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Caminando entre dragones

Autor: Kaiku_kun

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Notas del fanfic:

 Aprovechando el boom que está teniendo este anime y que las parejas me gustan todas hasta ahora (incluso esa rara de la dragona pechungona con el crío XD y la de Fafnir con Makoto XD) he decidido empezar un fanfic largo. Lo voy a ir haciendo de escenas aleatorias que se me vayan ocurriendo... pues porque el anime y el manga también son muy aleatorios XDD Espero que os guste :)

Notas del capitulo:

Bienvenidos al primer capítulo, aquí se os va a poner un poco en situación de lo que pasa en casita :)

1. La verdad



Ooooh, dioses, qué dolor de cabeza estaba sufriendo… Estaba siendo horrible. Menos mal que estaban todas las luces apagadas y las ventanas cerradas… La luz me hubiera matado.

Seguro que por la noche había empezado con una cervecita de nada y ya había ido empalmando lata con lata. Recordaba las dos primeras y empezar a subir mi tono de voz, pero luego ya… Estaba seguro que había acabado gritando a Tohru por cualquier tontería sobre maids. Pobrecilla, lo que tenía que aguantar… ¡Qué coño, “pobrecilla”, que está aquí por voluntad propia!

Suspiré, algo fastidiada. La resaca no era de las más potentes, pero era molesta igual. Estiré un poco los brazos, para ver si se me iba un poco… Y choqué con algo, con la mano izquierda. Estaba blandito, era como un cojín. Me giré a ver, pero no había suficiente luz. Tuve que acercarme un poco para notar el calorcito que emanaba ese cojín en mi mano.

¡Mierda, es Tohru! ¡Le estaba tocando los pechos!

Le quité tan rápido como pude mi mano de encima y me alejé con cuidado. Ella no se movió un milímetro. ¿Qué demonios hacía en mi habitación? Mis peores pensamientos se agolparon en mi cara… No sería que habíamos tenido…

Salí tan deprisa como pude de la habitación.

—¡Maldita Tohru! Qué libertades se toma… —solté en el pasillo, intentando relajarme—. ¡UAAH!
—Vas a despertar a Tohru.
—¡Kanna! ¡No me metas estos sustos! —Esa niña podía ser adorable y dar miedo al mismo tiempo—. ¿Qu-qué haces aquí esperando?
—Me aseguraba de que ella está bien. —Vale, eso era extremadamente adorable.
—Tranquila, está bien, sigue durmiendo —le sonreí. Ella me seguía mirando con su pose habitual. Me ponía algo nerviosa, pero se me ocurrió preguntarle por el día anterior—. ¿Qué pasó ayer?
—Te emborrachaste mucho.
—¿Grité mucho?
—Mucho. Tuve que esconderme.
—Ay, lo siento muchísimo, Kanna, no quería asustarte —le dije, mientras me ponía a su nivel y la abrazaba. Ella me correspondió lentamente, pero estaba segura de que su cara no había cambiado ni un ápice.
—Tohru te quitó la cerveza sin que te dieras cuenta.
—Hizo bien.
—Y cuando volvió, le dijiste que la querías y que durmiera en tu cama por una noche.
—Oh, por Dios, no…
—Se quedó en silencio enseguida. Escuché, pero parecía que te habías dormido.
—Menos mal…
—¿Te vas a casar con ella?
—¿Qu-qué? ¿De dónde te has sacado eso?
—Saikawa. Siempre dice que quiere casarse conmigo porque le gusto. Y a ti te gusta Tohru.

Me quedé un poco paralizada. No podía olvidar que esa niña era un dragón y a saber todo lo que podía aprender en un solo día. Ella era la única hasta ahora que se había dado cuenta de la verdad…

—No puedo casarme con ella. Mira lo que hace ahora para atraer mi atención. No quiero que lo haga. Cuando aprenda a ser ella misma, me lo pensaré.

Por suerte tenía tanto aplomo como Kanna, cuando se requería de ello, así que nuestras dos caras indiferentes chocaron con sinceridad. Ella asintió, y luego me cogió de la mano con sus deditos menudos.

—Tengo hambre.
—O-oh, claro. Vamos a hacerte el desayuno. Espero que no te hayas comido ningún animal inocente mientras esperabas.
—Se me ha escapado un pájaro.
—Aaay, nunca va a aprender… —solté, casi para mí misma. Kanna se zampaba todo lo que tuviera buena pinta si le entraba hambre. Había visto comerse cangrejos, tortugas y peces de un acuario y me había tocado pagarlo todo—. ¿Te van bien unos bollitos de leche? Sobró una bolsa de cuando vino Elma.
—Me gustan los bollitos de leche —dijo simplemente, poniendo una carita de ilusión de las suyas. Estaba de puntillas intentando llegar al armario donde tenía todos los dulces.
—Tranquila, ya te los doy yo —le dije cariñosamente. Es que era adorable… No me extrañó que Saikawa quisiera casarse con ella. Cuando se los di, pensé en Tohru y le pregunté—: ¿Crees que Tohru se habrá enfadado conmigo?
—Debería estar contenta. Le dijiste que la querías.

Eso era cierto, pero no era la primera vez que por ser sincera en un mal momento se me deprimía. No era nada agradable notarla deprimida, teniendo en cuenta que normalmente era como un tornado asolando la casa una y otra vez.

