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The Deadly Elegant Dark Cabaret por Isaku Uchiha

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Notas del capitulo:

Empezamos bien el año con otro oneshot de esta genial compilación, esta vez me ahorré los versos de la canción por consejo de Huargo69, así que sólo les digo que esta historia está inspirada en Rivolta Silenziosa de H.U.M.A.N.W.I.N.E.


Enjoy!!!

Rivolta Silenziosa


ItaSasu


 


 


Sentados en aquellas frías celdas, encadenados de pies a cabeza y de ahí a la pared, como si estuviesen en la edad media, ¿qué más esperaban que hicieran? Eran los únicos prisioneros que el guardia debía revisar en esa ala de detenciones, y cada vez que hacía crujir sus zapatos contra el suelo mientras rondaba para vigilarlos, esa mirada de asco y desprecio se hacía presente en su rostro. El pueblo en que habitaban era bastante pequeño, por lo que cuando se descubrió el terror que sus dos jóvenes más prominentes habían hecho, aquello corrió como pólvora entre los pocos habitantes.


- Son unos hijos de puta…- Masculló el guardia al detenerse frente a la celda donde estaba el mayor de los dos acusados, un joven bastante apuesto a pesar de la desfachatez y la sangre en sus ropas, fuera de lo común en él sin dudas, pero inevitable durante su captura y, aun así, perturbadoramente sereno. Sus ojos oscuros, que hasta ese momento permanecían cerrados como si meditara, se abrieron tranquilos con suave elegancia; miró al hombre que le insultaba desde fuera de su prisión, y comprobó que nuevamente se trataba de un guardia distinto al de la noche anterior. Clavó el azabache de su mirada en las perlas del sujeto sin ninguna intención en especial, sólo verlo sin mediar palabra, desafiarlo sin actuar; en un instante obtuvo lo que quería. Aquél guardia sintió un escalofrío atroz recorrerle la médula, inconscientemente se apartó un poco de la celda, y tratando de seguir con la fachada de hombre duro, se volvió contra su otro prisionero.- Maldita escoria… ambos arderán en el infierno por lo que hicieron.


El chico encadenado en esa celda era más joven, y desde que ese ridículo hombre de la ley entró a hacer su ronda, no le despegó la mirada ni un segundo; a diferencia de su hermano en la otra cámara, él se caracterizaba por ser más insolente y desafiante. Cuando el guardia terminó su sentencia de injurias y se disponía a dejar el ala, el joven azabache sonrió cínicamente y le respondió desde su lugar entre las cadenas.


- Oye Hyuuga, escuché que tu hijo volvió de la ciudad. Me hubiera gustado conocerlo.


- ¡Puto monstruo de mierda, eres un maldito enfermo!- El guardia volvió sobre sus pasos y se aferró a los barrotes de la celda de aquél prisionero.- ¡¿Crees que tu apellido y tu dinero te sacarán de esta?! ¡Te juro que moveré todas mis influencias para ser el bastardo que jale de la palanca en la maldita horca! ¡Miserable porquería!- Unas lágrimas habían escapado de sus ojos mientras maldecía al chico encarcelado, no pudo contenerlas por más que quiso. En un instante, la puerta del corredor se abrió y entraron varios guardias alertados por el escándalo de su compañero; el hombre siguió maldiciendo a su prisionero mientras los demás trataban de calmarle sin ningún resultado; antes de que pudieran lograrlo, la voz calma del mayor de los hermanos se dirigió a él.


- Señor Hyuuga por favor, disculpe la imprudencia de mi hermano, él no hablaba en serio.- Todos los guardias miraron con recelo al joven que hablaba, especialmente el mencionado; entonces los gentiles ojos azabache continuaron, usando un frío y desinteresado tono.- Después de Hinata, su familia no tenía más placer que darnos.


Detrás del grito desgarrador al recordarle el destino de su sobrina, soltar a aquél guardia de los barrotes y sacarlo de la zona de detención resultó ser una tarea titánica; se necesitó de 4 de sus compañeros para sacar a rastras al pobre hombre desdichado, y aún fuera del ala, sus lamentos seguían escuchándose en el recoveco de las celdas para deleite de sus dos ocupantes.


