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Pequeño Sol

Autor: Kuroyami Mirai

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Notas del fanfic:

Todos los derechos son para Masashi Kishimoto quién es el creador de todos los personajes de Naruto. Yo solo los tomo prestados para mis extrañas historias sinsentido. Inspirado en mi dou preferido. Los que sean fanes de YoshinoMiri, mejor conocida como B Plus, tal vez reconozcan la historia.

Notas del capitulo:

Este pequeño One-Shot está dedicado a una personita muy especial para mí, quién lo está pasando muy mal. Dulce, por favor disfruta de esta historia, la escribí pensando en ti.

Pasen a leer…

 

El verano había avanzado más pronto de lo que hubiese deseado, el clima sencillamente no estaba en sintonía con su cerebro, y tampoco le importaba. Las aves, tan animadas como los niños correteando por la aldea, hacían un espléndido coro sinfónico para hacer el ambiente mucho más festivo.

Sasuke no podía sentirlo. Su mente estaba en otra parte, viajando hacia el torbellino de recuerdos que muchos le dijeron que olvidara, pero, aunado al hecho de que no podía hacerlo, tampoco quería. Su vida era Naruto, sus pensamientos, sus emociones y hasta el derecho de respirar le pertenecía.

<<Qué calor>>

La tenue brisa vespertina le meció los cabellos en ondas rítmicas a los lados de sus mejillas. Sentado sobre una rama, admiraba la felicidad que irradiaba la aldea mientras él se hundía más y más en el dolor. Las pupilas negras, tan opacas como cuencas sin brillo, oscilaron por el campo de girasoles que se erguía frente al grueso árbol dónde estaba sentado.

El viento, al igual que con sus cabellos, meció las doradas flores en movimientos rítmicos cuando se levantó desde el suelo hasta el amplio cielo. Sasuke suspiró. La naturaleza parecía confabularse para hacerlo recordar. Los girasoles eran como el juego perfecto entre sus cabellos y su sonrisa, el cielo era como la amplitud de sus ojos y el viento era como su volátil vitalidad. Lo extrañaba.

<Que verano más caluroso>

Se bajó del árbol, sigilosamente como el prodigioso shinobi que era, rodeó el campo de flores hasta el límite del horizonte, justo dónde estaba una pequeña casa oriental que compartía millones de emociones nostálgicas. El hogar donde vivió con él por mucho tiempo y ahora solo era su escondite, el sitio dónde impedía entrar la luz y reinaba la incertidumbre.

Entró en la casa, huyendo de las risas de los niños y el tronar de los pájaros, de los gritos desesperados de su amiga Sakura por encontrarlo. Buscó entre los jirones de cajas que había por doquier, la regadera con forma de elefante que tanto le gustaba a Naruto. La llenó de agua, su mirada inexpresiva, inflexible, se quedó tiesa mientras la pequeña cascada ahora desbordaba al pequeño elefante.

Cerró el grifo y salió a su enorme jardín; porque sí, ese enorme campo de girasoles era solo suyo. Con su propio esfuerzo, se había encargado de plantarlo, regarlo, darle vida y verlo crecer. La trompilla de la regadera se movió hacia los lados, pasando de manera superficial por las frescas y amarillentas hojas de las flores, dándole ánimos de abrirse para su cuidador.

<Este año nacieron muchos girasoles>

La lluvia de pequeñas gotas se detuvo y Sasuke dejó al pequeño elefante en el suelo. Levantando una mano algo trémula, tocó los pétalos, acercándolos a su rostro para satisfacerse con el refrescante olor como si fuese su marca personal de la droga más adictiva.

<Me recuerdan a ti>

Nuevamente, escuchó los alaridos de Sakura en la distancia, pero la oía lejos, muy lejos de su escondite. Tal vez lo estaba buscando en los límites del campo, o cerca del árbol dónde estaba antes. Tampoco le importaba. No quería nada, no deseaba hacer nada, solo quería despedirse de los girasoles, besarlos una última vez antes de partir a su misión. Una de la cual… no regresaría.

