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Algún día... ¡Seguro!

Autor: AlfaTwo

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Cap 1:

El inicio fue un inocente deseo...

Una castaña de largos cabellos se encontraba en la sala, sentada a un lado de los ventanales viendo caer las incesantes góticas de lluvia que la habían acompañado toda esa nublada y monocromática mañana, mientras por centésima vez soltaba un suspiro, su esposo, que se encontraba en la mesa de centro trabajando en el ordenador portátil la miraba de reojo, cuando ella volvió a suspirar, soltó un bufido y farfullando algunas incoherencias, en un par de zancadas redujo a casi nada el espacio que los separaba y la miro fijamente.

— Mira, sé que esto no es lo que habíamos planeado, pero surgió un nuevo inconveniente y tendremos que quedarnos, te lo repondré ¿Si?  — El joven de cabellos plateados acaricio con la yema de los dedos el prominente vientre de 8 meses de su amada esposa, y ésta tranquilamente posó su mano sobre la de él.

— Desde luego que lo harás — Sonrió de forma felina y continuó — Y deberás planear muy bien estas vacaciones, o no te lo perdonaré ¿Entiendes? — El oji-azul se limito a asentir y devolver la sonrisa.

— Ya veras, serán las mejores vacaciones. Además, para ese momento ya habrás dado a luz, así que será aun mejor...Oh, pero dime ¿A dónde deseas ir, mi hermosa? — Posó su mano en la mejilla de la castaña, acariciándola tiernamente; realmente la amaba. Él era un hombre de buena posición, dueño de muchas empresas y con altas sumas en sus cuentas bancarias.

Sin embargo eso era algo que poco le importaba a la castaña. Ella era gentil, bondadosa y no le importaba en lo mas mínimo el estatus, dinero y demás. Eso había sido una de las muchas cosas que le habían enamorado a él, el gran Satanás, de una simple muchachita.

Pero el hecho de que la castaña fuera hija de un sacerdote le había complicado mucho las cosas, ya que ese viejo pretendía entregar la pureza de la niña a su estúpida religión: Dios no merecía tanto, ni él. ¿Pero qué podía hacer? ya se habían fugado, ya estaban casados y ella ya estaba embarazada: ya no había marcha atrás, estaban unidos. Sonrió de lado al pensar es ello; nunca la dejaría. Jamás.

— ¿Lo ves?¡No me estas escuchando! — Acusó la de ojos turquesa mientras hacia ademanes rápidos con sus manos, frente al rostro de su distraído esposo, haciéndolo salir de sus cavilaciones.

— Si...te estoy escuchando — Mintió — y quien no, si estas gritando...—  susurró lo último.

— ¿Ha, sí?¿Qué te dije? — Él conocía tan bien a su esposa, que no tenía que dar muchas vueltas al asunto para saber la respuesta. La miro y sonrió de medio lado, tomando asiento frente a ella, cruzando sus piernas y llevando una mano a la barbilla.

— A una cabaña en las montañas ¿No? —  En el rostro de la chica se planto una amplia sonrisa y los ojos se le iluminaron ¡Bingo!¿A qué era el mejor?

— S-si, bueno, es solo que me encantaría ir, ya sabes...tu y yo...

— Nos conocimos en un lugar así — Termino el hombre, sonriendo ladinamente.

Ella se sonrojo y bajo la mirada, de pronto dio un salto y señalándolo con un dedo incriminador, dijo: — ¡Si rompes tu promesa, te mataré! — Amenazó, dándose la vuelta sobre los talones y subiendo la escaleras con dificultad, hasta que desapareció al final de la escalera, el oji-azul solo miraba divertido la escena ¡Vaya que la amaba! se echo a reír. Ahora debía planear una vacaciones perfectas, río de nuevo marcando un número en su celular.

— Riku-san, busca una cabaña en las montañas, que sea hermosa y tenga la mejor vista...¡Ah! y que tenga un bosque de pinos — Un murmullo se escucho del otro lado del auricular  — sí, adiós — y colgó, siguiendo el camino que hace unos momentos, pero con mayor dificultad, había recorrido su mujer — Mira que te amo, mocosa traviesa.

Ellos nunca hubiesen llegado a sospechar que éste tan deseado viaje, se transformaría en algo totalmente diferente a lo planeado. No, ellos jamas lo hubiesen pensado, y menos las dos inocentes criaturas de cuatro meses que iban en la parte de atrás del coche, junto con su madre, justo el el momento en que los frenos, por alguna extraña razón fallaron, y el auto, sin poderlo evitar, embistió brutalmente un camión. La madre, por acto de reflejo, abrazo con fuerza a sus pequeños bebes, usando así, su cuerpo para proteger las vidas de éstos, diciéndoles cuanto los amaba. No: cuanto los amaban, los momentos de agonía antes de cerrar sus hermosos orbes turquesa , para siempre, acompañando al fin a su esposo, que ya se le había adelantado un par de minutos antes, justo en el momento de la coalición .

Pero claro, esto es algo que ellos no podían preveer, que nadie lograría. Pero fue así, como termino este tierno e inocente capricho.

Continuara...

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Notas finales:

¡Hey! ¿cómo están? espero que bien, jajja, lo sé, lo sé , aun no acabo los otros fics y ya me meto en éste, pero es que hace algunas noches se me ocurrió esta extraña idea y me estaba dando vueltas y vueltas, así que hoy, decidí por fin plasmarla en letras, y esto fue lo que me salio, espero os guste, ¡ah! si os gusta por favor votad y comentad, últimamente ando con la moral baja y realmente necesitare de vuestro apoyo, sin mas que decir...¡¡¡Gracias por leer!!!...os amo y espero no veamos pronto

Alfa

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