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De Inocente a Culpable.

Autor: Adri6

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Notas del capitulo:

Los personajes no me pertenecen.


Una ola de crímenes estaba azotando al país, pero sobre todo a la cuidad. Todos eran víctimas de las sangrientas disputas de los clanes, que luchaban por demostrar su poder y tener la fama que se merecían. Eran batallas, en las cuales los mas perjudicados eran los civiles, ya que si estaban en el momento y a la hora equivocada, quedaban atrapados en medio de una batalla campal y por lo consiguiente podian morir en una completa impunidad. La cifra de pérdidas de vidas a diario era tan alta, que el miedo invadió a todos, las familias se vieron en la obligación de solicitar protección al clan más poderoso de todos, la solicitud consistía en ofrecer a un miembro de la familia el cual estaba dispuesto a pasar la noche con alguien del clan, a cambio protección.

La familia Sakuragi ya había perdido a su hija y todo indicaban que pronto perderían a su hijo, por lo que en una reunión familiar, ambos estaban avergonzados y dolidos de tener que pedirle a Hanamichi que se ofreciera al clan a cambio de protección.

El pelirrojo los observo y a pesar de que todo le era extraño, sin duda era lógica dicha petición, todos estaban cansados del miedo que les provocaba salir de casa o que alguien llamara a la puerta, es más, su hermana mayor había sido asesinada en la entrada de la casa a vista y paciencia de los vecinos. Dicho crimen al parecer fue realizado sin motivo alguno, lo cual indicaba que la familia estaba marcada para ser asesinada. Agacho la mirada y sin decir palabra alguna, asintió con la cabeza, se puso de pie de forma dolorosamente lenta, sus pies trataban de llevarlo hasta su cuarto pero el trayecto le pareció tan largo y extenuante que tan siquiera poner un pie en la escalera ya le parecía un suplicio. Cuando llego a su dormitorio en busca de ropa adecuada, sintió como todo era tan irreal y absurdo, así fue que lloro en silencio.



El hijo del líder, siempre observaba quien se ofrecía, lo hacía a diario pero nunca había aceptado a alguien ya que hasta el momento nadie llamaba su atención. No tenía ganas de acostarse con alguien solo por hacerlo, al menos debía gustarle un poco, no, poco no… mucho, debía llamar su atención de forma completa y absoluta.

Asi, fácilmente se presentaban 3 o 4 personas, no existían normas o especificaciones sobre las características de los ofrecidos, podían ser hombres o mujeres, vírgenes o no, podían ser mayores de edad o no, podían ser lindos o no, en fin, se podía ofrecer cualquiera siempre y cuando, estuviera dispuesto a ser tomado de un modo frio y humillante, ya que los miembros del clan, no expresaban afecto ni menos gestos románticos. Era una transacción que favorecía más a los que se ofrecían y no tanto a los que los aceptaban.

Rukawa estaba distraído observando las gotas de lluvia recorrer los enormes ventanas de su habitación, cuando de pronto alguien le aviso que había llegado un ofrecido. Sin decir nada, se encamino hacia allá, era su rutina apreciar como los otros miembros del clan aceptaban a cualquiera con tal de acostarse con cualquiera. Cuando escucho, para su sorpresa, que dos del clan estaban interesados en la misma persona, le pareció extraño, se apresuro en llegar al salón, cuando poso sus ojos en él, era evidente porque el interés de los demás.

Hanamichi levanto la vista y observo derrotado a su posible futuro dueño, todos los hombres le dirigían una mirada que dada miedo. Quería huir pero no podía, “la vida es tan peligrosa que hemos llegado a estos extremos” –pensó mientras apretaba sus puños con fuerza.

“… He venido a ofrecerme… a cambio de protección a mi familia” –dijo casi susurrando, la voz apena podía salir de sus labios, sentía demasiada vergüenza hacer lo que hará.

Antes de que cualquiera hablara, Rukawa fue quien acepto, Hanamichi le dirigió una mirada fugaz.

