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Sucedió en un Otoño (Adaptación BaekYeol) por MiraiDL

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Notas del fanfic:

Segundo libro de la Saga Wallflowers de Lisa Kleyplas

Notas del capitulo:

Y bueno lo prometido es deuda, aqui el primer capitulo del segundo libro de la saga Wallflowers de Lisa Kleyplas

Dias de actualizacion todavia esta por ver :) sin mas a leer!!

Stony Cross, Hampshire


 


—Han llegado los Byun —anunció lady Yura Hong desde la entrada del estudio, donde su hermano mayor estaba sentado tras su escritorio en medio de un montón de libros de contabilidad. El sol del atardecer se colaba a través de las enormes ventanas rectangulares de cristal tintado, que eran la única ornamentación de una estancia cuyas paredes estaban cubiertas con paneles de palisandro.


 


Chanyeol, lord Park, levantó la vista de su trabajo con un siniestro ceño fruncido que unió sus cejas por encima de los ojos color café.


— Que empiece el caos... —musitó.


Yura se echó a reír.


—Supongo que te refieres a los hijos. En realidad no son tan malos, ¿verdad?


—Son peores —afirmó Chanyeol de forma sucinta; su ceño se acentuó todavía más cuando vio que la pluma que había olvidado entre sus dedos acababa de dejar una enorme mancha de tinta en la, hasta ese momento, inmaculada columna de números—. No he conocido dos jóvenes tan maleducados en toda mi vida. Sobre todo, el mayor.


—Bueno, son americanos —señaló Yura—. Sería justo que gozaran de cierta flexibilidad, ¿no te parece? No se puede esperar que conozcan cada uno de los complejos detalles de nuestra interminable lista de reglas sociales...


—Puedo permitirles cierta flexibilidad con los detalles — interrumpió Chanyeol de forma cortante —. Como bien sabes, no soy el tipo de hombre que se quejaría por el ángulo impropio del dedo meñique del señorito Byun al coger la taza de té. Lo que no puedo pasar por alto son ciertos comportamientos que se encontrarían inaceptables en cualquier rincón del mundo civilizado.


 


«¿Comportamientos?» Vaya, aquello se estaba poniendo interesante. Yura se adentró en el estudio, una habitación que solía resultarle de lo más desagradable debido a lo mucho que le recordaba a su difunto padre.


 


Ningún recuerdo del octavo conde de Park era agradable. Su padre había sido un hombre frío y cruel que parecía absorber todo el oxígeno de una habitación cuando entraba. No había nada ni nadie que no hubiera decepcionado al conde en vida. De sus vástagos, tan sólo Chanyeol se había aproximado a sus elevadas expectativas, ya que, sin importar lo imposibles que fueran sus requerimientos o lo injustos que resultaran sus juicios, Chanyeol jamás se había quejado. Yura y Aline admiraban a su hermano mayor, cuyo esfuerzo constante por alcanzar la excelencia lo había conducido a obtener las más altas calificaciones en la escuela, a romper todas las marcas en sus deportes preferidos y a juzgarse con más dureza de lo que lo habría hecho nadie. Chanyeol era un hombre que sabía montar a caballo, bailar una contradanza, dar una conferencia sobre una teoría matemática, vendar una herida y reparar la rueda de un carruaje. No obstante, ninguna de su vasta colección de habilidades había merecido nunca una felicitación por parte de su padre.


 


Al volver la vista atrás, Yura se dio cuenta de que la intención del anterior conde debía de haber sido eliminar cualquier vestigio de amabilidad o compasión que poseyera su hijo. Y, al parecer, durante una época lo había conseguido. Sin embargo, tras la muerte de su progenitor, cinco años atrás, Chanyeol había demostrado ser un hombre muy diferente al que se suponía que debía ser.


 


Yura y Aline habían descubierto que su hermano mayor nunca estaba demasiado ocupado para escucharlas; sin importar lo insignificantes que le parecieran sus problemas, siempre estaba dispuesto a ayudar. A decir verdad, era comprensivo, cariñoso e increíblemente atento; lo cual no dejaba de ser un milagro si se tenía en cuenta que la mayor parte de su vida había transcurrido sin que nadie le demostrara esas cualidades.


 


Aparte de todo lo dicho, también había que admitir que Chanyeol era un poco dominante. Bueno... muy dominante. Cuando se trataba de aquellos a quienes amaba, el actual conde de Park no mostraba reparo alguno en manipularlos para que hicieran lo que él consideraba que era mejor. Ésa no era una de sus virtudes más encantadoras. Y si Yura se viera obligada a ahondar en sus defectos, también tendría que admitir que Chanyeol poseía un molesto convencimiento acerca de su propia infalibilidad.


 


Con una sonrisa cariñosa dirigida a su carismático hermano, Yura se preguntó cómo podía adorarlo de esa manera cuando se parecía tanto a su padre en el aspecto físico. Chanyeol poseía los mismos rasgos severos. Tenía el mismo cabello abundante y negro como el ala de un cuervo; la misma nariz; y la misma barbilla, pronunciada y tenaz. La combinación resultaba más impactante que hermosa... pero era un rostro que atraía con facilidad las miradas femeninas. Al contrario que sucedía con los de su padre, en los atentos y oscuros ojos de Chanyeol solía brillar una chispa de humor y poseía una particular sonrisa que permitía que sus blanquísimos dientes iluminaran su atezado rostro.


 


Al ver que Yura se acercaba, Chanyeol se reclinó en el sillón y entrelazó los dedos de ambas manos sobre el vientre. En deferencia al calor tan poco usual para una tarde de principios de septiembre, el conde se había quitado la chaqueta y se había alzado las mangas, dejando al descubierto sus antebrazos, que estaban ligeramente salpicados de vello negro. Era de altura media y se encontraba en un estado de forma extraordinario, con el poderoso físico de un ávido deportista.


 


Deseosa de escuchar más sobre el comportamiento del maleducado señorito Byun, Yura se apoyó sobre el borde del escritorio, de cara a Chanyeol.


—Me pregunto qué habrá hecho el señorito Byun para ofenderte tanto... —discurrió en voz alta—. Cuéntamelo, Chanyeol. Si no, mi imaginación conjurará de seguro algo mucho más escandaloso de lo que el pobre señorito Byun sería capaz de realizar nunca.


— ¿El pobre señorito Byun? —resopló Chanyeol—. No preguntes, Yura. No estoy en libertad de hablar sobre el tema.


 


Al igual que la mayoría de los hombres, Chanyeol parecía no comprender que nada enardecía tanto las llamas de la curiosidad de una mujer o joven como un tema acerca del cual uno no estaba en libertad de discutir.


—Suéltalo ya, Chanyeol —le ordenó—. O te haré padecer de formas indecibles.


Una de sus cejas se enarcó de forma irónica.


—Puesto que los Byun ya han llegado, esa amenaza resulta algo redundante.


—Trataré de adivinarlo, entonces. ¿Pillaste al señorito Byun con alguien? ¿Acaso estaba permitiendo que lo besara algún caballero... o algo peor?


Chanyeol respondió con una sarcástica sonrisa de medio lado.


—Más bien no. Basta echarle un vistazo para que cualquier hombre que esté en sus cabales salga huyendo y sin dejar de gritar en la dirección opuesta.


A Yura le dio la impresión de que su hermano estaba siendo demasiado duro con Byun Baekhyun y frunció el ceño.


— Es un chico muy guapo, Chanyeol.


—Una fachada bonita no basta para esconder los defectos de su carácter.


— ¿Y cuáles son esos defectos?


 


Chanyeol soltó un breve resoplido, como si los defectos del señorito Byun fueran demasiado evidentes como para requerir que se los enumerara.


—Es un manipulador.


—También lo eres tú, querido —murmuró Yura.


Su hermano pasó por alto el comentario.


—Es dominante.


—Como tú.


—Y arrogante.


—También como tú —dijo Yura con jovialidad.


Chanyeol la miró echando chispas por los ojos.


—Creí que estábamos discutiendo los defectos del señorito Byun, no los míos.


