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The Bloody Awesome ABC

Autor: xoxomcr

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Notas del fanfic:

Disclamer: Hetalia ⒸHidekaz Himaruya.

Notas del capitulo:

Me dieron ganas de que este fic esté también aquí (luego de 6 años x'D, empecé justo en enero del 2011) y también de ponerme en vergüenza un poco, supongo. Cada vez que lo reviso me da una mezcla de pena y orgullo a la vez. Pena porque se nota un poco de inmadurez en la trama general de casi cada historia y orgullo porque aún así no está tan caótico y le tengo cariño. No nacemos siendo eruditos de la escritura. De todas maneras se plantea algo diferente al transcurrir los capítulos porque lo continué a través de los años (aún no termino). Soy un desastre en seguir una línea estricta de actualizaciones.

 

Algún día patearé el trasero de mi bloqueo.

Alianza

 

Sentado en una cómoda silla yacía un sujeto de cabellos platinados y ojos carmesíes, demasiado concentrado como para que alguien osara a molestarlo, frente a una computadora portátil tecleaba con intensidad y rapidez.

 

...

...

 

Hey, cejotas… hemos tenido que pasar por tanto para tener una idea más o menos clara sobre de qué rayos iba nuestra relación, aunque ahora tampoco lo sé con demasiada precisión; es más, creo que todo lo que ha pasado sólo hizo que mi confusión aumentase más, y que alguien tan genial como yo esté confundido no es demasiado awesome, ¿sabes? Hasta ahora no sé si no te soporto o si me agradas más de lo que estoy dispuesto a aceptar. Desde esa batalla contra Francia debo decir que nuestro trato fue diferente a como siempre había sido, aunque nos hemos cruzado ya anteriormente, eso hizo que nuestra indiferencia mermara un poco más. Pero para tratar de disipar un poco la razón del por qué estoy diciendo toda esta locura, vamos a rememorar algunos hechos...

 

— —

— —

 

Guerras... guerras... guerras.

 

Eso es lo que definía a Europa hace tiempo. Una titánica batalla tras otra más grande, muchas de ellas llevadas a cabo con el fin de hacerse más poderosos y obtener nuevas riquezas (aunque algunos lo hacían con otros motivos), un caos total en el que prácticamente todos eran partícipes. Recuerdo que gracias a una de esas guerras fue cuando te empecé a notar un poco más.

 

1740-1748 – Guerra de la Sucesión Austriaca. Relación: enemigos.

 

En ese entonces lo primordial para mí era conseguir más poder e invadir regiones vitales, llevar a cabo mis proyectos expansionistas... y qué mejor que Silesia, tierra de ese presuntuoso señorito que no hacía más que llamar mi atención. Para qué negarlo, todo lo que yo quería era más poder, que Prusia fuera el reino que se irguiera ante todas las demás naciones e imperios, que todos me aclamaran y me reconocieran como alguien que estaba a otro nivel, por encima de todo lo que hubiesen conocido con anterioridad. Eras un cabronazo, te uniste a la guerra apoyando a Austria, oponiéndote a los planes de invadir Silesia porque yo tenía como aliados a España y a Francia. Era de entender que España no te hacía ninguna gracia ya que estabas de guerra con él desde un tiempo atrás, pero lo divertido era que tu principal motivo de anexarte a la lucha fue para patear el trasero de Francia sólo por verlo humillado. En esa ocasión tus planes no funcionaron del todo; como se esperaba, la impresionante victoria fue mía, ya que no podría concebir que fuese de otra manera. Pero hay que tener agallas para hacer frente a mi increíble persona por puro capricho (aunque fuese indirectamente).

 

1756-1763 – Guerra de los Siete años. Relación: cada uno por su lado.

 

Apenas había finalizado la Sucesión Austriaca, ya venía otra guerra. Tuvimos muchas altas y bajas, Austria quiso recuperar Silesia, además de que hubo muchos otros sucesos y batallas que acontecieron más adelante, pero al final me las pude arreglar. Por otra parte, y después de muchos conflictos que tuviste con Francia y España (de nuevo), digamos que no saliste mal parado. Bueno, en realidad los más beneficiados en esta guerra luego de firmar el tratado de paz, fuimos nosotros. Conseguiste apoderarte de muchas tierras y riquezas y yo cumplí la mayor parte de mis objetivos. Esa fue la primera vez que pensé en que debíamos celebrar juntos con un buen trago, es que demonios... éramos geniales. Pero deseché la idea antes de siquiera formularla por completo, no éramos lo suficientemente cercanos como para hacerte esa propuesta.

 

1815 – Batalla de Waterloo. Relación: aún siendo procesada...

 

Pasó el tiempo y una nueva batalla nos esperaba. Después de una pequeña plática sobre nuestros intereses, con ella llegó una especie de acuerdo entre los dos y otras entidades, nada demasiado serio, sólo brindar apoyo esporádicamente si el otro lo necesitara. Por supuesto, cada uno mirando su conveniencia en todo momento, no es como si hubiera otro motivo que nos impulsara a establecer un acuerdo.

 

A pesar de eso, ¡quién diría que hacemos tan buen equipo! Una estrategia por ahí, una emboscada por allá, tener buena sincronización, un inesperado entendimiento mutuo... y listo: ¡Un trasero francés apaleado!

 

Todo comenzó por la culpa de Francia, tratando de invadir Holanda y procurando también crear aún más problemas entre nosotros a sabiendas que en esos momentos estábamos atravesando por una discrepancia política; claro, para él sería lo más conveniente ya que así podría atacarnos por separado y hacer su tarea más sencilla.

 

Sí, Francis... otra vez tenía que ver en esto.

 

En vez de eso, lo único que logró fue que nos uniéramos en una alianza. Habíamos luchado arduamente contra él, que venía respaldado por un Napoleón Bonaparte que apenas  retornaba de su exilio en la isla de Elba.

 

Tampoco hay que desmerecer lo que hicieron los demás aliados en la batalla, esa vez sí que lo vi furioso a Holanda... pero los cabecillas en la batalla fuimos tú y yo. Tú con Arthur Wellesley al frente, y yo con Gebhard Leberecht von Blücher (resulta que hasta las iniciales de los nombres de nuestros comandantes son los mismos que de los nuestros, ¡qué coincidencia más bizarra!). A medida que íbamos pasando por cada obstáculo, nos entendíamos un poco más, resultaste ser un excelente compañero de batalla. Te ayudaba cuando estabas en apuros, y tú hacías lo propio conmigo.

 

Al finalizar todo, y ya con la aplastante victoria a nuestro favor, teníamos que decidir qué nombre tendría la batalla.

 

La Belle Alliance sería un nombre adecuado —sugerí, ya que plasmaba perfectamente nuestra situación.

 

—No, la batalla debe llevar el nombre del lugar donde fue llevada a cabo, definitivamente se llamará “la Batalla de Waterloo” —muchas veces traté de persuadirte para que fuera otro el nombre, pero como eres demasiado terco dijiste que esa era una tradición que tenías y que fuera como fuese la batalla tendría el nombre que habías elegido, ¡eres imposible!

 

Con el paso del tiempo, tú fuiste el que se llevó mucho del crédito de esa batalla, demasiado diría yo, ¡maldita sea!

 

Después de eso fue que nos hicimos más cercanos, y fue la primera vez que celebramos juntos una victoria... quién iba a pensar que luego de eso fuiste una de mis principales opciones para ir a un bar a tomar como desquiciados.

