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Mi Guardián Nocturno

Autor: Ominous_Suzuki

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Notas del fanfic:

La canción es de Aerosmith - I don't want to miss a thing.

Notas del capitulo:

Después de que se me eliminara dos veces, al fin pude subirlo. 


Este one shot se lo dedico a una de mis fieles lectoras: Liz. También a mis queridas Yume y Malii.


¡Espero y les guste!

Cuando el peli naranja salió, mi turno había llegado…¡fantástico! Una vez más, tengo que entrar a esa sala, y esperar que me sea asignado un nuevo humano de quien cuidar. Debo confesar que, me emociona bastante hacer esto, es algo que me provoca felicidad, ya que, amo en demasía mi trabajo.

 

Mi nombre es Yutaka Uke, fallecí a los veintidós años sino mal recuerdo, al principio tenía millones de dudas respecto a esto, y como era de esperarse, un novato. Ahora me enorgullezco de decir que soy uno de los mejores guardianes.

 

No recuerdo nada de mi vida antes de morir, ni siquiera como morí, tenemos prohibido recordar. Pero eso es normal en los guardianes, pues, todos olvidamos esos detalles.

 

El primer humano que me asignaron era muy problemático, no pude cuidarlo, y me asignaron a otro. Al principio era muy malo en eso, sin embargo, aprendí algunos trucos.

 

Durante el tiempo que he sido guardián, he conocido un mundo que nunca había imaginado antes. Nosotros somos los que guiamos a los humanos desde su nacimiento hasta su muerte. Aún no comprendo porque ellos dicen que quienes los protegen son los ángeles.


—¡Ah!, ¡Eso es muy desesperante! —muerdo mi labio inferior, y levanto mis brazos hacia arriba, estirándolos.


Los ángeles nos quitan el crédito, ellos no hacen absolutamente nada, de hecho casi nunca están en la tierra.


Los Ángeles son seres con un poder inimaginable, y con una belleza extraordinaria, pero son unos engreídos. En la sala de asignaciones hay enormes estatuas que me dan una idea de como son, pero en si, jamás he visto uno en persona. Se murmura entre nosotros que son tan vanidosos que no quieren tener contacto con los humanos y guardianes, por ser inferiores. Eso es una estupidez, ellos fueron guardianes antes de ser Ángeles.


Los guardianes somos seres neutrales respecto al bien y el mal, nosotros siempre estamos con el humano que nos es asignado, guiándolo para evitar que salga herido en todos los aspectos.

 

Físicamente no pueden vernos, pero sí oírnos. No tal cual como una conversación entre dos personas, sino que, en su conciencia. Aunque eso es algo difícil de controlar al principio, ¿cómo guiar a alguien que no te ve y apenas te escucha? Bueno, a lo largo del tiempo vas adquiriendo experiencia, y eso se vuelve relativamente fácil.


Estoy emocionado, en verdad quiero conocer a mi nuevo humano, normalmente siempre me tocan recién nacidos, así que los veo desde bebés hasta que son adultos, debo confesar que me gustaría cuidar una persona que no fuera un bebé…sería un reto.


Normalmente cuando te asignan a un humano adulto, puede ser porque su guardián murió. Eso normalmente es culpa de los Demonios, éstos son abominaciones que curiosamente son bellos, es decir, no se ven como son descriptos, sino que, parecen Ángeles con una belleza más oscura. Los Demonios asesinan guardianes para evitar que éstos cumplan sus misiones.

 

Hay rumores sobre que, sus acciones se deben porque en un futuro serán Ángeles y eso les molesta. He oído que comentan que los Demonios y los Ángeles, pueden sentir si un guardián será uno de ellos, lo cual es fantástico.


Yo, en lo personal, no sé que quiero. Los Ángeles, como ya dije, no son de mi total agrado, pero son los más heroicos y los más amados; por otro lado, los Demonios son muy sádicos y traicioneros, aunque debo admitir que son los que más van a la Tierra, y yo amo estar en ella.


El destino decidirá en que me convertiré, ¿a qué me refiero? Cuando llevas cierto tiempo como guardián, el destino te llama a un lado, o sea, el lado de los Ángeles o los Demonios. Dejas de ser guardián, y pasas a ser uno de esos dos. La idea no me emociona, pues, yo quisiera seguir siendo guardián.


Los nervios me están matando, ya quiero saber quien será mi nuevo humano o humana. El último que tuve que cuidar, fue un niño llamado Yuu. Recordarlo me trae tantos sentimientos, mi corazón se estruja. El pequeño murió de cáncer, y claramente, al ser guardián te encariñas con tu humano.
Comienzo a ponerme nervioso mediante avanzo en dirección a la enorme puerta de la sala de asignaciones, una voz conocida llama a mis espaldas.


—Yutaka —su grave voz, se escucha cada vez más cerca. Sabía de quien se trataba, me giré lentamente, encarando al castaño frente a mí— ¿De nuevo irás a la sala? —cuestionó Takashima, mirándome con curiosidad.


Takashima había sido mi maestro, el que me enseñó todo lo que sé respecto a los guardianes, y me ayudó a integrarme a éste nuevo mundo.


—Sí, ya he terminado mi trabajo con Yuu —respondí al momento que retiraba algunos de sus mechones castaños de su frente.


—Me enteré de eso. Sólo vine a desearte suerte —me dijo con una sonrisa, él era lo más cercano a un amigo en ese lugar.


—Gracias —susurré. Ya quería entrar a la sala, me diera a mi humano, y regresar a la Tierra.


—Cuídate de los Demonios. Últimamente han estado asesinando a más guardianes —me advirtió antes de alejarse.


La idea de que muchos guardianes murieran, me causaba tristeza, pero eso significaba que podían asignarme a un humano no recién nacido, y eso me hacía imaginar cientos de nuevos retos o situaciones que parecen locuras, dentro de mis pensamientos.


Sonreí para mis adentros, y continué mi camino hasta la enorme puerta de la sala donde dos estatuas se alzan frente a mí, a mi derecha se encuentra un Ángel con sus hermosas alas blancas extendidas, y a mi izquierda está un Demonio, casi idéntico al Ángel, de no ser por sus alas negras.


Miré a ambas con curiosidad, y me alejé entrando hacia el gran salón donde me asignarían a mi nuevo humano, del que juro, cuidaré con mi vida.


Dentro de la sala me siento intimidado por la gran cantidad de guardianes que se encuentran en el centro de ésta, todos esperando su turno al igual que yo.


Me acomodé en la fila, y miré a todos lados. Hace muchos años que no entraba en ella, y todo está tal cual como la recuerdo. La voz grave que retumbó en la habitación, hizo que me volviera a la realidad.

 

—Bienvenidos, jóvenes guardianes a su ceremonia de asignación —dijo el hombre que se plantó en el centro de todos nosotros. Era alto, fornido, con una larga cabellera roja, y por sus ojos noté que no era asiático.


Aplaudí junto a mis compañeros después de sus palabras, el pelirrojo nos dividió en tres filas donde cada una pasaba a una habitación distinta.


Me tocó la tercera, y me tranquilicé para esperar mi turno. Durante las siguientes dos horas, las otras filas ya habían pasado hasta casi terminar, en cambio la mía, difícilmente habíamos caminado unos cuantos centímetros. Las personas antes de mí, salían con una expresión de molestia, y eso me preocupó.


Después de una larga espera, llegó mi turno de entrar. Mis ojos se abrieron de la sorpresa al encontrarme con Takashima.


Él me miró fijamente, y yo sólo podía preguntarme que hacía allí. Supongo que notó mi sorpresa porque soltó una carcajada al verme, y sonrió ampliamente.


—Mi querido, Yutaka. ¿Qué haces aquí? —me dijo mirándome mientras entraba y cerraba la puerta tras de mí.


—Me tocó en esta fila —contesté un poco alegre de saber que él me asignaría a mi humano, tomé asiento frente a su mesa y lo miré con curiosidad.


—Bien, veamos que tenemos —habló sentándose y tomando mi mano, debo decir que eso me incómodo un poco.


Sabía que el proceso era doloroso, todo el tiempo que llevo haciendo esto, siempre me han tocado mujeres o niñas, pero nunca un hombre. Se supone que te asignan tu humano según si eres compatible o no con él. Espero y esta vez sea diferente.


Takashima saca un cuchillo de la mesa y me realiza un corte en la palma de la mano, por donde comienza a emanar sangre. Miré asombrado la herida, y dirijo mi mirada a los ojos de Kouyou que me dedican una paz que agradezco.


Trato de regular mi respiración, está doliendo más que otras veces, y eso me preocupa. El ardor recorre mi brazo, y no puedo hacer nada más que mirar a Takashima con pánico.


—Tranquilo, sé que te duele más, pero estoy seguro que lo que te haré te encantará —me dice con una sonrisa de medio lado, traté de no gritar por el inmenso dolor que sentía en esos momentos.


—¿Por qué duele más? —alcancé a decir apretando los dientes y cerrando los ojos. Hasta que el dolor se fue…sólo se fue.


—Esta asignación no es para bebés —no pude evitar sonreír. ¿Estaba hablando en serio?


—¿En serio? —pregunté emocionado, y él me sonrío con arrogancia.


Tomó mi sangre en un frasco, y lo vertió en una enorme copa al centro de la habitación.


—¿Seguro que podrás con esto? —cuestionó como desafiando todo el tiempo que llevo haciendo esto. Sabía que él conocía que es un reto para cualquiera, pero era una meta para mí.