—Pero es que, al parecer, tenéis mucho en común —protestó Yura con fingida inocencia. Observó cómo él dejaba la pluma y la alineaba con el resto de artículos que había encima de su escritorio—. Respecto a su comportamiento inapropiado... ¿Me estás diciendo que no lo atrapaste en una situación comprometida?


—No, no he dicho eso. Lo único que he dicho es que no estaba con un caballero.


—Chanyeol, no tengo tiempo para esto —dijo Yura con impaciencia—. Debo ir a darles la bienvenida a los Byun, y tú también tendrías que hacerlo, por cierto; sin embargo, antes de salir del estudio, exijo que me digas qué es esa cosa escandalosa que estaba haciendo Byun Baekhyun.


—Resulta demasiado ridículo decirlo siquiera.


— ¿Cabalgaba a horcajadas? ¿Estaba fumando un puro? ¿Nadando desnudo en el estanque?


—Nada de eso. —A regañadientes, Chanyeol cogió un estereoscopio que había sobre la esquina del escritorio, un regalo que le había enviado su hermana Aline, que ahora vivía con su marido en Nueva York.


 


El estereoscopio era un invento reciente, fabricado con madera de arce y cristal. Cuando una tarjeta estereoscópica —una fotografía doble— se introducía en la extensión que había tras la lente, la imagen aparecía en tres dimensiones. La profundidad y la calidad de las fotografías estereoscópicas resultaba sorprendente: las ramas de los árboles parecían a punto de arañar la nariz del espectador y la cima de una montaña parecía abrirse con tal realismo que a uno le daba la impresión de que podría caerse y morir en cualquier momento. Chanyeol se llevó el aparato a los ojos y examinó la imagen del Coliseo de Roma con ardua concentración.


 


Justo cuando Yura estaba a punto de explotar de impaciencia, Chanyeol musitó:


—Vi al señorito Byun jugando a rounders en paños menores.


Yura lo miró con ojos como platos.


— ¿Al rounders? ¿Te refieres a ese juego en el que se utiliza una pelota de cuero y un bate plano?


Chanyeol frunció los labios con impaciencia.


—Ocurrió durante su anterior visita. El señorito Byun y su hermano estaban haciendo cabriolas con sus amigos en un prado que se encuentra en el cuadrante noroeste de la propiedad cuando Kim Jong In y yo pasamos cabalgando por allí de casualidad. Los cuatro jóvenes estaban en ropa interior... y todos alegaron que resultaba muy difícil jugar a ese deporte con sus trajes. Supongo que se habrían aferrado a cualquier excusa para correr por ahí medio desnudos. Los hermanos Byun son unos hedonistas.


 


Yura se había llevado una mano a la boca para reprimir, sin mucho éxito, un ataque de risa.


— ¡No puedo creer que no lo hayas mencionado hasta ahora!


—Desearía haberlo olvidado —replicó Chanyeol con una mueca al tiempo que apartaba el estereoscopio—. Sólo Dios sabe cómo vaya enfrentarme a Byun Myung con el recuerdo de su hijo desnudo aún fresco en mi mente.


 


La diversión de Yura se aplacó un tanto mientras contemplaba los fuertes rasgos del perfil de su hermano. No se le había pasado por alto que Chanyeol había dicho «hijo», lo que dejaba claro que apenas había prestado atención al más joven. Había sido Baekhyun el que acaparara su atención.


 


Puesto que conocía muy bien a Chanyeol, Yura habría esperado que su hermano se riera de aquel asunto. Pese a que poseía un estricto sentido de la moralidad, no era ningún mojigato y tenía un saludable sentido del humor. Si bien nunca había tenido una amante, Yura había oído rumores acerca de unas cuantas relaciones discretas... e incluso un chisme o dos acerca de que el supuestamente estricto conde se mostraba muy intrépido en el dormitorio. Sin embargo, por alguna razón, a su hermano le perturbaba ese audaz muchacho americano de carácter fuerte, modales atroces y que, por añadidura, era descendiente de nuevos ricos.


 


No sin cierta perspicacia, Yura se preguntó si la atracción de la familia Park por los americanos — después de todo, Aline se había casado con uno y ella misma acababa de contraer matrimonio con Hong JongHyun, uno de los Shaw de Nueva York— podía aplicarse también a Chanyeol.


