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LA LUZ DE MI OSCURIDAD

Autor: Archa Rose

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Notas del fanfic:

Este es mi primer fic, espero que le den una oportunidad y lo lean

Notas del capitulo:

Seiya ha sido sanado de su herida pero su cosmo no es el mismo y decide buscar respuestas.

Los personajes no me pertenecen, solo los he tomado prestados para este proyecto.

 

Había pasado algún tiempo desde que se había restablecido la paz y revivido a todos aquellos que habían muerto durante la guerra santa, sin importar al ejército que pertenecían, todo con la condición que nadie intentaría volver a usurpar el reino del otro, ni mucho menos pretender gobernar la Tierra, la hija favorita de Zeus fue enfática en ese punto, además de invitar tanto a Poseidón como a Hades a interactuar más con los mortales.

 

Hades además tuvo que curar la herida, provocada por su espada al caballero de Pegaso, quien ahora andaba en amoríos con la diosa Atena, paseándose de la mano desde el Olimpo hasta la tierra presumiendo su amor, provocando la ira del dios del Inframundo, que para sus adentros juró vengarse de esa maldita diosa que, a través del espacio y el tiempo, le había causado tanto mal y le había originado la peor herida de todas.   Hades tenía una herida muy profunda en su corazón que guardaba en el silencio y las sombras del inframundo, no la causo ninguna espada, fue hecha por el dolor de perder a su amor verdadero y la única culpable había sido aquella berrinchuda diosa.

 

Sin embargo, el cosmos de Seiya no podía elevarse como antes, provocando gran frustración en él, aunque Atena no creía que fuera importante saber el motivo de su débil cosmos, ahora que estaban en tiempos de paz, y gozaban de la plena protección del Olimpo.  El Pegaso ahora era su más fiel acompañante, su novio, al que el mismo Zeus le había dado su bendición para que ningún otro dios reclamase por el romance de una diosa y un simple mortal, pero para él cada día que pasaba se sentía peor, solo era un simple adorno para la diosa que se jactaba de tener el más acérrimo ejercito a su mando.   Mientras daba por hecho que su cosmos iba disminuyendo día con día hasta casi ser como cualquier otro mortal, por eso, antes de perderlo por completo, buscaría respuestas, pero no en el Olimpo, ya ahí había preguntado sin que nadie se sintiera interesado en ayudarle, es más, era ignorado por las deidades que lo veía como alguien insignificante, a pesar de ser el novio de una importante diosa, la misma que hacía caso omiso a la tristeza y dolor de aquel valiente caballero. 

 

Pasó un día de tantos, uno de esos en que Atena se pavoneaba en su vestido blanco, largo, inmaculado, para subir al Olimpo y tratar esos aburridos temas por horas, mientras Seiya a duras penas se podía poner en pie, sintiéndose tan miserable tomó una decisión, vería a su más grande enemigo, aquel que le había herido pero que también lo había curado, talvez ahí encontraría las respuestas que tanto había buscado y que cuanto más tiempo pasaba más se iba frustrando y muriendo.

 

No fue fácil, después de mucho pedírselo Death Mask accedió a enviarlo al inframundo, pero bajo su propio riesgo y con el firme secreto que nunca revelaría como lo ayudaron, aquel caballero dorado, sin embargo, lo había hecho por compasión, ya por todos los pasillos del santuario se decía de la “enfermedad” que ahora padecía el Pegaso y lo que más indignados los tenía era que su propia diosa simplemente no atendía a su fiel guerrero y novio como se debía.  Death Mask lo vio partir y sintió que algo se le oprimía en el corazón, esperando que en aquel mundo de sombras encontrara respuestas.

 

Del otro lado, entre las más profundas sombras y abismos, Hades fue paciente… sabía que pasaría en algún momento, por eso no le extrañó cuando anunciaron que habían encontrado al Pegaso cerca del río Aqueronte, desde hacía tiempo había dado órdenes a sus espectros, ante la invasión de cualquier guerrero de otro reino, lo escoltaran de la mejor manera hasta Giudecca, donde él personalmente lo atendería.

Sin embargo, cuando escuchó aquel nombre que hacía eco en su cabeza, se contuvo, tenía muy claro que estarían frente a frente, deseaba volver a verlo arrastrándose a sus pies, pero nadie debía estar presente, esto era algo muy personal… una cuenta pendiente, pero ahora la vida de aquel adolescente estaría totalmente en sus manos.

 

Dio órdenes que llevaran al Pegaso hasta el salón principal, él llegaría después, a pesar de ser un dios también necesitaba unos momentos para pensar su siguiente paso, cuando por fin llegó al salón, a como pudo Seiya hizo una respetuosa reverencia, a lo que Hades extendió su mano, pero sin inmutar su rostro, provocando confusión en los pensamientos del caballero de Atena, pero para no ser irrespetuoso tomó la mano del dios quien lo ayudó a ponerse en pie, sujetando con fuerza su mano.

 

Aquel joven estaba muy desmejorado, sus ojos habían perdido su brillo infantil, ahora denotaban angustia y tristeza, y saltaba a la vista que, con mucha dificultad, había llegado hasta aquel lugar.  Al verlo a los ojos el dios pudo sentir que el valeroso guerrero había perdido casi la totalidad de su cosmos y muy pronto sería un simple mortal más en la Tierra que tanto había defendido junto a su diosa.  Hades al verlo en aquel estado lo sujetó fuertemente por la cintura para guiarlo a través de un pasillo de gruesas paredes de piedra, ante el temor que en cualquier momento aquel maltrecho cuerpo fuera a dar contra el áspero suelo.

 

El que no entendía aquella actitud era el Pegaso…  ¿Cómo?, el mismo dios que había intentado acabar con la tierra y le había herido, ahora lo sujetaba fuertemente para que no callera, sintiéndose por demás insignificante al ver la abismal diferencia de estatura y de cuerpo, Seiya no sabía ni que pensar o estaba ya tan muerto que simplemente era conducido hasta su última morada.  Para alivio del mortal llegaron hasta una sala de claras paredes que contrastaban con antiguas pinturas de otros dioses, una hermosa y grande lámpara en tonos ahumados colgaba en medio de la sala; aquel lugar se sentía muy frio, aunque tenía un agradable olor como si inciensos muy finos hubiesen sido quemados ahí y su olor hubiere quedado impregnado hasta en las cortinas negras que cubrían grandes ventanales, había también unos finísimos muebles que parecían muy antiguos, sin duda pudieron haber sido parte de algún glorioso rey del pasado, un diván en color rojo sangre sirvió para acostar el cansado cuerpo del menor ayudado siempre por el dios de lo muerto, aprovechando el momento y armándose de todo valor, lo miró a los ojos, aquellos ojos celeste tan claros que le era imposible no perderse en ellos, y ahí… perdido en aquellas hermosas pupilas hipnóticas y profundas le pidió ayuda.

 

_ Aun no puedo ayudarte, verás _ le decía muy serio Hades que estaba a su lado sentado en una silla que hacía juego con el sillón _ Cuando no quede nada de tu cosmos, enfermarás de gravedad y en 30 días estarás aquí nuevamente, pero en otra condición _ sentenciaba el dios ante la cara de espanto del Pegaso _. Ahora _ siguió hablando el dios en su mismo tono tranquilo _ Si deseas mi ayuda podré hacerlo, pero, poco antes de que mueras, en ti está aceptar el trato.   Ahora tendrás 30 días para conocer bien cuanto le importas a tu diosa, piénsalo, pero por si quieres mi ayuda al final, ocuparé ese poco de cosmos que de todas maneras te abandonará al final del día _ Hades sacó de entre su túnica un rubí y lo acercó al caballero, quedando guardado en esa joya el poco cosmos que aún poseía Seiya, antes de caer desmayado en aquel cómodo diván, olvidando hasta donde se encontraba.

 

El dios se tomó su tiempo para contemplar aquel pequeño que ahora era incapaz de herirle, ahí en sus dominios, tan vulnerable que podía ejecutar su venganza en ese momento, pero no era así como tantas veces la había visualizado a través de tantos siglos … esperar un poco más ya era algo insignificante, su plan pronto se echaría a andar y ni la misma Atena ni el gran Zeus lo verían venir, tomó al pequeño entre sus brazos y llamo a su espectro más fiel, encargándoselo para que lo regresara a su morada.

 

Cuando despertó nuevamente, se encontraba en aquella antigua y austera habitación de piedra en la casa de Sagitario, para ese entonces el adolescente se sentía muy mal, a su lado estaban sus amigos de bronce, sus compañeros de luchas, y tras ellos los caballeros dorados y hasta el Patriarca, pero no vio por ningún lado a su amada diosa, sumiéndose en una profunda tristeza.  Poco a poco los días se volvieron monótonos para él, a lo largo del día podía ver los distintos rostros de aquellos que lo estimaban, y a su cabecera estaba Shun, la mayor parte de la jornada.  Mü le dio cuanto remedio conocía, y junto a Shaka y Camus leyeron cada libro que existía en la gran biblioteca del santuario buscando alguna cura, pero las palabras de Atena resonaban en sus cabezas, aquella diosa se los había dicho el día en que fueron a avisarle que su fiel enamorado había caído en cama y era incapaz de ponerse en pie, ella no iba a llamar ningún doctor porque de todas maneras estaba sentenciado a morir, aquellas crueles palabras habían herido a los caballeros y por primera vez dudaron de sus capacidades, pero cumpliendo sus órdenes todos volvieron a sus labores.  Cuando estaban libres de sus deberes uno a uno, cada noche, visitaba la casa de Sagitario encontrando cada vez más desmejorado a su amigo. 

Todo aquel que se dignara de llamarse caballero, o aspirara a ser uno, había visitado al enfermo, de igual manera iba creciendo el malestar ante el actuar de la diosa, simplemente para ella, aquel caballero ya había perdido toda utilidad, ahora era un despojo humano que esperaba la muerte.

 

Así pasaron 29 días, al caer la noche de ese día Seiya ya no comía nada y apenas, por pocos minutos, abría los ojos, Shun solía de vez en cuando humedecer sus labios con una toalla, mientras de sus ojos no dejaban de verter lágrimas, la fiebre de su amigo cada vez iba más en aumento y aun Atena no se había dignado a venir y ver a aquel enfermo caballero, Mü y Shaka estaban haciéndole un cambio de toallas al enfermo, una medida que habían tomado para tratar de bajar la fiebre era humedecer las toallas y cubrir aquel enflaquecido cuerpo con ellas, cuando repentinamente un pesado sueño cayó sobre ellos, incapaces de mantenerse en pie, quedaron dormidos mientras eran recibidos por el duro y áspero suelo. 

 

Con la complicidad de la oscuridad de la noche, emergieron en aquella habitación tres seres con capuchas negras que les cubría completamente sus cuerpos, Shun estaba más que asustado ante aquellos seres, pero al ver que, el que venía de primero descubrió su cabeza, él sonrió agradecido, apartándose del enfermo para darle más espacio a los recién llegados.

 

_ Has hecho un buen trabajo al cuidarlo _ le dijo aquel ser tomando a Shun por los hombros _ quiero que te quedes en la puerta vigilando, si alguien viene, sabrás que decir _ Shun solo asintió con la cabeza y saliendo de la habitación cerró la puerta _ entonces el visitante tomó la mano del Pegaso para que despertara _ Aquí estoy, he cumplido mi palabra, ahora puedo ayudarte. 

_ Ahora que estoy muriendo…. _ contestó un moribundo caballero de Pegaso.

_ Esta es mi oferta _ dicho esto acercó su boca al oído del joven.

Débilmente los presentes escucharon un sí, descubrieron sus cabezas los otros dos seres que eran Thanatos e Hypnos acercándose al lecho, Hades se levantó y puso una extraña joya sobre la frente del muchacho, dijo unas palabras en un idioma desconocido, para después ser secundado por sus acompañantes, al cabo de unos minutos, Hades llamó a Shun, al entrar el caballero de Andrómeda notó que los otros dos seres no estaban y que Seiya ahora dormía pacíficamente, ya no veía el sufrimiento en el rostro.

_ Morirá a primera hora del día 30, toma esto pequeño _ extendiendo su mano le dio al joven Andrómeda una joya de color rojo como la sangre _ Esto te protegerá, pero no lo enseñes, sabes lo que tienes que hacer ahora _ le dio un beso en la frente a Shun y se desvaneció mientras caminaba hacia la oscuridad de la noche.

 

Después de un rato Andrómeda tocó la frente de Seiya, notando que ya nada más se podía hacer, se tiró al duro suelo y se hizo el dormido, cuando Mü y Shaka fueron despertando de su pesado sueño, no recordaban nada, suponiendo que se habían quedado dormidos por tantos días velando a Seiya, Shaka despertó a Shun y tocó la frente del enfermo, todo él ahora estaba frío, Mü se abalanzó sobre aquel pequeño cuerpo ya inerte a comprobar lo que ya los otros daban por hecho, a primera hora de aquel nuevo día Seiya de Pegaso había muerto.

 

Shun salió de la habitación y cayó al suelo llorando por su amigo, cerca de ahí un grupo de caballeros dorados, que esperaban para ir a verlo, pero a solicitud de Shun esperaban en una sala, se acercaron…. Aioros no preguntó nada, simplemente entró en la habitación y ahí comprendió las lágrimas inconsolables de Shun… uno a uno fueron entrando, mientras afuera Ikki trataba inútilmente de calmar el llanto de su hermano menor.  Fue hasta el amanecer que Atena se acercó a la casa de Sagitario, su rostro no denotaba ningún sentimiento de tristeza, tan solo un vestido negro y largo en señal de luto, reunió a los presentes y dispuso como sería el ritual de despedida sentenciando que Seiya no sería sepultado en aquel lugar, su última morada sería en el Olimpo.

 

Vistieron al caballero con una túnica blanca, un cinto dorado ajusto su cintura y una corona de Olivo, por ser el héroe de tantas guerras, fue puesta en su frente, luego aquel cuerpo fue colocado en una gran piedra rectangular dispuesta para su despedida, en medio del coliseo, ahí todo habitante del Santuario pasó a rendir su tributo al valeros caballero que ahora se hallaba inerte ante los ojos de los presentes muchos de ellos estaban inconsolables ante la pérdida de su amigo, su hermano, su compañero, su pupilo, sin embargo parecía que Atena tenía prisa para que el cuerpo fuera enviado al Olimpo puesto que al caer la tarde el mismísimo Zeus, acompañado por Apolo, Artemisa y Hera, junto a su guardia real tomaron el cuerpo del Pegaso y regresaron al Olimpo donde ya se había dispuesto de un mausoleo para el eterno descanso de Seiya. 

Cuando todo terminó Atena reunió al santuario y les explicó la situación, al ser el caballero Pegaso un valiente guerrero y fiel a su orden, Zeus le concedió conservar su cuerpo en el Olimpo en una urna de cristal donde ella lo podía ver cuántas veces quisiera, cuerpo y alma juntos para la eternidad, aquel caballero no podría volver a reencarnar y por tanto la armadura de Pegaso quedaría confinada en su templo donde ningún otro caballero la podrí volver a portar, después de esto ordenó que se retiraran. 

 

Ninguno de los caballeros lo podía creer, no tendrían una lápida donde llorar por su amigo, ni un lugar donde llegar a hablarle o simplemente dejar algún recuerdo… nada, solo ella en el Olimpo lo podría ver egoístamente cuantas veces quisiera, creando aún más un malestar entre la población del santuario.

 

Pasando el tiempo y aunque todos en el Santuario volvieron a sus labores cotidianas, de una u otra manera recordaban con tristeza a su compañero de armas, amigo, hermano…  Si para los caballeros dorados les fue difícil superar su muerte, peor aún fue para los caballeros legendarios, fue un muy duro golpe para ellos al punto que uno a uno fueron pidiendo permiso para tomarse un tiempo de descanso, a lo que Atena se los concedió hasta ella misma dejó a Shion a cargo del Santuario para pasar tiempo en Japón y ver asuntos de sus empresas que requerían su presencia.  Sin embargo, no iba sola, por lo general se hacía acompañar de Milo de Escorpión y de Aioria de Leo.  Como era de esperarse Shiryu se fue a China, Hyoga a Siberia y Shun restablecería la isla de Andrómeda para que su amiga June tuviese su hogar de regreso, e Ikki que como siempre, tomó un rumbo desconocido.

 

Notas finales:

pronto subire otro capitulo espero de verdad les guste

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