Amor Yaoi
Fanfics yaoi en español

Siamés

Autor: KeikoMoon

[Reviews - 3]  

LISTA DE CAPITULOS
- Tamaño del texto +

Notas del capitulo:

¡Hola! Lamento la demora, estoy en días de escuela y además tengo situaciones que no me permiten mucho sentarme a escribir :'D
Pero como sea, espero disfruten este capítulo xD

Aiden se quedó viendo al chico que estaba frente suyo. Tenía cabello castaño claro, casi llegando a rubio. Largo y atado en una coleta. Sus ojos eran color miel, llevaba un traje verde, con lentejuelas moradas y no se veía muy ajustado.

-¿Y bien?-se cruzó de brazos.- Si no hablas llamaré a alguien.

-¡N-no!-reaccionó, negando varias veces con la cabeza.- Por favor no…s-solo quería ver más de cerca…-bajó la mirada, apenado por su comportamiento.

-Pero si aquí no hay nada interesante. ¿O eres un pervertido que quiere ver como mis compañeras se cambian?-alzó una ceja, sonriendo divertido y algo burlón.

Aiden se sonrojó al escucharle decir eso. Ni si quiera había pensado en esa posibilidad. Solo quería ver los trajes y las cosas que iban a usar.

-¿E-eh? ¡Claro que no!-se quejó.- Me gusta lo coloridos que son sus trajes. Es todo…

-Bueno, yo recomiendo que en lugar de estar aquí, vayas a formarte para tomar lugar. Ya falta poco para empezar.-se acomodó un mechón de cabello que le cubría un ojo.

Aiden miró a otro lado, recordando eso. No iba a poder entrar. Y tampoco iba a poder ver qué es lo que hacía ese muchacho, ni para qué utilizarían todas esas cosas raras que se veían al fondo. Pero ya lo había asimilado.

-U-uh…no voy a entrar. No tengo boleto…-levantó la mirada para poder verlo.

-¿Entonces qué haces aquí?-cuestionó, mirando hacia atrás para asegurarse de que nadie venía y luego regresar su mirada al chico.

-Me dio curiosidad…pero Ben no tiene dinero para comprarme una entrada.-explicó.- Me dijo que íbamos a ahorrar para el siguiente año.

-Ya veo. Es una lástima…

Aiden asintió, sintiéndose de repente triste de nuevo. Solo quería entretenerse al menos un poco. En toda su vida, pocas veces había tenido oportunidad de disfrutar cosas infantiles. Lo más cercano a un show que pudo llegar a ver, fue una pequeña obra de marionetas, que era gratis para todos.

-Bueno, ya me voy. Suerte con tu acto.-sonrió algo desanimado.

Iba a empezar a alejarse cuando el castaño le sujetó el brazo. No estaba seguro de qué significaba eso.

-Te haré entrar.-exclamó como si nada.

-¿Eh?-no se creía lo que estaba escuchando.

El otro rodó los ojos y volvió a mirar adentro de la carpa, luego salió de ésta y quedó frente al azabache, tomándolo nuevamente del brazo para empezar a caminar un poco. Y este se dejó llevar, aunque sabía que no era correcto.

-Yo te voy a guiar hacia donde está nuestra entrada, pero tú deberás hacer el resto. ¿Bien?-dijo sonriéndole.

-¿Los demás no me van a ver…?-dijo algo dudoso.

-No si vamos por la ruta de los animales.-volteó a verlo.- Por ahí casi no pasa nadie, solo cuando necesitan sacarlos para el espectáculo.

Comenzaron a caminar por el lado contrario de donde había venido Aiden, hasta que se toparon con que casi llegaban a donde estaban los demás, hablando y preparándose para la presentación. Sin embargo, el castaño tenía un plan. Y parte de este era saltarse la cerca que separaba las instalaciones del circo con la gran vegetación del lugar. La saltó ágilmente, después de todo parte de su acto incluía saltos y piruetas. Luego esperó que Aiden lo hiciera.

-Aquí voy…-susurró, saltándosela como pudo a pesar de que era algo alta. Y sin evitarlo, se cayó al piso.

Su gorra se había caído de su cabeza. Y ante la mirada molesta de su cómplice, se levantó rápidamente. Tomó su gorra del suelo y le quitó la tierra que había a su alrededor para luego ponérsela.

-Vaya que eres torpe.-rio un poco, recibiendo una mirada de reproche como respuesta.

Después de ese pequeño incidente, siguieron su camino. Esta vez tratando de ocultarse en la vegetación para que no fueran notados por los demás trabajadores del circo. Siguieron así un rato hasta que se empezaron a escuchar sonidos de animales. Eso hizo que el azabache se emocionara. Sabía que en los circos había animales grandes. Le emocionaba la idea de verlos.

Cuando llegaron, se percató que era cierto lo que él dijo. No había nadie ahí. Solo animales en jaulas, tenían un elefante, dos tigres y algunos lobos marinos. No eran muchos en verdad, pero para Aiden, que nunca había visto esos majestuosos animales tan de cerca, era impresionante.

-Son geniales…-dijo deteniéndose un momento para poder verlos bien. Pudo notar algunas cadenas en las patas del elefante.

-No tenemos tiempo para esto.-volvió a tomarlo del brazo, haciendo que caminara de nuevo.

En poco tiempo, llegaron a la entrada de la gran carpa. Por suerte, casi no había nadie. Pues estaban acomodando al gentío dentro del sitio. El muchacho se detuvo enfrente de ésta.

-Desde aquí estás solo. Solo intenta escabullirte y ve a tomar un lugar. No es tan difícil. Pero intenta no ser tan torpe.-le sonrió.

-Gracias…pero. ¿Puedo hacerte una pregunta?-inquirió, recibiendo un sí como respuesta.- ¿Por qué estás ayudándome a entrar sin pagar?

-Meh, simplemente quise hacerlo. Digo, ¿por qué no? No es como si estuvieran perdiendo la millonada si tú entras. Así que apresúrate, antes de que cambie de opinión y no te deje pasar.

-¡Muchas gracias!-dijo emocionado.- C-cuando tú pases, voy a aplaudir muy fuerte.-sonrió un poco y luego entró a la carpa, viendo cómo se despedía de él.

Entonces cuando vio que Aiden se iba, miró alrededor y empezó a correr de regreso, acortando él camino. Puesto que sabía que si no lo encontraban dónde había estado en un principio, algo malo podía suceder. Estaba rogando porque nadie hubiera entrado a la carpa. Sin embargo, su cara se horrorizó cuando llegó al sitio, viendo que lo estaban esperando.

Y mientras, el chico se había asomado de nuevo por la entrada. Recordando algo importante que Ben le había enseñado a decir en cuanto conocía a una persona.

-¡Oye! No me dijiste tu nombre…-pero ya no había nadie ahí, como si se hubiera esfumado.

Retomando el camino, fue fácil llegar a algún asiento vacío, solo caminó por la parte trasera de las gradas y cuando vio gente dispersarse por el lugar, se metió entre un grupo pequeño de personas. Y así pudo tomar un lugar hasta enfrente. Miró emocionado alrededor.

En un rato más, las luces se fueron apagando, dejando iluminado solo el centro de la carpa. Y se pudo ver a un hombre alto, delgado. ¡El gran maestro de ceremonias! Lucía un traje rojo, con pantalón negro y un sombrero alto del mismo color. Tenía un rostro carismático y se le veía saludando al público, quien aplaudía. Música con trompetas y tambores estaba resonando en el lugar. Le hizo sentir entusiasmado y en ambiente.

-¡Bienvenidos, damas caballeros y niños que nos acompañan esta noche! ¡Acomódense bien en sus asientos para disfrutar de las hazañas de nuestros artistas!

Aiden se preguntaba qué era lo que iba a ver, ¿qué harían con los animales? ¿Habría magia? Una vez escuchó a un niño decir que en los circos había cosas mágicas. Sentía el entusiasmo, sonreía por todo lo que miraba y escuchaba.

-¡Y ahora con ustedes, el gran domador de tigres! ¡Aplausos por favor!-exclamó el hombre, para luego salir del escenario principal a la par de que un hombre sosteniendo un látigo entraba junto a varios tigres.

-¿Domador? ¡Genial!-exclamó, expectante a ver qué era lo que iba a suceder después.
-----------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------

Cuando el maestro de ceremonias salió de la gran carpa y fue a la pequeña, vio al joven castaño sentado en un banco. Le había dicho que se quedara ahí y que no se moviera, en cuanto supo que se había brincado la cerca.

-¿Ya vas a hablar?-se acercó al chico, mirándolo con un rostro diferente al que mostraba allá afuera.

-Y-ya le dije que solo quería dar un paseo. Era todo. Quería despejarme.-respondió el muchacho, asustado.

-No me mientas, Lynn. ¿Te querías escapar? ¿¡No es así!?-gritó. A pesar que los de afuera podían escuchar los gritos del “hombre carismático” como solían apodarle mucho, no hacían nada. Ya estaban acostumbrados.

-¡Claro que no! ¡Si eso quisiera sólo hubiera huido y ya!-exclamó gritando también, a lo que recibió una cachetada del mayor como respuesta.

-No. Me. Levantes. La. Voz. ¿Entendido?-recibió como respuesta el asentir del muchacho.- Si tanto te gustan los “paseos nocturnos”, hoy vas a dormir afuera en la jaula.

-¡N-!...no. Por favor…hace frío. Prometo no volver a hacerlo.-suplicó, tratando de no llorar. Sabía que eso iba a empeorarlo todo.

-No es algo que puedas decidir.-dijo con toda la tranquilidad del mundo y caminó a la salida de la carpa.- No te muevas de ahí.-ordenó.

Esto no era nuevo para Lynn. Sabía que Ethan estaba loco de remate. Podía pasar de estar enojado a estar tranquilo en un momento. Y la mirada fría que le otorgaba cuando estaba molesto, siempre le hacía sentir escalofríos. Ese hombre estaba mal, pero a pesar de ello era muy listo. Sabía muy bien que todas esas personas dependían de él y su negocio. “Nadie va a irse de aquí jamás”, era la oración que siempre repetía una y otra vez. “Sin mí, se morirán de hambre.”

Aquellos que intentaban escapar, siempre eran encontrados y castigados. Él sabía que dormir afuera en una jaula era un castigo suave. Pero aún no acababa el espectáculo. Y era consciente de que podía cambiar ese castigo, o simplemente añadirle un extra.

Era mejor si aceptabas lo que él quería hacerte. Puesto que había escuchado que la gente que se resistía y defendía, terminaban de las peores formas. Casuales accidentes en algún acto o simplemente muertes extrañas.

Pero, si simplemente obedecías e ignorabas lo que pasaba alrededor, podrías llevar una buena vida. No decente, pero mejor que resistirse y morir o hacer las cosas mal y ser castigados. Y ese lado era el que Lynn siempre trataba de ver, trataba de ignorar, de obedecer. Pero, simplemente ver la ilusión de ese chico por entrar al circo, le hizo dejar de lado todo eso. Pensó que valía la pena, si al menos todos sus sacrificios y los de sus compañeros, hacían sonreír a alguien.

Sin embargo, al ver a Ethan entrar por la puerta con esa sonrisa extraña que se cargaba de vez en cuando, pensó que quizá no había valido la pena. No valía la pena hacer que él sonriera por lo que había hecho esa noche.

 

Notas finales:

Este capítulo es algo corto comparado con el primero, aún así. Espero lo hayan disfrutado. Trataré de actualizar más seguido. Mando abrazos, queridos lectores :3

Loading...



Introduzca el código de seguridad que aparece debajo: