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Matrimonio forzado

Autor: Saeltiel

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Notas del fanfic:

Los personajes de saint seiya no me pertenecen y los uso con el unico fin de entretener a mis lectores.

Durante un largo tiempo el patriarca se había encargado de negociar un tratado de paz con el inframundo en la más absoluta discreción, luego de muchos años de arduo trabajo pudo lograr que ese fin de semana se firmara el tan esperado acuerdo. Antes de partir a Suiza le dejó al caballero de acuario una carta sellada con lacre en color rojo y una diminuta caja de marfil en la onceava casa del zodiaco, cuando el menor volvió al templo que custodiaba abrió el improvisado sobre y comenzó a leer el contenido del mismo. Guardó la el papel y la caja de marfil en su bolsillo y tambaleante salió dispuesto a cumplir con su misión. Últimamente no había estado sintiéndose muy bien, inclusive estuvo a punto de dejar sus entrenamientos de esa mañana inconclusos pero de alguna forma logró conseguir terminarlos, todo le daba vueltas, el dolor de cabeza era insoportable pero no podía darse el lujo de caer enfermo, al menos no hasta que cumpliera con su encomienda; sin embargo, su cuerpo opinaba todo lo contrario, y justo en el umbral de la puerta del templo de leo se desvaneció en un instante, para cuando volvió en sí se encontraba ya en su dormitorio y junto a él se encontraba un consternado caballero de leo, a quien no tuvo más opción que delegarle el cofre y la misiva luego de que este le explicara que Milo no tardaría en llegar con el médico. Era inútil, no pudo controlarse y de nuevo cayó en la inconsciencia antes de que pudiera ver partir al león dorado.

 

 

         El ambiente era demasiado tenso en el gran salón, los espectros, especialmente Radamanthys, no dejaban de quejarse y de amenazar al patriarca con dar contra a las negociaciones y comenzar de inmediato una nueva guerra santa gracias al retardo de Camus mientras que Shion ya se había gastado todas las excusas que tenía para hacer tiempo pero hacía más de una hora que el caballero de acuario no aparecía pero entonces, cuando todo parecía perdido las puertas del gran salón se abrieron y por ellas se introdujo el espectro de sapo armando un escándalo y gritando que el caballero dorado ya había llegado. Los ojos del leñarían se iluminaron y corrió de inmediato hasta la entrada empujando a Zeros antes de que este pudiera informarles a todos que el recién llegado le había golpeado el trasero con el plasma relámpago, tan pronto se encontró con el hermano de Aforos sus ojos reflejaron cierta desilusión al tiempo que preguntaba por el paradero del galo, no obstante al escuchar un carraspeo a sus espaldas llevó al griego a trompicones hasta un escritorio para luego arrebatarle la cajas.

 

 

 

 

 

         Todo lo que ocurrió después de su llegada fue muy rápido y el minino no pudo discernir lo que pasaba solo podía ver como el patriarca le daba a un curioso hombrecillo de cabello cano, grandes bigotes blancos y anteojos de fondo de botella el objeto que le habían encomendado para luego firmar a la velocidad de la luz una montaña de hojas, para cuando pudo reaccionar el anciano pronuncio su sentencia de muerte: - ¡Muy bien, con esto es más que suficiente, por el poder que la ley me ha conferido yo los declaro Marido y Doncel... muchachito puedes besar a tu esposo picarón! - dijo mientras movía los bigotes y le guiñaba un ojo aquel quien había resultado ser un juez. Entre curioso y estupefacto posó su mirada en el escritorio observando como sus huellas aún se encontraban impresas en el papel, luego se volvió a Radamanthys quien molestó afirmaba que el león dorado no era digno de convertirse en el esposo del juez más poderoso del inframundo pero, ya que lo hecho hecho estaba, no había nada que hacer al respecto, ante esta importante declaración comenzó a buscar desesperado al patriarca por toda la habitación mientras su mente desvariaba en el futuro que se le esperaba, cada una de estas locas fantasías era protagonizada por cada uno de los espectros mientras intentaba discernir cuál de ellos se había convertido en su marido.