Justo como lo había prometido, cuidó de los girasoles, los regó, no olvidó hacerlo nunca. Ahora era el momento de partir y estar a su lado, una vez más. Estiró su mano y arrancó una de las flores para besarla. Solo ella fue el testigo de la lágrima que había rodado por su mejilla, cayendo al suelo para perderse en el césped. Junto a la cristalina prueba de su dolor, Sasuke dejó el girasol, dejó otro besó y dejó un collar, uno que alguna vez tuvo otro dueño.

El dije esmeralda brilló cuando tocó la hierba, dándole un último resplandor de despedida antes de rodar debajo de la flor y esconderse entre sus hojas.

<Tal vez..., todo fue un simple sueño>

 

El viento levantó las cortinas en la traslúcida habitación. Naruto observaba el hermoso paisaje que había tras su ventana, distraído y demasiado inmóvil, justo como la estatua de un ángel, sonreía en un gesto tenue, pero perceptible.

Estaba sentado en su cama de hospital, con las manos apoyadas en su regazo, suspiró sin borrar la sonrisa. Tenía vendas en la cabeza y los brazos, sus mejillas tenían parches y en su cuello había una circunferencia de gasas, pero a pesar de estar tan herido, seguía brillando con la misma luz que siempre lo caracterizó.

Un ruido lo alertó, haciéndolo salir del trance en el que se había hundido. Giró solo la cabeza, ya que no se podía mover demasiado a causa de las lesiones. En la entrada, con ojos dolidos y los labios fuertemente apretados, Tsunade lo observaba al punto de las lágrimas.

-Baa-chan- saludó, ampliando su sonrisa angelical.

-Naruto…- Tsunade no sabía qué decir para animarlo, tampoco sabía cómo animarse ella misma.Estaba completamente en blanco y eso le frustraba.

Naruto trataba de sonreír mucho más de lo que su condición le permitía y su ceño tembló por el esfuerzo. La sonrisa era quebrada, fragmentada en trozos de falsa felicidad.

-Jeje…, lo siento baa-chan- apretó los labios, tragando un sollozo de dolor para luego volver a sonreír- no debes preocuparte… estaré bien.

 

<<A casusa del sello de Kyuubi… el cuerpo de Naruto llegó a su límite>>

 

Disfrutando de un libre recorrido por la aldea, Naruto tarareaba una canción juguetona que no tenía ningún sentido. Sasuke iba a su lado, impávido, tranquilo y relajado. Naruto tenía ese poder, el de hacerlo olvidar de sus problemas y odios con facilidad, de hacerlo sentir pleno y que por fin tenía un hogar al cual volver.

-¿Estás bien ahora, verdad? ¿No estás tratando de parecer fuerte?- preguntó Sasuke, preocupado. Conocía a Naruto demasiado bien, siempre fingiendo que todo estaba en orden para que las personas a su alrededor no se contagien con su dolor. Por eso siempre le preguntaba varias veces, necesitaba estar seguro de que ya había sanado.

 

<<Las transformaciones en Kyuubi se vuelven más frecuentes y el cuerpo de Naruto es consumido rápidamente>>

 

<<El poder de recuperación que siempre ha mostrado… no será visto otra vez>>

 

<<Y lo peor de todo… es que él ha dejado de hablar de su sueño>>

 

-Sasuke, te preocupas demasiado. Ya te lo dije, estoy bien ‘ttebayo.- Caminaba con los brazos tras la cabeza, usando su característica altanería y expresión juguetona de siempre- Baa-chan dijo que ya estoy recuperado.

Sasuke no indagó más, sintiéndose seguro por aquella respuesta, sonrió aliviado.

-¿Hmn?- algo había llamado la atención del áureo, haciéndole correr a un pequeño puesto dónde una anciana vendía hermosas flores, desde las más exóticas hasta las más discretas- ¡ah, girasoles! ¡Mira, Sasuke, son girasoles!

Sasuke se acercó en silencio, observando junto al blondo la pequeña carreta jardinera.

-Ah…, de verdad amo los girasoles- sonriendo, Naruto acarició uno de ellos y se inclinó sobre él para disfrutar de su aroma- es casi como si… al mirarlos, pudiesen traernos la felicidad- pensó en voz alta, sus ojos cerúleos brillando con intensidad mientras alababa las flores.