Pasamos un rato tranquilas. Kanna se comía con calma sus bollitos mientras miraba sus deberes. Era una niña muy trabajadora, pues jamás se me hubiera ocurrido a mí hacer deberes de colegio en un sábado. Yo, en cambio, prefería mirar la tele, tumbada en el sofá.

El silencio desapareció cuando oímos a Tohru encerrarse en el baño. Me preocupó, así que fui a preguntar.

—¿Va todo bien?
—¡Perfectamente!
—Nunca te encierras en el baño…
—Oh, Kobayashi, ¿que quieres pasar y ver cómo hago mis cosas? ¡No sabía que fueras ese tipo de pervertida! —Su voz parecía la de siempre, con esa ilusión de que me acercara a ella de algún u otro modo.
—¡N-no, no es eso para nada…! Bueno, te espero en el comedor.

No respondió. Y tardó un buen rato en salir. Yo seguía mirando hacia el pasillo que llevaba el baño, algo intranquila. Cuando salió y pude ver su cara, me dio mucho repelús. Intentaba desesperadamente poner buena cara, pero su mirada parecía querer matar a alguien.

—Eh… ¿Tohru? Siéntate con nosotras a ver la tele.
—No, tengo que hacer el desayuno…
—Ya hemos desayunado —dijo Kanna, sin dejar de mirar sus deberes.
—Oh, pues… Me voy a hacer la compra.
—Hasta luego, Tohru —le saludó Kanna, sin cambiar ni un ápice de su expresión. Vimos como Tohru agarraba todos los trastos de comprar y se fue casi corriendo, cerrando la puerta con fuerza—. Está enfadada.
—Lo sé. Voy a hablar con ella.

Corrí detrás de ella, porque, conociéndola, era capaz de ir a la compra en su forma de dragón. Parecía que quería huir. Pero cuando abrí la puerta, me la encontré caminando lentamente hacia las escaleras, acariciando la barandilla con una mano. Cerré la puerta detrás de mí.

—Tohru.
—¿Qué quieres? —contestó secamente.
—Lo siento… por todo lo que hice o dije ayer.
—Ni siquiera lo recuerdas.
—Kanna me ha contado algunas cosas. —Ella no supo responder. Le había temblado la voz un par de veces—. Oye, no quería hacerte pasar por eso…
—No te disculpes, bebiste mucho, eso fue todo.

No se me ocurrió que decirle entonces. Ella se había detenido, de espaldas a mí. No era muy fan del contacto, pero lo único que pensaba era en calmarla y abrazarla, así que lo hice. Ella se sorprendió mucho, casi dio un bote.

—No quiero que por una tontería nuestra amistad se vaya al garete. Quiero que seas tan loca como siempre y quiero poder reírme por ello. No quiero repetir lo de ayer.
—Sabes que te quiero —dijo tajantemente—. No puedo ir esperando que me digas mentiras y me ofrezcas cosas que luego no servirán para nada más que ilusionarme.
—Lo sé, lo siento, pero… —No tenía otra opción—. No fue del todo mentira lo que te dije ayer.

A ella se le escapó un suspiro de sorpresa. Temía que se echara a llorar, pero en lugar de hacerlo, se giró de cara a mí, me tomó por los hombros con una cara de cabreo de tres pares de narices y me soltó:

—¡¡No quiero más mentiras!! ¡¡Dime la verdad!!
—Yo… no quiero que te vayas. Me siento feliz teniéndote en casa, me tranquiliza y me lo paso muy bien. —Hice una pausa. La estaba mirando a los ojos y podía ver cómo se estaba controlando las lágrimas y el cabreo por igual. Ella no supo decir nada—. Yo no soy como tú. Mis sentimientos funcionan de otra manera, van lentos y… Quiero que tengas un poco de paciencia conmigo. Sé que es mucho pedir, pero…

Me cortó la frase. Se echó a mis brazos, sin temblar ni nada, a abrazarme. Podía sentir su calor, su corazón empezando a desacelerarse, sus brazos atrapando mi espalda.

—Haré lo que necesites. Seguiré siendo yo —me susurró.
—Gracias, de verdad.

Ella se separó entonces, me sonrió de una forma tierna y tranquila (toda una anomalía en ella) y me dijo adiós con la mano mientras se iba a comprar, definitivamente.

Esperé a que no pudiera verla para entrar en casa. Quería procesar bien lo que acababa de pasar. Al final, sonreí nada más cerrar la puerta de casa.

—Tohru haría cualquier cosa por ti —me dijo Kanna. Supuse que me había visto sonreír, o nos había oído discutir.
—Lo sé.

Kanna siguió a lo suyo. Yo empecé a hacer limpieza en casa.

Al cabo de un rato, Tohru volvió a casa con el mismo ánimo descalabrado y loco de siempre, explicándonos que se había encontrado a Fafnir en el mercado y se le había ocurrido una nueva forma de cocinar su propia cola. En vez de poner cara de asco, le sonreí. Ella hizo lo mismo.

Todo había vuelto a su sitio.

Notas finales:

Espero que os haya gustado y me vaiais siguiendo durante un tiempecito por lo menos jeje


Para más fics, buscad en mi perfil, en Mundo Yuri o en Kaiku-kun Fanfics, en facebook :)

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