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Hadas negras

Autor: 1827kratSN

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Notas del fanfic:

Holi~

Krat viene a dejar esta pequeña historia para disfrute de todos y como un leve pedido

PD: No puedo dejarles un medio de contacto porque me han desabilitado mi cuenta de facebook. Cuando lo arregle avisaré y sino me crearé otra XD

Notas del capitulo:

Holi~

No es nada extravagante, solo veo como me defiendo con el shota XD

Disfruten

 

 

 

 

La mansión estaba ubicada en los extremos de la ciudad, sólo allí podían tener el suficiente espacio que necesitaban para denotar cada lujoso componente que su casa debía tener. Eran ricos, era obvio. Eran estrictos, eso lo mostraban los rumores de quienes los describían, los mismos que eran empleados o cercanos a los miembros de esa familia. Eran serios eso cualquiera lo notaba cuando asistían a las fiestas donde eran invitados. Eran perfeccionistas, rudos, a veces un poco macabros y causaban terror, eso decían muchos. Pero lo importante de esa mansión era saber si ¿eran felices? Sólo los empleados más cercanos podrían contestarlo, pero su contrato de confidencialidad estaba bien claro y nada de lo que pasara dentro de esa casa saldría fuera de ella

Conocer a los miembros de la familia era sencillo, no era un gran número. Uchiha era el apellido de aquellas personas de alta alcurnia, los cuales se destacaban por el cabello negro junto con el iris ónix, retadores, la piel clara. Al menos así era hasta hace unos cuantos años, mientras el matrimonio era estable y estaba completo.

 

 

Retrocediendo un poco…

 

 

Fugaku estaba casado con Mikoto, de aquel matrimonio nacieron dos varones, el mayor Itachi, el segundo Sasuke. Hasta esa época todo era normal, un hogar de cuatro personas que se destruyó una noche como cualquier otra, donde la única mujer de la familia salió de casa para no regresar jamás. No fue una muerte trágica, tampoco dolorosa o que duró días o meses. Fue simple. El corazón de aquella mujer estaba frágil, un pequeño susto por casi formar parte de un horrendo accidente de tránsito hizo que su corazón sufriera daño, no soportó y pereció abrazada a su esposo, quien entre lágrimas dejó que su amada descansara pues su vida había sido dichosa. En esa época los hijos eran pequeños, separados por 5 años, quienes lloraron la carencia de su madre, pues la calidez y amor provenían mayormente de ella. El padre debió hacerse cargo de todo, pero no fue sencillo pues sus hijos se criaban sin el cariño total que necesitaban, sin embargo, el trabajo le quitaba la mayor parte de su tiempo y buscaba la forma de sobrellevar ambas labores

Minato llegó a la vida del líder Uchiha un par de años después de la tragedia, era rubio, de piel clara, aunque no tanto como la suya, ojos vivaces y azulados, cabello un poco largo y apariencia impecable. El rubio era especialista en marketing, así que las campañas de la compañía eran diseñadas por aquel muchacho de carisma sin igual que en menos de un mes ganó la amistad de todo quien trabajaba junto a él. Minato era amable, dulce en ocasiones y Fugaku se encantó con aquel muchacho, quien no estaba solo en ese momento, traía consigo ya un hijo nacido de un matrimonio apresurado.

En una noche en que celebraban el triunfo de la campaña y el auto de Minato falló, Fugaku se ofreció a transportarlo, por ende, en medio de su plática para amenizar el ambiente el azabache se enteró de aquello que caracterizaba la vida de su más nuevo empleado. Allí empezó su historia. La forma en que el rubio relataba parte de su vida era tan sencilla que ocultaba el dolor que debió haber sentido en esa época. Doncel, así se calificó Minato, pero al parecer nadie lo sabía, al menos sus padres impidieron eso, y por esa misma razón apenas hubo oportunidad lo casaron con una muchacha de una familia amiga. Fruto de ese matrimonio y mediante amenazas a ambas partes nació el primer hijo del rubio, el pequeño Deidara que tenía una niñera que cuidaba de él durante el día. Ahora el joven era soltero ya que su esposa no soportó y escapó, Minato tramitaba el divorcio a escondidas de sus padres, porque entendía la decisión de la muchacha que ahora tenía un nuevo hogar

