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El chico de la ventana

Autor: Ominous_Suzuki

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Notas del fanfic:

Lo escribí un día que estaba aburrida, de hecho lo subí bajo el nombre The Rain, pero lo eliminé. Si lo leyeron, les recomiendo volver a leerlo. Lo edité todo.

Notas del capitulo:

Nótese que no sé escribir nada romántico. (?) Es un one shot. Espero y les guste.

¡A leer, queridos lectores!

Lunes.


Si eres hombre, que te guste una chica implica mirarla primero a la cara, después sus piernas y por último sus pechos, ¿hay algo más para amar? Todas son iguales, solo se fijan en mi cara. Lo físico es lo más importante para ellas.


Miraba por la ventana a cada chica. Una de ellas me sonrió, solo la ignoré. Suelen decirme que soy un maleducado, sin embargo, ninguna es de mi agrado. Todas son superficiales, ven lo exterior, pero no el corazón. Bostezó de lo aburrido que estoy.


Un chico ha llamado mi atención, sé que también de otras chicas. Debo admitir que es atractivo, pero no soy gay. Más no pude evitar apartar la mirada de él. Su inusual peinado en una cresta y esa bandita sobre su nariz lo hacen parecer una persona misteriosa.


Estaba tan concentrado mirándolo, que no noté cuando Kai llegó. Me miraba fulminante, a veces podría llegar a ser un niño. Sonreí burlonamente. En cambio a lo esperado, tomó asiento frente a mí.

 

—Que horrible bostezas —desvió la mirada de la mía.


—Sí, sí —me recosté sobre el pupitre. No tenía ánimos de estar escuchando los sermones de Kai.


—Tu novia va a dejarte si sigues con esa actitud, idiota.


—No te preocupes, ya lo hizo —por segunda vez, bostecé.


—Yo…lo siento, no sabía.


—No importa, no resulté ser lo que ella creía.


—Sabes que puedes contar conmigo para lo que sea —acarició mis cabellos. Solo me limité a asentir.

 

Retiro lo dicho anteriormente, la mejor manera de describirlo sería así: es como mi madre. El golpe que me dio en la cabeza con un libro, hizo que me reincorporara. Me había dolido como los mil demonios.


—¡Me pegaste! —le reclamé. Él solo me miró sin ningún tipo de emoción.


—Sí ¿no? Que bien. ¿Desayunaste antes de venir? —lo vi cruzarse de brazos.


—No tenía hambre —me encogí de hombros.


—Mentiroso —susurró.


La verdad es que, ya no había nada en la despensa. El dinero que mis padres me mandaban, ya no alcanzaba ni para alimentarme por semana y media.


—Takanori —susurró Kai con preocupación— Mi abuelo dijo que podías vivir con nosotros. ¿Recuerdas?


—No quiero ser una carga —volví a concentrarme en la ventana— Estoy trabajando, ¿sabes?


—¿En serio? ¿En qué? —preguntó, sabía perfectamente que estaba mintiendo.


—En una cafetería —respondí, tratando de no parecer nervioso.


—Como tú digas, si necesitas algo, puedes decirme —me dedicó una de sus hermosas sonrisas.


Las clases dieron inicio, con nada interesante que hacer, de nuevo me dispuse a mirar por la ventana. Las grises nubes abrazaban el cielo, maldito clima bipolar. Me maldije por no haber traído un paraguas, debería comenzar a hacerle caso a Kai y comprarme uno.


El timbre de salida sonó, claramente, avisando que había llegado la hora de salida. Suspiré con cansancio, la noche anterior no había podido conciliar el sueño.


Caminé en dirección a las escaleras, claro, siendo acosado por las chicas que se encontraban en los pasillos. Cuando iba a bajar el primer escalón, resbalé. Cerré los ojos, esperando el impacto de mi cuerpo contra la frialdad del suelo, cosa que nunca llegó.


Unos fuertes brazos evitaron mi caída. Al abrir los ojos, me encontré con los ojos más hermosos que nunca en mi vida había visto. Bajé mi mirada a sus labios, eran finos y de un hermoso rosa. Caí en cuenta de lo que estaba haciendo, me sonrojé al instante.


—Gra-gracias —mi voz salió aguda, me maldije por eso.


—Oh, sí, de nada —deshizo su agarre en mi cintura— Siempre hay tiempo para salvar a alguien de una caída —sonrió. Si estuviera en un concurso de tomates, juraría que yo sería el ganador—. Tengo que irme, hasta luego.


Lo vi seguir su camino en los pasillos y perderse entre la multitud. En cambio yo, bajé las escaleras tranquilamente, evitando volver a resbalar y esta vez, sí caerme.


18:45 p.m. Maldita lluvia. ¿A caso hoy no era mi día? Primero Kai, después el cambio de clima, luego la casi caída y al final ningún taxi pasaba. Chasqueé la lengua con molestia. Tendré que irme caminando. Sé que me dará un resfriado, pero no le daría el gusto a ninguna de esas escorias del callejón cerca de aquí de asaltarme o incluso hasta violarme.


Corrí lo más rápido que pude, ignorando mis cortas piernas, mientras me cubría con mi maletín escolar. Sabía que mis cosas iban a mojarse, sin embargo, primero estaba mi arreglo personal. No iba a dejar que la maldita agua dañara mi maquillaje.


Al llegar a mi departamento, rápidamente quité mis zapatos y los puse a secar, lo mismo con el uniforme. Una vez, hecho esto, me di una ducha con agua caliente. Hoy definitivamente no había sido mi día.


Martes.


Los primeros rayos de sol iluminaron mi rostro, me cubrí con las sábanas hasta la cabeza, pero el despertador sonó, fastidiado, lo lancé contra la pared. No tenía ánimos de ir al instituto, sin embargo, no podía darme ese lujo.


Me senté somnoliento, bostecé estirando mis brazos hacia arriba. Caminé en dirección al baño y grité al mirarme en el circular espejo.


Mi cabello era un desastre, estaba alborotado y no podía peinarlo, tenía unas horribles ojeras negras bajo mis ojos y mis labios estaban secos. ¡Me veía horrible! Mi celular sonó, corrí en dirección a él y contesté.


—¿Ruki? —escuché la conocida voz de Kai.


—¿Qué sucede? —me tiré de espaldas sobre el suave colchón.


—Son las 8:45 y aún no llegas, ¿sabes? —dijo con tono burlón.


Abrí los ojos asustado. Miré la hora de mi celular y efectivamente, eran las 8:45 a.m. Solo tenía quince minutos para llegar. Colgué la llamada de Kai y me duché lo más rápido que pudd, me vestí rápidamente. Durante el camino a la institución, me maquillé. Al llegar, corrí hasta mi clase, al abrir la puerta me encontré con la profesora de Historia. Genial. Esa maldita anciana me odia.


—Señor Matsumoto, podría hacernos el favor de explicar el por qué llegó tarde —me miró con fastidio. Tendré que actuar.


—Cuando venía hacia acá, me encontré a una niña, estaba perdida. Entonces, decidí ayudarla. Fue por una buena causa —dije con voz quebrada.


—¡Oh, no lo sabía! —cubrió su boca con su diestra— ¡Entre, entre!


Tuve que morder mis labios para no reírme de ella por ser tan ingenua, miré a Kai y este sólo negó. Le sonreí cínicamente.


Cuando ubiqué mi lugar, me senté. Una vez más, me dispuse a mirar por la ventana. Hoy el cielo estaba despejado, por lo menos no llovería y tampoco tendría que volver a mojarme a causa de la lluvia.


Me concentré en tres chicas que me sonreían, les devolví la sonrisa. Eran bonitas, pero ninguna para mi gusto. Ellas enfocaron su mirada en alguien, miré en dirección a donde miraban y, por tercera vez en el día, sonreí. Sin embargo, esta vez inconscientemente. Aquel rubio mal teñido me parecía alguien interesante.


Miércoles.


Al salir del instituto, estaba lloviendo. Cuando iba a iniciar mi recorrido, antes de sentir alguna gota de la fría lluvia, un paraguas cubrió mi cuerpo. Miré a mi lado, mi respiración se aceleró y mi corazón palpitó con fuerza. Era el chico de hermosos ojos. Aquel que llamó totalmente mi atención.


—Podrías enfermarte —dijo sin mirarme—. Vamos, te acompañaré a casa.


—No es necesario —susurré, sin entender por qué me sentía tan nervioso a su lado—. No quisiera desviarte de tu camino.


—No importa, de igual manera, seguiré insistiendo.


Lo miré más detalladamente. Era alto y su cabello peinado en una cresta, llamaba la atención de cualquiera. La palabra atractivo le queda corta, es hermoso. Miré su hombro, estaba mojándose. No pude evitar el sonreír, nadie había hecho algo así por mí.


—Ven, acércate —rodeé con mi brazo izquierdo su cintura, era delgado.


Lo vi sonrojarse. Tomé el paraguas con mi mano izquierda, ahora era yo quien se mojaba, pero no importaba. Tener a aquel chico del cual no sé si quiera su nombre a mi lado, me hacía querer protegerlo. “A la mierda mi heterosexualidad”. No puedo seguir resistiéndome a sus hermosos labios.


Dejé caer el paraguas y lo volteé. Coloqué mis manos sobre sus frías mejillas a causa de la ventisca de la lluvia e hice que quedara a mi altura. Sus ojos me hipnotizaron. Eran de un hermoso gris. Rocé nuestros labios, él cerro sus ojos dejándose hacer. Un suspiro salió de su boca al sentir las frías gotas de agua caer. Y nuestros labios junté, iniciando un lento vaivén cuando la lluvia descendió.


Sus labios eran tan suaves como los pétalos de una flor, él rodeó con sus brazos mi cintura, en cambio yo, lo pegué más a mí. La falta de aire se hizo presente y tuvimos que finalizar el beso. Sus mejillas estaban sonrosadas y sus labios hinchados, sus hermosos ojos brillaban.


—Y-yo lo siento, tengo que irme. Gracias por acompañarme.


Corrí lo más rápido que pude, tenía que alejarme de él. ¡Había besado a un hombre! No podía creerlo. Si Kai hubiera estado presente, se hubiera burlado de mí. Ya no me importaba si me mojaba o no.


Los días siguientes, no volví a ver a aquel rubio. No podía sacarme de la cabeza el maldito beso. Sus labios se habían vuelto adictos para mí. Sabía que estaba mal, sin embargo, no podía dejar de pensar en él.


Martes.


Kai me miraba con el ceño fruncido, solo atiné a tragar saliva. Hoy él me arrastró hasta la parte trasera del instituto.


—Ruki, no sé lo que te está sucediendo pero me preocupas —sé a lo que se refería. Él suspiró cansado—. ¿No confías en mí?


—No es eso —desvié mi mirada de la suya.


—Cuéntame, Ruki —me miró con ojos suplicantes.


No podía seguir reprimiendo mis sentimientos, tenía que decirle a alguien sobre aquel chico que me estaba haciendo dudar respecto a mi preferencia sexual.


—Hay un chico que...—me sonrojé al recordarlo—. Conocí hace unos días.


—¿Y…? —preguntó con curiosidad el castaño.


—Lo besé —susurré avergonzado—. Lo besé el tercer día que lo conocí.


Hubo un silencio sepulcral. Kai no decía nada y eso era preocupante, cuando iba a articular palabra alguna, él habló primero.


—¿Que acabas de decir? ¿Besaste a un hombre? —me dedicó una sonrisa socarrona. Sólo me limité a asentir. Él explotó a carcajadas—. No puedo creerlo. ¡Takanori Matsumoto, besó a un hombre! —cubrí con mi mano derecha su boca.


—Cállate —le susurré— Pueden escucharnos.


—Lo siento.


A veces Kai exageraba respecto algunas cosas.


—No sé como Uruha puede soportarte —revoleé lo ojos—. Hablando de la damisela.


—¡Kai! —el más alto corrió hasta el castaño.


Sonreí socarronamente una vez que estuvo cerca. Cuando Kai se distrajo, escapé. Caminé hasta la biblioteca, odiaba leer, pero era el único lugar en el que encontraba paz. Me adentré a ella y fui hasta el final. De todas las personas que podía encontrarme, por qué con él.


Estaba sentado sobre el suelo, leyendo un libro que al instante reconocí, era el “principito”. Recuerdo cuando mi madre lo leía para mí a la hora de dormir. Él notó mi presencia y levantó su vista, concentrándose en mi persona.


—Hola —me dedicó la sonrisa más hermosa que haya visto.


—Hola —le respondí.


Sentía que mi corazón en cualquier momento podía salirse de mi pecho. Un incómodo silencio hizo aparición en aquel espacio.


—¿Te gusta leer? —quise saber.


—Oh, claro. Los libros son mi pasión —cerró los ojos cuando dijo lo último. Tragué saliva pesadamente.


—¿En serio? —lo vi asentir enérgicamente.


¿Cómo podía estar hablando tranquilamente después de aquel beso? Pensé.


—¿Quisieras acompañarme? —preguntó, amablemente.


No pude evitar sonrojarme. Por qué justo en este momento recordé eso. Joder.


—Claro.


—Mi nombre es Akira, puedes decirme Reita, ¿el tuyo?


—Takanori, pero dime Ruki.


Y así fue durante un tiempo. Al finalizar las clases, íbamos a la biblioteca. No sé en que momento se volvió divertido leer con él. Sus expresiones, como fruncía el ceño, los pucheros que hacia o las sonrisas y miradas que me dedicaba. Pero, suficiente para poder enamorarme.


—Takanori —me llamó. Yo sólo lo miré. Raras veces me llamaba por mi nombre—. Hay algo que quiero decirte —dijo notablemente avergonzado. Sentí como mi corazón palpitaba con fuerza—. ¿Eres homofóbico?


—No, ¿a qué viene la pregunta? —lo miré con miedo. No quería que se enamorara de alguien que no fuera yo.


—Es que...—desvió la mirada— Tengo novio.


Sentí como por dentro me rompía.


—¡Felicidades! —sonreí falsamente.


—Gracias —se levantó y me abrazó.


Su olor me embriagaba y sus brazos me encantaban. Lo quería para mí, sin embargo, alguien más se había adelantado.


Cuando Reita se fue, me derrumbé. Sentía como aquellas gotas saladas resbalaban por mis mejillas.


Jueves.


Al llegar, encontré a Reita junto a un pelinegro. Supuse que era su novio. Pasé de largo junto a ellos, ignorando la hermosa sonrisa que le dedicaba el rubio al contrario. Las mismas que solían ser para mí.


Kai se me había acercado y preguntado si estaba bien, sólo le contesté con un sí, secamente. Él ya sabía sobre mis sentimientos hacia el rubio. El castaño me dedicó una mirada cargada de tristeza.
Un mes. Un jodido mes ha pasado. Había notado marcas de moretones en la piel de Reita. Sin embargo, él siempre evadía ese tema.

 

...

 

Las gotas de lluvia caían sobre mi cuerpo, pero no podía apartar la mirada de aquel rubio arrodillado frente a mí, quien lloraba desconsoladamente. Trataba de callar sus sollozos con su diestra sin éxito alguno. A paso lento, me acerqué. Sabía que había terminado yo mismo con su relación con aquel pelinegro, pero no soportaba el simple hecho de que marcara su hermosa piel.


—Rei —Susurré con voz suave. Él se levantó de golpe y me encaró.


—¿Por qué? ¿Por qué sigues aquí? —me miró con ojos tristes. Ellos ya no tenían el mismo brillo que solían tener cuando lo conocí.


—No lo sé —acaricié una de sus mejillas. Cerró los ojos ante el contacto con mi mano.


—Por favor, no te vayas —me abrazó.


—No lo haré —correspondí, sintiendo la calidez de su cuerpo.


Ignorando todo a mi alrededor, volví a besarlo, pero no como antes, sino que, fue un beso necesitado. Sus labios eran mi nueva adicción. Abrió su boca e introduje mi lengua a su cavidad bucal. Sonreí. Había extrañado su sabor.


...


Aunque existieran las palabras más hermosas del mundo, no las encontraría sino lo hubiera conocido.


¿Saben? Han pasado años desde que conocí a Takanori, aún no dejo de pensar que estoy enamorado. Él se metió en mi ser sin permiso, encendió mi luz y me llenó de fe. Creía que el amor era una palabra más, sin embargo, me equivoqué. Tanto tiempo busqué ese sentimiento y en él lo encontré. Es tan perfecto como nunca lo imaginé, fue como buscar una huella en el mar.


Justo hoy es nuestra boda. Aún recuerdo como sus ojos brillaron bajo la luz del firmamento de aquella noche. Takanori es mi estrella, mi luz, mi amor.


Es la persona que me hizo creer en el amor a primera vista. Recuerdo cuando lo vi por primera vez mirando por la ventana, creía haber visto un hermoso ángel. Lo apodé el chico de la ventana.


—Reita —me llamó el pelinegro.


—¿Que sucede, Aoi? —lo miré confundido.


—Ya es hora —dicho esto, se retiró de la habitación.


Doblé aquel fino papel y lo guardé. Takanori no debería saber sobre la existencia de esta y otras cartas, sin embargo, es muy curioso y sé que las ha leído.


Lo amo por lo que fue, por lo que es y por lo que siempre será para mí.

Notas finales:

¿Y...? ¿Les gustó? Siento que fue muy simple. Aunque lo escribí en un día. 

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