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¿Hero? por MiRoApril

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Llevar la vida de un vampiro no era tan simple como todo el mundo creía. Aunque claro, los humanos habían sido engañados con miles de estereotipos creados en libros, películas, que ya no habían más temas de los cuales los mismos humanos podían inventar, todo lo contrario, la creatividad  se les estaba terminando, al menos eso le mantenía feliz, algo que al chupasangre que era le mantuviera feliz.  Si, algo, pues la felicidad para un muerto como él, ya no existía. La vida perdió todo sentido con el pasar el tiempo, trecientos años habían pasado, tres siglos completamente diferentes que le llevaron a ser el vástago que era. Sin sentimientos, sin expresiones, pero no por ello, menos fuerte.  

 

Hero, como todo el mundo le conocía. JaeJoong era un nombre que no solía utilizar desde que se convirtió en el líder del clan vampiro. Lo gracioso era aquel sobrenombre que había tomado, como si se tratase de un héroe, que de héroe, no tenia nada. Era un vampiro, ¿Qué podía hacer?, ¿Alimentarse de animales?, como si esa sangre le saciara por completo, si los humanos creían que los vampiros podían vivir de sangre animal, estaban por completo equivocados. Pero no tenía otra opción, estaba bajo el mando de una híbrida más poderosa que él, no tenía oportunidad de ir en su contra, además, solo agradecía que esta fuera la razón de que las criaturas como él siguieran vivas.

 

—¿Eso es todo?.—Dijo a la mujer frente a él.

 

—Lo és. Puedes retirarte. Recuerda que debes ir a las clases, no faltes otra vez JaeJoong. No puedes elegir un humano porque si, debes tener en cuenta lo que te pido.—

 

—Lo sé. Haré el intento de ir, no prometo nada.—

 

Llevo las gafas oscuras a sus ojos dorados, como una máscara ocultando su verdadero ser, una acción ya repetitiva luego de trabajar cien años para esa mujer. Era un maestro de humanos, ¿Cómo podía soportar el aroma de la dulce sangre de todos ellos en un salón?, era claro que no lo hacía, aquella era una de todas las razones por la cual evitaba realizar clases a los estudiantes; de todos modos, no era algo que les afectará a futuro, serían comida o transformados en criaturas.

 

Habían pasado unos años desde la restauración de las clases, para él nada más años, en realidad eran justamente cien años desde lo ocurrido. La extinción se vio casi frente a sus ojos cuando incluso el propio clan de su padre estaba siendo extinto, pero ahí fue cuando llego MinAh, la híbrida más poderosa entre las criaturas, al menos eso creían todos desde la desaparición del consejo de criaturas. Los humanos tenían un presidente, ellos un consejo. Eran dos especies en un mismo mundo, pero su especie estaba oculta.

 

La minoría de criaturas les llevaba a mantenerse ocultos, los humanos eran como hormigas, que por más habilidades que dominara la criatura, ellos en masa serian capaces de acabar con todos ellos. Algo que ni siquiera quería pensar con el odio a los humanos que tenía.

 

Nuevamente iba por los pasillos siendo observado por otros tantos humanos, era demasiado incluso decir que algunos asomaban sus cabezas por las ventanas de los salones. Envidia, admiración, extrañeza. Era todo lo que podía sentir de los humanos, más los pensamientos que podía leer de ellos, como que estos se preguntaban porque jamás enseño sus ojos, planear alguna estrategia para quitarle sus gafas era demasiado, siempre terminaba acabando con sus bromas antes de realizarlas, más los castigos se los ahorraba, era suficiente con verles frustrados por sus propios actos arruinados. Por otra parte, más de mujeres, un gran número de ellas, probablemente todas, bien, no sería exagerado, la gran mayoría… Le admiraban el atractivo. Un maestro joven, misterioso, inexpresivo, parecía volver locas a sus estudiantes, aunque claro, interés en alguna… Sería algo que jamás ocurriría.

 

Termino abriendo la puerta del salón, matemáticas, perfecto. Tener siglos de vida le llevo a graduarse más de una vez en los institutos humanos, profesiones tenía por montones, aunque el alcanzar la madurez a tan temprana edad, tampoco quería decir que era un adolescente, su imagen demostraba ya pasado los 23 años, con una madurez de más que eso pero sin demostrarlo por su forma vampírica, evitaron que ingresara a otros lugares por ser supuestamente “Joven”; de todos modos era un sabelotodo, como todas las criaturas, incluyendo a otros líderes.

 

—Página treinta. Ejercicios terminados en mi escritorio antes de terminar la clase.— Pronunció en una orden ignorando los comentarios de los pensamientos ajenos.

 

Estaba de más decir que los pensamientos coquetos no solo iban por parte de las mujeres, además de eso, hombres se le insinuaban, como si el fuera a darle una oportunidad a un hombre. Ni que fuera gay. Si, tenía facciones femeninas, quizás la piel demasiado fina y delicada, pero no por ser vampiro era pálida, tenía su propio color aunque blanquecina, levemente blanquecina. Por cierto, tampoco brillaba, no era de esos vampiros de aquella película, ¿Cómo era que se llamaba?, en fin, aquella película. Era lo que mas odiaba de un humano, esos estereotipos que le daban a su raza, pero claro, no podía ir en contra del mundo a aclarar todo.

 

Aunque su mirada debía mantenerse en un libro, no fue así, los pensamientos tomaron su atención, no de aquellos en los que le odiaban, o de esas tipas que deseaban acabar todo, tener una mínima duda para acercarse a él. Era un “niño” como le decía a todos los humanos, al final del salón, uno de todos esos estudiantes, aproximadamente treinta de ellos, uno estaba dispuesto a seguir sus órdenes sin otro pensamiento más que números en su cabeza, sin buscar su atención en lo más mínimo.

 

¿Cómo no llamar su atención si este era el primer humano que prácticamente le ignoraba? Gracias a esas gafas oscuras en sus ojos logro enfocar perfectamente su mirada en él. Un tipo moreno, con un cuerpo que claramente no era de un niño. Probablemente por ser de último año, su cuerpo era más desarrollado que otros, era de esperarse de aquellos que estaban por graduarse. De ellos debía buscar un nuevo elegido, otro vampiro por transformar. De todos… Tal parecía que sería el primero en tener su atención.

 

 

Al cabo de hora y media, la mayoría había entregado los ejercicios tal como lo pidió. Menos cinco de ellos, incluyendo al moreno en el último puesto del salón. Pero, este no había movido el lápiz durante una hora, ¿Qué era lo que pretendía?, ¿Qué llamará su atención? ¿Un regaño?. Bien, para ser un humano que llamo su atención, en definitiva le molestaba esa aura desafiante.

 

-Entreguen. No los esperaré más.- Cerró aquel libro del cual tan solo logro leer un par de hojas y se puso de pie a la espera de los informes.

 

— ¿Qué? ¿Ya se acabó la clase?.— Le escucho pronunciar.

 

—Puedes quedarte todo el día si quieres. Yo no.—

 

—Lastima… Me estaba divirtiendo.—

 

¿Divirtiendo? ¿A que estaba jugando ese niño? El primer humano en dejarlo completamente confundido. Su mirada se fijó en el nombre escrito en los papeles, “Yunho Jung” No solo fue la forma en la que este le hablo, sino que el aroma de su sangre cerca era para cometer el pecado más grande bajo los mandos de la directora.

 

Había estado cerca de humanos con sangre dulce, pero jamás cerca de una con un aroma tan delicioso como la sangre del moreno.

 

 

 

 

 

 

 

Revisar todos los informes era una tarea que odiaba realizar, más porque era algo completamente inútil, solo servía para acordarse de los nombres de aquellos humanos, sino, ¿Cómo iría por ellos?. 

 

Ypsilon, era un castillo oculto en lo profundo del bosque, lejos de la academia. Una guarida para sus elegidos, transformados y vampiros iniciados. El cómo su líder se encargaba de todo el trabajo que consistía en el entrenamiento y la transformación de los cuerpos. Igualmente de escoger. Como intentaba hacerlo en aquel momento. Pasaba de un informe a otro, quemando los innecesarios con sus dedos, otra habilidad que los humanos no sabían de los vampiros. Controlaban el fuego a su gusto, aunque también era un arma poderosa en su contra.

 

—Nada. Humanos inútiles.— Se quejó quemando una gran cantidad de papeles hasta volverlos ceniza frente a sus ojos.— Yunho Jung…

 

Un informe completamente aprobado, destacado de los otros humanos. Vamos, no podía ser un humano tan perfecto, y solo lo llevo a esa lista por el aroma de su sangre. No veía a ningún humano más que como una presa, o un vampiro más por transformar. En ese momento Yunho estaba en una de ellas, y claramente no era para ser uno de sus subordinados.

 

 

 

 

 

 

 

Un nuevo salir del sol le impedía mantener esos ojos dorados a la vista de cualquiera, no por tener que asistir una vez más a la academia, sino porque el maldito sol podía acabar con su visión. Los vampiros podían ser tan fuertes como un humano lo esperaba, pero todo tenia su debilidad, en su caso los ojos, sus poderes oculares se verían afectados con la simple luz del sol. Otra vez a utilizar los oscuros cristales para no solo evitar el sol, sino que desviar la atención de los humanos.

 

¿Qué sucedería si alguien más viera aquellos ojos dorados?, no era normal en los humanos ese tipo de ojos, ¿Dorados?, además de eso completamente brillantes que llamaban la atención de cualquiera, claramente lo asociarían a la sobrenaturalidad, podría terminar en un laboratorio donde experimentaran con su cuerpo. Bien. Exageraba, probablemente era por pensar toda la noche en que hacer con su nuevo elegido. Tenía una nueva reunión con la directora y nuevamente no tenía un elegido para ella.

 

—Maestro….—Escucho a su espalda. No necesito oir la voz de la mujer para saber de quien se trataba, la presencia de esta acercarse le dijo todo.

 

—¿Qué quieres, Dambi?.—Respondió con fastidió.

