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Insegnami.

Autor: Rainbowoas

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Notas del capitulo:

Bueno, yo otra vez...  Vengo con un nuevo relato, apareció en mi mente y pues, se concretó de esta manera.  

Si les gusta, me gustaría saberlo,  y solo así lo sigo.  Tengo otros dos más importantes, en mi opinión, así que este será como un "relleno". 

 

El reloj despertador comenzó a pitar, despertando de un salto a Akira. Su expresión de asombro y susto cambiaron a una de enfado y rabia en un abrir y cerrar de ojos, al ver que el molesto aparato que sonaba imparablemente a su lado, marcaba nada más ni nada menos que las 5:40 am.
Refunfuñó maldiciones y se volteó apoyando su rostro en la almohada blanca de su cama. Maldijo el ser tan dormilón, el vivir alejado del instituto de escuela media donde trabajaba hacía seis años y, como acostumbraba diariamente, maldijo también a cada uno de los estudiantes a quienes enseñaba.
Contra toda su voluntad, se puso de pie y caminó con desgana hacia el baño de su habitación, para darse una ducha; y luego, sin desayunar - pues su esposa no era de quienes preparaban el desayuno y almuerzo para su esposo e hijos- dirigirse a su calvario.


-Akira-sensei – Akira dejó de un lado el montón de exámenes por corregir y llevó su mirada a quien lo llamó de manera tan educada, encontrándose con aquel alumno tan peculiarmente inteligente, y se extrañó de verlo aun en la escuela, pues el horario de salida ya había pasado y solo quedó él corrigiendo.
-¿Si? – se quitó las gafas de lectura.
-Verá… hay algo que no entiendo. – Comentó el chico, pasándole su libro de álgebra e indicando con un dedo, un ejercicio en él. - ¿Cómo resuelvo esto?
-Takanori, estoy ocupado – señaló los exámenes – debiste pedir ayuda en el momento adecuado, es decir, en la clase.
Un suspiro proveniente de Akira luego de decir aquellas palabras se coló en los oídos de Takanori.
-Pero sensei – un puchero acompañado de una mirada de súplica se pintó en su rostro – nos dio tarea, y no puedo resolverla para mañana si no entiendo como hacer los ejercicios.
Aquel argumento pareció convencer a Akira, que tomó el libro y observó con detenimiento el maldito ejercicio. Alzó una ceja en señal de incredulidad.
-¿Estás seguro que no entiendes? – Takanori asintió con una mirada inocente.
Akira se puso de pie y se paró a un lado de la pizarra. Comenzó transcribiendo el ejercicio y al terminar, extendió el marcador a Takanori, que caminó a su encuentro y lo tomó en manos. Lo siguiente fueron tres minutos de explicación, donde Akira miraba burlonamente a Takanori, quien ante cada indicación fruncía más su ceño y se ponía más nervioso cada vez. En realidad él sabía perfectamente cómo resolver aquello, y sabía que Akira lo había descubierto, y daba indicaciones incorrectas para probarlo.
-Pues bien, adelante, a resolver. – Akira tomó asiento y se volteó de medio lado para observar el progreso de Takanori con una media sonrisa.
Takanori tragó un gran cúmulo de saliva, nervioso, y comenzó a escribir, entre temblequeos notorios.
Akira sonrió negando, la inteligencia de Takanori no dejaba que cometa un solo error. Miró analíticamente el perfil de Takanori, que había quedado momentáneamente estático; relamía sus labios con desespero y sus ojos paseaban por toda la pizarra.
