Amor Yaoi
Fanfics yaoi en español

A strange girlfriend

Autor: C Lehnsherr

[Reviews - 16]  

LISTA DE CAPITULOS
- Tamaño del texto +

Notas del fanfic:

¡Hola! hace mucho que no escribo en este fandom, pero amé la película de Dr. Strange. Y ahí afuera, me dieron una idea genial para escribir, que espero que a ustedes también les agrade :)

Antes que nada, ¿vieron esas pelis donde empiezan por el final? Bueno, este fic empieza así. Lamento si es confuso, ¡pero tendrá su explicación con el avance de la historia! Lo juro, está fríamente calculado (?) jajaja

Ninguno de los personajes me pertenecen, sólo escribí esto por pura diversión, ¡disfruten! 

El aroma frío de la noche y un té fuera de hora, era todo lo que Stephen necesitaba después de un día bastante largo. Los discípulos habían despejado el Templo sólo para que él tuviera un momento a solas, Wong había ayudado, a pesar de que él había insistido en que no necesitaba ningún ‘momento a solas’.

 

Y no sólo no lo necesitaba sino que, si hubiera querido, podría haberlo conseguido por su cuenta, podría haberse encerrado todo el tiempo que necesitara en la dimensión espejo. Podría haberlo hecho cualquier otro día, en cualquier otro momento. El único inconveniente… era que no podía hacerlo ahora, justo ahora.

 

Resultaba que el último hechizo que había conjurado había sido demasiado para él. Había medido las consecuencias de no usarlo –el cómo sus acciones egoístas podrían afectar a los demás– pero no había medido cuánto le afectaría a él.

 

Todavía podía mantenerse de pie, en realidad el desgaste físico o místico no era algo que le preocupara. No, lo que lo tenía en tan mal estado era algo mucho más profundo, un dolor invisible que calaba en sus huesos y corría helado por sus venas.

 

Sabía que lo había sentido antes, cuando ‘perdió’ sus manos, cuando perdió a Christine. O cuando realmente perdió a alguien, a Ancestral. Era el dolor de saber que había perdido algo o a alguien que nunca podría recuperar, que a partir de ahora la vida sería un poco más dura. Tenía un soporte menos sobre el que apoyarse y cada vez estaba más cerca de derrumbarse.

 

Wong entendía eso, y lo entendía sin que tuviera que decírselo. Y por eso, a pesar de que había intentado negarse, le ayudó a conseguir algo de espacio. Prácticamente, arrastró a los discípulos hasta la biblioteca, le dijo que los mantendría ocupados con un examen sorpresa y eso le arrancó una sonrisa. Wong rió satisfecho y se despidió con dos palmadas suaves en su espalda.

 

Él lo vio alejarse y hablarle a los discípulos, las caras de éstos se contrajeron bastante con la broma del examen, si es que acaso era una broma… No iba a preocuparse por eso ahora. Dio media vuelta y cerró las puertas del Templo detrás de él.

 

Cuando estuvo completamente solo, su sonrisa volvió a caer. Se permitió recordar a lo que había accedido, se torturó con cada detalle y se forzó a decir que había sido lo correcto. El dolor frío invadió su cuerpo de nuevo y estaba seguro que no era ningún efecto secundario del hechizo. El dolor no era más que un ‘vuelco al corazón’, recreándose en sus brazos, en sus piernas, helando su sangre y retorciendo su estómago, una y otra y otra vez.

 

Se sentía enfermo por quitar una vida.

 

Se sentía fatal por haber renunciado a alguien que amaba.

 

Pero, a fin de cuentas, había sido lo correcto.

 

 

 

~*~

 

 

 

[Tres meses antes]

 

–¿Crees que terminarás pronto?– Stephen abrió un par de portales para ayudar a Wong con los libros desacomodados y así atraer más rápido su atención. Sonrió cuando lo consiguió y el otro al fin se quitó los audífonos. –¿Beyoncé?

 

–Rihanna– Strange esbozó una pequeña ‘o’ con los labios y aceptó la corrección. Wong terminó de guardar, por su cuenta, un par de libros más y volvió a pararse detrás del escritorio. –¿Qué puedo hacer por ti?

 

–Bueno, verás, sigo siendo un poco nuevo en esto…– Stephen trató de suavizar sus palabras con cierto aire de broma, pero a Wong no le hizo ninguna gracia. En cambio, le contestó serio:

 

–El Hechicero Supremo no debería dudar de sí mismo. Es un consejo muy importante–.

 

El mismo discurso de siempre: “el hechicero esto”, “el hechicero lo otro”. Stephen revoleó los ojos, no había venido por eso.

