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Sin rendición (Adaptación CHANBAEK) por MiraiDL

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Notas del fanfic:

Todos los derechos del libro a la autora Caitlin Crews 

 

ACLARACIONES..

Hola antes de empezar con el primer capítulo quisiera decirles algunas cosillas que leerán... la primera es que me dio flojera el cambiarles las nacionalidades -nunca lo hago XD- asi que en este caso chanyeol sera ruso 7u7 y sera hermano de jongin por lo que le puse kim  y baek americano - y la otra es que no me pude resistir en dejarle algunas veces a baek que utilice tacones 7v7... alguien a leido el manga de ogawa chise llamado red theatre? pues el personaje principal los utiliza y pensé en ¿porque no los utiliza? asi que espero que no se saquen de onda con este mini-travestismo 

 

Ahora si espero les guste la historia

Notas del capitulo:

Nada mas que decir espero les guste

Enjoy!

El sociólogo Byun Baekhyun intentaba abrirse paso entre la gente en la entrada del centro de conferencias de la Universidad de Georgetown, donde acababa de dar un discurso sobre la violencia en los medios de comunicación, cuando alguien lo agarró del brazo con inusitada violencia.


 


Y la cálida tarde de verano en Washington D.C. le pareció de repente fría y hostil. El hombre la miraba con expresión beligerante, como si lo odiase e, instantáneamente, volvió a ser un niño otra vez. Un niño asustado, escondido en una esquina mientras su padre gritaba y rompía cosas. Y, como el niño que había sido, Baekhyun se puso a temblar.


—¿Qué...? —empezó a decir, el temblor en su voz recordándole a ese niño impotente que había creído enterrado diez años atrás.


—Por una vez, tiene que escuchar en lugar de hablar —le espetó el extraño, con un fuerte acento ruso—. No vuelva a criticar las artes marciales, se lo advierto.


Por instinto, Baekhyun estuvo a punto de disculparse, cualquier cosa para evitar la ira de aquel hombre.


 


Pero, entonces, sintió que alguien lo tomaba por la espalda con gesto posesivo, apartándolo inexorablemente del hombre que lo sujetaba, como un protector, como un amante. Se quedó sin aliento. Sabía que debería protestar, gritar, golpear al hombre con el bolso tal vez, pero algo lo detenía.


 


Era una sensación incomprensible, como si estuviera a salvo a pesar de saber que no podía ser así. El extraño que sujetaba su brazo lo soltó y el parpadeó, sorprendido, al ver al hombre que había aparecido a su lado.


 


Un hombre que no era ni un protector ni un amante.


—Estás cometiendo un error —le dijo al extraño, con voz helada.


 


También él lo había reconocido, pensó Baekhyun al ver un brillo en sus ojos negros. Y, a pesar de sí mismo, sintió un eco de ese reconocimiento en la espina dorsal. Había estudiado a aquel hombre, había mostrado sus películas y sus peleas en las clases que impartía. Había discutido lo que representaba en prensa y televisión, pero nunca lo había visto en persona.


 


Era Kim Chanyeol, antiguo campeón de artes marciales, estrella de películas de acción en Hollywood, famoso por ser exactamente lo que era y todo lo que Baekhyun odiaba: agresivo, brutal y celebrado por ambas cosas. Un hombre alto e increíblemente guapo que representaba todo aquello contra lo que el luchaba.


 


El agresor dijo algo que Baekhyun no entendió, pero no tenía que hablar ruso para saber que era un comentario cruel y malvado. Había oído ese tono en otras ocasiones y para el fue como un puñetazo en el estómago.


 


Mientras tanto, sentía al famoso Kim Chanyeol apretado contra su espalda, tenso y duro bajo el elegante traje de chaqueta.


—Ten cuidado, no insultes algo que me pertenece —le advirtió el extraño, con esa voz ronca, más excitante en persona que en el cine, haciendo que se le pusiera la piel de gallina.


Tanto que casi la hizo olvidar lo absurdo que era lo que había dicho.


¿Algo que le pertenecía?


—No quería propasarme, por supuesto —estaba diciendo el otro hombre, sus ojos pequeños clavados en Baekhyun—. No me interesa tenerte como enemigo.