 

 

 

 

 

 

 

ECENA 1 (Radamanthys):

 

 

 

 

 

- ¡Aioria, Aioria, ¿se puede saber dónde demonios está mi cena?! - Gritaba Radamanthys colgando el casco de su sapuri en un perchero - ¡Trabajo como un esclavo todo el día y lo menos que espero al llegar a casa es encontrar la casa limpia y algo de comida decente después de asesinar gente todo el día! - gritaba sentándose a la mesa tomando el periódico con el ceño fruncido.

 

 

 

 

 

- ¡Ya voy querido, ya voy! - Respondió saliendo a toda prisa de la cocina vistiendo un delantal rosa de encajes y una pañoleta blanca en la cabeza, con un plato en cada mano y un gran estomago de casi nueve meses -! James William Anthony Edward, Ann Mary Violet Victoria a comer!- Gritaba el sucio caballero de leo mientras servía la mesa y escuchaba el sermón de su marido a causa de sus gritos y lo indigno que era como esposo del juez más poderoso del inframundo.

 

 

 

 

 

         Un niño elegantemente vestido de cabellos lacios de color castaño obscuro, orbes doradas y las mismas cejas de azotador de Radamanthys llegó a la mesa reprochándole a su padre aquellos gritos y su apariencia, dejándole muy en claro que no era para nada un caballero; minutos después llegó una niña de rubios y rizados cabellos, grandes y hermosos ojos verdes como los de Aioria pero con las mismas cejas del espectro que tenía por padre, la niña abrazó a su padre y tras sentarse a la mesa lanzó al suelo el plato alegando que no comería tal porquería ya que eran hijos de un soldado de elite de las huestes del señor Hades y que por lo tanto no comería nada que no fuera de acuerdo a su status. Mientras el minino con gran dificultad limpiaba el suelo escuchaba a como su esposo felicitaba a su hija por su comportamiento y luego de que él mismo y su hijo hacían lo mismos se reían a carcajadas como los malvados de los dibujos animados...

 

 

 

 

 

         Su extraña fantasía fue interrumpida por el espectro de whyveryne quien le dejó muy en claro que si lo hubieran elegido a él como su esposo lo mataba. Aioria respiró más tranquilo entonces, al menos no era el psicótico de Radamanthys su cónyuge pero y si no era Rada entonces quien era...

 

 

 

 

 

 

 

ESCENA 2 (AIACOS):

 

 

 

 

 

- ¡Amorcito ya llegó el rey de la casa! - Gritaba Aiacos con una gran sonrisa mientras buscaba por todos los cuartos ruinosos y mugrientos de su humilde vivienda - ¡Yoyis, amorcito, te he traído un obsequito... Tarán... he traído la cena; hoy que venía de regreso de una comisión muy importante me di cuenta de que el mercado callejero ya se había levanto y habían dejado esta lechuga y varias verduras tiradas en el suelo, puedes creer que haya gente que tiene cosas en tan buen estado, si no me apresuro a recogerlas me las ganan los de la basura y perro callejero que me quitó dos tomates! - Contaba su proeza muy orgullosa de sí mismo mientras ponía las improvisadas bolsas de periódico sobre la mesa, ganándose la mirada iracunda de su esposo.

 

 

 

 

 

- ¡A quién demonios le dices amorcito... que ni se te ocurra llamarme Yoyis otra vez porque juro que te medio mato infeliz. Pero cuántas veces debo de repetirte que mi nombre es Aioria, A-I-O-R-I-A, grábatelo en la cabeza cajaro! - Mustió furioso amenazando al espectro de garuda con un roto cucharon de madera mientras se volvía un segundo para mirar a sus siete hijos, cuyas edades iban dese los diez meses hasta los diez años sin contar a los gemelos que estaba esperando y a uno, prácticamente recién nacido, que dormía en el cuchitril que llamaban dormitorio. - ¡Estoy cansado de esta vida de miseria que llevamos, nunca me sacas a ningún lado, si bien me lo decía mi hermano "Aioria no te cases" pero no hay voy a meter la pata, claro todo por ayudar al imbécil de Camus... Todavía recuerdo lo que me dijiste después de nuestra boda: "TE PROMETOS QUE VAS A LLEVAR UNA VIDA DE ANGEL YOYIS", si como no, claro que llevo vida de ángel, encuerado y sin tragar... mira a tus hijos, no te da tristeza de verlos siempre enfermos, desnutridos y sucios... pero ahora verás, ahora mismo agarro mis cosas y a mis diez mocosos y me regreso al santuario! - Dijo indignado dramatizando la situación mientras cargaba cual costal de patatas al niño tres años que estaba abrazado a su pierna y sacando de la sillita alta al bebe de meses mientras al grito de prole nos vamos de vacaciones los chiquillos formaron de inmediato una fila ordenada de menor a mayor y salieron detrás de su padre como pequeños pollitos que siguen a la mamá gallina mientras que Aiacos, después de entrar en pánico, salió corriendo detrás de ellos deshaciéndose en un mar de disculpas, juramentos y suplicas.