-Takanori – lo llamó en un tono serio, y al mencionado se le cayó el marcador de la mano. Cuando se agachó a recogerlo, sintió su cintura apresada por un par de manos grandes y fuertes, y, lo siguiente que sintió fue la fría pizarra rozando su mejilla izquierda.
-¿Qué pretendes? – Akira le habló en un susurro, haciendo que el aire caliente que expulsó impactase la oreja de Takanori, quien jadeó ante aquello.
-Na-nada – tragó saliva.
-Sabes que esto está mal ¿verdad? – preguntó volteándolo. La expresión de Takanori cambió de nerviosa a lujuriosa, notándose en su mirada y en una pequeña sonrisa perversa.
-Lo que este bien o mal es subjetivo, sensei.
-¿Te parece adecuado tentarme sabiendo que tengo esposa e hijos? – se apegó a su cuerpo.
-No tienen por qué enterarse – Takanori aproximó su rostro al de Akira.
-¿Ni siquiera siendo uno de mis hijos, tu mejor amigo? – preguntó Akira, y Takanori abrió los ojos con sorpresa. Aquello no sonaba para nada lindo saliendo de sus labios.
-Con permiso, profesor. – Intentó apartarse, siendo retenido por el más alto.
-No te vas hasta resolver esto…
-Pero sensei, entiendo el ejercicio, y lo sabe. – una sonrisa nerviosa se dibujó en su rostro, no lograba apartarse de Akira.
-¿Quién hablaba del ejercicio? – preguntó, y tomó a Takanori de sus cabellos oscuros con fuerza, empujándolo hacia abajo. – Vas a aprender a no mirarme de esa manera tan perversa cuando estoy enseñando – comenzó a desprender su cinturón.
Takanori lo observaba entre nervioso, ansioso y culpable. Pero realmente le tenía ganas a aquel adulto sensual. Apartó las manos de Akira y comenzó a abrir la botonadura de su pantalón azul marino, que bajó hasta sus rodillas y repitió aquella acción con el bóxer.
Mordió sus labios y miró con lujuria y lascivia el pene semi erecto de Akira. Este creyó morir ante aquella mirada peligrosa.
-Chúpala. – Ordenó.
Takanori clavó su mirada oscura en la de Akira y sonrió con lujuria, para luego tomar su pene y lamerlo, desde la base a la punta.
-Ahh… - jadeó Akira, y se sostuvo de la pizarra, que se encontraba frente a él.
Takanori lamió esta vez en dirección inversa y al llegar a sus testículos, los metió en su boca alternadamente.
-Ahh… Maldición. – Akira tomó su pene – Abre la boca – así lo hizo Takanori, sacando, además su lengua, que Akira comenzó a impactar con su pene. - ¿Te gusta, huh?
-Me encanta – Dijo, y encerró aquella – ya – gran erección con sus labios. Comenzó a meterla y sacarla rápidamente, ensalivándola en su totalidad. El salón de clases se invadió de sonidos obscenos; gruñidos y gemidos de parte de Akira.
Akira se sentía al borde de un colapso, la atención que recibía en sus genitales lo tenían loco, y pronto se vio penetrando la cavidad bucal de Takanori con euforia y necesidad.
Takanori por su parte, se sentía embriagado, jamás imaginó estar en aquella posición con aquel hombre tan sexy, personaje infaltable en sus pensamientos lujuriosos y causante de sus erecciones diarias.
-Cójame, sensei – murmuró sobre la erección de Akira, cuando la hubo sacado de su boca.
Akira creyó morir, con la misma fuerza con la que lo mandó hacia abajo, lo atrajo hacia él y depositó en sus labios un beso corto, seguido de uno más largo, y uno más candente y pasional. Takanori gemía entre sus labios, pues Akira había comenzado a toquetear su cuerpo de manera eufórica y demandante, dejando a la vista de Takanori la gran necesidad y deseo que le tenía. Takanori sonrió, su autoestima ascendió hasta los cielos.

-Tienes que prometer que no dirás nada. – Decía seriamente Akira.
-A-ajá – Takanori comenzó a temblar, las manos de su sensei se adentraron en su bóxer, tocando su más que notable y dura erección.
-Estás duro, muchacho. – Murmuró Akira.
-E-es su culpa… - Akira rio sin apartar sus ojos miel del rostro acalorado de Takanori.
-Sácate el uniforme – Ordenó, una vez que se apartó de él. Takanori lo miró, jadeante, e hizo aquello que se le pidió, comenzando por el saco del uniforme y siguiendo por sus pantalones, cuando hubo quitado sus zapatos.
-La camisa, quédatela. – Tomó asiento en la silla de su escritorio y comenzó a masturbarse. – Date la vuelta.
Takanori se volteó incómodo e intrigado, no tenía idea de lo que Akira pretendía hacer.
-Quítate el bóxer. – Takanori tragó saliva con dificultad y se deshizo de su ropa interior blanca. “Perfecto” escuchó a sus espaldas. – apoya tus manos en la pared de enfrente y abre las piernas. – Takanori frunció el ceño, ¿en que momento aquello se había convertido en un juego dominante/sumiso?
-Takanori – El alumno volteó. - ¿Por qué no haces lo que te digo? – Akira se puso de pie, acercándose a él con parsimonia.
-Porque no quiero. – Respondió Takanori seguro.
-¿No quieres, huh? – preguntó mirándolo analítico, sin dejar de masturbarse. Takanori negó. - ¿Y que quieres?
Takanori lo miró inexpresivo y luego sonrió de lado. – Que me coja, Akira-sensei.
Akira tomó a Takanori de la cintura y lo atrajo hacia él, besando sus labios con demanda una vez más. Cuando el beso se rompió, Akira estampó a Takanori sobre el escritorio, dejándolo recostado con su pecho.
-Animal. – jadeó Takanori, robándole una sonrisa perversa a Akira.
-Así y todo vas a pedir por más. – Le dio una nalgada.
Las manos de Akira acariciaban los muslos y el trasero de Takanori, que además, apretaba a veces. Pronto, sus manos separaron las nalgas de su alumno y Takanori soltó un respingo, al sentir un líquido tibio cayendo en su ano. Akira había dejado escapar de su boca un hilo de saliva.
Un dígito curioso se adentró el aquel apretado y pequeño orificio, que tenía a Akira en un estado de locura, y comenzó a moverse lentamente, haciendo círculos, entrando y saliendo cada vez con mayor rapidez. Takanori mantenía su frente pegada al escritorio, en ella se dibujaba una expresión ceñuda y su boca estaba abierta dejando escapar sonoros y largos gemidos.
-Meta otro más, sensei – Suplicó en un jadeo.
Akira sonrió con malicia, y no metió sólo un dedo, sino dos. Se sintió estrangulado por aquel conducto y mordió sus labios al pensar que su pene entraría allí.
-Mmh… - Dio un par de nalgadas fuertes y sonoras con su mano libre, y comenzó a simular embestidas con fogosidad, disfrutando de hacer temblar al chico que tenía enfrente.
-Cójame, sensei. – Suplicó Takanori.
Akira se detuvo y apartó su mano, viendo el ano de Takanori algo dilatado pero exquisito. Tomó su pene erecto con una mano, dejó – desde su altura – caer saliva sobre él, felicitándose mentalmente por su gran puntería y luego la esparció, lubricando su pene.
Entró en aquel orificio con lentitud, disfrutando de la placentera fricción entre ambos órganos.
-Ahh… - Gimieron al unísono.
-Muévase sensei – Takanori movió levemente sus caderas.
Akira comenzó a salir y entrar lentamente, sus manos daban nalgadas al trasero de Takanori, que comenzaba a ponerse rojo.
-Mmh… ¿Te gusta? – lo penetró con fuerza.
-¡Ah! Si, sensei, más rápido – Suplicó desesperado.
Akira aumentó su velocidad y fuerza, y con ello, su glande impactaba directamente en la próstata de Takanori, haciéndolo temblar y sacudirse sin dejar de gemir.
-Ah… Ahh… Ahh.. – Gemía incesante, buscando algo por lo que prenderse, al encontrarlo lo arrugó entre sus manos: un examen de los que Akira tenía sobre su escritorio.
Akira salió del interior de Takanori y tomó asiento en su silla, Takanori se incorporó y lo miró extrañado.
-Ven aquí – Akira extendió una mano hacia Takanori, este la tomó y fue lanzado con fuerza hacia él, quedando sentado sobre las piernas de Akira, con sus piernas abiertas.
Un beso húmedo y necesitado fue lo siguiente, mientras Takanori se movía en círculos rozando sus partes íntimas con la erección húmeda de Akira.
El más bajo llevó una mano hacia el pene de Akira y lo metió en su interior con rapidez, comenzando a subir y bajar de él sin detenerse. Akira disfrutaba de aquello y abría con fuerza la camisa de Takanori, y, al encontrar libre el pecho del otro, comenzó a besarlo y acariciarlo a su antojo, deteniéndose especialmente en sus tetillas.
Takanori sentía su orgasmo aproximarse, por lo que comenzó a moverse más velozmente, pues quería que su sensei terminase antes que él.
-Ahh… Takanori… - Gimió fuerte Akira, mientras se aferraba a él.
-Ahh… ¡sensei! – Gritó placenteramente antes de curvar su espalda hacia atrás y eyacular sobre el uniforme de Akira. Al no lograr su cometido, se puso de pie e inmediatamente hizo lo que Akira le había pedido minutos antes: apoyó sus manos en la pared que quedaba frente a ellos y abrió sus piernas, dejando a la vista su entrada. Akira sin perder tiempo, se aproximó hacia él y lo penetró con fuerza, sacándole un jadeo casi incesante. Embistió un par de veces más aquel orificio y gruñó alto, avisando a Takanori que se aproximaba al final, quien se apartó y se colocó a la altura de su pene, abriendo su boca.
Akira comenzó a masturbarse necesitadamente y se corrió en la boca de Takanori y parte de su mentón.
Akira tomó a Takanori con delicadeza de los hombros y lo puso a su altura, mirándolo con inseguridad y pena.
-Lo siento, muchacho – con su pulgar limpio el mentón de Takanori, y este tomó la mano de Akira y llevó ese mismo pulgar a su boca, lamiendo y tragando el semen.
-Me encantó – afirmó con una sonrisa picara.
Akira lo besó con lentitud y tranquilidad, disfrutando y devorando parte de su semen.

Cuando ambos estuvieron relativamente limpios y listos, Akira habló:
-Ni una palabra a nadie. – Takanori asintió. - ¿Quieres que te lleve a tu casa? Ya se hizo tarde y está oscureciendo.
-Si no es molestia para usted.
Salieron y se dirigieron al automóvil, luego emprendieron camino, Takanori iría a su casa con su familia, que creía que luego de la escuela había quedado en casa de Yutaka, su mejor amigo, realizando tareas; y Akira igual, con su esposa Fumiko y sus hijos Yutaka y Shika.
Notas finales:

Pueden dejar sus comentarios por ahí... 

Saluditos 

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