 


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Después de hacer salir a su madre con lágrimas en los ojos, Fugaku Uchiha dirigió sus últimas palabras a los que otrora considerara hijos suyos; los insultó de todas las maneras posibles, les dijo cuán decepcionado y avergonzado estaba de ellos, los comparó con la escoria de la más baja calaña que pudo imaginar, y finalmente los desconoció como miembros de su familia. El crimen de los hermanos era tan atroz, tan escandaloso, que optó por abandonarlos a su suerte y dejar que la justicia hiciera lo que mejor le pareciera con ellos, ejecutarlos de ser posible, así se ahorraría la vergüenza de la prisión. Su semblante duro y el color rojizo en su rostro reflejaban lo iracundo que aquella situación lo tenía. ¡Justo a la mitad de tan importantes negocios!


- Ingratos malnacidos… debí sacarle la matriz a su madre cuando nos casamos. ¡Lo sabía! ¿Qué fue lo que me dio a cambio de mi dinero y mi posición? ¡Un par de maricas trastornados!


- Oh, sólo estás molesto porque nos servimos de Temari antes que tú.- Le espetó Itachi con diversión. El hombre casi se atragantó con su propia saliva; la porquería que había llamado hijo se atrevía a responderle, y encima de semejante manera. Antes de poder reaccionar, el joven continuó.- ¿Acaso lo negarás?- Su tono irradiaba rencor y placer a la vez.- Te vi, padre. Cómo la acechabas en las fiestas, en la oficina, incluso en la calle a plena luz del día… fuiste descuidado. Cada vez que la mirabas con tu lujuria de anciano insultabas a mamá, entonces el apellido Uchiha no te importaba, ¿cierto? Una joven tetuda y firme… cuánto debiste fantasear con sus cálidos muslos, tan distintos a los de tu señora esposa.- El feroz puño de su padre le impactó en el lado derecho del rostro, haciéndolo ladearse y salpicar con su sangre un muro cercano en la reducida celda de declaraciones.


- ¡Eres una maldita mierda! No puedes… ¡No tienes ningún derecho de hablarme así!- Estaba a punto de asestarle otro golpe en el costado, seguro de romperle alguna costilla por su insolencia, cuando sintió una punzada en el estómago, producto de la patada que Sasuke le había propinado entre los barrotes de la celda en defensa de su hermano. Irremediablemente cayó al suelo, luchando por recuperar el aliento mientras el menor de los hermanos se recargaba con tranquilidad en la misma celda que ahora compartía con Itachi, mirándolo desde arriba con aires de superioridad; la libertad que tenía gracias a que les habían retirado las cadenas se lo permitía.


- Maricas trastornados, ¿eh?… al final hicimos lo que quisimos, y tú te quedaste sin tus “florecitas”.- Fugaku miró sorprendido a Sasuke después de eso; no era posible que eso también lo supiera.- Oh sí, padre. Como ves, la depravación es de familia.- Itachi se limpió la sangre del rostro y se incorporó en la celda, enfrentando de nuevo al despojo en el suelo que le resultaba su padre.


- No te voy a mentir, elegí a Temari por ti, y en cuanto Sasuke me dijo que también fantaseabas con su hermanito… bueno, Gaara fue otro rato de diversión que nunca tendrás.


- Malditos… enfermos…- Dijo aquél hombre aun tratando de recobrar el aliento.


- ¿Sabes qué es lo más gracioso? De no ser por tu grotesca lascivia, nunca hubiéramos descubierto cuánto nos gustaba esto.- Sentenció Sasuke con arrogancia. En ese momento un par de guardias entraron a levantar al hombre del suelo, y a pesar de su renuencia, lo sacaron de la sala. Finalmente volvían a estar solos; pasaron unos minutos en silencio en aquél diminuto lugar, hasta que el menor habló.