Sasuke lo observó detenidamente, sintiéndose atraído por su apaciguada expresión, por su sincera sonrisa. El corazón le latía con fuerza y las ganas de abrazarlo lo inundaron como en un cálido manantial.

-Igual que tú- también pensó en voz alta, ensimismado con el pequeño Sol que había a su lado.

-¿Qué?- Naruto volteó la cabeza para mirarlo, pero Sasuke rápidamente le rehuyó la mirada, avergonzado por haber dejado sus pensamientos – y sentimientos – al descubierto.

Naruto bufó pertinente, sintiéndose travieso al descubrir un lado del Uchiha que normalmente dejaba bien oculto bajo llave. Se lanzó sobre él, colgándose de su brazo con una mueca de absoluta alegría.

-¡Sasuke! ¡Hoy quiero comer ramen ‘ttebayo!

El moreno bufó.

-¿Piensas que se lo daría a una persona que acaba de dejar el hospital, dobe?

-¡Pero hay que celebrar!

-Me niego.

-¡Mezquino!

 

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Lentamente, Naruto dejó que Sasuke lo llenara con el gratificante calor de su cuerpo. Sentado sobre sus caderas, hizo un buen uso de sus piernas para levantarse y volver a caer. Rítmicos movimientos acompasados por las caricias del Uchiha que eran interrumpidas solamente por los prolongados gemidos. Naruto se sentía lleno, se sentía pleno y amado. No dejó de moverse, ni de saltar sobre el fuerte regazo de su amante.

-Sasuke…- sus labios estaban semiabiertos, los ojos, apenas cubiertos por sus párpados entrecerrados y el sudor nacía de su piel en un toque perlado demasiado estremecedor. Frente al antiguo vengador, Naruto era una deidad que había descendido de la luz eterna, únicamente para amarle.

-Naruto…- acostado en la cama mientras el rubio se encargaba de dispensar placer para ambos, Sasuke levantó sus pálidas manos para acariciar las suaves y sonrojadas mejillas. Algunas lágrimas mojaron sus dedos, retirándolas, permitió que el íntimo encuentro siguiera siendo privado, solo de los dos.

La respiración era un caos para Naruto, los pómulos le ardían y sus piernas ya estaban cansadas. Se inclinó hacia adelante sin dejar de mirar los ojos negros, tan oscuros y profundos que parecían pedazos de noche. Apoyando una mano en el amplio pecho de Sasuke, rosó su nariz con la suya antes de besarlo en los labios.

-Sasuke…- gimió entre beso y beso, moviendo sus labios con lánguidos movimientos cansinos- di… que me amas.

Uchiha volvió a tocar su mejilla, la sonrisa que pocas veces salía a la luz, ahora hacía un acto de presencia.

-Dices cosas extrañas- susurró, saciándose con la hermosa vista. Naruto se había acurrucado contra su mano, restregando la mejilla a ella como si fuera un cariñoso minino.

-Quiero oírlo…

Abrazándolo, el azabache sostuvo su frágil cuerpo para darle la vuelta a la situación e invertir posiciones. Ahora, con Naruto recostado sobre la cama, lo tenía completamente a su merced. Besó su mejilla, besó su frente y de nuevo la mejilla. No podía evitarlo, era una imperiosa necesidad de demostrarle incontables veces que lo amaba y que lo haría siempre. Aun así, Naruto le estaba pidiendo que se lo dijera también con palabras.

Pegando un poco más sus perlados cuerpos, le habló cerca del oído.

-Naruto…, te amo.- Lo besó una vez más, viéndose a sí mismo en el reflejo azul de la mirada de Naruto, decidió repetirlo hasta que se hartara de escucharlo- …te amo- le dijo rozando los labios- te amo- y besó sus párpados, saboreando una pequeña lágrima que se había salido de su escondite.

-Más…- jadeó y más lágrimas bañaron sus acaloradas mejillas- dime más… mucho más- las individuales gotas salinas se habían transformado en un amargo llanto, mojando las sábanas y los almohadones. Naruto no dejó de llorar y Sasuke se vio preocupado.- Dime más de ti… Sasuke- estiró su mano, alcanzando el rostro de Sasuke en un gesto por demás tembloroso.

