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[B.A.P] Fishing for love

Autor: Lord

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Notas del capitulo:

Primera vez escribiendo un fic largo, eh.

Prólogo

 

 

Domingo 5 de enero, 2014.

 

A pesar del clima que te helaba los huesos aun si llevabas tres suéteres y una chaqueta extra encima, Youngjae se atrevió a salir con aquel chico, porque le gustaba mucho. O bueno, el tiempo que llevó chateando con él y las cosas que éste le contó le hicieron flecharse. Claro, destacaba decir que cuando Chungho —su nombre— llegó al cine cubierto de nieve se llevó una breve sorpresa; lo había imaginado un poquitín más apuesto y con un cuerpo más atlético, de igual modo aceptó la cita. La personalidad fue lo que le había atraído desde el primer "Hola" intercambiado.

 

Salieron del centro comercial donde habían visto la película con sus cuerpos muy juntos, riéndose por la increíble intensidad del frío. Chungho había conseguido boletos para ver Carrie, ya había estrenado en noviembre del año pasado, pero tuvo suerte de que aún estuviera en cartela para enero.

 

—¿Te acompaño a la parada de buses? —habló el joven, era sólo unos centímetros más alto que Youngjae, éste asintió sonriente.

 

Comentaron la película mientras caminaban. Eran las diez de la noche y la temperatura había reducido muchísimo. Youngjae odiaba el frío, sus dientes castañeaban de forma brusca y parpadeaba demasiado sin darse cuenta, además de que la nariz se le ponía brillante. Pero al lado de Chungho todo le resultaba más soportable. El viento se paseaba junto a ellos, despeinándolos y dándoles gélidas bofetadas para fastidiarlos un poco.

 

—¿Te has divertido hoy?

 

Habían llegado ya a la parada de buses y las calles estaban desiertas, por supuesto, ¿quién se sometería a ese frío tan intenso? Youngjae escondió las manos en los bolsillos de su chaqueta y se paró en frente de Chungho.

 

—Sí —se rio como tonto y se mordió el labio inferior.

 

—¿Quieres que te bese? —dijo el chico sonriendo y dando un paso adelante para quedar más cerca, podían sentir el aliento contrario sobre sus bocas—. No dejas de hacer eso.

 

—No sé —jugueteó Youngjae—. ¿Quieres besarme?

 

—Desde nuestro tercer chat quiero hacerlo.

 

Youngjae levantó un poco la barbilla y Chungho inclinó el cuello para unir sus labios con los ajenos. Fue un roce seco, y sabía a dulce por las bebidas con las que acompañaron las palomitas, aun así movieron las bocas a un ritmo lento y tentativo. El chico alto le puso una mano en la nuca para profundizar, y suspiró sofocado. Pero de pronto, todo aquel movimiento cesó. El más bajo se alejó lentamente del cuerpo contrario, un poco desconcertado, y abrió los ojos horrorizado al ver que un tipo todo vestido de negro tenía un arma en la mano, apuntando en la sien de Chungho. Le temblaron los labios del miedo y miró a su acompañante, éste estaba tan pálido como la nieve que bañaba las calles.

 

Divisó a un hombre a la lejanía, paseando a su perro, y cuando estuvo a punto de gritarle para pedir ayuda, Chungho apartó la mano del atracador con un manotazo y salió corriendo de allí como un torpedo. Youngjae se quedó solo y petrificado. Aquel hombre era más alto que él y había vuelto a levantar el arma, apuntando en su dirección. El corazón le iba a fallar. Iba a morir.

 

—Hijo de puta.

 

Farfulló el tipo. Y fue como si el alma hubiera regresado a su cuerpo y la sangre a circular por sus venas. Youngjae inhaló hondo y soltó el aire con rabia, quitándole el pasamontañas a su atracador para poder ver el rostro adormilado de su mejor amigo. Aquella voz profunda suya siempre le sería inconfundible.

 

—Hijo de puta, ¡Yongguk!

 

El aludido lo miró despreocupado y arrebató el pasamontañas de las manos ajenas para volver a colocárselo.

 

—Hace mucho frío —se quejó, una nube de vaho salió de su boca.

 

—¡Idiota! —gritó, pateando el suelo—. ¡Casi me cago los pantalones! ¿Se puede saber qué diablos haces aquí y con un arma de juguete?

 

—Es real —repuso el otro con expresión indignada, guardando la pistola en su abrigo—. Vine a ver la película.

 

Youngjae bufó y se despeinó la castaña cabellera, ya había empezado a calentarse de lo enfadado que estaba.

 

—Odias esa película, mentiroso.

 

—Tienes razón, prefiero la del setenta y seis. Se parece más al libro —Yongguk se sorbió la nariz al notar que sus mocos se hacían hielo y miró a su mejor amigo, que lo fulminada duramente—. De acuerdo, te estaba espiando, quería alejarte de ese idiota cara-foca que sólo juega contigo.

 

Sacó el celular de su pantalón y le enseñó unas fotos de Chungho mirando de forma lasciva a una joven chica. Youngjae apretó los labios cuando Yongguk pasó más fotos de Chungho besando a otras personas, chicos y chicas que caían por sus encantos.