—Por supuesto —asentí seguro.


Él me miró. Su mirada cambió de ser divertida a una preocupada, me desconcertó su cambio tan repentino, sin embargo, decidí ignorarlo debido a que estaba muy emocionado. Takashima caminó hacia la copa, y ésta mostró un rostro en el líquido azul que contenía. Me llamó para que lo viera, y sonreí al notar que era un chico. Lo miré con detenimiento, su cabello es negro con puntas rojas, sus labios son carnosos, y sus ojos azules que se veían tan inocentes y amables. Era tan hermoso como un Ángel. Sentí un escalofrío recorrerme la espalda que me hizo retorcerme un poco.


—¿Debo cuidar de él? —cuestioné sin poder creerlo aún.


—Sí, el es Takanori —habló con cierto desprecio en su voz, yo por mi parte, reí por lo bajo al ver como el pelinegro comía de la comida de su compañero cada que se distraía.


—Takanori me agrada, cuenta con que yo cuide de él —dije animado caminando hacia la salida, pero Takashima me tomó de la muñeca deteniéndome de mi andar.


—Yutaka, puedo ir en tu lugar. Es peligroso, lo sabes, ¿verdad? Por algo su antiguo guardián murió —mencionó preocupado, y mi sonrisa desapareció de mi rostro.


—Lo sé, por esa razón quiero cuidarlo —me solté de su agarre.


—Pensé que razonarías —dijo con desesperación.


—Sabes muy bien el juramento, Takashima —hablé con voz fría, casi lejana. Él me miró sorprendido.

Me acerqué a él, sabía que sólo se preocupaba por mí. Él era como el hermano o la familia que tuve antes de morir, su mirada detonaba decisión. Sonreí agradecido al verlo asentir.

 

...


Al llegar al salón de descenso, todos se aglomeraron a mi alrededor, mirándose unos a otros, todos vestidos de negro, con las alas listas para emprender el vuelo; es verdad, olvidé mencionarlo. Los guardianes también tenemos alas, pequeñas pero fuertes, nada a comparación de la de los Ángeles o Demonios, son muy cómodas.


Todas son distintas, no hay un par que sean iguales, las mías son negras con un delineado blanco. Son parecidas a las de una mariposas monarca, sí, creo que así se llaman. Según los guardianes, las alas tienen relación con tu muerte, pero, ¿qué tiene que ver una mariposa en esto? Bueno, debo pensar en lo que en verdad importa en este momento…mi descenso.


Estoy listo, es mi momento. Preparo mis alas para bajar, y sostengo el aliento de la emoción, por primera vez podré cuidar de un chico, la idea me emociona, demasiado.


—Ahora todos ustedes, jóvenes. Bajarán a la Tierra a cuidar de su nuevo humano, este trabajo es un honor —habló el pelirrojo parado junto a la salida de la sala de asignaciones. Todos sabíamos que esas enormes y pesadas puertas se abrirían en unos momentos.


—Juramos salir de aquí para proteger a nuestro humano, guiarlo en su difícil camino, nunca abandonarlo, y estar a su lado en todo momento. Lo haremos dando nuestra vida porque si fallamos, estamos dispuestos a ser condenados.


Dicho esto, las puertas se abrieron de par en par, mostrando la oscuridad, el vacío, la nada. Se veía intimidante, pero lo he hecho varias veces, y estoy listo para lo que sea.


Todos corrimos hacia la salida, unos lanzando gritos de emoción, y otros mirando hacia el frente, yo pertenezco a los segundos. El tiempo corre al saltar hacia el abismo, todo se apaga. Sólo hay oscuridad, una oscuridad que adsorbe todo a su paso. El aire comienza a faltarme al estar en caída libre.


Después de un rato cayendo, comienzo a ver las nubes a mi alrededor, las nubes de un cielo nublado. Cerré los ojos al sentir las gotas de lluvia mojarme, no pude evitar sonreír mientras la fría brisa daba de lleno contra mi cuerpo. Sé que la caída es dolorosa, pero yo puedo soportarlo. Además, estoy por cuidar a Takanori.


Las nubes cambian por unos altos edificios, sino mal recuerdo, me encuentro en Tokio. Siento un duro golpe en la nuca antes de caer dentro de uno de ellos sin causar el más mínimo daño, ya que, sólo atravesé las paredes de concreto.


De pronto me detuve. Caí en un enorme sofá de terciopelo rojo, y en una habitación acogedora, que emanaba un exquisito calor. Levanté la cabeza para ver donde estaba, y me alegré de que la casa de Takanori fuera bonita y ordenada, o mejor dicho, su departamento.


Me pongo de pie alegre, y comienzo a rondar por la habitación, si terminé aquí es porque Takanori también lo está y mi obligación es seguirlo a todas partes para cuidar de él. Sé que no podrá verme y mi trabajo será más difícil, pero el reto me llena la cabeza de nuevas ideas, y de más experiencia para poder decirle a Takashima que no se preocupara de mí.


Sonrío ampliamente cuando me topo con la puerta que parece ir a la cocina, asomo la cabeza, pero Takanori no está. Sólo me encuentro con un pequeño perro chihuahua de color negro, blanco y fuego, mirando en dirección a la ventana.


Me acerco y el pequeño ladra al verme, sin importar que pudiera morderme, le acaricié la cabeza con ternura. Los perros y en general todos lo animales, pueden vernos. Eso es en cierta forma agradable, ya que, siento que al menos alguien me ve.


Me quedo con él, y lo llevo a la sala, ambos nos sentamos en el sofá, frente a una enorme ventana que me ayuda a observar la ciudad. “Es hermosa” pienso mientras el pequeño me mira, y se acerca un poco más a la ventana.


Decido guardar mis alas, y me quedo con el chihuahua en aquella habitación. Miramos como las personas pasan, tanto él como yo, sabemos sobre el mundo que hay ahí afuera. Puedo ver a cada humano con su guardián detrás, caminando pasando desapercibidos.

 

...


¿Qué está pasando? Takanori ha entrado a la sala, y se me ha quedado viendo, ¿acaso puede verme? Eso no puede ser. Los humanos no pueden vernos, eso es una regla, pero aquel pelinegro no despega la mirada de mí, y eso me asusta.


Me quedo pasmado mirando como aquel chico al que tengo que proteger, camina con la mirada horrorizada hasta mí, y yo sólo puedo pegar mi espalda a la ventana asustado.


—Koron-chan, ¿qué le has hecho al sofá? —cuestiona cambiando su mirada de angustia y preocupación por una divertida con una sonrisa que le ilumina el rostro.


En ese momento lo entendí, no me veía a mí, sino que, al sofá hecho pedazos, al parecer mi caída fue más dura de lo que imaginaba.


—Pequeño travieso —anunció Takanori divertido, aproveché que se le quedó viendo al pequeño chihuahua para mirarlo a los ojos, son tan azules como el mar y esa amable sonrisa que tiene en el rostro.


Veo como se acerca al canino a un lado de mí, y lo carga entre sus brazos acariciando su cabeza. Me levanto del sofá, y camino junto con él a la cocina. “Se ve tan amable, tal vez no sea tan complicado cuidar de él” pienso mientras me siento sobre la mesa de la cocina.


—Tenemos mucho que hacer hoy, Koron. ¿Sabes por qué? —decía el de ojos azulados emocionado, y yo estaba ansioso por ver de que se trataba.


Me acerqué a él y tomé su hombro. En ese momento, miles de recuerdos surcaron mi mente. Su nacimiento, su niñez, su adolescencia, todo vino a mí como si de una película se tratase. También me enteré que Takanori tenía veinte, era dos años menor que yo.


Me quedé pasmado por tanta información, me tambaleé un poco y me recargué en la ventana mientras el pelinegro tostaba unas cuantas rebanadas de pan con ayuda del tostador. Después de eso, se dirigió a su habitación, yo le seguí.


Su habitación estaba llena de letras de canciones, algunos dibujos y una hermosa guitarra acústica. Me quedé admirando cada cosa, vaya que el chico tenía talento.


—Es hora de trabajar —habló tomando la guitarra junto a unas partituras— Bien, Koron. Tenemos que comenzar el regalo de nuestro querido amigo, Kai —exclamó emocionado, y yo sólo sonreí al verlo tan feliz.


Cerré los ojos y busqué entre sus recuerdos quien era y me di cuenta que Kai es el mejor amigo de Takanori, y que pronto sería su cumpleaños.


Su hermosa voz me sacó de mis ensoñaciones, reí al mirar como éste miraba al pequeño canino mientras cantaba y tocaba aquel grandioso instrumento. Al verlo tan alegre, me sentí como un niño pequeño, con ganas de jugar, de dejar atrás por un momento todo ese aburrimiento que significa sólo ver que el humano esté bien. Cuando terminó de cantar, dejó la guitarra sobre la cama, y miró al canino que se encontraba sentado a su lado.


—Buen trabajo, Takanori, a Kai le encantará —dije consciente de que él no me escuchaba, pero al menos así no me siento tan lejano de la situación.


—¿Crees que le guste? —cuestionó al canino, y yo divertido, me acerqué a su oído.


—Le encantará —susurré, él debió de haberlo escuchado en su interior, como si de una voz en su cabeza se tratase.


—Le encantará —afirmó, y yo reí. Me había escuchado, y no ha sido tan difícil después de todo. Me situé a su lado, y miré el reloj que marcaba las 23:26 p.m.


—Es hora de dormir, mañana tendrás un largo día —le dije, y noté como mis palabras entraban en su mente.


—Bueno, Koron, estoy cansado, vamos a dormir —mencionó tomando al canino, y recostándose en su cama, cayendo dormido casi al instante, sus hermosos ojos se encontraban cerrados, y su respiración era calma.


—Takanori —dije al vacío, notando como mis palabras se desvanecían en aquella habitación, sintiendo que nadie podía oírlas— Te cuidaré siempre, aunque me cueste la vida —sin despegar la vista de sus labios entreabiertos, y algunos mechones de cabello cubrirle el rostro, me recosté a su lado— Te protegeré —miré el techo con tristeza. Era hora de comenzar mi trabajo, de trabajar en un mundo donde parezco no existir.


...

 

“Es hora de despertar” pensé cuando el sol entró por la ventana de la habitación de Takanori, era sábado, pero yo sabía a la perfección que tenía un regalo que entregar el día de hoy, además tengo la sensación de que le gusta despertarse temprano. Toda la noche estuve velando por sus sueños, y todos estaban relacionados con sus partituras, letras de canciones, paisajes, sólo uno de los tantos que tuvo por la noche, fue dedicado a Kai y como sería su reacción. Pero lo que más llamó mi atención, fue la repetitiva frase de “si tan sólo estuvieras aquí.”


—Takanori, levántate o se hará tarde —susurré esperando a que me escuchara, y efectivamente lo hizo, ya que comenzó a retorcerse entre las sabanas y abría los ojos lentamente.


Bostezó unas cuantas veces hasta que sus ojos se adaptaron a la luz de la mañana, y se levantó de la cama despacio, mirando de reojo el despertador a su lado, al notar lo temprano que era, cerró los ojos y se desplomó sobre su almohada lanzando un gruñido de disgusto para después levantarse de nuevo, pero esta vez, por completo.


—Que sueño tengo —exclamó para el espacio vacío de la habitación, aunque yo podía escucharlo perfectamente ahí.


—Lo sé, pero sabes que un cumpleaños es un cumpleaños —dije divertido, y él se encaminó al cuarto de baño.


Inflé mis mofletes al escuchar el agua caer, miré por la ventana y sonreí al notar lo que había hecho la lluvia. Estaba nevando, me levanté animado y coloqué mi diestra sobre el frío vidrio. Amaba esa capa blanca, era tan pura.


...


Jugué con mis manos mientras Takanori refunfuñaba a cada segundo. La nieve le había impedido salir. Según el portero del edificio, no podía salirse a causa del hielo sobre el suelo de la entrada.

 

...

 

Takanori había ido a una discoteca la siguiente noche, pero este lugar no me daba buena espina, y tampoco a Akiri, otra guardiana que había conocido hacia unos minutos. Por lo que estábamos en alerta de todo lo que rodea a nuestros humanos. Podemos distinguir a otros guardianes cuidando a sus humanos, todos con la misma expresión que la nuestra, estaban preocupados.


—¿Qué es lo que nos pone tan nerviosos? —me cuestionó Akiri, yo sólo negué con la cabeza.


—No lo sé —respondí mirando a todos lados, buscando en todo aquello que me enseñó Takashima sobre el instinto, “sigue tu instinto” él me lo dijo, y el mío dice “sal corriendo de aquí.”


Me quedé junto a Akiri vigilando a nuestros humanos, quienes acaban de conocerse, hasta que Akira se separó de Takanori para ir al baño o algo así. En ese momento, Akiri fue con él para cuidarlo, yo por mi parte, me quedé cerca del pelinegro, lo estaba mirando, se veía incómodo en este lugar, y era comprensible, pues, no era de lo más agradable.


—Hola —escuché, y dirigí mi mirada hacia la castaña con un vestido negro muy corto, y un escote exagerado que me hizo abrir los ojos molesto. Se estaba acercando a Takanori de una manera desagradable, como un león acechando a su presa.


—Ho-hola —tartamudeó Takanori sin apartar los ojos de aquella castaña que le estaba coqueteando. Me quedé parado mirando la escena.


—¿Cómo te llamas, guapo? —cuestionó ella con una voz que me empalagó al instante en que salió de su boca, era obvio que quería algo de mi humano.


—Takanori —respondió nervioso, y la castaña sólo le sonrío aún más tocando su chaqueta negra con la palma de sus manos.


—Bueno, Takanori, no deberías estar solo por aquí. Eres muy guapo y deberías estar acompañado de una mujer guapa, como yo. Soy Alessia —dijo mordiéndose el labio inferior de manera que Takanori no pudo evitar mirarla. Eso me molestó, y lancé un bufido.


—Takanori —dijo Akira detrás de mí, y suspiré aliviado de que llegara.


—Lo siento, pero no vengo solo, Alessia —agregó un poco más calmado, y miré a Akiri sonriente, a juzgar por la expresión de la tal Alessia, el coqueteo se terminaba ahí.


—Eso es una pena, ¿se quedarán más tiempo? Porque la mejor canción está por comenzar —dijo alejándose de los chicos con una sonrisa en su rostro, luego se giró y me miró.


“Puede verme” pensé confuso, y caminé hasta que estuve lo suficiente cerca como para notar sus oscuros ojos que me hicieron sentir un miedo que recorrió mi espalda.


—Que bueno que estás aquí, guardián. Será divertido —me dijo, y al instante supe que era. Se alejó de mí hasta perderse entre la multitud, y yo corrí hasta Takanori, me acerqué a su oído y le susurré.

 

—Sal de aquí.


Él se volteó y trató de convencer a Akira al igual que Akiri, pero éste se negó, estaba decidido a quedarse.


—Maldición, si esto se complica será su culpa, ¿qué haré? —trato de recordar mi entrenamiento, pero es difícil bajo tanta presión.


—Dime que pasa —me dijo Akiri preocupada mientras la tomaba del brazo, y la guiaba lejos de Takanori y Akira— ¿A dónde vamos? —cuestionó.


—Esto terminará muy mal sino los sacamos de aquí, no nos hacen caso, y sólo queda obligarlos de otra manera —hablé con voz segura mientras me metía al sanitario de mujeres, y cerraba la puerta con seguro. Será difícil para mí salir, pero mi prioridad era Takanori en esos momentos.


—¿Por qué terminará mal?, ¿Qué haremos?


—Este lugar está lleno de Demonios, y nuestro deber es sacar a nuestro humanos de aquí, lejos de ellos, ¿sabes convertirte en humana? —le dije, y ella me miró con sorpresa, estaba claro que no sabía— Prepárate, porque hoy será el día —mencioné sacando mis alas mientras me sentaba en el suelo, esto iba a doler y mucho, pero era necesario, yo contra los Demonios. Agaché la cabeza, y Akiri me miró extraño.


—¿Estás seguro de esto? —preguntó Akiri preocupada a mis espaldas. Yo sólo asentí, y continúe con mi trabajo. Takashima me había enseñado a como hacerlo, le debo una por eso.


Estiré mis manos hasta el origen de mis alas, donde surgen de la piel de mi espalda, las tomé con fuerza y comencé a jalarlas, sintiendo un dolor insoportable que me hizo gritar, tenía que hacer eso hasta que fuera el momento de usar la magia, y eso es cuando estén a punto de ser arrancadas.
Debo tener cuidado, si las arranco por completo tendré muchos problemas, de pronto siento como comienzan a desprenderse un poco, es la hora.


Mis palmas comienzan a emanar un fuego azul con blanco, es tan brillante que ilumina la habitación por completo. Akiri cubrió su boca con su diestra, por otra parte yo, seguí con mi trabajo, coloqué mis manos sobre mis alas, y sentí como el fuego me quemaba. Una vez hubo cesado éste, me desplomé sobre el suelo, sentía un inmenso dolor en la espalda. Akiri se sentó a un lado de mí, y me miró sorprendida, pero también asustada.


—¿Estás bien? —me preguntó mientras me ayudaba a levantarme, sólo me limité a asentir. Toqué mi espalda, y sonreí al no notar nada.


—Vamos —le dije soltándome de su agarre, pero me desplomé al instante, había terminado más cansado de lo que esperaba.


—No estás bien —repuso la pelinegra, y yo solté un gruñido mientras me levantaba. Miré mi espalda en el espejo, tenía un tatuaje de unas alas, justo donde estaban las reales, pero de un tamaño más reducido. Sólo era eso, un simple tatuaje y yo un humano.


—Salió bien, vamos a sacarlos de aquí —dije sintiéndome mareado cuando alguien tocó la puerta insistentemente.


—¿Está todo bien ahí adentro? —preguntan del otro lado de la puerta. Esa voz pertenece a…¿Takanori?

 

Akiri abrió la puerta, y se quedó a lado de ésta. Por mi parte, agaché la cabeza, y mordí mi labio nervioso. Sería raro encontrar a un hombre en un baño de mujeres. Takanori asomó su cabeza, sus ojos se abrieron de la sorpresa, y lágrimas rodaron por sus mejillas. Sentí mis piernas fallar, y lo último que vi antes de desplomarme sobre el suelo a causa de una explosión, fue verlo correr hacia mí y gritar “Kai.”


 

Al abrir mis ojos, busqué por todas partes a Takanori. Yo era su guardián y lo había perdido de vista. Un espeso humo inundaba el lugar. Los Demonios estaban listos para atacar, ese humo se utiliza para debilitar a los guardianes. Por suerte, ahora soy humano.


No podía ver nada, la calidez de una mano tomando la mía me hizo dirigir mi mirada hacia el dueño. Un suspiro de alivio escapó de mis labios, se trataba de Takanori. Traté de levantarme, pero un gemido de dolor fue la consecuencia. Miré mi pierna, y mi expresión fue de horror, tenía un pedazo de metal incrustado en la pierna derecha.


—Kai —habló con voz emocionada el pelinegro, no podía comprender porque me llamaba con el nombre de su amigo, pero decidí ignorarlo.


—Tienes que irte, sal de aquí —dije mirándolo.


—No te dejaré, Kai. Esta vez no —al escucharlo decir eso, me sentí extraño, tal vez ¿protegido?


—Debes cuidar a tu amigo, salgan de aquí. ¡Vete de aquí, Takanori! —grité tomándolo del brazo, y lo empujé. Lo vi cargar en brazos a Akira, quien por lo visto había quedado inconsciente a causa de un golpe.


—Nos iremos, sacaré a Akira, pero regresaré por ti —me dijo con una voz cargada de fuerza, y corrió hacia la salida, desapareciendo de mi vista.


Me dejó impactado. Ese…ese era mi trabajo. Me arrastro por el suelo hasta que llego a una mesa. Me apoyo en ella para levantarme, y con fuerza, saco el trozo de metal en mi pierna, lanzando un grito que después se ve acompañado de muchos más. Me metí debajo de la mesa, y vi como un Demonio tomaba a un humano de la cabeza y le mordía la espalda, todo de forma monstruosa.


Me quedé atónito mirando aquella escena, el guardián de aquel humano sacó sus alas para pelear, pero dos Demonios lo tomaron de los pies y lo golpearon sin piedad. Ahora entiendo porque los guardianes temen convertirse en eso. Se alejaron poco a poco dejando aquel líquido carmesí con cada paso.


—Kai —la voz de Takanori me hace salir de mi escondite a rastras para encontrarme con él.


Lo hizo, regresó por mí, tengo que sacarlo, pero mi cuerpo falla y doy de lleno sobre su pecho. Me siento débil, he perdido demasiada sangre. Cierro los ojos, y por instinto, llevo mi mano hacia su pecho y la coloco sobre él. Así como la primera vez, varios recuerdos surcaron mi mente, pero estos eran diferentes. Había un chico, lo curioso era que, se parecía a mí. Un dolor punzante se instaló en mi cabeza. Ahora comprendo todo. Mi accidente, mi muerte, el nombre, la reacción de Takanori al verme o la expresión de Takashima, exactamente todo.


—Lo siento —lo abracé como si mi vida dependiera de aquel abrazo.


Yo podría mantenerme despierto solamente para oír tu respiración,
Mirar tu sonrisa mientras duermes,
Mientras te alejas y sueñas,
Yo podría pasar mi vida en esta dulce rendición
Yo podría quedarme perdido en este momento siempre,
Cada momento que paso contigo es un momento que atesoro.

 

—¿Por qué? —cuestionó confundido.


—Por haberte dejado solo e irme. Por haberte ignorado esa noche. Por haberte gritado. Por todo, Takanori —hablé entre sollozos.


—Tal vez esto sea un sueño o tal vez no, pero déjame disfrutarlo.


No quiero cerrar mis ojos,
No quiero quedarme dormido,
Porque te extrañaría,
Y yo no quiero extrañar algo
Porque aún cuando sueño contigo,
El dulce sueño no pasaría,
Porque aún te extrañaría,
Y yo no quiero extrañar algo.


Aquella noche Takanori se me había confesado, yo lo rechacé. Por mi estúpido orgullo lo hice, y me arrepiento de hacerlo. Me sentí un idiota al verlo llorar. Recuerdo las luces blancas iluminar mi cuerpo. Lo siguiente que sentí fueron las corrientes eléctricas, trataban de reanimarme, pero no tuvo resultado alguno en mí.

 

Recostado cerca de ti,
Sintiendo tu corazón latiendo
Y me pregunto qué es lo que estás soñando
Me pregunto si soy yo lo que estás viendo.
Y luego beso tus ojos,
Y agradezco a Dios que estamos juntos
Yo solo quiero estar contigo en este momento por siempre.
Por siempre y para siempre.


Sentí mi cuerpo ser separado del de Takanori, y ser lanzado varios metros lejos. Alcé la mirada, y noté que había un enorme agujero en el suelo. Los Demonios entraban con humanos muertos en brazos. “Se llevarán a Takanori” pensé con pánico. Traté de levantarme, pero la pierna me dolía a horrores y no tenía la suficiente fuerza para hacerlo.


—Ven por tu humano, guardián —habló el Demonio que había tomado en brazos a Takanori.


Acostado cerca de ti,
Siento latir tu corazón.
Y me pregunto con qué estás soñando,
Me pregunto si será conmigo.
Luego, beso tus ojos y agradezco a Dios que estemos juntos
Y sólo quiero estar contigo
En este momento para siempre, para siempre, siempre.


Ignorando tanto el dolor físico como el emocional, me levanté. Pero una vez más, fui lanzado lejos. Ser humano es difícil, sé que puedo morir en cualquier momento. Sin embargo, no puedo dejar a Takanori solo. Yo soy su guardián y tengo que protegerlo.

 

No quiero cerrar mis ojos,
No quiero quedarme dormido,
Porque te extrañaría,
Y yo no quiero extrañar algo
Porque aún cuando sueño contigo,
El dulce sueño no pasará
Porque aún te extrañaría,
Y yo no quiero extrañar algo.


Me puse boca abajo, alcé la mirada hacia Takanori, y me encontré con su rostro lloroso. Estiré mi mano hacia él, y un sollozo escapó de mis labios. Mi deber es cuidarlo, pero no he podido hacerlo. Otro estruendo se escucha, sentí el suelo temblar, los Demonios gritaron “¡Los Ángeles!”, y sonreí al saber que por primera vez, salvarían a los humanos sin mandarnos a nosotros.

 

No quiero extrañar una sonrisa
No quiero extrañar un beso
Yo sólo quiero estar contigo,
Aquí mismo contigo, como ahora
Bien, yo sólo quiero sostenerte
Y sentir tu corazón tan cerca del mío
Y solamente estar aquí en este momento
Por el resto de los tiempos.

 

Takanori corre hacia mí una vez que lo soltaron, me voltea, y recuesta mi cabeza sobre sus muslos. Mis parpados comienzan a pesar, siento sueño, pero no quiero quedarme dormido y soñar toda una eternidad.


Perdido totalmente en mi mente, no me percaté de que Takanori se acercaba cada vez más, no me percaté que rozaba sus labios con los míos, y que la sensación era inexplicable y frágil. Tanto que me hizo temblar. El beso era como si el pelinegro quisiera entrar a mi corazón, necesitado, la palabra que lo definía.

 

No quiero cerrar mis ojos,
No quiero quedarme dormido,
yo no quiero extrañar algo.


—Te cuidaré siempre —me susurró cerca de mis labios con voz entrecortada aquella frase que le dije el primer día de nuestro reencuentro. Cerré mis ojos sonriendo, no recordaba que Takanori podía ser tan dulce. Lo miré por última vez, incluso despeinado, con el maquillaje corrido y la ropa destrozada, era hermoso. Un último suspiro escapó de mis labios, y tanto mi corazón de guardián como de humano, dejaron de latir.


No quiero cerrar mis ojos,
No quiero quedarme dormido,
yo no quiero extrañar algo.


Soy un guardián, un ser que tuvo que escapar de su destino y proteger su corazón, un guardián que siempre estuvo enamorado de su humano.


...


El pelinegro irradiaba felicidad, aquel día por fin había ido a ver a su amor sin haber llorado. Sabía que Kai era feliz, que no sentía dolor, y que desde algún lugar, lo cuidaba. Acarició con dulzura la cabeza de su querida mascota. Recordaba cuando el castaño se la había regalado. Estaba avergonzado, pero él saltó de felicidad.


Llevó su vista al frente, y detuvo su andar. Sentado sobre las escaleras de la entrada de un museo, se encontraba un chico de cabello castaño atado en una coleta, ojos profundos, y vestido de negro. Se trataba de Kai. Sonrió divertido al verlo levantarse de golpe y caminar hacia una hermosa chica. Takanori se dio la vuelta, y sin borrar su sonrisa, se alejó de aquella pareja.


Su brazo ser tomado, lo hizo fruncir el ceño. Miró a la persona dueña de aquel agarre, y de la sorpresa, dejó caer al canino.


—Se te cayó esto —le tendió una libreta negra con diseños de copos blancos.


—Gracias —susurró tomándola.


Takanori sentía temblar su cuerpo, tal vez se trataba de otro sueño como el anterior que había tenido, pensó. Era algo imposible el hecho de que Kai aún estuviese vivo, él había muerto hacia cinco años. Tan distraído se encontraba, que no se percató cuando el castaño se acercó a su oído y le susurró con voz suave.


—Soy un Ángel, tu Ángel.


Cuando el pelinegro se volvió para mirarlo, éste ya no se encontraba. Chasqueó la lengua hastiado. Sólo se trataba de una de sus alucinaciones. Tomó al canino entre sus brazos, y siguió su camino sin notar que, escondido entre la multitud, se encontraba un castaño con hermosas alas blancas, mirándolo.


—Siempre cuidaré de ti, Takanori —susurró al aire Yutaka.

 

Notas finales:

¿Merezco algún review? O ¿Tomatazos? 


Si tuvieron alguna duda del one shot, no duden en preguntarme.


¡Saludos! ^-^/

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