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Veneno y antídoto

Autor: LadyBondage

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Notas del fanfic:

Está historia es larga, algo así como 30 capitulos. Es mucho romance y drama.

 

Advertencias: Mpreg, romance, drama, angst, violencia de lenguaje, parafilias, fantasía épica.

Un chico abandonado

[1]

 

Las mozas acomodaban sus vaporosas ropas ayudándole a ponerse de pie debido a la tela meticulosa que entorpecía sus pasos. Naruto en todo momento se mostró amable y dejaba una sonrisa cálida a las jóvenes sirvientas que le auxiliaban con el largo velo que caía detrás de su cabeza y cubría parte de su rostro.

 

Con torpeza propia de su edad, caminó el estrecho pasillo cubierto de ladrillo cenizo, los candelabros apostados en cada pared alumbraban tenuemente cada paso que él daba, alzó la tela de la ropa para no pisarla con los pies envueltos en sandalias de cuero. No podía escuchar el barullo que se ofrecía allá afuera, sólo el rumor del viento golpeando las ventanas era el único sonido que lo acompañaba.

 

Hoy era un día sumamente especial, contraería nupcias con su prometido de toda la vida: Itachi Uchiha. Un hombre al que conocía de nada pero que amaba desde la distancia, las pocas cartas que le envió durante su confinamiento de quince días antes de la boda era una primicia del cortejo, e Itachi lo hizo maravillosamente envolviéndolo en palabras de amor que nunca antes alguien le había proferido, y adjuntando en cada carta un pequeño lirio que aromatizaba el papel.

 

Itachi había declarado aquella flor como suya.

 

Decir que estaba rebosante de felicidad era poco, ya quería conocer a Itachi y jurarle amor eterno frente a los dioses.

 

Una pincelada de bronce apareció frente a él, la puerta se abrió de par en par avisando del brío que se vivía en todo el templo, familias nobles de los lugares más lejanos reunidos para ver con sus propios ojos una de las bodas más esperadas en todo el reino de Fuego.

 

El hijo del rey, Minato Namikaze contraería nupcias con el príncipe de la reino de Hielo: Itachi Uchiha. El primogénito de Fugaku Uchiha y la difunta cortesana Mikoto Uchiha.

 

Toda la corte real se puso de pie cuando Naruto entró. Los trovadores comenzaron a entonar la melodía de las marchas nupciales. Las damas de abolengo admiraban la preciosa vestimenta del único hijo nacido con la condición de creador avanzando a paso corto para no pisar la tela fina.

 

Naruto no podía contener su emoción, una sonrisa discreta se asoma bajo el velo, en el altar de piedra graniza blanca e impoluta se encontraba su padre, y él padre del que suponía seria su marido.

 

Pero no divisó la presencia de Itachi, los dos hombres lo miraban a él pero le faltaba su prometido.

 

El sacerdote mira con preocupación al rey y al Uchiha. Naruto sube las tres escalinatas al altar con ayuda de su padre, bajo el velo sus ojos azules buscan respuestas.

 

— ¿Dónde está Lord Uchiha? —Minato bisbisea en voz baja, Fugaku que vestía el elegante atuendo de los Uchiha: capa negra de ribetes rojos, botas altas de cuero, camisa blanca y pantalones del color de la capa miraba cada recoveco del templo como si buscara a alguien.

—No debe de tardar, mi señor. —dice en un quedo susurro. Minato, intranquilo lo mira con sus ojos centelleando en una furia sorda.

—Él debía estar aquí desde hace más de una hora.

 

Naruto no tenía idea del tiempo que su prometido yacía perdido. La preocupación comenzaba a reverberar en su interior.

 

— ¿Algo anda mal, padre? —Naruto pregunta con su vocecita de pajarito. Minato retira el contacto visual ejercido sobre el Uchiha para dirigir sus globos oculares a su único hijo.

—Para nada hijo, tranquilízate. Itachi llegará en unos momentos.

 

Pero él nunca llegó.

 

 

[2]

 

Fue así como el príncipe Naruto Namikaze quedó en terrible vergüenza frente a todo su pueblo y los demás príncipes de otros reinados. Lo habían abandonado frente al altar, Itachi dejó una carta para su padre con una disculpa simplona acerca del amor verdadero y más basura. Huyó con su escudero, Deidara Uzumaki, su primo.

 

Por si fuera poco, cada murmullo se esparció como pólvora por aquellos que no habían asistido a la boda. Prontamente volvieron a llover galantes peticiones de mano a las que Minato rechazaba con una fina línea en su boca y dureza en su mirada.

 

—Naruto tiene la edad propicia para contraer matrimonio, Minato. Debe superar su amargo rechazo, el Uchiha tarde o temprano se arrepentirá por haberlo abandonado, ahora debe dejar de llorar y pensar en su futuro, nuestro futuro. —Tsunade se lleva las manos a la cintura, tiene una mirada testaruda y una boca llena de verdad.

 

Minato sabe que tiene que dar a su hijo el trono, pero con su condición de creador le es imposible ya que pertenece a una raza inferior por tener la capacidad de engendrar vida en su vientre, es por eso que había buscado con tanto ahínco un varón a su altura, para que el reino de Fuego no cayera en malas manos.

 

Los Uchiha siempre son una buena opción; inteligentes, aguerridos, con tierras fértiles y apuestos.

 

Madara y Fugaku lo convencieron hace dieciocho años para comprometerlo con el hijo varón de Fugaku, Minato no se lo pensó mucho aquella vez.

 

—No voy a casar a  mi hijo en la condición en la que está. Itachi le hizo mucho daño. —Minato refuta con su decisión amarrada en cada silaba.

 

La reina madre se acerca a su hijo a paso concienzudo, no conseguirá nada peleando con Minato cuando más sensible se encuentra. Ella entiende el dolor por el que debe estar pasando su nieto, ella misma tuvo que confinarlo a una habitación y dormirlo porque el menor había tomado ataques de ansiedad terribles, además de su mala alimentación.

 

Dos meses pasaron desde aquel acontecimiento y ya estaba desesperada porque su nieto concibiera. La amenaza de otros reinos sobre ellos se cernía cada vez más. Sin olvidar a Orochimaru, el viejo rey del reino de los Mares que ansiaba con hincarle el diente a Naruto.

 

—Hijo, a mí también me ha dolido lo que Itachi le hizo a Naruto. Pero lo hago por diplomacia, nosotros somos un reinado fuerte, pero no tenemos más descendencia que Naruto. —ella posa sus manos sobre los hombros masculinos repartiendo caricias suaves.

—Naruto estaba profundamente enamorado de Itachi, una vieja ilusión que yo le cree cuando niño. —rie el Namikaze con la voz ronca.

—No podemos sentarnos a llorar, es cierto que el Uchiha mayor le falló a mi amado nieto pero nunca es tarde para redimir errores.

 

Minato gira la cabeza para encontrarse nuevamente con los bonitos ojos ambarinos de su madre.

 

— ¿A qué te refieres? —Tsunade le sonríe ampliamente como una niña traviesa.

—Madara está muy apenado contigo por lo que aconteció, así que nos ha dado a cambio al otro hijo varón de Fugaku: Sasuke Uchiha.

 

Minato se pone de pie tambaleante por lo que ha escuchado.

 

No puede ser ese rufián, el menor de los Uchiha y el más temido por los siete mares, un hombre de armas tomar.

 

—Es un bárbaro, no voy a comprometer a Naruto con una bestia como esa. —emite indignado.

—Pertenece a la nobleza tanto como nosotros, sé que es un chico duro y que quizá un hueso como él sea difícil de romper pero necesitamos alianzas y ellos necesitan herederos, ya que Naruto es de los pocos creadores que hay en el mundo, además es muy hermoso, inteligente y capaz de tener a dignos herederos de los Uchiha.

—No madre, es mi última respuesta. Sasuke Uchiha es peor que Itachi; mujeriego, despilfarrador, y un hombre que ha navegado desde que tiene edad para poder mandar sobre alguien. Un hombre como él no está acostumbrado a la vida monótona que lleva mi hijo.

—Pues se acostumbrarán el uno al otro, porque ya los comprometí. No puedes replicarme, soy la reina madre, tengo poder por encima de ti, Sasuke es mi mejor opción.

 

 

 

Apéndice

 

Creadores: Son seres del género masculino capaces de crear vida en sus vientres. En la antigüedad se les consideraba bestias y se les asesinaba cruelmente, después de muchos años llegaron a optar posiciones aristocráticas cuando un creador dio hijos al rey del reino de Hielo. A partir de entonces se les considera algo sagrado, poseen una belleza arrebatadora, la mayor parte de los varones anhela casarse con un creador y no con una mujer por los dones que estos poseen. Sin embargo, son pocos los que existen.

 

 

 

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