 

— —

— —

 

En teoría —e irónicamente—, las guerras hicieron que hubiera paz entre nosotros, pero eso no quiere decir que todo es color de rosas (porque obviamente el rosa es sólo para maricas), a veces no te entiendo, eres demasiado gruñón e insoportable, gritándome sólo por aparecer de vez en cuando en el sofá de tu sala en calzoncillos, tu cara se torna roja, no sé si por vergüenza o rabia (o ambas), pero sin dudas es una señal de advertencia, casi siempre lo ignoro, ¡es que así se está más cómodo! Además, hay que aprovechar los únicos días de sol que hay en tu casa, pero tú no entiendes y siempre termino con un ojo morado después de explicártelo. Rayos, sí que eres un bastardo cuando te lo propones.

 

Pero me... me caes bien, deberías agradecer que le agradas a alguien tan genial como yo... pero a veces no te soporto... pero es llevadero... pero a veces explotas y me golpeas (lo cual en la mayoría de los casos es perjudicial para mí... mucho), y a veces eres muy tranquilo, tanto que suelo dudar que Arthur Kirkland sea el que está parado frente a mí, ¡realmente quién te entiende! Tu carácter es una bomba de tiempo, pero creo que de alguna manera es... interesante.

 

Aún no somos los mejores amigos, pero ten por seguro que gracias a esa alianza, aprendí que un inglés sólo es bastardo hasta un punto... y que cuando el hambre ataca, no es buena idea hacértelo saber.

 

FIN

 

Nota del grandioso autor: a los que leyeron eso: ¿Se dieron cuenta de que en ninguna de las batallas que he peleado en este relato tuve el desagrado de perder? Es que eso era imposible. ¡Definitivamente soy increíble!

...

...

 

Con una sonrisa satisfactoria terminó de ver si su ortografía era decente (a veces podría ser pésimo en el arte de escribir correctamente las palabras, ¡pero que un rayo lo partiese si tuviera siquiera una pequeña falta en su precioso blog!).

 

— ¿Qué haces Gilbert? —cuestionaba un rubio de pronunciadas cejas, sentado en uno de los sillones de la amplia sala en donde también estaba Gilbert, el albino le dijo que esperara un rato alegando que tenía que terminar algo en la computadora, pero esto ya era demasiado— Déjate de mierdas y apúrate de una jodida vez que no tengo toda la noche —continuaba, mirando frecuentemente su reloj de muñeca.

 

—No seas impaciente, Kirkland —respondía el albino—. Además tú y yo sabemos perfectamente que tienes toda la noche... y también parte de la mañana —pronunciaba socarronamente haciendo exasperar a Arthur.

 

—Demonios, hace horas que llevo esperando como estúpido y tú tranquilo escribiendo quién sabe qué cosas frente a esa máquina, ¡pareces un maldito obsesivo!

 

El de ojos escarlatas fingió ignorarlo, un poco más de sufrimiento no haría mucho daño.

 

— ¿Me estás escuchando, bastardo?

 

—Lo siento, no te estaba atendiendo, ¿decías...? —articulaba de forma burlona, ganándose un golpe en la cabeza— ¡Auch! Qué violento, si sólo bromeaba —decía sobándose la parte afectada—. No te preocupes, que casi termino; digamos que estaba reflexionando sobre problemas existenciales y estaba... inspirado —concluyó con una sonrisa de lado provocando que el de ojos verdes levantara una ceja, pero no dijo nada.

 

Luego de unos cuantos clicks más, Gilbert cargó el relato en su blog, deseando que a Inglaterra no le diera un repentino interés por los beneficios del Internet.

 

—Ya está, ahora tienes al impresionante Gilbert sólo para ti —decía de forma cantarina.

 

—Sí, sí... como sea —respondía Arthur rodando los ojos.

 

Luego de eso partieron hacia el bar que tenían planeado visitar desde hace unos días, dispuestos a ahogarse con unos buenos tragos, definitivamente esa sería una larga noche.

Notas finales:

Básicamente el objetivo de esto era demostrar una perspectiva en donde el PrUK no debería verse crack!

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