“Gracias señor” –agacho la cabeza y cerró los ojos, por un momento las lagrimas estaban por rozar sus mejillas— “es… generoso “ –se inclino lo suficiente para evitar que todos le vieran su expresión de dolor.

Hanamichi tenía que ducharse y mientras lo hacía, aplicarse aceites y lociones para la piel, una vez listo, debía esperar acostado sobre la cama con las piernas abiertas. Los ojos de Hanamichi observaban el techo, sabía que no sería capaz de apartar su vista de ese punto por lo que agradecía que en este, no existiera un espejo. Quería tener lo mínimo de contacto con quien quiera que lo tome, quería mantener su mente aparte de lo que le sucederá a su cuerpo... No quería tener recuerdos de esto.

Al escuchar abrir y cerrar la puerta, su corazón le golpeaba el pecho con violencia. Lo insólito era que debía guardar silencio en todo momento, no tenía derecho a reclamar a pesar de que el dolor le sea insoportable o al contrario, el placer fuera de su agrado, debía evitar exteriorizar sentimientos ya que al clan, no les gusta las cursilerías, incluso ellos mismos no expresaban nada, no había más relación que la penetración.

Cuando sintió que su cadera era tomada sin ningún preámbulo, cerró los ojos con fuerza, el dolor invadía a cada célula de su cuerpo, apretó fuertemente la mandíbula para evitar gritar. Esperaba que el tiempo pasase rápido y que además en un futuro, esta pesadilla quede en el pasado y en el olvido. El hombre que se hundía cada vez más en su interior, le estaba robando varias cosas, la principal, su virginidad, ese hombre causaba que Hanamichi se aferraran a la sabana y en un completo desamparo soportara el dolor. “Todo esto vale la pena… debe valerlo” –pensaba con algo de esperanza. Las lágrimas aumentaban en cada embestida, su cuerpo se contraía una y otra vez, causando que apretara los dientes en un intento por resistir las ganas de apartarse de él.



Hanamichi lentamente busco sus prendas, quería llorar pero sus padres le habían aconsejado que resistiera, que no demostrara cual efectado estaba. Cargando su ropa entre sus brazos fue al baño, tomo una ducha rápida para limpiarse la entrepierna en lo que era una mezcla de semen y sangre. Término de vestirse frente al espejo pero no tuvo valor para mirarse, ni menos para dedicarse alguna palabra así mismo, estaba destrozado por dentro y por fuera. El cuerpo le dolía, su entrada le dolía y a pesar de todo, no tenía permitido sufrir en público por aquello. Lo único que quería hacer de ahora en más, era encerrarse en su cuarto y nunca más salir de allí.

Camino de vuelta hacia la recamara y solo por protocolo, se inclino una vez más a modo de agradecimiento por prácticamente haberlo violado. “Que ironía” --pensó Hanamichi.



Al llegar a casa, las únicas palabras que le dijo a sus padres antes de encerrarse en su pieza fue: “está hecho”. Se tomo una pastilla para dormir y así fue como se ausento de la vida, los días pasaron y todo empeoraba, no podía quitarse la sensación de que era ultrajado, tampoco olvidada el aroma de su piel, todo era repulsivo, se sentía tan mal consigo mismo que sintió asco, quería hacerse sufrir a tal punto se suprimir las cosas que le hiciesen sentir bien. Apenas conseguía dormía por las pesadillas y se saltaba las comidas con frecuencia. No salía de su cuarto y evitaba que los demás lo visitaran, se aparto del mundo lo suficiente, para que nadie volviese a posar sus ojos en el.

“Todo acabo” –se repetía tan a menudo que esas palabras cobran un significado nuevo, la idea de morir no le era lejana ni menos imposible, su familia ya estaba protegida, todo estaría bien

Sin que nadie lo advirtiera entro al baño una noche y atentó contra su vida sin éxito, sus padres lograron salvarlo aun cuando la pérdida de sangre era cuantiosa producto de que se cortara las venas de la muñeca, después de unos días en el hospital, regreso a casa. Pero nada cambio en la mente de Hanamichi, tenía que desaparecer solo así el dolor se iría. A la fuerza le obligaban cumplir con las indicaciones medicas: reposo, debía tomar fierro, alimentarse adecuadamente y tratar de tener una mentalidad positiva, fueron los consejos al alta. Lo más gracioso de eso, era tener una mentalidad positiva. “Claro, es tan divertido cuando alguien usa tu cuerpo como si fueses cualquier cosa, es gracioso que te duela y sangres después de hacerlo… es encantador darle las gracias a tu abusador… él no sabe lo que se siente… no entiende… ni se lo imagina” --pensaba Hanamichi mientras las horas pasaban pero pese al cansancio, no quería dormir.