La sonrisa de Kim Chanyeol era como un arma, tan letal como sus puños.


—Entonces, no vuelvas a ponerle las manos encima, Sungyeol.


 


Cuando hablaba, el oscuro timbre de su voz resonaba en todo su cuerpo, haciendo que partes de el a las que nunca prestaba atención pareciesen... despertar a la vida.


¿Qué le pasaba? El prefería el cerebro a la fuerza bruta. Siempre había sido así debido a la fuerte personalidad de su padre. Además, aquel hombre era Kim Chanyeol.


 


Baekhyun era una cara conocida en los programas de sociología y charla política desde que publicó su tesis doctoral, que se convirtió en un libro sorprendentemente bien recibido, dos años antes. Adoración al neandertal se centraba en la adoración a los deportistas y los actores de películas de acción. El se consideraba la voz de la razón en un mundo trágicamente violento que adoraba a brutos como el famoso Kim Chanyeol, campeón de artes marciales y protagonista de películas violentas durante los últimos años, desde que se retiró del circuito deportivo.


 


Sin embargo, se apoyó en su duro torso mientras escuchaba la falsa disculpa del otro hombre, pensando que se le iban a doblar las piernas.


La cámara no le hacía ningún favor, pensó. En la pantalla parecía duro y peligroso, una máquina de matar. Normalmente aparecía medio desnudo y lleno de tatuajes, cargándose a sus oponentes como si fueran de mantequilla.


 


Un neandertal, había pensado siempre. Y así lo había llamado en muchas ocasiones.


 


Y lo era, pero de cerca podía ver que resultaba sorprendentemente atractivo, aunque en su rostro llevaba las marcas de muchos años de peleas. La nariz parecía haber sido rota varias veces, pero la cicatriz en la frente no restaba atención a sus altos pómulos y el elegante traje de chaqueta que llevaba lo hacía parecer un ejecutivo. Y le sorprendió el brillo de inteligencia en sus ojos oscuros. Unos ojos que estaban clavados en el y que lo hacían sentir como si estuviera cayendo a un abismo oscuro.


 


Baekhyun se olvidó del hombre que lo había agarrado del brazo, se olvidó de los viejos recuerdos y de su propia cobardía. Se olvidó de todo. Incluso de sí mismo, como si no hubiera nada en el mundo más que Kim Chanyeol.


Y el nunca se olvidaba de sí mismo. Nunca perdía el control. Nunca.


—¿Qué le pertenece a usted? —le preguntó por fin, intentando recuperar el equilibrio cuando el tal Sungyeol desapareció—. ¿Se ha referido a mí como si fuera propiedad suya?


Chanyeol esbozó una sonrisa que aceleró aún más su corazón y se le ocurrió que era más peligroso de lo que había pensado... aunque la semana anterior le había llamado cavernícola en televisión.


—Soy un hombre muy posesivo —dijo él, su acento haciendo que la frase pareciese una caricia—. Es un defecto terrible.


 


Kim miró a Sungyeol, que seguía observándolos a unos metros, y de repente tiró de el, aplastándolo contra su torso e inclinando la cabeza para buscar sus labios. Baekhyun no tuvo tiempo para pensar. O de apartarse. Sus labios eran carnales, traviesos e inteligentes, exigentes, duros.


 


Lo besaba como si tuviera derecho a hacerlo, como si el le hubiera suplicado que lo hiciera. Y no se apartó. Ni siquiera dejó escapar un gemido de sorpresa. No quería hacerlo. Sencillamente, dejó que aquel hombre que debía de odiarlo como lo odiaba el lo besara. Se rindió ante aquel beso imposiblemente erótico...


 


Cuando por fin se apartó, sus ojos negros brillaban de tal forma que Baekhyun tuvo que agarrarse a su brazo, tan agitado que, por un momento, temió estar sufriendo un infarto.


Y, de inmediato, deseó que aquello no hubiera pasado. Y deseó no sentir lo que sentía.


 


Él murmuró una palabra que no entendió, pero que se extendió por su cuerpo como un incendio:


Milaya.


No sabía lo que significaba, pero algo en su forma de decirlo, o tal vez el brillo de sus ojos, pareció pulsar un interruptor dentro de el, despertando unos sentimientos desconocidos. Incluso podría jurar que había lucecitas a su alrededor...


Pero enseguida se dio cuenta de que no era su imaginación sino los destellos de las cámaras. Los paparazzi, que buscaban continuamente al taciturno Kim Chanyeol, estaban grabando la escena para la posteridad. Una escena que saldría publicada en todas las revistas. Y habían conseguido una exclusiva aquel día, eso estaba claro.


 


El agresor había desaparecido, como si nunca hubiera estado allí. Baekhyun estaba a solas con Kim Chanyeol y el efecto de aquel beso.


Y tuvo que enfrentarse con una desagradable verdad: lo habían pillado con uno de sus rivales, el hombre que una vez lo había despreciado llamándolo irritante maestrillo en un famoso programa nocturno, ante el aplauso del público.


 


Besándolo, ni más ni menos.


 


En una conferencia internacional llena de políticos, académicos y delegados de quince países, todos tan opuestos a lo que Kim Chanyeol representaba como el mismo.


 


Baekhyun estaba seguro de que lo habían grabado todo. Las expresiones ávidas y encantadas del grupo de reporteros le decían que así era. Y eso significaba, pensó, sintiendo que se le encogía el estómago, que su carrera podría irse al garete.


 


Si las miradas matasen, pensaba Chanyeol unos minutos después, el pelirrojo profesor le habría sacado las tripas mientras los reporteros hacían su trabajo.


Aún no entendía por qué lo había besado. Había sido una estupidez y tenía serias dificultades para justificarse ante sí mismo. Su gente de seguridad abrió paso entre los reporteros y, una vez dentro del centro de conferencias, lo llevó a un sitio apartado.


 


Baekhyun no había vuelto a mirarlo, e Chanyeol imaginó que estaba tan sorprendido como él. Pero aquel arpía que lo criticaba sin cesar estaba en deuda con él. Le debía gratitud. Un hombre mejor que él no se sentiría tan satisfecho, pero Chanyeol nunca había pretendido ser lo que no era. ¿Para qué?


Pero, cuando levantó los ojos de color jade oscuro, que lo intrigaban más de lo que debería, mucho más de lo que le gustaría admitir, comprendió que no tenía la menor intención de darle las gracias.


 


Estaba furioso con él y no le sorprendía. Pero él era un luchador, siempre lo sería, y era capaz de reconocer a alguien con temperamento. Un temperamento que le gustaría dominar y controlar. Como querría dominarlo y controlarlo a el.


 


Después de todo, pensó, se lo debía. Había estado haciéndole la vida imposible durante dos años. Lo había llamado de todo en televisión, intentando que la opinión pública se volviese contra él, anunciando que era un monstruo del que la sociedad debería librarse...


Ah, sí, se lo debía.


 


—¿Por qué me ha besado? —le preguntó Baekhyun entonces, su voz una mezcla de hielo y furia, como si estuviera regañando a un alumno que se portaba mal.


—¿Le ha sorprendido? Pensé que lo mejor era actuar con rapidez.


Baekhyun se irguió. Llevaba unos elegantes zapatos con tacón de al menos diez centímetros y parecía absolutamente cómodo con ellos mientras le decía sin palabras que no pensaba dejarse dominar por él.


Pero era demasiado tarde. Chanyeol sabía que bajo aquella seria fachada había fuego.


—Me ha besado —le dijo, con el rostro ardiendo.


Chanyeol se encontró fascinado por esa marca roja en sus mejillas. Los besos podían mentir, él lo sabía, pero ese rubor que hacía que sus ojos brillasen y la respiración agitada... no, eso no podía engañarlo.


—Sí, lo he besado.


No debería encontrar fascinante a su oponente. Especialmente a aquel joven que lo había juzgado tan injustamente y de manera pública. Aquel oponente en particular, cuyas pullas siempre parecían dar en la diana, convirtiéndole en un personaje de comic. No era esa la reputación que él quería cuando necesitaba usar su fama para poner en marcha una fundación. Y no debería cometer el fatal error de pensar que era un joven atractivo.