— ¿Tan arrebatador estaba en ropa interior? —preguntó Yura con astucia.


—Sí —respondió Chanyeol sin pensar y, acto seguido, frunció el ceño—. Quiero decir, no. Bueno, no lo miré el tiempo suficiente para hacer una evaluación de sus encantos. Si es que tiene alguno.


Yura se mordió la parte interior del labio para reprimir una carcajada.


—Venga, Chanyeol... Eres un hombre saludable de treinta y cinco años... ¿Ni siquiera le echaste una miradita al señorito Byun en calzones?


—Yo no echo miraditas, Yura. O miro las cosas de arriba abajo o no las miro. Las miraditas son para los niños o para los pervertidos.


Ella le dedicó una mirada lastimera.


—Bien, siento muchísimo que hayas tenido que pasar por una experiencia tan espantosa. Sólo nos queda desear que el señorito Byun permanezca completamente vestido en tu presencia durante esta visita con el fin de no escandalizar tu refinada sensibilidad una vez más.


Chanyeol frunció el entrecejo en respuesta a sus burlas.


—Dudo que lo haga.


— ¿Quieres decir que dudas que permanezca vestido o que dudas que te escandalice?


—Ya es suficiente, Yura —gruñó, y ella se echó a reír.


—Vamos, tenemos que saludar a los Byun.


—No tengo tiempo para eso — replicó su hermano con brusquedad—. Encárgate de darles la bienvenida e inventa algo para excusar mi ausencia.


Yura lo miró con incredulidad.


—No irás a... ¡Por Dios, Chanyeol, tienes que hacerla! Jamás te había visto comportante con tanta grosería.


—Me encargaré de saludarlos más tarde. Por todos los santos, ¡van a estar aquí casi un mes! Ya tendré tiempo de aplacarlos. Está claro que hablar del señorito Byun me ha puesto de un humor de perros y, ahora, la posibilidad de encontrarme en la misma habitación que él me pone los pelos de punta.


 


Yura negó con la cabeza antes de mirarlo con una expresión especulativa que a él no le hizo ninguna gracia.


—Mmm... Te he visto conversar con gente que no te gusta y siempre has conseguido comportarte de forma civilizada, especialmente cuando quieres conseguir algo. No obstante, por alguna razón, este señorito Byun te irrita sobremanera. Y tengo una teoría acerca del porqué.


— ¿Sí? —En sus ojos brillaba un sutil desafío.


—Todavía la estoy desarrollando. Te la haré saber cuando llegue a una conclusión definitiva.


—Que Dios me ayude. Ahora vete Yura, y da la bienvenida a nuestros invitados.


—Mientras tú te encierras en este estudio como un zorro que corre a esconderse en su madriguera, ¿no?


Chanyeol se puso en pie y le hizo un gesto para que lo precediera al atravesar la puerta.


—Vaya salir por la parte trasera de la casa y a dar una buena cabalgada.


— ¿Cuánto tiempo estarás fuera?


—Estaré de vuelta a tiempo de cambiarme para la cena.


 


Yura dejó escapar un suspiro de exasperación. La cena de esa noche sería un acontecimiento muy concurrido, el preludio del primer día de la fiesta campestre que comenzaría a la mañana siguiente. La mayoría de los invitados ya se había instalado, aunque aún quedaban unos cuantos rezagados cuya llegada se esperaba en breve.


—Será mejor que no llegues tarde —le advirtió—. No me dijiste que tendría que ocuparme de todos los detalles cuando accedí a ejercer como tu anfitriona.


—Nunca llego tarde —respondió Chanyeol con voz tranquila antes de alejarse con el mismo entusiasmo de un hombre que acabara de librarse de la horca.


 

Notas finales:

Un poco corto sin embargo empezamos con un poco de lo que opina chanyeol sobre baek! dios hasta la hermana ya se dio cuenta que le atrae

Faltas, correcciones, comentarios, dudas aqui estoy hahaaha xD,

nos vemos en el proximo capitulo 

 

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