Al día siguiente, la familia Sakuragi se sorprendió al recibir una visita que por ningún motivo querían dejar entrar pero no podían negarse, el Líder Clan no perdonaría tal ofensa, no cuando se trata de su hijo. No tuvieron más opción que invitarlo a pasar. Todo era incomodo y frustante, ambos padres debían guardar silencio obedientemente hasta que el joven Rukawa revelara el motivo de su llegada. 

“¿Les han protegido?” –pregunto friamente

“…” --el señor Sakuragi apretó con fuerza sus puños pero solo contesto lo mas amablemente posible— “si… señor”

“… me he enterado que mi pareja, ha intentado suicidarse” –el brillo de su mirada azulada era deslumbrante y al mismo tiempo algo perturbador

“¿Pareja?” –pregunto la señora Sakuragi con el corazón en la mano

“Ustedes no pueden brindarle todos los cuidados que necesita, por lo que lo llevare conmigo ahora mismo” –se puso de pie y sin rodeos pregunto: “¿Dónde está?”

“¡No puede llevárselo!” –dijo el Sr Sakuragi

“¿Me lo vas a prohibir?” –arqueo una ceja retándolo a que esa actitud no le convenía

“Ha sufrido mucho, debe estar con nosotros” –intervino la Sra. Sakuragi

“Mi pareja debe estar bajo mi cuidado… por lo que les repetiré solo una vez más la pregunta ¿dónde… esta?” –estaba perdiendo la paciencia y el poco buen humor que tenia.

Contradecir al Clan es una sentencia de muerte, muerte para ellos y para su hijo, por lo que con pesar, debieron aceptar la disposición del hijo del Líder, le indicaron donde podía encontrar a Hanamichi. Rukawa subió la escalera y observo la decoración, era sencilla pero cálida, todo era el esfuerzo de una familia clase media. Al llegar a la habitación, empujo la puerta despacio y observo como el pelirrojo estaba acostado bajo la ropa de cama, se acerco a él lentamente, noto que estaba pálido y algo en su expresión le decía que sufría.

“Vine por ti” –susurro tratando de no asustarlo

Hanamichi abrió los ojos con violencia al desconocer aquella voz, y cuando lo observo, no podía creerlo, su pesadilla se hacía realidad, llamo a gritos a sus padres para que se hicieran presente pero pronto entendió que ellos no se involucrarían en esto.

“No… no por favor… déjeme tranquilo” –rogo mientras trataba de esconderse bajo la ropa de cama

“Nos iremos ahora” –se acerco aun mas a la cama y lo destapo

“¡Aléjese de mí! … ¡no me toque!” –lo golpeo en la cara con todas las fuerzas provocando que su labio inferior se rompiera levemente dejando escapar sangre

“¿Qué estás haciendo?” –pregunto Rukawa mirándole con una expresión seria

“….” --Hanamichi comenzó a sollozar del miedo que le provocaba una posible represalia

“Desde que fuiste mío, decidí que seras mi pareja, es por eso que debes venir conmigo” –se limpio rápido la sangre con la mano

“… ¿pareja?... ¿yo?... ¡jamás!, ¡¿me escucha?!” –se altero lo suficiente para que su madre se hiciera presente en la habitación

Hanamichi la veía agradecido, se levanto de la cama y camino hacia ella, quería refugiarse en sus brazos, como lo hacía cuando era pequeño y tenía miedo

“No me agrada que nos interrumpas” –Rukawa la miro de reojo

“Es mi hijo” –lo enfrento

“¿Acaso crees que tienes más derecho que yo sobre él?” –expreso cada palabra con autoridad, tal como su padre hablaba a diario