- Jamás había disfrutado tanto patear a alguien.


- ¿Seguro? Cuando pateaste a Naruto para que dejara de gritar pareció gustarte mucho.


- Ah, sí. Ese idiota…


- Sasuke…- El mencionado no se giró, simplemente resopló desde la reja a modo de respuesta.- Tienes el mejor culo del mundo.- Entonces sí que el menor le miró directo a los ojos.


- No será este un estúpido cliché de prisión, ¿cierto?- Itachi sonrió.


- ¿Ves algún jabón por aquí?- Sasuke se relamió los labios y se aproximó a su hermano, sentándose sobre sus piernas y recibiendo la lengua del otro en su boca, sintiendo las manos del mayor recorrer su piel por debajo de la tela, calentando su cuerpo al tacto.


 


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Entre luces, escándalo y un mar de gente, los guardias los llevaban a recibir su sentencia en tiempo récord, y por la cara que les ponían, parecía que no les había gustado encontrarlos en pleno acto dentro de su pequeña celda. Después de todo lo que hicieron no podían decirles que no lo vieron venir; entre aquél mar de desesperación, ambos hermanos se sujetaban las ropas sueltas que no les habían permitido abrocharse cuando los descubrieron.


Y sonreían.


A pesar de todo, altivos y presos, encaraban a los reporteros con sus galantes sonrisas, haciendo enfurecer aún más a quienes tanto los repudiaban.


Al llegar a la sala, las mismas preguntas seguían volando a diestra y siniestra. “¿Por qué lo hicieron? ¿Cuántas víctimas tuvieron? ¿Habían encontrado todos los cuerpos? ¿Cómo los elegían?” Mientras el juez los escrutaba con sus sombríos ojos de anciano, las pruebas en su contra desfilaban frente a la corte como un retorcido festival de sangre y trozos de carne sin forma; claramente los presentes se sintieron incómodos en más de una ocasión, a Sasuke eso le divirtió. Cuando el carnaval terminó, un incómodo y prolongado silencio inundó el lugar hasta que el juez lo apartó.


- Todo este horror… es imposible para un ser humano concebir tanta maldad.


- ¿Imposible?- Preguntó Itachi con fingida sorpresa; entonces se sonrió con perfecta galantería.- Somos Uchiha. Es nuestra obligación ir más allá de las capacidades de un ser humano. ¿Por qué nos castigan por ello?- El escándalo se hizo presente, formado por voces de repudio y desprecio hacia los hermanos.


- ¡Itachi!- Gritó el viejo juez desde su lugar, imponiendo su voz al griterío. Conocía perfectamente a la familia Uchiha y la pretenciosa supremacía que predicaban; eran una de las castas más viejas del pueblo, tanto como la suya propia, por eso él mismo no podía creer lo que ocurría.- Mira esas fotografías de las escenas del crimen… ¡Que las mires! Sí… ¿Qué es lo que ves ahí? Chicos y chicas de la edad de tu hermano, torturados, violados y cercenados; antes, durante o después de muertos. ¿Cómo describes esas nefastas acciones? ¿Qué dirías que fueron?- El mayor de los hermanos permaneció en silencio mirando las imágenes en la pantalla, manteniendo a la corte en expectativa. El juez Danzo era demasiado viejo para comprender tanta barbarie, no importaba que viniera de alguien a quien había conocido desde que era bebé.- ¡¿Cómo llamas a eso?!- Exigió desesperado. Entonces Itachi puso la mirada en la anciana figura de justicia, y respondió con parsimoniosa sencillez a su pregunta.


- Versatilidad.


Y el Infierno ardió.


