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Can You Turn Off Your Phone [VKOOK]

Autor: riakuma_Bv

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      Miraba distraídamente a todas las personas a mi alrededor. Y comencé a sentir pena. Pena por las parejas, por las personas ya adultas, por los niños, por los padres. ¿Cuándo el celular ocupo el %95 de nuestras vidas? Observé a una chica rubia que jugaba con su servilleta ya sucia y, de paso, miraba a su novio esperando recibir también una mirada. Pero no; aquel chico desperdiciaba el momento de poder ver a una mujer hermosa sólo para contestar mensajes.
Luego me fijé en una pareja ya mayor, que miraban a sus dos hijos metido en sus celulares; se notaba que apenas mantenían una conversación familiar que no se tratase de alguna novedad comentada en el Facebook. Me fije, luego de un rato en el que espere que alguno de los dos niños movieran los ojos de aquel aparato -cosa que no hicieron-, en un niño de tal vez cinco años, que trataba de llamar la atención de su madre para pedirle que lo lleve al baño. Me dio pena ver que la mujer estaba también concentrada en su celular.

      Suspire y me fije en cualquier otra persona. Mis ojos chocaron con los de él, un chico con la piel media tostada, pelirrojo, con lentes redondos que se usan mucho por acá y, a pesar de la distancia, los ojos de un hermoso color avellana. Lo mire ''disimuladamente'' -lo que quiere decir que en realidad mis ojos estaban abiertos y mirándolo fijamente- y lo admiré sosteniendo un libro. Reconocí la tapa de inmediato: Persona normal. ¡¡Lo amo!!. No, basta, me controlo.

      Aparte la mirada lentamente y me concentre en una pareja de viejitos que hablaban y señalaban el periódico de cada uno. Después la anciana de pelo blanco sonrió, le agarró la mano a su pareja y le dijo algo. Debió de ser lindo, por que el señor también sonrió y le acarició la mano. Sonreí y me concentre en mi libro: El chico de las estrellas. Ya lo había leído, pero me gustó tanto que no pude evitar volver a releerlo.

      Sin embargo, me distrajo una pareja que pasó al lado mío. Cada uno con una bandeja; pero en la mano libre el teléfono. Fruncí el ceño, los ignore y trate de seguir leyendo. Miraba al chico de los ojos color almendra, que siguió leyendo, y luego mi libro. Cuando lo mire por última vez -aunque no pueda creérmelo- él me estaba mirando, se relamió los labios distraídamente y volvió a su libro.

      Agarre mi mochila, en una mano la bandeja y en la otra el libro. Tire los desechos de la bandeja en un tacho cuadrado -típico de un lugar de comida rápida- y la deje sobre esta. No mire más al chico y me encamine a la librería. ¡Parecía un acosador mirándolo de esa manera! Me regañe mentalmente hasta que llegue a la librería. Estaba echando humo por las orejas, de seguro, porque las personas no dejaban de mirarme hasta que me metí detrás de una estantería alta.
     
      Busque un libro que pudiera comprar, uno que me entretuviera durante las próximas ocho horas. Encontré un libro con una tapa un poco llamativa, pero no tanto. Sin embargo, decidí llevarlo: El arte de ser normal. Y, ya que estamos acá, el libro de mi vida: Los ojos del perro siberiano.

      Mire en lo alto de la estantería, buscando otro libro que estaba en mi lista mental. Arriba de todo, allá donde mi mano no alcanzaba ¡Maldita vida! ¡Malditos estantes de dos metros de altura! ¡Maldita injusticia!

      Me estire lo más que pude ¡Jojo Moyes me espera! ¡John Green también me espera!

      —Un poco más... —lloriqueé estirándome hasta que mi brazo comenzó a dolerme. Sin embargo, no estaba ni cerca de poder tocar siquiera el lomo —Mierda. —farfullé. Me lamente inmediatamente cuando una mano tomó el libro por mi.

      Miré a la persona, para agradecerle, pero las palabras quedaron trabadas en mi garganta al ver que era el chico de los ojos color almendra. Miró el libro, el de Jojo Moyes en su mano, y después me miró a mi. Su expresión sería e indiferente casi me hace derramar saliva.

      —¿Es este el que querías? —preguntó sonriendo apenas. Su voz es gruesa, profunda y me da un poco de escalofríos.

      —S-si... —conteste luego de diez segundos para conectarme al mundo real y descubrir que aún hay gravedad en este planeta.— Gracias —sonreí.

      —¿Necesitas que te alcance otro?

      —Will Grayson, Will Grayson de John Green, por favor.

      Lo buscó con la mirada, después lo agarró y me lo tendió. Lo agarre con sumo cuidado, también procurando no rozarle la mano por si lo incomodaba, e hice una reverencia mirando el suelo. Cuando volví a verlo, me dedicó la sonrisa más linda que nadie en el mundo pueda darme en mi vida. Para ser adolescente, es hermoso.

      —Es bueno... —dijo con tono orgulloso, pero mirando el suelo apenado —Que hayan estudiantes que aún lean.

      Pestañeé repetidas veces, procesando sus palabras en mi cerebro ocupado de frases de libros y de Tumblr, y, finalmente, di un paso atrás mostrando una sonrisa medía rara.

      —¿Es usted... —trague duro —profesor?

      —Así es —me miró con una mirada dulce, sin darse cuenta de mi incredulidad —Soy profesor de la escuela de bellas artes en la zona medía de Seúl...

      —Y-yo... —le interrumpí sin intenciones de hacerlo, pero cada vez estaba más sorprendido —Yo estudio ahí.

      Sus ojos se abrieron por la sorpresa. Se quitó los anteojos y me tendió la mano que no sostenía el libro de Persona Normal. La estreche sin saber por qué lo hacía.

      —Lo siento ¿Puede decirme su nombre?

      —Jeon JungKook.

      —¡Oh! —sonrió cuadradamente —Ahora lo recuerdo. Usted esta en el pasillo a la derecha ¿No es así? Su profesor es... Kim Seok Jin ¿Verdad?

      —Si, señor.

      —Yo soy el profesor Kim. Kim TaeHyung —se presentó estrechando una vez más mi mano y separándolas después. Me recompuse de inmediato de mi sorpresa, para dar paso al miedo emocional.

      —¿El de la clase 5-A?

      —El mismo. Aunque, bueno, también estoy con otros salones.

      —S-si. —carraspeé un poco y rasque mi cuello de forma nerviosa —No es que le este coqueteando, Sr. Kim... Pero... Cuando lo vi allá arriba, en las mesas de comida rápida, creí que era... ya sabe —moví mi mano en círculos hacía adelante. Pero el hombre frente a mi frunció el ceño sin entender, dejando en claro que no entendía lo que quería decirle —Bueno, creí que era un adolescente.

      —¡Oh! —exclamó juntando sus manos de golpe, creando casi un eco en la librería casi vacía —Lo hacen seguido, es raro no verme sin camisa y corbata.

      —Entiendo.

      —¿Te vas ahora?

      —Eh... No ¿Se le ofrece algo?

      —Me gustaría que tomemos un café y charlemos un rato. Veo que tenes un buen gusto para los libros.

      Me quede un rato más pensando en su propuesta, pateando el piso con la punta de mi converse negra y bajando la mirada a los libros de mi mano. Finalmente suspire, sonreí y lo mire.

      —De acuerdo —me encogí de hombros —¿Dónde exactamente?

      —En el segundo piso hay un Starbucks. ¿Te gustaría un buen café helado?

      —Claro. Sólo... déjeme pagar esto.

      Asintió energéticamente con la cabeza, pareciendo un adolescente, y se fue caminando a la salida mientras le echaba una mirada a varios libros. Yo, por mi parte, me fui a pagar los dos libros en mi mano. Tenía suerte de tener dos trabajo de medio tiempo en este lugar. Es cómo ¡Muchos libros para mi! Así que no fue novedad que la cajera me sonriera apenas me vio acercarme.

      —Hola. —la salude con una sonrisa que desapareció al instante cuando tomó los dos libros y revisó instantáneamente su teléfono.

      Fruncí el ceño, me crucé de brazos y golpeé el piso con el pie repetidas veces. Ella se dio cuenta de mi impaciencia y dejó el teléfono por unos segundos. Puso los libros en una bolsa blanca y de puntos rosas, bastante bonita, y me la tendió mientras recibía los billetes que le daba.

      —Lo siento, Jeon.

      —Ajá —respondí con sarcasmo. Le di la espalda y me marche, nuevamente, echando humo por las orejas. Claro, no de vergüenza, si no de rabia, furia e impotencia.

      El profesor Kim me sonrió cuando me vio, su sonrisa también desapareció cuando se dio cuenta de mi ceño fruncido y la mirada de querer matar a todo aquel que llevara teléfono encima.

      —¿Estas bien?

      Quería gritarle en la mismísima cada <<¿Tengo cara de estar bien?>>, pero no podía permitirme faltarle al respeto a alguien tan admirable como él. así que me calme un poco antes de contestarle.

      —Si ¿Vamos?

      Me llevó hasta el Starbucks en silenció, de vez en cuando volviendo a su lectura y yo comenzando a leer Will Grayson, Will Grayson. Hable sólo para pedir mi pedido. TaeHyung me tendió sus cosas y dijo que vaya a sentarme en un lugar cómodo.

      Me quede parado entre los sillones y las sillas, mirando a ambas cosas cada un segundo. Suspire, no sabía que le parecía cómodo a TaeHyung. Pero no se pueden desperdiciar los sillones en un lugar así. Finalmente opte por la cosa en la que no me había fijado: un sofá con forma L de cuero negro justo pegado a la pared chica de madera.

      Acomode las cosas de TaeHyung a mi derecha, donde estaba la parte corta, y deje las cosas a mi lado mientras agarraba su libro de Persona Normal. Mi libro no tenía tantos posits, pero TaeHyung de por si ya se zarpaba un poco ¡Este hombre tiene muchos posits!

      —Hombre —susurre aún si poder creer lo que veía.

      —Ah... JungKook —TaeHyung se acercó y dejó las cosas sobre la pequeña mesa blanca frente a nosotros. Parecía que no me había encontrado y estaba buscándome hace rato. Le sonreí y le di las gracias —¿Ya leíste Persona Normal? —asentí con la cabeza, ya que estaba devorando mi café helado —¿Qué te pareció?

      —Una lección única, Profesor.

      —¿Tu frase favorita?

     Baje el café a mi regazo mientras intentaba recordar alguna cita. Cuando me decidí, sonreí amplio y dije totalmente orgulloso: —Preocúpate un día que te miren como si fueras una persona normal. Tú mereces tener una vida extraordinaria—.

      TaeHyung silbó, aplaudió y después se quedó pensando un rato. Lo esperé con paciencia y en silencio. Finalmente recitó: —¿Cómo podrías ser feliz estando con alguien que insiste en tratarte como un ser humano normal?—.

      La forma en la que recitaba parecía tan real y, con poco y nada de conocerlo, tan ÉL. Es obvio que Benito Taibo es un capo y que, personas como él, nos hace buenas personas a nosotros. Kim TaeHyung enseña en una escuela de bellas artes y, según se dice, es un poco gruñón y exigente. Pero eso no saca que simplemente podía ser profesor de Literatura y sacar a los adolescentes de tantos aparatos que los estaban volviendo cada ves más idiotas.

      Este mundo necesitas TaeHyung's para todas las escuelas del mundo y JungKook's que estén dispuestos a tener lecciones de este hombre. ¡No! ¿Pero que estoy diciendo?

     —Entonces... —jugué un rato con el libro de John Green tratando de olvidar lo que estaba pensando.

     —Hay una frase —me interrumpe TaeHyung de repente, mirándome con la esperanza en los ojos —Que se trata sobre Alicia en el país de las maravillas ¿La recordas?

     ¿Cómo olvidar tan hermosa Frase? Carraspeo un poco y hago el esfuerzo por recordarla a la perfección. Comienzo a recitarla cuando estoy un poco seguro: —Soy del País de las Maravillas, donde me apura siempre un sombrerero loco que tiene prisa y que no va a ninguna parte, donde hay orugas gigantes que fuman pipas de agua, y gatos que se desvaneces como por encanto pero que dejan, inmensa, su sonrisa colgada en el aire—.

Notas finales:

Hola :3

 

Quería decir que esta historia pertenece a obra de mi hermano que por gran extraña razón quiso que lo suba a mi usuario ;-;

 

Si te gusto comenta :3 que eso le daría el empujón a seguir la historia xD

 

 

 

Bay~Bay~

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