“Claro que sí, no dejare que nunca más lo toques” –Rukawa al escuchar eso, se acerco a la mujer con una seguridad avasalladora

Hanamichi tuvo la impresión de que ese hombre castigaría la insolencia de su madre, ya que este se movió rápido y decidido. Entonces el tiempo pareció enlentecerse, por lo que tuvo todo el tiempo del mundo para pensar. Después de sufrir toda la humillación y el dolor con el unico fin de proteger a su familia, en especial a su madre, ahora resulta que nuevamente corre peligro. Ella, era sin duda el pilar de su vida… “¿acaso mi sufrimiento puede evitar el de ella?... si es así… soy capaz de ir al infierno con tal de que ella sonría” --pensaba. En ese segundo que Rukawa había levantado la mano con furia, en ese momento su madre estaba aterrada y no era una exqgeración, Hanamichi sintió que proteger a alguien es sin duda, el deber que tenemos con nosotros mismos. 


“No te atrevas a lastimarla” –Hanamichi tomo el brazo a Rukawa

“…” --este le devolvió una mirada fría

“¡Detente!” –utilizo toda su fuerza para impedir un golpe que sin duda le dejara alguna marca en el rostro a su madre.

Hanamichi estaba tan concentrado y enojado al mismo tiempo, que no sintió que su herida se había abierto, dejando escapar la sangre que comenzó a recorrer su antebrazo, Rukawa le miro y rápidamente puso su mano en su muñeca cosa que Hanamichi considero una clara señal de venganza por lo que quiso apartarse de él a toda costa.

“Suéltame” –se quejo el pelirrojo

“Debemos ir al hospital” –se escucho un deje de angustia en su voz

“No iré a ningún lado, menos contigo… suéltame” –continuaba resintiéndose

“¡Debes ver a un doctor!” –le miro con angustia y miedo 

“¿Qué?” –fue entonces que vio la sangre y de pronto todo se volvió oscuro y silencioso



El dolor regresaba a su cuerpo y en especial a su muñeca, por lo que recordó el porque quiso suicidarse, no pudo contener sus lagrimas y no le importo que Rukawa le observara, Hanamichi solo necesitaba llorar para liberar en parte su sufrimiento, fingió que estaba solo y permaneció en silencio, lo evito del mismo modo que se mantenía abstraído del mundo, pero aun así el pelinegro no le dejo solo, seguía en la habitación.

“¿Que hice para merecer esto?” –Susurro después de varias horas – “por dios, te lo ruego déjame en paz”

“Nos iremos apenas te den de alta” –fingió no escucharlo

“¿Por qué?” –cuestiono cansado

“Eres mi pareja” –respondió con seguridad Rukawa

“¡No acepto!” –le miro con odio

“No te puedes negar” –dijo tranquilo

“¡Maldición!” –susurro y una vez más desvió la mirada hacia otro punto

Hanamichi paso el día y la noche sin recibir visitas, ya que su novio así lo dispuso. Al quedarse con él a solas, logro sentirse  más solo que nunca, “Algún día, juro que voy a cobrar todas y cada una de las lagrimas que he derramado desde que te conocí” –juro Hanamichi mientras apretaba con rabia su mandíbula.

“¿Sientes dolor?” –pregunto al ver la mueca de disgusto

“No” –contesto Hanamichi cerrando los ojos con fuerza

“Escúchame… eres la única persona que puede hablarme desafiante e incluso contradecirme, eres el único que puede herirme, pero aun así, no debes poner a prueba mi paciencia… no te conviene”

Sus últimas palabras se escucharon como una amenaza, el pelirrojo sintió aun más odio, estaba decidido a que algún día, Rukawa pagaría caro todo lo que le estaba haciendo.

“Si no me soportas, déjame” –lo miro serio

“No te confundas…” –Rukawa se puso de pie y se acerco a la cama de forma lenta y muy desafiante— “… tú eres quien debe aprender a soportarme”

Notas finales:

Gracias por leer!!

Besos!!

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