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Ataque furtivo

Autor: Snake

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Notas del fanfic:

Hola a los que estén leyendo, esta es una historia que estoy resubiendo ya que perdi mi cuenta anterior al no recordar la clave, y el proceso de pedir una nueva me salio algo mal, -ya sabran algunos, no?-  ya ni recuerdo tampoco la clave del correo antiguo asi que en fin. Todo fue engorroso y triste.

Espero les guste esta historia que solo llevaba un capitulo, pero que tiene actualizaciones prontas.

***

Los personajes de Kuroko no Basket no me pertenecen, son propiedad absoluta de Tadatoshi Fujimaki.

Notas del capitulo:

No sé si alguien recuerda esto (ya que solo subi un cap) pero aquí va de nuevo. Y si alguien  lo lee por primera vez, gracias y espero lo disfruten.

 

 

 ATAQUE FURTIVO

1. OLOR A ROSAS Y CIGARRILLOS

...

 

El muchacho frenó de súbito su bicicleta, acomodó su gorra con visera y admiró el enorme y sofisticado edificio que tenía enfrente. Pensó que aquel era un lugar ridículamente ostentoso, esbozó una sutil y preciosa sonrisa luego de esa reflexión entremezclada con una pizca de envidia, ya quisiera él ser poseedor de una fortuna para ser dueño de un apartamento como ese.

Sin más, aspiró por última vez el cigarrillo que traía prisionero entre sus labios, lo arrojó al pavimento y lo pisoteó para apagarlo finalmente. Introdujo sus manos en el bolso que llevaba cargando, leyó un papel para confirmar la dirección y el piso de destino. Entonces se liberó de la gorra y recibió gustoso las sutiles brisas en su nuca rapada, Japón en verano era demasiado caluroso.

Brillos destellaban desde ambas orejas de aquel joven, tenía perforaciones y llamativos pendientes que le adornaban combinando armoniosamente con todo su aspecto. Relajado ingresó al edificio, el portero le miró de pies a cabeza, analizándole y claramente juzgándole arbitrariamente. Sin darle importancia, y luego de mencionar el sitio de dónde provenía, le fue dada luz verde para que prosiguiera su camino. Se adentró al elevador presionando el botón que le llevaría al décimo piso.

*Ding – Dong*

Irrumpió en el apartamento número 140, luego de algunos minutos, y de tocar el timbre unas cuantas veces más de forma insistente, la puerta se abrió milagrosamente ante él.

—Buenas, soy Izuki Shun. Vengo de Entregas Nigou, tengo un paquete para… la señorita Momoi Satsuki.

El muchacho de las entregas se encontró con la mirada penetrante de un hombre bien vestido, tan elegante, como si estuviese listo para salir a una cena con los reyes de algun país lejano. Su cabello lacio y anochecido cubría uno de sus ojos, y una sofisticada y preciosa marca le adornaba bajo su ojo derecho. Oh sí, él era una gran distracción en su horario de trabajo. No era idiota, y no pasó mucho tiempo para darse cuenta que aquel hombre de mirada misteriosa, le analizaba en su totalidad, pero era diferente, distinto si lo comparaba con el portero de antes.

Era como si sintiese que era tocado en cada sitio que ese hombre observaba, una sensación que jamás experimentó, y aquello le tensaba de pies a cabeza. El sujeto con la marca del lunar le examinaba con detención, primero sus piercings que destacaban en sus orejas, luego sus ojos  grisáceos y sus labios. Sugerente ahora bajaba la mirada a la expuesta clavícula de Shun, ya que solo llevaba una camiseta con tirantes que exhibía tambien los tatuajes que adornaban sus brazos.

Izuki tragó en seco, ese hombre aumentaba los latidos de su corazón rápidamente.

—Em, disculpa pero… ¿no viste perforaciones antes? Si está Momoi Satsuki aquí… necesito que firme esto por favor.

—¿Puedo firmarlo en su lugar? Soy Himuro Tatsuya, a ella no le importará.

—Pues como quieras, el cliente tiene la razon. —respondió un poco más relajado y un tanto sonriente.

El hombre del lunar le dirigió hasta su despacho, en el camino Izuki pudo sentir un potente aroma que se inmiscuía presuroso en sus fosas nasales. No se trataba de un ambientador de hogares, tampoco de incienso, inspiró profundamente hasta que encontró la respuesta. Aquel era un persistente y repugnante perfume con olor a rosas.

El más alto cerró fuerte la puerta del cuarto al que entraron, despertando a Izuki de sus pensamientos. El muchacho de las perforaciones obtuvo un bolígrafo desde el bolsillo trasero de su pantalón, el que colocó en su oreja para obtener los documentos que debían ser firmados. Confianzudo puso la carpeta sobre el escritorio que tenía cerca y se inclinó para leerlo algunos segundos, antes de que pudiese retomar su posición erguida, Himuro le acorraló, afirmando sus manos en el mesón a ambos costados del joven.

—Hueles a cigarrillo. —le susurró al oído.

—Ah, estuve fumando hace poco.

Izuki quería actuar normal, pero demonios, le tomó por sorpresa ser acosado desvergonzadamente por un tipo desconocido, incluso le tenía casi inmóvil. Solo casi.

 Y además se encontraba en una pose un poco comprometedora.

A la fuerza se irguió, resultando su cuerpo pegado al contrario, si ese atractivo sujeto planeaba actuar desvergonzadamente, entonces él tambien lo haría. Tal vez, y solo tal vez… el apuesto jovencito de los tatuajes era algo travieso.

—Así que… Himuro-san. ¿Te confundiste? No soy yo lo que debes tomar, es este documento.—mencionó jugando, girando un poco su rostro para mirarle de cerca.

—Es una lástima, ¿no crees? Pero me pareciste un poco tentador. —agregó directo y sin tapujos.

—Oh, vaya. ¡Sí que es una lástima! —se giró ahora completamente, viendo al más alto frente a frente. —Es lamentable que… el chico de las entregas no venga aquí para entregarse. Así que vamos, firma y olvídalo ya. —sonrió por lo bajo.

Himuro sonreía evidente, disfrutando de aquello.

—Izuki Shun… —le tomó por la cintura con vehemencia y le aproximó a su cuerpo, avanzó unos pasos sentando a Izuki sobre el escritorio, parándose entre sus piernas. —Voy a atacarte.

—¡Himuro-san que pervertido! —fingió inocencia, para luego rodear con sus brazos desnudos el cuello del contrario. —Entonces yo… tambien voy a atacarte.

Ambos cruzaron miradas fugaces repletas de insinuación, y sellaron sus bocas uniendo sus deseosos labios con prepotencia. Un beso casi desesperado, tan húmedo y alborotador, casi no había espacio para respirar. No existía tregua entre esos dos, dentro de sus cavidades había un combate delicioso entre sus lenguas exasperadas, luchando incesantes para dominar al otro, colmándose de exquisitos toques y succiones fascinantes. Al fin se separaron unos cortos instantes para tomar un poco de aire, pero no transcurrió mucho para que esos labios fuesen atraídos como imanes, y ahora Himuro jugueteaba con el sutil piercing que se hallaba en la lengua de Izuki.

—¡¡TATSU-KUN!!

De pronto, aquella voz aguda y femenina alertó a ambos pelinegros, quienes liberaron sus labios sensibles y húmedos al acto. Se recompusieron a tiempo y la mujer dueña de esa voz invadió el despacho de Himuro Tatsuya.

Sin duda era hermosa, con una figura envidiable, poseedora de largas y delgadas piernas bien formadas, evidentes curvas, y unas encantadoras facciones. Su busto era notoriamente prominente, era realmente imposible quitar sus ojos de ese sito, imposible.

Su nombre era Momoi Satsuki, la mujer de bella cabellera color rosa llevaba sobre su cuerpo un vestido negro y ajustado, el cual acentuaba provocador cada lugar de su alucinante silueta. La muchacha sonrió dulce y en silencio, fijó sus ojos penetrantes sobre Shun, y así camino hasta Tatsuya, haciendo resonar con fuerza sus tacones de alta plataforma.

—¿Quién es él, Tatsu-kun? —cuestionó sin quitar sus ojos de Izuki.

—Un chico que vino a entregar un paquete. Algo que ordenaste, estaba a punto de firmar los documentos para recibirlo. —respondió con total normalidad el hombre del lunar, como si hace tan solo algunos momentos no estuviesen devorándose mutuamente sobre aquel escritorio.

—Ah, ¡ya llegó! Que alegría, de seguro va a gustarte Tatsu-kun. —sonrió un tanto juguetona. —Es un lindo conjunto de lencería. Oh, por favor tú… no pienses cosas raras. —se dirigió ahora a Shun. —Tatsu-kun y yo vamos a casarnos así que… no pienses mal de mí, ¿okay?

—Si, como sea Momoi-san. ¿Puede uno de ustedes firmar esto?

Shun se arrodilló para recoger la carpeta con los documentos, la cual cayó despiadadamente cuando esos dos hacían de las suyas sobre el mesón, y su bolígrafo tambien. Momoi observó todo aquello analítica, con una dulce sonrisa pintada en el rostro.

Luego de que la peli rosa firmó los documentos, el muchacho de mirada plateada guardó sus cosas en el bolso, preparándose para marcharse. Obtuvo la gorra negra con la cual llegó al edificio y la colocó con lentitud sobre su cabeza. Fue acompañado hasta la salida por Himuro, inspirando con profundidad otra vez, y una mueca de disgusto apareció en su bello rostro.

‘Insoportable olor a rosas, de la mujer con cabellera rosa. Todo tiene sentido ahora’. Pensó aun con esa mala expresión en la cara. Himuro abrió la puerta del apartamento para que Izuki abandonase el lugar, pero antes de decir el adiós para siempre, metió audaz una pequeña tarjeta dentro del pantalón del muchacho. Justo en su entrepierna.

—Llámame en media hora. —Tatsuya dejó escapar aquello de sus caprichosos labios y cerró la puerta con indiferencia.

Izuki se mantuvo estático en el mismo sitio, pensando en toda aquella locura. Ese sujeto era un atrevido y para peor estaba comprometido con una mujer despampanante. Rió divertido y cubrió sus labios con su mano, un leve sonrojo de emoción se apoderó de sus mejillas.

Definitivamente iba a llamarle, ya que no era su problema si ese apuesto hombre le era infiel a esa hermosa mujer.

Él solo quería terminar de disfrutar aquello que dejaron inconcluso.

Quería mucho más de Himuro Tatsuya.

Indiscutiblemente, Izuki era un travieso egoísta, un niño bonito consentido.

Notas finales:

Gracias por pasarse al fic!

Nos leemos pronto!

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