—¿Cómo se atreve?


—Me atrevo a muchas cosas —replicó Chanyeol—. Como usted mismo ha dicho en tantas entrevistas.


Baekhyun lo fulminó con la mirada y Chanyeol aprovechó la oportunidad para estudiarlo de cerca. Sus facciones lo excitaban contra su voluntad. Era bajo y delgado, pero no había en el nada frágil. Su pelo era corto, liso, de un rojo oscuro, cautivador e inusual, casi tanto como sus ojos verdes. El traje de chaqueta oscuro que llevaba era a la vez profesional y deliciosamente perfecto para sus curvas, e Chanyeol se encontró reviviendo ese beso, el cuerpo pequeño contra su torso...


Hacía mucho tiempo que no deseaba tanto a un joven.


—Lee Sungyeol es un hombre muy desagradable —empezó a decir, irritado consigo mismo—. Tuvo una corta y patética carrera como luchador en Kiev y ahora es una especie de promotor. Lo he convencido para que lo dejase en paz de la única manera que él podía entender. Si quiere ofenderse por ello, yo no puedo evitarlo.


—¿Diciéndole que soy de su propiedad? —el énfasis helado que puso en esa pregunta hizo que Chanyeol deseara besarlo de nuevo—. Qué medieval. ¿Le importaría explicarme por qué ha dicho eso?


—Sungyeol cree que es mi amante —respondió Chanyeol. Y, a pesar de que era una locura, le gustaba la idea.


—Yo no le he pedido que apareciese montado en su caballo blanco para salvarme —replicó Baekhyun.


 


Su voz era tan elegante como la cadena con perlas que llevaba, caro, aristocrático. No estaba al alcance del niño pobre que había crecido en Nizhny Novgorod cuando aún se llamaba Gorki, una palabra rusa que significaba amargo. Y así era precisamente como Chanyeol recordaba esos años. Tal vez por eso lo afectaba tanto aquel joven. Hacía mucho tiempo que nadie se atrevía a insultarlo como lo hacía el.


 


—No necesitaba su ayuda —siguió Baekhyun, ofendido, como si él no hubiera visto su miedo.


Pero no era responsabilidad suya, se dijo. Byun Baekhyun se había convertido en su enemigo y debería recordar eso por encima de todo.


—Tal vez no —Chanyeol se encogió de hombros—. Pero conozco a Sungyeol y sé que es un hombre peligroso y violento. Si yo no hubiera intervenido, no sé qué habría sido capaz de hacer.


—Había mucha gente, no creo que...


—¿No le duele el brazo, doctor Byun?


El pareció desconcertado por un momento, pero luego se pasó una mano por el brazo que Sungyeol había apretado. Y, al pensar que podría haberle dejado marcas, Chanyeol apretó los labios, furioso.


—Estoy bien —respondió por fin, dejando caer los brazos a los lados.


Quería engañarlo, pero Chanyeol se dio cuenta de que el encuentro lo había asustado más de lo que quería dar a entender.


—Me alegro.


—Aunque agradezco que acudiese en mi ayuda, entenderá que no puedo perdonar el método que ha usado para hacerlo.


—Tal vez haya sido un poco extremo —reconoció él.


¿Por qué lo había besado? Como tantos matones, Sungyeol era en realidad un cobarde y él lo sabía bien porque había peleado contra él muchas veces al principio de su carrera. Sungyeol solo se atrevía con los débiles y que él estuviera allí debería haber sido más que suficiente para que se apartase. ¿Por qué lo había besado entonces?


—Pero ha sido efectivo, ¿no?


—¿Efectivo para quién? Puede que haya destrozado usted mi carrera, aunque imagino que ese era su objetivo. ¿Qué mejor manera de hundirme que besarme en público como si fuera su amante?


 


Como si él tuviera que jugar sucio. Él era Kim Chanyeol, campeón de artes marciales y estrella de cine, y ninguna de esas cosas por accidente, a pesar de sus insinuaciones. Entrenaba durante muchas horas al día para ser el luchador que era, había aprendido su idioma y minimizado su acento ruso tres años después de salir de Rusia. Él no necesitaba jugar sucio, prefería ir directo al grano. De hecho, era famoso por ello.


