocara el suelo, escupiendo el humo en dirección de Aspros.

— No veo que hay de gracioso en esto, Manigoldo, yo sólo me preocupo por tu seguridad.

Aspros parecía dolido por su respuesta, ignorando el humo del cigarro y el velado insulto del cangrejo, quien parecía, no conocía el significado de la palabra respeto, sólo Sage lo recibía, ni su hermano, ni el omega de la sangre envenenada, a quien siempre acosaba con extraños apodos, pequeñas muestras de afecto, uno mal enfocado a su parecer, puesto que Albafica siempre respondía con violencia a su coquetería, cuando en cambio él comenzaba a cansarse del continuo rechazo del santo de cáncer, quien era sin duda un miembro de la elite dorada.

— ¿Mi seguridad dices?

Pregunto recargándose en su cintura mirando el suelo, justo donde la colilla había caído, para mirarle después de reojo, con una sonrisa siniestra, una que solo auguraban problemas, al menos, esa era la opinión de Dohko, quien estaba a punto de interferir en aquella disputa, si Shion, el siempre controlado santo de Aries no se lo hubiera evitado sosteniéndolo del hombro.

— ¿Desde cuándo te interesas por mi seguridad?

Aspros cada vez parecía un poco más dolido por el visible rechazo de Manigoldo, quien actuaba como si se tratase de uno de sus enemigos, no quien deseaba ayudarle, cuyos actos eran sinceros, al menos su temor de que alguien más pudiera tomar lo que deseaba lo eran.

— Yo creía que el todopoderoso Aspros en lo único que pensaba era en sí mismo, pero no, no es cierto, él sólo piensa en ser patriarca y en los beneficios que eso le puede traer, aunque parece que nadie ha logrado ver tu verdadera cara debajo de tu fachada de perfección y virtud.

El cangrejo era uno de sus favoritos por aquella actitud, ya que nunca cerraba la boca y parecía no entender cuál era su papel en el futuro del santuario, no podía culparlo por eso, siendo uno de los santos dorados que pudieron tener el puesto de patriarca del santuario, cuyo cosmos superaba por mucho al de los demás, era obvio que lo elegiría como su pareja, después de todo la forma en que su cuerpo lo traiciono no era culpa suya.

— Pero yo sí, tu no me engañas, ni a mi maestro…

Aspros negó aquello con un movimiento de la cabeza, sonriendo de medio lado, para después acercarse mucho más a su cuerpo, invadiendo su espacio personal, olfateando su aroma, relamiéndose los labios cuando el cigarro en los dedos de Manigoldo cayó al suelo a causa de la sorpresa que aquel movimiento le provoco.

— Eso dices ahora, cangrejito… pero seré patriarca y tu mi compañero.

***3***

Al mismo tiempo, bañados por la luz de la luna, Degel le mostraba el camino a Kardia, quien se preguntaba que estaban haciendo en aquel sitio, porque su compañero en más de un sentido quería mostrarle aquel aburrido valle cercano al pueblo de Rodorio.

— Observa el paisaje Kardia y dime que no es hermoso.

Solamente con él Degel parecía mostrar esa clase de vitalidad, ese amor por la vida y sus pequeños detalles, pensó Kardia con una sonrisa, limpiando una manzana contra su ropa, sacándole brillo antes de morderla.

— Es aquí donde construiremos nuestro hogar.
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