 

 

 

 

 

 

 

ESCENA 3 (MINOS):

 

 

 

 

 

- ¡Oye... Oye... Oye! - Decía Aioria como un chiquillo al cual se le ha castigado en un rincón mientras jugueteaba con unas pequeñas figuras de cristal - ¡Oye, hazme caso carajo... me importa un reverendo cacahuete que mi forma de decirlo sea gramaticalmente incorrecta... Ey te estoy hablando! - Gritó haciendo aspavientos con las manos hasta que por accidente dejó caer al suelo las carísimas figurillas de crista que se hicieron mil pedazos y como compensación por haberlas roto moderó su tono de voz.

 

 

 

 

 

- ... Me pregunto ¿Cuándo aprenderás a hablar con propiedad?, esos modales tuyos también dejan mucho que desear, quizás debería considerar muy seriamente el despedir a tus instructores, llevan tres años intentando hacer de tú un perfecto caballero y aún no han podido conseguirlo... - Minos pauso su lectura por un breve instante para contemplar de manera fugaz a su esposo por encima de un libro antiquísimo que había pertenecido a un gran emperador austriaco de la familia Habsburgo - Déjame decirte caballero que para combatir tu aburrimiento hay mejores cosas que hacer que estarme fastidiando todo el día, como repasar tus lecciones, ahora bien, si lo que quieres es conseguir mi autorización para viajar a Grecia estás perdiendo tu tiempo, el producto debe llegar a término en óptimas condiciones y el viaje comprometería seriamente su gestación... - Dijo cerrando el libro por fin y poniéndolo en la mesita que se encontraba frente al para luego tomar la taza té que se encontraba dispuesta sobre la misma. Al fin le estaba prestando atención a su marido.

 

 

 

El león dorado le arrojó un mullido cojín de seda al rostro al espectro de grifo mientras este levantaba de la mesita la taza de té, misma que termino el suelo hecha añicos y manchando la finísima alfombra persa, esto logro hacer que el mayor perdiera la poca paciencia que aún le quedaba aunque no lo demostraba, tan pronto como hizo sonar una pequeña campana de plata llegó corriendo un equipo de mucamas y mayordomos con utensilios de limpieza y una bandea con un nuevo juego de té para su amo, quien salió a tomar lo a la terraza mientras aseaban el salón seguido muy de cerca por su esposo, quien le reprochaba su conducta - ¡Cómo que producto, es un niño imbécil , es "TU" hijo, como puedes referirte de forma tan furia a una personita que lleva tu misma sangre! - Decía haciendo un puchero mientras observaba al mayordomo colocar los bocadillos. Minos seguía en silencio escuchando como la conversación de Aioria tomaba otro robo mientras todos los sirvientes del lugar podía escuchar sus quejas mientras hacían murmuraciones y bromeaban diciendo que iba a arder Troya haciendo alusión al origen del de cabellos rizados - ¡Esa actitud tuya me tiene harto, estoy cansado de vivir prisionero en esta maldita mansión siempre tomando lecciones con profesores privados porque según tú no soy digno de ser el poso de alguien como el importante y poderoso espectro de grifo; no puedo ir a Grecia a ver a mi hermano y a mis amigos pero ellos tampoco pueden venir porque no son de nuestro estatus y por lo mismo no puedo tampoco conversar con la servidumbre, que demonios quieres que haga entonces, acaso sabes cómo me siento! - Dijo rompiendo en llanto y acercándose para darle un puñetazo a su esposo, cosa que fue la señal de alarma definitiva para que dejaran de lado sus actividades y solos a sus amos.