—¿Es usted mi amante? —le preguntó, burlón—. Si lo fuera, lo recordaría.


—Vamos a dejar las cosas claras —dijo Baekhyun, con voz ligeramente temblorosa—. Yo le estudio a usted y sé que se ha pasado la vida ganando a sus oponentes, uno detrás de otro, sin admitir nunca la posibilidad de derrota.


Chanyeol se dijo a sí mismo que el color en sus mejillas era el resultado de las mismas imágenes que habían aparecido en su cerebro. No tenía nada que ver con que el lo estudiase como si fuera un animal en el zoo. Pero esa boca suya, adictiva, esas torneadas piernas... Que lo encontrase tan atractivo cuando sabía que podría destruirlo era absurdo.


 


De hecho, el doctor Byun había hecho todo lo posible por destruir su carrera, pero eso no impedía que se sintiera excitado. Le gustaría enredar los dedos en su pelo y oírlo gritar su nombre, húmedo de deseo y suyo...


Aquello era desesperante.


—Suelen decir de usted que es una fuerza de la naturaleza —siguió Baekhyun, levantando la barbilla como si esperase una discusión, como si pensara que estaba insultándolo—. No hay que tener mucha imaginación para concluir que vio una forma de hundirme y aprovechó la oportunidad.


—Su trabajo podría parecerme interesante, doctor Byun —replicó él, mientras intentaba borrar de su mente esas imágenes sexuales— aunque no esté de acuerdo con sus ideas. Y puedo estar en desacuerdo sin planear estrategias para desacreditarlo. Quería ayudarlo, sencillamente. Hubiese ayudado a cualquiera en la misma situación. Siento mucho que lo haya encontrado ofensivo.


Baekhyun lo estudió durante unos segundos con el ceño fruncido y Chanyeol tuvo la sensación de que estaba midiéndolo, buscando sus defectos. Otro recordatorio de su triste infancia y su desesperada búsqueda de fama y fortuna.


Inquieto, tuvo que hacer un esfuerzo para llevar oxígeno a sus pulmones y mantenerse calmado. Afortunadamente, sabía cómo hacerlo.


—La vida no es una película de acción, señor Kim —dijo Baekhyun entonces, con su mejor tono de profesor, como si estuviera juzgándolo, aunque tenía los labios ligeramente enrojecidos por el beso—. No puede aparecer de repente, besar a una persona sin permiso y esperar que le dé las gracias. Lo más lógico es que reciba una bofetada y una demanda judicial por acoso.


—Por supuesto —asintió él—. Gracias por recordarme que estoy en el país que plantea más demandas legales. La próxima vez que lo vea delante de un camión, sea humano o mecánico, dejaré que lo atropelle.


—No creo que volvamos a encontrarnos —replicó.


Se mostraba frío, pero Chanyeol sabía que no lo era. Lo recordaba apretado contra su pecho, ardiendo. Sabía que, tras esa fachada tan educado, tan serio, había un volcán.


—Yo no estaría tan seguro.


—Pero yo sí. Y ahora, si me perdona, tengo que solucionar este asunto. El mundo entero ha visto que un machito de Hollywood me besaba en plena calle...


—Sea sincero, doctor Byun —lo interrumpió Chanyeol—. Si se atreve.


Sus ojos se encontraron entonces y su mirada lo desconcertó por completo. Era como si despertase una parte de él que había creído enterrada mucho tiempo atrás. Lo miraba como si lo hubiera ensuciado, como si fuera uno de los monstruos contra los que luchaba cada día en sus conferencias.


—Usted me ha devuelto el beso, milaya moya —le recordó, viendo la verdad en el rubor de sus mejillas, suyo para usarlo como quisiera.


Y ese era el problema. Que le gustaría hacerlo.


Chanyeol arqueó una ceja, retándolo a negarlo. Retándolo a mentir.


—Y le ha gustado, no lo niegue.

Notas finales:

Baiia Baiia desde el primer capitulo y ya hay una tension en el ambiente. Las actualizaciones tal vez sea cada dos dias... depende de como lo avance 


 


Las amodoro 😍

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