-Naruto- Sasuke lo abrazó en un imprevisto impulso, deseando poder detener ese llanto con todas sus fuerzas- te amo, te amo… Te amo. Más que a cualquier otra cosa- y lo besó una vez más, saciándose con los suspiros ahogados que soltaba y los pequeños gimoteos.

<Necesito que lo sepas>

-Te amo…

Las horas habían pasado, sus cuerpos, pusilánimes y húmedos, se dejaron caer entre las sábanas con expresiones agotadoras. Sasuke descansó un antebrazo sobre sus ojos, aun respirando con dificultad, trató de mantenerse despierto. Miró a Naruto con los párpados a punto de sucumbir ante el cansancio, descubriéndolo sentado sobre la cama, yabrazándose el vientre con una cálida sonrisa.

-Lo siento… limpiaré en cuanto despierte- se disculpó, parpadeando lentamente.

Naruto no lo miró, sin embargo no dejó de sonreír. Tenía el cabello pegado a la piel de la frente, las mejillas sonrojadas y las manos temblorosas, pero su felicidad era algo firme.

-Está bien, no te preocupes.

<<Ahh… Naruto está diciéndome algo, pero no lo puedo escuchar>>

Sasuke hizo un esfuerzo por permanecer despierto, por tratar de escuchar las palabras de Naruto, pero no podía, estaba agotado. Cerró los ojos, sucumbiendo en el reino de Morfeo. Le preguntaría en la mañana, por ahora, se limitaría a descansar, solo un poco.

Naruto habló con un Sasuke dormido, pero no le importaba. Necesitaba decirle, explicarle, demostrarle lo muy agradecido que estaba con él y cuanto lo amaba... una última vez.

-Sasuke, perdóname- le movió el flequillo de la frente, apenas demostrando una sonrisa rota cuando deslumbró sus párpados cerrados- lo siento, Sasuke. Te he amado… siempre.

<Por todos nuestros momentos felices>

-Gracias…

Lo besó en los labios, un roce imperceptible, un latido no recíproco que disfrutó hasta el último momento. Lloró, pero rápidamente se limpió las lágrimas. No era un chico débil, nunca lo fue. Trataría de verse fuerte hasta el final… solo por él.

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Cuando la mañana llegó, el molesto despertador comenzó a sonar y resonar repetidas veces. Resoplando, Sasuke levantó su brazo y lo estampó sobre el pobre reloj, apagándolo al instante. Tallándose los ojos con un puño, se sentó en la cama y sacudió sus cabellos con los dedos para terminar de desperezarse.

Estuvo a punto de bostezar, cuando de repente un toque frío sobre la cama lo sorprendió en demasía. Alarmado, removió las sábanas para dejar al descubierto el cuerpo de Naruto a su lado.

“¿Por qué?”

-¡¿NARUTO?!

“Tu cuerpo está muy caliente”

Decía Sasuke mientras caminaba con Naruto por las calles de la villa. Tomados de la mano, se protegían del fuerte frío invernal.

-¡¡Naruto!!- Sasuke trataba de despertarlo, sacudiéndolo de los hombros, le tocaba la mejilla solo para encontrarla cada vez más fría.

“Jeje, ¿soy caliente?”

“No deberías estar orgulloso, en verano estarás sudando”

-¡Espabila, por favor! ¡NARUTO!

“¿Pero qué dices?”

Naruto refunfuñaba, con el ceño fruncido, soplaba solo para ver como una espesa nube de vapor helado se escapaba de sus labios.Sasuke jaló su brazo, sorprendiéndolo al pegarlo a su cuerpo de repente en un caluroso abrazo.

“Obviamente estoy mintiendo, usuratonkachi”

Naruto lo miró a los ojos, abriéndolos hasta hacerlos parecer dos trozos de mar. Irremediablemente los cerró para sentir con mejor precisión los labios de Sasuke sobre los suyos. Hacía frío, pero estando juntos apenas podían sentirlo.

-Naruto…- sollozando, Sasuke no se cansó de sacudirlo, de mover sus hombros. Lágrimas agrias caían desde sus párpados, pero seguía teniendo fe de que todo eso era solo una broma, o de lo contrario un muy mal sueño. Cuando abriera los ojos… Naruto estaría ahí con él.

<No puedo...>

No podía ser real, Sasuke sencillamente no podía aceptarlo, pero el cuerpo de Naruto estaba ahí, pálido, inmóvil y sin vida. Parecía dormir, su expresión era apacible y sus ojos cerrados prometían abrirse en cualquier momento, para llenarlo con ese profundo azul y una de sus juguetonas sonrisas. Pero no sería así, eso solo era un banal y utópico… sueño.

<... respirar>

Sin dejar de llorar, Sasuke lo seguía llamando, una y otra vez repitiendo su nombre, en trance, tocó la sonrosada mejilla una vez más y Naruto le sonreía en su letargo. Estaba durmiendo, un descanso eterno del que jamás despertaría.

-Naruto…

A un lado de la cama, una pequeña botella transparente era testigo de la trágica escena. Vacía, sin nada en su interior que mostrar, era la evidencia de un veneno que no fue mostrado a nadie, un elixir que fue bebido a escondidas durante la madrugada. El eslabón perdido para la inconexa explicación que Sasuke necesitaba para entender por qué Naruto no abría los ojos.

Sin importarle su muy baja temperatura corporal, Sasuke lo abrazó en su estado de shock, besándole los labios como si le fuera a corresponder en cualquier momento, pero no fue así.

-Tú… usuratonkachi.

Con discreción, de los pómulos redondeados – ahora traslúcidos –, una lágrima se deslizó delicadamente y calló entre las sábanas, siendo ésta, la última evidencia de los sentimientos de Uzumaki Naruto antes de perecer.

 

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En silencio, Tsunade entró en la pequeña casa de madera al estilo oriental. Descalza y con el corazón quebrado, se acercó al silente Uchiha que, sentado frente a su jardín de girasoles, observaba la lejanía y la cercanía de Naruto, aún presente en el brillo de aquellas flores.

-Sasuke…, lo siento- apretó los labios, haciendo una línea recta con ellos mientras pensaba en un buen argumento para animar al antiguo vengador.

-No…- Sasuke no la miró, seguía viendo los girasoles, pero Tsunade se sentía capaz de imaginar cuál era su expresión a pesar de solo poder ver su espalda- No tienes que disculparte, hiciste lo mejor.

Tsunade suspiró, recostándose en la pared con los brazos cruzados, compuso una sonrisa comprensiva que rallaba en ser apesadumbrada.

-Naruto también me ha dicho que no tengo que disculparme.

 

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-Baa-chan, no tienes que disculparte- Naruto apretaba sus manos sobre su regazo.

Las cortinas se seguían moviendo con movimientos paulatinos y el paisaje seguía siendo hermoso, pero Naruto ya no lo miraba. Sus ojos estaban huecos, tratando de mantenerse fuerte, firme frente a la mujer que por tanto tiempo ha admirado.

-Antes que lastime a los que quiero, a los que son importantes para mí…- sus dedos se cerraron en torno a un pequeño frasco entre sus manos, su sonrisa quedó congelada, sin ánimos, pero igual de brillante- yo decidí esto por mí.

Tsunade no sabía que decir, sus puños estaban cerrados con fuerza a causa de la impotencia de no poder hacer nada y le dolía la mandíbula por tensarla tanto. Naruto era como un hijo para ella, lo amaba y amaba esaradiante vitalidad que siempre destilaba. Aún en esa situación tan fría, acongojada, Naruto seguía siendo un pequeño Sol.

-Siento no poder cumplir mi sueño…

Esas palabras, tan pocas y tan duras, habían golpeado de lleno en el corazón de la Hokage. Tsunade sintió que el tiempo se fragmentaba en ese momento, obligándola a repetir esa declaración en sus adentros, la voz de Naruto hincándole en lo más profundo una y otra vez.

-Perdón por no convertirme en Hokage.

Apretando las sábanas de hospital, Naruto se encogió en su sitio, escondiendo su dolor para no sentirse débil. Se tragó sus propias lágrimas, mordiéndose el labio inferior, evitó sollozar.

-Perdóname… por no cumplir mi promesa.

 

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Angustiada ante el repentino recuerdo de aquella plática, Tsunade pegó la cabeza en la pared. Sus cejas estaban unidas en el medio de su frente, demostrando cuánto se estaba esforzando para no colapsar frente al Uchiha y derramar un prolongado llanto por el recuerdo de su niño.

-Sasuke… cógelo- extendió una cuerda frente a los ojos del chico, mostrándole un resplandor esmeralda bastante familiar.- Él me pidió que te lo entregara- dejó en sus manos el collar,uno que una vez le perteneció al estrambótico joven que gritaba a los cuatro vientos que sería el mejor Hokage de la historia.

Sorprendido por el gesto, Sasuke tomó la joya con delicadeza, como si en cualquier momento se fuera a romper. La acarició, recordando en su frío tacto esa última vez que estuvo con Naruto y su piel estaba igual de fría.

-Naruto…

 

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<Los girasoles... se parecen tanto a ti>

Sasuke ahora se sentía liberado, el recuerdo de Naruto no le traía dolor, sino nostalgia. Quería recordarlo, quería seguir amándolo y por eso siempre mantenía vivo los girasoles. En su jardín, tenía un mar de pequeños soles que lo saludaban todas las mañanas, al igual que él.

<Me acuerdo de tu sonrisa>

Naruto apareció entre ellos, sonriendo ampliamente como solía hacer, corrió dentro del campo mientras hacía ademanes a Sasuke para que jugara con él. El viento movió las flores nuevamente y el espejismo de Naruto se volvió un eclipse turbio, dejando solo un dorado resplandor.

<Sólo de tu sonrisa>

Sasuke rezagó sus pupilas, enfocando mejor en la dirección por la que la silueta de Naruto había aparecido. No podía ver su cuerpo, no podía ver su rostro, no podía ver sus ojos, solo su silueta. Irremediablemente, lloró, porque quería pensar en cómo era su rostro y en cómo eran sus ojos, o como se sentía su piel… Pero no podía recordarlo, y le dolía.

<Dobe...>

Un hilo escarlata descendió por su barbilla cuando se laceró el labio. Se había mordido tan fuerte y sin embargo no le dolía. Más dolor le causaba no poder recordar el rostro de la persona que amo desde siempre. Y de pronto la turbia imagen de un niño sin familia sentado en un columpio sin dueño, invadió su mente. Una versión más joven de sí mismo lo abrazaba para brindarle amor, pero no podía ver sus rostros. Tan frustrante.

<...te amo>

 

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Sasuke sentía que los pulmones se estaban derritiendo dentro de su caja torácica, su corazón había estallado y que sus pasos no llegarían a su destino. Le dolía todo el cuerpo, no podía respirar y la sangre seguía brotando, incapacitándolo para seguir en pie. Inevitablemente calló al suelo, jadeando por el dolor y el escozor en todas sus heridas.

-Naruto…

La luz del cielo le quemaba la córnea y ya no podía sentir ninguna de sus extremidades, pero se sentía bien, satisfecho de al menos haber llegado a ese lugar. El césped, tan verde y tan fresco como indicaba el comienzo del verano, estaba comenzando a mancharse con una espesa nube escarlata. La sangre de Sasuke lo estaba inundando todo rápidamente, sin ninguna intención de detener su recorrido por el suelo.

-Hermoso…- fue lo que apenas logró gesticular. El campo de girasoles se balanceaba en rítmicas ondas sobre él, mostrándole un mágico espectáculo de mini soles que brillaban con luz propia. Sonrió, satisfecho de poder verlo ahora, por fin- Na…ruto- dijo apenas, tosiendo un poco de la sangre que se le había acumulado en la garganta.- Ahora estoy bien… Ya he vivido suficiente… en un mundo… donde tú no estás.

El viento meció más fuerte las doradas flores, sacudiéndolas y agitándolas sin ninguna benevolencia. Pequeños y áureos pétalos cayeron revoloteando en el lugar, desmoronándose sobre el ensangrentado cuerpo de Sasuke.

-¿Qué es esto?- Sasuke los tocó, sintiendo una fríacaricia en cada uno de ellos, pero a la vez cálida, acogedora- no llores…, por favor- un angustiado Naruto apareció entre los frágiles pétalos, sus lágrimas derramándose de manera amarga, fundiéndose con dichas hojas doradas. Sasuke levantó su mano, débil, tambaleante, pero lo alcanzó. Acarició la sonrojada mejilla bañada de lágrimas- sonríe, Naruto.

No sonrió.

Sasuke sí lo hizo, sacando a la luz una amplia sonrisa de satisfacción. Ya no estaría sólo otra vez, al fin lo vería de nuevo.

-Finalmente iré… al lugar donde tú estás…

Su mano calló vacía, inerte sobre el lecho de hierba, antes verde, ahora rojiza. Nuevamente, el viento meció los girasoles, llevándose las lágrimas de Naruto junto con la vida de Uchiha Sasuke.

<<Naruto…>>

 

Fin.

Notas finales:

Ok, esto es bien raro. Escribo algo para animar a una amiga y termino llorando como magdalena. Si esa he sido yo, que además fui quién lo escribió, qué será de los lectores?

Perdóname Dulce, debí escribirte una comedia o algo así para levantarte el ánimo,esto fue lo que salió al final, lo siento.

Para aclarar: La historia comienza con Sasuke viendo el campo de girasoles que él mismo construyó para poder recordar a Naruto. Prometió cuidarlo y velar porque creciera porque era como estar cerca de él. Ese mismo día tenía que ir a una misión peligrosa dónde sabía que iba a perder la vida, pero antes de hacerlo quería despedirse. Besa la flor y deja el collar, entonces se pone a recordar cómo fue que todo pasó.

Todo está fragmentado entre los pensamientos de Sasuke y flash back’s del pasado. Primero, Naruto estaba en el hospital, herido de alguna misión. No sé si recordarán que en la serie dijeron que mientras más se regeneraba las heridas a causa de Kyuubi, más se consumiría su vida.

Esto es una demostración de lo que pudo haber pasado en el canon. Naruto estaba perdiendo el control de Kyuubi y no quería lastimar a nadie, además de que su cuerpo cada vez estaba más débil. Prefirió extinguir su vida con sus propias manos, pero antes de eso, quiso pasar un día en compañía de Sasuke, para poder despedirse de él.

Cuando Sasuke despierta y lo encuentra… muerto. Pues recuerda esa conversación que sale resaltada, una en la que le dice a Naruto que es cálido. Y Bueno, ya no lo era, ya que por perecer, su piel se había vuelto fría.

La escena cambia a lo que sucede después. Una Tsunade intentando animarlo y además le deja el collar por petición de Naruto, ahí ella tiene un recuerdo del momento en que Naruto le revela su decisión y pide perdón por no poder cumplir su sueño.

Después de eso pues, es el final. Un Sasuke dolido porque no recuerda el rostro de Naruto, sin embargo los girasoles han evitado que olvide (al menos) su sonrisa. Saltamos para un tiempo en el futuro y es Sasuke regresando de la peligrosa misión, sucumbiendo ante las heridas que recibió en ésta. Es capaz de ver el rostro de Naruto en los girasoles, está llorando porque él está muriendo y sin embargo le pide que sonría, que pronto se reunirá con él.

Tal vez toda esta explicación fue innecesaria (nadie lee las notas ¬¬), pero pensé que al estar escrito por fragmentos y muchos recuerdos, podían haberlo sentido un poco confuso (demasiado ¬¬).

El lemon, pues… no sé qué decir. Pude haberlo hecho mucho más… como los que suelo escribir, ustedes saben.Pero sentí que era innecesario. Sería como corromper la obra. Como dicen por ahí, una historia no necesita del lemon para ser una buena historia.

En serio que he llorado mientras lo escribía, mi padre me ha mirado raro un promedio de, ¿qué? 237 veces? HASTA MOQUEABA!! Eso fue bien humillante, ciertamente me afectó.

Espero que les haya gustado, porque a mí, a pesar de todo el llanto, me ha ancantao.

Me gustaría saber qué les pareció, déjenme sus comentarios y… ¡¡Ole!! Que el curro me espera!

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