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Un infierno a tu lado (KiSol)

Autor: ALittlePhantom

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 El mensaje brillaba diabólicamente en el ordenador y no podía creerlo. Cada una de las palabras se grababan en su retina pero no podía hallarle un significado, no un significado creíble. Era imposible que algo tan extraordinario le ocurriera a él.


 Debía ser una broma. 


 Sonrió incrédulo a la pantalla mientras revisaba la información de contacto y todo lo que pudiera encontrar para comprobar su veracidad.


 Al buscar, casi desesperadamente, cualquier detalle que confirmara que era sólo un mal chiste notó que realmente era un mensaje oficial y que, aunque sonara honestamente irreal y absurdo, había ganado el concurso. Se quedó boquiabierto y aturdido. Había ganado el jodido concurso y... viajaría a conocer a esa persona que era su inspiración y obsesión.


 No solo eso. Hyosang era mucho más para él. Un sentimiento delicado pero muy profundo que había crecido gradualmente en su interior. Él era como una estrella lejana, brillante e inalcanzable. Pero solo hasta ese momento. Aún no podía creer que lo vería, podría hablar con él directamente y podría finalmente hacerle saber lo mucho que significaba en su vida.


 Y todo por un concurso del que se enteró azarosamente en las redes. 


 Quiso pellizcarse. Esto parecía demasiado bueno para ser real.


 Su móvil sonó insistente y ahogadamente en las profundidades de su cama y saltó del susto. Estaba tan absurdamente compenetrado leyendo una y otra vez el mensaje que perdió de vista la realidad por un momento. Buceó entre las arrugadas sabanas y cobertores hasta hallar su maldito móvil, pero en el instante que lo tuvo entre sus manos dejó de sonar, como burlándose de él.


 Le gruñó infantilmente y casi suelta el jodido aparato del susto, cuando vibró en su mano por una llamada de... ¿Sangwon?. Rió. Si el chico llegara a enterarse de que había ganado y que viajaría a encontrarse con el solista estrella que ambos admiraban, seguro moriría.


— ¡Sangwonnie!, no vas a creer lo que pasó...


 El chico lo cortó con un gruñido.


— Diablos Hansol, ¿cómo puedes ser tan condenadamente suertudo —al parecer ya lo sabía, ¿cómo carajos hacía para saberlo todo antes?, se preguntó francamente confundido—. Te odio— sentenció y Hansol rió.


— Yo se que me amas Sangwon— le dijo divertido y se hizo un largo silencio.


— ¿Sabes cuanto trabajé en esa maldita canción? —preguntó algo desencajado el menor—. Lo sabes mejor que nadie... pero luego llegas tu, envías la tuya y ¿encima ganas?. Parece una mala broma.


— Oye, ¿vas a decirme ahora que no era buena?— dijo disgustado por su reproche.


 Lo escuchó bufar a través de la línea.


— Joder, no es lo que quise decir. Yo... la verdad...—dudó brevemente como pensando seriamente si de verdad debería decirlo— siempre pensé que era excelente y, aunque no lo creas, estoy muy feliz de que hayas ganado tu.


 Hansol sonrió resplandeciente. Adoraba a ese chico.


— Hasta Hyosang sabe que era mejor que la tuya— murmuró divertido y solo escuchó el sonido distante de una maldición antes de que el chico le cortara malhumorado.


 Sin embargo, no le importó demasiado. La frase que le había soltado sin pensar ahora que lo pensaba con detenimiento era real. Hyosang era el encargado de elegir el ganador, eso quería decir que él había escuchado su canción y la había elegido por sobre solo dios sabe cuantas más.


 Era una locura.


 Recordó vagamente que cuando había oído la pista, con la cual debían trabajar la canción, se quedó sorprendido. La melodía lo envolvió y le generó todo tipo de sentimientos extraños y excitantes. Quizá eso le hizo querer intentarlo, ya que generalmente no participaba de ese tipo de juegos o concursos. Nunca tenía suerte de todas maneras. 


 Pero algo en el sonido lo atrapó y, antes de siquiera pensar demasiado en lo que hacía, ya tenía varias frases sueltas las cuales rápidamente convirtió en fragmentos del tema. Se adaptaban tan perfectamente a la melodía que lo sorprendía. No sabía absolutamente nada acerca de la música, notas o cualquier otra cosa. Siguió sus instintos y solo confió en su nimiamente desarrollado oído que amaba cada detalle de los temas de Hyosang.


 Algo le decía que si él iba a oír cada uno de los tracks enviados por fans de todo el mundo, debía destacarse, y eso fue lo que hizo con la letra. 


 Enrojeció.


 La letra... la jodida letra decía muchas, demasiadas cosas que jamás se atrevería a decir en voz alta. Solo Sangwon la había oído y se había avergonzado tanto de hacérsela oír, con su voz tomada por una gripa que no se iba y por la cual debió grabarla así de todas formas, que quiso esconderse varios metros bajo tierra.


 Si ganó, ¿eso quería decir que la canción vería la luz con la hermosa voz de Hyosang?


 Ya no estaba tan seguro de que ganar haya sido bueno, incluso enviarla ya no le pareció tan buena idea.


 Esa noche no durmió. 


 Los diez días que transcurrieron luego de eso pasaron en una extrema nebulosa de la que tenía pocos y cortos recuerdos. La emoción de su madre al enseñarle el mail ganador que fue por lejos más grande que la suya y le hizo preguntarse muy seriamente si no estaría demasiado feliz por deshacerse de él; las paces con un Sangwon muy enfurruñado y el lento ascender del avión. El resto era inquietantemente borroso.


 Los nervios se habían instalado en su estómago removiendo incómodamente todo dentro y haciendo que sienta unas irrefrenables ganas de vomitar una y otra vez, pero sin poder hacerlo en realidad. No tenía nada que botar, ya que no había ingerido nada en toda la mañana antes de subir a la nave. Algo estúpido sabiendo que el viaje sería muy largo y cansador.


 Tampoco podía dormir y mientras miraba las nubes correr veloces por su ventanilla pensaba insistentemente si sabía realmente lo que hacía. Casi rió. No tenía idea de lo que hacía. No sabía como sentirse en esos momentos y desconocía lo que ocurriría en el futuro... aunque debió haber tenido un vistazo de el cuando en el mismo aeropuerto encontró la mirada de Hyosang sobre él. Su mirada fría y arrogante con un dejo de incredulidad y desafió. Esa mirada que aflojó sus rodillas y que hizo que su revuelto estómago se sacuda violentamente.


 Esa mirada lo acobardó, y si hubiera comprendido el por qué lo observaba de esa manera habría dado media vuelta y tomado un vuelo de regreso a casa.

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