 

—Oh vamos… ¿No se alegra de verme?.—

 

—¿Por qué debería alegrarme?.—

 

—¿Es que a usted no le gustan las mujeres?.—

 

Solo se limito a arquear una ceja, era claro que le gustaban las féminas, como a cualquier hombre. Debía admitir que la mujer frente a él tenia un físico perfecto, atractiva, coqueta, pero odiaba darle en el gusto a los humanos en lo que buscaban, como si todo fuera fácil en la vida para conseguir. No terminaría en una cama por simple satisfacción. Claro, era un  hombre, aunque algunos humanos no lo creyeran, ellos igual, muertos o no, eran unos animales, tenían sus necesidades sexuales tanto como alimenticias, la gran diferencia era que ellos podían vivir sin alimentarse.

 

—¿Qué quieres escuchar de mi?.— Pronunció sin detenerse, provocando que la mujer retrocediera frente a él.

 

—Lo que toda mujer quiere escuchar, ¿No cree?.—

 

—Sabes bien que una relación de maestro y estudiante no está permitida en ningún instituto, ¿No?.—

 

—Eso solo si se enteran…—

 

Bien, la mujer tenia sus puntos, era atractiva. ¿Por qué no jugar un poco más con ella?, si era lo que deseaba.

 

—Si sabes lo que debería decir, reprodúcelo con mi voz en su cabeza.— Fueron sus ultimas palabras antes de subir las escaleras al cuarto piso, uno completamente prohibido para los humanos.

 

No era que dejara de ser un caballero con las damas, era algo que aprendió siglos antes de relacionarse con humanos de ese tipo, pero no era que no volvería a ver a la mujer otra vez. Necesitaba una elegida, transformar un humano en su propia especie. No había escogido por afinidad, ni habilidad, ni nada. Probablemente había elegido por simple calentamiento sexual. Un juguete no le haría mal. Eso pensaba al menos.

 

 

 

 

 

 

Acomodarse en un árbol a descansar en medio del bosque, era uno de sus pasatiempos favoritos. Llevaba años realizando la misma acción cuando tenia tanto que pensar. Elegidos, entrenamiento y… Relamió sus labios como si su boca se encontrará completamente seca; si, comida. 

 

Imposible no pensar en la sangre del maldito humano cuando pensaba en comida. Los animales no eran algo que deseara a esas alturas, tampoco ir a la ciudad por unas cuantas reservas de sangre era una opción. Ya habían noticias de extrañas desapariciones de sangre. Si no fuera por controlar sus propios pensamientos, la híbrida seguramente hace mucho le hubiera descubierto. Pero, ¿Qué tenia de malo? Era un vampiro, necesitaba sangre.

 

—Maldita sea.  Malditas reglas… Maldit…—

 

—Hm.. Yunho..—

 

 

Si bien había hablado en voz alta, tal parecía no ser el centro de atención por todas esas maldiciones. Además estaba seguro de haber escuchado un gemido, femenino. Lo peor… Con el nombre de su deseada presa.  Debía estar loco si pensaba espiar, ya bastante loco le creerían si le veía sobre las ramas de los árboles, por lo que no lo pensó dos veces para ir en un par de saltos hasta la presencia de la pareja. El humano no se quedaba atrás, tenía su atractivo para las mujeres seguramente, sino, ¿Qué haría ahí con.. Dambi?.

 

No sabia si detener la escena, divertirse, molestarse, ¿Es que esa mujer no pensaba en un solo hombre? Y luego decían que los hombres eran quienes pensaban con el pene. Termino rodando sus ojos ante tan ruidosos gemidos. No estaban en un plano completamente sexual, solo se acariciaban, o por lo que veía, la mujer se dejaba a acariciar.  Las manos de Yunho estaban sus glúteos mientras que sus labios en el cuello de esta, si no fuera por tener sus ojos cerrados, Dambi le vería como un espectador ante lo que sería una película de alto contenido sexual, por no decir porno, ya que claramente acabaría con su diversión.

 

Sus ánimos no eran los mejores al ver nuevamente una mujer jugar dos bandos. Ya lo había vivido, un antiguo amor de infancia que… Bien, es una historia completamente diferente que no iba en el contexto de la escena. Se dedicó a jugar con un par de rocas girándolas sobre sus dedos, telequinesis. Lanzó una con un simple movimiento de su dedo contra la espalda del moreno. Pero tal parecía que no fue lo suficiente para deshacer la escena, por lo que lanzo una segunda directamente a su cabeza. Maldito humano.

 

—¡Auch!.. ¿Qué fue eso?.—

 

—Ah!.. Yunho!.—Dambi se quejo al casí caer de los brazos del moreno.

 

—Oh! Lo siento.. Solo sentí.. Ouch..— Y ahí iba una tercera piedra contra la cabeza de Yunho.

 

Poco antes de que este buscará a sus alrededores, Hero desapareció. Solo bajo del árbol para caminar tranquilamente lejos de la pareja. Con esas extrañezas era suficiente para separarlos.

 

—¿Celoso?...—

 

Lo detuvo esa voz a su espalda. ¿Cómo lo encontró? 

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