Pláticas, risas, Minato era una linda luz en la vida oscura del Uchiha, y eso desencadenó en lo que a futuro sería un noviazgo. Pero Minato nunca quiso ser acusado de aprovechado o alguna de esas cosas, por lo que por su propia decisión presentó su renuncia antes de empezar algo con el Uchiha. Era cuestión de orgullo tal vez, pero así era el joven Namikaze Minato. Ya sin tener una relación laboral el rubio accedió a empezar algo más que una amistad con aquel hombre de porte duro y elegante.

Minato conoció a los hijos de Fugaku desde el inicio, los menores en un inicio lo rechazaron como era normal y le costó mucho tiempo lograr entablar una amistad con ambos pequeños, mucho más con Itachi que, siendo el mayor, entendía que la presencia del rubio en su hogar significaba el desplazar a Mikoto, su madre. Sasuke siendo el más pequeño se adaptó un poco más rápido, puesto que el carisma del rubio era su mejor carta de presentación. Por su parte Fugaku debió ganarse al más pequeño de los niños. Deidara era tan solo un bebé en ese entonces, y aunque tenía un carácter fuerte desde esa edad, poco pasó para que Fugaku se enamorara del pequeño rubio, heredero de cada facción de Minato, un hermoso varoncito ojiazul. Finalmente, con los retos superados formalizaron su relación, se amaban, por eso valió la pena los dos años de adaptación. Se casaron, vivieron sus años de matrimonio felices y después tuvieron un hijo, un pequeñito rubio a quien llamaron Naruto

 

 

De regreso…

 

 

¿Vida sencilla? Hasta ese punto lo fue, nadie decía que no.

Eran una familia combinada. Los padres se amaban, tenían una relación estable con los hijos de ambos, se podría decir que eran felices a su forma. Pero eso era lo que los adultos veían, pues la verdadera forma de esa familia se daba cuando ambos salían a trabajar, y sin nadie imponiendo las reglas, la verdadera cara salía a flote. Ninguno de los dos adultos quería quedarse en casa, les gustaba ser independientes a su forma y cuando los niños ya estaban en edad de defenderse, los mayores volvieron a su trabajo normal. Minato se quedó con Naruto hasta que tuvo cinco años, después retomó su trabajo, 8 horas diarias nada más pues debía regresar con su familia, esa era la exigencia de Minato y Fugaku se lo dio, ¿por qué? Porque con esas horas en la empresa, eran suficientes para que Minato arreglara cada asunto diario en el departamento de publicidad. Y en las tardes todo volvía a la normalidad

Detrás de tanta belleza y perfección había algo escondido, algo que a medida que los niños en esa mansión crecían se iba intensificando y que sólo los sirvientes veían. Los que trabajaban ahí se hacían los ciegos y no interferían pues… era cosa de esa familia. Además, que si llegaban a decir algo indebido podían ser despedidos y de eso se encargaría en mayor de los hijos. Itachi podría ser un ángel cuando estaba de buenas, pero si le dabas la contra… era lo suficientemente inteligente como para hacer que alguien fuese despedido y pareciera normal. Nada lo apuntaba como el autor intelectual de los desastres por los que los empleados eran culpados y finalmente desechados

¿Qué había detrás? Sólo debía verse la interacción de los miembros de aquella casa, pero solo los menores, los señoritos que en ese instante rondaban la casa. Itachi tenía dieciocho en ese entonces, Deidara tenía 10 años y el lio entre ellos dos era simple: rivalidad. Una rivalidad unilateral por parte de Deidara que, siendo de carácter rebelde, simplemente veía a Itachi como una montaña a la que superar, no lo veía como su hermano mayor, no lo consideraba como familia, lo veía como una molestia. En ese entonces Naruto solo tenía cuatro años y medio, travieso como era, poco entendía y sólo se centraba en volver locas a las empleadas con sus travesuras. Sasuke, con sus trece años, él sólo estudiaba o lo intentaba porque su pequeño hermano rubio tenía una insana fascinación por colarse en su cuarto y quedarse allí, con esos ojazos azules que parecían traspasar el alma del azabache

 

 

—Naruto, ¿podrías dejar de verme así? – Sasuke miraba al pequeño que simplemente abrazaba un peluche en forma de zorrito que Fugaku le regaló

—No – sonrió divertido mientras se levantaba para, con dificultad, trepar a la cama del mayor y recostarse en la misma para empezar a jugar con su peluche – Sasuke estudia… Naruto juega y acompaña

—Está bien, sólo no hagas ruido… dobe – susurraba bajito para que el otro no aprendiera esa palabra

—Sí-ttebayo – sonreía sentándose y manteniendo esa brillante aura que provocaba la leve fascinación de Sasuke, pues el azabache recordaba perfectamente que vio esa misma sonrisa cuando conoció a Minato y fue esa sonrisa que alivio el dolor por la pérdida de su madre

 

 

 

Esos dos se llevaban bien, más los otro dos… no tanto

 

 

 

—Eres exagerado, Deidi

—Que no me digas así, hum – pasos presurosos, firmes, duros, escandalosos y Sasuke suspiraba, de nuevo aquello, ¿acaso no podían llevarse mejor?

—Sólo te abracé en frente de tus amigos – se reía Itachi siguiendo al rubio enfadado

—¡Vete a la mierda, Itachi!

—¿Qué tiene de malo? Soy tu hermano… Deidi – Itachi adoraba molestar a su rubio hermanito, era su propia fascinación que empezaba a sobrepasar los límites

—¡No eres nada mío! – decía enfadado – y no me vengas con esa mierda – su cabello ondeaba y el mechón largo que tenía, ocultaba uno de sus ojos

—Estás siendo mal educado, Deidi

—¡Que dejes de llamarme así!

—¿Cómo?… ¿Deidi?

—¡Dijiste que me gustaba esa niña! – estalló al fin, apuntando al mayor y frunciendo su ceño. De tan solo recordar lo que pasó hace minutos en frente de todos sus compañeros desataba su mal humor – Sabes que es mi compañera. ¿Sabes lo problemático que es lidiar con los molestosos comentarios de todos?

—Es simple… no seas amable con nadie – su razonamiento era tan infantil

—¡Si por ti fuera yo no tendría amigos! – se quejaba el rubio quien ya acababa de pasar los pasillos de la mansión y empezaba a huir a la cocina siendo seguido por Itachi

—Soy celoso y lo sabes, Deidi

—¿Eh? – el rubio ya estaba harto así que en media sala lo enfrentó, mostrando una mueca de fastidio y enfado – ¿celoso? ¿Qué? ¿Eres mi novio acaso?

—Si quieres podemos decir que sí – sonrió con malicia

—¿Te escuchas, Itachi? – decía ya harto de tanta idiotez – somos hermanos, nos criamos juntos, ¡eres como dos siglos, mayor que yo! ¡Compórtate como tal!... ¡¿Cómo que novios?!

—Eres un exagerado – Itachi se reía al verlo así de enfadado, rojo por la furia – y dijiste que no éramos hermanos… entonces seremos novios

—¡Vete a la mierda! – gritaba el menor apuntándole al azabache con el dedo – sólo me fastidias porque quieres hacerme la vida imposible… ¡deja de jugar conmigo!

—Tal vez no sea eso – el azabache con rapidez se acercó al rubio de cabello largo, lo abrazó por la espalda y se inclinó hasta susurrarle al oído – eres muy lindo, Deidi… debo protegerte – sonreía antes de besarle la mejilla

—¡Suéltame, maldito! – y el más pequeño simplemente se removía enfadado. Odiaba que el mayor le hiciera esas bromas

 

 

¿La razón de Itachi para molestar a Deidara? Le encantaba el rubio hermanastro que tenía. Adoraba por sobre todas las cosas que fuera tan ingenuo como para creer que sólo lo molestaba, cuando todas esas cosas que hacía iban más allá. Obsesión, eso era lo que Itachi tenía, una obsesión por aquel pequeño rubio porque era simplemente… perfecto. Sus intenciones reales tenían por base una fascinación amorosa por aquel niño al que vio crecer en su propia casa, ¿cuándo apareció eso? Ni el propio Itachi sabía, pero ese rubio le gustaba tanto que… no le importaba pasar por enfermo, pedófilo o incestuoso. Le daba igual

 

 

—Joven Itachi… alguien le ha dejado un mensaje – fue una de las empleadas que lo interrumpió, mientras estaba ya abrazando de forma posesiva a Deidara, hundiendo su nariz en aquel cabello sedoso

—¡Que me dejes, Itachi!

—Dime, ¿quién era? – Itachi odiaba que lo interrumpieran. Ya hizo despedir a más de diez empleadas en esos años, porque todas ellas se dieron cuenta de sus reales intensiones con el segundo rubio de la casa y se atrevieron a darle una charla de valores y no sé qué más

—Su compañero, el joven Sasori – la empleada sabía que interrumpir al jovencito en medio de esos juegos raros era riesgoso, pero lo hizo porque el mensaje decía ser urgente – ha pedido que lo llame de inmediato

—Gracias – con fastidio soltó a Deidara y sonrió. Una sonrisa suave, sutil y que los empleados en esa casa empezaron a temer – jugare luego contigo, Deidi

—¡JÓDETE! – le gritó antes de irse. Odiaba que su supuesto hermano mayor lo tratara así, jugando con él todo el maldito tiempo, metiéndose en su vida cada que le era posible. Ya tenía diez años por dios, era hora que lo dejara en paz. Cuando era más pequeño era comprensible, pero ahora era molesto

 

 

Así era la convivencia de ese par, y hasta Sasuke sabía que detrás de tanta pelea había algo, aunque no le interesaba mucho porque él tenía su propio problema y era un pequeño rubio acosador que ahora mismo estaba parado en la puerta espiando la razón de tantos gritos. Un rubiecito encantador que nunca soltaba ese peluche color anaranjado y que, siendo un doncel, tenía un encanto sin igual… semejante o más poderoso que el de Minato

 

 

—Dei-nii – su voz infantil era recriminatoria a pesar de la edad – te enfermarás

—¿Tú también, Naru? – suspiraba el rubio mientras se acercaba a su hermanito – no me regañes, Naru

—Papi dice que te enfermarás si te enfadas demasiado – dijo mirando a su hermano mayor – enfermarse es feo

—Lo sé, Naru – Deidara sonreía al ver a su pequeño hermano – ah… disculpa Sasuke – saludó con su mano al pelinegro – pero Itachi me saca de quicio

—Creo que lo entiendo – dijo con calma – te quiere mucho de verdad – aunque su afirmación tenía por razón otras cuestiones

—Es un idiota – bufó Deidara y después sólo cargó a su pequeño hermano rubio y lo besó en la mejilla – ¿te está molestando de nuevo?

—No pasa nada, sólo se queda allí, viéndome – explicó el azabache mientras miraba a Naruto que apretaba las mejillas de Deidara

—Pero debe ser molesto – el rubio más grande se reía y, como juego, mordía levemente la mano de Naruto quien le hacía un puchero y le devolvía la agresión en la mejilla – me lo llevaré

—Pero quiero estar con Sasuke-ttebayo – decía molesto, haciendo un puchero

—Pero Sasuke está estudiando – refutaba Deidara – por eso tú y yo vamos a pasar un rato juntos

—Pero quiero quedarme

—No señor – se reía al ver el reclamo de Naruto – vamos Naruto, deja a Sasuke estudiar, debe concentrarse

—No molesto

—Sí molestas – se reía apretándole las mejillas – vamos, iremos a jugar en el patio y comeremos algo

—¿Y papi? – decía con ilusión

—Lo llamaremos después – Deidara le hacía una seña de triunfo a Sasuke y se llevaba al pequeño y travieso rubio menor

 

 

Era así como Sasuke se liberaba de su pequeño acosador y aunque no le molestaba tener a Naruto cerca, en épocas como esa debía estar centrado y su salvación era Deidara, quien con Naruto se la pasaba horas sin aburrirse. Era su rara… muy rara familia. Pero de cierta forma, si no los tuviera cerca se aburriría y hasta se volvería amargado… más de lo que ya era, al menos eso decía Itachi

Sin embargo, el acoso mayor era en la noche. Sasuke no supo cuándo ni porque pasó, pero hasta ya estaba acostumbrado a eso, y dejaba su puerta entreabierta para no estar levantándose a mitad de la noche. Hasta los pasos más suaves lo despertaban ya que tenía el sueño ligero, así que sabía que alguien entraba a su habitación. Era un conocido invasor nocturno que, con habilidad, entraba, trepaba su cama, sin hacer mucho ruido o moverse mucho se escabullía y en menos de cinco minutos un pequeño cuerpo se acomodaba entre sus brazos. Cálido, olía a manzanilla porque se duchaba antes de dormir, al menos eso hacía Minato cada noche con paciencia extrema

 

 

—Naruto – decía en susurros – ¿de nuevo pesadillas?

—No – decía y soltaba una leve risita acurrucándose en el pecho del azabache

—¿Entonces por qué vienes aquí a mitad de la noche?

—Porque sí

—Es inútil hablar contigo – Sasuke sonreía con sutileza y dejaba que el menor se acomodara, rodeándole con aquellos delgados bracitos

—Sasuke – susurraba después de un rato – ¿sabes de las hadas negras?

—¿Dónde oíste eso?

—Papá me contó un cuento… ¿sabes qué es?

—Son seres pequeños cuya piel es de color negro, pero no son malas y por el contrario viven para proteger a la persona que les dio vida – dijo de forma monótona pues ya escuchó esa historia de autoría de su padre

—Te protegen – sonreía Naruto – te daré un hada negra

—¿Me la darás? – esa inocencia le daba risa

—Sí-ttebayo

—Está bien, ¿dónde está? – decía con los ojos cerrados, sintiendo como Naruto se separaba y removía

—Aquí – sonrió y posando sus labios pequeños, castos y puros, sobre los de su hermano, cedía un beso suave que logró hacer que el mayor abriera sus ojos por la sorpresa – ahí está tu hada negra

—Que… Naruto – se sorprendió, nunca siquiera imaginó la posibilidad de… ser besado por su pequeño hermano – ¿cómo que…?

—Papá dijo que nacían de un beso de amor – sonrió Naruto volviéndose a acostar junto a Sasuke y acurrucándose de nuevo

—Y tú… vienes y me besas – Sasuke se quitó la sorpresa, eran cosas de niños, así que no le tomó en serio, pero quería una explicación

—Porque amo a Sasuke y quiero protegerlo – dijo bostezando a mitad de la frase – un beso, un hada… ahora estarás bien-datebayo

—También te amo… mi pequeño hermano – sonrió dejando que el otro durmiera y después de un rato también lo hizo

 

 

Pero no debió decir nada esa noche, porque el pequeño Naruto lo escuchó y porque años después… la palabra amor cambiaria de significado y de fuerza.

Años después el caos empezaría, pero esa era otra historia  

 

 

 

Notas finales:

¿ternura?

¿reclamo?

¿review?

Besos~

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