 

—Tengo como mil fotos —dijo el alto, mirando la pantalla del móvil.

 

—Ya —el castaño se sentía como un idiota. ¿Cómo diablos había caído tan fácil? Tomó aire para no parecer destrozado frente a su amigo—. ¿No se te ocurrió que quizá era yo quien quería jugar con él?

 

Yongguk apartó la vista de su teléfono para mirar al menor, porque era menor, y arqueó una ceja, socarrón. Youngjae tenías las mejillas encendidas, ni siquiera él mismo se creía sus propias palabras.

 

—Pff —se burló el otro—. Por favor.

 

 

 

Youngjae abrió la puerta de su apartamento y dejó pasar a Yongguk. Debido al frío invierno y a la nieve acumulada de las calles, habían decidido ir caminando a casa, parecía imposible que un bus pasara a esas horas un domingo. El mayor se sacó el pasamontañas y se pasó la mano por el negro cabello, revolviéndolo, y escaneó el apartamento de su mejor amigo cuando éste encendió las luces. El minúsculo árbol de navidad descansaba en una esquina de la sala y las demás decoraciones, todas de brillantes verdes, blancos y rojos, daban un toque de Felices Fiestas a la estancia.

 

—Cochino —murmuró—. No has quitado los arreglos navideños.

 

—Ya, que apenas estamos a cinco de enero, no seas pesado.

 

Youngjae se quitó el abrigo después de sacudirle la nieve de encima y lo colgó en el perchero cerca de la puerta. Se giró a mirar al contrario y lo vio recostándose cómodamente en su sillón, arreglando un cojín a cada lado para calentarse mejor.

 

—Emm —carraspeó, poniendo los brazos en jarra—. ¿Se puede saber qué haces en mi casa?

 

Yongguk levantó la vista de sus zapatos y miró el rostro del menor, con su acostumbrado semblante serio. Luego se encogió de hombros, desviando la vista hacia el arbolito de navidad.

 

—Hoy es el aniversario de mis padres.

 

El más joven separó los labios y asintió, reprendiéndose por haberlo olvidado. Siempre lo había acompañado esos días, los cinco de enero nunca iban a ser una buena fecha para su mejor amigo. Youngjae se rascó el cuello y bajó la vista, sintiéndose un completo idiota y la peor persona del mundo, pero escuchó al mayor suspirar despreocupado y entendió con aquello que no debía martirizarse. Yongguk odiaba verlo sentirse culpable, y más si era por su causa.

 

—Además —volvió a hablar el moreno, estirando los brazos—, espero a la visita.

 

—¿Visita?

 

El resonar del timbre del apartamento calló sus voces y el dueño de la casa se dirigió a la puerta un poco extrañado. Abrió los ojos con sorpresa al ver a Chungho frente a su casa, con un rostro que demostraba vergüenza y preocupación. Youngjae sintió una punzada de rabia al ver a aquel chico que lo había engatusado y luego abandonado en un atraco. Un atraco falso, pero un atraco al fin y al cabo.

 

—¿Estás bien? —su voz sonaba tímida a oídos de Youngjae.

 

La puerta se abrió mucho más cuando Yongguk tironeó de ella y apareció detrás de su mejor amigo, mirando de arriba abajo al joven castaño que tenía la nariz roja y el cuerpo encogido por el frío. Chungho miró desconcertado al menor y éste sonrió internamente, agradeciendo tener al moreno ahí a su lado.

 

—¿Quién eres? —habló Yongguk, voz profunda y grave. Un escalofrío recorrió la espalda de los otros dos—. ¿Qué quieres de mi novio?

 

Chungho abrió los ojos indignado y luego frunció el ceño, mirando con lo que parecía ser desagrado a Youngjae. Se recompuso y sacudió los hombros, levantando la barbilla.

 

—Zorra —escupió y se marchó.

 

El par de mejores amigos lo siguieron con la mirada hasta que lo perdieron de vista y se adentraron de nuevo al calor del apartamento. Yongguk volvió a acomodarse en el sillón y esperó a que el menor dijera algo como que tenía razón o algo por el estilo, pero éste se quedó callado, mirando el suelo bajo sus pies.

 

—Hey —le llamó el pelinegro—. De ese tipo de idiotas es que quiero apartarte, ¿lo entiendes? —Youngjae hizo una mueca y asintió de mala gana—. Y deja de darles la dirección de tu casa a los desconocidos.

 

El más joven dejó escapar una risita amarga y empezó a encaminarse hacia la cocina para prepararle algo a su amigo, sabía que aquel día no podía regresar a casa, y que tampoco prefería hacerlo, lo conocía muy bien. Suspiró pensando en qué debería cocinar, era ya muy tarde como para hacer algo muy pesado...

 

—Youngjae.

 

Se giró para mirar a Yongguk, éste tenía los ojos clavados en él.

 

—¿Puedo quedarme a dormir?

 

El aludido sonrió débil, haciendo un gesto con la mano señalando que no había problema.

 

—Sabes que sí.

Notas finales:

Y bien, ¿qué les pareció? Espero que les haya gustado, no duden en dejarme sus opiniones en los comentarios, a ver si me animo a seguir con esto. ;;;

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