 

 

 

 

 

- ¡Ya, basta... No, no sé cómo te sientes y tampoco me importa. Yo no te elegí, jamás elegiría a alguien tan vulgar como tú para desposarme y si no fuera porque es requisito engendrar un heredero como símbolo de la alianza entre el santuario y el inframundo jamás habría hecho el amor con alguien tan repugnante como tú! - Finalmente había perdido los estribos, no solo lo había sujetado con fuerza de las muñecas para evitar el golpe, sino que al soltar su agarre lo abofeteó con fuerza haciéndolo caer de rodillas al suelo - ¡Escúchame, a mí no me gustan los niños y nunca pensé en tenerlos, ese feto será criado por la servidumbre tan pronto nazca y cuando tenga edad suficiente lo enviaré a estudiar a un internado en el extranjero; respecto a tú, será mejor que te acostumbres y mejores porque nunca saldrás de aquí y seguirás con tus lecciones como hasta ahora... eres un ornamento en esta casa, así que es tu deber ser fino y hermoso para tu amo!- Dijo esto último acariciando el rostro del caballero de leo y con un tono de voz muy dulce que hizo que el menor se estremeciera.

 

 

 La primera fase del tratado de paz con el inframundo había sido todo un éxito, pero no por eso podía respirar más tranquilo, ya que ahora la mayor parte de que el tratado llegara a buen término dependía en mayor medida del cabeza hueca de Aioria, a quien dirigió una fugaz mirada antes de posar sus orbes violáceas en el dios del inframundo, además también estaban los otros caballeros que se encontraban en el santuario completamente ignorantes de la situación y, a pesar de que había ensayado un millón de veces la manera de explicarles su plan desde que se le había ocurrido, aún no conseguía encontrar las palabras propicias para hacerlo. Mientras todos hablaban sobre el matrimonio que acababa de celebrarse, los pronósticos que cada uno de los presentes tenía para la feliz pareja y lo que ocurriría con ambos bandos de ahora en adelante, el caballero de leo permanecía de pie en un rincón del gran salón ajeno a todo esto, tratando de asimilar que demonios estaba ocurriendo cosa que, dada su limitada inteligencia, tardo  mucho tiempo en averiguar. Todos salieron del lugar ensimismados en sus propias conversaciones, abordaron los lujosos automóviles que las huestes del mundo de los muertos habían preparado para trasladar a los asistentes de a la ceremonia hasta el palacio donde se llevaría a cabo una lujosa recepción para conmemorar dicho evento, en ese instaste intentó darle alcance al patriarca necesitaba respuestas y las necesitaba ahora, era simple o le explicaba de que se trataba todo eso o dejaba de lado esa estúpida comedia, se abrió paso entre el tumulto llamándolo por su nombre una y otra vez sumamente molesto pero Shion, tan astuto como siempre, encontraba la forma de evadirlo de una forma muy sutil por lo que se la pasaron jugando al gato y al ratón por un largo tiempo hasta que cuando finalmente pudo asir el hombro del patriarca y éste tras sonreírle amablemente de un salto se adentró en el vehículo en el que lo aguardaban Hades y Pandora, mismo que un instante desapareció en el horizonte; Aioria se quedó furioso viéndolos alejarse mientras apretaba los puños a los costados y rechinaba los dientes, ahora estaba relegado a viajar en compañía de los tres jueces del inframundo , de entre los cuales uno de ellos era su flamante esposo.

 

 

MIENTRAS TANTO EN EL SANTUARIO…

 

 

Todo le daba vueltas, sentía su cuerpo ardiendo , los labios secos y sabor amargo en su lengua, no entendía que le estaba pasado ni cuánto tiempo había permanecido inconsciente. Pronto vino a su mente el  borroso recuerdo de una carta enviada por el patriarca y entonces recordó que tenía una misiva muy importante que debía cumplir con toda discreción, intentó incorporarse pero su cuerpo no le respondía como antes y apenas dio dos pasos fuera del lecho cayó de bruces golpeando su cabeza contra las losas de concreto, allí, tirado en el suelo y visiblemente desorientado, recorrió con la mirada los alrededores del lugar , ese no era su templo ¿Entonces, dónde se encontraba?; la ropa sucia, la basura y los restos de comida esparcidos por todas partes, los orificios en la estructura del templo  y los escasos muebles que se encontraban en la misma lamentable situación que aquella casa del zodiaco le revelaron de inmediato que el lugar en el que se encontraba era el templo custodiado por el caballero de leo, trato de recordar lo ocurrido momentos atrás, antes de su váguido para averiguar cómo fue que había llegado hasta la quinta casa pero apenas y podía recordar algunos fragmentos de lo sucedido, debido a su estado de salud se habían formado grandes lagunas en su memoria. Luego de que se desplomara en la entrada del templo de leo y su guardián lo llevara hasta su recamara pudo volver en sí un par de minutos, tiempo suficiente para reprender al hermano menor de Aioros por intentar husmear en el interior de la caja de mármol que el patriarca le había encomendado, tras alegar que nadie debía abrirla antes de entregarla en Suiza, su destino final, volvió a perder el sentido, momento que el minino aprovecho para tomar el lugar de su compañero de armas tras interpretar el silencio de Camus como una señal de afirmación, además nunca había estado en Suiza y seguro allí encontraría algo lindo para el caballero de virgo quien, al enterarse de lo solidario  y confiable que era finalmente correspondería a sus sentimientos. Todo había quedado claro en un instante, - ¡Ese idiota! – fue lo único que alcanzó a decir antes de que un consternado Milo entrara al dormitorio hecho un manojo de nervios y armando un gran escándalo, el escorpión no pidió explicaciones simplemente lo tomó en brazos al constatar su altísima fiebre y salió corriendo en busca de un médico o el caballero de libra, a quien encontrase primero.

 

 

-¡Qué raro que Camus y Aioria no se hayan presentado a los entrenamientos! – Dijo Kanon esquivando hábilmente el punto de su hermano para luego darle al gemelo mayor una patada en el trasero y reírse a carcajadas.

 

 

 - ¡Milo fue a buscarlos hace dos horas y aún no ha vuelto! – Mocionó el caballero de Aries un tanto preocupado desde las gradas del coliseo. - ¡Me pregunto si le habrá pasado algo grave! – comentaba llevándose el dedo índice a los labios en señal de preocupación.

 

 

-¡Cómo crees Mu. Seguro que seguro se fueron a beber o darse un revolcón por ahí! – Dijo Deathmask socarronamente acostado sobre uno de los pilares con las piernas cruzadas y el antebrazo derecho cubriendo su rostro, del cual solo sobresalía un cigarrillo encendido.

 

 

-¡Es verdad, seguro que solamente buscaron la manera de eludir el entrenamiento como hacen siempre! – Apoyo el caballero de piscis al cangrejo mientras se sentaba sobre las caderas del primero.

 

 

-¡De Aioria y Milo no me extraña, esos dos siempre han sido así pero Camus, por el contrario, siempre ha sido muy responsable y celoso de su deber! – Defendió Shura a su compañero mientras lanzaba su ataque contra Shaka -¡En cuanto a ti Afrodita… O nos das lo mismo a todos o vuelves al entrenamiento haragán! – El sueco se encontraba sentado sobre el caballero de cáncer moviendo suavemente sus caderas y besándolo de tanto en tanto de forma descarada cuando la advertencia del español llegó hasta sus oídos y sonriéndole de forma seductora y traviesa bajó del italiano y arrugando la nariz volvió al campo de batalla, no sin antes palmear el trasero de Shura cuando pasó a su lado.

 

 

         Las especulaciones seguían entre los presentes al igual que los alegatos, las peleas personales, las rabietas y demás sandeces cuando Aioros recordó no haber visto al patriarca desde antier, cosa que realmente los hizo ponerse a pensar.  Justo en ese momento Apareció Kiki en el coliseo dando gritando que algo terrible había pasado, todos suspendieron sus actividades y acudieron al encuentro del pequeño quien apenas recupero el aliento les dijo que Camus se encontraba muy enfermo, por lo cual Milo y Docko se habían ausentado de los entrenamientos matutinos, pero esto no era todo, expectantes posaron su mirada cargada de preocupación en lemuriano de rojos cabellos quien respiró profundamente un par de veces y tras tomar aire les dijo que había llegado una nota del patriarca, misma que los mayores le animaron a leer y que decía:

 

 

Mis queridos caballeros dorados:

 

 

Yo, el patriarca, tengo algo muy importante que comunicarles y que en verdad lamento mucho no poder dárselos a conocer de viva voz dado lo delicado de lo que tengo que decirles, de la manera más atenta les pido que sean fuertes y se comporten a la altura de la situación, especialmente tu Aioros.

 

 

         Tiempo atrás llegaron hasta a mí los rumores de que uno de ustedes sostenía ciertos amoríos ilícitos con un joven desconocido, al principio pensé en que dicho rumores carecían de fundamento y se trataban solo de las artimañas mediante las cuales algunas personas se valían para desprestigiar el santuario pero luego el tiempo y los dioses se encargaron de darles la razón a aquellos que me hicieron llegar dicha información. Soy consciente que más de alguno de ustedes ha tenido conductas y actividades poco honrosas en privado por lo que pensé en pasar por alto esta situación considerando que esta aventura jamás se volvería a repetir y no repercutiría más allá pero que me equivoqué…

 

 

         Los caballeros de Athena tenemos un deber muy importante para con nuestra diosa y para con la humanidad entera, es por eso que desde la era mitológica las relaciones amorosas en general, especialmente ente miembros de la misma orden y civiles ajenos al santuario, han sido prohibidas, por esto mismo las mujeres que se han convertido en caballeros deben ocultar su rostro tras una máscara. Sostener una relación amorosa, contraer nupcias y formar una familia siendo un caballero ateniense nos desvía de nuestro deber y nubla nuestro juicio, cambian nuestras prioridades y esto puede traer consecuencias fatales. Nuestro amor debe ser repartido en igual medida a la humanidad y mayormente en nuestra diosa  y  el caballero de leo ha faltado a este precepto nuestro.

 

 

         Así es, Aioria es aquel que ha sostenido por tanto tiempo un romance ilícito con alguien ajeno al santuario y cuya identidad desconozco, no conforme con esto Aioria se ha convertido en un desertor, ha huido bajo el abrigo de la obscuridad del santuario para reunirse con aquel doncel y comenzar una nueva vida juntos puesto que yo desde un principio me opuse a sus relaciones. Después de pensar mucho en nuestros preceptos y normas, en nuestro deber como caballeros y en lo que pudo llevar al caballero de leo a actuar de forma tan imprudente decidí tomar una definición drástica y definitiva para luego lanzarme en su búsqueda. Ignoro cuanto tiempo me pueda llevar esta empresa pero de una cosa estoy muy seguro, no pararé hasta encontrarlos y hacer que Aio0ria vuelva al santuario.

 

 

         He decidido pasar por alto la falta de su compañero de armas y no cumplir la sentencia de muerte que se aplica en este caso a los desertores y a los traidores a la orden. Dejaré que vuelvan él y su pareja al santuario, no sin que antes se hayan arrepentido de la forma en que han actuado, y como penitencia yo, el patriarca, he decidido que para purgar sus culpa Aioria debe demostrar que es digno de la segunda oportunidad que se le ha brindado y asimismo cumplir cabalmente con sus obligaciones como caballero dorado y como fiel esposo de su pareja y espero también que ustedes lo ayuden a cumplir con su expiación. Una nueva era comienza en el santuario, solo el tiempo nos dirá si al quebrantar nuestras más antiguas normas hemos obrado con sabiduría y conseguido un bien mayor en favor de nuestra diosa y la humanidad entera….

 

 

Shion

 

 

 

         Luego de leer aquel sentido texto más de uno de los caballero derramó una furtiva lagrima musitando - “¡Qué gran hombre es el patriarca!”-. Les parecía un acto honorable y compasivo la actitud de Shion hacia su camarada por lo que todos, salvo Aioros que se había desmayado al enterarse del supuesto crimen de su hermano, habían jurado apoyarlo con aquella loable labor y recibir Aioria y a su esposo en el santuario tal y como se los había pedido el maestro de Mu. Sin embargo, la realidad distaba mucho de lo que se había plasmado en aquel discurso, mismo que fue escrito en breves pausas durante la celebración de la boda en uno de los palacios de Hades, dado que el patriarca estaba muy ocupado degustando una gran cantidad de bocadillos y vino además de estar bailando con cuanto espectro se encontraba.

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