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El techo de tablas de madera vieja no era muy interesante en verdad, pero deleitarse con las manchas formadas por la humedad era lo único que le quedaba a Sasuke después de ser devuelto a la celda, con cadenas incluidas. Al parecer, después de la audiencia y de recibir su condena de muerte en la horca, algunos miembros de la fuerza policiaca querían compartir su opinión con Itachi y dejarle claro lo que pensaban de su “obra”, especialmente de tan osada declaración hace unos minutos en la corte. Lo habían devuelto a su propia celda hecho un guiñapo teñido de rojo, tan golpeado que ni siquiera se molestaron en colocarle las cadenas, simplemente lo arrojaron dentro de la jaula y salieron satisfechos del lugar, palmeándose las espaldas unos a otros. Sasuke vio a su hermano acomodarse en el interior de la celda lentamente sin decir una palabra. Sonrió.


Esos pobres imbéciles no podían dejar de pensar como los campesinos que eran sus ancestros. Creían que con golpear al asesino de sus hijos y sobrinos lo harían arrepentirse de todo. Estúpidos descerebrados, si tan sólo supieran cuánto disfrutaba Itachi de las peleas, era una muestra clara de que lo consideraban alguien amenazante, peligroso, pero más que eso, era un chiste que le confirmaba al mayor de los hermanos cuánto les había dolido su placer.


“La gente suele ser tan simple a veces”


Fue lo que pensó.


La noche cayó casi sin que alguien lo notara; los tribunales eran un mar salvaje de gente que clamaba por justicia para sus familiares, mientras que dentro del ala de detenciones, privados de toda vista al exterior del edificio por la ausencia de ventanas, los jóvenes asesinos aguardaban sin más a que un guardia llegara para conducirlos a su destino en el patíbulo. Incluso a ellos les sorprendía lo rápido que se resolvieron las cosas y les dictaron sentencia. En verdad que su pueblo los despreciaba. Las horas pasaban lentas, y Sasuke maldecía a toda esa maldita gente escandalosa afuera, le desesperaban; si tanto los querían muertos pues que lo hicieran de una buena vez, ¿qué necesidad había de esperar hasta el alba?


- Bastardos… ¿cuántos idiotas más debimos cogernos para que nos colgaran el mismo día?- Itachi no respondió, permaneció sereno y con los ojos cerrados sin inmutarse; sabía que su momento llegaría, no tenía caso estar ansioso. Sasuke resopló al no obtener respuesta, terminando de quejarse con un frío ademán.- Quizá si hubiésemos dejado la cabeza de Naruto en la puerta de su papi el alcalde…


- Lástima que la usaste como carnada para los zorros.- Un largo silencio se hizo tras la afirmación de Itachi; después, risas y carcajadas siniestras por parte de ambos.


 


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Después de agonizantes horas de aburrimiento sin que nadie fuese a visitarlos, Sasuke había optado por dormitar un poco en su celda frente a Itachi; en verdad odiaba la lentitud de los estúpidos pueblerinos. Estaba resbalando de a poco de su más que incómodo camastro de piedra, cuando el ruido de la puerta principal resonó en toda el ala al abrirse de golpe. Ambos hermanos miraron con renovado interés a quien podría ser el impetuoso guardia que los escoltaría hasta la horca, quedando sorprendidos y a la vez decepcionados de descubrir una mujer en su lugar. Aquella misteriosa dama de largos cabellos marrones caminó con tranquilidad por el pasillo que dividía sus celdas, deteniéndose justo en el punto medio y alternando su mirada entre ambos; sólo cuando se quitó las oscuras gafas para verles mejor, Itachi se dio cuenta del tono carmín en sus pupilas, y no sólo eso, también se dio cuenta que, a pesar de la enorme puerta que permanecía abierta, ni un solo ruido se escuchaba del exterior. El mar de gente que los despreciaba súbitamente había amainado. Eso no era normal.


- Muy buenas noches, caballeros. Primero que nada, quiero expresarles mi más grande respeto y admiración por su trabajo; es en verdad… sublime.- Los labios rojos de la mujer habían expresado lo último que los hermanos Uchiha habían esperado escuchar sobre lo que hicieron. ¿Admiración? Sí, claro. En una mirada que duró menos que una milésima de segundo, Itachi y Sasuke unieron sus pensamientos.


- Usted no es de por aquí, ¿cierto?- Comenzó Sasuke.- De otro modo, no le agradaríamos tanto.


- Estás en lo cierto, cariño, pero no necesito ser local para conocerlos. De hecho, mis clientes alrededor del mundo y yo quedamos fascinados con su obra apenas nos enteramos. Oh, esos pequeños blogs alarmistas… de vez en cuando tienen buenos tesoros.


- ¿Ah?- Sasuke se quejó molesto. Lo último que quería para pasar el rato hasta su ejecución, era resistir las preguntas de una estúpida reportera amarillista.- Entonces burlaste toda la seguridad de allá afuera, ¿sólo para una noticia de primera plana?- Los labios rojos se ensancharon.


- Me deshice de toda la seguridad de allá afuera para ofrecerles ser noticia de muchas primeras planas.- Su tono, frío y certero, era indicador de que esa mujer iba en serio. Por alguna razón, tenía interés en los sangrientos episodios que los hermanos habían protagonizado en su pequeño pueblo natal, e Itachi comenzaba a sospechar el por qué.


- Entretenimiento.- Dijo el mayor de los Uchiha, ganándose las miradas curiosas de su hermano y de la misteriosa mujer.- Pago por evento.


- Así es.- Le aseguró entusiasmada.- Pago por evento a nivel mundial… con los servidores adecuados.- Entonces Sasuke lo comprendió.


- Lo ilegal de internet… vaya. ¿Y quieren una exclusiva antes de que dejemos de respirar?- La dama de los ojos rojizos meditó un poco sus palabras.


- Piénsenlo de esta manera: a mis clientes y a mí nos gusta la carne fresca así que, nosotros les proveemos el ganado, y ustedes lo destazan.- Sasuke soltó una risa baja por la analogía; aquella mujer… le agradaba. Miró a Itachi a través de los barrotes que los separaban, esperando que su adorado hermano mayor le hubiese cogido tanto gusto al oficio como había hecho él. Sus miradas se encontraron nuevamente; hermanos de sangre y amantes mortales. Ferales en hambruna.


Itachi elevó el rostro, altivo y sereno como era su etiqueta.


- Suena más interesante que la horca.


 


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No fue por las obscenas cantidades de dinero que les obsequiaron; eso se había vuelto una banalidad hacía tiempo. El reconocimiento de su obra quizás, su ego era enorme, pero hasta para ellos eso perdía relevancia cuando estaban juntos. La llamada oscura que recorría su espina, ese deseo siniestro de lastimar e infligir, casi como un instinto primitivo que los incitaba a actuar, eso era lo que en verdad los había motivado la primera vez, y era lo que seguía moviéndolos ahora al unísono.


Un monstruo de dos partes que devora a una tercera; el inocente cordero.


- Debimos hacerlo antes.- Soltó Itachi mientras abotonaba su impecable camisa blanca.


- ¿Matar o coger?- Preguntó Sasuke con arrogancia mientras él mismo terminaba de colocarse el chaleco de seda negra. Su hermano lo tomó con fuerza de la nuca, haciéndolo girar sobre sus pies y mirarle directo a la cara; sus rostros, tan cercanos uno de otro, podían percibir el calor y el deseo que emanaba del cuerpo ajeno.


- Ambos.- Le respondieron con ronca voz antes de besarlo con ferocidad.


El telón se elevó y los reflectores les dieron de lleno, revelando frente a ellos la pequeña jaula que contenía al cordero: un chico de tez morena y cabellos oscuros que aún luchaba por su vida a pesar de las ataduras. La ausencia de público en el lugar no era ningún impedimento, el show estaba por comenzar; millones de espectadores y sin embargo, nadie en el auditorio, sólo un único ojo que observaba directo al escenario y abría su lente a la red, alterando el orden establecido y desatando libidos retorcidos.


Sangriento frenesí carnal, eso era. En cada conexión, en cada monitor donde le permitían entrar…


Una revuelta silenciosa.

Notas finales:

Adivinan quién era la misteriosa mujer? Nos leemos en los reviews!!

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