 

–Gracias, pero…– infló las mejillas y resopló. –¿puedo ser sincero contigo, Wong?– un cabeceo, una negación, un suspiro harto, Stephen no sabía qué había hecho pero, fuera lo que fuera, lo tomó como un “sí”. Necesitaba decirlo, decírselo a alguien, empujar esas palabras fuera de su garganta. –Me siento… solo, ¿sabes?– se sintió bien decirlo, pero nada preparó al guardián para escuchar el resto. – ¿Te has… sentido solo alguna vez, Wong? ¿De verdad muy solo?

 

El aludido no sabía muy bien a dónde quería llegar. O si lo sabía, no quería aceptarlo. De una u otra forma, lo dejó explayarse un poco más antes de reaccionar precipitadamente.

 

–Los discípulos, ya los viste, son muy jóvenes– ahora sí sabía hacia dónde apuntaba. Stephen rodeó el escritorio y Wong trató de esconderse detrás de los libros. Soltaba las correas y fingía acomodarlos de nuevo, murmurando que no iban ahí y alejándose sutilmente de Stephen. El hechicero seguía suspirando, como si no notara la malinterpretación de sus palabras. –Y los que no son tan jóvenes, no me agradan.

 

–De-debería darles otra oportunidad– balbuceó, mientras su mente rogaba que les diera otra oportunidad. No era que le desagradara tener una relación con otro hombre, incluso podía agradecer que alguien apuesto como Strange se fijara en su persona, aunque fuera en momentos desesperados, pero eso simplemente no era para él. No le atraían los hombres y no le gustaba el rumbo por el que estaba yendo la conversación.

 

–No los quiero a ellos–.

 

–¿Estás seguro? Algunos son bastante…–.

 

–Te quiero a ti, Wong– insistió y finalmente lo acorraló. Le quitó el libro de las manos y lo puso de nuevo en su lugar, las cadenas se reajustaron solas... o mejor dicho, a voluntad de Stephen. Wong tragó en seco cuando sintió su aliento demasiado cerca de su rostro, pero el hechicero sólo se derrumbó sobre su hombro, encerrándolo en un abrazo desganado y suspirando pesado. –Eres todo lo que tengo– rió, tal vez por escucharse hablando de esa forma. Rió sobre su ropa y se irguió con una sonrisa triste. –Christine… Ancestral… Mordo…– arrastró cada nombre con esfuerzo y se encogió de hombros. –Todos. De una u otra forma, los perdí a todos… Ahora estoy solo y no sé qué hacer. No sé cómo volver a mi vida normal, o no sabría cómo… si tuviera la oportunidad. Tampoco sé cómo manejar esta vida, todavía no estoy listo para tener discípulos en el Templo. Yo…

 

Wong entendía ahora. No se trataba de un deseo desesperado de contacto físico, tal vez eso era latente, pero pasaba a segundo plano cuando Stephen se sentía tan desolado y desorientado.

 

–Está bien– puso una mano sobre su hombro y sonrió suavemente. –Todavía tienes mucho qué aprender y es natural que te sientas asustado, pero vas a estar bien. No estás solo– Strange lo miró y sintió sus dedos hundirse con un poco más de fuerza, como si así sellara sus palabras mientras las repetía una vez más. –No estás solo.

 

–No estoy solo…– sonrió.

 

–Me tienes a mí. Y la tienes a ella– Wong estiró su mano encima de su hombro, señalando la capa chismosa a sus espaldas. Stephen rió.

 

–Sí… A ti y a ella– la capa se estremeció furiosa por alguna razón, pero el hechicero no le hizo caso. Enredó sus brazos sobre los hombros de Wong y se despidió con un breve y último abrazo. La capa se abalanzó sobre él y lo separó a la fuerza. Stephen entornó los ojos. –Ya. Sólo es un abrazo, Levi.

 

Wong enarcó una ceja.

 

–¿Levi?–.

 

–Capa de Levitación era un nombre muy largo– Stephen se justificó vagamente. –Aunque, bueno, no le agrada mucho. Creo que le parece un poco… femenino– torció los labios y resopló. –¿Pero no se supone que lo sea? Quiero decir, ‘la’ capa, es una ‘ella’. Femenino, ¿no?

 

–Eso creo– Wong no se arriesgó a decir nada que pudiera molestar a una reliquia como la Capa de Levitación. Tragó en seco y volvió a asentir. –Es un nombre… ingenioso, Strange.

 

Éste sonrió mucho más animado, en comparación al estado con el que había llegado a su biblioteca.

 

–¿Verdad que sí? No sé por qué no le gusta– la capa tembló de rabia una vez más y dio media vuelta. –¡No te enojes, primor! ¡A Wong le agrada tu nombre!

 

–Yo no dije eso– Wong carraspeó y esperó a que la capa se fuera para retomar el tema anterior. –¿Te sientes mejor?

 

La sonrisa de Stephen se apagó suavemente, pero no desapareció.

 

–Sí, sí…., necesitaba decirlo– dijo. –De hecho, ahora me siento un poco avergonzado. ¿Podríamos no… mencionarlo, por favor? Fue un momento de debilidad.

 

–Debemos trabajar en eso–.

 

–Por supuesto– suspiró.

 

–Y en tus relaciones, no quiero más… malentendidos. Necesitas una pareja–.

 

Oh, eso era raro. Stephen entrecerró los ojos y se atrevió a preguntar:

 

–¿Ancestral tenía pareja?–.

 

–No, pero confiaba en ella–.

 

–¿Y en mí no?– Wong no dijo nada y lo dejó con una carcajada atorada en la garganta. –¿No? ¿De verdad? Wong, no voy a hacerte nada. Estoy bien, no necesito… –suspiró. –Además, Levi es como unan novia. Es cálida, es suave… y extremadamente posesiva.

 

–Stephen, estás hablando de una capa mágica, ¿en serio crees que estás bien?–.

 

El hechicero apretó los labios. Levi podía tener la textura suave, como la piel de cualquier mujer, pero no era una. Podía ser cálida, pero no era una mujer. Podía ser posesiva, pero no era una novia.

 

Estaba solo y una capa no iba a salvarlo de eso.

 

 

 

~*~

 

 

 

–¿Por qué?–.

 

Stephen estiró sus dedos temblorosos sobre los pliegues de Levi, ella se removió y se enredó en su brazo. Él sonrió y volvió a suspirar.

 

–¿Por qué no eres una mujer de verdad, Levi?– la capa apretó su brazo con fuerza. Demasiada. Stephen chasqueó la lengua y su expresión apacible cambió a una de dolor. ¡Esa era demasiada fuerza para una capa! –Auch. Levi, basta– su compañera de batalla no le hizo caso. Apretó un poco más. –¡Bueno, bueno! ¿No te gusta ‘Levi’? Te llamaré de otra forma, pero ya suelta, vas a cortarme la circulación y van a cortarme el brazo. Y va a ser tu culpa, señorita. ¿Quién dejó manco al Hechicero Supremo? ¡Levita, la capa!

 

Bueno, ‘Levita’ no le gustó mucho más que ‘Levi’. La capa apretó una vez más antes de soltarlo y enredarse suavemente sobre su cuello.

 

–Oh, no, no. No confío en ti ahí– Stephen trató de apartarla de inmediato, pero sus manos no eran un oponente digno. No se cerraban con la suficiente fuerza, eso si la capa no se burlaba de él cada vez que lo esquivaba. –Eres una pésima novia, Levi, ¿quieres hacerme sentir mal?

 

Resopló frustrado y se echó sobre la cama, aplastando gran parte de su “novia” con la espalda. La sintió removerse un poco, muy insistente, hasta que por fin se durmió. Stephen no se arriesgó a despertarla y se quedó dormido sobre ella.

 

Probablemente fue un error.

 

Probablemente…, había hecho algo que no debía. Porque cuando despertó, la textura de Levi era mucho más dura. Sentía algo bastante incómodo clavándose en su espalda baja.

 

–¿Levi?... – murmuró, somnoliento y sin abrir los ojos.

 

Estiró un brazo a su cuello, justo donde había quedado casi enredada durante la noche. Sin embargo, unos dedos más delgados pero firmes que los suyos se cerraron sobre su mano. ¿Sería Wong? ¿Un discípulo preocupado? Stephen entreabrió los ojos y vio un rostro amable que nunca había visto antes y que lo hizo zafarse rápido y saltar de la cama.

 

–¡¿Quién eres tú?!– trastabilló hacia atrás y cayó dolorosamente sobre su trasero. El joven desnudo sobre su colchón estuvo a punto de acercarse, pero Stephen levantó una mano en el aire. –¡No, espera! ¡Te lo advierto, tengo poderes!– no sabía si así era como debía comportarse un Hechicero Supremo, pero, en su defensa, había un extraño desnudo en su cama. Demonios, ahora sabía qué era lo que había sentido en su espalda… –¿Quién te envía? ¿Qué le hiciste a mi capa? ¿Dónde está Levi?

 

–Prefiero Lev– suspiró. –Estaba tratando de decírtelo, pero no me escuchabas. Y, bueno, yo no podía hablar. Era un problema de comunicación algo complejo.

 

Stephen frunció el ceño, todavía más confundido.

 

–¿Qué?...–.

 

El joven desnudo sobre su cama sonrió.

 

–Yo soy Levi– y su sonrisa se ensanchó un poco más cuando agregó: –¡Soy tu novia!

 

 

 

Notas finales:

¡Muchas gracias por leer!

Stephen prácticamente convenció a su capa de que es su "novia" y Lev se la cree, ¡ahora tiene que lidiar con eso! XD

¡nos leemos! :)

Loading...



Introduzca el código de seguridad que aparece debajo: