Amor Yaoi
Fanfics yaoi en español

30 Days

Autor: Ominous_Suzuki

[Reviews - 4]  

LISTA DE CAPITULOS
- Tamaño del texto +

Notas del capitulo:

Este es el tercer Reituki que escribo. Los capítulos no serán muy largos, pues es una historia corta.(?)

 

Espero y les guste. 

 

Si los deseos se volvieran realidad, probablemente muchas personas tuvieran todo lo que sueñan con solo chasquear los dedos. Pero no es así, algunos deben ser trabajados y sólo entonces pueden llegar a cumplir aquel hermoso sueño. 

 

Para Takanori el trabajo arduo lo llevó a convertirse en un escritor novel. A penas reconocido, sus historias románticas estaban llegando a más personas de las que había imaginado y eso, para él, eran los sueños y los deseos hechos realidad.


Sin embargo, aún cuando las puertas se abrieron para él, también consideró lo que dejaba atrás, y eso era su familia. Y es que, el mundo que empezaba a verlo quería saber más. Los distintos compromisos lo llevaron a diferentes lugares, incluyendo Ciudades y Países.

 

Empezaba a sentir el cansancio, el deseo de despejar su mente y convertirse en un alma invisible. Quería correr, brincar, gritar, y sólo porque las personas a su alrededor se abstenían.

 

Hasta un día.


La mañana de un Jueves, Takanori había decidido huir de su departamento como si de una celda este se tratase. Tomó las llaves, su teléfono móvil —el cual yacía apagado—, y observo el lugar, pidiéndole a todos los dioses tanto existentes como inexistentes, que nadie se diera cuenta de su huida. Cuando se vio dentro del elevador, un suspiro de alivio escapó de sus labios y una sonrisa adornó su rostro. El pensamiento de una victoria lo hizo feliz.


No tenía un lugar al cual deseaba ir, pero siendo las primeras horas de aquella hermosa mañana, optó por caminar las calles en busca de un café. Al encontrar una cafetería modesta y hogareña, pensó que allí debería pasar todo el tiempo necesario. Fue directo a la barra, pidió un mocaccino, dos croissant, y una pieza de tarta de manzana. Tomó asiento en la parte más alejada del lugar, pero cerca de una retirada inminente.


Se encontró leyendo un periódico que alguien, amablemente, le había prestado. Disfrutó el desayuno sin perder de vista las noticias relevantes del día donde su nombre exhumaba gloria y su mente, vaga, quería silencio.


Cerró el noticiero de un sopetón y respiró hondo. Había huido para sentir la libertad que había olvidado en algún callejón o entre las cotidianas caminatas o subidas al metro cuando le tocaba trabajar. Quería sentirla, y es que en menos de un año, el planeta lo había mostrado bajo una luz brillante que a pesar de agradecer, estaba comenzando a abrumarlo.


El mundo de los famosos resultaba ser más peligroso de lo que alguna vez se imaginó.


Takanori aguardó en el lugar entreteniéndose con sus redes sociales en el móvil. Observó a las personas a su alrededor y aquellas que caminaban cual robots frente a la cafetería. Vio a una pareja mostrarse amor y afecto, haciéndolo sonreír. A un lado de ellos, observó la otra cara del humano, la soledad.


Era un hombre vestido con un blazer azul marino, camisa manga larga estampada, vaqueros negros y zapatos brogue de cuero marrones. Su blanca piel se contrastaba con sus rubios cabellos y ojos rasgados pero penetrantes.


Takanori lo observó por varios minutos. Al rubio se le acercaban varias personas, conversaban con él y después se retiraban con una sonrisa en los labios. No era para menos, lo reconoció apenas lo vio, pero no lo había creído.


Contempló las escenas hasta que su mirada volvió nuevamente a la feliz pareja, para luego pasar a aquel reconocido actor con ojos marcados de soledad.


Las dos caras en un mismo lugar. Quizá el hombre tenga más, pero aquellas dos eran las más vistas y notorias, aunque estaba excluido de aquel paisaje, él también formaba parte de la otra cara. Igual que el rubio.


Lo miró nuevamente y esbozó una sonrisa negando, bajó la mirada, pero ya era muy tarde. Él se había dado cuenta de sus miradas.


El rubio ladeó la cabeza fijándose en el bonito color de piel de Takanori, era más blanca que la suya.

 

Takanori se ocultaba tras un seudónimo anglosajón, pero no podía ocultar sus ojos marrones, su castaña cabellera, ni su piel.


Suzuki Akira, actor de grandes películas, dueño de millones, de talento innato; observaba al castaño con curiosidad. Su sonrisa enternecedora y su rostro aniñado, lo habían hecho contemplar a aquel menudo chico.


Tomó una decisión, se acercaría a él.


Primeramente para preguntar el por qué de su sonrisa y, si se lo permitía, también para saber de él. Akira se levantó, y caminó hacia la mesa del castaño, se quedó unos segundos frente a él.


El joven alzó la mirada mostrándole sus dos hermosos ojos llenos de ternura y sinceridad.


—¿Puedo sentarme? —preguntó el actor.


—Ah…sí, eso supongo —Suzuki sonrió tomando asiento. El castaño bajó la mirada ante la intensidad del mirar de aquel rubio.


—No pude evitar darme cuenta de que me mirabas, y que además, estabas sonriendo.


—Yo…Lo siento, no quise ser descortés —apremió el de ojos marrones.


—No te molestes, no me pareció que fuese así —Takanori sonrió agradecido.


—Yo, miraba al mundo a mi alrededor —murmuró—. Y tú apareciste en la panorámica.


—¿Qué hay en ese mundo? —inquirió curioso.


—Algo hermoso, sin duda —contestó fijando sus ojos en los del rubio.


Era un choque de miradas en el que las palabras restaban, y la sensación de tranquilidad los amarraba.


—Pero lo estamos destruyendo —el rubio negó cabizbajo.


—Como todo lo que tocamos —comentó Suzuki.


—Sí, aunque quiero creer que dejaremos de hacerlo. Que simplemente se detendrá y que todo seguirá su verdadero curso —susurró.


—Me encantaría pensar igual —aclaró—. Pero para qué vigilar lo que hacen a nuestro alrededor. Sólo podemos ser mejores y esperar a que nos imiten.


—Y que todo pase como debe ser —sonrió el castaño—. Tiene razón.


Akira notó los ojos de alguien más sobre ellos. Giró buscando de quién se trataba, y sus ojos se toparon con los de un chico y su cámara.


—El precio de la fama —susurró Matsumoto.


—No tengo mucho que contar —dijo.


—No es necesario contar algo para que te vean en este mundo —el de ojos marrones ladeó la cabeza acomodándose en el asiento—. Pude darme cuenta de ello ahora.


—¿Ahora? —Suzuki observó al chico cambiar la dirección de sus fotografías.


Como esperaba de cualquiera de ellos, la mayoría de sus fotos van dirigidas a él. Sin embargo, el joven las tomaba hacia el castaño. Akira creyó correcto retirarse, podían asociarlo con él, y la verdad era que sólo había tenido una grata charla con un hermoso joven.


Una pareja de chicas se acercaron hasta la mesa con un libro en mano el cual Takanori reconoció al instante. Sintió la alegría de ver su obra en aquella joven que se aferraba a él como si su vida dependiese de ello. Tomó el libro entre sus manos cediendo a la petición de las recién llegadas. Dispuso de un autógrafo y una foto. Cuando ambas chicas se fueron, Akira lo observó indagado. Notaba un leve color carmesí en sus mejillas.


—¿Quién eres? —murmuró.


—Ruki, no, quise decir…Takanori Matsumoto —respondió nervioso—. Escritor de novelas románticas, como verás —exclamó haciendo una seña al par de chicas que se habían retirado—. Y también una persona que apenas comienza a conocer a su alrededor. ¿Tú quién eres?


—Creí que ya me conocías.


—Sé que eres Suzuki Akira, un importante actor, pero pregunté quién eres —habló en un susurro.


—No lo sé —respondió después de unos minutos de pensarlo—. Sólo una persona más, quizás.


—Mucho gusto, una persona más —musitó con una sonrisa que calentó el cuerpo del rubio como si se tratase de un té caliente que pasaba por su cuerpo o un abrazo de afecto entre dos familiares.


Akira no lo sabía, pero le agradó y es más, le había gustado conocer a Takanori.


El momento de rebeldía de Matsumoto terminó con la llegada de un auto gris a la entrada de la cafetería, y una persona de traje negro y gafas de sol saliendo de él. En ese momento el castaño supo que su libertad había llegado a su fin. No le entristecía que fuese así, lo hacía el hecho de que, probablemente, esa sería la primera y última vez en que su mundo colisionaría con el de Suzuki.


—Debo irme pronto —murmuró él sin dejar de ver al ventanal y a aquel hombre que no dejaba su cercanía con el auto. Él lo notó, tragó fuerte y se movió de la silla aspirando.


—Ha sido un gusto el haberte conocido —comentó con ternura. Logró ver aquella sonrisa en los labios del castaño, esa que lo hacía sentirse cálido.


Takanori asintió y se levantó. Observó por última vez al rubio que lo acompañó el resto de su huida y se fue.


El hombre de traje era su manager, un sujeto peculiar que se había acostumbrado al extraño comportamiento del chico, que empezaba a entenderlo, y por ello, a no juzgarlo. Sabía que había salido cuando menos lo habían imaginado, y aguardó a que el tiempo pasara para poder darle el respiro que tanto necesitaba el castaño. Una vez cumplido con ello, fue en su búsqueda y la verdad, no le fue muy difícil.


Takanori caminaba hacia él sintiendo una pizca de “otra cosa” en su interior. Una que sientes cuando chocas con un desconocido y te das cuenta que esa persona es valiosa. Para Matsumoto había algo de eso en el actor, y también soledad. Él escuchó las puertas del local abrirse y su nombre resonar por encima del bullicio de la Ciudad.


Giró y lo vio llamarlo ansioso. Su mirada se encontró con los penetrantes ojos del hombre sin poder evitar sonreír.


Puede que sus mundos vuelvan a colisionar.


—Creo que vendré mañana, otra vez. Hacen unos muffins excelentes en esta cafetería. Deberías probarlos.


—¿Muffins a las 7:00 a.m.? —preguntó divertido el castaño.


—Saben mejor a las 4:00 p.m. 

 
Takanori asintió sin dejar de verlo. Akira lo miró sin poder dejar de sentir cálidez.


—Buena idea.

 

Notas finales:

¿Merezco algún review o unos tomatazos? 

 

¡Hasta el próximo capítulo! 

Loading...



Introduzca el código de seguridad que aparece debajo: